Miren Siria y cuestionen las historias de las partes sobre 1948 - Gershom Gorenberg – OZion

Refugiados sirios en Beirut
El Líbano esta lleno de refugiados. Esto no es nuevo, se podría decir. Los refugiados palestinos han vivido en el Líbano desde 1948. En aquel entonces, entre 100.000 y 130.000 personas, esperaban una estancia temporal en un país con una población tal vez diez veces superior a ese número. La noticia ahora son los sirios: más de 700.000 han huido de la catástrofe actual al Líbano de acuerdo a las Naciones Unidas, un millón según el gobierno libanés, posiblemente 1,4 millones si se incluye a los trabajadores sirios que llegaron antes de la guerra, y todo ello en un país cuya población actual puede ser de solamente tres veces ese número [N.P.: el número actual de refugiados sirios en el Líbano, Turquí, Jordania y otros países árabes se aproxima a más de 5 millones].
Que el Líbano siga funcionando es un milagro. Solo que un poco menos sorprendentemente, los refugiados no viven en grandes campamentos de tiendas, sino que generalmente lo hacen en apartamentos, escuelas y edificios vacíos alquilados. Esto, según me han dicho, se debe en parte a una lección que aprendió el Líbano a partir de 1948: Los campos de refugiados pueden convertirse en enclaves armados autónomos.
También hay algunas lecciones sobre 1948 que podríamos aprender, con mucho cuidado, de la crisis actual. No es que la historia se repita. La catástrofe siria no puede resolver los argumentos sobre lo que sucedió hace 65 años. Puede, sin embargo, plantearnos ciertas preguntas necesarias sobre los relatos que tanto israelíes como palestinos utilizan sobre 1948.
Un principio básico de la narrativa palestina es que la Nakba ocurrió porque los líderes sionistas pretendían desde un principio expulsar a los palestinos. Esta es una acusación más grave que decir que Israel carga con la responsabilidad por el problema de los refugiados, o que hubo expulsiones en determinados lugares, o que la decisión del Gobierno de Israel en el verano de 1948 de no permitir que los refugiados regresaran a sus hogares los ha convertido en refugiados hasta el día de hoy. La acusación principal es que existía intención previa. Eso la vuelve muy típica de las narrativas comunitarias. Como ha escrito el politólogo Marc Ross, una característica constante de este tipo de relatos o narrativas "es la atribución de motivos” que permiten así sancionar las intenciones de las comunidades enemigas. Y claro está, no es necesario mencionar ninguna evidencia de que los lideres sionistas planearan, antes de la guerra, que los árabes de Palestina permanecieran allí donde estaban.
Echemos un vistazo a todo esto a la luz del presente: La guerra civil en Siria se ha convertido en un conflicto colectivo, básicamente alauitas contra sunitas. Las palabras "limpieza étnica" o "limpieza sectaria" aparecen regularmente en los informes de prensa sobre las noticias de Siria. Pero lean bien: los informes se refieren generalmente a los temores o alegaciones de una de las partes sobre la intención de la otra: los cristianos de Alepo, alineados con el régimen alauita, tienen miedo a que les expulsen los sunitas; los sunitas acusan al régimen de estar expulsando a los sunitas de Latakia (zona alauita) para forjar un Estado alauita.
Es cierto que hay un montón de pruebas de atrocidades y de terribles combates, de huidas y de constante separación de las comunidades sectarias. Pero como un experto con sede en Beirut me dijo, cuando las bombas del régimen caen sobre un barrio sunita rebelde o los rebeldes conquistan un enclave alauita, eso no representa una prueba de una deliberada política de expulsión, aun cuando la gente huya. Tal vez mas tarde, la evidencia surgirá. Aun así, sería importante no leer documentos y testimonios con una idea preconcebida de una intención "evidente". Lo mismo ocurre cuando se estudian las pruebas de 1948.
Un principio básico de la narrativa israelí desde 1948 es también la acusación de conocer de antemano las intenciones de la otra parte: En esta historia, los países árabes se negaron a absorber a los refugiados palestinos en sus sociedades como una estrategia deliberada para alimentar su odio (a Israel y a los judíos), alentar su esperanza de retorno, y utilizarlos como peones contra Israel. ¿Por qué si no, sostiene ese razonamiento, los países árabes se niegan a integrar a otros árabes, al igual que Israel absorbió a los refugiados judíos?
Una vez más, veamos lo que sucede hoy en día, especialmente en el Líbano. Dejar que un millón de sirios sin hogar se establezcan de forma permanente y se conviertan en ciudadanos libaneses no esta en las agendas. La mayor parte, se supone, son sunitas. Su absorción en el Líbano rompería el equilibrio político siempre frágil entre las propias comunidades religiosas del Líbano. Los organismos internacionales asumen que la solución para casi todos los refugiados es la repatriación una vez que se deje de luchar. Esa es también la expectativa lógica para los sirios, como personas que huyeron de un peligro inmediato. El problema es que nadie sabe cuándo ni cómo va a terminar esta lucha, o si hay alguna posibilidad de que esas personas puedan regresan a zonas donde la población estaba mezclada y era multirreligiosa, para vivir al lado de unos vecinos que se convirtieron en sus enemigos.
En 1948, los refugiados no solamente eran árabes, sino que también eran palestinos. Es normal, aunque sea duro, que los países receptores pongan por delante sus propios intereses a los de los refugiados. En el Líbano, por ejemplo, la absorción de hasta 130.000 sunitas palestinos habría amenazado el equilibrio comunal casi tanto como naturalizar a los actuales refugiados sirios. Los refugiados de Gaza residían en una banda de Palestina ocupada por los egipcios, no en Egipto propiamente. Y el gobierno egipcio no permitió que 200.000 palestinos sin hogar cruzaran su propio territorio, una política desde luego cruel, pero no inusual. Vista de cerca, esa estrategia árabe supuestamente unificada puede disolverse en las diversas respuestas improvisadas a una crisis aparentemente temporal. La idea por defecto es que los refugiados podrían regresar a casa cuando terminara el conflicto, y los gobiernos árabes podían suponer que el conflicto en Palestina aún no había terminado. La lucha no había dejado nada más sólido que un mero armisticio.
Nada de esto pretende ser una declaración definitiva sobre 1948. Tiene el propósito de alentarnos a tomar un respiro, y luego mirar a las evidencias con más tiempo y con un mayor escepticismo respecto a las afirmaciones de intencionalidades previas y calculadas. La comparación de las dos tragedias también podría plantearnos una pregunta sobre la política internacional actual hacia los refugiados sirios. Suponiendo que necesitan alivio ahora mismo, aunque luego serían repatriados después de que se llegara a una solución de la que se espera el final del conflicto, se puede condenar a más de 2 millones de refugiados temporales a la falta de vivienda permanente.
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