Una batalla ante el rostro de Israel - Yoaz Hendel - Ynet

En un lugar donde no haya una política gubernamental, la anarquía se desarrolla. Más de 2.000 estructuras ilegales se construyen a través del Negev todos los años por los beduinos. Cada cual hace lo que quiere.
La falta de gobernabilidad es un fenómeno contagioso. Lo que comienza con una llovizna termina en una inundación. El Estado de Israel pecó al cerrar sus ojos, y el precio de la reparación es muy pesado. El Plan de Begin-Prawer nació del deseo de sellar el agujero negro creado allí durante años, y aunque no es lo suficientemente bueno para cualquiera de las partes, es el necesario intento de crear una política.
Hay 200.000 beduinos que viven en el Neguev, 80.000 de ellos en una comunidad de aldeas no reconocidas y sin ningún permiso. Un número importante de ellos se han acostumbrado a vivir sin identidad y sin identificarse con el Estado de Israel.
El plan se compone de dos partes: La primera es una regularización de la mitad de los beduinos que viven en esa comunidad no reconocida, y la segunda supone compensar y evacuar a los demás.
A la derecha no le gustó ese plan de regularización porque significa dar un premio a la construcción ilegal. En la izquierda hubo quienes se opusieron a la evacuación de personas de sus hogares. La hipocresía es un rasgo que atraviesa los diversos campos políticos.
Un Estado respetuoso de la ley tiene la obligación de evacuar a quienes se dedican a la construcción ilegal. Se puede tratar de negociar esos asentamientos, de indemnizarlos pecunariamente y de otro tipo de ideas creativas. Al final, cuando ya no hay soluciones, se tiene que evacuar. Punto. Independientemente de la religión, la raza o el género. Eso se aplica tanto a los colonos que se asientan en tierras privadas y para las construcciones ilegales de los beduinos en el Negev.
Creer que se trataba solamente de un conflicto sobre las tierras y el dinero fue un error, así esta batalla ha terminado estallando en la cara del Estado de Israel.
Hace varios meses me atreví a entrar en una protesta de beduinos contra la ley de regularización. Se agitaron banderas de la OLP y también una de Hamas. Dondequiera que el Estado de Israel está ausente, los miembros de la rama norte del Movimiento Islámico (primos de Hamas) entran en juego.
Los delitos contra la propiedad y la construcción ilegal son sólo un medio de desahogo. El 85% de los beduinos son jóvenes menores de 35 años, su alistamiento en el ejército israelí está disminuyendo cada año, y el Islam radical se está fortaleciendo. El tiempo para tomar una decisión se ha terminado.
En las protestas de este sábado las voces nacionales (partidos árabes e izquierdistas) contra Israel ganaron, y aún siendo una minoría establecieron el tono. Un número significativo de los beduinos están buscando integrarse en el Estado, y estos manifestantes les están causando a ellos y al tejido de las relaciones entre judíos y árabes un daño enorme.
La principal cuestión planteada al gobierno sobre el Plan Prawer es sobre su capacidad para ponerlo en práctica: ¿Los beduinos lo aceptarán? Esa es la pregunta equivocada. La respuesta no es importante. Un estado necesita una política, independientemente de las manifestaciones y de las protestas. El Negev permanece como una prueba para nosotros desde los días de Ben-Gurion y el Estado de Israel no puede permitirse el lujo de fracasar allí.