Wednesday, October 22, 2014

Cuando el Talmud reemplazó al Templo como la estructura central de la vida judía - Adam Kirsch - Tablet



La destrucción del Templo en el año 70 podría haber significado fácilmente la muerte del judaísmo. Como hemos visto una y otra vez en el Talmud, el Templo era el centro de la fe y de la práctica judía de una manera que difícilmente podríamos imaginarnos hoy en día. Era el único lugar donde los judíos podían hacer sacrificios a Dios, el único lugar donde el espíritu de Dios habitaba en la Tierra, por no hablar de un poderoso símbolo de la soberanía judía. El hecho de que el judaísmo lograra sobrevivir después de que el Templo fuera destruido es el más notable de los muchos actos de renovación y de transformación que han conservado la vida judía durante miles de años.

La leyenda de Yochanan ben Zakai es una parábola viva de cómo el judaísmo logró soportar ese trauma. Según la tradición, Yochanan, el principal sabio rabínico de su generación, estaba atrapado en Jerusalén durante el asedio romano. El historiador Josefo describe esos momentos como de un horrible sufrimiento, cuando la hambruna provocaba el infanticidio y el canibalismo. Yochanan, viendo en qué dirección soplaba el viento, decidió que su deber no era perecer con la ciudad sino escapar. Pero no se podía abandonar fácilmente la sitiada Jerusalén, y no a causa de los romanos, sino porque los zelotes judíos controlaban la ciudad y mataban a cualquiera que tratara de pasarse al enemigo.

Los muertos, sin embargo, si que se podían sacar fuera de Jerusalén para su enterramiento. Así, Yochanan fingió ser un cadáver y fue llevado a escondidas fuera de la ciudad en un ataúd. Una vez que llegó a las líneas romanas, se hizo grato al general romano Vespasiano con la profecía de que algún día se convertiría en emperador, una predicción que, efectivamente, se hizo realidad. A cambio, Vespasiano le concedió la petición formulada por Yochanan de poder establecer una nueva academia y un tribunal judío en Yavneh. De esta manera Yochanan, y el propio judaísmo, pasaban a través de la muerte hacia un nuevo tipo de vida diferente. A partir de entonces, el judaísmo ya no sería una religión centrada en el Templo, sino una religión de leyes. El propio Talmud sustituiría al Templo como la "estructura central" de la vida judía.

La ausencia del Templo no puede dejar de aparecer en el Talmud, sobre todo en Orden Moed, la sección del Daf Yomi que sus lectores han estado explorando durante los últimos dos años. Estos tratados hacen referencia a las festividades judías, muchas de los cuales solían mantenían una poderosa relación con la actividad centrada en el Templo. Yom Kippur, por ejemplo, era la ocasión para un sacrificio ritual de elaborada coreografía en el que el sumo sacerdote realizaba la expiación de los pecados del pueblo. Rosh Hashaná también tenía sus prácticas especiales en el Templo. En Rosh Hashaná 29b, nos enteramos de que cuando la fiesta caía en shabbat, estaba prohibido tocar el shofar; pero se hizo una excepción para el Templo, donde sí se permitía.

¿Qué iba a suceder entonces con estas regulaciones tras la destrucción del Templo? ¿Se permitiría nuevamente a los judíos que hicieran sonar el shofar durante un shabat? Como aprendimos durante esta semana en la lectura del Daf Yomi, ese fue el tema de uno de los nueve decretos que Yochanan ben Zakai emitió después del 70 d. C, fecha en la que se empezó a crear un judaísmo post-Templo. Según Yochanan, el tribunal de Yavneh tomaría el lugar del Templo a los efectos de la utilización del shofar; y algunos otros sabios agregaron que autorizó el sonido del shofar en cualquier lugar donde hubiera un tribunal judío. Esta fue una decisión muy simbólica, pues nos sugiere que si el tribunal había tomado el lugar del Templo como lugar sagrado, los rabinos estaban adoptando el papel de liderazgo que una vez fue el de los sacerdotes del Templo.

Tal como la Guemará continúa explicando, Yochanan se enfrentó a cierta oposición a esta nueva norma, que él astutamente aplacó. Un año, cuando Rosh Hashaná cayó en shabbat, Yochanan proclamó que el shofar debía sonar. Pero los "hijos de Beteira" - miembros de una antigua familia de sabios - se opusieron a ello diciendo: "Vamos a discutir si está o no está permitido". Yochanan respondió sugiriendo que sonara primero el shofar, mientras todavía había tiempo, y luego discutirían el asunto después. Sin embargo, una vez que el shofar sonó, Yochanan se presentó ante sus críticos con un hecho consumado y les dijo: "el shofar ya sido ha escuchado en Yavneh, y no se refuta un decisión después de que la acción se haya ejecutado". Este gato por liebre es un buen ejemplo de un problema perenne en la filosofía política - la falta de legalidad del legislador -. Si se desea establecer un nuevo conjunto de leyes, tal como lo hizo Yochanan, usted tiene que romper con las leyes vigentes. Un acto que es ilegal cuando se comete sólo entonces pasa a convertirse en un precedente vinculante. Yochanan, claramente, no tembló a la hora de ejercer esta responsabilidad.

En un capítulo más adelante, el Talmud pasa a enumerar las otras nuevas normativas que Yochanan impuso después de la destrucción del Templo. Tradicionalmente, en Sucot, el lulav (la rama de una palmera) únicamente se agitaba durante los siete días de la festividad en el Templo, mientras que en el resto de los lugares los judíos sólo lo hacían el primer día. Yochanan decretó que, a partir de ahora, todos los judíos debían agitar el lulav durante los siete días "en conmemoración del Templo". "¿Y de dónde se derivaba que realizaran estas acciones en conmemoración del Templo?" se pregunta la Guemará. La respuesta es un versículo de Jeremías: "Porque yo te devolveré la salud, y te sanaré de tus heridas - dijo el Señor -, porque te han llamado desechada, diciendo: `Esta es Sion, nadie se preocupa por ella' ", pero con el Templo destruido les corresponde a los judíos demostrar su cuidado y atención conmemorándola con acciones.

Otros decretos de Yochanan incluyen el cambio de las reglas sobre cuándo la cosecha del nuevo año se podía comer; cómo el Sanedrín, el tribunal supremo judío, debería tomar testimonio en relación con la luna nueva; y una regla que prohibía a los sacerdotes usar sandalias en la bimá, presumiblemente porque era perjudicial para su dignidad. Ninguno de ellos, en particular, son importantes innovaciones rituales. Yochanan no asumió la tarea de hacer algo tan drástico como instituir un nuevo lugar para los sacrificios o un nuevo Sancto Santorum. Reconoció que las prácticas más importantes y relevantes de la fe judía habían sido anuladas, o como él habría dicho, suspendidas. Porque como hemos visto antes, y el Talmud repite aquí durante el debate sobre la ofrenda del omer, los sabios creían que algún día el Templo sería milagrosamente restaurado y todas sus leyes volverían a estar en vigor. Esa es una de las razones de por qué el Talmud era necesario, para recordar a los judíos esas leyes y prácticas, las cuales siempre están retrocediendo más en el pasado.

En el curso de la discusión de los decretos de Yochanan, la Guemará ofrece una fábula conmovedora sobre el exilio de la Shejináh, la Presencia Divina, que es paralelo al exilio de los propios judíos. Mientras el Templo estaba en pie, era la casa de la Shejináh, la ubicación física de la presencia de Dios en la Tierra. Pero a medida que el pueblo judío se hizo cada vez más pecaminoso, la Shejináh "realizó 10 viajes", es decir, se retiró del Templo en 10 etapas. "Desde la cubierta del arca hasta el querubín, y desde ese querubín a otro querubín, y desde el segundo querubín al umbral del santuario; y desde el umbral del santuario hasta el patio; y desde el patio hasta el altar; y desde el altar hasta el techo; y desde el techo a la pared; y de la pared a la ciudad; y desde la ciudad a la montaña; y desde la montaña al desierto; y desde el desierto ascendió y descansó en su lugar en el Cielo". Se puede sentir la tierna renuencia de la Shejináh a dejar su casa y a su pueblo. En cada etapa, podría haberse dado la vuelta y regresar a casa si solo los judíos hubieran rectificado su comportamiento. Una vez que Dios se hubo apartado de esa manera, la destrucción de su casa, el Templo, sólo era cuestión de tiempo.

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Saturday, August 04, 2012

Cerca de 100.000 judíos se reúnen en el estadio MetLife para celebrar el final del ciclo de lectura del Talmud (7 años o 2.711 días)













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Friday, April 22, 2011

Daf Yomi: La página diaria - Yaacov Lozowick


El Daf Yomi del s. XXI


Un Blatt del Talmud


La sinagoga de la Yeshiva Chachmei de Lublín


La Yeshiva Chachmei de Lublin y Meir Shapira

En un reciente artículo en el Commentary Magazine (El genio judío, abril de 2007), Charles Murray, el autor no judío de The Bell Curve, planteó la tesis de que los judíos son y han sido más inteligentes que sus sociedades circundantes. No estoy en condiciones de aportar nada a las especulaciones de Murray excepto la observación de que, si tuviera razón, no sería en absoluto sorprendente dada la centralidad del aprendizaje dentro de la cultura judía durante los últimos milenios. Pero no quiero dejar de ofrecer una historia acerca del aprendizaje, y cuan vivo aún es.

De regreso a la década de 1920, un rabino pragmático, Meir Shapira, llamó de manera accidental ha transformar la forma en que se estudia el Talmud. Consciente de que el estudio del Talmud (o la Guemará, que es el título arameo más común) es una actividad que lleva mucho tiempo, incluso si uno ya ha invertido los años necesarios de formación, inventó un método de estudio serio para aquellos judíos que estuvieran muy ocupados. En lugar de sondear las profundidades del texto, él especuló que debería ser posible enfrascarse en el estudio de un Blatt (o folio: unas dos páginas) en al menos una hora diaria. Es cierto que uno no aprende mucho, pero partiendo de que se tendría la paciencia suficiente - siete años y medio de él, para ser exactos - se podría cubrir todas las 2.711 Blaetter de todo el Talmud, y lo que se había perdido en superficialidad se habría ganado en cantidad. Meir Shapira también podía haber tenido un fin práctico en su mente: cuando en 1930 fundó la Gran Yeshiva en Lublin ( Yeshivat Chachmei Lublin ), sincronizó el calendario para que sus potenciales donantes y estudiantes estuvieran a la vez en la misma página de estudio, creando así un sentido de comunidad que no podía hacer daño a nadie.

¿Por qué dos páginas en una hora sería un logro, por una parte, y a la vez un sacrificio a la seriedad por otra? Para que usted se haga una idea, debe tener en cuenta que el texto básico del Talmud está en hebreo (Talmud de Jerusalem), creado acumulativamente por generaciones de rabinos de Judea y Galilea durante unos 250 años, o en arameo, creado acumulativamente por un grupo diferente de rabinos sobre todo en Babilonia después de que el primer grupo terminara su obra. Los idiomas son casi perfectamente entrelazados. No hay puntuación, y no hay vocales. Algunas palabras pueden ser en hebreo o arameo, con significados diferentes en cada idioma. Los rabinos tenían una desarrollada capacidad para exponer argumentos complejos en oraciones de siete palabras, que luego redujeron a cinco.

Al igual que sus descendientes lejanos, a menudo se interrumpían entre sí. A diferencia de sus descendientes lejanos, todos ellos conocían toda la Biblia de memoria, de modo que cada vez que uno de ellos citaba parcialmente un pasaje, todos los demás lo reconocían en todo su contexto. Además, constantemente utilizaban enlaces intertextuales, unos 2.000 años antes de que los hiper-enlaces fueran inventados, de modo que al estudiar una página ayudaba haber estudiado previamente todas las otras páginas o enlaces. Cada sección, llamada tratado, tiene su propio tema, al que no se limita escrupulosamente (de ahí los enlaces intertextuales), lo que significa que si usted desea tener un dominio exhaustivo del tema del tratado, hay muchas oportunidades de que de todos modos haya algo más.

En el momento de la creación de esta especie de torbellino mental se le preservó por vía oral, y cuando finalmente se puso por escrito, hace unos 1.500 años, una palabra de vez en cuando caía fuera de lugar o la mitad de una frase era recordada erróneamente, y a continuación, una vez que se concluyó por escrito, pasarían otros mil años antes de la invención de Gutenberg, proporcionando el tiempo suficiente para que se deslizaran discrepancias entre las diferentes versiones escritas a mano.

Todas las generaciones siguientes han estado reflexionando sobre este texto, a menudo poniendo sus ideas, razonamientos o explicaciones por escrito. Rashi, un genio que vivió en el siglo XI en Francia, estudió detenidamente casi todo el texto y escribió un comentario línea por línea, la mayoría de los cuales era un intento de llenar en palabras y significados lo que los rabinos anteriormente habían dejado fuera (por evidente para ellos).

Un grupo de investigadores encabezados por sus nietos, a los que se llamó colectivamente los Tosafot, revisaron a continuación todo el Talmud y señalaron las contradicciones entre las diversas afirmaciones de los rabinos - hay muchas de estas - y trazaron vías para reconciliarlas entre sí. ¿Rashi y los Tosafot pensaban, cuando estaban escribiendo, en hebreo o en arameo? En todo caso, sin puntuación o vocales. De vez en cuando, Rashi traduce algo amablemente para los franceses de su época, y me han dicho los filólogos que, en lo que se refiere al francés medieval, es un tesoro,ya que después de todo ¿cuántas personas hay por ahí que todavía sepan francés medieval ? (Pero antes hay que saber hebreo, o arameo, para entender el origen de la traducción al francés medieval). Así pues, empieza a quedar claro por qué el Talmud es muy raramente estudiado en solitario, y que el modo preferido es en parejas que se reúnen regularmente en grupos para asegurarse de que todos están en la misma página, por así decirlo.

La pertinencia de Rashi y de los Tosafot no es que fueran inusualmente brillantes o eruditos, que lo fueron, sino que más bien, cuando el Talmud fue llevado finalmente a la imprenta, los tipógrafos incorporaron a Rashi y a los Tosafot a la página base, de modo que los textos antiguos aparecen como un bloque en el centro de la página rodeado por los comentaristas medievales. (Al igual que con los hipertextos, este es un concepto que se ha vuelto más fácil de entender desde el advenimiento de los procesadores de textos modernos y de su potencial gráficos). Todos los otros comentaristas entraron en la parte posterior del volumen, o en volúmenes separados, lo que en parte explica por qué cuando los nazis quemaron la biblioteca del Talmud de los siete años, la Gran Yeshiva en Lublin, ésta ya tenía más de 22.000 volúmenes.

El estudio del Talmud es un proceso laborioso donde palabra por palabra y frase por frase se procede a descifrar los textos antiguos, acompañados a su vez de una decodificación medieval y de una clarificación posterior de sus conceptos e ideas por todos los restantes estudiosos que se han dedicado a debatir sobre él durante estos últimos 1.500 años, y que aún lo siguen haciendo. Es por lo tanto un proceso obligatoriamente lento. Hacer un Blatt en una hora significa obtener la esencia del texto base, probablemente con la ayuda de Rashi. En el caso de que los alumnos sean expertos, incluso podría ser posible que echaran un vistazo a los Tosafot. Todo lo demás se vuelve imposible.

Curiosamente, Meir Shapira dio a su proyecto el nombre hebreo de Daf Yomi (Una página diaria), y no tiene un homólogo en yiddish. Esto a la larga contribuirá a la conservación del concepto en un mundo judío donde el yiddish es un distante tercer jugador ante el hebreo y el inglés. Más de 80 años después su idea se ha popularizado de tal modo que ha sobrepasado sus sueños más entusiastas. Un viajero que llegara prácticamente a cualquier parte del mundo judío se encontraría con un grupo de judíos lugareños que están estudiando la misma página. Hay por lo menos 230 grupos solamente en Jerusalén. Sitios web permiten acceder a espacios visuales y de audio diarios, y algunos escanean la página a diario. Los blogs son perfectos para discutir un tema tan actual, lo que explicaría por qué hay tantos dedicados al Daf Yomi. Los estudiantes de Daf Yomi a menudo tienen menos formación que los estudiantes tradicionales, y siempre tienen menos tiempo, por lo que existe una industria floreciente de nuevas publicaciones del Talmud con herramientas para hacerlo más fácil y sencillo - con puntuación, con vocales, traducciones, diagramas -.

Si alguien esperaba que el mundo moderno erosionara el compromiso de los judíos con el aprendizaje de su literatura tradicional, no se esperaría esto. La versión en hebreo de Wikipedia dice que hay cientos de miles de estudiantes de Daf Yomi en todo el mundo, y puede que sea cierto. Cuando el último ciclo (de lectura del Talmud) se completó, en marzo de 2005, decenas de miles de alumnos lo celebraron reuniéndose en el Madison Square Garden. Conmovedoramente, un grupo más pequeño, de toda Europa, se reunió en el edificio vacío que una vez albergó la Gran Yeshiva de Lublin.

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