El voto, ¿derecho o privilegio? - Moshe Arens - Haaretz
Uno podría haber pensado que los sionistas se habían convertido hace tiempo en casi una especie en peligro de extinción dentro de Israel. Pero resulta que muchos de ellos sólo dormían, y de repente han despertado de su letargo con aires de venganza, enfurecidos por la idea de un proyecto de ley en la Knesset que permitiría a los ciudadanos israelíes que están en el extranjero participar en la votación el día de las elecciones
Estas viejos sionistas parecen aún estar viviendo en los primeros días del Estado de Israel. En los viejos tiempos, las únicas personas que viajaban al extranjero eran ministros o altos funcionarios, o bien aquellos que habían decidido dar la espalda al estado judío y compraban billetes de ida a otras tierras, donde tenían la intención de buscar su fortuna. "Una recaída de los débiles" es como los llamaba Yitzhak Rabin.
¿Quién se atrevería a sugerir que aquellos que no sirvieron en el IDF, cuyos hijos no servirán en el ejército israelí, que no pagan los impuestos israelíes, y que sólo muy de vez en cuando nos contemplan desde la lejanía, deben estar habilitados para participar en nuestras elecciones y en la determinación de nuestro destino - el destino de aquellos que tuvieron el coraje de afrontarlo y que siguen soportando la carga de vivir en un Israel asediado y amenazado por sus enemigos? ¿No sería una traición del ideal sionista?
Los ultrajados sionistas sí se encuentran en buena compañía en este tema, pues están con ellos los post-sionistas y los no sionistas e inclusive los antisionistas. Todos ellos están en armas, indignados por la sugerencia de que los ciudadanos israelíes en el extranjero sean autorizados el día de las elecciones a participar en dicha elección.
¿Tienen razón? ¿O quizá sólo aquellos que terminan su servicio militar obligatorio y pagan sus impuestos en Israel podrían participar en las elecciones del país? Pero si es así, ¿qué hay de los muchos que, por una razón u otra, no sirven en el Ejército, o bien se han aprovechado de una de las muchas lagunas del código tributario de Israel para evitar el pago de sus impuestos en Israel? ¿Deberían ser privados del derecho a votar? ¿Es el voto un derecho de cada ciudadano, o es un privilegio que se otorga solamente a los ciudadanos que se lo merecen?
Como cuestión de hecho, en virtud de la presente ley, ni el servicio en el ejército israelí, ni el pago de impuestos en Israel, son requisitos de elegibilidad para votar en las elecciones. El único requisito que se necesita es estar físicamente en Israel, o en las zonas controladas por Israel, el Día de las Elecciones. Es posible que usted haya venido de muy lejos, aun a expensas de alguien más, para emitir su voto, y usted no tenga la intención de reanudar su residencia en Israel, pero aún así tendría todo el derecho a votar. Puede que incluso lleve mucho tiempo en prisión, condenado por haber cometido un grave delito, y aún así podrá votar. Es decir, esto no es un privilegio concedido a los ciudadanos que se lo merecen, es un derecho fundamental, siempre y cuando usted esté aquí el Día de las Elecciones.
Eso no es todo. La ley actual establece que si usted es un miembro del servicio diplomático, o es miembro de una tripulación marítima, podrá votar, incluso si está en el extranjero el día de las elecciones. Pero ¿qué pasa con todos los demás? ¿Qué pasa con los jóvenes que han terminado el servicio militar y se han ido al extranjero para ver algo del mundo? ¿Las tripulaciones, los pilotos y las azafatas que deben estar en el extranjero el día de elección? ¿Y los estudiantes, los científicos, los post-grado y los profesores en año sabático? ¿O bien todos los que trabajan para compañías israelíes en el extranjero? Incluso algunos de nuestros medios de comunicación, que están levantando cielo y la tierra en contra de la propuesta de ley, tienen corresponsales destacados en las capitales del mundo. Y las decenas de miles de turistas israelíes, no se olviden de ellos. Algunos de nuestros "viejos anclados en el tiempo" no se han dado cuenta que vivimos en la era de la globalización, y en cualquier momento más de 100.000 honestos y bondadosos israelíes puede probablemente encontrarse el extranjero.
Esto nos plantea dos preguntas. ¿Qué servicios debe poner a disposición el gobierno para que todos los honestos y bondadosos ciudadanos en ese momento en el extranjero puedan ejercer su derecho al voto, y no solamente los afortunados que trabajan para el Ministerio de Asuntos Exteriores? Y ¿cómo se puede diferenciar entre el rojo de la verdadera sangre israelí que en ese momento está en el extranjero y la de aquellos que todavía tienen un pasaporte israelí, pero que desde hace mucho tiempo han dicho adiós a Israel?
La solución a la primera cuestión ya ha sido encontrada por muchos gobiernos democráticos a lo largo de todo el mundo, consiguiendo que sus ciudadanos puedan votar en ausencia, si están fuera del país durante la jornada electoral. En cuanto a la segunda pregunta, un poco de pensamiento creativo producirá un sistema que filtre a la mayoría de los que han dejado a Israel de forma cuasi permanente. Se debe satisfacer a los sionistas. En cuanto a los antisionistas, nada será suficiente para ellos.
Estas viejos sionistas parecen aún estar viviendo en los primeros días del Estado de Israel. En los viejos tiempos, las únicas personas que viajaban al extranjero eran ministros o altos funcionarios, o bien aquellos que habían decidido dar la espalda al estado judío y compraban billetes de ida a otras tierras, donde tenían la intención de buscar su fortuna. "Una recaída de los débiles" es como los llamaba Yitzhak Rabin.
¿Quién se atrevería a sugerir que aquellos que no sirvieron en el IDF, cuyos hijos no servirán en el ejército israelí, que no pagan los impuestos israelíes, y que sólo muy de vez en cuando nos contemplan desde la lejanía, deben estar habilitados para participar en nuestras elecciones y en la determinación de nuestro destino - el destino de aquellos que tuvieron el coraje de afrontarlo y que siguen soportando la carga de vivir en un Israel asediado y amenazado por sus enemigos? ¿No sería una traición del ideal sionista?
Los ultrajados sionistas sí se encuentran en buena compañía en este tema, pues están con ellos los post-sionistas y los no sionistas e inclusive los antisionistas. Todos ellos están en armas, indignados por la sugerencia de que los ciudadanos israelíes en el extranjero sean autorizados el día de las elecciones a participar en dicha elección.
¿Tienen razón? ¿O quizá sólo aquellos que terminan su servicio militar obligatorio y pagan sus impuestos en Israel podrían participar en las elecciones del país? Pero si es así, ¿qué hay de los muchos que, por una razón u otra, no sirven en el Ejército, o bien se han aprovechado de una de las muchas lagunas del código tributario de Israel para evitar el pago de sus impuestos en Israel? ¿Deberían ser privados del derecho a votar? ¿Es el voto un derecho de cada ciudadano, o es un privilegio que se otorga solamente a los ciudadanos que se lo merecen?
Como cuestión de hecho, en virtud de la presente ley, ni el servicio en el ejército israelí, ni el pago de impuestos en Israel, son requisitos de elegibilidad para votar en las elecciones. El único requisito que se necesita es estar físicamente en Israel, o en las zonas controladas por Israel, el Día de las Elecciones. Es posible que usted haya venido de muy lejos, aun a expensas de alguien más, para emitir su voto, y usted no tenga la intención de reanudar su residencia en Israel, pero aún así tendría todo el derecho a votar. Puede que incluso lleve mucho tiempo en prisión, condenado por haber cometido un grave delito, y aún así podrá votar. Es decir, esto no es un privilegio concedido a los ciudadanos que se lo merecen, es un derecho fundamental, siempre y cuando usted esté aquí el Día de las Elecciones.
Eso no es todo. La ley actual establece que si usted es un miembro del servicio diplomático, o es miembro de una tripulación marítima, podrá votar, incluso si está en el extranjero el día de las elecciones. Pero ¿qué pasa con todos los demás? ¿Qué pasa con los jóvenes que han terminado el servicio militar y se han ido al extranjero para ver algo del mundo? ¿Las tripulaciones, los pilotos y las azafatas que deben estar en el extranjero el día de elección? ¿Y los estudiantes, los científicos, los post-grado y los profesores en año sabático? ¿O bien todos los que trabajan para compañías israelíes en el extranjero? Incluso algunos de nuestros medios de comunicación, que están levantando cielo y la tierra en contra de la propuesta de ley, tienen corresponsales destacados en las capitales del mundo. Y las decenas de miles de turistas israelíes, no se olviden de ellos. Algunos de nuestros "viejos anclados en el tiempo" no se han dado cuenta que vivimos en la era de la globalización, y en cualquier momento más de 100.000 honestos y bondadosos israelíes puede probablemente encontrarse el extranjero.
Esto nos plantea dos preguntas. ¿Qué servicios debe poner a disposición el gobierno para que todos los honestos y bondadosos ciudadanos en ese momento en el extranjero puedan ejercer su derecho al voto, y no solamente los afortunados que trabajan para el Ministerio de Asuntos Exteriores? Y ¿cómo se puede diferenciar entre el rojo de la verdadera sangre israelí que en ese momento está en el extranjero y la de aquellos que todavía tienen un pasaporte israelí, pero que desde hace mucho tiempo han dicho adiós a Israel?
La solución a la primera cuestión ya ha sido encontrada por muchos gobiernos democráticos a lo largo de todo el mundo, consiguiendo que sus ciudadanos puedan votar en ausencia, si están fuera del país durante la jornada electoral. En cuanto a la segunda pregunta, un poco de pensamiento creativo producirá un sistema que filtre a la mayoría de los que han dejado a Israel de forma cuasi permanente. Se debe satisfacer a los sionistas. En cuanto a los antisionistas, nada será suficiente para ellos.
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