La verdad es que Shelly Yachimovich ha estado intentando convencer al electorado durante estas últimas semanas que ella no se unirá a próximo gobierno de Netanyahu. Las posibilidades son cero, respondió cuando alguien le preguntó qué piensa hacer el 23 de enero. No puedo sentarme con el próximo gobierno, no puedo apoyar los recortes presupuestarios que Netanyahu está planeando. No puedo verme a mí misma formando parte de esa coalición extremista.
Pero las "
bellas almas", incluyendo aquellos en el Partido Laborista, han puesto en duda la credibilidad de sus declaraciones y han reseñado su amistad con el ministro de Educación, Gideon Saar como una especie de canal secreto para unas negociaciones para formar parte de la coalición de gobierno. A continuación, el público en general y los votantes comenzaron a realizarse preguntas acerca de sus verdaderas intenciones y esta deriva se volvió peligrosa.
El jueves todo este proceso se convirtió en un grave problema. Tras realizar una serie de consultas, Yachimovich decidió hacer algo que sacudiera al
establishment político y a una aburrida campaña electoral, y así recuperar esos 19 escaños en la Knesset que inicialmente se adjudicaban a los laboristas. Las últimas encuestas muestran que el apoyo a los laboristas ha disminuido y los directores de campaña del partido están comprobando como el electorado está empezando a cuestionar la integridad personal de su presidenta. O en otras palabras: ella se dedica a exclamar que de ninguna manera (a una coalición) durante la campaña electoral, pero después de las elecciones actuará como Ehud Barak hizo hace cuatro años, y se apresurará a entrar en el gobierno.
Yachimovich temía que estos rumores se convirtieran en titulares en los medías, y de ahí a hechos comprobados. Por lo tanto, se vio obligada a tomar medidas para frenar este deterioro. Esto no puede hacerse sin un drama que afecte a todo el sistema y sin dejar claro para todo el mundo que no se unirá a un gobierno dirigido por el Likud.
Esta acción de Yachimovich tenía sobre todo como mótivo una diferente visión económica, como la cual ellos no podrían sentarse en el gobierno de Benjamin Netanyahu. Alguien así solo puede ser una alternativa política.
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Bibi está atrapado", dice un funcionario de alto nivel en la sede de campaña de los laboristas. "
Las cosas que sucederán en el transcurso de las tres próximas semanas van a cambiar el panorama general, porque la gente está yendo por ahí con la deprimente creencia de que las elecciones ya están decididas. Por lo tanto, tuvimos que dar un paso dramático. Los electores deben darse cuenta de que Bibi se ha quedado atascado en todos los temas. Para el ámbito centrista, él es un cautivo de los Feiglins del Likud y de Habayit Hayehudi, también es un prisionero de Shas cuando se trata de los asuntos civiles y es su propio rehén cuando se trata de la economía. Bibi va de camino a un gobierno mesiánico. Es increíble".
Objetivamente, el análisis de los laboristas es correcto. El Likud de Netanyahu se esta conduciendo en estas elecciones de una manera que un profesional catalogaría de esquizofrénica. Por un lado, han amordazado a todos los ministros y miembros de la Knesset prohibiéndoles conceder entrevistas sin autorización previa para que, Dios no lo quiera, ningún comentario veraz salga a la luz accidentalmente. Por otra parte, Netanyahu está tratando de apelar a la derecha y a la extrema derecha, y está instruyendo a su gente para que haga unas promesas extravagantes acerca de la anexión de los territorios. Sin embargo, y debido que a pesar de todo las encuestas muestran como el Likud Beiteinu está perdiendo cada vez más terreno, el Likud también está tratando de atraer a los votantes centristas moderados y para ello acusa a Habayit Hayehudi de chovinismo y de extremismo de derechas.
El Likud está diciendo a cada elector lo que quiere escuchar, y ello sin comunicar cuáles son sus propios planes para los próximos años.
A la luz del movimiento de Yachimovich, Lapid y Livni están ahora atrapados ante un dilema. Ellos no se apresuran a seguir en el camino de Yachimovich, particularmente a la luz del hecho de que tanto Yesh Atid (Lapid) como Hatnua (Livno) representan, más que a unas auténticas facciones políticas, a un "
estado de ánimo", y permanecer sentados en la oposición puede conducirles a su desaparición de la escena política. Livni no ha regresado a la política para sentarse en los sombríos bancos de la oposición. Volvió para ser influyente y para formar parte del próximo gobierno.
Lapid, por su parte, también es consciente del riesgo que implica estar lejos de donde se toman las decisiones, por lo que prefiere atacar a Yachimovich y así dejar la puerta abierta a la posibilidad de unirse a la próxima coalición. Pero la indecisión de Livni y Lapid puede costarles escaños en la Knesset, y el Shas, que se ha convertido en la única alternativa social derechista, se beneficiará al máximo de esto. Si bien es cierto que el Shas se ha convertido en el sello de todos los gobiernos que buscan recortar los fondos para los segmentos más débiles de la población, durante las elecciones son los que gritan más fuerte para ganar la batalla de los titulares.
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