Saturday, February 24, 2018

¿La comunidad judía de San Francisco, desafiliada y sin sentido de pertenencia, representa el futuro de los judíos estadounidenses? - Jonathan Tobin - JNS




Un nuevo estudio de población sobre los judíos del área de San Francisco dibuja un retrato de vitalidad y diversidad, así como de desafiliación al judaísmo y desafección de Israel. Pero, ¿qué nos dice sobre la cambiante comunidad judía estadounidense?

En las últimas décadas, el análisis de los estudios de población se ha convertido en el punto de partida para el debate sobre qué hacer con una comunidad judía estadounidense que cambia rápidamente. Pero el debate una vez amargo sobre el matrimonio mixto, la asimilación y la mejor manera de preservar lo que solía denominarse como "la continuidad judía" se ha silenciado en gran parte. Los profesionales judíos en su mayoría han dejado de tratar de alterar la trayectoria de la comunidad y han aprendido a aceptar las consecuencias del cambio demográfico poniendo buena cara.

Para muchos, sino para la mayoría de ellos, el objetivo ya no es intentar preservar el viejo paradigma de una vida judía enraizada en la observancia, el sionismo y la solidaridad con los judíos de todo el mundo. Ahora se concentran más bien en celebrar la realidad de una comunidad judía que es menos religiosa, más diversa y más indiferente a Israel, y que en gran parte carece de un sentido de pertenencia a un pueblo judío. En otras palabras: bienvenidos a la comunidad judía del gran San Francisco.

La publicación de un nuevo estudio demográfico que analiza la comunidad del área de la Bahía proporciona un matiz interesante al estudio Pew del 2013 sobre los judíos estadounidenses. El marcado cambio poblacional hacia la desafiliación y el declive del sentido de pertenencia a un pueblo judío que Pew confirmó entonces, son mucho más evidentes en el estudio de San Francisco. Eso no es sorprendente dada la naturaleza más juvenil y transitoria de la población judía del área de la Bahía, así como su mayor diversidad en términos de raza, religión y orientación sexual en comparación con otras comunidades.

En ese sentido, San Francisco siempre ha sido considerado un caso atípico, un lugar que ocupa el otro extremo del espectro de las comunidades más conservadoras y aquellas que, como Nueva York, poseen grandes poblaciones ortodoxas. Como regla, no es una comunidad que nos diga mucho sobre el resto del país. Pero la cuestión, después de casi 30 años de estudios demográficos realizados a nivel nacional y en diversas comunidades, es si deberíamos dejar de tratar al ultraprogresista San Francisco como desconectado de la corriente principal judía y comenzar a considerar si realmente representa el futuro del judaísmo estadounidense no ortodoxo. Si finalmente esto es así, incluso aquellos que dieron la alarma sobre estas tendencias desde 1990 pueden haber subestimado lo que eso significa para la relación Israel-Diáspora y las perspectivas con respecto a la pervivencia de una comunidad judía organizada.

La presentación de la Encuesta Nacional de Población Judía en 1990 marcó el comienzo formal del debate sobre "una continuidad judía". Es recordado principalmente por sus angustiosos resultados que documentan una tasa de matrimonios mixtos en más del 50%. Si bien esa cifra fue muy discutida y a menudo malentendida (la figura representaba solamente a los que se casaban en esos momentos, en lugar de todos los matrimonios que involucraban a judíos vivos), asustó al mundo judío organizado porque planteó la posibilidad de que, dentro de una o dos generaciones, no hubiera suficientes judíos preocupados por la vida judía dispuestos a financiar el mantenimiento de las comunidades religiosas e instituciones.

Eso llevó a un mayor gasto en factores que aumentaran las posibilidades de que los jóvenes judíos eligieran crear familias judías, en lugar de simplemente asimilarse al abrazo acogedor de una sociedad estadounidense que ya no los discriminaba como lo hizo en el pasado. Eso también significó más recursos dedicados a la educación judía, campamentos de verano y viajes a Israel, todos los cuales fueron indicadores comprobados de una oportunidad para inculcar más interés en la vida judía por parte de los involucrados.

El debate continuó después de la igualmente controvertida Encuesta Nacional de Población Judía de 2001. Pero cuando el Pew Research Institute publicó su estudio definitivo en 2013, estaba claro que la marea había cambiado con respecto a la discusión sobre la demografía. En ese momento, la promoción de la endogamia -judíos casándose con judíos, que ya era controvertida en la década de 1990 - se había convertido en un anatema para la comunidad judía organizada. Aunque las federaciones judías todavía estaban interesadas en promover la educación judía, los campamentos y viajes a Israel (el programa Birthright Israel es uno de los pocos éxitos en la vida moderna judía en términos de su impacto en los jóvenes judíos), también estaban igualmente comprometidos en no hacer nada que dañara los sentimientos de aquellos que habían elegido los matrimonios mixtos o aquellos que ya no buscaban las instituciones comunales tradicionales para el liderazgo o la inspiración.

De hecho, dado que los datos mostraban que el 77% de los judíos no ortodoxos elegían cónyuges no judíos, era difícil culparles por rechazar un tipo de continuidad judía ahora considerada no inclusiva, sino una forma directa de "racismo" según los judíos liberales.

Pew nos enseñó que el porcentaje de los judíos estadounidenses que se identificaban como judíos que atribuían importancia a la identidad judía o que la definían en términos de religión o sionismo, en oposición a esos otros judíos que la identificaban con la comida, los espectáculos u otras influencias culturales, estaba declinando precipitadamente. El estudio de San Francisco muestra las mismas tendencias, solo que llevadas a un extremo mayor, con solamente el 26% diciendo que ser judío es "muy importante" y el 21% afirmando que Israel era "muy importante" para ellos.

Es verdad que no todas las noticias de estas encuestas son malas.

Pew nos enseñó que más del 90% de los judíos que se identificaban como tales estaban orgullosos de ser judíos, algo que no sucedía en generaciones anteriores que eran mucho más religiosas y afiliadas. La vergüenza inducida por el abierto antisemitismo desapareció en la atmósfera de aceptación que prevalece en la América contemporánea. Si los judíos se están casando en matrimonios mixtos a un ritmo récord, es porque los no judíos quieren casarse con ellos, en lugar de rechazarlos como lo hicieron alguna vez. También es cierto que muchas familias de matrimonios mixtos han abrazado el judaísmo en tasas sorprendentemente altas, incluso si la misma tendencia garantizaba que grandes números desaparecerían de las filas comunitarias judías.

Aún así, eso no significa que las predicciones calamitosas sobre el colapso demográfico de los judíos estadounidenses no ortodoxos no sean ciertas. Las alarmantes estadísticas de 1990 se convirtieron en la realidad de 2013 y ahora en la del 2018. Si estas tendencias continúan, no dará como resultado la desaparición de los judíos no ortodoxos, pero veremos que el declive de la población significa menos sinagogas, menos donaciones filantrópicas y una impacto consecuente en una infraestructura judía ya inestable. También está teniendo un impacto en el apoyo a Israel, aunque muchos observadores confunden el malestar con el gobierno de Netanyahu con la disminución de la identificación judía estadounidense con el Estado judío.

Estudiosos como Steven M. Cohen, que trabajó en la nueva encuesta y muchos de los que vinieron antes, continúan sosteniendo que las políticas que promueven el matrimonio y la afiliación judía pueden ayudar a disminuir el impacto de la asimilación. Pero a menos que otros empiecen a escuchar a personas como él y cambien nuestras prioridades de financiación, así como nuestra renuencia a abogar por familias y personas judías, no cabe duda de que San Francisco, con sus bajas tasas de afiliación, observancia y preocupación por Israel, y su alto índice de diversidad, nos muestra hacia dónde se dirige el resto de los judíos estadounidenses no ortodoxos.

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Sunday, November 26, 2017

Fenomenal artículo sobre la relación de los judíos estadounidenses con Israel: La desaparición del colectivo judío - Hillel Halkin - Mosaic

 
Los últimos judíos de Ankara

Estoy totalmente de acuerdo con Daniel Gordis (y con Elliott Abrams en su ensayo anterior en Mosaic) que algunos están poniendo el carro delante del caballo cuando atribuyen la creciente distancia de los judíos estadounidenses con respecto a Israel a las fallas morales percibidas en Israel, ya sea de cara a los palestinos o algo más. De hecho, hay políticas israelíes hacia los palestinos que merecen ser criticadas por cualquiera que se preocupe por los derechos humanos, como lo hacen muchos judíos estadounidenses. Pero si los judíos progresistas estadounidenses se preocuparan tanto por Israel como dicen, expresarían sus críticas de manera diferente. Lo expresarían con más dolor y menos indignación; serían más empáticos y no condenarían con tanta arrogancia; tratarían de comprender las razones del comportamiento de Israel incluso si lo encuentran injustificado; y sobre todo, continuarían siendo judíos para identificarse tan firmemente como siempre con Israel como un estado judío. Seguirían sintiendo que es su estado a pesar de sus reservas sobre su conducta. El hecho de que no se sientan de esta manera tiene menos que ver con las deficiencias de Israel que con su propio y atenuado sentido de miembros de un pueblo judío, unas razones por las cuales Gordis los critica con determinación.

Un número cada vez mayor de judíos estadounidenses se preocupan por Israel solo en la medida en que Israel valida su propia imagen de sí mismos, y se desentienden, o se vuelven contra Israel, cuando no devuelve dicha imagen. Y sin embargo, para ser justos, ¿la mayoría de los israelíes son diferentes en su actitud hacia los judíos estadounidenses? Además del apoyo de los judíos estadounidenses a Israel, ¿se interesan por ellos, se molestan en conocer su historia e instituciones, saben algo de su vida religiosa e intelectual, hacen un esfuerzo por comprenderlos o se preocupan por su futuro? También existen para ellos, para los israelíes, solo instrumentalmente, en la medida en que ellos y sus intereses coinciden. Si la asimilación rampante de los judíos estadounidenses les alarma, esto es solamente porque temen un debilitamiento consecuente de la base política de Israel en los Estados Unidos, no porque la desaparición de los judíos en la diáspora les preocupe per se. Y aunque en general poseen el sentido de pertenencia a un pueblo judío del que muchos judíos estadounidenses carecen, tienden a pensar en Israel y consideran que la diáspora deben identificar a Israel como la única expresión significativa de este pueblo.

Por supuesto, como Gordis observa, existe una gran excepción a esta regla: son las comunidades tradicionalmente religiosas de ambos países, que son conscientes de un vínculo entre ellas y del ideal de un vínculo entre todos los judíos que una vez solía llamarse klal yisra'el, es decirm el colectivo judío. Quizás estas comunidades, en un futuro, establecerán el tono para las relaciones judías israelí-estadounidenses como menciona Gordis al mencionar el auge de la demografía ortodoxa en los EEUU, pero con razón advierte contra la extrapolación ciega de las tendencias demográficas actuales hacia el futuro.

Mientras tanto, sin embargo, la mayoría de los judíos israelíes y estadounidenses continuarán alejándose cada vez más. Y una razón adicional de que lo harán, además de las enumeradas por Gordis, es que tendrán menos en común con respecto a sus orígenes compartidos. Durante gran parte del siglo XX, los judíos de América y los judíos de Israel tenían un mismo origen en Europa del Este, por sus padres o abuelos. Ahora, estas raíces europeas han retrocedido al pasado y, con ellas, un vínculo más entre los dos grupos.

La principal diferencia entre la perspectiva de Daniel Gordis y la mía es que me siento menos perturbado por estos hechos que él. ¿La distancia entre los judíos israelíes y estadounidenses está creciendo? Déjenla crecer. Es natural. Las dos poblaciones viven en mundos diferentes, hablan diferentes idiomas, enfrentan diferentes problemas, desafíos y peligros, tienen diferentes preocupaciones, miedos y experiencias de vida, se adhieren a diferentes valores y piensan en sí mismos y en su entorno de diferentes maneras. En ausencia de un fuerte sentido de klal yisra'el, ningún incremento de la concienciación, educación, turismo, programas de Birthright o la superficial "americanización" de la vida israelí, y mucho menos el establecimiento de un estado palestino o un estallido de la paz en el Oriente Medio, podrá cambiar esto. La mayoría de los judíos estadounidenses no pasarán mucho tiempo pensando en Israel, y los israelíes aún menos pensarán en los judíos estadounidenses. ¿Y qué ?

Una de las premisas del pensamiento sionista clásico, ampliamente confirmada en nuestros tiempos, es que en las sociedades democráticas liberales de la diáspora moderna la asimilación de la mayoría de los judíos será inevitable. Siempre me divierte escuchar que se proclame, en nombre del sionismo, que la asimilación en América debe combatirse. ¿Por qué o cómo combatir aquello que tus propias creencias te dicen que tendrá lugar, ya sea combatido o no? Este no es un argumento en contra de la educación judía en América. Es un argumento en contra de la ilusión de que tal educación, aún llevándola a cabo de manera vigorosa, puede detener una marea histórica. Y porque creo que el análisis del sionismo clásico de la condición judía es totalmente correcto, también creo, como la mayoría de los israelíes, que el único vehículo viable para la gente judía en nuestros tiempos es un estado judío. A pesar de mi origen americano,

¿Qué pasa con el temor de que un judaísmo norteamericano cada vez más pequeño y menos pro israelí pueda afectar a la política estadounidense hacia Israel? Una vez, a decir verdad, compartí este miedo. Pero miren las últimas dos décadas de la historia estadounidense. Han elegido en ellas a dos presidentes republicanos muy favorables a Israel que recibieron (y esperaban recibirla) poco ayuda de los votos judíos, y un presidente demócrata que se mostró muy frío con Israel, que fue el favorito de un gran número de judíos estadounidenses. Sin duda, esto sugiere que a pesar de la noción generalizada de que la política estadounidense hacia Israel ha sido moldeada por la presión política judía, otros factores son más importantes. Israel ha sobrevivido a estos primeros 70 años de su existencia y ha prosperado a pesar de ello. Sobrevivirá también al debilitamiento del apoyo judío estadounidense.

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