Rabino sefardí discutiendo los términos de la rendición del barrio judío de Jerusalén con militares de la Legión árabe (Junio de 1948) - John Phillips
Ancianos judíos partiendo por la puerta de Sión tras su expulsión del barrio judío de Jerusalén en Junio de 1948 - John PhillipsSeis pequeñas palabras. Eso es todo lo que se necesita para poner fin al conflicto entre Israel y los palestinos. Así lo dijo Benjamin Netanyahu la semana pasada, en vísperas de una nueva reunión del Cuarteto para reactivar el proceso diplomático entre israelíes y palestinos.
Esas palabras son: "
Voy a aceptar el Estado judío".
Es cierto que últimamente, y de vez en cuando, las hemos oído pronunciar, pero nunca de los labios de un dirigente palestino. A principios de junio, Nabil Shaath le dijo a un periódico árabe que los palestinos nunca reconocerán a un Estado judío, sólo a un Estado de los judíos, musulmanes y cristianos de Israel.
Hasta que Netanyahu decidió tomar una posición firme sobre la aceptación de "
Israel como un Estado judío", los negociadores israelíes suponían que si los árabes aceptaban la "
solución de dos Estados" (pero sin la continuación, “
para dos pueblos”) eso suponía que automáticamente aceptaban a Israel como Estado judío. Pero no lo hacen. Después de que obtengan el próximo septiembre la aprobación de la ONU como Estado independiente de Palestina - en la Ribera Occidental y Gaza -, los palestinos pasarán a su próximo objetivo: el logro de su "
derecho de retorno" a Israel propiamente dicho, un mero eufemismo infalible para convertir a Israel en un estado de mayoría árabe.
La negativa a pronunciar esas seis palabras apunta a que ese rechazo árabe es el corazón del conflicto. Como afirma Netanyahu, "
La cuestión no es más como se denomine a si mismo Israel, sino más bien sobre lo que es”.
Netanyahu se hace eco de la apelación de Abraham Foxman, el director nacional de la influyente Liga Anti-Difamación. Foxman también ha pedido que los líderes árabes pronuncien de una vez esa pequeña frase de seis palabras. Pero Foxman va más allá. Él pone el dedo en el meollo del conflicto entre los musulmanes y los judíos de Israel. La raíz del rechazo árabe/ musulmán se encuentra en la dhimmitud.
Se habla de una larga historia de relaciones entre los judíos y los musulmanes a través de los siglos, una relación que en muchos aspectos sería mejor que la que tuvieron con los cristianos en Europa, pero aún así dicha relación se caracterizaba por una consistente creencia musulmana en la inferioridad de los judíos y en su estatus general de segunda clase dentro de la sociedad musulmana. Abraham Foxman escribía en el Huffington Post. "
Si Israel significa algo verdaderamente en la mentalidad árabe, es que representa la afirmación de la igualdad de los judíos. Esto es muy difícil de asimilar para árabes y musulmanes bajo cualquier circunstancia, pero más aún porque esa afirmación se realiza desde el corazón del mundo árabe".
La negación musulmana de los derechos de las minorías colectivas (étnicas, religiosas, culturales...) se basa en el rechazo histórico a los pueblos no musulmanes. La dhimmitud, un término acuñado por la historiadora Bat Ye'or, describe la práctica islámica de negar la igualdad a los judíos y a los cristianos que vivían bajo el dominio musulmán. El Islam les ofrece exclusivamente autonomía religiosa, pero no libertad nacional. La posición ortodoxa palestina ha consistido en negar la existencia de Israel ofreciendo a cambio “
permitir a los judíos vivir aquí” (hasta no hace mucho no a todos, desde luego, solo a los que tuvieran raíces en la zona antes de 1917), pero eso después de la desaparición de Israel, en una "
Palestina laica y democrática", en resumen, en un Estado árabe palestino. Implícitamente incluida en la iniciativa de paz saudí, considerada por muchos israelíes como un plan más bien moderado y razonable, está la idea de que a cambio de una "
normalización" de relaciones, los judíos de Israel deberán comprometerse a volver a aceptar la tradicional dominación cultural y política de los árabes.
Durante 14 siglos, los judíos, cuya presencia en el Oriente Medio y África del Norte es anterior a la del Islam en por lo menos mil años, vivieron en un ambiente de "
odio cordial" junto a los musulmanes. Es discutible si la vida de los judíos entre los musulmanes “
era mejor" que la que les deparaban los cristianos, ya que de acuerdo al reconocido historiador Bernard Lewis, ese es otro mito. "
Despreciados, pero indispensables", los judíos se salvaron de la obligación de una conversión al Islam porque sus grandes habilidades eran esenciales y podrían explotarse, tales como sus capacidades comerciales internacionales y sus habilidades financieras y artesanales.
Pero los judíos tuvieron pocos derechos bajo la tutela islámica. Debieron prescindir de su derecho a la legítima defensa ante los musulmanes y tuvieron que pagar tasas o impuestos de "
protección" - el impuesto de capitación jizya - con el fin de garantizar su seguridad física. No obstante, tuvieron que someterse a unas humillaciones rituales que dejaban a las claras su condición de malditos y su humilde estatus – tenían que usar una ropa especial, no podían construir unas casas que sobrepasaran a las de los musulmanas, no podían dar testimonio en contra de un musulmán en la corte, etcétera -. Estas normas fueron derogadas en su mayoría tras las presiones de las potencias coloniales europeas en el siglo XIX, pero tras el surgimiento durante el siglo XX del nacionalismo árabe, y en las últimas décadas del islamismo, una vez más se les niegan todos sus derechos (y al resto de poblaciones autóctonas, o bien no musulmanas, o bien no árabes). Los cristianos asirios, los kurdos y los coptos han tenido muchas experiencias - y aún la tienen – de esa feroz persecución. Pero sólo un grupo, los judíos, que llegaron a sumar casi un millón de personas antes de 1948, han sufrido una evidente «
limpieza étnica» en esta región.
Los judíos de los países árabes que debieron escapar de la horca en Irak, de la tortura en las prisiones egipcias, de la violencia y el estrangulamiento político y económico en general, se vieron obligados a buscar refugio en Israel y Occidente. Ellos y sus descendientes forman hoy en día casi la mitad (de hecho, más de la mitad) de la población judía de Israel. Israel les rescató de su tradicional sometimiento al Islam. Tras la superación de la discriminación social en sus primeros años de estancia en Israel, los judíos israelíes que proceden del Oriente Medio y de África del Norte son ciudadanos israelíes libres y plenos, capaces de vivir sus vidas con dignidad y seguridad, y de defenderse a sí mismos y a su estado.
Pero los judíos son una de las pocas minorías no musulmanas que han alcanzado dicha autodeterminación. Una nación de esclavos y de individuos de segunda clase ha cometido el imperdonable pecado de derrocar el orden natural: Israel ha derrotado repetidamente a los árabes musulmanes en el campo de batalla. El que unos humillados de larga fecha hayan conseguido humillar a sus antigas y tradicionales opresores, resulta actualmente insoportable.
Citando a Albert Memmi, el gran escritor judío tunecino: "
Los árabes, en el pasado, simplemente se limitaron a tolerar la existencia de la minoría judía, nada más. Y ellos aún no se han recuperado de la conmoción que les supuso contemplar como sus ex subordinados levantaban la cabeza, intentando incluso obtener su independencia nacional. Y para eso sólo conocen una sola réplica: ¡Que les corten la cabeza!".
Es una tragedia que los liberales occidentales no vean la autodeterminación de los pequeños pueblos autóctonos del Oriente Medio – entre ellos los judíos - como una causa progresista. En su lugar, apoyan la campaña palestina contra Israel, convenientemente envuelta en el falso lenguaje de los derechos humanos. De este modo, se han convertido en unos agentes involuntarios de un restablecimiento de la supremacía árabe y musulmana sobre esas personas que antes fueron '
dhimmis’. Los palestinos han cultivado hábilmente su imagen de '
debilidad', sin embargo, en realidad están respaldados por cientos de millones de árabes y de musulmanes de todo el mundo, con un gran poder político tras de si y enormes recursos financieros. La causa palestina siempre ha sido una causa pan-árabe. Ahora, con Hamas y Hezbollah en un perfil ascendente y con el respaldo de la República Islámica de Irán, la causa pan-árabe también es una causa pan-islamista.
En Occidente se ignora o minimiza habitualmente el sufrimiento de esos otros pueblos no musulmanes y no árabes que desde su impotencia y pequeño número comparten el Oriente Medio con sus vecinos árabes y musulmanes. Hay el doble de coptos que de palestinos, pero ¿dónde están las protestas contra las violaciones de los derechos humanos de los coptos? Los kurdos son hasta más de tres veces superiores en número a los palestinos, pero ¿dónde están las convocatorias en defensa de sus derechos culturales y políticos?
El torbellino de la '
primavera árabe' ha comenzado a emitir un reflejo largamente atrasado por las políticas represivas y corruptas de los regímenes árabes. Tal vez una mayor libertad vendrá como resultado, tanto para los musulmanes como para los no musulmanes. Pero necesitamos un cambio radical en la forma en que Occidente aprecia los derechos políticos en el Oriente Medio, ese que según parece pertenecería solamente y por derecho propio a los árabes musulmanes. Israel ha sido equivocadamente representado como una especie de puesto avanzado del colonialismo occidental. En realidad, representa la liberación nacional de los judíos, uno de los más antiguos pueblos autóctonos del Oriente Medio.
The PropagandistLabels: árabes moderados, dhimmis, Lyn Julius