Saturday, July 28, 2018

Los tres diarios judíos del Reino Unido publican un comunicado conjunto sin precedentes que condena el antisemitismo de Corbyn - The Tower



Afirmando que la elección de un Partido Laborista encabezado por Jeremy Corbyn al poder en el Reino Unido representaría una "amenaza existencial" para la comunidad judía en el Reino Unido, los tres principales periódicos judíos publicaron un editorial compartido titulado "Permanecemos unidos" el pasado miércoles.

En el editorial escrito conjuntamente, The Jewish News, The Jewish Chronicle y Jewish Telegraph explicaron que la decisión de unir fuerzas fue "porque el partido que fue, hasta hace poco, el hogar natural de nuestra comunidad, ha visto sus valores e integridad erosionados por el desprecio de Corbyn y sus seguidores por los judíos e Israel".

Después de años de "descensos alarmantes en la relación" entre el Partido Laborista dirigido por Corbyn y la comunidad judía, el incidente que provocó que los tres periódicos se unieran en su comunicado fue "la obstinada negativa la semana pasada de la dirección del Partido Laborista controlada por Corbyn de adoptar la definición de antisemitismo de la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto (IHRA)", lo cual provocó que la diputada laborista Margaret Hodge llamara a su líder "antisemita" en su propia cara. "Esto", decía el editorial, "ha sido lo más siniestro hasta el momento".

Al hacerlo, el Partido Laborista "diluyó la definición de la IHRA, aceptada en su totalidad por el gobierno y más de 130 consejos locales", con relación a cuatro disposiciones que regían el antisemitismo e Israel.

Las nuevas pautas del Partido Laborista significan que "un miembro del Partido Laborista es libre de afirmar que la existencia de Israel es un esfuerzo racista y comparar las políticas israelíes con las de la Alemania nazi, a menos que se pueda probar una 'intención antisemita' en sus palabras - y lo que sea que eso pueda significar para la dirección del Partido Laborista -".

En resumen, el editorial se pregunta refiriéndose a la forma de dirigirse a un judío, "¿'sucio judío' está mal, pero 'puto sionista' es válido?".

El editorial acusó a los laboristas que de no haber enmendado las directrices de la IHRA con respecto a Israel, "cientos, si no miles, de miembros laboristas y de Momentum (el grupo que apoya y sostiene a Corbyn) tendrían que ser expulsados".

Al observar que el actual gobierno conservador está "desorganizado" sobre el Brexit, el editorial afirmaba que "existe un peligro claro y presente de que un hombre con una ceguera por defecto ante los temores de la comunidad judía, un hombre que tiene problemas para ver como esa retórica odiosa en Israel puede transformarse fácilmente en antisemitismo, podría ser nuestro próximo primer ministro".

El editorial concluía señalando que los laboristas tienen una votación fijada para el 5 de septiembre para adoptar la definición completa de antisemitismo de la IHRA. Esto obligará a los miembros del Partido Laborista a tomar una dura decisión, "implementar la IHRA por completo o ser vistos por todas las personas decentes como un partido institucionalmente racista y antisemita".

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Saturday, April 28, 2018

Antisionista y judío: Detrás de las disculpas de Jeremy Corbyn - Ben Cohen - JNS


Los Neturei Karta y Jeremy Corbyn, a la derecha, en una manifestación anti-Israel (apenas un año antes de su liderazgo del laborismo británico)

"Me niego a caracterizar como opinión", escribió Jean-Paul Sartre en "Antisemita y judío", "una doctrina que está dirigida directamente a personas particulares y que busca suprimir sus derechos o exterminarlos".

Esta fue la respuesta del filósofo francés a la afirmación de que el antisemitismo era simplemente una "opinión", cuando se corresponde más correctamente como una "pasión" enraizada en un odio que se encuentra fuera de la razón. "Si el antisemita es impermeable a la razón y a la experiencia, no es porque su convicción sea fuerte", observó Sartre, "más bien, su convicción es fuerte porque él ha elegido antes que nada ser impenetrable".

La caracterización de Sartre del antisemitismo como ajeno "a la categoría de ideas protegidas por el derecho a la opinión libre" - una declaración clara de que el hostigamiento a los judíos es dominio exclusivo de malvados y fanáticos - ha prevalecido más o menos en las democracias occidentales, ya que su excéntrico e invaluable estudio fue publicado por primera vez en 1944. Tal vez la mejor evidencia de eso es que hoy, el hecho de que alguien sea descrito como antisemita, generalmente no implica un insulto personal sino una observación provocativa sobre la forma en la que interpreta el mundo a su alrededor. En cuanto a como ellos se identifican, algunos dicen ser "patriotas", "nacionalistas" o "socialistas", otros usan términos como "antirracista". La mayoría, en el peor de los casos, no verá ningún problema, e incluso será algo honroso, describirse como "antisionista".

Esa es una de las razones fundamentales por las que Jeremy Corbyn, en un artículo de opinión considerado  como una apología del antisemitismo que ha plagado al Partido Laborista británico desde que se convirtió en su líder en 2015, se sintió obligado a señalar que "el antisionismo no es antisemita, y muchos judíos no son sionistas". Existen, admitió Corbyn, "unos pocos [sic] que se sienten atraídos por la cuestión palestina precisamente porque ofrece la oportunidad de expresar hostilidad hacia el pueblo judío en un entorno 'respetable'".

En otras palabras, las intenciones de los antisionistas generalmente son nobles, y algunas manzanas podridas no deberían dejarnos perder de vista eso.

Entonces, como quizás podría haberse preguntado Sartre, ¿el "antisionismo" es simplemente una "opinión", un componente legítimo y quizás valioso del discurso dirigido a asegurar los derechos nacionales palestinos? ¿O es, en sus palabras una vez más, "una doctrina que está dirigida directamente a personas particulares y que busca suprimir sus derechos o exterminarlos?"

Para responder a esta pregunta, quiero encarar brevemente el valor nominal de la afirmación de Corbyn de que "el antisionismo no es antisemitismo", aunque haya algunas personas dudosas que intentan contrabandear ideas y memes antisemitas en la mezcla.

Supongamos, con él, que estos dos fenómenos están separados hasta que se demuestre definitivamente lo contrario. Lo primero que se nos presenta es la siguiente distinción: el antisemitismo es hostilidad hacia los judíos en general, mientras que el antisionismo es una oposición política al proyecto supuestamente "colonial que trasladó colonos judíos a Palestina a expensas de la nación árabe indígena".

Ya ilustrados por ese dogma, podemos investigar más a fondo por qué para los antisionistas es legítimo oponerse al sionismo. Descubrimos así que para los antisionistas el sionismo es "fuente de colonialismo y del apartheid", es la esencia de un régimen en el que los judíos disfrutan de mayores derechos y privilegios civiles y políticos que los no judíos, una afrenta, si eso fuera cierto, a los principios básicos de la democracia. Aprendemos, mediante esta "narrativa moral antisionista", que los palestinos son víctimas de los judíos, ya que han sido culpados y expulsados ​​de sus hogares por un crimen cometido por los alemanes y sus colaboradores en otro continente. Al enfrentarse a esta injusticia, los antisionistas se sienten fortalecidos ante cualquier preocupación persistente sobre un posible antisemitismo ante la revelación de que "muchos judíos también comprenden esta realidad" y se oponen al sionismo en consecuencia. Estos judíos opuestos al sionismo, se podría concluir que representan "una respuesta abierta y honesta a las mentiras y ficciones de los sionistas ante los judíos y nosotros".

Así conocedores de las mentiras sionistas, nuestros antisionistas pueden obtener una confianza renovada en su rechazo a las denuncias de antisemitismo por estar manchadas de sentimientos sionistas. Incluso si el ejemplo que tenemos ante nosotros incluye una caricatura de un banquero de nariz ganchuda o una afirmación de que el Holocausto nunca sucedió, no se debería asumir necesariamente que el perpetrador tenga malas intenciones hacia el pueblo judío.

Sin embargo, lamentablemente, a veces ese sería el caso. Pero rara vez, porque nuestros antisionistas saben que el antisionismo no es antisemitismo. Ellos se oponen al sionismo porque se oponen a las guerras y a los imperialismos y a la explotación corporativa de las naciones ocupadas.

Desde este punto de vista, sus tácticas fluyen naturalmente: campañas para boicotear las universidades de Israel, propaganda que pinta a Israel como el país sediento de sangre del mundo, el despliegue de consignas como "resistencia" y "retorno" para justificar por qué un solo estado, por supuesto árabe, debería reemplazar al estado judío en el territorio entre el mar Mediterráneo y el río Jordán.

Sin embargo, si los antisionistas fueran honestos consigo mismos, se darían cuenta que el movimiento de resistencia y retorno con el que están alineados está empapado de enemistad teológica e ideológica hacia "los judíos": islamistas como Hamas y Hezbollah, marxistas como el FPLP , nacionalistas como la juventud militante de Fatah. Pero también saben que algunos que comparten su hostilidad hacia Israel provienen de sectores sorprendentes: desde ultranacionalistas polacos que creen que ellos, como los palestinos, son víctimas de una estafa del Holocausto, hasta los predicadores salafistas que explican que la violencia moderada contra la cónyugue femenina es la clave para un matrimonio exitoso.

En este punto, se tendría derecho a que los antisionistas se preguntaran sobre la verdadera naturaleza de las ideas y productos que nos venden. Podrían comenzar dándose cuenta de que, a pesar de todas las diferencias aparentes entre el antisionismo y el antisemitismo, pasan una gran cantidad de tiempo pensando y hablando negativamente sobre los judíos como grupo a través de su decidida oposición al estado judío.

Algunas fosas nasales quizás podrían comenzar a curvarse, pero no todas. Ciertamente, no las de Jeremy Corbyn, quien como el antisemita de Sartre "ha elegido ante todo ser impermeable".

Para sus seguidores, este será otro ejemplo bienvenido del buen viejo "Jeremy" apegándose a sus principios. Para el resto de nosotros, es otro triste ejemplo de la mentalidad que aún puede hacer que sea elegido primer ministro.

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Thursday, October 26, 2017

El papel de los judíos antisionistas: El "sello Kosher" otorgado al Partido Laborista Británico por su antisemitismo - Stephen Daisley - Tablet



La conferencia de otoño del Partido Laborista comenzó con la promesa de una "solución final" para el conflicto en el Oriente Medio y fue descendiendo a partir de ahí. La convención política, que tuvo lugar a fines de septiembre en la ciudad costera inglesa de Brighton, fue el lugar de celebración. El líder izquierdista laborista Jeremy Corbyn desafió las predicciones de su aniquilación electoral en las pasadas elecciones generales e incluso logró privar al gobierno conservador de Theresa May de una mayoría general. Para los asediados miembros judíos del Partido Laborista, el evento tenía un propósito más sobrio, ya que se dispusieron a obtener un cambio en las normas del partido con respecto al antisemitismo que se esperaba que facilitara la eliminación de los antisemitas.

Desde la improbable elevación de Corbyn de diputado y líder de la corriente izquierda hasta el puesto de líder laborista hace dos años, el antisemitismo se ha convertido en una herida autoimpuesta dentro del partido laboralista, en parte debido a las pasadas declaraciones y asociaciones de Corbyn, y en parte porque su estrella atrajo a la anteriormente apartada izquierda marginal y extremista en la década de 1980, que volvió de nuevo al partido. Una revisión del antisemitismo interno fue ampliamente considerada como un encubrimiento: la autora del informe autoexculpador recibió un puesto en la Cámara de los Lores al mes siguiente. La incapacidad del partido para abordar el problema y el rechazo rutinario de los testimonios de los miembros judíos calificados como "dolores", han provocado que el apoyo a los laboristas se hay desplomado hasta menos del 13% entre los judíos británicos.

Brighton, una de las conferencias más feas en la historia del laborismo, confirmó la magnitud del problema. Los Amigos de Palestina (LFP) contribuyeron al desarrollo con un twitt donde hablaban de una “solución final”, recordando así la aspiración de los nazis: "La solución de dos estados de laborismo terminará con la ocupación # Nuestra solución será la solución final #FreePalestine #EndTheSiege". La imagen que lo acompañaba era la del Monte del Templo detrás de un alambre de púas. Lejos de una operación marginal, aproximadamente la mitad de los legisladores laboristas figuran como partidarios de LFP. Después de las críticas en las redes sociales, se eliminó el tuit y la campaña se disculpó por "una elección de palabras extremadamente pobre". El mismo día, el importante diputado laborista John Cryer habló en un panel organizado por el Holocaust Educational Trust. Cryer, que se encuentra en el comité disciplinario del Laborismo, describió el antisemitismo que encuentra entre los miembros del partido. Su presencia "hace que te pongas en pie", dijo. "Esta es una fragancia de la década de 1930".

Al día siguiente, el ex alcalde de Londres, Ken Livingstone, hizo lo que se acostumbraba de él: participó en un programa de radio y ofendió a la comunidad judía británica. Livingstone está bajo la sanción del Partido Laborista por una aparición previa en una radio en la que declaró que Adolf Hitler había sido partidario del sionismo "antes de enloquecer y terminar matando a 6 millones de judíos". Esta vez atacó a aquellos políticos y compañeros laboristas por "distorsionar la escala del antisemitismo", explicando que "algunas personas han hecho comentarios ofensivos, lo que no significa que sean inherentemente antisemitas y odien a los judíos. Simplemente superan el nivel cuando critican a Israel".

Mientras Livingstone exponía lo que podría definirse como el “antisemitismo no antisemita”, los miembros laboristas antisionistas celebraron un simposio titulado "Un discurso libre sobre Israel" ya que aparentemente pensaron que no había sido suficiente. Los oradores compararon el estado judío con los nazis e instaron a la expulsión del Movimiento Laboral Judío y a los Amigos Laboristas de Israel del partido. Otro orador exigió "la libertad para criticar y discutir sobre cada tema, ya sea el Holocausto: sí o no, Palestina, la liberación, todo el espectro. No debería haber límites en la discusión".

El aparente llamamiento a poder cuestionar la historicidad de la Shoah era algo nuevo que sonaba bastante mal, y sin embargo provocó una respuesta bastante familiar. Ken Loach, el conocido cineasta y respaldo de Jeremy Corbyn, fue preguntado por la BBC si ese era un tema aceptable para un debate. Él respondió: "Creo que sobre toda historia es factible que podamos discutirla, ya que toda historia es nuestra herencia común para discutirla y analizarla". (Luego aclaró sus comentarios en una carta al New York Times dando marcha atrás y aclarando que no admitía poder poner en cuestión la historia de la Shoah).

Fue en parte gracias a estas “exhibiciones” que las críticas emitidas por el Movimiento Laborista Judío (JLM) obtuvieron el deseado cambio de normas con respecto al tratamiento del antisemitismo, pero ganándose las objeciones de un nuevo grupo rival de judíos de izquierda, la Jewish Voice for Labor (JVL), quien se opuso a la medida, con su presidenta Jenny Manson calificando la nueva normativa de "restricción antidemocrática del debate político" y con su portavoz Naomi Wimborne-Idrissi tildándola de "criminal".

Aunque no pudo detener el nuevo régimen disciplinario, la intervención de JVL marca un punto decisivo en el compromiso del laborismo con los judíos y con su actitud hacia el antisemitismo. Hasta ahora los grupos judíos dentro del partido habían estado unidos en la crítica de la dirección y su tolerancia con los prejuicios contra los judíos y las teorías de la conspiración sobre el sionismo. Ahora, otro grupo judío pretende hablar por los judíos laboristas, uno ideológicamente vinculado al líder laborista y a la política radical antiisraelí que practica.

El JVL se describe a sí mismo como un movimiento llevado por judíos que apoyan a Corbyn y que "no sitúan a Israel en el centro de su identidad", afirmando que su "principal impulso" es desafiar las "injustificadas alegaciones de antisemitismo... utilizadas para socavar el liderazgo de Jeremy Corbyn".

Cuando les pregunté si había un problema con el antisemitismo dentro del laborismo, un portavoz del JVL me dijo: "No, no aceptamos eso. El antisemitismo existe y debe combatirse, como todas las formas de intolerancia, allí donde ocurran. Pero la idea de que hay un problema especial con el antisemitismo en el partido Laborista depende de ampliar la definición de antisemitismo más allá de su sentido de hostilidad hacia los judíos como judíos, supone agregar referencias a Israel y luego afirmar que la izquierda pro palestina está motivada por el odio a los judíos”.

"El JVL afirma que no se puede asumir que los judíos deban atar su identidad a Israel o a las ideas del sionismo (aunque muchos lo hagan). También afirmamos que no se puede asumir que el apoyo a los derechos de los palestinos, incluido el apoyo al movimiento de boicot, esté motivado por el odio hacia los judíos (aunque en muy pocos casos pueda estarlo). Decimos que los miembros del partido Laborista deben tener el derecho de discutir toda clase de filosofías políticas diferentes, incluido el sionismo. Eso no los hace antisemitas".

El JVL, según su declaración de objetivos, se mantiene "en contra de los errores y la injusticia cometida con los palestinos y con otros oprimidos en cualquier lugar" y defiende "el derecho de los partidarios de la justicia para los palestinos a participar en actividades solidarias, como el boicot, la desinversión y las sanciones". También me dijeron que el BDS era "una campaña política perfectamente legítima que busca la igualdad y la justicia para los palestinos e israelíes". Ellos son favorables a adoptar la definición del antisemitismo de la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto, y se ofrecen como "un espacio para explorar y debatir las muchas preguntas (personales, sociales, culturales, políticas) que son importantes para nosotros como judíos laboristas progresistas".

La mayoría de los judíos los reconocerán por lo que son. El propósito del JVL no es explorar y debatir preguntas complejas o representar los sentimientos de la mayoría de los judíos dentro del partido, su objetivo es enturbiar las aguas.

Jonathan Freedland, un columnista de The Guardian que ha documentado el antisemitismo laborista, me dijo: "Hasta ahora, el movimiento laborista judío (JLM) era el principal grupo judío dentro del partido laborista, y a menudo criticaban a los líderes, criticaban a Corbyn y decían que había un problema con el antisemitismo dentro del partido Laborista. Eso significaba que cada vez que surgían historias sobre el antisemitismo en el laborismo, alguien de la JLM decía que había un problema y alguien del lado de Corbyn decía que no. Era la izquierda contra los judíos. Así es como podría enmarcarse la polémica".

Pero este nuevo grupo ha surgido y ha cambiado las cosas. Ahora cuando la JLM plantea preocupaciones sobre el antisemitismo, existe un grupo judío, el JVL, que aparecerá y dirá: 'Eso no es antisemita'", agregó Freedland. "La JVL proporciona una certificación kosher, de modo que cuando otros judíos señalen el antisemitismo en el laborismo, desde dentro de la izquierda del partido podrán decir: 'Miren, tenemos a estos otros judíos que dicen que nada de esto es cierto, que no hay antisemitismo en el Partido Laborista".

David Hirsh, un académico con sede en Londres y autor del nuevo libro Contemporary Left Antisemitism, rechaza una lectura comprensiva del JVL como unos meros idiotas útiles. En cambio, señala que es “la última manifestación del grupo de judíos antisionistas cuyo proyecto político clave es retratar la preocupación de los judíos por el antisemitismo como una conspiración vergonzosa para silenciar las críticas a Israel. Ellos no dicen que los judíos se equivocan cuando detectan el antisemitismo o que son demasiado sensibles al tema: dicen taxativamente que los judíos mienten".

El aspecto más nocivo de esta redefinición antisionista del judaísmo es el afán de los judíos antisionistas por salir en defensa de las declaraciones más escandalosas de las figuras más extremistas del Partido Laborista. Una y otra vez, la JVL ha actuado tal como lo describe Freedland: proporcionar una cobertura kosher para los elementos más desagradables de la extrema izquierdo.

Cuando Ken Livingstone declaró que Hitler era partidario del sionismo, Jenny Manson, ahora presidenta del JVL, emitió una declaración insistiendo en que sus comentarios no eran "ofensivos ni antisemitas de ninguna manera". Al hacerlo, no olvidó referirse a su identidad judía y al hecho de que su madre había huido de Ucrania para escapar de los pogromos. Defendiendo a Ken Loach por sus comentarios sobre el Holocausto (un tema debatible y discutible antes de su marcha atrás), Naomi Wimborne-Idrissi dijo que simplemente estaba "buscando una discusión sobre la importancia de la libertad de expresión cuando se le pidió que comentase una frase ambigua que mencionaba el Holocausto". Ella se había "adherido a su línea argumental" y no estuvo de acuerdo en que implicaba poder cuestionar la veracidad del Holocausto porque es "deslumbrantemente obvio".

En agosto, el importante parlamentario laborista y aliado de Corbyn, Chris Williamson, afirmó que el antisemitismo se estaba convirtiendo en un "arma" utilizada en una "guerra contra el liderazgo laborista", y describió las quejas sobre dicho liderazgo como "meras manchas y mentiras, y trucos sucios". Después de la Junta de Diputados los judíos británicos condenaron el arrebato intempestivo de Williamson, el JVL se puso del lado del diputado y, en tono conspirativo, afirmó que simplemente había "puesto el dedo en la llaga de la conexión entre las acusaciones de antisemitismo y la embestida que se esperaba contra Corbyn por parte de sus oponentes antes de la próximo elección: una conexión que [la Junta de Diputados] no desea que se exponga".

Entonces, ¿qué mueve a estos activistas antisionistas de grupos como el JVL a proporcionar un sello o certificación kosher a los antisemitas, aparte de probar su lealtad a los líderes del partido Laborista? Hirsh sugiere una motivación más profunda: "Prefieren vivir en un mundo en el que los judíos sean lo que provoquen el antisemitismo - y por lo tanto, otros judíos puedan detenerlo -, en lugar de hacerlo en un mundo donde el antisemitismo es irracional. Prefieren imaginar que los judíos tienen el control de su propio destino que simplemente sean víctimas del antisemitismo".

Mientras tanto, el partido laborista, una vez un partido orgulloso con una fuerte tradición antirracista, está sumido en la inmundicia del antisemitismo. Permanecerá allí siempre y cuando el Jewish Voice for Labor (JVL) sea la única voz judía que los líderes laboristas quieran escuchar.

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