Saturday, September 05, 2015

Estos modernos antisemitas que no se reconocen como tales I - La forma más mortal de antisemitismo en la Gran Bretaña actual - David Hirsh - JewishNews



El antisemitismo de hoy en día es difícil de precisar. No viene con un uniforme nazi. El más amenazante antisemitismo de la Gran Bretaña actual lo protagonizan en buena medida personas que creen que son opositores a todo racismo.

El antisemitismo de hoy cree que Israel representa al elemento clave del mal en el planeta y que los israelíes deben ser excluidos de la comunidad global. Piensa que Israel asesina voluntariamente a niños palestinos como personificación de dicho mal y que Israel es una nación falsa, creada para robar y ocupar las tierras de otras personas. El antisemitismo de hoy cree que Israel es poderoso y controla opinión y los gobiernos de todo el mundo.

Estas opiniones forman parte del "sentido común" natural de esas personas que se consideran gente buena y progresista de la Gran Bretaña actual.

Muchos creen que los que odian de manera pública y expresa a los judíos, los que se manifiestan en Londres con pancartas antisemitas o quienes disparan a los judíos en los supermercados de París o en los museos de Bruselas están simplemente sobrerreaccionando a las provocaciones israelíes.

Pero hay algo más. El antisemitismo de hoy viene con una protección incorporada en contra de las acusaciones de antisemitismo.

Cuando la buena gente progresista de hoy en día escucha una acusación de ese tipo, rápidamente reconocen dicha acusación, aunque no su propio antisemitismo, como un sucio truco, un ataque realizado por los derechistas y "sionistas" para desprestigiar y silenciar a las personas que critican a Israel.

El antisemitismo de hoy incorpora la noción de que aquellas personas que denuncian el antisemitismo son racistas. Son estos opositores del antisemitismo, no los modernos y progresistas antisemitas, quienes son los cínicos, y son los opositores de ese antisemitismo, no lo propios antisemitas, quienes son poderosos y controlan a los medios.

Las personas que tienen puntos de vista antisemitas pueden no ser conscientes de que ellos mismos los tienen, y por eso no se debe excluir a aquellos judíos que quieren formar parte de esa su santa y progresista comunidad. De hecho, una pequeña minoría de judíos juegan un papel muy importante en la legitimación, por ejemplo, de las campañas de boicot a Israel como actos no antisemitas. No hay nada que pueda evitar que esos judíos participen del antisemitismo contemporáneo.

Asimismo muchos de estos judíos han perdido su olfato a la hora de detectar el antisemitismo y están dispuestos a denunciar a esos otros judíos que todavía son capaces de detectarlo.

Jeremy Corbyn, el candidato radical favorito para liderar al laborismo británico y con muy buenas relaciones con obvios antisemitas, piensa de sí mismo que es un oponente del antisemitismo y que no tiene ninguna aversión personal por los judíos. Pero él apoya  calurosamente a Hamas y Hezbolá, unas organizaciones creadas para matar judíos como una estrategia para evitar que exista un acuerdo de paz entre Israel y Palestina. El propio Corbyn salta en defensa de antisemitas, fomentadores de libelos de sangre y conspiradores diciendo que ellos no son antisemitas y no son peligrosos. De hecho él dirige la Campaña de Solidaridad con Palestina, que se dedica a fomentar el boicot de Israel y ha presentado un programa en el canal de propaganda iraní, Press TV.

Jack Mendel escribió como si aquellos judíos que plantean preguntas sobre el antisemitismo político de Corbyn están jugando un juego. Él refrendó lo que afirman los antisemitas, es decir, que los judíos están comprometidos en una conspiración donde fingen estar preocupados por el antisemitismo cuando en realidad lo que les interesa es disfrazarse de víctimas para su propio beneficio. Y describe eso como un juego. "Nosotros" no estamos luchando "nuestras batallas", al contrario,  y tampoco "hemos confiado en la difamación". Mendel dice que somos una comunidad a la que le gusta gritar "que viene el lobo". Así, y según él, tantas veces lo hemos gritado que cuando realmente haya uno no podremos reaccionar y nos comerá vivo [N.P.: el lobo, por supuesto, será de la extrema derecha, nada que ver con la izquierda o con el Islam].

Si Mendel supiera algo de lo que supone luchar contra el antisemitismo no escribiría cosas tan menospreciantes. Si recordara cómo los judíos de Checoslovaquia fueron encontrados culpables de "nacionalismo judío burgués" por el estado por oponerse al antisemitismo; si recordara la campaña contra los judíos soviéticos desatada por los estalinistas que los denunciaron como quintacolumnistas; si recordara cómo las feministas del colectivo Spare Rib denuncian las críticas de sus hermanas israelíes; si recordara la oposición a las sociedades judías en el ámbito universitario; si él hubiera experimentado la lucha contra el antisemitismo en las universidades podría juzgar mejor cuando se se grita lobo con razón; y si él hubiera advertido al gobierno y a la Iglesia de Inglaterra sobre el peligro de Raed Salah y Stephen Sizer, absteniéndose de ello porque Corbyn salió en su defensa, entonces no escribiría así.

No, los judíos no son responsables del hecho de que Corbyn pueda ganar la candidatura a liderar el laborismo británico, a pesar de no querer pasar por alto su registro de apoyo a políticas antisemitas. No, los judíos no son responsables por el hecho de que los otros tres candidatos laboristas sientan que plantear la cuestión del antisemitismo les hará parecer vulgares. Y no, los judíos no son responsables por el hecho de que las acusaciones de antisemitismo no hagan a Corbyn ningún daño.

Estas cosas pasan porque existe el antisemitismo, no a causa de que los judíos se opongan a él


Labels: ,

Saturday, May 10, 2014

Rebeldes contra Sión - David Hirsh - Fathom



En la primera mitad del siglo XX, la mayoría de los judíos no lograron encontrar el camino para una estrategia exitosa que hiciera frente a la amenaza del antisemitismo. Algunos individuos emigraron, por ejemplo, a Gran Bretaña, Estados Unidos o Palestina. Otros creyeron encontrar su camino en la sociedad civil beneficiándose de la emancipación y viviendo como ciudadanos de los Estados europeos. Algunos judíos encontraron su camino en una formas comunales que les permitían continuar viviendo aparte de un mundo en pleno cambio.

Existían tres superpuestas respuestas políticas al antisemitismo. Los socialistas universalistas esperaban que la revolución uniría a todos los trabajadores en un mundo nuevo donde las naciones, las religiones y las diferencias étnicas dejarían de ser importantes. Los Bundistas (del partido Bund, nacionalistas judíos culturales y autonomistas de Polonia) querían forjar una nueva identidad judía y unas instituciones a través de las cuales podrían existir los judíos en paz junto a los demás, y a través de las cuales podrían defenderse del antisemitismo. Los sionistas creían que la autodeterminación nacional judía era obligada para garantizar la permanencia de la vida judía, al igual que la creación de una capacidad militar judía para su autodefensa.

Una serie de ensayos incluidos en el libro titulado "Rebeldes contra Sión" esbozan los argumentos esgrimidos por los bolcheviques, los bundistas y los sionistas. Roni Gechtman examina los debates dentro de la II Internacional y el Bund antes de la Primera Guerra Mundial, mientras Rick Kuhn se centra en los debates en el seno del Movimiento Socialista de Galitzia. Henry Srebrnik esboza las tempranas campañas soviéticas contra el sionismo y continua la historia hasta la era estalinista, con la caracterización del sionismo como "pro-imperialista". Bat-Ami Zucker examina la difícil posición de los comunistas judíos en América, atrapados entre su lealtad a un Partido Comunista cada vez más totalitario, su desdén por el establishment judío americano y el peligro que representaba para los judíos de Europa el desarrollo del nazismo. Jack Jacobs analiza la oposición Bundista al sionismo en la Polonia de entreguerras, y finaliza con la crucial y poco explorada observación: "Los argumentos presentados por el Bund entre 1918 y 1939 no eran tan totalmente transferibles para el período del Holocausto como para las décadas posteriores a la creación del Estado de Israel en 1948"'.

La verdad, a la que no se enfrenta este libro, es que todas las estrategias adoptadas contra el antisemitismo fracasaron. El Bundismo fue erradicado en las cámaras de gas nazis. El bolchevismo no pudo detener la Shoah, y si bien tuvo éxito al ganar el poder estatal en una tercera parte del mundo, no lo hizo derrotando al antisemitismo, sino más bien adoptando su variante antisionista. El sionismo, tal como fue ampliamente predicho por bundistas y por los socialistas universalistas, tampoco pudo salvar a los judíos europeos en unas cifras relevantes, y se mantuvo hasta la década de 1940 como un movimiento utópico.

Sin embargo, Israel se convirtió finalmente en una realidad, un Estado-nación, y no porque el sionismo "ganara" los debates esbozados en este libro, sino porque la base material de la vida judía en Europa fue completamente transformada por la "Solución Final" nazi y por la victoria de Israel en la guerra de 1948 contra los palestinos y contra los estados nacionalistas árabes, quienes trataron de erradicarlo desde su nacimiento.

Estos hechos en bruto son a menudo ignorados, incluso por los marxistas. Desviándose de sus propios métodos herederos del materialismo histórico, sus análisis del sionismo "tienden a centrarse más en el sionismo como una idea, que en los factores materiales subyacentes que fomentaron su transformación de un proyecto utópico de una minoría en un Estado-nación".

En 1954 Isaac Deutscher, el biógrafo de Trotsky, escribió que había "por supuesto" abandonado su antisionismo de toda la vida. Parecía obvio que para él el mundo había cambiado en Auschwitz y en los campos de batalla. Los judíos europeos habían sido asesinados y sus restos habían forjado una nueva nación en Palestina, algo que Deutscher consideraba como una "necesidad histórica", como un "estado de salvamento"'. Actualmente las cuestiones claves han cambiado. Ya no es relevante preguntarse si el sionismo fue una estrategia ganadora contra el antisemitismo; la cuestión es cómo el Estado judío podrá alcanzar una paz con sus vecinos y cómo se negociará la contradicción existente entre su condición judía y su carácter democrático.

El significado político del término "antisionismo" no podría ser más diferente a partir de 1948 que de su significado anterior a 1939, sin embargo, muy a menudo personas que se consideran a sí mismas como marxistas están más preocupadas por la continuidad de la forma que por la ruptura de contenido. "Antes de 1939 el antisionismo era una postura ideológica más dentro de los debates existentes entre los oponentes judíos al antisemitismo. Después de 1948 se convirtió en un programa para la destrucción de un Estado-nación realmente existente".

La fusión de los anteriores "rebeldes contra Sión" con los actuales "rebeldes contra Israel" queda inexplorada. A menudo, de hecho, el uso despreciativo del término "sionismo" desde posiciones antisionistas se utiliza para enmascarar dicha fusión y negar que se han producido cambios materiales significativos. Así se puede hacer frente a la realidad de que "ha sido la historia la que ha forjado una nación judía que habla hebreo en las costas orientales del Mediterráneo", o bien uno puede negarse a reconocerlo. Se puede llegar a un acuerdo con el mundo tal como existía y comenzar su análisis a partir de ahí, o uno "puede aferrarse a la esperanza de que la película de la historia podía haberse desarrollado de otra forma", una en la que Israel, de alguna manera, podría haber desaparecido de la vista. Al llamar a los israelíes "sionistas" se trata de denigrarlos como miembros de un movimiento político y no como ciudadanos de un Estado existente, y es que un movimiento político puede ser bueno o malo, puede ser apoyado o denigrado, mientras que un Estado-nación sólo puede ser reconocido como una realidad. Y si "los sionistas" son caracterizados esencialmente como "racistas" o "pro-apartheid" o "nazis", entonces los judíos israelíes pueden ser tratados, una vez más, como algo excepcional a la comunidad humana.

Porque el "sionismo" se entiende en "Rebeldes contra Sión" como un fenómeno de la lucha por la idea nacional judía en Europa, por lo que los judíos del Oriente Medio están ausentes de sus análisis. Pero de hecho, la oposición al colonialismo y al racismo toma habitualmente unas formas nacionalistas, no sólo en el caso del sionismo, sino en la mayoría de los movimientos anti-coloniales. El nacionalismo árabe, y más tarde el islamismo, derrotaron y reemplazaron al colonialismo en todo el Oriente Medio. Si bien es una forma poderosa, y a menudo exitosa, de movilización contra el colonialismo, el nacionalismo también contiene en sí mismo tendencias que potencian la exclusividad étnica. Jerusalén no es ni mucho menos la única ciudad cosmopolita del Oriente Medio bajo la soberanía de un movimiento nacionalista. De hecho, los judíos, así como otras minorías, fueron concebidos como ciudadanos de segunda clase en todo este Oriente Medio post-colonial. En Beirut, Alejandría, El Cairo, Bagdad, Damasco, Teherán, Trípoli, Argel, Túnez y en muchos otros lugares, los judíos sintieron la hostilidad de los movimientos nacionalistas árabes que tomaron el poder del Estado, y a causa de ello muchos de ellos se fueron a Israel o bien fueron directamente expulsados. En resumen, en ese Oriente Medio post-colonial, el nacionalismo étnico, con sus opresiones y exclusiones, era lo normal en vez de lo excepcional. No obstante la tragedia sigue estando presente hoy en día en estados multiétnicos como Siria, Líbano e Irak. Pero la estrechez de miras del antisionismo judío tiene poco que decir acerca de lo que sucede en otras zonas del Oriente Medio, con excepción de imaginar que son los asuntos y preocupaciones judías las que están en el centro de todo.

El editor de "Rebeldes contra Sión", August Grabski, nos dice algo bastante interesante al final de su introducción: “A pesar de la debilidad actual de las organizaciones judías antisionistas de izquierda, es precisamente la tradición intelectual de dichas organizaciones la que ha dominado la forma en que el conflicto israelí-palestino es percibido por segmentos importantes del movimiento internacional contra la globalización y por organizaciones y movimientos de la izquierda, entre ellos los principales partidos socialdemócratas“.

Es comprensible que muchos judíos tengan un interés particular por Israel. Muchos de ellos sienten que se debe al sentimiento experimentado, o no, de poder verse obligados a acabar viviendo allí, después de las experiencias de antisemitismo vividas en Europa, Rusia y en el Oriente Medio. Yes que muchos judíos, tras el fracaso de la comunidad internacional a la hora de garantizar su seguridad en el siglo XX, fueron ganados desde un principio por una legítima defensa nacional judía.

Los antisionistas judíos también tienden a tener un "particular enfoque judío" sobre Israel. A menudo se sienten especialmente preocupados por los abusos de derechos humanos israelíes, por la injusticia de la ocupación israelí y por lo que sienten que es un irreflexivo apoyo organizado por las entidades comunitarias judías de todo el mundo a los gobiernos israelíes.

Sin embargo, ese enfoque judío particularizado sobre los “crímenes de Israel”, tanto reales como imaginarios, es desproporcionadamente influyente fuera de los confines de la comunidad judía. El peligro es que esta preocupación judía se exporta a la sociedad civil secular. Así, por ejemplo, un pequeño grupo de judíos antisionistas que buscan boicotear a los académicos israelíes pueden ver como sus preocupaciones y objetivos son adoptados por sindicatos académicos no judíos. Su preocupación por el tema judío en particular es comprensible, pero cuando un sindicato adopta esta preocupación especial por los supuestos “abusos judíos” y lo convierten en su preocupación preferente, muy por encima de la que demuestran por el resto de abusos contra los derechos humanos en general, existe un potencial evidente de incubar una visión antisemita del mundo sin acuse de recibo.

El capítulo de Philip Mendes en el volumen ofrece un estudio sobre un caso muy estudiado y documentado de tal transformación. El autor nos muestra en detalle los procesos y los mecanismos por los que un pequeño grupo antisionista judío de Australia jugó un importante papel en el fomento y en la concesión de licencias de pensamiento claramente antisemitas.

El ensayo de Stan Crooke es también un estudio sobre otro caso excepcional que nos muestra la compleja relación entre la hostilidad hacia Israel y el antisemitismo. Traza la función de los judíos antisionistas como “vanguardia”, luchando por su propio nacionalismo judío inverso (el universalismo) en el movimiento obrero en general. Y nos muestra con una impresionante erudición cuánto de ese "sentido común" antisionista fue creado, de hecho, por las tradiciones estalinistas y antidemocráticas del movimiento marxista.

Mi preocupación es que no serán los capítulos de Crooke y de Mendes los que serán recordados por la mayoría de los lectores de este volumen. Más bien será ese antisionismo judío quien, a través de una sucesión implacable de desvíos, omisiones y suposiciones sin acuse de recibo, provocará una impresión duradera, empezando por el título, que ya enfatiza el "carácter heroico" de una minoría que escoge rebelarse contra un Israel que, como estado, es bañado con una luz de ilegitimidad.

Labels: , ,