Monday, December 05, 2016

Otro ataque contra los musulmanes acapara titulares, mientras que el aumento del antisemitismo sigue enterrado, salvo si lo genera la ultra-derecha


La joven musulmana acosada

 El New York Daily News escribió sobre un ataque contra unos musulmanes en el metro:
Los usuarios del metro se limitaron a observar como tres hombres blancos ebrios gritaban repetidamente "Donald Trump" y lanzaron insultos anti-Islam contra una estudiante musulmana del Baruch College, antes de intentar quitarle su hijab en un vagón de metro del East Side, le comentó la mujer a Daily News.
El documento detalla las acusaciones de la joven musulmana durante más de 20 párrafos, y luego cita a un funcionario musulmán que denuncia el aumento de los ataques de sesgo antimusulman tras la elección de Donald Trump:
El incidente es uno más en una larga lista de crímenes de prejuicio en toda la ciudad desde la elección de Trump. Los policías dijeron que desde el 8 de noviembre hasta el 27 de noviembre, hubo 34 incidentes reportados en comparación con 13 en el mismo período en 2015.  
Los musulmanes americanos, y en particular los hombres y mujeres que llevan vestimenta religiosa, están siendo cada vez más el blanco del odio en todo el país a raíz de la elección de Trump" dijo Afaf Nasher, director ejecutivo de la sucursal en Nueva York del Consejo de las Relaciones Estadounidenses-Islámicas.
El último párrafo del artículo da detalles sobre estos incidentes 34:
De los 34 incidentes entre el día de las elecciones y el 27 de noviembre, 18 han sido de naturaleza antisemita, en comparación con cinco en el mismo período del año pasado; 5 han sido anti-gay; otras 5 anti-blancos; 2 dirigidos contra los musulmanes y 1 anti-negro. 
Recopilemos:

18 incidentes antisemitas. Más que cualquier otro incidente de sesgo y de prejucio combinados.

2 incidentes antimusulmanes.

Sin embargo, 25 párrafos sobre la islamofobia y ninguno sobre el odio a los judíos

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Saturday, November 26, 2016

Las organizaciones judías americanas que luchan contra el antisemitismo se alían con los activistas anti-Israel (y en muchos casos con la izquierda antisemita) contra el antisemitismo de los seguidores de Trump - Daniel Greenfield - FrontPage



La historia que están vendiendo los medios de comunicación es que el triunfo de Trump ha desatado el antisemitismo de la derecha. Pero en su lugar, se está desatando el antisemitismo de la izquierda. A partir de la elevación de Keith Ellison a la cabeza de la DNC (dirección del partido Demócrata), a pesar de su inevitable historial de antisemitismo (ex miembro de la Nación del Islam), la incorporación de la organización islamista y anti-Israel CAIR, el ISNA y otros grupos con antecedentes de apoyar al terrorismo antisemita, el ambiente en la izquierda cada vez se está volviendo más desagradable.

Igualmente preocupante es la forma en que el odio anti-israelí se está integrando dentro de la comunidad judía bajo la apariencia de integrar un frente colectivo para oponerse a Trump. Los grupos que toman la iniciativa en estas protestas son algunas de las organizaciones más anti-Israel que existen, incluyendo JVP e If not Now.

Desde el principio se están camuflando ataques contra los grupos centristas pro-Israel, como AIPAC y ZOA, en las manifestaciones contra Trump. Pero su agenda real no es la oposición a Trump, sino al Estado judío.

Y muchos grupos judíos del establishment del judaísmo americano que dicen ser pro-Israel se han demostrado demasiado dispuestos a incorporar a grupos anti-Israel completamente hostiles a Israel, para poder llevar a cabo sus eventos anti-Trump.

Dada la opción entre apoyar a Israel y oponerse a Trump, han dejadas claras sus prioridades. Ellos han optado por atacar a Trump y dar ayuda y consuelo a aquellos que trabajan contra el Estado judío.

El ADL (La Liga anti-difamación) se ha convertido en una de las voces más fuertes contra Trump. Pero mientras la primera organización judía de los derechos civiles afirma que está protegiendo a los valores judíos, la realidad es que se está asociando con radicales oponentes al Estado judío. Su nueva campaña contra Trump está normalizando a las organizaciones que son profundamente hostiles a Israel.

Mientras que los titulares de los eventos del ADL rara vez mencionan su participación, detrás de la última y ostentosa conferencia comprometiéndose a luchar contra el "odio" están esos grupos que odian y luchan contra los derechos de los judíos a vivir en Israel.

En un día frío en Boston, la Liga Anti-Difamación de Nueva Inglaterra lanzó su rally "Massachusetts habla en contra de odio". Los principales funcionarios políticos de Boston estuvieron presentes. Entre los socios de ADL estaban Greater Boston CCM y la JCRC, junto con grupos radicales de izquierda y J Street.

En la ciudad de Nueva York, la ADL convocó lo que anuncia como una cumbre inaugural sobre el antisemitismo. Su título y su hashtag, fue #NeverisNow. Se prometían "sesiones interactivas sobre los retos que plantea hoy en día el antisemitismo". Pero en su lugar, se proporcionó una plataforma para que los oponentes de Israel vomitaran su odio por el Estado judío.

La estrella de #NeverisNow fue director general de la Fundación Ford, Darren Walker. La Fundación Ford no sólo financia buena parte de las Ong's de la izquierda proxímas al antisemitismo, sino que respalda a Black Live Matter y financia a varios grupos anti-Israel inclusive en Israel.

Pero fue aún peor.

En lugar de rechazar totalmente y completamente la deslegitimación de Israel, la ADL aceptó que se planteara como una opción. En el panel "¿Es la deslegitimación de Israel igual a antisemitismo?", participaron activistas anti-Israel que denunciaron la "ocupación" israelí y sostuvieron que los judíos tenían que dejar de considerar que los ataques virulentos y sesgados contra Israel debían equipararse al antisemitismo, También defendieron las tácticas del BDS contra las acusaciones de antisemitismo y se criticó a la comunidad judía por su respaldo a la legislación opuesta al BDS.

Mientras que al antisemitismo de la izquierda se le puede dar el beneficio de la duda, se denunció a expertos en contraterrorismo que han trabajado para proteger a Israel y a los judíos de los terroristas musulmanes.

La ADL también escogió alguno de sus lemas, insistiendo en que "en el movimiento BDS hay algunos malos actores, pero tenemos que escuchar con atención a las personas atraídas por esa ideología y pensar en las formas de interactuar con ellos de manera productiva".

Ese había sido el mensaje del actual líder de la ADL, Greenblatt, en el pasado. Mientras se denuncia a Trump y al antisemitismo de algunos de sus seguidores, la ADL se dedica a normalizar el antisemitismo procedente de la izquierda, reduciéndolo al mínimo y luego insistiendo en mantener el diálogo con sus autores.

Y todo esto ocurría en una conferencia supuestamente celebrada para luchar contra el antisemitismo.

La ADL ha optado por un consenso anti-Trump que trata de erosionar el consenso a favor de Israel. Se extiende la paranoia alarmista acerca de la amenaza de Trump a los judíos, mientras que a la vez se proporciona una plataforma para los oponentes y críticos de Israel. En lugar de abordar el antisemitismo, la ADL parece preferir luchar con aquellos que están contra Israel y contra los judíos pro-Israel.

(...)

Mientras que los donantes de la ADL están seguros de que la organización todavía está luchando contra el antisemitismo, en la organización se opta por la retórica de la normalización con las organizaciones anti-Israel. Todo lo que tenían que ofrecer era la misma tibia mitología de los musulmanes como súper-victimas, en el que los musulmanes se dice que son los nuevos judíos. Mientras tanto, el antisemitismo musulmán contra los judíos y el Estado judío se desarrolla.

El creciente antisemitismo de la izquierda había creado un dilema para la ADL, atrapada entre su misión declarada y su deseo de estar con la izquierda. La llegada de Trump ha vuelto muy útil a una organización que parecía cada vez más inútil presa de dicho dilema, la cual es capaz de recaudar fondos para luchar contra el antisemitismo mientras se permite ignorar el antisemitismo de la izquierda y musulmán.

El ADL se jacta de un aumento masivo de las donaciones. Eso es bueno para los ejecutivos del ADL. Sin embargo, aunque sus jefes se den palmaditas en la espalda por su rentable alamismo, sus aliados de la izquierda e islámicos siguen dañando al Estado judío y a los judíos. Y así el alarmismo anti-Trump de la ADL es un herramienta perfecta en las manos de la izquierda anti-Israel porque permite que los antisemitas de la izquierda se reinventen a sí mismos como luchadores contra el antisemitismo, dándoles una plataforma y una voz.

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En el antisemitismo, Trump no puede ir por detrás - Shmuel Rosner



El presidente electo Donald Trump no es un antisemita. La gente alrededor de él - eso considero, con buenas razones - no es antisemita. Al menos la mayoría de ellos no lo son. O no tienen la intención de serlo. Si algunos de ellos albergan ciertos prejuicios, si algunos de ellos, incluido el propio Trump, tienden a generalizar acerca de los judíos con formas que nos parecen apropiadas, no es con intenciones maliciosas. Trump parece pensar que los judíos son buenos para hacer dinero. Él piensa que es un cumplido. Nosotros creemos, por experiencia, que no lo es. Es probable que él no entienda por qué alguien puede sentirse ofendido al ser descrito como bueno para hacer dinero. Hay que tener en cuenta que a veces un cumplido, que se expresa como un cumplido, no es un insulto.

El presidente electo Donald Trump también es un novato con una piel fina en la arena política. Su lenguaje es desenvuelto, su postura desenfadada. Arremete contra sus rivales políticos y no se ralentiza ante las señales de stop. Siguió llamando a Hillary Clinton la "deshonesta Hillary" durante la temporada de elecciones. Fue desagradable, pero acabó ganando, Trump ya no quiere ser desagradable con Clinton. Él ahora no busca ninguna investigación o persecución, ahora cree que Hillary Clinton ha sufrido bastante. ¿Esto hace de él un hombre amable? Apenas. ¿Justifica sus maneras contundentes durante la campaña? No es así. Pero sí nos dice algo sobre el hombre: sus ladridos no siempre se convierten en mordeduras.

El antisemitismo es un asunto serio. Potencialmente podría conducir - como lo ha hecho en el pasado - a consecuencias terribles. Las acusaciones de antisemitismo son un asunto serio. Usar la etiqueta de AS (antisemitismo) con un presidente de los Estados Unidos, o con sus asesores de alto nivel, es algo que debe hacerse con cautela, de mala gana, con moderación. Especialmente porque cuando no resuelve ningún problema, sólo sirve para alienarse a la gente. Además llamar al presidente de los Estados Unidos y a sus asesores antisemitas, permite ganar puntos políticos, reunir a las propias tropas con fines políticos, aumentar la recaudación de fondos y llamar la atención de los medios de comunicación, pero es peligroso e irresponsable. No me gustó cuando un determinado miembro del Congreso me dijo días antes de las elecciones que Trump era un antisemita ("No puedo creerle aun teniendo a su hija. Se puede tener una hija judía y todavía albergar sentimientos antisemitas"). No creo que sea prudente llamar a Steven Bannon un antisemita basándose en un comentario insensible que realizó (suponiendo que lo hiciera), según su ex mujer, sobre los "judíos refunfuñadores".

Escucho a mí alrededor como los judíos - los judíos de América - juzgan rápidamente y utilizan de manera muy suelta la retórica anti antisemita en estos últimos días. Una mujer me preguntó la semana pasada lo que Israel haría si Trump "nos hiciera llevar la estrella amarilla". Un hombre acusó a un diplomático israelí con el que hablé de "hacer negocios con el diablo” porque Israel deberá tratar con la nueva administración Trump. Las referencias a la década de 1930, a Alemania, a la novela “La conjura contra América”, se escriben y se escuchan en toda la comunidad judía. David Suissa tiene razón: es el momento de ir en contra de la histeria. Rob Eshman tiene razón: es demasiado pronto para pensar que la victoria de Trump es el apocalipsis.

Me resulta muy curioso que muchas de las personas que actualmente están gritando sobre las supuestas tendencias antisemitas de Trump son las mismas personas que se apresuraron a condenar al primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, cuando utilizó la acusación de antisemita contra Irán. Lo condenaron gravemente por comparar al actual Irán contra la Alemania de 1938. Nos dijeron que esto era alarmismo. Nos dijeron que eran bravatas y tonterías. Me resulta muy curioso que muchas de las personas que actualmente están emitiendo similares advertencias sobre los supuestos sentimientos de Trump, me explicaban a mí no hace mucho tiempo que Israel debería ser más cuidadoso cuando argumentaba que ser anti-Israel no es muy diferente de ser antisemita. Las mismas personas que se mostraban muy impacientes con la tendencia de Israel a ver antisemitas detrás de cada esquina, ahora mismo los ven detrás de cada árbol. Las mismas personas que pensaban que Irán no justificaba la comparación nazi - negar el holocausto, buscar su borrado del mapa, el potencial nuclear de Irán - ahora están jugando con una similar comparación con respecto a su presidente democráticamente elegido.

Ellos no deberían seguir haciéndola. El antisemitismo es un asunto serio.

Pero tienen razón para esperar que su presidente - su presidente, les guste o no - lidere la carga contra esos elementos marginales y racistas que ven su victoria como la suya propia, que interpretan su victoria como una licencia para las palabras y para los hechos antisemitas. Trump, en su entrevista con el New York Times, dejó clara su condena de los puntos de vista y los movimientos supremacistas. "No quiero dinamizar esos grupos, y yo les repudio", afirmó. "No es un grupo que quiera dinamizar, y si ya lo están, quiero mirarlos y averiguar por qué".

Bueno, no es suficiente. Investigarlo y averiguar el por qué de su auge, no es suficiente. La lucha contra ellos sería más aconsejable. Tomar las medidas necesarias para domesticarlos sería suficiente. Detenerlos sería suficiente. Es cierto que muchos judíos han estado utilizando la etiqueta de antisemita contra Trump y su gente en los últimos días, pero también es cierto que muchos judíos han visto sus sinagogas o escuelas pintadas con esvásticas en los últimos días. Es cierto que muchos judíos han reaccionado de manera histérica ante el resultado de las elecciones, pero también es cierto que los incidentes antisemitas se dispararon durante la época de elecciones.

Un presidente de los Estados Unidos no puede ir a remolque. Y cuando lo hace, se verá sometido a muchas críticas, a justificadas críticas. Un presidente de los Estados Unidos no puede liderar el mundo yendo a remolque, y ciertamente no puede ir a remolque cuando hay graves problemas dentro de su propio país. Así pues, la condena inequívoca de Trump de los supremacistas, su negación al llamamiento de la alt-derecha (derecha alternativa), es oportuna y positiva, pero no es satisfactoria. Sabemos que el presidente electo Trump tiene una lengua afilada. La ha usado contra sus rivales políticos. Sin embargo, cuando habla de los intolerantes parece ser más moderado de lo que ha sido siempre. Sabemos que el presidente electo Trump cree en ser duro y agresivo en cuanto a la consecución de los objetivos, sin embargo, con los intolerantes todo lo que quiere hacer es "investigar el asunto", en vez de aplastarlos.

Trump construyó su campaña en la idea de que él no va a ser un pelele, que iba a ser contundente en el esclarecimiento de las realidades que sus rivales evadían. Sugirió que iba a actuar, mientras que sus rivales se dedicarían a hablar. Pues bien, el campo de batalla contra los antisemitas (los y anti-musulmanes, los anti-negros y los anti-inmigrantes) no es lugar para un presidente cobarde. Es el lugar en el Trump podría demostrar que es un tipo duro, evidenciando los muchos posibles beneficios de tener un presidente duro.

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Thursday, November 24, 2016

¿Ha regresado el antisemitismo? - Mordechai Lightstone - Tablet



En la Asamblea General de las Federaciones Judías de Norteamérica celebrada esta semana en Washington, DC, la elección se efectuaba en un ambiente muy espeso, con un trasfondo crudo de miedo que daba lugar a un conocido dicho que se decía a los hijos: "No, no estamos obligados a llevar estrellas amarillas... todavía". Un temor que se manifiesta en artículos y tweets por igual que dibujan paralelos con la Alemania de 1933. De repente, cada esvástica tallada o dibujada en una pared es noticia de primera plana.

El antisemitismo, al parecer, ha regresado.

Pero en lo que a mí respecta, como un hombre hasídico - y por lo tanto un judío muy visible - el antisemitismo nunca se fue.

Para ser claros, mucho de la presidencia de Trump resulta inquietante. Muchos dilemas ocupan un lugar preponderante sobre su experiencia, su temperamento, su tratamiento de las mujeres y su retórica, sobre todo para los miembros de las comunidades latinas y musulmanes. Trump se ha montado en estas elecciones sobre una ola de nacionalismo, miedo y odio. Ha pateado el tronco podrido y ahora todos los bichos han salido hacia la luz del día. Amigos en los medios de comunicación se han enfrentado a comentarios antisemitas de los trolls de la denominada alt-derecha (derecha alternativa).

Es horrible y molesto. Pero mientras estoy profundamente perturbado por la forma en que el antisemitismo ha mostrado su oscura cara, no me sorprende. Trump no inventó el antisemitismo. Ni siquiera lo ha revivido. Él simplemente lo hizo más visible para aquellos que normalmente no lo encuentran cuando estaba ahí.

Asumo mi identidad judía con orgullo. Tengo una buena barba y llevo un sombrero negro y un traje oscuro. Sin embargo, incluso en Brooklyn, la gente siempre ha dicho cosas desagradables de mí y de otras personas que se parecían a mí. Algunos niños me han gritado "Heil Hitler" en Eastern Parkway y adolescentes me han tirado botellas de vidrio en la avenida Bedford. En la víspera de Yom Kippur, me han avasallado manifestantes anti-kapparot, me han achuchado perros en Gothamis, se han manifestado contra nosotros en Crown Heights llevando signos que nos comparaban con Hitler, nos han gritado obscenidades, y niños y padres nos gritaron que íbamos a morir.

La semana pasada tomé una fotografía de una pintada de una esvástica en Crown Heights y la publiqué en Twitter. Se retuiteó al instante, fue citada, y fue comentada por expertos en medios de todo el país. Buzzfeed lo añadió en su lista actualizada de los "28 incidentes racistas y violentos informados después de la victoria de Donald Trump". La oficina del Alcalde tuiteó una condena de la esvástica. Todo esto resultó a lo grande, por lo menos tan grande como lo que uno puede pensar de una respuesta a una esvástica, pero me pregunto qué ha cambiado ahora.

Hace dos años y medio, yo estaba caminando con mis hijos durante la mañana del Shabbat y vi svásticas pintadas en una pared de Crown Heights, junto con el mensaje de que "Todos los judíos me podéis comer la polla". Las noticias locales lo recogieron, pero la oficina del Alcalde no retuiteó esa imagen. Tampoco vi condenas procedentes de San Francisco, Phoenix, o Moscú, tal como sucedió esta semana.

Así que es bueno que la Liga Anti Difamación haya tomado una posición en contra de un dibujo donde invita a matar a un hombre judío. Pero todavía pienso en cómo los alborotadores, en 1991, nos lanzaron piedras en 770 Eastern Parkway, rompiendo las ventanas de las casas judías, y gritaron "Heil Hitler" en Crown Heights, Y como la ADL calificó esos actos como un "asunto local".

Así que a medida que avanzamos hacia ese gran desconocido, creo que es fundamental que nos enfrentemos realmente al antisemitismo en todas sus formas. No es válido "despertar" ante el antisemitismo que nos rodea solamente cuando nos resulta conveniente detectar sus síntomas, pues supone ignorar su raíz fundamental. Ya se trate de la extrema derecha o de la izquierda, el odio con su rostro grotesco está tallado de ignorancia y oscuridad. Desde la comunidad hasídica hace tiempo que hemos aprendido que la mejor manera de enfrentarnos a la oscuridad es trascenderla: encender una cerilla y traer luz al mundo que nos rodea.

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Sunday, November 20, 2016

Muy recomendable: Sobre el antisemitismo, simplemente Trump no puede ir por detrás (a remolque) - Shmuel Rosner



El presidente electo de Donald Trump no es un antisemita. Las personas alrededor de él - lo supongo, con buena razón - no son antisemitas. Al menos la mayoría de ellos no lo son. O no tienen la intención de serlo. Si algunos de ellos albergan ciertos prejuicios, si algunos de ellos, incluido el propio Trump, tienden a generalizar acerca de los judíos de una manera no apropiada - no es con intenciones maliciosas. Trump parece pensar que judíos son buenos con el dinero. Él piensa que es un cumplido. Nosotros pensamos que no lo es. Es probable que él no entienda por qué alguien puede sentirse ofendido al ser descrito como bueno haciendo dinero. Hay que tener en cuenta que a veces un cumplido debe entenderse como un cumplido, no como un insulto.

El presidente electo Donald Trump también es un novato de piel fina en la arena política. Su lengua es muy suelta, su postura es descarada. Él arremete contra sus rivales políticos, y no se ralentiza ante las señales de stop. Siguió llamando a Hillary Clinton la "retorcida Hillary" durante la época de las elecciones. Fue bastante desagradable, pero habiendo ganado, Trump ya no quiere ser desagradable con Clinton. Él ya no busca emprender ninguna investigación o persecución, ahora cree que Hillary Clinton ya ha sufrido bastante. ¿Esto hace de él un hombre amable? Apenas. ¿Justifica sus formas contundentes y descaradas durante la campaña? No. Pero sí nos dice algo sobre el hombre: sus ladridos no siempre se convierten en mordeduras.

El antisemitismo es un asunto serio. Potencialmente puede conducir - como ya lo ha hecho en el pasado - a consecuencias terribles. Las acusaciones de antisemitismo son un asunto serio. Utilizar la etiqueta de AS (antisemita) con un presidente de los Estados Unidos, o con sus asesores de alto nivel, es algo que debe hacerse con cautela, de mala gana, con moderación. Especialmente porque cuando no resuelve ningún problema, sólo sirve para alienarse a la gente. También, llamando al presidente de los Estados Unidos y a sus asesores antisemitas, se pueden ganarse puntos políticos, se reune a la tropa afecta con fines políticos, se aumenta la recaudación de fondos y se llama la atención de los medios de comunicación, pero también es peligroso e irresponsable.

No me gustó cuando un determinado miembro del Congreso me dijo días antes de las elecciones que Trump era un antisemita ( "No creo lo que me dice, no se puede tener una hija judía y todavía albergar sentimientos antisemitas"). Tampoco creo que sea prudente llamar a Steven Bannon un antisemita basándose en un comentario insensible que realizó (suponiendo que lo hiciera), de acuerdo con lo que dijo su ex mujer, sobre "esos judíos refunfuñadores".

Escucho a mi alrededor a judíos - a los judíos de América - utilizando y jugando muy rápidamente, y de manera muy suelta, con la retórica anti antisemita en los últimos días. Una mujer me preguntó la semana pasada que Israel haría si Trump "nos hiciera llevar la estrella amarilla".  Un hombre acusó a un diplomático israelí con el que hablé de "hacer negocios con el diablo" por la posible relación de Israel con la nueva administración Trump. Las referencias a la década de 1930, a Alemania, a la novela La conjura contra América, se escriben y se escuchan por toda la comunidad judía. David Suissa tiene razón: es el momento de marchar en contra de la histeria. Rob Eshman tiene razón: es demasiado pronto para pensar que la victoria de Trump es el apocalipsis.

Me resulta curioso que muchas de las personas que actualmente están gritando sobre las supuestas tendencias antisemitas de Trump son las mismas personas que se apresuraron a condenar al primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, cuando utilizó la acusación de antisemita contra Irán. Lo condenaron gravamente por comparar al actual Irán contra la Alemania de 1938. Nos dijeron que esto era alarmismo. Nos dijeron que eran bravatas y tonterías. Me resulta muy curioso que muchas de las personas que actualmente están emitiendo similares advertencias sobre los supuestos sentimientos de Trump, me explicaban a mí no hace mucho tiempo que Israel debería ser más cuidadoso cuando argumentaba que ser anti-Israel no es muy diferente de ser antisemita. Las mismas personas que se mostraban muy impacientes con la tendencia de Israel a ver antisemitas detrás de cada esquina, ahora mismo los ven detrás de cada árbol. Las mismas personas que pensaban que Irán no justificaba la comparación nazi - negar el holocausto, buscar su borrado del mapa, el potencial nuclear de Irán - ahora están jugando con una similar comparación con respecto a su presidente democráticamente elegido.

Ellos no deberían seguir haciéndola. El antisemitismo es un asunto serio.

Pero tienen razón para esperar que su presidente - su presidente, les guste o no - lidere la carga contra esos elementos marginales y racistas que ven su victoria como la suya propia, que interpretan su victoria como una licencia para las palabras y para los hechos antisemitas. Trump, en su entrevista con el New York Times, dejó clara su condena de los puntos de vista y los movimientos supremacistas. "No quiero dinamizar esos grupos, y yo les repudio", afirmó. "No es un grupo que quiera dinamizar, y si ya lo están, quiero investigarlo y averiguar por qué".

Bueno, no es suficiente. Investigarlo y averiguar el por qué de su auge, no es suficiente. La lucha contra ellos sería más aconsejable. Tomar las medidas necesarias para domesticarlos sería suficiente. Detenerlos sería suficiente. Es cierto que muchos judíos han estado utilizando la etiqueta de antisemita contra Trump y su gente en los últimos días, pero también es cierto que muchos judíos han visto sus sinagogas o escuelas pintadas con esvásticas en los últimos días. Es cierto que muchos judíos han reaccionado de manera histérica ante el resultado de las elecciones, pero también es cierto que los incidentes antisemitas se dispararon durante la época de elecciones.

Un presidente de los Estados Unidos no puede ir a remolque. Y cuando lo hace, se verá sometido a muchas críticas, a justificadas críticas. Un presidente de los Estados Unidos no puede liderar el mundo yendo a remolque, y ciertamente no puede ir a remolque cuando hay graves problemas dentro de su propio país. Así pues, la condena inequívoca de Trump de los supremacistas, su negación al llamamiento de la alt-derecha (derecha alternativa), es oportuna y positiva, pero no es satisfactoria. Sabemos que el presidente electo Trump tiene una lengua afilada. La ha usado contra sus rivales políticos. Sin embargo, cuando habla de los intolerantes parece ser más moderado de lo que ha sido siempre. Sabemos que el presidente electo Trump cree en ser duro y agresivo en cuanto a la consecución de los objetivos, sin embargo, con los intolerantes todo lo que quiere hacer es "investigar el asunto", en vez de aplastarlos.

Trump construyó su campaña en la idea de que él no va a ser un pelele, que iba a ser contundente en el esclarecimiento de las realidades que sus rivales evadían. Sugirió que iba a actuar, mientras que sus rivales se dedicarían a hablar. Pues bien, el campo de batalla contra los antisemitas (y los anti-musulmanes, anti-negros y anti-inmigrantes) no es lugar para un presidente cobarde. Es el lugar en el Trump podría demostrar que es un tipo duro, evidenciando los muchos posibles beneficios de tener un presidente duro.

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Sólo a causa de Trump los medias liberales se preocupan repentinamente por el antisemitismo - Bethany Mandel - Federalist



Tal vez sea porque sea una escritora judía que ha sido objeto de una gran cantidad de antisemitismo este año, he observado este nuevo fenómeno con gran interés: de repente, el año 2016 se ha convertido en el año en el que los medias y un buen número de liberales han descubierto la existencia continuada del antisemitismo, y han comenzado a condenarlo en voz alta.

Para el resto de nosotros judíos, especialmente del lado conservador de la nave, ha resultado un tanto divertido ver como decenas de periodistas hablan casi sin aliento de historias de antisemitismo que, con razón o sin ella, han percibido solamente en la campaña y en los seguidores de Trump durante el último año.

El creciente interés por el antisemitismo ha confirmado, por supuesto, el hecho de que el supuesto delincuente y sus seguidores tienen una D mayúscula, de derechas, detrás de sus nombres. Sin embargo, ¿los medios de comunicación se habrían mostrado tan preocupados por un brote de odio semejante si hubiera procedido de la campaña demócrata? Teniendo en cuenta la inclinación de estos medias por los demócratas, no resulta extraño que hubieran advertido contra una "guerra contra las mujeres" en el 2012, mientras todavía elogiaban a Ted Kennedy, un conocido senador demócrata que mató en un accidente a una mujer y la abandonó en 1969. Sin duda sería una buena idea apostar a que estos sesgados partidarios habrían ignorada a toda prisa una campaña semejante si hubiera implicado a un partido diferente.

Ahora que la elección ha terminado y Donald Trump ha ganado, es una incógnita si sus partidarios antisemitas de la “derecha alternativa” desaparecerán de nuevo por el agujero del ejército de trolls rusos de los que procedían, o si su hijo Donald Trump Jr. continua publicando memes supremacistas blancos. Incluso si estos elementos no desaparecen y prosigue el continuado silencio de Trump acerca de su presencia, el peligro de una aceptación pasiva del antisemitismo por parte de Trump no puede ser ignorado.

¿Y ahora qué? ¿Eso significa que el antisemitismo sólo existe en una pequeña burbuja y dentro de la Casa Blanca de Trump? Ya en los días siguientes a la elección de Trump, los medios de comunicación informaron algo histéricamente sobre un graffiti en el sur de Filadelfia (no exactamente el país de Trump) en un escaparate. Si los medios de comunicación nacionales hubieran prestado tanta atención a incidentes semejantes antes de esta semana, podíamos haber sabido que la publicación de mensajes antisemitas no es nada nuevo en este país.

Quizás entonces el cementerio judío de Westchester, Nueva York, desecrado sólo un mes más tarde, podría haber llegado a las noticias nacionales y no solo a los noticias locales. En respuesta a esta observación en Twitter, un rabino amigo que vive en Brooklyn me comentó: "Tienes razón. Las esvásticas aparecen literalmente todo el tiempo. Hablo de rabinos que han tenido sus propiedades repletas de esos mensajes con bastante regularidad desde hace años".

A pesar del enfoque puesto por los medias desde el 11-S en los incidentes islamófobos y en el miedo a ellos, la mayor manifestación de crímenes de odio en los Estados Unidos en 2014 (y en años anteriores) tenía como objetivo a los judíos, mucho antes de que Trump y la “derecha alternativa” entraran en escena. El informe del FBI sobre crímenes de odio lo confirma: "Un número significativo de los crímenes de odio contra los judíos - 451 casos - consistió en vandalismo o algún otro tipo de daños a la propiedad". Eso no quiere decir que la desfiguración antisemita no sea preocupante, pero es importante tener en cuenta que existía antes de Trump y que debería haberse tomado en serio antes de su nominación y elección.

Los medias, los reporteros y los columnistas liberales pueden no haber sido conscientes del antisemitismo antes de la presencia Trump, pero si desean tener alguna esperanza de recuperar su legitimidad después de las elecciones, tenían que haber caído en la cuenta. Una sugerencia para estos periodistas que ahora acaban de descubrir el fenómeno del antisemitismo moderno: traten de tomar el pulso del campus universitario americano, donde el antisemitismo no es sólo una moneda corriente, sino que también se extiende rápidamente. La semana de la elección, The Tower informó sobre sus orígenes:
Los informes sobre incidentes antisemitas en los campus universitarios han crecido, y se relacionan con la presencia de grupos que defienden el boicot de Israel, según ha demostrado un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Brandeis. 
El informe realizado por el Maurice and Marilyn Cohen Center for Modern Jewish Studies, encontró que la presencia de la campaña de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) en los campus era un indicador de la actividad antisemita, y que la presencia de Estudiantes por la Justicia en Palestina (SJP) era uno de los indicadores más poderosos de un ambiente hostil para los estudiantes judíos y pro-Israel.
Cuando el senador demócrata Bernie Sanders estaba eligiendo a su equipo, incluyó a un partidario del movimiento BDS para redactar la Plataforma Demócrata y a otra activista del BDS para dirigir su equipo dedicado ”al ámbito judío".

Este sector de la extrema izquierda del Partido Demócrata ha sido alentado por la derrota de Hillary Clinton. Mientras que muchos medias están advirtiendo de un peligroso giro ideológico en el Partido Republicano post-Trump, advertencias similares pueden y también deben realizarse tras la derrota del ala centrista de los demócratas.

Si los reporteros estuvieran más interesados por la cobertura de las noticias internacionales en lugar de las nacionales, también podrían obtener a manos llenas nuevas historias sobre el antisemitismo. La organización no lucrativa Honest Reporting asume la tarea de documentar el enorme sesgo y la gran parcialidad de los medios de comunicación contra Israel. Europa y el Oriente Medio, fuera de Israel, son tan peligrosos para los judíos que ni siquiera es seguro caminar por la calle mientras se lleva una kipá.

París, anteriormente considerada como la ciudad más luminosa dentro del mundo occidental, vio la tortura y el asesinato de un joven judío hace diez años, y la situación sólo ha empeorado aún más, con sinagogas acosadas y museos y tiendas kosher blanco de los terroristas. En este último incidente, el presidente Obama tuvo la audacia de etiquetar al objetivo judío de los terroristas como "aleatorio" mientras hablaba con Vox, una web liberal que ahora de repente se ha mostrado muy preocupada por el antisemitismo.

Muchas autopsias se realizarán sobre los aspectos más molestos de Trump, pero la insistencia de la Casa Blanca de Obama en ignorar el terror que se ha desarrollado ante nuestros ojos, de origen antisemita o no, ha jugado un papel importante. Mientras tanto, los medios de comunicación se resistían a informar de manera crítica acerca de estos comentarios y de las reacciones de horror de los estadounidenses ante ellos.

La victoria de Trump no fue sólo una forma de repudio de Barack Obama, Hillary Clinton y los demócratas, sino de esos medios de comunicación que los apuntalaron durante los últimos ocho años. Si los últimos intentos de volver a ganar una legitimidad no fueran tan sesgados, se habría podido aprender mucho mejor que el antisemitismo no es un fenómeno reciente.

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