Saturday, October 27, 2018

Universalismo, particularismo y antisemitismo - Rafael Castro - Besa



El antisemitismo es el odio más antiguo del mundo. Este odio ha sido justificado por motivos religiosos, económicos, políticos y sociales. Sin embargo, una teoría filosófica convincente y modernizada del antisemitismo aún está por elaborar, la cual debería poder explicar la persistencia y la ubicuidad del antisemitismo a lo largo de los siglos.

¿Por qué doctrinas y religiones tan diversas como el helenismo, el cristianismo, el islamismo, el nacionalismo, el comunismo y la interseccionalidad han atacado a los judíos? Una explicación prima facie es que el judaísmo, como una ideología distinta, invita a la hostilidad de las cosmovisiones alternativas. Esta tesis no explica por qué el judaísmo, que se aparta del expansionismo y no busca prosélitos, es visto como una doctrina amenazadora. La tesis tampoco explica la escasez de antisemitismo en sistemas de creencias tan diversos como el hinduismo, la religión drusa, el zoroastrismo, el conservadurismo contemporáneo y la democracia liberal.

Para comprender filosóficamente la hostilidad hacia el judaísmo, es útil colocar las ideologías en un espectro que va desde absolutamente universalistas hasta completamente particularistas. Las ideologías universalistas, como el helenismo, el cristianismo, el islamismo y el comunismo, han atacado históricamente a los judíos y al judaísmo. La supervivencia de una identidad judía particularista representa una burla de sus pretensiones de superioridad ideológica y verdad universal. En el otro extremo del espectro, el nacionalismo y el nativismo son ideologías particularistas que se resienten al cosmopolitismo que encarnan los judíos [N.P.: también podrían indicar la existencia de una competencia].

La interseccionalidad ilustra cómo etiquetas convencionales como izquierda y derecha ocultan la naturaleza ideológica del antisemitismo. En teoría, la interseccionalidad aboga por valores universalistas muy apreciados por los judíos, como la justicia social y la igualdad. Pero en la práctica, su enfoque exclusivo en los intereses de las "minorías oprimidas" la convierte en un movimiento particularista. Los defensores de la interseccionalidad consideran que los logros socioeconómicos de los judíos y del sionismo son hostiles a los intereses particularistas que dicen representar, aunque los judíos hayan sido invariablemente una minoría oprimida en la mayor parte de su historia.

Por otro lado, la democracia liberal, el conservadurismo contemporáneo, el hinduismo, el zoroastrismo y la religión drusa son doctrinas que se adaptan al judaísmo. La democracia liberal, como el judaísmo, combina elementos de particularismo y de universalismo: integra intereses particularistas en un sistema político pluralista que se sirve de valores universales. El conservadurismo contemporáneo también es filo-semítico porque equilibra el universalismo y el particularismo. Los conservadores defienden la laboriosidad de las comunidades judías y respetan la distinción religiosa judía. El hinduismo, el zoroastrismo y la religión drusa aceptan el judaísmo porque ellos mismos son religiones particularistas.

Es importante tener en cuenta que las religiones particularistas como el hinduismo, el zoroastrismo y la religión drusa son amigables con el judaísmo, mientras que las doctrinas políticas o ideológicas particularistas no lo son. Las creencias religiosas no son molestadas por creencias religiosas diferentes, ya que no buscan prosélitos. Las doctrinas políticas particularistas, por otro lado, sí exigen la sumisión colectiva a sus normas y valores. Debido a que los judíos se suscriben a leyes y creencias religiosas separadas, han sido vistos como una amenaza para la armonía social desde la época de los faraones.

Un movimiento nacional no abrazó el antisemitismo, incluso durante muchas décadas. El movimiento de unificación italiano del siglo XIX, o el Risorgimento, fue amistoso hacia los judíos y el judaísmo. Esto fue en parte porque los judíos italianos eran solo una pequeña minoría, y en parte porque los patriotas italianos consideraban a los judíos aliados naturales contra una Iglesia católica hostil a la unificación italiana. Sin embargo, incluso los nacionalistas italianos finalmente se volvieron contra sus compatriotas judíos italianos. En 1938, el régimen fascista de Mussolini introdujo una legislación antisemita que culminó con la deportación de miles de judíos italianos a Auschwitz.

Estos eventos ilustran por qué el universalismo político y religioso y el particularismo político amenazan a los judíos y al judaísmo. Las comunidades judías deben evitar apoyar los movimientos políticos y religiosos que propugnan objetivos universalistas al tiempo que abogan por doctrinas políticas particularistas.

A veces se deben tomar decisiones difíciles. ¿Deberían las comunidades judías apoyar a los políticos progresistas que fortalecen las ideologías antijudías en nombre de la tolerancia religiosa y la diversidad, o deberían aplaudir a los nacionalistas que critican el multiculturalismo y el relativismo cultural?

El mejor curso de acción nunca está claro. En estos casos, sería aconsejable que las comunidades judías respalden la diversidad basada en unos valores comunes. El multiculturalismo en el marco de un convenio que comprometa a todas las comunidades con principios comunes resulta inteligente. Esta estrategia ha sido recomendada por el rabino Lord Jonathan Sacks, el ex rabino jefe del Reino Unido.

No es casual que el antisemitismo sea el odio más antiguo y resistente del mundo. Sin pretenderlo, los judíos y el judaísmo desafían las doctrinas poderosas. Debido a que las doctrinas políticas rara vez equilibran el universalismo y el particularismo y porque las principales religiones del mundo son universalistas, los judíos han soportado el odio a lo largo de milenios.

El siglo XX fue testigo de la derrota de doctrinas virulentas particularistas y universalistas como el nazismo y el comunismo. Desde la década de 1960, el catolicismo y el protestantismo tradicional han atenuado radicalmente sus ambiciones universalistas. Estos desarrollos han contribuido a una disminución significativa del antisemitismo en todo el mundo y son un buen augurio para el futuro.

En el siglo XXI, las principales amenazas para los judíos y el judaísmo provienen del islamismo, una doctrina agresivamente universalista, y de los movimientos nacionalistas agresivos. Los políticos de izquierda que abrazan la interseccionalidad también representan una amenaza. Sin embargo, su incapacidad para resolver problemas del mundo real probablemente hará que estas ideologías pierdan fuerza en las próximas décadas.

Para que el mundo se emancipe del antisemitismo, las religiones y los movimientos políticos tendrán que aceptar la libertad individual de conciencia y el pluralismo cultural, que son esenciales para que el universalismo y el particularismo coexistan. El universalismo y el particularismo pueden, de hecho, coexistir y prosperar juntos, como lo demuestran 3.000 años de historia judía. Cuando el mundo finalmente entienda los méritos de abrazar los valores universales sin desprenderse de la identidad étnica, los judíos y el judaísmo serán verdaderamente comprendidos y aceptados universalmente.

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Thursday, July 25, 2013

¿Puede permitirse el IDF convertirse en un pequeño ejército? - Avi Kober - BESA Center


El nuevo plan plurianual del IDF se basa en varios supuestos. El primero es que la naturaleza de los desafíos a los que se enfrentará el ejército israelí en el futuro próximo será de conflictos de baja intensidad. El segundo es que una ventana de oportunidades se ha abierto, sin guerras a gran escala a la vista, lo que le permite al ejército israelí reformar su estructura y concepción operacional. El tercero es que el ejército puede asumir unos recortes presupuestarios reduciendo su orden de batalla. El "nuevo orden de batalla” de este nuevo IDF se basará en gran medida en el poder aéreo, en la potencia de fuego, en la inteligencia y la guerra cibernética, y se supone que será más pequeño pero más inteligente.

Aquí revisaremos tan solo un aspecto de la reforma: el menor tamaño de las fuerzas armadas. Dos reglas militares deben ser tomadas en consideración mientras se avanza en la dirección de buscar un ejército "pequeño e inteligente". La primera es la paradoja de la “baja densidad de tropas”, que postula que los desafíos de baja intensidad en realidad requieren “más efectivos” que los de alta intensidad. La segunda tiene que ver con la relación fuerza-espacio, y se refiere al número de tropas necesarias para llevar a cabo eficazmente las misiones dentro de un área determinada o controlar un territorio capturado.

La paradoja de la baja densidad de tropas

Esta paradoja mide el número de tropas necesarias para el cumplimiento de misiones en un área poblada por unos 1.000 civiles. Una baja densidad de tropas puede afectar negativamente a la capacidad de un ejército de controlar y estabilizar un territorio enemigo poblado, y los pequeños ejércitos pueden resultar insuficientes para realizar ese trabajo basándose fundamentalmente en su sofisticación operativa y tecnológica. La conclusión es que los números (de tropas) son importantes.

Desde mediados de la década de 1990, los analistas militares han ofrecido varias propuestas basadas en ejemplos históricos sobre densidad de las tropas en los conflictos de baja intensidad. La mayoría de las recomendaciones sobre dicha densidad han reducido el rango a unos 20 a 25 soldados por cada 1.000 habitantes en el área de operaciones. Dicha relación existía en Bosnia en 1996 (22,6) y en Kosovo en 1999 (23,7), dos misiones consideradas como un éxito por la OTAN. En otros casos, mucho menos exitosos, el rango estaba muy por debajo de 20, por ejemplo, Somalia en 1993 (4,6), Haití en 1994 (3,5), Afganistán en el 2002 (0.5), e Iraq 2003 a 2007 (6.1).

En Irak, el control de la insurgencia en una ciudad de 6 millones de residentes como Bagdad, hizo necesarios a unos 120.000 soldados, pero las fuerzas de EEUU en Irak parecieron insuficientes, teniendo que sumar a cerca de 70.000 tropas de combate en todo el país, con otros 60.000 soldados garantizando funciones de apoyo y mantenimiento de las bases y cuarteles generales. Sólo tras haber adquirido la necesaria experiencia en contrainsurgencia y tras la reconstrucción del ejército iraquí como una fuerza amiga, permitió a los EEUU  estabilizar Irak. El nuevo manual de contrainsurgencia del ejército de EEUU ha adoptado la regla de la necesaria densidad de tropas, recomendando una proporción mínima de 20 soldados por cada 1.000 residentes locales.

La relación fuerza-espacio

En los conflictos asimétricos es difícil, y a veces imposible, depender de un pequeño número de soldados que utilizan equipos de alta tecnología para destruir una fuerza guerrillera sofisticada, capturar el terreno a partir del cual se lleva a cabo la guerra de guerrillas, lograr la victoria decisiva en el campo de batalla, o destruir las lanzaderas de cohetes utilizadas por los insurgentes contra las zonas pobladas.

Incluso los más acérrimos defensores de pequeños pero inteligentes grupos militares tendrán que admitir que a veces un gran ejército tradicional puede llegar a ser necesario incluso en los conflictos de baja intensidad. En 2003, el jefe del Estado Mayor americano, el general Eric Shinseki,  insistió en que 200.000 soldados eran necesarios para mantener el control en Irak. Los analistas militares orientados hacia la alta tecnología, quienes aceptaron la necesidad de una fuerza terrestre más ágil y precisa capaz de utilizar una fuerza letal en el campo de batalla, criticaron sin embargo a los oficiales civiles del Departamento de Defensa por el mantenimiento y la difusión de la idea de que los números no eran importantes. No hay que olvidar que una victoria decisiva en el campo de batalla a nivel estratégico no se ha obtenido desde el aire o por medio de la potencia de fuego, sino solamente a nivel táctico.

Kosovo, del que se hace a menudo referencia en este tipo de contextos, fue una victoria obtenida fundamentalmente por “negar a la sociedad serbia la posibilidad de continuar la guerra”. Mientras, el ejército serbio se mantuvo casi sin daños por los ataques aéreos.

Otro ejemplo es la Guerra del Líbano de 2006, durante la cual el ejército israelí sufrió de una escasez de tropas de tierra consecuencia de años de inversión insuficiente en las tropas de reserva. Las unidades de reserva antes solían ser la columna vertebral de las tropas terrestres de refuerzo del ejército israelí en tiempos de guerra. Antes del estallido de la Guerra del Líbano de 2006, el ejército israelí no logró entender que se necesita de una cantidad considerable de unidades de reserva en los conflictos de baja intensidad.

"La guerra convencional ya no es nuestra principal prioridad", explicaba el general Danny Van Buren, el jefe de las fuerzas de reserva del IDF dos meses antes del estallido de la guerra. Partiendo de esta premisa, el IDF eliminó a ciertas unidades de reserva, redujo el número de reservistas activos, recortó hasta casi la mitad los días de servicio anuales pasando de 30 a 14, y activó a las unidades de reserva activa solamente para la formación (no para el combate o para labores de control), bajando además la edad máxima para ser reservista, de 46 años a 40. En la guerra el ejército pagó un alto precio por estos cambios.

Conclusión

No importa cómo operacional y tecnológicamente resulte ser de sofisticado un ejército, una fuerza que opere en conflictos de baja intensidad debe ser grande si el ejército desea ser eficaz. La reducción del número de brigadas militares y la disolución de unidades de infantería de reserva podría debilitar la eficacia del IDF para hacer frente a los desafíos de baja intensidad. Por otra parte, se necesita un gran número de tropas para hacer frente a escenarios de múltiples frentes, ya que sus posibilidades pueden aumentar en el futuro.

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