Tuesday, February 23, 2010

Adiós, Arco - Ignacio Ruiz Quintano - ABC

La crítica de arte nació para explicar a los nuevos ricos lo que les debe gustar y lo que no. Pero el nuevo rico no tiene gusto, sino dinero, y el dinero es cobarde. El nuevo rico sólo busca notoriedad, y no se gasta el dinero en nada que no venga avalado por la publicidad. El nuevo rico no quiere una sardina, que pone un millón de huevos en silencio; quiere una gallina, que pone un huevo y lo cacarea.

Al visitante de Arco, que hoy se clausura, le importa el arte lo mismo que al nuevo rico los huevos. Por eso Arco es la feria del cacareo. El mayor cacareador ha sido otra vez un tonto del haba (en el sentido lírico que le daba el zaragozano Manolo Cabeza Bolo cuando cantaba «si a los punkis un día ves pasar, / no te enamores, tonta del haba...») que, con un guiño antijudío, arrasó en los medios, llamando la atención del rastacuerismo rampante.

Así que déjenme decirles que, este año, el verdadero Arco está en el tramo nuevo de la calle de Jorge Juan, dotado de todos los adelantos del urbanismo gallardoní, con sus cantaritos «en los que se está viendo el barro», sus terciopelos «que dan ganas de tocarlos» y demás bromas. Es el estilo Edwin Moses - aquel monstruo del salto de vallas -, escogido por Gallardón para darle un aire olímpico a la capital. Ese estilo incluye, aparte las consabidas motos sobre la acera, unos banquitos como de limpiabotas y los revolucionarios bordillos en diente de perro loco.

¡Y pensar que al pobre Medel lo echaron de concejal por poner un bordillo de los de toda la vida en la calle de Serrano! Un simple desmayo en la nueva acera de Jorge Juan significará el pasaporte al hospital de Toledo o a la Sacramental de San Justo. ¡Ay, si Dani el Rojo llega a pillar esos adoquines - balanos de granito embravecido - en el París del 68! Pero la posmodernidad municipal que nos gobierna ha hecho de este decorado su imagen: un ideal limitado por adoquines, festejosos y pedantes. Aquí un arbolito. Aquí una ruinita. Aquí una filita de farolitas. Aquí un obrerito...

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Friday, January 08, 2010

Ruiz Quintano en buena forma (Ilustres ignorantes - ABC)

(Hoy, en ABC, tanto Hermann Tertsch como Ignacio Ruiz-Quintano hacen referencia a Henryk Broder. Algo parece estar cambiando. Además, me entero en el artículo de H.Tertsch que Broder ha publicado últimamente varios libros, uno de ellos con un título que parece dedicado ex profeso a la gente sostenible del país del buen rollito: "Hurra, nos rendimos". Lógicamente, existen pocas oportunidades de que se traduzca, ya que como lo define H.Tertsch, "parece un tratado sobre el origen de la miseria moral, intelectual y política de la España de Zapatero")

Así se hace llamar, y muy exactamente, un programa de humor progresista en una de las televisiones celtibéricas de Berlusconi: ahora mismo, no hay mejor espejo stendhaliano de nuestra sociedad que ese montón de calabacines emitiendo onomatopeyas chistosas al hilo de la Navidad, justo cuando se cumplen veinte años de la «fatwa» contra Rushdie y algunos menos del «tackle» -por decirlo en términos futboleros- contra el caricaturista danés de Mahoma. Y es que el miedo, como denuncia el periodista Henryk Broder, de «Der Spiegel», corta el buen rollo. Total que, venga, marchando otra melonada sobre el Niño Jesús, cuya alegría ha sido encarnada este año por ese caballero español, jefazo de «Greenpeace», al que la dictadura danesa, o eso dan a entender los medios públicos de España, ha mantenido veintiún días -la edad de un lechazo, ya ven- entre rejas por ir por Copenhague dando voces en predicación de un cambio climático que tiene a Madrid copada por la nieve.

Educados en la meteorología ideológica, los madrileños han sido sorprendidos por las totalitarias celliscas polares de la meteorología real en democráticas mangas de camisa, lo cual constituye una crueldad semejante a la que los cautivos de «Greenpeace» denuncian haber padecido en Dinamarca. Así que, igual que se habla de «la gripe española», habrá que hablar de «la crueldad danesa», y que cada pueblo vaya cargando con su especialidad. La nuestra, además de la gripe, es la crisis, y con la crisis ha vuelto la costumbre de regalar libros. Los estantes gimen bajo el peso de la morralla editorial, entre cuya espuma siempre brilla alguna joya, como Foxá, que ha multiplicado por quince sus ventas gracias a la única publicidad que le es dada en un régimen de progreso como el nuestro: la censura. Alfredo Valenzuela entrevistó el domingo en ABC de Sevilla a Javier Compás, organizador del homenaje prohibido por una alta dama de la nomenclatura municipal: «Lo más parecido a un estalinista es un nazi».

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