Newt Gingrich y los palestinos - Alex Joffe – Jewish Ideas Daily

Era casi inevitable: el candidato presidencial Newt Gingrich ha lanzado una granada en la contienda por la nominación republicana y el tema es Israel. En una entrevista por el canal de cable Jewish Channel, el ex presidente de la Cámara afirmó lo siguiente: "Recuerda, no existió una Palestina como estado, sino que formaba parte del Imperio Otomano. Creo que tenemos un pueblo palestino inventado que de hecho era pueblo árabe, y que históricamente formaba parte de la comunidad árabe, y que tenía la oportunidad de ir a muchos lugares".
El primer ministro palestino Salam Fayyad reaccionó como era previsible: "Nuestro pueblo ha estado aquí desde el principio y está decidido a permanecer en sus tierras hasta el final". Sin embargo, Gingrich ha arañado una marca registrada y tocado un problema central del conflicto del Oriente Medio: ¿Quiénes son los palestinos? La cuestión consiste en examinar los orígenes del nacionalismo palestino y la naturaleza del propio nacionalismo.
El nacionalismo moderno, que se extendió por Europa en el siglo XIX, veía a la nación como una comunidad basada en el lenguaje, el parentesco, la filiación y la religión; a su vez, un estado territorial legítimo se basaba en la nación. En el estudio del nacionalismo, hay una brecha intelectual entre aquellos que creen que las identidades nacionales y sus precursoras, étnicas y religiosas, pueden ser verdaderamente antiguas y "primordiales", y esos otros que piensan que todos los nacionalismos surgen de las transformaciones efectuadas en los últimos siglos por una alfabetización masiva, la industrialización y el imperialismo.
Ambas perspectivas son correctas en los distintos casos. Por ejemplo, el nacionalismo moderno israelí, al igual que la propia identidad israelí, se fechan sólo a partir de 1948. Sin embargo, el sionismo, como movimiento nacionalista y político desarrollado entre los judíos no religiosos, se remonta formalmente al Primer Congreso Sionista de 1897. Mientras tanto, el sentimiento judío de conformar una nación, como un todo étnico y religioso integrado que aspira a regresar a una base territorial, se remonta a otros dos milenios. La propia nación judía se remonta a otro medio milenio más, previa al exilio en Babilonia. Sus raíces bíblicas pueden retroceder aún más atrás.
Pero ese no es el caso de la mayoría de las naciones del planeta. Los escoceses y los alemanes se remontan a solo unos pocos siglos, y sus culturas e historias han sido deliberadamente fabricadas con efecto retroactivo. El historiador Eric Hobsbawm llamó a este proceso la "invención de la tradición", un patrón reiterado de prácticas y referencias que intentan "establecer una continuidad con un pasado histórico adecuado".
Una pequeña minoría de estudiosos fecha los orígenes del nacionalismo palestino a partir de mediados del siglo XIX, pero la mayoría estaría de acuerdo en que surgió en los años inmediatamente anteriores, y sobre todo posteriores, a la Primera Guerra Mundial, cuando un pequeño número de intelectuales y otras figuras del Oriente Medio, no más de unos pocos cientos, comenzaron a pensar en sí mismos como poseedores de unas distintivas identidades locales. Este sentimiento se refleja en el desmoronamiento del Imperio Otomano, la invasión británica y francesa, y la propagación de las ideas nacionalistas europeas.
En la Tierra Santa en esos momentos, la gran mayoría aún basaba su identidad primaria y su lealtad en la religión, la tribu y/o clan y la geografía, pero para las élites árabes leídas y educadas - cristianas o musulmanas - la afluencia de judíos representaba una amenaza mortal que promovió el principal impulso para un pensamiento nacionalista. Como afirmó en 1914 Raghib al-Nashashibi, un candidato a las elecciones al Parlamento otomano: "Si soy elegido como representante voy a dedicar todas mis fuerzas, de día y de noche, para acabar con el daño y la amenaza de los sionistas y el sionismo".
Después de la Primera Guerra Mundial, los líderes nacionalistas árabes trabajaron de hecho en la creación de una identidad basada principalmente en los "aspectos negativos de los judíos" y en las "conexiones positivas con los demás árabes", como las definidas por la lengua y la cultura. Primeramente, llamaron a la unidad entre Palestina y el sur de Siria. El Primer Congreso de la Asociación de musulmanes y cristianos celebrado en Jerusalén en 1918, declaraba que "Consideramos a Palestina como parte de la Siria árabe, ya que nunca se ha separado en ningún momento. Permanecemos en contacto por nuestros vínculos económicos, geográficos, nacionales, religiosos, lingüísticos y naturales". Sólo más tarde, durante la década de 1920, surgió la idea de una Palestina como un pueblo cultural y localmente aún más específico, siendo fundado en oposición al sionismo.
Así, durante el siglo XX, el fenómeno de una identidad palestina separada comenzó a surgir. Sus aspectos positivos eran vagos. Su núcleo y su base eran negativos, la "muqawama" o la resistencia a los británicos, a los judíos, al sionismo y a otros árabes. El programa educativo y cultural palestino se comprometió con esa propuesta, tal como lo ha expresado el primer ministro palestino Fayyad, cuando afirma que Palestina y los palestinos han existido desde “el principio". En términos de Hobsbawm, la noción de los palestinos como “integrados en la antigüedad” equivaldría a una tradición inventada para así poder imaginar la existencia de una nación palestina, dotarla de autenticidad y legitimidad, y apoyar su afirmación de que sólo existe una “nación – la palestina - desde el río (Jordan) hasta el mar (Mediterráneo)".
Hay un efecto saludable en decir la verdad acerca de la historia, incluso para la historia de la identidad palestina. La falta de antigüedad no significa falta de unidad. Sin embargo, el nacionalismo palestino también está siendo superado por los acontecimientos. El nacionalismo árabe, en líneas generales, se generó inmerso en unas contradicciones básicas: ¿La "nación árabe" está basada en una cultura común? ¿Qué pasa si no existe tal cultura común? ¿Qué pasa con las minorías étnicas? Durante décadas, los Estados-nación árabes de Siria, Irak, Libia y otros más han utilizado el lenguaje del nacionalismo, pero en realidad únicamente se sirvieron de él como vehículo para unos líderes tiránicos y sus diversas tribus. A su paso, han dejado un tribalismo fracturado.
También hay que tener en cuanta al Islam. El nacionalismo palestino ha sido cuestionado por el islamismo de Hamas, en el mejor de los casos una especie de híbrido religioso-nacional. Para Hamas, Palestina pertenece a todo el Islam. La Carta fundacional de Hamas define al nacionalismo como "parte del credo religioso". En dicha Carta se dice que Hamas posee tanto los elementos del nacionalismo convencional como "los elementos más importantes que le dan vida y alma, ya que está conectado con la fuente del espíritu y el otorgador de vida, alzando al cielo el estandarte de la patria celestial...”. Pero para Al-Qaeda y otros grupos de la yihad global mundial que pretenden establecer un califato transnacional, la fórmula de Hamas concede al nacionalismo demasiada legitimidad.
Ahora que el nacionalismo árabe parece resquebrajarse ante este invierno árabe, la visión islamista - esa donde los no musulmanes tienen, como mucho, un lugar subordinado en el Oriente Medio -, está creciendo. Los judíos no tienen lugar allí, ni de hecho en la Tierra. Comparado con este emergente futuro, el nacionalismo palestino, a pesar de su reciente nacimiento y de basarse en la amargura, parece casi razonable.

