Wednesday, December 14, 2011

Sorprendente Mamet: Israel, Isaac y el retorno de los sacrificios humanos – David Mamet - WSJ



Mientras Irán corre decididamente hacia la bomba nuclear, muchos observadores parecen pensar que la mayor amenaza resultante es la posibilidad de que Israel pueda actuar en contra de dicho programa nuclear. Lo cual plantea la pregunta: ¿Qué sucedería si, Dios no lo quiera, el Islam militante por medio de la fuerza de las armas, y con el permiso tácito de Occidente, tiene éxito en la destrucción del Estado judío?

1) Que el pueblo judío ya no tendría su hogar ancestral
2) Que de hecho ya no tendría ningún hogar

En la Conferencia de Paz de Versalles, el presidente Woodrow Wilson declaró como una proposición moral evidente que cada pueblo debería tener derecho a la autodeterminación nacional. Occidente, a partir de entonces, dejo de buscar imperios y una expansión nacional, y lo hizo en defensa propia o en defensa de esa proposición. Sin embargo, cuando se trata del Estado judío, el Occidente liberal aparta dicha proposición a un lado.

Desde su fundación, Israel ha puesto la otra mejilla. Eric Hoffer ha escrito que Israel es el único país del mundo del que se espera que actúe como un cristiano. Algunos judíos dicen que los árabes tienen un mejor aparato de relaciones públicas. Pero no resulta necesario. El Occidente liberal no necesita que le convenzan. Está más que encantado de aceptar una excusa para anular lo que considera un error colosal.

Durante décadas, el Occidente liberal se ha entregado a una orgía de auto-flagelación. Mientras, hemos disfrutado de comodidad y de seguridad, pero es esta sensación, en ausencia de un sentimiento de gratitud y de patriotismo, provoca también inseguridad (por su posible perdida). Y los intentos por remediar esa inseguridad pueden observarse en las protestas por nuestra inutilidad, y en las condenas a la propiedad privada.

Pero nadie en este Occidente opulento, y nadie de entre esos manifestantes que protestan por las supuestamente diversas injusticias, está preparado para actuar de acuerdo con sus quejas. Aquellos que se oponen a "la Corporación Industrial capitalista" todavía utilizan sus iPhone que les permite masificarse como les gusta. Las celebridades que se solidarizan y acuden a las manifestaciones de Ocuppy Wall Street aún siguen invirtiendo sus excedentes de capital, y el supuesto campeón de los desposeídos en el Levante no sólo se burla de las reclamaciones de los indígenas americanos a la tierra que él entiende como suya, sino que presiona al Concejo de la ciudad para que al refugio para los sin techo sea construido en cualquier parte menos en el bloque de viviendas que habita.

Todos esos valientes preceptores que quieren terminar con la pobreza, la guerra, la explotación, el colonialismo, la desigualdad… y así sucesivamente, se detienen en seco tras sus proclamas. ¿Cómo pueden sincronizar su sabio fervor con su inacción?

¿Cómo dan salida entonces a su consiguiente ansiedad? La respuesta de la izquierda es la más antigua del mundo: apelando a los dioses. Pero, ¿cómo pueden ser apaciguados los dioses? La respuesta es inmemorial: Por el sacrificio humano.

¿Cuál es la esencia de la Torah? No son los Diez Mandamientos, esos ya eran más o menos conocidos, y en la práctica eran una aspiración mayoritaria de cada civilización. El rabino Lawrence Kushner nos enseña que no son más que una tarjeta de visita que nos dice "!acuérdate de mí...!"

La esencia de la Torah es el Akedah, el sacrificio de Isaac. El Dios de los Ejércitos (YHWH Tzevaot/Sabaot) le habló a Abraham, como los diversos dioses del desierto habían hablado a los nómadas durante miles de años: "Si quieres aliviar tu ansiedad, dame la cosa más preciada que tengas".

Así pues la llamada de Dios a Abraham no era ni inusual ni tal vez inesperada. Dios ya le había dicho a Abraham que dejara su pueblo y su casa, y que se dirigiera al lugar que Dios le señalaría. Y Dios también le dijo a Abraham que llevara a su hijo a la montaña y lo matara, como los seres humanos han hecho durante decenas de miles de años.

Sin embargo, y por primera vez en la historia, el relato ahora cambia. El sacrificio, Isaac, habló. Le preguntó a su padre, "¿Dónde está la cabra que vamos a sacrificar?". Esta era la voz de la conciencia, y la mano de Abraham, que descendía con el cuchillo, se detuvo. Este fue el nacimiento de Occidente, y también el nacimiento de la carga de Occidente, que es la conciencia.

Previamente, la ansiedad y el miedo que atenazaba la vida humana se entendía como el miedo a los dioses, y se contrarrestaba congraciándose con ellos, es decir, por el sacrificio. Ahora, sin embargo, la carga humana no se dirige hacia esos dioses que uno se imaginaba, preso del propio miedo, para luego satisfacer en conciencia las cosas que sobreentendemos que Dios requiere.

En el abandono del Estado de Israel, Occidente vuelve al sacrificio pagano, una vez más, pero esta vez haciendo un sacrificio no de lo que posee, sino de lo que es de otro. Como una especie de Realpolitik, el antisemitismo del Occidente liberal puede ser entendido como otro nuevo ofrecimiento, por parte de los nuevos Chamberlain, de Checoslovaquia(Israel) a Hitler, una concesión arrojada al terrorismo. Pero a nivel de conciencia, es una renovación del debate sobre el sacrificio humano.

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Saturday, May 21, 2011

David Mamet "sale del armario" - Jeff Jacoby - LD



(Tengo a medio de traducir el artículo de Mamet para el Village Voice (bastante largo) y ya traducido otro sobre el mismo tema de Commentary (que publicaré uno de estos días), pero mientras tanto éste de Jeff Jacoby es un buen aperitivo, salvo por el título)


David Mamet ha salido del armario. No, no de ese armario. En un artículo publicado el 11 de marzo en el periódico Village Voice, el renombrado dramaturgo (American Buffalo, Glengarry Glen Ross, Speed-the-Plow) ha reconocido algo que seguramente manchará su reputación entre la elite artística mundial más que cualquier revelación en materia de orientación sexual. Admite estar despertando del progresismo.

Su artículo, un ensayo sobre el año electoral de más de 2.500 palabras de extensión, abre con la respuesta de John Maynard Keynes a un crítico que le acusaba de inconsistencia: "Cuando los hechos cambian, yo cambio mi opinión. ¿Qué hace usted, caballero?" A continuación pasa a describir su obra más reciente, November, una comedia desarrollada en el Despacho Oval que presenta a un presidente "interesado, corrupto, sobornado y realista" y a su "redactora de discursos izquierdista, lesbiana y socialista utópica".

Tras la hilaridad, escribe Mamet, November es una contraposición entre dos visiones de la sociedad humana: "la conservadora (o trágica) y la progre (o perfeccionista)". Los conservadores como el presidente de la obra asumen que la mayor parte de la gente "se dedica a ganarse la vida y que la mejor manera que tiene el Estado de facilitar eso es mantenerse al margen", ya que los desastres provocados por la intervención estatal son en general peores que aquellos que surgen cuando se deja actuar al libre mercado. Según la visión progre, la sociedad está aquejada de enfermedades que sólo el Gobierno está dotado para curar.
"Durante muchas décadas yo abracé la visión progre – confiesa Mamet –, pero estoy seguro de haber cambiado de opinión."
No es que se haya caído del caballo camino de Damasco, sino que fue más bien un descubrimiento gradual de que las ideas conservadoras encajaban mejor con la vida cotidiana que las presunciones progres que solía sostener como actos de fe. Recuerdo el estreno de la obra de Mamet Oleanna en el Hasty Pudding Theatre de Cambridge en 1992. La obra gira en torno a una acusación de acoso sexual planteada por una estudiante contra su profesor. Ya entonces estaba claro que Mamet era consciente de los peligros macartistas de la corrección política y del fanatismo izquierdista.

La decisión de escribir una obra sobre política y políticos condujo a Mamet a explorar de forma más sistemática el pensamiento político. "Empecé a leer no sólo las obras económicas de Thomas Sowell (nuestro mayor filósofo contemporáneo) sino también a Milton Friedman, Paul Johnson, Shelby Steele y otro puñado de escritores conservadores, y descubrí que estaba de acuerdo con ellos", escribe. Conforme leía y se veía reflejado en ellos, se descubrió liberándose de los prejuicios progresistas que siempre habían formado parte de su bagaje intelectual: hostilidad al capitalismo, desconfianza hacia el ejército, resentimiento por las desigualdades económicas y, por encima de todo, el oscurantismo del "todo va siempre mal" propio de la visión del mundo izquierdista.

La desgracia abunda en "el Mundo según los Progres". Es una realidad en la que el cambio climático devasta el medio ambiente y las familias luchan por llegar a fin de mes, mientras los delitos de odio aterrorizan a las minorías y las tabaqueras envenenan a los niños. Donde quiera que mire el progre, siempre hay malas noticias: profesores mal pagados, inocentes que van a prisión, familias sin seguro médico, buenos puestos de trabajo que se deslocalizan, un techo de cristal que mantiene a las mujeres en puestos de poca responsabilidad, recortes fiscales que favorecen a los ricos, homosexuales deseosos de igualdad, y la Ley Patriota que machaca nuestras libertades civiles.

Pero en realidad, observaba Mamet, el mundo no es tan triste. "La gente en general parece sobrevivir al día a día" dice, y "nosotros en Estados Unidos lo hacemos en circunstancias bastante maravillosas y privilegiadas". En cuanto a la beneficencia del Estado, ¿mejora las cosas aumentar su tamaño? Mamet llega a la conclusión de que en general la respuesta es negativa, y aprovecha su experiencia teatral para ilustrar esta idea:
Elimine al director del escenario de la obra, y ¿qué tiene? Normalmente una reducción de la tensión, ensayos más cortos y una mejor producción.

El director en general no provoca tensiones, pero su presencia lleva a los actores a dirigir (y fabricar) afirmaciones diseñadas para apelar a la Autoridad (es decir, para... regodearse en la política, cuyo propósito puede ser la obtención de una mejor posición social y mayor influencia fuera de la evidente meta del esfuerzo).
Podría estar hablando del proceso presupuestario del Congreso.

Mamet es sólo el caso más reciente en una larga nómina de izquierdistas notables que se desplazan a la derecha, entre los que destacan Whittaker Chambers, Jeane Kirkpatrick, Norman Podhoretz, Michael Novak, David Horowitz y Ronald Reagan. Al igual que ellos, Mamet fue asaltado por la realidad. Al igual que ellos, ajustó sus opiniones para que encajasen con los hechos, y sin duda pagará un precio social por su apostasía. Esté o no de acuerdo con sus opiniones actuales, su integridad intelectual merece un aplauso.

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