Saturday, June 29, 2013

Contra la corriente: Las protestas de las mujeres del Muro son unas provocaciones infantiles - Hillel Halkin - Forward



Yo estoy, en lo referente a mi creencia religiosa, en algún lugar entre lo que los israelíes llaman un hiloni o judío "secular" y un masortí o "tradicional" [N.P.: los masortis serían los adeptos al movimiento Conservador dentro del judaísmo, y los "tradicionalistas" en Israel no necesariamente tendrían que ver con ese grupo religioso muy importante en EEUU o Gran Bretaña].

Mi esposa y yo encendemos las velas en Shabat, celebramos las fiestas judías con nuestros hijos y nietos, y de vez en cuando, por una razón u otra, vamos a la sinagoga. (Preferiblemente, en una ortodoxo. Es en la única en que sé cómo orar). En general, y sin embargo, las costumbres y rituales religiosos que no observo son mucho más numerosos que los que cumplo. Y por supuesto, no me molestaría ir por ahí con la cabeza cubierta, como hacen los judíos observantes, a menos que esté lloviendo.

¿Por qué estoy diciendo esto? Debido a que en ciertos lugares - en una inusual visita al Muro Occidental en Jerusalén, por ejemplo - me pondré una kipá aunque me moleste tener que hacerlo. Como judío e israelí, creo que el Muro es tan mío como de cualquier otra persona, y verme obligado a colocarme una pieza circular de tela en mi cabeza, o el ridículo sustituto de cartón que se me entregó tras haberme olvidado de traer uno, me irrita.

¿Por qué tengo que cumplir con unas normas religiosas que no son mías por el hecho de permanecer en un lugar público que resuena a pura historia de mi pueblo y al que yo respondo con genuina emoción?

¿Por qué estoy diciendo esto? Porque si alguien, improbablemente, que venga hacia mí y me diga: "Escucha, la semana que viene vamos a ir a una manifestación de hombres judíos con la cabeza descubierta al Muro, y vamos a rezar y cantar, y seguiremos yendo cada mes hasta que nuestros derechos sean reconocidos, y nos gustaría que te unieras a nosotros", cortésmente le diría que se fuera a hacer gárgaras.

Pero primeramente, sin embargo, le podría decir: "¿Qué clase de estupidez es esta? No me gusta tener que usar una kipá en el Muro más que a usted. Pero tenemos todo el mundo para ir y dar una vuelta con la cabeza descubierta, por lo tanto, ¿por qué insistir en hacerlo también en el lugar donde vamos a herir la sensibilidad de cientos o miles de personas e incluso provocar un motín? Si usted tiene que ir al Muro, haga un esfuerzo, cúbrase la cabeza y no caiga en provocaciones infantiles".

Las Mujeres del Muro,tal como se les llama, son unas provocadores infantiles. Tienen todo Israel para rezar con tefilín y talitot. Hacerlo desafiantemente en un lugar que es y siempre ha sido muy frecuentado por los judíos más observantes, y que encuentran repugnante el espectáculo de una mujer con los hábitos rituales tradicionalmente masculinos, no tiene nada que ver con la libertad religiosa. No tiene nada que ver con ningún tipo de feminismo. No tiene nada que ver con una protesta política racional. Tiene que ver solamente con el narcisismo de pensar que los derechos de uno son más importantes que los sentimientos de otras personas o que el interés público.

Se trata de un narcisismo que es muy típico de nuestra primera edad. ¿Un judío ortodoxo se molesta por cómo me comporto en su presencia? Ese es su problema. (Si fuera negro, homosexual o transexual, por supuesto que entonces sí sería mi problema, pero esa es otra historia). ¿Que a un gran número de judíos observantes que vienen a rezar en el Muro les estropee su devoción por mí presencia? Ese es su problema. ¿Que estoy mancillando a un gobierno israelí que está simplemente tratando de mantener la paz al retratarlo ante todo el mundo como reaccionario y misógino? Ese es su problema. !Yo me atengo a mis derechos!

Y en efecto, las Mujeres del Muro tienen sus derechos, porque el Tribunal Supremo de Israel ha dictaminado que no hay impedimento legal para su canto y baile en el Muro con sus talitot y tefilín y todo lo que quieran. En los países democráticos, todos tenemos nuestros derechos. Yo tengo el derecho de estar junto a un grupo de evangélicos fuera de una iglesia católica durante la misa dominical y cantar himnos bautistas. También tengo el derecho de hacer comentarios insultantes a una mujer que camina por mi barrio ultraortodoxo llevando los brazos desnudos. También tengo derecho a publicar una estúpida viñeta burlándome del profeta Mahoma en un país con millones de musulmanes. Estos derechos son importantes. La policía y los tribunales deberían protegerlos. ¿Pero eso significa que tengo que hacer alarde de todos y de cada uno de ellos?

Las Mujeres del Muro creen que la causa del judaísmo puede avanzar mediante la abolición de todas las diferencias de género en las tradiciones judías. Muchos judíos están de acuerdo con ellas. Otros muchos (de los cuales resulta que soy uno) no lo están. El argumento es legítimo, pero el Muro de las Lamentaciones no debería ser su lugar. No lo es, a pesar de lo que muchos judíos americanos parecen creer, Selma y Montgomery. De ninguna mujer que trate de transformárselo a todos aquellos que tanto se preocupan por él, tal como ella dice hacerlo.

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Tuesday, December 25, 2012

Las Mujeres del Muro: ¿Liberar el Kotel, pero de quién? – Seth Frantzman - JPost




Hace unas semanas fui con mi esposa y su familia al Kotel. Su familia es etíope y las mujeres etíopes a veces utilizan chales de colores. Cuando nos acercamos al Muro y su madre fue a la sección de las mujeres bromeamos acerca de si el chal se confundiría con un talit o manto de oración usado por los hombres judíos. Al parecer no fue así. Sin embargo, es la costumbre y la ley que en el Kotel las mujeres no usen el talit o los tefilín de los hombres, y lean la Torah en la sección de las mujeres.

Todo esta situación se agudiza aún más cuando cada mes las “Mujeres del Muro”, un grupo activista de mujeres del judaísmo de la Reforma, acuden al Kotel el primer día de cada mes hebreo, Rosh Chodesh. Y la rutina mensualmente es más o menos la misma: una docena o más de mujeres llegan ante la sección no femenina llevando sus tallits y portando una Torah y finalmente son escoltadas fuera o, a veces detenidas por perturbar la paz. Cuando sucede esto último, se desencadena una tormenta de comunicados de prensa, artículos de opinión y entrevistas en el que aparecen las críticas por esa restricción en la libertad de culto.

Por ejemplo, en octubre tuvo una gran repercusión en la prensa cuando la líder del grupo, Anat Hoffman, fue arrestada y afirmó haber sido tratada de manera desconsiderada por la policía y obligada a compartir una celda con gente no muy presentable, entre ellas una mujer acusada de prostitución.

Los líderes judíos estadounidenses se indignaron. Marcie Natan, el presidente de Hadassah, en cuya conferencia las "Mujeres del Muro" nacieron en 1988, exigió "llevar ante la justicia a los policías" que habían maltratado a Hoffman. Rick Jacobs, el presidente de la Union for Reform Judaism, llamó el embajador de Israel Michael Oren para enfatizarle la ira de sus feligreses. El Consejo Nacional de Mujeres Judías dijo que era "otro capítulo vergonzoso más en el tratamiento de la mujeres que rezan en el Kotel". El colaborador del Haaretz Bradley Burston comparó el tratamiento a Hoffman con el de un régimen oscuro cuyo "estado estuviera dominados por los clérigos", y donde se utilizara a la policía para hacer cumplir la ortodoxia, tal como en Irán. La Sinagoga Unida del Judaísmo Conservador llamó a movilizarse para protestar por el arresto.

La cruzada de Hoffman se iluminó aún más en una entrevista al Jerusalem Report. Una hija de un rico kibbutz de la periferia de Jerusalén, Hoffman relataba que fue criada en un hogar secular que evitaba a los rabinos y a la religión. Después de sus estudios en los EEUU, regresó a Israel para convertirse en una activista del "pluralismo religioso". Tras años de protestas en el Kotel, la Corte Suprema de Israel dictaminó en el 2003 que era aceptable que el Estado prohibiera ciertas prácticas en el Kotel, entre ellas el que las mujeres usaran tallits en la sección de mujeres.

A las "Mujeres del Muro" se les proporcionó un área separada en el Kotel donde poder orar, denominado el Arco de Robinson, en un parque arqueológico. Pero después de varios años, la solución no satisfizo a Hoffman y a su grupo. "Quiero estar allí donde están todos los judíos. Quiero ser vista, no porque sea una provocadora o una exhibicionista, sino porque quiero inspirar a las mujeres".

Ella estaba enfadada por que la zona no era la misma, es decir, no era el mismo lugar donde otras mujeres judías ortodoxas elegían orar. Después de su reciente detención, Hoffman declaraba: "El Kotel tiene que ser liberado de los israelíes. Israel es demasiado importante para dejarla en manos de los israelíes".

La campaña de las "Mujeres del Muro" es muy interesante. Enfrenta a un pequeño grupo de personas que protestan ostensiblemente solicitando pluralismo religioso contra el judaísmo ortodoxo y el Estado. Pero hay otra cara en esta historia que a menudo no es reconocida, especialmente entre los sectores más liberales de la comunidad judía estadounidense que tiende a tener una reacción pauloviana con cualquier intento de imponer unas reglas en cualquier lugar. Existe la idea de que Hoffman y las demás activistas tienen el "derecho" de hacer lo que quieran en el Kotel. El argumento es que el Kotel pertenece de alguna manera a todo el pueblo judío y como no todos los judíos rezan de la misma manera, por lo tanto, todo tipo de oración debería permitirse.

Pero esto plantea un problema fundamental al que se enfrentan todas las sociedades abiertas, ¿cuándo una persona infringe los derechos de otra persona? Por ejemplo, los musulmanes pueden afirman que tienen el derecho a realizar la llamada a la oración (desde los minaretes de las mezquitas), pero esa llamada a la oración puede infringir el derecho de los demás al silencio o a la ausencia de ruidos especialmente estridentes?

¿También deben tener derecho las mujeres judías ortodoxas a rezar en silencio en Rosh Chodesh, y a no sentirse intimidadas en su sección por el canto y por una forma de culto religioso que puede sentir como ofensivo? ¿Si las Mujeres del Muro tienen derecho a hacer lo que quieran en la sección destinada a las mujeres, no tendrían igualmente derecho a estar en la sección de los hombres? ¿Acaso no tendrían derecho a ir al Monte del Templo, que es también un lugar sagrado para los judíos, y orar allí (donde el Estado y el Wakf islámico prohíben la oración judía)?

Es evidente que existe un punto en el que el “derecho” que tiene una persona a hacer algo termina donde comienza el de otra persona.

Cuando Elsye Frishman, del Barnert Temple de Nueva Jersey, llegó recientemente hasta el Kotel con un grupo de mujeres del Netzer, un grupo juvenil internacional del movimiento del judaísmo Reformista, se jactó en un artículo de que respondió que "solo hablaba inglés" cuando fue requerida por su talit. "Lo hice porque no soy israelí, y quería dejar claro que soy judía. El Kotel es el lugar universal de oración de los judíos". Rhea Wolfson, también del Netzer, escribió que el evento fue "un tikún olam, el sionismo reformista y el judaísmo reformista en acción".

Las acciones y protestas vociferantes, el canto, el grupo de fotógrafos y de medios de comunicación que siguen estas protestas cada mes, pueden ser contemplados como un intento de imponer el estilo americano del judaísmo reformista a unas mujeres tradicionalistas que en la sección de las mujeres se muestran tranquilas y solemnes, y que solo quieran observar sus oraciones. Mujeres como mi suegra de origen etíope, son dejadas de lado por una cruzada de tintes orientalistas y paternalistas que trata de "universalizar" el Kotel y "liberarlo" de las prácticas de las personas que conforman la mayoría de sus más frecuentes visitantes: las personas ortodoxas y tradicionales que viven en Israel

Pero casi siempre las protestas en nombre de Hoffman y de su grupo no tienen en cuenta esa constante y mayoritaria presencia. El concepto de una movilización de las mujeres para que reciten la Shema está totalmente fuera de lugar, ya que afectaría a unas mujeres ortodoxas y tradicionalistas que, por sus creencias, tienen prohibido cantar oraciones en público en Israel. Pero esto además es absurdo. El Estado solamente ha delimitado unos 2.000 metros cuadrados para ese sección, allí donde a las mujeres no se les permite realizar ciertas acciones debido a la naturaleza sagrada del lugar. El Kotel no es el único lugar sagrado en el que ciertas costumbres se hacen cumplir. En el Templo Dorado de los Sikh, en Amritsar, están prohibidos los zapatos, y el Monte del Templo está fuera del alcance de los no musulmanes salvo en periodos específicos.

Lo que aquí está en cuestión no es realmente la cuestión del pluralismo religioso en el Kotel, sino más bien qué grupo judío debe dominarlo.

Dice Hoffman que "el Kotel es demasiado importante para dejarla en manos israelíes" y que "quiere que el Kotel se convierta en un monumento nacional abierto a todos, incluyendo a los ultra-ortodoxos". Pero en cierto sentido esto parece implicar una colonización extranjera del Kotel porque Israel y los ortodoxos, que juegan un papel importante en el estado, no son buenos administradores. Por lo tanto, sus nociones de lo que es correcto no deberían influir en ese lugar.

Todo esto nos lleva a una pregunta interesante. Si los ortodoxos fueran apartados del control del Kotel y se convirtiera en un lugar controlado por los israelíes seculares o por los judíos americanos de la Reforma, los ortodoxos probablemente querrían trasladarse a orar a otra sección del Kotel, tal vez al Arco de Robinson. Sin embargo, ese es precisamente el lugar que se le proporcionó al grupo de Hoffman y no les gustó, precisamente porque no había judíos ortodoxos allí y ellas "querían estar donde están todos los judíos".

Esto podría ser irónico. Si las "Mujeres del Muro" aparecieran en Rosh Chodesh, y la sección de las mujeres estuviera vacía, el grupo evidentemente tendría que volverse a casa ya que su objetivo, su “movilización femenina" no tendría clientela que liberar. Pero si las mujeres ortodoxas se dirigieran al Arco de Robinson con el fin de conseguir un poco de tranquilidad, ¿entonces las “Mujeres del Muro” tendrían que seguirlas para poder liberarlas?

En definitiva, las "Mujeres del Muro" existen porque existe el judaísmo ortodoxo. Si los judíos ortodoxos decidieran abandonar el Kotel, las "Mujeres del Muro" tendrían que seguirlos, porque es el método judío ortodoxo de culto, su aparente desigualdad y la necesidad de "liberar" a las mujeres judías ortodoxas - “colonizadas” según ellas -, lo que por desgracia parece motivar algunas de estas acciones de las "Mujeres del Muro".

Una mujer que asistió al Rosh Chodesh en diciembre y que fue hasta allí pensando que se trataba de la mujer y de la oración, regresó algo decepcionada, "pensé que para ellas se trataría de ambas cosas, sin embargo eran demasiado activistas para mí, aunque yo todavía apoyo su causa".

El Kotel no debe ser el hogar del fanatismo religioso. A mi suegra no se la debe llamar la atención solamente porque lleve un chal etíope a un lugar religioso y eso parezca contravenir nociones idiotas sobre lo que es un talit y lo que no lo es. Tampoco debe llegar el día en que sólo las mujeres ortodoxas tengan el "derecho" de acudir a ese sitio sagrado. Pero una vez dicho esto, no hay ninguna razón evidente para cambiar las reglas del lugar por un grupo que parece estar demasiado interesado en sí mismo y en su estrecha agenda.


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