La lujuria, la inmodestia y el Talmud - Dov Linzer - NYTimes

¿Es posible que la demanda religiosa de modestia no sea otra cosa más que el intento de los hombres de controlar el cuerpo de la mujer? A partir de los recientes acontecimientos en Israel, ciertamente parece que no lo es.
El mes pasado, un inocente y modestamente vestida niña de 8 años de edad (y de familia ortodoxa moderna), Naama Margolese, que vive en Beit Shemesh, describió que era escupida y vilipendiada por unos extremistas religiosos - todos ellos hombres - que creían que no vestía con la suficiente modestia mientras caminaba delante de ellos hacia la escuela religiosa en la que estudiaba. Y cada vez más, autobuses públicos de Israel aplican la segregación de género impuestas por los usuarios ultra-ortodoxos en la proximidad de sus vecindarios. Ay de la niña o mujer que se niega a pasar a la parte trasera del autobús.
Estos sucesos forman parte de una gran batalla que se libra actualmente en Israel entre los ultra-ortodoxos y el resto de la sociedad israelí sobre el lugar de la mujer en la sociedad, con su propio derecho a tener una presencia visible y participar en la esfera pública.
¿Qué es lo que está detrás de estos acontecimientos profundamente inquietantes? Se nos dice que surgen de una preocupación religiosa acerca de la modestia, que las mujeres deben estar cubiertas y segregadas de los hombres para que estos no tengan pensamientos sexuales inadecuados. Parece pues que un dogma religioso que tiene como objeto evitar unos inadecuados pensamientos sexuales por parte de los hombres termina con estos mismos hombres controlando el cuerpo de las mujeres.
Esto no es un problema exclusivo de judaísmo. Sin embargo, el Talmud, la base para la ley judía, ofrece una respuesta tal vez sorprendente: El Talmud coloca la responsabilidad de controlar esos pensamientos inadecuados de los hombres con respecto a las mujeres licenciosas en un ángulo recto dirigido hacia los hombres. Dicho más claramente, el Talmud dice lo siguiente: señor, es su problema, no de ella.
Los hombres ultra-ortodoxos en Israel que ejercen ese control sobre las mujeres afirman que actuando así honran a las mujeres. En efecto, ellos dicen: “No tratamos a las mujeres como objetos sexuales, tal como lo hace abiertamente la sociedad occidental. Nuestras mujeres son algo más que sus cuerpos, y es por eso que su cuerpo debe estar completamente cubierto”.
Sin embargo, y de hecho, sus acciones hipersexualizan objetivamente a las mujeres, Piensen en esto: Al decir que todas las mujeres deben ocultar sus cuerpos, están diciendo que cada mujer es un “objeto que puede suscitar pensamientos sexuales en los hombres”. Por lo tanto, toda mujer que pasa por delante de su campo de visión se la cataloga sobre la base de cuantas partes de su cuerpo están cubiertas. No se la contempla como a una persona completa, sino solamente como un potencial incentivo para el pecado.
Por supuesto, una vez que se juzga exclusivamente a un ser humano femenino a través de la imaginación sexualizada del hombre, se puede llegar a convertir a una modesta niña de 8 años en una mujer seductora y en una prostituta.
En el fondo, estamos hablando de una mentalidad que culpa a la víctima, desplazando la responsabilidad de administrar el deseo sexual masculino del propio hombre, adjudicándosela a todas las mujeres que pueda o no encontrar en su camino. Se trata de una mentalidad similar de la que se desprende de la afirmación, "Ella se lo buscó".
Así que la responsabilidad recae ahora en las mujeres. Para proteger a los hombres de sus pensamientos sexuales, las mujeres deben eliminar su feminidad en lo referente a su presencia pública, evitando las molestias que produciría la más mínima evidencia de su propia sexualidad.
Y todo esto se hace en nombre de la Torah y de la ley judía.
Pero en realidad todo esto es una perversión completa. El Talmud, la base de la ley judía, reconoce que los hombres pueden excitarse sexualmente ante la presencia de mujeres, y de hecho eso esta relacionado con los pensamientos y la actividad sexual fuera del matrimonio. Pero no dice a las mujeres que los impulsos sexuales de los hombres son su responsabilidad. Al contrario, tanto en el Talmud como en los posteriores códigos de la ley judía la responsabilidad recae en los hombres.
Está prohibido que un hombre “mire sexualmente” a una mujer, ya sea bonita o fea, casada o soltera, dice el Talmud. Los rabinos talmúdicos posteriores extendieron esa prohibición hasta (mirar sexualmente o con el único objetivo sexual) "su dedo meñique" y "la ropa de colores brillantes, incluso si se están secando en la pared". Pero al hacer a la mujer responsable de esa “mirada sexual” masculina, se está exigiendo por ejemplo a las mujeres judías que cubran sus manos y que no sequen la ropa en público. Y nadie ha dicho nunca esto. Al menos no todavía.
El Talmud le dice al hombre religioso: “Si usted tiene un problema, enfréntese a él”. Se trata de que es la mirada masculina - la manera en que los hombres miran a las mujeres – la que necesita ser desexualizada, no las mujeres en público. El poder de lograr que los hombres no vean a las mujeres como meros objetos de satisfacción sexual se encuentra dentro de los hombres y solamente mediante el autocontrol de los hombres.
La tradición judía enseña a los hombres y a las mujeres que deben ser modestos en su vestimenta. Pero la modestia no se define por, ni siquiera principalmente, qué partes del propio cuerpo deben estar cubiertas. Se trata de comportamiento y de conducta. Se trata de reconocer que “uno no necesita ser el centro de atención”. Se trata de ese llamamiento del profeta Miqueas a la modestia: “aprender a caminar humildemente con tu Dios".
Naama, esa niña de ocho años de edad, podría enseñar más de una de cosa a sus atacantes acerca de la modestia.
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