Sunday, December 26, 2010

A Eamonn se le olvida la respuesta cliché. Nuevo mensaje de Hamas a Israel: Lárgate o muere


Por cierto, observen la rueda de prensa de la jefatura militar de Hamas, con todos los micrófonos en la sala, ¿querrán creer que la prensa progresista del país del buen rollito no ha publicado nada de su contenido?


Eamonn McDonagh, en ZWord, se realiza una serie de preguntas (respuestas) existenciales que, sorprendentemente, ignoran la respuesta habitual de las "bellas almas" occidentales para estos casos.

Dice el Haaretz, nada menos (hoy matiza el contenido diciendo que Hamas envía mensajes "contradictorios"):
Hamas no descansará hasta que Israel sea expulsado de Palestina, dijo Ahmed al-Jabari. El líder de las Brigadas Izz al-Qassam-Din agregó que Israel tenía dos opciones: abandonar los territorios palestinos o enfrentarse a la muerte. También afirmó que la resistencia de Hamas continuará siempre y cuando los sionistas estén en Palestina.
Y a continuación se pregunta el bueno de Eamonn:

¿Me pregunto cómo los buenos y avergonzados judíos (a causa de las acciones y de lo que es Israel, por supuesto) y sus compañeros de viaje van a digirir esta declaración? ¿Sería un grito de desesperación y una petición de ayuda por parte de un grupo de liberación socialmente progresista cruelmente ignorada por el mundo (occidental, se supone? ¿Una respuesta natural a la (¿injusta e insólita?) pretensión de los judíos de tener su propio país? ¿Una generosa oferta de paz asquerosamente manipulada y distorsionada por la maquinaría propagandística sio-nazi?

Bien, algo de eso hay. Pero yo creo que preferirían utilizar la alegación de que se trata de "un exceso retórico" propio del discurso en el mundo árabe, y por lo tanto disculpable (algo que no sería disculpable en el caso de que fuera de alguien de Israel, pues entonces sería racista y genocida).

Ya saben como les gusta por allí los discursos "cargaditos", pero nosotros, las "bellas almas" occidentales, debemos conservar la calma y diferenciar la "paja del grano". De hecho, sólo atendemos lo que nos dicen en inglés, lo que digan en árabe... ¿a quién le interesa?

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Thursday, November 20, 2008

Meridianamente claro - ZWord



Leyendo un post de ZWord dedicado a una recensión de un libro sobre el antisemitismo actual, me encuentro entre los comentarios una respuesta lo suficientemente contundente como para reflejarla aquí.

El tema comienza con unas críticas al contenido de la mencionada recensión, que por otro lado no es enteramente negativa. El autor del post afirma, con motivo de la relación entre el antisionismo y el antisemitismo, y contestando a las alegaciones de que también existió inicialmente una oposición a la idea de un estado judío por parte de judíos ortodoxos y marxistas:

"La idea de que la oposición a la existencia de Israel no puede ser clasificada como antisemita no resiste ni un poco una reflexión medianamente seria".

Y aquí se desencadena el diálogo entre "David" y "shriber":

- David:

Qué tontería,

"La idea de que la oposición a la existencia de Israel no puede ser clasificada como antisemita no resiste ni un poco una reflexión medianamente seria".

Por supuesto [que sí], "los adherentes al judaísmo ortodoxo tenían sus opiniones ... y desde luego tenían algún tipo de peso especial. Se basaban PRECISAMENTE en su judaísmo, en su Torah y en la tradición judía que se oponía a ello. Si estas no eran opiniones de peso, entonces no sé cuales pueden ser".

¿Entonces, los miembros del Bund (N.P: partido judío marxista, con gran predicamento en Polonia, Lituania y la Rusia Blanca, de expresión fundamentalmente yiddish, y favorable a una mera autonomía cultural dentro de los países de la diáspora, preferentemente en sociedades socialistas), los judíos ortodoxos, y el resto de los que pensaban que un estado judío era una mala idea, acaso eran todos antisemitas? ¿y usted piensa que esa es una reflexión seria?

- Shriber:

"¿Entonces, los miembros del Bund, los judíos ortodoxos, y el resto de los que pensaban que un estado judío era una mala idea, acaso eran todos antisemitas? ¿y usted piensa que esa es una reflexión seria?"

Sí, David, lo es, ¿y es que acaso las proposiciones del Bund eran serias?

¿Dónde está ahora el Bund yiddista? ¿O la mayor parte de los judíos ortodoxos de antes de la guerra, David?

Vengo de una familia de bundistas por parte de padre, así que sé algo al respecto. (Mi familia materna provenía de una familia ortodoxa, como la mayoría de los judíos de Polonia).

Para aquellos que no están familiarizados con su historia, la mayoría de los miembros del Bund en la Europa oriental se convirtieron en humo durante el Holocausto. El resto de los bundistas yiddistas que tuvieron la suerte (o la mala suerte) de vivir en el sector soviético, acabaron siendo perseguidos por los soviéticos.

Mi padre, como la mayoría de los supervivientes, se convirtió en un bundista pro-sionista.

David no parece entender que alguien que, en un momento dado, piensa que algo es una buena o mala idea, pueda posteriormente volverse atrás en sus opiniones, ya que la historia y la vida cambian la forma de pensar de la gente.

Ahora bien, no todos los judíos ortodoxos eran antisionistas. Lo que sí fueron todos fue antimodernistas.

Si David acepta el antisionismo ortodoxo como una expresión válida de su pensamiento social, ¿también debería aceptar el resto de sus creencias como normas sociales a emular?

Esto último no se suele reivindicar tanto.

En resumen, un judío ortodoxo que se dice antisionista no es antisemita, sino anti-moderno (es decir anti-democrático, y "anti todo" lo que conlleve la modernidad). Además, su antisionismo es sólo la expresión de su lucha contra un sionismo fundamentalmente secular: y que no deja lugar a sus creencias religiosas de una restauración de Sión [N.P: por medio del Mesías, claro esta, es decir, el sionismo acelera y logra "secularmente" dicho proceso, lo que para ellos estaba prohibido]. El judío ortodoxo sólo desea que venga el Mesías para tener con él su Merkavah mágica [N.P: alusión a una de las primeras corrientes místicas del judaísmo, la mística de la Merkavah o del Carro, basada en la visión de Ezequiel siendo transportado al cielo mediante un carro de fuego].

Los izquierdistas de hoy en día (y hago hincapié en lo de "hoy"), tanto si son judíos como si no lo son, son antisionistas antisemitas, y esto se debe a que defienden ideas antagónicas, no sólo a la existencia de un estado judío, sino de cualquier expresión social de la identidad judía. El objetivo de la izquierda antisionista es la asimilación, es decir, la desaparición del judaísmo y de los judíos como tales.

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Friday, August 01, 2008

Desentrañando al judío antisionista contemporáneo: La Moralidad de la Vanidad, I Parte - Anthony Julius - ZWord



Siempre existieron diferentes motivaciones dentro de las “objeciones judías al sionismo”. Se han considerado como evidentes, por ejemplo, las formuladas por los judíos dedicados al estudio de la Torah ("la objeción religiosa"), las expresadas por aquellos judíos de la diáspora que se consideraban asimilados a la nación en la que vivían y de la que se sentían ciudadanos ("la objeción patriótica"), y las definidas por aquellos judíos adeptos a diversos proyectos de emancipación universal, ya sea frente al capitalismo ("la objeción izquierdista"), y/o frente a todo particularismo étnico o religioso ("la objeción liberal").

En el período previo a 1948, cada una de estas objeciones tuvo mucha relevancia:

- La objeción religiosa existió tanto dentro de los grupos ortodoxos como en los afines al judaísmo reformista o a las versiones liberales.

- La objeción patriótica, que a menudo funcionaba conjuntamente con la religiosa, fue asumida por partes sustanciales de las comunidades judías en la mayoría de las naciones de la Europa Occidental y de los Estados Unidos. En efecto, la antipatía hacía el sionismo fue uno de las pocos posicionamientos, según Michael B. Oren, alrededor del cual y a principios de los años 1900, podían estar de acuerdo la mayor parte del pueblo judío americano. Mientras tanto, en Alemania, además de una objeción patriótica dominada por el elemento menos reflexivo (N.P.: un mero patriotismo), existió la lealtad propia del "sentido común" de la mayor parte del pueblo judío alemán procedente en gran parte a la profundidad teológica del pensador alemán Herman Cohen (1842-1919).

- La objeción liberal consistió en interpretar el sionismo como una tentativa - más aún, como la última dentro una serie de tentativas similares dentro la historia judía - de distanciar al judío occidental de la cultura occidental.

- Finalmente, la objeción izquierdista fue avanzada durante la III y la IV Internacional, es decir, a través de los sectores estalinistas y trotskistas del movimiento comunista revolucionario.

Todas estas objeciones se debilitaron con el establecimiento del estado judío, no repentinamente, pero sí paulatinamente con el paso del tiempo.

La objeción religiosa tuvo que aceptar la presencia y acomodación dentro del estado judío de partidos religiosos no sionistas; la objeción patriótica desapareció casi completamente cuando los judíos descubrieron que era posible ser a la vez ciudadanos de su propio país y conservar su orgullo por los logros de otro, Israel; por último, la objeción izquierdista tuvo que sufrir ante el espectáculo de los remanentes judíos del Holocausto reconstruyendo sus vidas construyendo un nuevo estado. Asimismo, los no sionistas, pero tampoco antisionistas, se convirtieron poco a poco en ardientes defensores de la seguridad y del éxito del joven estado, tanto o más que los propios sionistas. Los antisionistas, ante todo ello, tuvieron que esperar la llegada de tiempos más propicios.

Y eso no ocurrió hasta 1967. A finales de los años 1960, por una variedad de motivos, la objeción izquierdista resurgió nuevamente entre los jóvenes judíos pertenecientes a la Nueva Izquierda. Se pensó que era necesario "romper" con el sionismo para así “liberar el potencial revolucionario” de la clase obrera israelí; "una relación dialéctica" comenzó a percibirse entre la lucha contra el sionismo en Israel y la lucha por la revolución social dentro del mundo árabe.

En cambio, las objeciones religiosas y las patrióticas siguieron sin contar demasiado. Hasta que hacia 1989 el proyecto socialista fue prácticamente abandonado y la transformación radical de la sociedad fue considerada imposible. Y fue precisamente en estos momentos cuando surge el antisionismo judío contemporáneo (aunque existieron ejemplos previos de él en ciertas posiciones tomadas por los judíos de la diáspora tras la Guerra del Líbano de 1982).

Mientras las objeciones izquierdistas se marchitaban, la objeción religiosa volvió a reanimarse, aunque en unos términos reformulados radicalmente. Este nuevo antisionismo judío inauguró una “forma de retorno de muchos de estos judíos hacia una especie de identidad judía”. Ya no buscaban como las generaciones anteriores aliviarse del lastre de sus orígenes judíos; ahora pretendían "asumir" nuevamente ese lastre a fin de “cargar” con los judíos a su vez. Por supuesto, fue un retorno condicionado por muchos factores y entre ellos en parte consistió en una respuesta involuntaria a lo que entendían como una falta de sensibilidad por parte de Israel con respecto a la población de origen judío de la Diáspora. Evidentemente, también consistió en un "plus" especialmente considerado dentro de un contexto de activismo pro-palestino y obviamente también era el resultado de un cierto post-izquierdismo que buscaba nuevas lealtades o filiaciones políticas.

La nueva formulación de la objeción religiosa tiene dos aspectos: (1) está enmarcada en términos de "justicia", entendida como un concepto claramente judío. La causa palestina es "justa”; así pues la causa de Israel es "injusta"; (2) se encuadra dentro de unos ámbitos de lealtades universalistas, sobreentendidos como próximos al carácter judío (defensa del judío cosmopolita o universalista). Vamos a desarrollar a continuación estos dos aspectos.

(1) En primero lugar, tenemos la objeción a Israel en nombre de la justicia. Las "Voces judías Independientes" (IJV en adelante), por ejemplo, en una declaración de 2007 se reclamaban como insertos en "la tradición judía de apoyo a las libertades universales, a los derechos humanos y a la justicia social". "Judaísmo", decían, "no significa nada si no significa justicia social". Y el mandato de Moisés a Israel es muy citado: "Justicia, la justicia buscarás" (Deuteronomio 16:20). Esta exhortación realmente es “una brújula o guía que nos dirige hacia toda la humanidad". "Como judío, siento como un deber particular oponerme a la injusticia que sufren los palestinos", decía un signatario de IJV. "Las acciones de Israel traicionan las tradiciones éticas judías", afirma otro grupo favorable a un boicot judío antisionista. No sólo son judíos como los demás; su desacuerdo con respecto a una lealtad al sionismo los convierte en mejores judíos. Ellos restauran el buen nombre del judaísmo, puesto que para ser un buen judío se debe ser antisionista.

El historiador Eric Hobsbawm, por ejemplo, afirmó cuando las IJV vieron la luz: "es importante para los no judíos saber que existen judíos... que no están de acuerdo con el aparente consenso dentro de la comunidad judía de que el único buen judío es aquel que apoya a Israel". Esta respuesta negativa a la hora de "apoyar a Israel" conduce a la siguiente formulación: "Israel es una cosa, el pueblo judío otra". Hasta ahora el sionismo estaba inextricablemente implicado dentro de la identidad judía, pero hoy en día la fidelidad al judaísmo exige que Israel sea criticado y que se produzca un distanciamiento respecto al sionismo. Por ello consideran tan importante como medida de afirmación propia su repudio público del "derecho de retorno", garantizado legislativamente por Israel a todos los judíos.

(2) En segundo lugar, existe la objeción en nombre del universalismo. El proyecto nacional ha degradado el hecho judío “haciéndolo ordinario”. El verdadero judío es el universalista, es ese que paradójicamente ha rechazado toda "la parafernalia de la identidad lingüística, religiosa y nacional". Así pues, el “contenido judío" se convierte en pura subjetividad. La pertenencia a un estado, la nacionalidad, la raza y la pertenencia étnica, todo ello son falsos iconos. Todo "particularismo judío", de cualquier tipo, debe ser rechazado; los judíos no deberían diferenciarse de sus compañeros de estudios, de sus compañeros de trabajo, de sus vecinos; los judíos deberían buscar una "judeidad no encerrada detrás de las paredes de la convicción, sino abierta a las infinitas posibilidades del mañana".

Esa ambición se resume en el lema de Karl Krauss: "!Por la disolución hacia la redención!". Debe ser una "cualidad judía" el no tener "ninguna cualidad en absoluto"; la asimilación supone "una renuncia a esas características”; los judíos sólo deberían diferenciarse por ser “ejemplos de pura humanidad”. Israel supone un “test” respecto a ese compromiso con una identidad cosmopolita. Anteriormente fue una prueba de su patriotismo (israelí y judío); ahora, por contra, debe ser la prueba de su independencia frente a todo tipo de patriotismo, frente a cualquier lealtad que sea inferior a la del indivisible género humano. El único nacionalismo judío aceptable es un extra nacionalismo, el único sionismo aceptable es el que renuncia a una estructura estatal judía. Así, dentro de los principios del IJV, y formulado por uno de sus fundadores, se incluye: "lo primero, los derechos humanos; el rechazo a toda forma de racismo; y dar una prioridad igualitaria a palestinos e israelíes en su búsqueda de un futuro mejor". Éstos son los "principios que unen a la gente de buena voluntad. La lealtad étnica o al grupo, por contra, no son principios, o al menos, no son principios dignos".

Al contrario de Freud, cuya actitud hacia el sionismo fue siempre algo reservada, que afirmó que “nunca había perdido el sentimiento de solidaridad con su pueblo", estos judíos no tienen “favoritos”. Muchos judíos antisionistas no se consideran ligados por una obligación de lealtad a ningún proyecto judío. Y en efecto, no son adeptos a ninguna de sus empresas. Sus vínculos con Israel son como mucho afectivos.

(Continuará...)

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La fórmula de un único estado (binacional): más sofismas - ZWordBlog

Más noticias refrescantes en The Guardian (el periódico que recientemente opinaba que Barack Obama fue "obligado" a visitar Yad Vashem, el Memorial del Holocausto en Jerusalén). Saree Makdisi, un profesor de Literatura Inglesa de la Universidad de California, se supera líricamente en su artículo "la solución de un único estado".

No hay nada particularmente original en los argumentos de Makdisi. Al igual que otros defensores de dicha fórmula, un único estado entre el Mediterráneo y el río Jordán, la presenta como una solución esencialmente liberal. Sólo que en medio del camino hacia esa dichosa solución se halla ese molesto, exclusivista, racista y "apartheista" estado judío.

Sin duda, debo repetirlo nuevamente. En lo que hay insistir simplemente es en esto: los islamistas y los reaccionarios defensores de la fórmula de un "único estado" (Hamás, Hezbolá y el régimen iraní, entre otros) por lo menos tienen la cortesía de dejar en claro que lo que actualmente es Israel se convertirá en un estado Judenrein en el caso de que alcancen su objetivo.

No ocurre lo mismo con Makdisi y los que son como él. En su mundo, Hamas, al parecer no existe, o si finalmente existe, sus intenciones declaradas de aniquilar a los judíos y de construir un estado islámico no deben confundirse de ningún modo con ese proyectado "estado laico y democrático" que cuando se imponga garantizará todos los derechos.

Lo que tenemos aquí es un argumento manifiestamente deshonesto, amplificado al disfrazar suposiciones absurdas como si fueran hechos. Por ejemplo:

- Makdisi dice que Israel está tratando de crear un estado judío "exclusivista". Qué significa esto y de donde lo saca, eso no lo dice. En todo caso, la mayoría de los antisionistas creen que sus premisas son evidentes, y por ello verificables: ¿Quiere eso decir que los judíos tienen los derechos y que los no-judíos no tienen ninguno? ¿Eso es una afirmación verificable? Sí, responde Makdisi, vean la bandera de Israel (por la estrella de David). Sin embargo, conduciéndonos con su misma lógica, países como Noruega, Suiza y Malta son estados cristianos exclusivistas (recuerden la presencia de la cruz). Y Arabia Saudita es un estado musulmán exclusivista. Aunque en este caso no sea necesario tener que mirar la bandera para saberlo.

- Makdisi dice que los que quieran conmemorar el sufrimiento judío a través de la historia pueden hacerlo "correctamente". Esta "consideración" de los defensores de la solución de un “único estado" les delata ante los obscurantistas antes mencionados, los mismos que piensan de otra manera sobre dicho tema.

- Makdisi habla acerca de "Israel y de su metódica desarabización de la población Mizrahi (judía-árabe o judíos de los países árabes) en los años 1950 y 1960". Y eso sí que es una mentira flagrante. La desarabización de esos cientos de miles de Mizrahi fue provocada por los estados (árabes) en los que vivieron. La provocó el despojó de sus propiedades, de su identidad y la limitación de los derechos políticos que tenían en ellos. De vez en cuando, incluso de forma violenta.

Aún así, Makdisi tiene algo de razón cuando sostiene que "la negación, el rechazo y el encarcelamiento siguen su curso". La fórmula de un "único estado" niega los derechos nacionales de los judíos de Israel, rechaza las complejas realidades de la historia judía y convertiría a esa "Palestina laica y democrática" en una prisión para la pequeña minoría de judíos que aún pudiera permanecer en ella.

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