Sunday, June 29, 2014

Los judíos (asquenazis) no son descendientes de los kazaros, afirma un historiador de la Universidad Hebrea - Ofer Aderet - Haaretz



La afirmación de que los judíos asquenazis de hoy son descendientes de los kazaros que se convirtieron en la Edad Media es un mito, según una nueva investigación realizada por un historiador de la Universidad Hebrea.

La tesis kazara ganó prominencia mundial cuando el profesor Shlomo Sand de la Universidad de Tel Aviv publicó "La invención del pueblo judío" en 2008. En ese libro, que se convirtió en un best seller y que fue traducido a varios idiomas, Sand argumentaba que el "pueblo judío" es una invención forjada de mitos y de una "historia" ficticia" que trataba de justificar la propiedad judía de la Tierra de Israel.

Ahora, otro historiador israelí ha desafiado uno de los fundamentos del argumento de Sand: su afirmación de que los judíos asquenazis son descendientes de los habitantes del reino kazaro que, supuestamente, en el siglo VIII se convirtieron en masa al judaísmo bajo instrucciones de su rey. En un artículo publicado este mes en la revista "Estudios Sociales Judíos", el profesor Shaul Stampfer concluyó que no hay evidencia para apoyar esta afirmación.

"Esta conversión, a pesar de que es una historia maravillosa, nunca sucedió", nos dice Stampfer. Stampfer, un experto en la historia judía, analizó el material procedente de diversos campos, pero no encontró ninguna fuente fiable para la afirmación de que los kazaros - un reino multiétnico que incluía a iraníes, turcos, eslavos y circasianos - se convirtieron al judaísmo. "Nunca hubo una conversión al judaísmo de un rey kazaro o de su élite", afirmó. "La conversión de los kazaros al judaísmo es un mito sin fundamento".

Como historiador, se dijo sorprendido al descubrir lo difícil que es "demostrar algo que nunca sucedió. Hasta ahora, la mayor parte de mi investigación se ha dirigido a descubrir o aclarar lo que sucedió en el pasado... Es un reto mucho más difícil probar que algo no sucedió que probar que supuestamente ocurrió. Esto sucede porque la prueba se basa principalmente en la falta de pruebas en lugar de en su presencia, como por ejemplo es un evento sin precedentes la supuesta conversión de todo un reino al judaísmo que no ha merecido ninguna mención en las fuentes contemporáneas a dicho suceso". "El silencio de tantas fuentes sobre el pretendido judaísmo de los kazaros es un hecho muy sospechoso", dijo Stampfer. "Los bizantinos, los Geonim [los líderes religiosos judíos del siglo VI aL siglos XI], los sabios de Egipto, ninguno de ellos tienen una palabra acerca de unos kazaros supuestamente judíos".

Esta investigación terminó ocupándole cuatro años. "Yo pensé que iba a terminar en dos meses, pero descubrí que había una enorme cantidad de trabajo. Tuve que comprobar fuentes que no estaban dentro de mi campo, y he consultado y recibido ayuda de mucha gente".

Stampfer afirmó que su investigación no tenía motivos políticos, aunque reconoce que el tema está políticamente motivado. "Es una cuestión histórica muy interesante, pero tiene implicaciones políticas", dice. "Como historiador, estoy naturalmente preocupado por el mal uso de la historia. Creo que la historia debe ser eliminada de las discusiones políticas, pero cualquier persona que, sin embargo, quiere utilizar la historia, al menos, debe presentar unos hechos correctos. En este caso, los hechos son que los kazaros, según los hechos disponibles, no se convirtieron al judaísmo, y que por lo tanto los judíos asquenazis no pueden ser descendientes de unos hipotéticos judíos kazaros, por lo tanto, los problemas políticos contemporáneos entre los israelíes y los palestinos deben ser tratados sobre la base de la realidad actual, no sobre la base de un pasado ficticio".

Shlomo Sand había unido directamente el tema kazaro al conflicto palestino-israelí. En el Haaretz afirmó en el 2008 que muchos judíos temían que una amplia aceptación de su tesis socavaría su "derecho histórico a la tierra. La revelación de que los judíos (asquenazis) no provienen de Judea [el antiguo Israel], atacaría ostensiblemente la legitimidad de nuestra presencia aquí... Hay un miedo muy profundo de haya dudas sobre nuestro derecho a existir (aquí)".

Stampfer cree que la persistencia del mito de la conversión al judaísmo de los kazaros da fe de la renuencia de ciertos investigadores a abandonar paradigmas familiares. "Los que creyeron esta historia - y son muchos - por lo general no lo hicieron por razones maliciosas", nos dice. "Yo les digo a mis alumnos que la única cosa que quiero que recuerden de mis clases es la necesidad de investigar y cuestionar, para investigar si los argumentos que se escuchan son creíbles, razonables y bien fundados".

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Saturday, March 22, 2014

¿Dónde están todos esos kázaros hoy en día…? - Shaul Stampfer – Jewish Review of Books


"El eslabón perdido de la ascendencia judía europea: Contrastando la hipótesis de su procedencia de la región del Rin y la hipótesis kázara" por Eran Elhaik Genome Biology and Evolution (2013) vol. 5.
El artículo del etnicista Eran Elhaik sobre la ascendencia kázara de los judíos asquenazís promovió un gran revuelo desde el momento en que apareció. La Oxford University Press inmediatamente notificó a la comunidad científica su publicación en la revista Genome Biology and Evolution a través de la web EurekAlert de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia. La historia fue rápidamente recogida por el Science Daily, y no mucho después, Elhaik fue objeto de artículos un tanto precipitados en el Haaretz y el Forward. De acuerdo con la web de Elhaik, su artículo ha sudo discutido en más de 50 webs de noticias y por lo menos en 18 blogs. Es de hecho, ahora mismo, uno de los artículos más leídos que se han publicado en Genome Biology and Evolution. Sin embargo, ha existido poca discusión crítica acerca de él fuera de la comunidad científica.

La mayoría de los historiadores han supuesto que los judíos de Europa del Este son los descendientes de los judíos de Europa Central [N.P.: de la actual Alemania, pero también de las zonas orientales de Francia y del norte de Italia) que se trasladaron hacia el este, en la Edad Media o poco después. En 1976, Arthur Koestler popularizó una hipótesis alternativa. En su libro “La decimotercera tribu”, argumentó que la mayoría de los judíos asquenazíes eran descendientes de los kázaros, un pueblo de Asia Central que gobernó un gran reino en la zona del Cáucaso y el Mar Negro, y al parecer se convirtió al judaísmo en el siglo VIII. Esta hipótesis ha sido adoptada recientemente por Shlomo Sand en un libro titulado “La invención del pueblo judío”. Koestler, uno de los intelectuales públicos más extravagantes y extraordinarios del siglo XX, quería con su argumentación debilitar el antisemitismo existente mediante la demostración de que muchos judíos ni siquiera eran semitas. Sand, por el contrario, un auto-declarado post-sionista que enseña en la Universidad de Tel Aviv, aparentemente parece impulsado por su deseo de demostrar que los asquenazíes israelíes son en realidad unos intrusos en el Oriente Medio.

Los kázaros ciertamente existieron, aunque no se sabe mucho acerca de ellos. Sin embargo, la historia (o el mito) de su conversión al judaísmo ha cautivado la imaginación de generaciones de escritores, desde Yehuda Haleví, cuyo clásico del siglo XII, El Kuzari, es un diálogo filosófico entre un rey kázaro y el rabino que lo convence de la verdad del judaísmo, a Michael Chabon, que pensó en llamar a su libro del 2007 “Caballeros del Camino” como "Judíos con espadas".

Ni Arthur Koestler ni Shlomo Sand basan sus iconoclastas conclusiones, impulsadas por la política, en una investigación seria. Eran Elhaik, sin embargo, es un científico consumado que al parecer ha llegado a la misma conclusión a través de un sofisticado análisis estadístico de los datos genéticos. A su juicio, ellos demuestran que la mayoría de los judíos contemporáneos son descendientes de los kázaros [N.P.: la población judía de Israel está compuesta en un 50% por judíos procedentes de zonas del Levante, del Oriente Medio y del Mediterráneo oriental, es decir, judíos sefardíes, mizrahim y levantinos]. También piensa que ha resuelto un enigma demográfico. ¿Cómo, se pregunta, podemos explicarnos, si no se hace caso de su teoría, "la gran expansión demográfica de los judíos de Europa del Este a partir de las cincuenta mil personas existentes en el siglo XV hasta los ocho millones del siglo XX", especialmente teniendo en cuenta "las severas restricciones económicas, la esclavitud, la asimilación, la peste y otras plagas, las conversiones forzadas y voluntarias, las persecuciones, los secuestros, las violaciones, los exilios, las guerras, las masacres y los pogromos a las que fueron sometidos?”. Volveré a este rompecabezas, pero primero vamos a examinar la solución que defiende Elhaik.

Como era de esperar, el artículo de Elhaik se ha convertido en muy popular entre algunos círculos antisemitas y antisionistas, pero esto no prueba nada acerca de su validez. Sin embargo, las apariciones en los medios de Elhaik dejan en claro que él está lejos de ser un ingenuo en lo referente a la utilización que se ha dado a sus hallazgos. El propio Elhaik ha resumido sus hallazgos con toda claridad en el resumen del artículo:
“La cuestión de la ascendencia judía ha sido objeto de controversia durante más de dos siglos y aún no se ha resuelto. La 'hipótesis renana' (procedencia de Renania) muestra a los judíos de Europa del Este como a una 'población aislada' que emergió de un pequeño grupo de judíos alemanes que emigraron hacia el este y se expandieron rápidamente. Por otra parte, la 'hipótesis kázara' sugiere que esos judíos de la Europa oriental son en realidad descendientes de los kázaros, una amalgama de clanes turcos que se asentó en el Cáucaso en los primeros siglos de nuestra era y que se convirtieron al judaísmo en el siglo VIII. Judíos mesopotámicos (de las actuales regiones persas y turcas orientales), grecorromanos y bizantinos reforzaron continuamente el componente judío de ese imperio kázaro hasta el siglo XIII. Tras el colapso de su imperio, los judeo-kázaros huyeron a Europa del Este. Por lo tanto, el incremento demográfico de los judíos europeos se explica sobre todo por la contribución de los judeo-kázaros. Hemos aplicado una amplia gama de análisis de la genética de las poblaciones para comparar estas dos hipótesis. Nuestros resultados apoyan la hipótesis kázara y retrata el genoma de estos judíos europeos como un mosaico de ascendencias procedentes del Oriente Próximo, el Cáucaso, Europa y ascendencias semíticas”.
Los argumentos de Elhaik no ha quedado sin respuesta. En una revisión detallada de las Actas de la Academia Rusa de la Genealogía del ADN, Anatole A. Klyosov desestimó gran parte de su análisis como meras acrobacias. Sin embargo, dado que este artículo fue publicado en ruso, recibió muy poca atención. Recientemente, al menos dos estudios han llegado a conclusiones similares. Un equipo de científicos dirigido por M. Metsapalu anunció que no ha encontrado "ninguna indicación de una ascendencia genética kázara entre los judíos asquenazíes" (el informe es de próxima aparición). Mientras tanto, otro equipo dirigido por M. Costa argumentó tanto que existe una fuerte evidencia de una mezcla con mujeres europeas en la ascendencia de las mujeres judías asquenazíes, como que no hay evidencia significativa de ascendencia kázara. En su web, Elhaik ha argumentado que ningún informe refuta su tesis. Un tercer equipo, dirigido por Doron Behar, tiene otro informe que sale en la revista Human Biology cuyo título ya anuncia que "no hay pruebas en todo el genoma de datos de un origen kázaro de los judíos asquenazíes". Pero Elhaik, sin duda, mantendrá su posición.

¿Puede un no científico entrar en este debate? Volvamos al artículo de Elhaik, donde se realiza una comparación de los genomas de un grupo de personas, especialmente hombres. "En el conjunto completo de datos", escribe, "figuran 1.287 individuos no relacionados de 8 poblaciones judías y de 74 poblaciones no judías",

Esto suena impresionante, pero no dice nada sobre el número de judíos asquenazíes europeos varones cuyos cromosomas Y son fundamentales para el análisis de Elhaik. Si uno los busca en la  web de Elhaik, resulta que había exactamente "12 judíos asquenazíes" de Europa del Este en el conjunto de sus datos. ¿Pero cuántos de ellos eran varones? Para saberlo, tuve que recurrir al Instituto de Biología Molecular y Celular de la Universidad de Tartu. Resulta que "había 8 hombres en su muestra". Tan pequeña como pueda parecer esta cifra, sin embargo resulta enorme en comparación con el conjunto de datos sobre el ADN de los kázaros.

El problema con la obtención del ADN kázaro estriba en que ningún grupo de la población actual es reconocido como descendiente de los kázaros. Elhaik reconoce esta dificultad y trata de sortearla de manera eficiente. Según él, "los georgianos y armenios del Cáucaso fueron considerados como proto-kázaros, ya que se cree que han surgido de la misma cohorte genética de los kázaros". Basa esta afirmación en "Polak 1951; Dvornik 1962;. Brook 2006".

Esto puede parecer bastante convincente a menos que uno esté familiarizado con los nombres citados y algunos omitidos. Polak y Dvornik fueron estudiosos importantes, pero su trabajo está anticuado pues es de hace medio siglo, mientras que Kevin Brook es un talentoso y entusiasta aficionado de los kázaros, pero no tiene conocimientos de primera mano de los estudios sobre Asia Central.

De hecho, no hay estudios contemporáneos que apoyen la afirmación de que georgianos y armenios sean proto-kázaros. Por otra parte, y en el mismo artículo de Elhaik, en otro lugar se refiere a un estudio realizado por Balanovsky, pero no menciona que éste concluye diciendo que de todos los grupos nacionales de la región del Mar Negro, "los georgianos y los armenios eran los menos propensos a la hora de absorber a poblaciones significativas de otros grupos nacionales". En otras palabras, mientras que había ADN de 8 varones asquenazíes en el estudio de Elhaik, no había en absoluto ADN kázaro. Esto hace que sea un poco difícil llegar a conclusiones significativas acerca de la "ascendencia kázara de los judíos asquenazíes". Los problemas, sin embargo, no terminan ahí

Siguiendo a Koestler (cuya "Decimotercera tribu" Elhaik ha reconocido ante los entrevistadores haber leído de niño), Elhaik también dice que después de la caída del imperio kázaro, "algunos judeo-kázaros fueron dejados atrás, principalmente en la península de Crimea y el Cáucaso, donde formaron los enclaves judíos que han sobrevivido en los tiempos modernos… Los vestigios de la nación kázara se encontrarían entre los judíos montañeses del noreste del Cáucaso”. Desafortunadamente, Koestler no tenía pruebas de ello en absoluto. Pero hay un problema más serio, al menos para el argumento de Elhaik. Si los "judíos montañeses del Cáucaso" son un "vestigio de la nación kázara", ¿por qué molestarse entonces con los georgianos y los armenios? Elhaik podría haberse dirigido directamente hacia esos "descendientes montañeses" y compararlos con los judíos asquenazíes. La única respuesta que puedo ver es que se trata de un caso del temido síndrome académico de la "dolencia de cortar y pegar".

Por desgracia para los lectores de Elhaik, hay más problemas con su investigación. Uno de los métodos de análisis genético que él utilizó se conoce como Análisis de Componentes Principales (PCA). Para los fines presentes, no es necesario describir el método. Lo que es interesante es saber cómo Elhaik lo probó:
Para evaluar la capacidad de nuestro enfoque basado en el PCA de identificar los orígenes bio-geográficos de una población, lo primero que tratamos de identificar es el origen bio-geográfico de los drusos. La religión drusa se originó en el siglo XI, pero los orígenes de esa población siguen siendo una gran fuente de confusión y debate. Hemos rastreado el origen bio-geográfico de los drusos... La mitad de los drusos se agruparon apretadamente en el sudeste de Turquía, y los restantes se dispersaron a lo largo del norte de Siria e Irak. Estos resultados están de acuerdo con Shlush utilizando el análisis del ADNmt. 
El fundador de la religión drusa, Hamza ibn Ali ibn Ahmad, era de origen persa y se mantuvo activo en Egipto. Sus misioneros tuvieron sus mayores éxitos en el actual Líbano y Siria. La religión nunca se expandió hacia Turquía, un punto señalado explícitamente por Hitti, que es la fuente de Elhaik. ¿Qué se puede decir acerca de un método que identifica el origen de los drusos en el sudeste de Turquía? Para ser justos, los desarrolladores del PCA advirtieron que unas muestras de un tamaño escaso pueden producir resultados problemáticos.

En su "Identidad por ascendencia", y en el análisis del ADN de los asquenazíes, Elhaik concluyó que "el análisis materno se ve representado por un linaje fundador específico del Cáucaso, con una débil ascendencia del sur de Europa… mientras que la ascendencia paterna revela un origen dual de procedencia del Cáucaso y de Europa meridional”. Elhaik explica estos linajes como el resultado de "antiguas migraciones del sur de Europa hacia el imperio kázaro (siglos VI-XIII) y de migraciones más recientes desde el Cáucaso hasta el sur de Europa y Europa Central y Oriental (siglos XIII-XV)" (Polak 1951; Patai y Patai 1975; Straten 2003; Brook 2006; Sand 2009),

Precisamente, ninguno de esos autores citados tuvo o tiene una familiaridad directa con las fuentes primarias de la historia de la región. De hecho, esas migraciones nunca tuvieron lugar. Elhaik podría haber estado pensando en la afirmación del historiador árabe del siglo X Ali al-Masudi, de que "muchos judíos huyeron de Bizancio hacia las tierras de los kázaros durante el reinado del emperador bizantino Romanus Lacapenus", pero no hay ninguna evidencia de esto en las fuentes bizantinas. Por otra parte, una población de refugiados debería haber incluido un número similar de hombres y mujeres, que hubieran generado a su vez niveles similares de hombres y mujeres de ascendencia del sur de Europa, dando a Elhaik más problemas en lugar de menos. Y no hay ninguna evidencia en absoluto de ninguna de esas "migraciones más recientes procedentes del Cáucaso hacia el sur de Europa y Europa Central y Oriental".

Tampoco es probable, ni siquiera posible, que los "judíos mesopotámicos y greco-romanos reforzaran continuamente la judaización del imperio kázaro hasta el siglo XIII".  Tras el colapso de su imperio, los judeo-kázaros, según nos cuentan, huyeron a Europa del Este. "La última capital kázara fue destruida por los Sviatoslav de Rus antes de 970, y el imperio nunca se recuperó”.

No sólo no hay ninguna evidencia de la afirmación de "una importante migración a Polonia desde la zona kázara", sino que tal afirmación va en contra de los hechos básicos que conocemos acerca de los judíos de Europa del Este. Los patrones de asentamiento de los judíos de Europa oriental sugieren que su asentamiento a gran escala comenzó en el oeste de Polonia y no en las partes más cercanas a la región kázara. Por otra parte, no hay evidencias de influencias de la liturgia judía bizantina en las costumbres de los judíos de Europa del Este y ninguna de idiomas del Asia Central en el yiddish.

El principal atractivo de esa teoría de la migración es que parece explicar el enigma demográfico que mencioné al principio: ¿Cómo hemos llegado a tantos judíos en la Europa del Este? ¿Cómo podemos llegar, partir de una población de unas 50.000 personas en el siglo XV, a ocho millones en el siglo XX, especialmente teniendo en cuenta todas las violencias sufridas por los judíos en esos cinco siglos de diferencia? De hecho, la letanía de infortunios formulada por Elhaik ("restricciones económicas, asimilación, peste negra, conversiones, persecuciones, secuestros, violaciones, exilios, guerras… y pogromos"), es una exageración drástica de la experiencia de los judíos de Europa del Este durante esos siglos, y su crecimiento en número no es realmente tan misterioso.

Las poblaciones no crecen aritméticamente, crecen no muy diferentemente a las deudas de las tarjetas de crédito, es decir, de forma exponencial. Los afrikaners en Sudáfrica comenzaron a partir de un grupo de unos 2.000 colonos que llegaron a finales del siglo XVII. Hoy en día, alrededor de 13 generaciones después, se componen de alrededor de tres millones. Hace poco más de trescientos años, 5.000 inmigrantes franceses llegaron a Quebec; sus descendientes suman ahora alrededor de 6,5 millones de personas. Lo que hay que explicar no es la razón por la que la población judía de Europa del Este creció de manera exponencial en la era moderna, sino más bien por qué la población judía de Europa central no creció a ese ritmo. Pero esa es una cuestión diferente, y los kázaros no son de ninguna ayuda para resolverlo.

¿Cómo una distinguida revista de la Oxford University Press publica un artículo como este? Por lo general, es difícil controlar el trabajo de los supervisores académicos que emplea una revista. Sin embargo, y en este caso, Elhaik publicó los informes de esos supervisores en su página web (y que ya no están). El primer supervisor era consciente de que el documento sería objeto de controversia, con su predicción de que sería "altamente citado", pero aparte de expresar algunas dudas sobre las observaciones de Elhaik sobre los orígenes drusos, remarcó sólo - y erróneamente - que el informe de Elhaik "era más profundo que la mayoría (si no de todos) de los estudios previos sobre el tema de la ascendencia judía".

El segundo supervisor recomendó que MI Artamonov y su libro "Historia de los kázaros" y LN Gumilev con "Los ritmos de Eurasia" deberían haber sido citados. Estos dos libros (ambos en ruso) son recomendaciones sumamente extrañas. El de Artamonov fue escrito bajo la severa censura soviética, la cual, como la investigación actual ha demostrado, le impidió escribir lo que realmente pensaba. El libro de Gumilev se discute en el libro de Vadim Rossman “Antisemitismo intelectual contemporáneo ruso. El antisemitismo en la era postcomunista”, bajo el título de "El antisemitismo en la Historiografía de Eurasia". Resulta un buen ejemplo de nacionalismo populista contemporáneo ruso, pero es menos útil para una investigación imparcial.

Este supervisor también señalaba que "actualmente los drusos no viven en la frontera de Kázaria. Parecen que han migrado. Esto debería ser explicado”. En efecto. Ni Elhaik ni sus supervisores están aparentemente familiarizados con la obra de Vladimir Petrukhin, que es el decano de los estudios académicos en Rusia sobre los kázaros. También hay libros serios en inglés que Elhaik debería haber citado, como el de Dunlop "Historia de los judíos kázaros" o las obras de Peter Golden.

A juzgar por esos comentarios, los supervisores académicos no parecen estar muy familiarizados con la literatura sobre la genética de los judíos o sobre el tema de los antecedentes genéticos de los judíos asquenazíes. Esos supervisores tampoco compararon la tesis de Elhaik con los hallazgos de otros investigadores, ni tampoco parecen haberse dado cuenta de los problemas internos que aquí se plantean. Ciertamente, no preguntan sobre el tamaño del conjunto de datos. En general, sus comentarios tendían a centrarse en el estilo y en la presentación, en lugar de los detalles técnicos o la fortaleza general de la discusión.

¿Qué ha pasado aquí? Dudo de que existiera una agenda política por parte del editor. La clave radica probablemente en la predicción de esa primera crítica de que el informe sería "altamente citado". No obstante, queda por explicar cómo parece haber eludido cualquier escrutinio crítico antes de ser publicado. Existe al menos una virtud en el artículo de Elhaik: Es un valioso recordatorio de que a pesar de buscar sofisticados métodos de revisión a la hora de la publicación de artículos en una revista científica de prestigio, por no hablar de la cobertura de los medios de comunicación, no hay alternativa a las lecturas críticas.

Cuando todo está dicho y hecho, la sabiduría aceptada es todavía aceptable. No hay evidencia de que los judíos asquenazíes sean descendientes de esos “judíos con espadas” del Asia Central, y hay muchas razones para pensar que simplemente vinieron de Europa Central. Los hallazgos de otros investigadores genéticos sobre el ADN de la mayoría de los judíos asquenazís, y que parecen vincularlos con los otros grupos de judíos (sefardíes - sobre todo -, del norte de África y del Oriente Medio) más que con cualquier otro grupo, aún no han sido refutados.

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Saturday, March 01, 2014

Un importante estudio no encuentra evidencia alguna del origen kázaro de los judíos asquenazis - Yori Yanover - Jewish Press




Las tres últimas columnas de la derecha, las que demuestran una mayor similitud genética con los judíos asquenazis, son, de menor a mayor, de Europa del Este, judíos del Norte de África, y judíos sefardíes, ampliamente mayoritarios (pinchar para ampliar y ver el texto de las diferentes columnas)

Un grupo de Judios Cáucaso circa 1876. Si bien hubo muchos Judios que viven en Georgia, Armenia y el Cáucaso, las afirmaciones de que todos los judíos europeos provino del imperio Khazar siglo octavo no sólo es infundada, es una motivación política.

Doron M. Behar del Rambam Health Care Campus, de Israel, Mait Metspalu y Bayazit Yunusbayev, del Estonian Biocentre Evolutionary Biology Group, de Estonia, Yael Baran y Naama M. Kopelman de la Universidad de Tel-Aviv, Israel, y varios otros científicos, han publicado recientemente un estudio que sugiere que no hay evidencia a partir de los datos de todo el genoma del origen kázaro de los judíos asquenazis.

Los kázaros eran una nación turca cuyo imperio seminómada se extendió desde el sur de Rusia hasta las montañas del Cáucaso, y desde la Europa oriental a Asia Central. Existe una tradición de que, en los siglos VIII y XIX, su rey se convirtió al judaísmo. En el siglo XIX, Ernest Renan y otros propusieron que los judíos asquenazis de Europa procedían de Khazaria (el reino de los kázaros). Esta teoría ha sido utilizada por los antisemitas que sugieren que los judíos europeos provienen de una raza asiática turca, y pueden así refutar su relación ancestral con la Tierra de Israel.

Hace apenas un año, muchos enemigos de la exitosa historia sionista, judíos y no judíos unidos en este empeño, se regocijaron de los supuestos hallazgos del Dr. Eran Elhaik, un investigador y genetista molecular israelí de origen italiano y judeo-iraní, que trabaja para la Escuela de Salud Pública de la Johns Hopkins University en Baltimore, que argumentó que "el elemento dominante en la composición genética de los judíos europeos era de origen kázaro. Entre los judíos de Centroeuropea, esto supone el 38% de su genoma, el 38%. Para los judíos de la Europa del Este representa al 30%".

Lo único que le faltaba al trabajo del Dr. Elhik era probar más allá de cualquier sombra de duda que los judíos eran en realidad kázaros, pero el hecho es que no hay kázaros viviendo hoy en día por ahí. Sólo hay pueblos que viven actualmente donde pudieron vivir los kázaros hace 1200 años.

Así que a falta de los datos genéticos perdidos hace ya mucho tiempo de los propios kázaros, Elhaik utilizó los datos de las poblaciones que vivían en la actualidad allí donde se supone que vivieron los kázaros: los georgianos, los armenios y los caucásicos.

Al hacerlo, "Elhaik descubrió lo que él denomina el componente kázaro de los judíos europeos", concluyeron los informes de prensa en enero de 2013. En resumen, Elhaik decía haber probado que los judíos asquenazis provenían mayoritariamente de la región del Cáucaso, no del Oriente Medio. Y la conclusión obvia sería hacer amablemente sus maletas y trasladarse a su verdadera patria.

Naturalmente, uno de los mayores partidarios de Elhaik fue Shlomo Sand, que enseña una parecida historia en la Universidad de Tel Aviv, y que escribió el extraño libro titulado "La invención del pueblo judío". Sand dijo que su estudio reivindicaba ideas ya arraigadas.

"Es tan obvio para mí", dijo Sand en una entrevista. "Algunas personas, historiadores e incluso  científicos, hacen la vista gorda a la verdad. Antes, decir que los judíos eran una raza era antisemita, ahora decir que no son una raza es antisemita. Es una locura cómo la historia juega con nosotros".

Así que ahora, y no por primera vez, un nuevo estudio fruto del trabajo de un nutrido grupo de científicos, encuentra una vez más que la teoría de los kázaros carece de fundamento, y que solamente está impulsada, como en el caso del profesor Sand, por un ardiente deseo de invalidar la narrativa judía sionista. El nuevo estudio también borra, de una vez por todas con un poco de suerte, la confusión tan popular con respecto a la posibilidad de que existiera un único pueblo kázaro que se despertó una mañana, se declaró judío y pasó a instalarse en Alemania y en otros territorios de los judíos asquenazis.

"El origen y la historia de la población judía asquenazi ha sido durante mucho tiempo de gran interés, y los avances en el análisis genético de alto rendimiento han proporcionado recientemente un nuevo enfoque para la investigación de estos temas", afirma el resumen del presente estudio. "Nosotros y otros hemos argumentado sobre la base de los datos procedentes de todo el genoma que la población judía asquenazi deriva su ascendencia de una combinación de fuentes que se rastrean en Europa y en el Oriente Medio".

"Se ha afirmado, sin embargo, a través de un nuevo análisis de algunos de nuestros datos, que una gran parte de la ascendencia de la población asquenazi tiene como origen a los kázaros, un grupo de habla turca que vivía en el norte de la región del Cáucaso aproximadamente hace 1.000 años. Dado que la población kázara no ha dejado descendientes modernos obvios que pudieran permitir una prueba evidente de su aporte a la ascendencia judía asquenazí, la hipótesis de los kázaros ha sido difícil de examinar utilizando la genética".

En otras palabras, se ha utilizado una mezcla de genética especulativa que no es ciencia sino política.

"Por otra parte, debido a que los datos genéticos disponibles de la región del Cáucaso han sido limitados", continúa la investigación recién publicada, "y debido a que estos datos se han concentrado en las poblaciones que son genéticamente cercanas a las poblaciones del Oriente Medio, la atribución de una mayor similitud genética entre los asquenazis-cáucasicos con la ascendencia ancestral de los kázaros, frente a esa otra ascendencia ancestral compartida con el Oriente Medio, ha resultado ser muy problemática".

"Aquí, a través de la integración de los genotipos en las muestras recién recogidas con los datos procedentes de varios de nuestros estudios anteriores, hemos reunido la colección de datos establecidos más importante disponible hasta la fecha para la evaluación de los orígenes genéticos de los judíos asquenazis. Este conjunto de datos contiene los polimorfismos del genoma de un solo nucleótido en 1.774 muestras de 106 poblaciones judías y no judías que abarcan todas las posibles regiones de potencial ascendencia asquenazi: Europa, el Oriente Medio y la región históricamente asociada con el kaganato kázaro".

"El conjunto de datos incluye 261 muestras de 15 poblaciones de la región del Cáucaso y de la región situada directamente al norte, unas muestras que no habían sido incluidas previamente, junto a las muestras de judíos asquenazis en los estudios genómicos. El empleo de una variedad de técnicas estándar para el análisis de la estructura genética de la población nos ha permitido encontrar que los judíos asquenazis comparten la mayoría de su ascendencia genética con otras poblaciones judías, y entre las poblaciones no judías, con grupos de Europa y del Oriente Medio".

"Ninguna similitud particular entre los judíos asquenazis y las poblaciones del Cáucaso resulta evidente, sobre todo con las poblaciones que residen en las zonas más cercanas a la antigua región de los kázaros. Por lo tanto, el análisis genético de los judíos asquenazis, junto con una importante muestra genética de la región original del kaganato kázaro, corroboran los resultados anteriores de que los judíos asquenazis derivan su ascendencia principalmente de las poblaciones del Oriente Medio y de Europa, y que poseen una considerable ascendencia compartida con las otras poblaciones judías, no habiendo indicios de una contribución genética significativa, ya sea del interior o del norte de la región del Cáucaso".

Por supuesto, el hecho de que un importante estudio no encuentre fundamento en la teoría de los kázaros no hará que desaparezca. Pero la próxima vez que se encuentren con algún académico que la promueve, comprueben primero sus motivaciones.

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Tuesday, April 30, 2013

Judíos kázaros, ¿una fantasía? - Judíos y kázaros, ¿otra vez o nunca?



Judíos kázaros, ¿una fantasía? - The Learning Diary of an Israeli Water Engineer

El profesor Moshe Gil escribió un largo artículo en Haaretz el 28 de abril de 2009 refutando toda la historia judía de los kázaros. Moshe Gil es un conocido historiador de la vida judía medieval Moshe Gil está especializado en la interacción histórica entre el Islam y los judíos, incluyendo la historia de Palestina bajo la dominación islámica, la institución de la Exilarcado y unos comerciantes judíos conocidos como los Radhanites (un distrito en Mesopotamia conocido como "la tierra de Radhan").

Toda esta historia de los judíos kázaros, tal como Moshe Gil nos muestra, comenzó en la España musulmana, con una correspondencia imaginaria entre el rey de los kázaros y una serie de escritores judíos de la España musulmana meridional (Al-Andalus), correspondencia que detalla cómo el rey kázaro había estudiado y comparado las diferentes religiones y habría optado por convertirse al judaísmo.

Moshe Gil, que estudiado detenidamente esa correspondencia (sobre todo por su trabajo analizando algunos 846 fragmentos de los documentos hallados en la Genizah de El Cairo), nos demuestra como fue escrita cuando el reino Kazaro había dejado de existir, además de que muchos otros detalles parecen demostrar que esa correspondencia era apócrifa, imaginaria y permitió proporcionar una base adecuada para un diálogo literario moralista. Las supuestas cartas (que ciertamente existen y son del único elemento auténtico de esta supuesta correspondencia) describen a un reino lejano cuyos gobernantes optaron por el judaísmo, un territorio en suma donde los judíos no eran perseguidos ni oprimidos, y donde los kázaros eran unos guerreros poderosos y valientes que se enfrentaron a los ejércitos bizantinos y árabes (Los auténticos e históricos kázaros lucharon con éxito ante las sucesivas invasiones árabes).

Por otro lado, hay muchas fuentes históricas muy próximas a los auténticos kázaros donde nadie menciona o se sugiere que hubieran sido judíos de religión.

El profesor Moshe Gil determina concretamente su argumento con el estudio del tomo trece del erudito Menashe Benjamin Levin sobre la inmensa correspondencia de los "gueonim" ("genios", el título honorífico de los rabinos judíos de Bagdad) de aquellos tiempos. La correspondencia se ocupa de innumerables detalles de la vida judía en Asia, pero no existe ninguna referencia a la supuesta judeidad de los kázaros o de sus reyes. Los judíos bagdadíes (los comerciantes de Radhan) mantuvieron un intenso comercio con los kázaros y algunos de ellos alcanzaron posiciones prominentes en la corte kázara, sin embargo no hacen mención alguna de que ningún kázaro se convirtiese al judaísmo. El profesor Moshe Gil llega finalmente a la conclusión de que toda la leyenda acerca de la judeidad de los reyes kázaros fue una fantasía nacida en el sur de España. La leyenda sin duda alimentaba las necesidades psicológicas de unos literatos judíos que se sentían oprimidos en la España musulmana, la cual por cierto no era un supuesto paraíso para los judíos (o cristianos).

La leyenda de los supuestos judíos kázaros fue popularizada por el escritor judío húngaro Arthur Koestler en su libro "La Decimotercera Tribu". Koestler fue una persona muy perspicaz, por lo que tuvo que haber comprendido que toda la historia de los judíos kázaros era apócrifa, sin embargo él tenía su propia agenda: demostrar la insensatez del programa nazi de exterminar a unos judíos ashkenazis que "en realidad no eran de origen propiamente judío". El libro de Koestler resulta muy entretenido, e incide más en la participación kázara (también judía) en la conquista de Hungría por tribus húngaras y el establecimiento del Estado de Rusia que en el evanescente judaísmo de unas tribus turcas esteparias.

Además, considero que el hecho de la inexistencia histórica de los judíos kázaros debería haber sido bien conocida entre los investigadores serios, pero la gente tiende a no atacar las leyendas nacionales en público. Ningún científico escribe artículos académicos que desacrediten el supuesto origen divino solar de la casa real japonesa, ni tampoco es un tema para la investigación académica. Los reyes judíos de Kazaria pertenecen a la misma categoría de mitos fundacionales. Sirve a un propósito.


Judíos y kázaros, ¿otra vez o nunca? - Jewish Ideas Daily

La conversión en masa al judaísmo de los kázaros, un pueblo turco del norte del Caucaso, durante la mitad del siglo VIII ha disparado la imaginación durante siglos. Los viajeros medievales contaban historias tentadoras de un reino judío más allá de las montañas. En el siglo XII, el gran poeta hispano-hebreo Yehuda Halevi enmarcó su obra filosófica, El Kuzari, en torno a esta historia.

Un uso muy diferente de la misma historia fue realizada por los teóricos raciales del siglo XIX, por Arthur Koestler en el siglo XX, y por el historiador israelí Shlomo Sand en el XXI. Afirmando que los judíos ashkenazies en su conjunto no procedían del antiguo Israel, sino de los kázaros conversos, estos y otros autores han argumentado que cualquier conexión entre los modernos judíos ashkenazies y los israelitas de la antigüedad, o con la tierra de Israel, es un mito, una ficción de la moderna propaganda sionista.

Estos argumentos han sido ampliamente refutados en sus propios términos. Pero, y en primer lugar, ¿y si los kázaros nunca hubieran sido judíos? ¿Y si la historia de la conversión es en sí misma un mito? Esta es la tesis de un artículo de gran alcance que acaba de publicarse en la erudita revista hebrea Tziyon por Moshe Gil, un emérito profesor de la Universidad de Tel Aviv y un destacado historiador de los primeros siglos del Islam.

Dado que los kázaros no dejaron ningún registro de su historia, la evidencia de su existencia se debe buscar en la obra de los historiadores árabes más o menos contemporáneos. Resulta que, entre aquellos que mencionan o discuten sobre los kázaros, casi ninguno dice nada acerca de su conversión o de que su rey se hubiera convertido al judaísmo. En cuanto a los pocos que citan la supuesta judeidad de los kázaros, todos ellos se basan en una sola fuente, el cronista Ahmad ibn Fadlan, que fue el emisario del califa en la región de 921 a 923. Según Ibn Fadlan, el virrey de los búlgaros, un estado vasallo de los kázaros, le dijo que "los kázaros y su rey eran judíos y los  Sakaliba [es decir, los eslavos] y todos los demás pueblos estaban subordinados a él y él trataba de hacerlos sus esclavos y que se sometieran a él".

Pero, ¿qué significa el término "judío" en este contexto? Claramente, Gil describe que ese relato fue pensado como un insulto y una manera de ganarse el favor del califa. (Los búlgaros recientemente se habían convertido al Islam.) En efecto, las costumbres kázaras mencionadas por Ibn Fadlan, como la decapitación de cadáveres antes del entierro, apenas suenan judías en absoluto.

¿Qué pasa con las fuentes judías contemporáneas? A partir del 750 al 950 d. C., las principales autoridades religiosas del judaísmo fueron los sabios (geonim) que residían en lo que hoy es Irak. Ellos recibieron y respondieron (las responsas) las preguntas que les llegaban sobre asuntos de la ley religiosa y la interpretación textual procedentes del Mediterráneo, Europa y Asia Central. En ninguna parte de esta voluminosa correspondencia podemos encontrar mención alguna del reino judío de los kázaros. De hecho aparece más tarde, en otros escritos judíos, como la epístola del cortesano hispano-judío Hasday ibn Shaprut (ca. 915-970/990) al rey Kázaro, pero estos mismos escritos, según Moshe Gil, fueron inspirados por unas fuentes árabes decididamente escasas y ambiguas.

La rigurosa erudición de Moshe Gil, si se la hace caso, puede patear el trasero de una serie de teorías como las de Sand. Sin embargo, uno no puede dejar de entristecerse ante la perspectiva de perder una de las leyendas más encantadoras de la historia judía. La leyenda kázara nos dice muy poco del final de la vida judía en el norte del Cáucaso entre los siglos VIII-X, pero la historia de la leyenda y sus usos nos dice mucho acerca de cómo se ha entendido la identidad judía y su continuidad, ya sea celebrándola, o deslegitimándola.

¿Fue sólo un sueño? Un encantador consuelo de unos judíos sumidos en su existencia apatridia y viviendo en el exilio? Sin duda fue una provocación - sobre todo de Yehuda Halevi -, la cual trataba de extender los horizontes intelectuales hacia una visión más poderosamente universal del judaísmo.

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Thursday, January 06, 2011

El genoma revela que las dos ramas de la diáspora judía partieron de Italia - ADI



El siguiente artículo, traducido por la ADI, y que fue publicado por el diario La Repubblica de Italia (06.11.2010), da cuenta de los estudios sobre cartografía genética que demuestran que las dos principales ramas genéticas de la población judía, la díaspora askhénazi y sefardí, tienen un origen común. Esta demostración refuta esas tesis últimamente tan populares (en especial en medios antisionistas) como la de Shlomo Sand, quien afirma que "la diáspora no nació de la expulsión de los judíos de Palestina (aunque esta denominación no existía cuando se produjo en buena medida), sino de las conversiones sucesivas en África del Norte, el sur de Europa y el Oriente Próximo".

La tesis ideológica de Schlomo Sand, que dice "querer socavar la piedra angular del pensamiento sionista, esa que quiere que los judíos sean los descendientes del reino de David y no los herederos de guerreros bereberes o de jinetes kázaros"(Shlomo Sand en Le Monde Diplomatique, 08/2008) ha tenido un amplio eco en la prensa. Por contra, los estudios científicos que resumimos a continuación, por lo que nosotros sabemos, no han generado ningún interés en Bélgica, y en Francia sólo han sido recogidos exclusivamente por Le Figaro (10/06/2010), en el mismo momento que La Repubblica.
Las dos principales cepas de la diáspora judía en el mundo tienen una raíz común: la Italia del Imperio Romano. El descubrimiento de este ancestro común en la península italiana es el resultado sorprendente de las investigaciones sobre el genoma de todas las poblaciones de origen judío.

Más concretamente, fue en el siglo IX d.C. cuando aparecieron en el norte de Europa los primeros nucleos de judíos ashkenazis. En el presente, la cartografía genética establece que se trata de los descendientes de una cepa de judíos expulsados previamente de Italia después de la invasión romana de Jerusalén, bajo el reinado de Tito Flavio Vespasiano (70 d.C.). Y la otra rama de la diáspora, los sefardíes, que se establecieron en la Europa mediterránea, remonta a la misma comunidad de judíos que residían en Italia.

La historia de estas dos ramas continuo por caminos muy diferentes. Exiliados de España en 1492 y de Portugal en 1497, los sefardíes se dirigieron preferentemete a Oriente Medio, bajo el dominio otomano, y también a África del Norte y Holanda. Los askenazíes, la cuna de la cultura yiddish, se asentaron en Europa central y oriental, incluida Rusia, hasta que la persecución de los judíos (pogromos) y el Holocausto nazi obligaron a muchos de ellos a huir a los EEUU o regresasar a Israel.

El alejamiento entre estas dos diásporas ha reforzado la opinión de que los asquenazíes y sefardíes tenían poco en común, sobre todo después de siglos de mezcla con las poblaciones de sus países de adopción.

Una versión extrema de esta teoría es la del historiador Schlomo Sand, autor de "La invención del pueblo judío", donde afirma que los judíos de hoy en día no tienen un origen común, sino que son una superposición de pueblos de Europa y Asia Central convertidos a la religión judía en diversas épocas.

Sin embargo, la investigación genética le desmiente totalmente. Los nuevos descubrimientos fueron obtenidos simultáneamente por dos grupos de investigación. De una parte Gil Atzmon, del Colegio de Medicina Albert Einstein y Harry Oster, de la Universidad de Nueva York, cuyo estudio fue publicado por la revista American Journal of Human Genetics. Por otro lado, Doron Behar, de la Facultad de Medicina de Haifa, y Richard Villems, de la Universidad de Estonia, que publicaron su investigación en la revista Nature. Utilizando la cartografía del genoma, los investigadores lograron recientemente fechar con precisión acontecimientos muy antiguos y seguir sus trazas y huellas en la población actual. Mientras trabajaban en las similitudes y diferencias genéticas de las comunidades en las que viven, se demostró, por ejemplo, que la primera separación entre los judíos iraníes e iraquíes se remonta a hace 2.500 años: es probable que fuera consecuencia de la destrucción del Primer Templo de Jerusalén por Nabucodonosor (587 a.C.) y el exilio en Babilonia.

Usando este método, se descubre un alto nivel de "parentesco" entre los judíos sefardíes y los ashkenazis: a pesar de los siglos de separación, la similitud genética sigue siendo elevada, uno y otro grupo tienen cerca de un 30% de ancestros europeos y casi dos tercios de ancestros del Oriente Próximo.

De hecho, según observa el New York Times, "dos judíos, aunque miembros de comunidades alejadas la una de la otra y con historias muy diferentes, están emparentados entre si como si fuesen primos de cuarto o quinto grado, una afinidad diez veces mayor que la de dos residentes de Manhattan seleccionados al azar en la calle. Italia juega un papel importante en esta historia. Esta Italia es el epicentro de las diferentes corrientes", sostiene el historiador Aron Rodriguez de la Universidad de Stanford.

Algunos indicios sobre la relación entre askenazíes y sefardíes eran conocidos desde hace bastante tiempo. Por ejemplo, en la geografía de los apellidos. Los "Morpurgo" son judíos italianos originarios de la ciudad alemana de Marburg. y el apellido Eskenazi era bastante común en el Imperio Otomano, indicando que judíos de la Europa septentrional se habían sumado a la comunidad sefardí en el Oriente Medio.
Ahora la cartografía genética añade un mayor grado de certeza: ese 30% de origen europeo que comparten en común las dos diásporas, askenazíes y sefardíes, los relacionan con el territorio italiano. El patrimonio genético de los askenazíes y sefardíes es muy similar al de los judíos italianos que, en la Alta Edad Media, se mezclaron a través de matrimonios con las poblaciones del valle del Po.

Merci a Philosémitisme y a la ADI

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Thursday, June 17, 2010

Siguen las malas noticias para Shlomo Sand y los fans de los jázaros - Haaretz

Un importante estudio afirma que el 90% de los judíos están relacionados genéticamente con el Levante (Oriente Medio y zonas aledañas) - Asaf Shtull-Trauring

Un nuevo estudio demuestra que las comunidades judías de todo el mundo muestran más similitudes genéticas entre sí que con sus vecinos no judíos.

Los únicos tres excepciones fueron los judíos de la India, de Etiopía, y de Georgia, que tenían más similitud con las poblaciones de acogida que con otras comunidades judías [Recordar que una de las hipótesis del destino final de la supuesta comunidad judía de los jázaros tras desaparecer el reino de los Jázaros, y cuya entidad aún se desconoce, es decir, si la conformaba solamente parte de la élite jázara, o bien algún grupo tribal dentro de los jázaros, o bien una población más numerosa, es que se unió a los judíos montañeses que habitaban el Cáucaso, de ahí el tema de Georgia]

El estudio internacional dirigido por investigadores del Centro Médico Rambam de Haifa y el Technion (Israel Institute of Technology), trazó por primera vez un mapa del genoma judío. La investigación abarcó a las comunidades que representan a la mayoría de la población judía del mundo.

El estudio mostró también los lazos genéticos entre el pueblo judío y otros pueblos del Levante: en las comunidades que representan al 90% del pueblo judío en todo el mundo, genéticamente los judíos eran más similares a las poblaciones del Levante no judías que a sus anfitriones no judíos en sus países de origen.

El análisis genético también descubrió subestructuras que no se encuentran en la mayoría de las poblaciones de otros países del Oriente Medio.

Los investigadores de ocho países - Israel, Gran Bretaña, Estados Unidos, Rusia, España, Estonia, Portugal e Italia - compararon 600.000 marcadores genéticos de 114 individuos judíos pertenecientes a 14 comunidades de la diáspora judía con los de otros 1.161 individuos de 69 poblaciones no judías.

Sus hallazgos fueron publicados ayer en la revista "Nature" y será presentado hoy en una conferencia internacional de médicos e investigadores de Rambam.

"Los judíos contemporáneos comprenden a un conjunto de comunidades étnico-religiosas de todo el mundo, cuyos miembros se identifican entre sí por compartir diversas tradiciones religiosas, históricas y culturales", dice la introducción del artículo, cuyos investigadores principales fueron el doctor Doron Behar, del Rambam, y el profesorm Richard Villems, de la Universidad de Tartu de Estonia. "La evidencia histórica sugiere un origen común en el Oriente Medio, seguido de migraciones".

"Aunque muchos estudios genéticos han arrojado luz sobre los orígenes judíos", se subraya, "ningún estudio previo se ha ocupado de todos los patrones de variación del genoma entre la vasta extensión geográfica de las comunidades judías de la diáspora y sus respectivos entornos geográficos".

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Sunday, May 16, 2010

Malos tiempos para los adeptos a la conspiración jázaro-sionista: judios y jázaros, ¿una vez más o nunca más?



La conversión en masa al judaísmo de los jázaros, un pueblo de etnia turca del norte del Cáucaso, a mediados del siglo VIII ha disparado la imaginación popular durante siglos. Viajeros medievales contaron tentadoras historias de un reino judío más allá de las montañas. En el siglo XII, el gran poeta judeo-español Yehuda Halevi enmarcó su obra maestra de carácter filosófico, "El Kuzari", en torno a esta historia.

Un uso muy diferente de esta misma historia fue realizado por los amantes de las teorías raciales en el siglo XIX, por Arthur Koestler en el siglo XX, y por el historiador israelí Shlomo Sand en el siglo XXI. Éste último, tras afirmar que los judíos ashkenazis en su conjunto no son descendientes de los antiguos israelitas sino de los jázaros convertidos, aprovechó para argumentar junto con otros que cualquier conexión entre los judíos actuales y los israelitas de la antigüedad, o la tierra de Israel, era un mito, una ficción de la moderna propaganda sionista.

Estos argumentos han sido ampliamente refutados en sus propios términos. Pero, y en primer lugar, ¿y si los jázaros nunca fueron judíos (nunca abrazaron el judaísmo)? ¿Y si la historia de la conversión es en sí un mito? Esta es la tesis de un importante artículo del historiador Moshe Gil recientemente publicada en la revista académica hebrea Tziyon. Moshe Gil es profesor emérito de la Universidad de Tel Aviv y es un destacado historiador y erudito de las primeros siglos del Islam.

Dado que los jázaros no dejaron prácticamente registros de si mismos y de sus obras, su existencia debe buscarse y rastrearse en las referencias más o menos contemporáneas de historiadores árabes. Pero resulta que de las alusiones, menciones o discusiones sobre los jázaros, casi ninguna de ellas alega nada sobre que ellos o su rey se hubieran convertido al judaísmo. En cuanto a los pocas que citan una supuesta judeidad de los jázaros, todas basan su opinión en un cronista individual, Ahmad ibn Fadlan, quien fue un emisario del califa en la región en los años de 921 a 923. Según Ahmad ibn Fadlan, el virrey de los búlgaros, un estado vasallo de los jázaros, le dijo que "los jázaros y su rey eran judíos y que los Sakaliba (es decir, los eslavos) y todos los demás que están subordinados a ellos, y a los que trata de convertir en sus esclavos, tendrán que someterse ante ellos".

Pero, ¿qué significa realmente el término "judío" en este contexto? Parece evidente, informa Moshe Gil, que parece empleado como un insulto y como una forma de congraciarse con el califa. (Los búlgaros se habían convertido recientemente al Islam.) En efecto, las costumbres de los jázaros mencionadas por Ahmad Ibn Fadlan, como decapitar los cadáveres antes del entierro, difícilmente pueden catalogarse y parecer judías.

¿Qué pasa entonces con esas otras fuentes judías contemporáneas? Del 750 al 950, las principales autoridades religiosas del judaísmo, los sabios más renombrados (geonim), estaban ubicadas en lo que hoy es Irak. Estos sabios recibieron y respondieron a preguntas sobre asuntos o materias de la ley religiosa y la interpretación textual provenientes de todo el Mediterráneo, Europa y Asia Central. En ninguna parte de esta voluminosa correspondencia podemos encontrar mención alguna del reino judío de los jázaros. Dicha mención aparece más bien tarde, en otros escritos judíos, como la epístola del cortesano judeo-español Hasday ibn Shaprut 915 - 970/990) dirigida al rey jázaro, pero estos mismos escritos, según Moshe Gil, fueron inspirados por el equívoco suscitado por las dispersas fuentes árabes (que como hemos visto anteriormente procedían realmente de un único origen).

Si la exigente erudición de Moshe Gil se sostiene, puede echar abajo toda una serie de teorías como las de Shlomo Sand. Aún así, uno no puede sino entristecerse ante la perspectiva de perder uno de los meandros de la historia judía más agradable. La leyenda de los jázaros realmente puede decirnos muy poco sobre el final de una supuesta vida judía en el norte del Cáucaso entre los siglos VIII-X, pero la misma historia de la leyenda y sus usos nos dice mucho acerca de cómo la identidad judía y su continuidad se ha entendido, celebrado o deslegitimado. ¿Fue sólo un sueño? ¿Un encantador consuelo para todos esos judíos sumidos en una vida apátrida en el exilio? Sin duda que resultó un acicate, sobre todo para Yehuda Halevi, al alargar los horizontes intelectuales hacia una visión más poderosamente universal del judaísmo.

Fuentes: la versión original, en hebreo, en el Haaretz, la versión (o recensión) en inglés del Jewish Ideas Daily

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Sunday, November 02, 2008

Askenazíes y kazaros - Kevin Alan Brook



¿Descienden los judíos rusos de los kazaros (conclusión)? Una valoración basada en las últimas evidencias históricas, arqueológicas, lingüísticas y genéticas.

Desde sus comienzos los kazaros fueron una diversa y generalmente tolerante nación. La movilización de Kagan, en los primeros días del reino kazaro, indica que hubo personas con todo tipo de rostros y peinados, viviendas y estilos de vida en el país. Pero sería un error interpretar las fuentes islámicas al argumentar que los kazaros no eran judíos. Por el contrario, los habitantes de Kazaria eran de diversos orígenes - iraníes, turcos, eslavos, griegos, godos, y otros - y no podemos esperar que todas las tribus kazaras hayan tenido la misma fe, puesto que el rey kazaro nunca les obligó a que adoptaran el judaísmo.

Parece que después de la caída de su reino, los kazaros adoptaron el alfabeto cirílico en lugar del hebreo y comenzaron a utilizar la lengua eslava oriental (a veces llamada "Canaanica", puesto que Benjamín de Tudela llamó al Rus de Kiev "La tierra de Canaán"). Estos judíos de lengua eslava se ha documentado que vivieron en Kiev durante los siglos que van del XI al XIII. Sin embargo, los inmigrantes judíos de lengua yiddish provenientes de la zona occidental (especialmente de Alemania, Bohemia, y en otras zonas de Europa Central) pronto empezaron a inundar Europa oriental, y se cree que estos nuevos inmigrantes fueron más numerosos en última instancia que los kazaros. Por lo tanto, en Europa oriental predominaban los antepasados de los judíos procedentes de Europa central en lugar de los procedentes del reino kazaro. Los dos grupos (judíos orientales y occidentales) se unieron entre sí a través de los siglos. Esta idea no es nueva. En una nota a pie de página, en el capítulo II de " La Historia de los judíos en Rusia y Polonia, Tomo 1", el gran historiador askenazi Simon Dubnow escribe: "Es muy posible que hubiera una mezcla con colonos procedentes del reino kazaro, de Crimea, y desde el Oriente en general, que después se fusionó con el elemento occidental".

Los judios askenazies también eran descendientes directos de los israelitas. Los test genéticos parecen indicar que una gran ascendencia judía proviene de las regiones conocidas hoy como Turquía, Armenia, Israel e Irak. La conocida como "fiebre mediterránea" (FMH o enfermedad armenia, es decir, enfermedad genética autosomatica), por ejemplo, se encuentra entre algunos judíos ashkenazies, así como entre los armenios y los turcos de Anatolia. Muchos hombres askenazies que pertenecen a la casta sacerdotal (Kohenim - Cohen) poseen el "Cohan modal haplotipo" (CMH) en el cromosomaY. Si bien no es exclusivo de los judíos, el CMH se encuentra principalmente en los pueblos de la zona nororiental de la región mediterránea (e, incidentalmente entre los árabes palestinos), y su distribución apoya la afirmación de que los judíos que tienen el CMH tienen una línea ancestral con el Oriente Medio.

Un estudio genético de mayo de 2000 dirigido por Michael Hammer, sostiene que los resultados muestran que los judios askenazies están más estrechamente relacionados con los judíos yemenitas, judíos iraquíes, judíos sefardíes, judíos kurdos y con los árabes, que con las poblaciones cristianas europeas, y que casi ningún mestizaje o conversión ocurrida afectó a los grupos judíos a través de los siglos. Un estudio realizado al año siguiente por Ariella Oppenheim, demostró por qué es importante incluir multitud de comparaciones entre los grupos étnicos; Hammer no había realizado el test a los kurdos y a otros grupos eslavos, como los rusos, mientras que el equipo de Oppenheim sí lo hizo y, por lo tanto llegó a conclusiones algo diferentes. Pero, en general, las evidencias de ambos estudios es que hay un predominio de judíos askenazíes descendiendo de judeanos (Judea) en sus linajes paternos.

El DFNB1 es una mutación genética que causa sordera, y que afecta a los judíos, así como a los palestinos y a otras poblaciones del Mediterráneo, de acuerdo a la investigación del Dr Aravinda Chakravarti. Una mutación que causa el factor XI de deficiencia en la coagulación de la sangre se encuentra entre los judíos iraquíes y askenazies, herencia de un antiguo ancestro común de hace unos 2.000 años.

El genetista de poblaciones, Nathaniel Michael Pearson, colaboró con el Proyecto Genoma Humano hace unos años y ayudó a recoger muestras de ADN de los caucásicos del Norte, de turcos, de chino-tibetanos y de otros grupos. Pearson tiene antecedentes judíos ucranianos y comparó su cromosoma paterno Y con la muestra de los hombres de otros grupos. Su ADN se correspondía con los de un uzbeko y un tayiko de Uzbekistán y con dos hombres de Nueva Delhi, en el norte de la India. Pearson cree que en los países de Asia central ese haplotipo podría estar conectado con los kazaros turcos. Sin embargo, me señalo que este haplotipo "aparece sólo con una frecuencia de un 2% dentro de una gran muestra askenazi (y, extrañamente, en un porcentaje ligeramente superior, pero aún con una frecuencia muy baja, entre los judíos de Marruecos)". En otras palabras, posiblemente este particular cepa ancestral kazara representa más bien a una minoría que a una mayoría de los judíos de Europa oriental. Y mientras los estudios del ADN materno (ADNmt) han demostrado importantes vínculos entre los judios askenazíes y los otros pueblos de Europa, estas "entradas no israelitas" en el código genético askenazi aún no representan a la mayoría de la ascendencia askenazi tanto materna como paterna, y probablemente sólo algunas de estas "entradas" provengan de mujeres kazaras.

Adicionalmente, otros más exhaustivos test genéticos pueden ayudar a comprender el alcance de la contribución de los kazaros al código genético ashkenazi. Por ahora, se puede apuntar que las trazas israelitas entre los judíos de la Europa Oriental vinieron de tres fuentes: (1) de judíos sefardíes que huían de España y de Portugal y su reasentamiento en Lituania y Polonia, (2) de judíos romanos, y (3) de judíos kazaros que se fusionaron con los israelitas, al igual que la Carta de Schechter afirma de que "se convirtieron en un pueblo". Los kazaros y los israelitas mezclados los unos con los otros.

¿Todos los judíos del mundo descienden de los kazaros? Ciertamente que no. La ascendencia original de los judíos de Europa del Este se origina sustancialmente en la antigua Judea, y lo mismo sucede en el caso de la mayoría de las demás poblaciones judías modernas (con la excepción de grupos como los judíos libios y etíopes). Sin embargo, es racional concluir que algunos judíos también tienen algunos antepasados kazaros.


¿Descienden los judíos rusos de judíos alemanes y bohemios?

Mi argumento, basado en extensas investigaciones, es que los judíos rusos son descendientes de una mezcla de judíos de la Europa Central y de judíos kazaros. Desde que he dedicado un ensayo a la contribución de los kazaros, he decidido crear este ensayo para examinar las pruebas que apoyan la afirmación de que los judíos rusos descienden en gran parte de judíos de la Europa Central. Con estos dos ensayos espero contrarrestar las teorías defectuosas o extremistas que sostienen que los judíos rusos podría ser judíos kazaros o judíos de origen alemán, pero no ambos a la vez. Yo sostengo que proceden de ambos.

La primera prueba de que los judíos de Europa Central emigraron hacia el este (y, eventualmente, se unieron con otras comunidades de la zona oriental, como los judíos eslavos del Este) proviene del siglo XI. Algunos historiadores han afirmado que el cronista Cosmas de Praga escribió acerca de la migración de judíos de Bohemia hacia Polonia, pero el texto meramente dice que algunos judíos huyeron y otros transferieron sus bienes a Polonia y Hungría, y no hay más detalles proporcionados por Cosmas. Sin embargo, esta idea fue confirmada por la investigación del onomástico Alexander Beider, que demuestra (con documentos reales) en su libro "Un diccionario de los nombres askenazíes" que muchos nombres de los primeros judíos en Polonia tienen nombres típicamente eslavos de los que se encuentran en Bohemia y en Moravia (ahora conocida como la República Checa). Lo mismo puede decirse de los judíos que vivían en la parte oriental de Alemania en los siglos de XI al XIII. En los últimos años, muchas familias judías alemanas con nombres germánicos se han añadido a esa mezcla. Sus descendientes tienen apellidos como Shapiro (indicando su herencia de Speyer, Alemania Renania), Mintz (de Mainz, Alemania), Frank (de Franconia), Katzenellenbogen, Bachrach (de Bacharach, Renania Alemania), Landau (de Landau, Alemania Renania) , Auerbach, Halperin, Ginsburg, Hammerstein, Frankfurter (desde Frankfurt, Alemania), Wiener (desde Viena, Austria), y Fischel (de Nürnberg, Alemania), aunque no todos los portadores del nombre Frank proceden de Franconia. Horowitz (= Gurevich) también proviene de la Europa Central y, antes, desde Italia. El apellido Teplitz indica también raíces en las tierras checas. Las migración de Oeste a Este desde Alemania y Austria se ven confirmadas por numerosos documentos auténticos. Por ejemplo, los rabinos Israel Isserlein de Austria y Moisés Mintz de Alemania escribieron en el siglo XV que el estado polaco de Cracovia fue durante muchos años un lugar de refugio para los judíos expulsados de Alemania.

En el siglo 16, nombres askenazíes provenientes de Europa central - como Lipman, Golda, Tolba, Liber, Yenta, Zel'man, Perelo, Yuta, Mendel, Leyzar, y Kopel'man - eran de uso común entre los judíos en todo el Gran Ducado de Lituania, incluido en las cercanas regiones de Lituania, Bielorrusia y Volhynia. Esto demuestra que una parte muy importante de la población judía de Europa oriental provenía de judíos de la Europa Central.

Hubo un pequeño número de refugiados judíos de Francia que llegaron a Hungría, pero en general los judíos de origen francés no tienen ninguna conexión con la inmensa mayoría de los judíos de la Europa oriental.

Algunos apellidos judíos askenazíes indican que sus antepasados procedían de Italia. Un ejemplo de ello es Luria (Lurie), lo que demuestra que la familia se originó en la ciudad italiana de Lurinza.

Algunos judíos sefardíes de España, Portugal y Turquía también encontraron su camino hacia Polonia y Rumania entre sí y con otros judíos askenazíes. Esto ha sido confirmado por la investigación de numerosas generalogías familiares, algunas de los cuales tienen apellidos sefardíes y por la existencia de tradiciones orales de su ascendencia sefardí. La familia Rappaport llegó desde el norte de Italia hasta Europa oriental, pero una teoría sostiene que se originó en Oporto, en Portugal. Otros apellidos sefardíes son Peretz y Basson. La existencia de judíos sefardíes en Polonia y Rusia es citada brevemente en los famosos libros de genealogía lde Dan Rottenberg ("En búsqueda de nuestros padres") y Arthur Kurzweil ("De generación en generación"). Un ejemplo de una ciudad donde se asentaron judíos sefardíes es Zamosc, en Polonia.

La mayoría (más del 50%) de los judíos en Polonia desciende de judíos alemanes, moravos y bohemios. La población judía en Poznan, Kalisz, Cracovia y Wroclaw probablemente desciendan de judíos que provenían de esas regiones. Sin embargo, también creo que vale la pena estudiar la presencia de judíos kazaros. Sólo mediante el estudio de los judíos occidentales y las contribuciones de judíos étnicos kazaros se puede completar nuestro objetivo. El libro de Weinryb confirma mi afirmación de que Wroclaw y Cracovia son las principales zonas de asentamiento de los judíos occidentales. Otras investigaciones de destacados historiadores y lingüistas han demostrado que los primeros judíos de Kiev y Chernihov pueden descender en gran medida de los kazaros.

Estos artículos, y otros muchos en diferentes idiomas, proceden de la espléndida página web Khazaria.com

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El mito kazaro (jázaro) y el nuevo antisemitismo - Steven Plaut - Jewish Press





• "Los israelíes no tienen ninguna historia en esta tierra porque ellos son kazaros, y por lo tanto no están conectados a esta tierra" - Al Hayat Al Jadida, 16 de junio de 2003

• "Curiosamente, los sionistas eran en su mayoría de origen no judío, cuyos antepasados se habían convertido al judaísmo alrededor del 800 d.C., en un lugar llamado Kazaria, en las montañas del Cáucaso, entre el Mar Caspio y el Mar Negro. Literalmente eran caucásicos" - web Judicial-inc

• "El año 1917 fue un hito importante para los judíos kazaros con la creación de su propio estado en Palestina. Ese mismo año también se produjo la Revolución bolchevique en Rusia, seguido de un holocausto cristiano como el mundo no ha conocido. Los judíos kazaros, una vez más, tomaron el control de Rusia después de más de 900 años, y se dedicaron a la tarea de destruir a los cristianos rusos, más de 100 millones, al mismo tiempo que más de 20 millones de judíos religiosos también murieron a manos de los judío kazaros" – web Al-jazeerah.info

Es una de las grandes ironías del s.XXI que, antisionistas y antisemitas de izquierda y de derecha, hayan retomado los argumentos racistas en contra de los judíos, hecho que la mayoría de nosotros pensaba que había desaparecido después de la Segunda Guerra Mundial.

Uno de los aspectos más extraño de esta "re-racialización" del antisemitismo es el papel desempeñado por el mito kazaro.

La nueva moda de los kazaros sostiene que la mitología moderna askenazí, y especialmente el liderazgo europeo del movimiento sionista, no es totalmente judía, en el sentido racial, sino descendiente de los kazaros no judíos, por lo tanto, y según esa aseveración de los “teóricos” del origen kazaro, sionistas e israelíes no tienen reivindicaciones legítimas sobre la Tierra de Israel.

Sería difícil considerar como una exageración el pensar que actualmente se ha generalizado la utilización indebida del mito kazaro en aquellos que buscan deslegitimar a Israel y a los judíos. Una reciente investigación mostró que casi 30.000 web utilizan la “teoría” de los kazaros para atacar a Israel y al sionismo.

Cerca de doscientas de esas web describen una cábala conocida como el Kazarismo Sionista Bolchevique (KZV). Las web neo-nazis y de los negacionistas del Holocausto están particularmente felices con el mito kazaro. También está creciendo su popularidad entre las correspondientes a los extremistas de la izquierda antisionista.

Propagandistas islamofascistas árabes, desde hace mucho tiempo, abrazan la teoría de los askenazíes kazaros, al igual que los dirigentes de Irán están encantados con ella. Al-Jazeera ha estado utilizando la supuesta historia de los kazaros para instar a los cristianos de todo el mundo a una guerra religiosa contra los imperialistas kazaros pseudo-judíos.

Grupos que promocionan los Protocolos de los Sabios de Sión suelen citar el infame papel de los kazaros como "prueba" de una conspiración judía mundial (cerca de unas 700 web). E inclusive, judíos antisionistas como Alfred M. Lilienthal y el sueco "Israel Shamir", han utilizado el mito kazaro para atacar el sionismo.

¿Por qué están tan interesados estos diversos grupos en un lugar arcaico y un esotérico grupo de personas del Asia central que casi desaparecieron hace un milenio?

La respuesta es muy simple. Según la teoría de los kazaros de los nuevos antisemitas, la mayoría de los judíos de hoy, en particular los judíos askenazíes, no son racialmente judíos, sino descendientes de la tribu turca de los kazaros, cuya clase dirigente, y partes de su élite y de su población, se convirtió al judaísmo a principios de los siglos VIII o IX d.C. Por lo tanto, argumentan estos entusiastas de los orígenes raciales, los judíos askenazíes no tienen derecho a vivir con los racialmente semitas en el Oriente Medio y, sobre todo, nunca en la Tierra de Israel.

Para los judíos, la historia de la conversión de los kazaros al judaísmo es mejor conocida gracias a los relatos de “El Kuzari: en defensa de la fe despreciada”, un libro medieval compuesto por el gran poeta y filósofo español Judá Ha-Levi.

En realidad, sólo una parte del libro trata en realidad del reino kazaro, sobre el cual poco se sabe, y las evocaciones históricas sobre ellos incluidas en ese libro no se consideran plenamente fiables.

En cualquier caso, el relato “El Kuzari” tiene por objeto los debates que en la corte real kazara supuestamente tuvieron lugar para la conversión de su élite al judaísmo. Otros altos funcionarios judíos de los reinos musulmanes del Al-Andalus tuvieron correspondencia con el reino kazaro, especialmente el rabino de Córdoba, Hasdai ibn Shaprut, cuyas cartas han sobrevivido. Y el gran sabio iraquí, Saadia Gaon, se cree que mantuvo correspondencia con los judíos del reino kazaro.

Comúnmente se piensa que parte de la motivación para la “conversión” de los kazaros fue establecer la neutralidad política del reino kazaro, enfrentado a posibles amenazas tanto de la Cristiandad como del Islam.

Los kazaros en sí mismos no han dejado registros documentales. El historiador árabe Ibn Fadlan escribió sobre ellos, pero lo hizo dos siglos después de que las conversiones al judaísmo se hubieran producido. Algunos judíos, tras haber buscado refugio ante las persecuciones bizantinas, probablemente vivieron en el reino kazaro mucho antes de la conversión de su realeza.

Un irónico giro histórico es que los kazaros han contribuido al alfabeto cirílico, utilizado por el ruso, el eslovaco y otros idiomas. San Cirilo llegó a Kazaría en el 860 d.C., en un intento de convertir a los kazaros al cristianismo. Dado que el hebreo de los kazaros y el griego eran los principales alfabetos conocidos por San Cirilo y los primeros eslavos, hubo prestamos entre ambos.

El interés occidental por los kazaros fue estimulado en gran medida por el libro publicado en 1976 “La decimotercera tribu”, de Arthur Koestler, un escritor más conocido por haber combatido a lo largo de toda su vida contra todas las formas de totalitarismo. El libro de Koestler se basa en gran medida en un libro precedente, “La historia de los judíos kazaros”, del historiador D.M. Dunlop.

Dunlop rechazó la idea de que en un gran número de judíos askenazis se pudieran rastrear sus orígenes kazaros, pero no fue el caso de Koestler. En una equivocada y extraordinariamente exagerada estimación de su papel y del número de descendientes kazaros entre los judíos europeos, Koestler, un destacado sionista por otro lado, inadvertidamente proporcionó todo ese tipo de munición que los racistas y los antisemitas actuales soñarían, y es por ello que muchos de entre ellos suelen citar su libro como base para sus denuncias racistas de Israel.

Una serie de libros más serios sobre los kazaros están ahora en el mercado, incluido “Los judíos de Kazara”, de Kevin Alan Brook. El rabino Bernard Rosensweig fue una de las principales figuras en desacreditar la teoría de los orígenes kazaros de los judíos askenazíes. En “Escribiendo la Tradición” la desestimó como una de esas "tambaleantes suposiciones académicas sin apoyo histórico".

Asimismo, el arqueólogo sueco Bozena Werbart, un experto en los kazaros, escribió: "En el reino zazaro, Koestler quería ver el origen de los judíos de la Europa oriental. Sin embargo, todas las pruebas y hechos históricos y lingüísticos contradecían sus teorías."

En “La Enciclopedia del judaísmo” se afirma enfáticamente: "La noción de que los judíos askenazíes eran descendientes de los kazaros no tiene absolutamente ninguna base en la realidad".

El verdadero reino kazaro fue sometido en parte por los primeros rusos en el siglo X, y todo lo que restaba fue aniquilado como consecuencia de las invasiones mongolas desde el Asia central.

Lo que les paso a los judíos kazaros simplemente se desconoce. Aquellos que conservaron su judaísmo probablemente se integraron en las restantes comunidades judías de todo el mundo. Algunos grupos de kazaros se sumaron a la invasión magiar de lo que luego se convirtió en Hungría, y se fusionaron con los judíos que ya vivían en esas tierras. De hecho, los arqueólogos han encontrado estrellas judías en los restos de aldeas kazaras húngaras.

Pequeños grupos de mercenarios kazaros probablemente encontraron refugio en otros lugares. Lo más probable es que la mayor integración de los judíos kazaros en otras comunidades judías se llevara a cabo en Irán y en Irak, donde existían las comunidades judías más grandes y más cercanas al reino kazaro, y con quien habían mantenido estrechos vínculos (Algunos han especulado con que los judíos montañeses del Caucaso Oriental descienden en parte de los kazaros. Varios grupos turcos que viven actualmente en el Norte del Caucaso podrían descender de kazaros que adoptaron el Islam...).

(Una leyenda urbana sostiene que el color rojizo del pelo de los judíos los identifica como descendientes de los kazaros, a pesar de que difícilmente se podría explicar en el caso del Rey David, por no hablar de Esaú. Arthur Koestler aseguraba que muchos eran rubios con ojos azules.)

En cualquier caso, la existencia política de los kazaros terminó hace ya más de mil años.

Entonces, ¿qué hacer con el mito kazaro relativo a los judíos askenazíes y, por lo tanto, la supuesta falta de reivindicaciones legítimas por parte de Israel debido a sus orígenes kazaros? La mayor ironía es que inclusive si la teoría de los judíos askenazíes como descendientes de los kazaros fuera correcta - y prácticamente no hay ninguna prueba de que lo fuera -, sería totalmente irrelevante. El judaísmo nunca ha definido a los judíos por motivos raciales. Cualquier persona de cualquier raza es bienvenida como converso al judaísmo, siempre y cuando sea sincera.

Los propios israelitas bíblicos ya poseían una mezcolanza racial. Ellos absorbieron a la "multitud mixta" que salió con ellos de Egipto en el momento del Éxodo. Hay referencias bíblicas a judíos con diferentes características raciales, incluyendo la piel negra de Shulamita mencionada en el Cantar de los Cantares.

Los judíos siempre se han definido a ellos mismo por criterios religiosos, étnico-nacionales y a veces en términos lingüísticos, pero nunca siguiendo unas líneas raciales. Si todos los judíos askenazíes fueran kazaros convertidos, como asegura la actual reclamación racial antisionista, no serían menos legítimamente judíos y, como tal, tendrían los mismos derechos legítimos a una patria judía, como cualquier otro grupo de judíos (y dada la tradicional deferencia hacia los justos convertidos, tal vez tendrían más).

Los detalles reales del mito de los kazaros con relación a los orígenes de los judíos europeos son simplemente elucubraciones pseudo-históricas y pamplinas mentales.

Los judíos ya vivían en Europa un millar de años antes de que el reino kazaro se formara. No existen marcadores o indicadores genéticos que muestren que todos los judíos askenazíes son descendientes de tríbus turcas. De hecho, existe una considerable evidencia genética que muestra como los judíos están más cerca del Levante y de los árabes sirios, que de asiáticos originales del Asia Central.

Después de la invasión mongola, los kazaros probablemente fueran asimilados por las comunidades judías de Irán y de Irak, que, por supuesto, eventualmente surgieron como importantes centros sefardíes [N.P.: dentro de esa más amplia identificación sefardí como originario del Mediterraneo y del Oriente], conformados principalmente por judíos con características raciales semitas, descendientes de los emigrantes y de los exiliados judíos de la Tierra de Israel. En cualquier caso, actualmente hay más judíos "semitas" sefardíes en Israel que judíos askenazíes de origen europeo. Y si los kazaros eran turcos, ¿cómo se podrían dar judíos askenazíes de complexión europea?

Hay otros problemas. Si todos los judíos askenazíes fueran descendientes de kazaros convertidos, ¿por qué hay Cohens y Levis entre ellos? Uno hereda la condición de Cohen (sacerdote) o de Levita (dedicado al culto y al servicio del Templo) del padre. Los descendientes de los kazaros conversos a través de la línea masculina nunca podrían ser un Cohen o un levita.

¿Y por qué no hay apellidos kazaros entre los askenazíes, o nombres kazaros de pueblos y ciudades en Europa, allí donde vivieron los judíos? ¿Y por qué la mayoría de las comunidades askenazíes hablaban variantes del yiddish en lugar del turco?

Como ya se mencionó antes, la popularidad del mito kazaro entre los antisemitas representa un retorno actual a los modelos de intolerancia racista antijudía de los años 1930 y anteriores.

Casi todas las web antisemitas y neonazis denuncian a los sionistas y a los israelíes como "kazaros". Las listas de chat de esas web donde se cataloga a los defensores de Israel como a "usurpadores kazaros" son demasiado numerosas para contarlas.

El racismo, una vez más en boga, sostiene que los judíos “sólo tendrían unas legítimas reivindicaciones al derecho a su autodeterminación en su patria histórica si fueran verdaderamente semitas desde un punto de vista racial”. Así pues, Palestina se ha convertido para ellos en una Lebensraum racial antisemita y los que no poseen la correcta marca racial no tienen nada que hacer allí. La pureza racial, de repente, es la nueva base de los derechos nacionales.

He descubierto decenas de web neonazis afirmando que los "kazaros sionistas" estaban realmente detrás del ataque del 11-S. He encontrado miles de web afirmando que "los kazaros pretendidamente judíos" formaban parte de una liga conspirativa con la Masonería, el Vaticano, los Illuminati y otros para controlar el mundo.

El “conspiracionismo kazaro” llega hasta estos días; una web del Ku Klux Klan afirma que el evangelista pro-Israel Pat Robertson realmente es un judío kazaro. La red neo-nazi “Américan Patriots Friends” afirma que los kazaros realmente descienden de la raza de Magog y desean secretamente controlar América.

Si llevamos este argumento racista hasta su conclusión lógica, los árabes palestinos tienen todo el derecho a reclamar su soberanía en Israel debido a que racialmente son más verdaderamente judíos (en tanto semitas), mientras que los sionistas son judíos kazaros, es decir, impostores raciales y usurpadores.

Llevando las cosas hasta ese punto, hay que señalar que los mismos árabes son, por supuesto, una mezcla de cepas raciales, en particular con un gran componente caucásico debido a la mezcla con pueblos europeos, como el español y el italiano, con los bereberes caucásicos, con vándalos, con godos, e incluso algunos vikingos [inclusive musulmanes bosnios y circasianos que emigraron en el s. XIX].

La deslegitimación racista del sionismo como un “imperialismo kazaro” incide en la misma loca teoría que sostiene que "Jesús fue palestino" [N.P.: Palestina se crea, como entidad geográfica que designaba los territorios del antiguo principado de Judea, con posterioridad a la rebelión judía de Bar Kojba, en el 135 d.C., cuando el emperador romano Adriano intenta eliminar todo vestigio de la civilización hebrea] y que afirma que todos los verdaderos judíos (desde un punto de vista racial) se convirtieron al Islam después de la conquista árabe de Palestina a finales de s. VII, y pasaron así a ser árabes palestinos.

Uno también puede encontrar un gran número de sitios web alegando tales cosas.

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