Friday, February 26, 2016

La coalición de Netanyahu y su lucha contra las ciudadelas restantes de las élites de la izquierda - Shmuel Rosner



Tome estos dos eventos inconexos, y luego conectar los puntos para entender algo acerca de Israel:

Evento nº 1 - Seis miembros del Consejo de Educación Superior renunciaron el domingo por la mañana. Los miembros que dimitieron del consejo argumentaron en una carta pública de renuncia que "los pasos y las medidas que se han tomado dañan la esencia de la labor del Consejo, su independencia y el espíritu de sus acciones". La historia real detrás de esta historia es bastante complicada y no está muy clara. El ministro de Educación Naftali Bennett desestimó recientemente al jefe adjunto del Consejo. A continuación, designó a un profesor universitario menos conocido para el puesto, una medida que provocó la indignación.

Evento nº 2 - Un director de cine israelí, Udi Aloni, de una conocida familia izquierdista, ganó un premio en el Festival de Berlín y celebró este premio deseando la voladura de gobierno "fascista" de Israel. Aloni, no hace falta decirlo, no tuvo problemas a la hora de pedir ayuda financiera a este mismo gobierno "fascista" para rodar su película. Y esto llevó a la ministra de Cultura Miri Regev a responder que las declaraciones de Aloni eran "una prueba más de que los artistas que subvierten el estado, lo difaman y perjudican su legitimidad no deben ser financiados por el contribuyente. Un país en su sano juicio no debe ayudar a los calumniadores y a los que lo difaman inmediatamente después de beber de sus arcas".

Dos acontecimientos sin conexión entre ellos, excepto que ambos son pequeñas piezas de un rompecabezas. La coalición actual de Israel - una coalición de derechas-religiosa bastante coherente de partidos afines - no es muy diferente de los gobiernos anteriores cuando se trata de asuntos relacionados con las relaciones exteriores y de seguridad. Su principal impacto no estaría, como algunos fuera y dentro de Israel tienden a pensar, en el proceso de paz palestino-israelí. Su impacto principal estará en el equilibrio interno de poder en Israel. La actual coalición está luchando contra un amplio frente de "viejas" élites y está tratando de plantar cabezas de playa en zonas nunca antes concurridas por la derecha de Israel.

Como era de esperar, hay al menos dos maneras de contar la historia de estos movimientos de la coalición.

Una narrativa es la proviene de la coalición. En ese relato, lo que sucede hoy en día es un largo y atrasado proceso por el cual la derecha trata de terminar con los privilegios que mantienen aquellos que se hicieron cargo de la creación de Israel. La derecha se convirtió en la fuerza política dominante en Israel a finales de 1970. Desde entonces, ha estado en el poder - sola o en gobiernos de unidad - durante casi cuarenta años, pero su misión de acabar con esos privilegios nunca fue realizada, ya que algunas zonas del ámbito israelí resultaron muy resistentes a su gobierno: las universidades, el establishment cultural, los medios de comunicación, el sistema legal.

Lo que el cuarto gobierno de Netanyahu está haciendo ahora no es más que aclarar a esos recalcitrantes establishment que hay un nuevo sheriff en la ciudad. De hecho, el sheriff llegó hace mucho tiempo, pero ahora finalmente está anunciando que está dispuesto a terminar con los privilegios. Por ejemplo: un aviso a los directores de cine radicales como Aloni de que Israel ya no va a financiar la obra artística de personas cuya forma de reconocer el apoyo que reciben del Estado es denigrarlo en las capitales extranjeras.

Pero también existe contra-narrativa que proviene de la oposición. En ese relato, lo que el cuarto gobierno de Netanyahu está haciendo es bastante simple: está destruyendo los pocos refugios seguros de cordura y de excelencia que habían quedado en un Israel, lo cual le está convirtiendo rápidamente en un gobierno "fascista". ¿Acaso no es ese un término demasiado fuerte y gratuito?

Las personas que se oponen a los movimientos de ministros como Bennett (Educación), Regev (Cultura), y Shaked (Justicia) argumentan que estos ministros actúan como "matones", no respetan los valores democráticos y no entienden el daño a largo plazo que provocan sus acciones. Ellos se sorprendieron cuando el ministerio de Educación decidió rechazar un libro bastante irrelevante - y luego muy demandado - de una novelista israelí debido a su temática que incluía relaciones interreligiosas, se mostraron indignados cuando Miri Regev fue nombrada ministra de Cultura , y luego se han molestado con casi todos sus movimientos como ministra. Ahora están luchando contra la decisión de cambiar las reglas que rigen la "cesta de la cultura" que las escuelas israelíes pueden elegir para sus estudiantes.

No es fácil separar en este debate sobre la educación y la cultura de Israel a la propaganda. El realizador Aloni afirma con razón que, como artista, no es su trabajo llevarse bien y convertirse en un relaciones públicas de un gobierno israelí al que se opone claramente. Sobre Bennett existe una sospecha razonable de que los profesores renunciantes del Consejo tenían tendencias políticas no exactamente en línea con las del actual gobierno.

¿Son estos profesores unos valientes defensores de la educación superior de Israel que luchan en una batalla necesaria contra un ministro que tiene como objetivo destruirla (o bien no es lo suficientemente inteligente como para comprender lo que está haciendo), o tal vez estos profesores son meramente activistas políticos que no aceptan las decisiones tomadas por un ministro cuya visión política denigran y cuya legitimidad no aceptan?

No hay una respuesta clara a esta pregunta.

En realidad, lo que parece es que este gobierno quiere avanzar en un proceso de cambio de los guardianes de algunos establishment de las élites de Israel. No destruir las instituciones, sino destruir las impenetrables ciudadelas restantes de las élites de izquierdas (verdaderas o imaginarias), y que todavía operan con una absoluta indiferencia por los resultados de las elecciones democráticas de Israel.

En realidad, puede parecer que estas personas que se oponen a cualquier iniciativa de Bennett y Regev probablemente creen que sus motivaciones son puras, pero de hecho son culpables de politizar sus batallas. Muchas de las acciones llevadas a cabo por el ministerio de Educación dirigido por Bennett habrían pasado fácilmente sin oposición si el ministro hubiera sido otra persona. Muchas de las reformas adelantadas por el gobierno no se merecen la respuesta histérica con las que se reciben.

El resultado final: este tipo de batallas no se van a terminar en cualquier momento. Otras reformas y acciones que el gobierno inicie, reformas que se refieran a entidades cuya dirección actual se componga de establishment desfavorables a la actual coalición gobernante, darán lugar a más batallas por llegar.

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Saturday, November 02, 2013

Por si mismas, y para ellas mismas, esas irrelevantes élites - Avirama Golan - Haaretz



Una serie de quejas se han expresado recientemente sobre "el público o población israelí". Todo comenzó en el funeral celebrado a principios de este mes por el fallecimiento del líder espiritual del partido ultra-ortodoxo Shas, el rabino Ovadia Yosef, cuando ciertos respetados comentaristas, sin tener en cuenta al gran número de dolientes, habló con expertos ultraortodoxos como si vivieran fuera de la sociedad, en una especie de reserva para indios americanos. Algunos expresaron su repulsa ante lo que veían como una manifestación que consideraron totalmente irracional, mientras que otros se burlaban de la gente que lloraba como niños por "un hombre de 93 años de edad", como si solamente fuera legítimo penar por la suerte de los más jóvenes y como si ellos mismos no hubieran hecho lo mismo (justificadamente) con sus propias admiradas personalidades que murieron a una edad muy avanzada, como el filósofo-científico Yeshayahu Leibowitz, a los 91 años, y el líder del Partido Laborista, Yitzhak Ben-Aharón, a los 99.

Tras las elecciones municipales de la semana pasada, de nuevo "el público" sufrió parecidas críticas por no acudir de manera masiva a las urnas. Se les tildó de apáticos, consentidos y ajenos a su deber cívico. Y todo ello porque cientos de miles de israelíes expresaron su propia opinión absteniéndose en unas elecciones que no proponían una agenda interesante o un candidato más prometedor que el titular. Y cuando los resultados de las elecciones no se adecuaron a lo esperado por esos grupos de personas que se consideran a de sí mismas como más inteligentes y políticamente correctas que el resto, la culpa y las críticas fueron de nuevo dirigidas contra "la opinión pública", lo que significa que existe un segmento insufrible de la población compuesto por cualquiera, pero que acapara las críticas de las élites

Es como lo que afirmó el propio Ben-Aharon tras la derrota electoral de 1977 que supuso el acceso al poder del Likud y la expulsión del Partido Laborista: "Si esa es la decisión popular, yo no la respeto". Esa declaración era sintomática de la forma de pensar de por aquel entonces, y pasó de ser un desafortunado resbalón linguístico a una oculta y destructiva declaración de principios. Alguien que no concede ningún respecto a las creencias y valores de otras personas que le resultan inaceptables, no puede ser catalogado desde cualquier punto de vista de liberal progresista.

Lamentablemente, desde 1977, el fenómeno sólo ha empeorado. Existe un gran grupo de israelíes que se definen como abanderados en exclusiva del estado de derecho, del liberalismo y la democracia, y de la ilustración, pero que a la vez denigran a cualquiera que no piense, actúe y viva tal como ellos lo hacen.

La definición más aceptada de este grupo es el de "élites" o "la izquierda", pero esas definiciones son irrelevantes. Si hay una conexión entre esta gente en su torre de marfil y una visión del mundo de izquierdas que busca la justicia y la igualdad, es pura coincidencia. Además, ese grupo no ha constituido una élite desde hace bastante tiempo. A pesar de la cómoda vida profesional y económica de los miembros de este grupo, cuando hablamos de puestos clave en los sectores público y empresarial, permanecen aislados de los verdaderos centros de influencia social y cultural. Es por ello que suelen hablar entre ellos sobre si mismos. En la práctica, se han convertido en un sector independiente de la población. En lugar de liderar y servir a la sociedad en su conjunto para ayudar a los procesos de cambio, este grupo ha conducido un combate autojustificador, anacrónico y perjudicial contra los demás sectores de este país.

Un ejemplo especialmente desafortunado de esta disputa se produjo recientemente en el Tribunal Superior de Justicia. Siete jueces de la Corte Suprema acusaron a la opinión pública de tener "los ojos cerrados", y proporcionó una interpretación compleja y oscura de la ley, ordenando a tres alcaldes dimitir en vísperas de las elecciones municipales. En última instancia, se mostraron sorprendidos cuando esa opinión pública, que votó de acuerdo a sus prestaciones municipales y en contra del alto tribunal, los reelegió a los tres, y que aún están bajo acusación.

Los jueces podían haber acelerado las investigaciones previamente o escuchar las peticiones acerca de dejarles participar en la función pública por otros dos meses. O podrían haber recurrido a la Knesset para cambiar la ley y, al hacerlo, demostrar que desean estar con la gente en sus esfuerzos por ejercer su responsabilidad y enfrentarse a los conflictos. En su lugar, sin embargo, optaron por actuar como un sector que utiliza sus propios medios, reprimenda e insulta. Y con ello tienen una influencia cero en la lucha contra la corrupción en los gobiernos locales. Todo lo que hicieron fue impugnar la reputación de la opinión pública.

Este inquietante fracaso no es un asunto privado. Se trata de la democracia de Israel. Al mantener una posición exclusivamente purista, los jueces han tenido en sus manos la suerte de diputados como por ejemplo Yariv Levin, Ayelet Shaked y sus colegas. Sea como fuere, los componentes del "público", que según parece tratan de educar, no son estúpidos. Tampoco es culpa del "público o de la población", pero sin embargo es esa población la que pagará el precio de la incompetencia de estas élites.

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Saturday, November 27, 2010

La evasión de responsabilidades del Estado de Tel Aviv - Israel Harel - Haaretz



En medio del alboroto provocado por la guerra sucia sexual desatada en la lucha por el cargo de jefe de la policía, poca atención se ha dedicado a una reciente noticia que, aunque menos polémica y jugosa, fue ciertamente no menos importante: alrededor del 50% de todos los hombres entre los 18 y 40 años - es decir, los hombres obligados a cumplir el servicio militar obligatorio y a servir en la reserva - en realidad no sirven en el ejército.

El general Avi Zamir, quien dirige la Dirección de Personal del IDF, advirtió que si esta tendencia continúa, la evasión del servicio militar alcanzaría el porcentaje del 60% del total en una década. Y Tel Aviv, la ciudad en la que vivieron y estudiaron (en el Gymnasia Herzliya) los dos fundadores del IDF, Eliahu Golomb y Dov Hoz, se asemeja cada vez más a la ciudad ultra-ortodoxa de Bnei Brak en su porcentaje de evasores.

El proyecto de evasión a la hora cumplir con las obligaciones militares por parte del sector haredí es un fenómeno de sobra conocido, al igual que el descaro con que se realiza. Dicha evasión incluso les proporciona beneficios financieros. Pero actualmente se está desarrollando otro proyecto de evasión de responsabilidades, y esta vez en el sector laico y con el respaldo de sus propios "rabinos" y "líderes espirituales" laicos.

Al igual que los haredim han inventado una "racionalización religiosa” para eximirse de la obligación de defender a su pueblo y a su país, lo mismo sucede con estos “haredim laicos“, en los que se incluyen actores, directores y académicos: ellos han inventado 1.001 ideologías y estrategias para eximirse de toda responsabilidad con el colectivo israelí. Y por supuesto, estos “haredim laicos”, tras descalificar obviamente los “haredim religiosos” como "parásitos" -, también reciben sus correspondientes subvenciones y fondos del estado, aunque algunos de ellos lo descalifiquen e inclusive se opongan a su existencia.

Sólo tres residentes en Tel Aviv, informó recientemente Amos Harel en el Haaretz, sirven actualmente como comandantes de compañía, y eso sucede en la primera ciudad hebrea donde residen más de 400.000 habitantes. Sin embargo, la comunidad de Bruchin, en la Ribera Occidental y con menos de 600 habitantes, es el hogar donde habitan seis comandantes de compañía, y Eli, otra ciudad de la Ribera Occidental y con unos 2.000 habitantes, es el hogar de cinco comandantes.

Ram Cohen, el director de la high school de Tel Aviv “Ironi Aleph“, escribió no hace mucho que los jóvenes de los asentamientos "ven al ejército como una herramienta para mantener el control de Israel sobre los territorios ocupados". No resulta extraño entonces que el porcentaje de estudiantes que eligen servir en unidades de combate entre los graduados de esa escuela dirigida por este afectado reproductor de eslóganes, sea aún mucho menor que el ranking ya de por si bajo de Tel Aviv.

Y la Gymnasia Herzliya, esa institución educativa que produjo tantos combatientes y comandantes en el pasado - incluyendo el actual jefe de Estado Mayor Gabi Ashkenazi -, se arrastra con unos niveles similares a los de “Ironi Aleph“. Después de todo, su director Zeev Dagani también comparte una agenda política similar (por ejemplo, se opuso a permitir que oficiales del IDF se reunieran con los estudiantes en su escuela).

La mayoría de estos sectores evasores de responsabilidades - haredim en Bnei Brak y Jerusalém y laicos en Tel Aviv - estudiaron en unas instituciones educativas específicas: en los primeros casos en un cierto tipo de yeshivas, y en el último en un cierto tipo de escuelas laicas. Y estos son los resultados. Y aunque los adolescentes se supone que son rebeldes por definición, resulta que estos estudiantes son verdaderamente muy conformistas (a la hora de contradecir las agendas de sus establecimientos educativos). Y esto es especialmente cierto a causa de un entorno más amplio, especialmente en un lugar como Tel Aviv donde se vive en un ambiente muy determinado.

La comunidad sionista religiosa está orgullosa del alto grado de motivación de sus jóvenes. Y eso está bien. Pero también les gusta regodearse con el mal ajeno en lo que respecta a los fracasos educativos de otros sectores o comunidades. Y eso es moralmente inaceptable. Deberían estar de luto, no regodeándose.

Y eso no se debería solamente a que los hombros de la comunidad sionista religiosa no son lo suficientemente amplios para llevar la mayor parte de la carga de la seguridad de Israel, sino que nunca lo serán. Más bien, como cualquiera que se sienta responsable del futuro del país, deberían preocuparse por el hecho de que algunas de las viejas elites del país - el movimiento kibbutzim, por ejemplo - han cambiado de tono y de puntos de vista en lo que respecta a dar una máxima prioridad a la seguridad de Israel, tal como lo hacían anteriormente.

Y es que resulta que Tel Aviv ocupa la posición número 53 en el ranking de ciudades israelíes cuyos jóvenes sirven en el ejército, y que ha sido elaborado por la Dirección de Personal del IDF (!! incluso la ciudad beduina de Rahat la supera !!). Pero es que en ciudades como Maccabim-Reut y Modi'in, que difieren muy poco de Tel Aviv en términos de nivel socio-económico, la situación es totalmente diferente. Las high school de estas ciudades se encuentran en la primera posición a nivel nacional en el porcentaje de graduados que posteriormente prestan sus servicios en las unidades de combate y llegan a ser oficiales. Hod Hasharon ocupa el segundo lugar, seguido de Yavneh que ocupa la tercera posición. Así que la razón de la baja motivación de Tel Aviv no se encuentra tanto en su alto nivel de vida o en su población secular.

El alcalde de Tel Aviv, Ron Huldai, debería intervenir para saber lo que está sucediendo en las escuelas de su ciudad, y sobre todo en aquella en la que una vez fue un director bien considerado: la Gymnasia Herzliya. Estas noticias permiten explicar por qué su ciudad es apodada de manera irónica como "el Estado de Tel Aviv", en el sentido de que se aliena y evade de determinadas necesidades existenciales de Israel. Y esto no es bueno ni para la ciudad ni para el país del que forma parte.

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