¿La hipocresía de Hanuccah de los judíos progresistas estadounidenses? - Jonathan Tobin - JNS
La cobertura de temas judíos del New York Times ha sido durante mucho tiempo un alimento para quienes estudian tanto el sesgo de los medios de comunicación como la complicada relación entre el periódico y los miembros de la tribu que se encuentran entre sus lectores más leales. Un artículo publicado la semana anterior a Hanuccah acerca de los riesgos para la salud asociados con comer papas fritas provocó un debate sobre si se trataba de una investigación no tan sutil sobre una tradición navideña. Pero si creen que el artículo (que en realidad nunca mencionaba Hanuccah) realmente fue una prueba de antisemitismo o simplemente una desafortunada coincidencia, debería recordar que a veces una papa frita es solo una papa frita, aunque discusión suscitada fue indicativa de las sospechas que muchos judíos tienen sobre el NYTimes .
En cambio hubo pocas dudas sobre un artículo de opinión del NYTimes publicado en su edición del domingo, el día en que comenzaron las vacaciones este año, y que volvió a desencadenar el debate sobre su actitud hacia las sensibilidades judías. En el artículo, el novelista Michael David Lukas hizo un par de observaciones precisas intentando verter agua fría en las celebraciones de Hanuccah, al tiempo que promovía un malentendido tanto de la historia judía como de la lucha por preservar la identidad judía en nuestros días.
Lukas, quien se identifica como un "judío asimilado", tenía toda la razón sobre dos cosas.
Una es que para muchos judíos, el único significado de Hanuccah reside en ser un contrapeso al predominio de la Navidad en la cultura popular estadounidense. La otra es que muchos de los judíos que, por lo demás, no son observantes pero que lo celebran, ya sea por sí solo o como parte de una combinación de "Chrismukkah (Christmas y Hanuccah)" con respecto a las dos vacaciones de la temporada de invierno, saben poco o nada sobre la historia de la festividad o la discusión sobre su significado.
Pero se equivoca al afirmar, incluso de manera indirecta, que es hipócrita que los judíos no ortodoxos o predominantemente laicos se unan a la diversión de Hanuccah.
Lukas tiene razón en que Hanuccah es más importante para los judíos estadounidenses que otras observancias religiosas judías más importantes. Una encuesta publicada por el Instituto del Pueblo y Políticas Judías de la semana pasada afirmaba que hasta un 60% de los judíos estadounidenses encienden velas en Hanuccah, que es más del 53% que ayunan en Yom Kippur o el 23% que encienden velas de Shabbat, según la encuesta Pew 2013 sobre los judíos estadounidenses. También es mayor que el 32% de los que se identifican como judíos y tienen un árbol de Navidad.
También tiene razón al señalar que el significado principal de Hanuccah para muchos judíos estadounidenses es que se trata de una respuesta judía a Santa Claus. Eso no solamente significa proporcionar a los judíos una excusa para participar en la obsesión nacional del consumo de diciembre. También les proporciona un día festivo por el cual pueden reivindicarse en asambleas de escuelas públicas y ceremonias municipales en contra del recordatorio anual de que los judíos son un minoría. Para otros es, tal como Lukas dice de sí mismo, una respuesta a las súplicas de sus hijos en Navidad.
El problema es que las dos vacaciones simplemente no se comparan. Hanuccah es divertido, pero no puede competir. Aún más cuando, según observa Lukas, Hanuccah no es una versión azul de la "buena voluntad para todos los hombres" de la Navidad.
Hanuccah es, en cambio, la historia de un conflicto en el que los judíos religiosos libran una guerra contra los griegos seléucidas y sus colaboradores judíos. La comprensión de Lukas de la historia es limitada (en la versión original publicada de su artículo, en realidad afirmó que los macabeos luchaban contra los romanos en lugar de los griegos antes de que se corrigiera este error), pero tiene razón en que la guerra librada por Judah el Macabeo fue tanto una guerra civil contra aquellos que habían abrazado el helenismo como una lucha por la independencia nacional.
Lukas concluye que si hubiera vivido en el 165 a. C., se habría identificado más con los habitantes de las ciudades que abrazan las prácticas helenísticas, como comer cerdo, que por los esfuerzos de los macabeos, unos "fanáticos religiosos rurales". Lukas vió la victoria de los macabeos como una victoria del "fundamentalismo sobre el cosmopolitismo".
Lukas parece ver la victoria de los macabeos como el equivalente moral de los partidarios evangélicos del presidente estadounidense Donald Trump, y a sus oponentes como personas como él, que tienen sentimientos encontrados acerca de la circuncisión, que no son kosher y apoyan a Bernie Sanders, algo que los macabeos habrían odiado.
Pero el asunto de la festividad no es la guerra contra los judíos menos religiosos. Los macabeos no eran tanto fundamentalistas religiosos como personas que se oponían a que su fe no fuera simplemente marginada, sino directamente erradicada. En ese sentido, la caracterización errónea de Lukas de la lucha de los macabeos en unos términos propios de la política norteamericana contemporánea es irónica, ya que lo que querían los judíos que luchaban contra los griegos era que se les dejara solos para poder creer en libertad contra un enemigo que no solo despreciaba su fe, sino que buscaba activamente reprimirla.
Hanuccah es en realidad un día festivo muy adecuado para los judíos asimilados (aquellos etiquetados como “judíos sin religión”) porque les recuerda una lucha profundamente liberal por el derecho a preservar su cultura contra el impulso mayoritario.
Lukas puede pensar que los judíos helenizadores defendían la diversidad, pero ellos, y quizás el autor, eran en realidad demasiado estrictos a la hora de tolerar a quienes pensaban o adoran de manera diferente.
Hanuccah se refiere a la lucha de los judíos, tanto de entonces como de ahora, para poder negarse a inclinarse ante los ídolos de la cultura popular. El milagro no es simplemente el del aceite que dura ocho días, sino la capacidad de una pequeña tribu etno-religiosa para resistir las fuerzas que intentaron erradicar su existencia y preservar la llama de la civilización judía. El helenismo amenazaba con borrar una visión moral del mundo arraigada en la Toráh, así como la autonomía de un pueblo pequeño. Si los helenizadores, por quienes Lukas dice ahora que si rezaría una oración, hubieran prevalecido, no habría existido un triunfo de la libertad individual, sino que habría podido significar la extinción del derecho a la fe de un pequeño grupo que pretendía defender su propia cultura e identificación.
Si no puedes simpatizar con esa causa, entonces no culpes al judaísmo, a Hanuccah o a un deseo insensato que, como parece expresar Lukas, implicaría "vencer a Papá Noel".
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