Tuesday, November 17, 2015
Sunday, May 24, 2015
Las retorcidas ideas de esos occidentales que odian a Occidente - David Aaronovich - The Times

Hay una frase profundamente controvertida que quizás se utiliza con demasiada frecuencia por algunos judíos con respecto a otros judíos y que afirma que se "odian a sí mismos". Tras los largos años de panfletos y pogromos antisemitas, los antisemitas siempre han podido citar a algún judío diciendo, bien vale, es cierto, los judíos son tan malos como usted dice que son.
Pero aunque esa persona podría estar motivada por el odio hacia sí mismo, he comenzado a creer de manera gradual que lo más probable es que ellos odien tanto a los otros judíos como se aman a si mismos. Y estoy empezando a pensar que algunas personas en Occidente también parecen decididas a mirar exclusivamente el aspecto malo de las cosas con estas afectan a sus propios países, gobiernos o forma de vida. Y no es que ellos se desprecien a sí mismos, de hecho nos desprecian a nosotros, porque ellos mismos se adoran.
Esa es mi acusación y ahora viene mi argumento. Y comienza con la decisión de un grupo de escritores de criticar públicamente al PEN Americano por su decisión de conceder un Premio al Coraje en la defensa de la libertad de expresión a la revistas Charlie Hebdo. Y me interesa analizar el razonamiento, y casi la psicología, de su objeción.
Uno de estos críticos, Francine Prose, explicó el otro día que no quería que el PEN "librara una guerra contra el terrorismo. Ese es el papel de nuestro gobierno". Además, se mostraba recelosa en lo referente a "la narrativa del asesinato de los miembros de Charlie Hebdo - blancos europeos asesinados en sus oficinas por extremistas musulmanes -, porque consideraba que alimentaba los prejuicios culturales que han permitido a nuestro gobierno cometer tantos errores desastrosos en el Oriente Medio". En otras palabras, honrar a Charlie Hebdo suponía tomar partido en una batalla en la que ella no quería tomar parte.
Pero supongamos que un grupo de periodistas, dibujantes y activistas negros hubieran sido masacrados por fundamentalistas cristianos en Seattle o Albuquerque? ¿Podríamos imaginarnos que habría argumentado Francine Prose para mostrarse en contra de que fueran honrados? ¿O bien ella habría sabido perfectamente de qué lado estaba en tal batalla?
Su compañera escritora, y también objetora, Deborah Eisenberg, deletreaba la lógica de la visión del mundo del "no cuenten conmigo" en una carta al director ejecutivo de Pen Americano.
No existía ninguna duda de que los empleados de Charlie eran unos valientes, argumentaba Eisenberg, y que matarlos fue horrible, pero no se merecían un premio ya que satirizando al Islam habían estado atacando a las personas equivocadas. La población musulmana de Francia (que ella consideraba que constituía una unidad monolítica) estaba "asediada, marginada, empobrecida y eran las auténticas víctimas". Era comprensible - aunque lamentable - que algunos de entre ellos iba a reaccionar a las provocaciones de la revista.
Sólo podían haber sido unos sujetos igualmente válidos para la sátira, pensaba Eisenbeeg, "cuando estos dispares objetivos de la sátira ocuparan una posición de igualdad dentro de la cultura dominante". En resumen, las caricaturas, para Eisenberg, solo estaban "destinadas a causarles más humillación y sufrimiento". Ella no podía imaginar ninguna otra razón.
Así que según el virtuoso criterio Eisenbergiano, Mohammed no debería estar sujeto al mismo escrutinio satírico que el que puedan sufrir Jesús o Lenin. Pero, ¿hacia dónde nos llevaría esta forma de pensar? Aplicado de una manera más general, una norma de este tipo significaría no ser demasiado rígidos a la hora de hacer cumplir las leyes creadas por la "cultura dominante", pero que a veces son rechazadas por los marginados. ¿Qué podría ser más alienante que exigir a las minorías que abandonan sus viejas costumbres, como el matrimonio forzado, los crímenes de honor y la mutilación genital femenina?
Si no debía ser para Charlie Hebdo, entonces resultaba muy revelador para quién, según el criterio de Eisenberg, debía haber ido el premio. Debería haber sido otorgado a denunciantes como Chelsea Manning y Edward Snowden, o en su defecto a sus enlaces periodísticos en Occidente, como por ejemplo Glenn Greenwald. Esta gente que desvela los oscuros secretos de Occidente al mundo entero son personas que no sólo han sido valientes, sino que "su valor ha sido meticulosamente ejercido para el bien de la humanidad". No como Charlie Hebdo.
¿Dónde había visto antes este tipo de razonamiento? Se trataba de esa tan familiar línea de argumentación que se desplegó contra aquellos que trataban de apoyar a los escritores disidentes soviéticos durante la Guerra Fría. La vida en el Occidente no era tan buena, afirmaban, ni en Rusia era tan mala, como para justificar prestar atención a los llamados disidentes. Más bien, los elogios debían dirigirse a los disidentes de casa, a esos que valientemente se ponían en pie contra la guerra, el capitalismo y Occidente.
Como era de esperar, el argumento de Eisenberg fue lo suficientemente atractivo como para encontrar espacio en el The Intercept, el vehículo creado por y para Glenn Greenwald cuando salió de The Guardian, y que es financiado por el multimillonario fundador de eBay, Pierre Omidyar.
Greenwald planteaba su propia pregunta al PEN. "Teniendo en cuenta que el PEN se supone que representa puntos de vista impopulares y marginados que están bajo el ataque de la clase dominante, ¿qué propósito tenía hacerse eco del gran consenso existente entre los gobiernos occidentales: que los dibujantes de Charlie Hebdo eran unos héroes?".
Y ahí lo tienen. La contraposición que, por una vez, se explicita directamente. Si los gobiernos occidentales están implicados, entonces debemos estar en contra de ellos, o por lo menos, no con ellos. En otras palabras, debemos estar en cualquier lado, pero el nuestro.
En febrero, un periodista llamado Ken Silverstein escribió sobre por qué había renunciado al equipo de Greenwald. Él había estado trabajando en una historia acerca de un caso de asesinato en los EEUU, y había descubierto que el acusado era realmente culpable, una posición de entrada polémica para la izquierda. Resultado, no pudo conseguir que la historia fuera publicada.
"Los críticos internos de Occidente creen que deben ejercer el papel de fiscales, y por lo tanto también deber fiscalizar al estado", escribió Silverstein. "Un apoyo al estado resultaba totalmente inaceptable para una publicación que decía ser totalmente independiente y adversaria sin tregua del establishment dominante. Eso se mantuvo incluso en el caso de un hombre procesado con éxito como un asesino, y su envió a la cárcel".
Este infantilismo influyente es un área donde la izquierda, la derecha y los nacionalistas convergen. Aunque unos subrayen el papel de la Unión Europea y los otros del "imperialismo" estadounidense, tanto el Partido por la Independencia del Reino Unido como el movimiento Stop a la Guerra apoyado por los Verdes, reprochan más a Occidente que al presidente ruso Vladimir Putin por la crisis de Ucrania. La líder del Partido Nacionalista Escocés, Nicola Sturgeon, tiene una visión mucho más crítica y dura del programa nuclear Trident de Gran Bretaña del que parece tener de las ambiciones atómicas de Irán. Los nacionalistas escoceses me escriben y me dicen que Gran Bretaña ha sido un "desastre" para los últimos 40 años de Escocia.
Glenn, Russell, Nigel, Lutfur, Caroline, Deborah, déjenme preguntarles algo. ¿Acaso nuestra sociedad, con su secularismo, no es mejor que, por ejemplo, Pakistán o Irán? ¿Es mejor su política exterior sin guía que la de Rusia? ¿Debe ser menos valorada su tolerancia en lo referente a la libertad de expresión que su ausencia en el caso de China? ¿Es Occidente, en esencia, menos corrupto que Nigeria? ¿No es nuestra sociedad, con todos sus defectos, el lado correcto con el cual debemos estar?
Labels: Charlie Hebdo, Pen
Saturday, January 10, 2015
Atentados en París: ¿Dónde están las víctimas judías? ¿Pero de que judíos me hablan si los medios no dicen nada? - Patrick Jarreu - Causeur

Por si no lo saben, hay cuatro asesinados de los que nadie habla. Son las víctimas judías del yihadista que se encerró en una tienda kosher. Aquí tienen sus nombres porque los medias franceses y españoles no parecen tener gran interés en ellos: Yoav Hattab, Philippe Braham, Yohan Cohen y François-Michel Saada.
En Causeur lo han pensado antes que yo. "Yo soy kosher", anuncia su web, con los mismos caracteres en los que vemos por todas partes "Yo soy Charlie".
Y es que el pasado viernes, en París, un hombre entró en una tienda kosher y disparó contra las personas que estaban allí. ¿Por qué razón piensan ustedes? ¿Qué es lo que determinaba el asesinato de esas personas?
Nada en especial, por supuesto, el hecho de que eran judíos, como su presencia en esa tienda autorizaba a presumir.
Si ustedes han consultado los medios de comunicación franceses este sábado por la mañana no habrán enterado de nada [N.P.: hoy a las 15:15 aparecen las primeras noticias en Le Monde]. Es sólo cuestión de "Charlie", o más recientemente de Ahmed Merabet, el oficial de policía que terminó ejecutado en una acera el pasado miércoles por los que acababan de asesinar al personal del semanario.
¿Mataron a los judíos al azar en una calle de París el viernes 09 de enero 2015? Silencio casi general. El "en vivo" de Le Monde hablaba de "rehenes" que fueron asesinados. ¿Rehenes? ¿"Rehenes" para negociar qué o conseguir qué?
No había rehenes para Amedy Coulibaly, sino una matanza de judíos inmediatamente después de su entrada en la tienda. Pero Le Monde no nos dice que eran judíos.
Matar a judíos en el París de 2015 no proporciona titulares en los medios de comunicación. Es algo tan banal como matar a niños judíos en una escuela en Toulouse en 2012, o matar a otros judíos en un museo judío en Bruselas el año pasado, o gritar "¡Muerte a los Judíos!" en las calles de París, o asaltar y violar a una familia judía en un edificio en Creteil.
Incluso podríamos hallar a algún periodista argumentando que si Coulibaly asaltó una tienda kosher es solamente porque los judíos son ricos, como todo el mundo sabe, y él quería robar la caja.
Habría algo que decir sobre la inundación de sensiblería a la que los medios nos han sometido en sus tres días de "homenaje" a los empleados de Charlie Hebdo, presentados como representando el alma de Francia. O podemos indignarnos por el asesinato de estos hombres y mujeres, y mostrarnos determinados a luchar contra aquellos que los mataron, sin por otro tanto reconocerse en las ideas y el estilo de esta revista, o incluso en su decisión de publicar "caricaturas" mostrando a los musulmanes como seguidores de una fe intrínsecamente asesina.
En lugar de repetir hasta el cansancio "Yo soy Charlie", siguiendo el modelo de las campañas "contra el SIDA" o "los Teletón", ¿no sería mucho mejor estar al tanto de la realidad en la que vivimos y de los peligros que nos amenazan? ¿No es hora de movilizarse contra el enemigo que hostiga a nuestras sociedades desde la década de 1990? ¿No ha llegado el momento de tomar partido en lugar de refugiarse en una especie de "no en nuestro nombre, no en nuestro nombre"? ¿Patéticos?
La historia ha mostrado la tendencia de un gran número de franceses de esconderse hasta que la realidad les golpea directamente. En eso han tenido un gran éxito.
El actual "Yo soy Charlie" traduce una actitud de repliegue, casi de victimismo, con la que se considera que nos sentiremos mejor a fin de evitar las preguntas difíciles. Pero eso no es lo que va a asustar a los yihadistas.
Labels: Charlie Hebdo, Francia contra la islamofobia, judíos franceses
Wednesday, January 07, 2015
El gobierno francés y las élites progresistas biempensantes ahora ya no dicen que se trata de meros "hechos violentos de desequilibrados"



Esta mañana leía a primera hora de la mañana en el móvil la sección de libros de Le Monde, repleta de artículos críticos contra la nueva novela de Houellebecq, Soumission, que fantasea con una Francia en vía hacia una decidida islamización gracias a las propias fuerzas gubernamentales y a las élites biempensantes gobernantes, y comprobaba las crudas críticas contra la novela por su presunta islamofobia y su carácter, por ello mismo, reaccionario.
Horas después, el mismo día de la presentación oficial de la novela, sus críticos se quedaban con el trasero al aire tras conocerse las noticias de la masacre en el Charlie Hebdo. ¿Cómo disfrazarán ahora la realidad estas élites progresistas y sus creadores de opinión?¿Volverán a hablar de "desequilibrados" sin ningún tipo de relación con el Islam, pese a sus orígenes y exclamaciones, ante la presencia de estos 12 cadáveres?
Pero saben, yo no me haría muchas esperanzas. Las élites biempensantes progresistas que gobiernan los medios y la creación de opinión nunca reconocerán que se han equivocado, que llevan ignorado una muy cruda realidad utilizando el espantapájaros de la islamofobia, pues eso supondría reconocer que su pretendida racionalidad y "superioridad moral" no tienen ninguna base real, solo es fruto de un fanatismo ideológico que tiene mucho de narcisismo irracional y de pretensiones de dominio y de poder. Lo suyo será siempre negar la realidad y emprender "ingenierías sociales" desastrosas para la sociedad para intentar sustentar su poder, como el hecho más que evidente que fue el electorado musulmán el que dio el impulso definitivo al Partido Socialista para llegar al poder en Francia, y que ese electorado es hoy de los pocos que pueden resultarle más o menos fiel ante el desastre que se avecina.
No habrá pues muchos cambios pese a las duras palabras iniciales y los golpes de pecho actuales. Las élites biempensantes progresistas ni pueden ni quieren intentar arreglar lo que en buena medida han provocado, han ignorado o bien han dejado pudrirse.
Y todo esto en qué momento además, cuando en Alemania la población de una manera más bien espontánea comienza a manifestarse contra la islamización a que les condena una inmigración en buena medida no deseada por dicha población, pero aprobada ciegamente por las élites económicas y políticas dedicadas a servir sus propios intereses.
Labels: Charlie Hebdo