Los izquierdistas israelíes regresan al chovinismo - Assaf Wohl - Ynet

Una manifestación de la izquierda se llevaba a cabo en Sheikh Jarrah, y resultó que yo estaba invitado. Un amigo de un amigo me envió una invitación por Facebook. Entre los muchos signos de admiración, no pude dejar de notar una cierta demanda muy requerida a los participantes, o más exactamente, a las participantes femeninas: "Al elegir tu atuendo para la manifestación, por favor toma en cuenta las diferencias culturales". ¿No les parece increíble?
Como alguien que ha pasado la mayor parte de su vida entre el sector religioso, estoy equipado con esos detectores de primer nivel destinados a detectar al chovinismo autoritario disfrazado de "modestia". Estos detectores se centran sobre todo en la insistencia en la expresión "las diferencias culturales".
Voy a traducir este término a un lenguaje sencillo y popular para todos aquellos que tienen problemas para hacerlo ellos mismos. Los organizadores de la protesta pidieron a las manifestantes femeninas que se "taparan", que utilizaran un vestuario recatado, como es habitual en las sociedades machistas. La sociedad en cuyo nombre y en cuya defensa ellos se manifestaban oprime a las mujeres y es jerárquica y violenta. Es una sociedad que ve a la mujer como un objeto que pertenece a los hombres, y ve los asesinatos por honor de la mujer como un cenit tecnológico (las familias que asesinan a miembros femeninos de la familia por un supuesto deshonor a la familia, casi siempre ligado a las relaciones sexuales).
Como ya hemos señalado, desde que la mujer es un objeto que pertenece al hombre se enfrenta a severas restricciones. El código de vestimenta es uno de ellos, y aquí se menciona con el eufemismo de "las diferencias culturales".
A los izquierdistas y progresistas ni siquiera se les pasa por la imaginación que haya algo mal en su recomendación. Ellos no ven la gran disonancia existente entre su deseo de entregar sus vidas a la lucha para que los judíos no habiten en Sheikh Jarrah (Jerusalem Este), y su singular silencio ante el asesinato de las mujeres y la persecución de los homosexuales. De hecho lo contrario es lo cierto, su fácil adaptación a esas reglas de "modestia" y a la opresión en esas sociedades que dicen defender.
En el ejemplo anterior, esa “comprensión” no sólo está limitada a la hipocresía de esa izquierda de reconocido prestigio. Los miembros de diversas religiones, cultos e ideologías, a veces actúan firmemente en contra de sus propios ideales. Y así, ese izquierdista ilustrado y amante de la igualdad no tiene nada que decir, es decir, valida el patriarcado machista de la sociedad árabe hacia las mujeres. Es precisamente lo mismo que hacen algunos haredim cuando violan el decreto bíblico de "no hagas a los demás lo que..." humillando públicamente a algunas niñas sefardíes, mientras miles de sus seguidores salen a la calle protestando por los reproches a su actitud.
¿Por qué sucede esto? Pues debido a que estos "ideólogos" no tienen un propósito muy respetable que digamos. Y vivir sin un propósito puede ser muy difícil, sólo hace falta preguntárselo a Viktor Frankl. Los ideales con que se jactan estas ideologías no pueden llenar ese vacío humano que busca imperiosamente un significado. Los valores del humanismo y la democracia para algunos izquierdistas, como la Toráh para algunos haredim, no puede proporcionarles ese propósito vital, a pesar de sus pretensiones grandilocuentes. Así que les resulta necesario inventarse algo.
Al final del día, todos estos grupos se unen para algunas fascinantes sesiones de estudio con la "policía antidisturbios". Estas fuerzas de policía, que como todos sabemos conforman "la élite académica de las disciplinas de humanidades", están obligadas a proporcionarles un propósito vital a todas esas almas miserables antes mencionadas; y todo para que esa insoportable levedad del ser de estas almas descarriadas desaparezca como por ensalmo con el uso de sus porras, proporcionándoles la necesaria terapia analítica a través de las lágrimas causadas por el gas y despertándoles de la apatía vital con la concesión de unos pocos y significativos golpes en su vida de esto.
Los ejemplos que vemos nos sugieren que los valores que enarbolan estos combatientes ideológicos no conforman los verdaderos motivos por los que se alistan a la causa. Como se ha señalado antes, ni el judaísmo ni los valores humanistas occidentales parecen conformar un propósito vital digno para sus vidas. Es un hecho. Estas personas están motivadas por necesidades psicológicas personales que pueden surgir de su propósito existencial. Por lo tanto, recurren a la creación de falsas fricciones y a pseudo-guerras justas.
Y así podemos vemos como su pretendido humanismo es abandonado para apoyar culturas teocráticas y dictatoriales. Del mismo modo, la Toráh y su mensaje son abandonados por el buen descanso de algunos huesos y restos antiguos [N.P.: alusión al affaire del traslado de algunos antiguos restos humanos para la creación de unas urgencias en un hospital de Ashkalon y los incidentes generados por la oposición de algunos haredim]. Sin embargo, estos manifestantes de tan elevada claridad moral deberían recordar una cosa cuando sean golpeados por la policía antidisturbios: cuando se quejan de la violencia por parte de los "matones uniformados", también deberían tomar en cuenta "las diferencias culturales".
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