Sorprendente Mamet: Israel, Isaac y el retorno de los sacrificios humanos – David Mamet - WSJ

Mientras Irán corre decididamente hacia la bomba nuclear, muchos observadores parecen pensar que la mayor amenaza resultante es la posibilidad de que Israel pueda actuar en contra de dicho programa nuclear. Lo cual plantea la pregunta: ¿Qué sucedería si, Dios no lo quiera, el Islam militante por medio de la fuerza de las armas, y con el permiso tácito de Occidente, tiene éxito en la destrucción del Estado judío?
1) Que el pueblo judío ya no tendría su hogar ancestral
2) Que de hecho ya no tendría ningún hogar
En la Conferencia de Paz de Versalles, el presidente Woodrow Wilson declaró como una proposición moral evidente que cada pueblo debería tener derecho a la autodeterminación nacional. Occidente, a partir de entonces, dejo de buscar imperios y una expansión nacional, y lo hizo en defensa propia o en defensa de esa proposición. Sin embargo, cuando se trata del Estado judío, el Occidente liberal aparta dicha proposición a un lado.
Desde su fundación, Israel ha puesto la otra mejilla. Eric Hoffer ha escrito que Israel es el único país del mundo del que se espera que actúe como un cristiano. Algunos judíos dicen que los árabes tienen un mejor aparato de relaciones públicas. Pero no resulta necesario. El Occidente liberal no necesita que le convenzan. Está más que encantado de aceptar una excusa para anular lo que considera un error colosal.
Durante décadas, el Occidente liberal se ha entregado a una orgía de auto-flagelación. Mientras, hemos disfrutado de comodidad y de seguridad, pero es esta sensación, en ausencia de un sentimiento de gratitud y de patriotismo, provoca también inseguridad (por su posible perdida). Y los intentos por remediar esa inseguridad pueden observarse en las protestas por nuestra inutilidad, y en las condenas a la propiedad privada.
Pero nadie en este Occidente opulento, y nadie de entre esos manifestantes que protestan por las supuestamente diversas injusticias, está preparado para actuar de acuerdo con sus quejas. Aquellos que se oponen a "la Corporación Industrial capitalista" todavía utilizan sus iPhone que les permite masificarse como les gusta. Las celebridades que se solidarizan y acuden a las manifestaciones de Ocuppy Wall Street aún siguen invirtiendo sus excedentes de capital, y el supuesto campeón de los desposeídos en el Levante no sólo se burla de las reclamaciones de los indígenas americanos a la tierra que él entiende como suya, sino que presiona al Concejo de la ciudad para que al refugio para los sin techo sea construido en cualquier parte menos en el bloque de viviendas que habita.
Todos esos valientes preceptores que quieren terminar con la pobreza, la guerra, la explotación, el colonialismo, la desigualdad… y así sucesivamente, se detienen en seco tras sus proclamas. ¿Cómo pueden sincronizar su sabio fervor con su inacción?
¿Cómo dan salida entonces a su consiguiente ansiedad? La respuesta de la izquierda es la más antigua del mundo: apelando a los dioses. Pero, ¿cómo pueden ser apaciguados los dioses? La respuesta es inmemorial: Por el sacrificio humano.
¿Cuál es la esencia de la Torah? No son los Diez Mandamientos, esos ya eran más o menos conocidos, y en la práctica eran una aspiración mayoritaria de cada civilización. El rabino Lawrence Kushner nos enseña que no son más que una tarjeta de visita que nos dice "!acuérdate de mí...!"
La esencia de la Torah es el Akedah, el sacrificio de Isaac. El Dios de los Ejércitos (YHWH Tzevaot/Sabaot) le habló a Abraham, como los diversos dioses del desierto habían hablado a los nómadas durante miles de años: "Si quieres aliviar tu ansiedad, dame la cosa más preciada que tengas".
Así pues la llamada de Dios a Abraham no era ni inusual ni tal vez inesperada. Dios ya le había dicho a Abraham que dejara su pueblo y su casa, y que se dirigiera al lugar que Dios le señalaría. Y Dios también le dijo a Abraham que llevara a su hijo a la montaña y lo matara, como los seres humanos han hecho durante decenas de miles de años.
Sin embargo, y por primera vez en la historia, el relato ahora cambia. El sacrificio, Isaac, habló. Le preguntó a su padre, "¿Dónde está la cabra que vamos a sacrificar?". Esta era la voz de la conciencia, y la mano de Abraham, que descendía con el cuchillo, se detuvo. Este fue el nacimiento de Occidente, y también el nacimiento de la carga de Occidente, que es la conciencia.
Previamente, la ansiedad y el miedo que atenazaba la vida humana se entendía como el miedo a los dioses, y se contrarrestaba congraciándose con ellos, es decir, por el sacrificio. Ahora, sin embargo, la carga humana no se dirige hacia esos dioses que uno se imaginaba, preso del propio miedo, para luego satisfacer en conciencia las cosas que sobreentendemos que Dios requiere.
En el abandono del Estado de Israel, Occidente vuelve al sacrificio pagano, una vez más, pero esta vez haciendo un sacrificio no de lo que posee, sino de lo que es de otro. Como una especie de Realpolitik, el antisemitismo del Occidente liberal puede ser entendido como otro nuevo ofrecimiento, por parte de los nuevos Chamberlain, de Checoslovaquia(Israel) a Hitler, una concesión arrojada al terrorismo. Pero a nivel de conciencia, es una renovación del debate sobre el sacrificio humano.
Labels: DMamet, Occidente apaciguador