Sunday, January 07, 2018

Si el Comité Central del Likud desea anexionar los asentamientos, que lo hagan de una vez, y no sigan hablando de hacerlo - Yoaz Hendel - Ynet



El fracaso es el resultado de la exageración. En la década de 1990, los Acuerdos de Oslo se basaron en la exageración conceptual. La idea de que un architerrorista como Yasser Arafat pudiera convertirse en un socio real para la paz, y que pudiéramos armar a los terroristas palestinos con armas y esperar lo mejor de ellos, estaba enraizada en las ilusiones de la izquierda. El derramamiento de sangre y las docenas de ataques terroristas podrían haberse evitado, si no fuera por esa exageración conceptual, pero la querían tanto y estaban tan apegados a ella (aún incluso), que prefirieron cerrar los ojos y precipitarse hacia adelante.

Hoy, en el 2018, la mayoría de los israelíes cree que el conflicto no puede resolverse con el espíritu de la visión de Oslo. Puede ser administrado. Y cuando no es administrado, seguimos adelante.

La decisión del Comité Central del Likud de aplicar la ley israelí a Judea y Samaria (a los asentamientos allí existentes), adolece por otro lado de dos fallos principales: exageración y falta de voluntad para manejar el conflicto, y simplemente continuar adelante. Con todo su carácter festivo, la decisión levanta una cortina de humo sobre el hecho de que los sucesivos gobiernos de derecha no han anexionado ni una pulgada en Judea y Samaria. Básicamente, estamos siendo engañados.

No existe un proceso real destinado a crear legalmente hechos establecidos sobre el terreno. El Estado de Israel no aprovecha la presencia de Donald Trump en la Casa Blanca para promover la ideología de la derecha. En el mejor de los casos, está apagando incendios y prometiendo las mismas 300 casas en Beit El una y otra vez.

El ex ministro Gideon Saar tiene razón cuando dice que es hora de levantar la amenaza de evacuación de las comunidades de Judea y Samaria, pero ¿qué tiene que ver eso con la decisión del Comité Central del Likud? La última vez que tomaron una decisión sobre la Gran Tierra de Israel fue el momento previo a la desconexión de Gaza iniciada por el Likud. ¿Qué tiene que ver la decisión con lo que está sucediendo en la práctica?

No existe tal cosa como aplicar la ley exclusivamente a los judíos. La ley se puede aplicar a un territorio. Cualquier persona inteligente puede entender eso. Quien viva en ese territorio, tanto judíos como árabes, se convertirán en ciudadanos israelíes. Es lo que podría haber sucedido si el área de Ma'ale Adumim o Gush Etzion se hubieran anexado, tal como prometió Likud. Tampoco sucedió, y a juzgar por el nivel de exageración, no va a suceder en el corto plazo.

Entonces, ¿qué decidió hacer el Comité Central del Likud? ¿Vamos a anexionarnos los territorios de la Autoridad Palestina? ¿O tal vez solo el Área C, como sugiere el plan del líder de Bayit Yehudi, Naftali Bennett? ¿Es esta una declaración ideológica o solamente una declaración por la posibilidad de hacerla?

Hace varios días, mi colega Ben-Dror Yemini criticó la decisión del Likud y al ministro Gilad Erdan por no haber podido evitarla, argumentando que proporciona armas a los activistas del BDS. Eso es posible, pero hay un precio que vale la pena pagar, siempre que exista un propósito. Y este giro político no es un propósito.

El día después de la decisión, Judea, Samaria y el Valle del Jordán seguirán siendo "territorios administrados" en el lenguaje oficial israelí. Netiv HaAvot y otras comunidades lidiarán con la misma extraña situación en la que su destino será decidido por un tribunal en lugar del gobierno. No existe un plan real que pueda presentarse a la administración estadounidense, y principalmente a nosotros mismos. La conclusión es que fue un acontecimiento partidista con representantes elegidos y con muchas declaraciones y objeciones.

Por el momento, hay dos planes serios en la derecha. Uno tiene que ver con Gaza e incluye la creación de medidas económicas y de otro tipo para finalmente desconectar la franja de Israel. El iniciador del plan, el ministro Yisrael Katz, no ha logrado mantener un solo debate en el gabinete sobre el tema. Cuanto más especifica el plan y agrega medidas prácticas, más se escapa. No hay discusión para evitar tener que tomar una decisión.

El segundo plan es el de Bennett, e incluye anexionar el territorio no perteneciente a la Autoridad Palestina (el área C) y aplicar la ley israelí a esa parte del territorio, con un claro entendimiento de que el resto de territorios de la AP no se anexionarán sino que existirán como una autonomía expandida o un "estado menor", tal como alguna vez expresó el primer ministro Benjamin Netanyahu. El plan de Bennett no está maduro, pero es una excelente base para un movimiento lógico.

El Comité Central del Likud podría haber tenido una discusión sobre estos planes: aceptarlos, ajustarlos, cambiarlos o rechazarlos. En cambio, votaron sobre una decisión que no puede implementarse. No hay un gobierno israelí que quiera anexionar Nablus, Ramallah y Jenin para dotar a sus residentes de los fondos del Seguro Nacional y los presupuestos de educación. La ley no se aplicará realmente, ya que Likud está en contra de un estado binacional.

Entonces, ¿qué tenemos aquí? Pues un aparente giro político. Un partido que ha tenido problemas para crear una plataforma política en las últimas tres campañas electorales y que, por lo tanto, está volviendo a su zona de confort, una especie de imitación del Bayit Yehudi con una exageración adicional.

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Unicornios, Papá Noel y la anexión del Área C propuesta por el Comité Central del Likud - Michael J. Koplow - Matzav Blog



Los opositores a una solución de dos estados dentro del gobierno israelí marcaron el comienzo de 2018 con un golpe. El domingo, el Comité Central del Likud votó unánimemente para pedir a los políticos del Likud que apliquen la ley y la soberanía israelíes a los asentamientos en Cisjordania. Ayer, la Knesset aprobó una enmienda a la Ley Básica sobre Jerusalén que exige que cualquier decisión de ceder parte de la ciudad como parte de un acuerdo de paz con los palestinos debe ser aprobada por 80 miembros de la Knesset en lugar de una mayoría simple. El peligro de estos movimientos gemelos no es que condenen la solución de dos estados, ya que el primero no tiene fuerza de ley y el segundo puede ser anulado instantáneamente por el voto de 61 diputados. Más bien, el peligro es que representan la elevación del pensamiento mágico de la derecha que se niega a lidiar con las consecuencias reales de las políticas que defienden, y esa es la mayor amenaza para la solución de dos estados que el teatro político que ha jugado esta semana.

Ni el voto del Comité Central del Likud ni la enmienda a la Ley Básica de Jerusalén deberían ser una sorpresa. Esta tendencia dentro del Likud se ha estado infiltrando desde hace tiempo ya que ha sido impulsada por activistas del partido, eso ha provocado que el primer ministro Netanyahu ocupe desde hace tiempo el flanco izquierdista de su partido con respecto a estos temas, negándose a aceptar retóricamente la anexión de partes de Cisjordania. La ley de Jerusalén también ha sido un tema del debate de la Knesset durante meses. Y el momento actual para ambos movimientos tiene que ver con la política, tanto interna como externa.

Las investigaciones sobre Netanyahu parecen estar llegando a un punto crítico, y los comentarios públicos del primer ministro revelan por primera vez que, al menos, la policía recomendará que sea procesado. Algunos miembros de la coalición están encantados de servir en el gobierno más derechista de la historia de Israel y no quieren molestar su trayactoria, mientras que otros están aterrados ante la posibilidad de ser eviscerados si se convocan nuevas elecciones en los próximos meses. El resultado es que nadie quiere derrocar al gobierno, pero todos se están preparando para el final de la era Netanyahu, y así la disputa ha comenzado con toda su fuerza entre los potenciales sucesores de Netanyahu.

Mientras Netanyahu ha estado ausente de la votación del Comité Central del Likud, aquellos que esperan reemplazarlo como Gideon Sa'ar, Yisrael Katz, y Yuli Edelstein aparecieron todos y dieron lo que fueron esencialmente discursos de rigor. Los incentivos son tales que cualquiera que quiera ser el quinto líder del Likud y seguir los pasos de Menachem Begin, Yitzhak Shamir, Ariel Sharon y Netanyahu debe demostrar unas impecables credenciales a favor de la anexión para estar en línea con la base del partido. Los activistas de base del partido entienden muy bien esta dinámica y, por lo tanto, tienen el incentivo para presionar para más declaraciones políticas anexionistas mientras tienen una audiencia cautiva de políticos suplicantes. Si el propio Netanyahu quisiera que algo de esto ocurriera en estos momentos, se trata de una idea de último momento, el indicador más claro de cómo el aparato del partido Likud ve las perspectivas del futuro político de Netanyahu.

La cuestión de Jerusalén también se debe en parte a estas dinámicas, pero no cabe duda de que el reconocimiento por parte del presidente Trump de que Jerusalén es la capital de Israel lo ha impulsado. El gobierno israelí, con razón o sin ella, está leyendo la jugada de Trump como una señal para ser más agresivo con respecto al estatus y futuro de Jerusalén, y este es solo un primer paso en una campaña para intentar cambiar las expectativas de los otros que los palestinos deberían esperar con respecto a Jerusalén en cualquier acuerdo futuro. A pesar de que la declaración de Trump sobre Jerusalén no reconoce la reclamación de Israel de una capital unificada que incluye lo existente dentro de las fronteras municipales actuales, la derecha israelí está haciendo todo lo posible para actuar como si realmente validara su visión maximalista, un argumento que ahora es más fácil de seguir con los tuit de Trump del martes. Netanyahu ha frenado en el pasado aquellas iniciativas que provocan sorpresa en la Casa Blanca, pero hay pocas razones, dados los mensajes provenientes de Washington, para que hoy piense que hay razones para seguir procediendo con cautela en los esfuerzos por mantener el control de Israel sobre el totalidad del municipio de Jerusalén.

La otra pregunta, aparte del momento elegido, es qué efecto tendrá todo esto. Como señalé anteriormente, los pronunciamientos del Comité Central del Likud crean presión política pero no tienen fuerza de ley, e incluso un primer ministro israelí menos precavido y cauteloso que Netanyahu tendría bastantes dificultades para anexionar el Área C, sin importar como lo interpretaría el presidente estadounidense. El requisito de la súper mayoría para ceder cualquier parte de Jerusalén es un gesto prácticamente sin sentido, ya que ningún gobierno israelí tomará tal paso sin el apoyo de una gran mayoría en la Knesset, y es el mismo apoyo minoritario el que puede rescindir el nuevo requisito de la súper mayoría. Pero a pesar de que ninguna de estas cosas conllevará ningún cambio práctico, sus consecuencias no deben subestimarse.

Cualquiera que defienda una solución de dos estados sabe que la primera objeción que siempre surge es cómo garantizar la seguridad de Israel y evitar que Cisjordania se convierta en Gaza. Es una cuestión totalmente lógica y legítima, nacida de la experiencia de Israel durante la última década, pero también de una actitud que durante demasiado tiempo consumió a la izquierda israelí y que cuyas consecuencias adversas potenciales, como la retirada territorial, las barrieron debajo la alfombra en lugar de enfrentarse a ellas. Fue un error cuando lo hizo la izquierda, y ahora es un error semejante cuando la derecha lo hace con la anexión y Jerusalén.

Todo político israelí que apoye la anexión del Área C y la aplicación de la ley israelí a los asentamientos debería explicar cómo funcionará en la práctica. ¿Israel construirá una barrera que abarque solo el Área C? Una ojeada a un mapa demuestra que esto sería casi imposible: el área C no es una parte distinta de Cisjordania, sino una telaraña interconectada de asentamientos, posiciones del IDF y carreteras, y crearía una frontera que sería la menos fácilmente defendible militarmente del mundo.

¿Israel otorgará la ciudadanía a los 250-300,000 palestinos que viven en el Área C y les permitirá moverse libremente por Israel, a pesar de que muchos de los mismos políticos que piden su anexión también describen a los ciudadanos palestinos de Israel y a los residentes palestinos de Jerusalén Oriental como unas amenazas potenciales a la seguridad al no ser lo suficientemente leales al estado? De manera similar, si Israel hace que sea imposible ceder partes de Jerusalén, ¿mejorará el gobierno israelí los servicios municipales en Jerusalén Este, o incluso extenderá los servicios básicos de policía y basura a lugares como Shuafat que no tienen ninguno en estos momentos? Si el gobierno israelí decide ampliar las fronteras del municipio como lo hizo en 1967 y nuevamente en 1993, ¿las nuevas áreas serán tratadas como si hubieran sido establecidas por una sagrada escritura?

Todo esfuerzo para tomar medidas que hagan que una solución de un único estado vaya pareciendo inevitable debe enfrentarse con una avalancha de preguntas sobre la practicidad de tal enfoque. La idea de que Cisjordania se puede anexionar fácilmente y que hacerlo sería simplemente una cuestión de actuar con valentía, no puede aceptarse simplemente al pie de la letra ni enfrentarse solamente a los desafíos ideológicos. Las fantasías que la derecha está propagando actualmente son solo eso, fantasías. El peligro a largo plazo es que muchos lo vean como planes de acción factibles. El reto por delante es asegurarse de que más personas comprendan por qué anexionarse ​​el Área C sería el equivalente a saltar de un avión sin siquiera verificar si nos hemos puesto un paracaídas.

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Sunday, December 18, 2016

¿Es este el final del Likud liberal? - Mazal Mualem - Al Monitor



Como en cualquier proceso profundo, la transformación del partido Likud de un partido nacional liberal en un partido próximo a la extrema derecha que despectivamente pisotea el estado de derecho no implica un acontecimiento repentino. El cambio en el Likud se completó el 5 de diciembre en la Knesset, cuando Begin Benny fue el único miembro del partido en votar en contra de un proyecto de ley que reconocería los puestos avanzados no autorizados. La medida fue aprobada en una lectura preliminar. En respuesta a la pequeña rebelión de Begin,  David Bitan, el presidente de la coalición y miembro del Likud, suspendió a Begin del comité de constitución de la Knesset durante tres semanas.

El movimiento en contra de Benny Begin, el hijo de Menachem Begin, el primer ministro más admirado del Likud, provocó una tormenta en los medios, aunque ninguno de los principales miembros de su partido se puso a su lado. Casi todos los grupos de WhatsApp del Likud, con la excepción de uno o dos, se pusieron de parte de Bitan, quien explicó en una entrevista con el canal de la Knesset, "[Benny Begin] es un símbolo real para el Likud, pero también un símbolo tiene que seguir la línea marcada. Él no puede ser diferente de los demás. Él no puede hacer lo que quiera".

El ex ministro de Justicia,  Dan Meridor, un miembro veterano del Likud y amigo de Begin, expresó los sentimientos de un grupo de activistas moderados y pragmáticos del Likud que están siendo desplazados de su propia casa política, y se expresan con dolor y frustración como resultado. En una entrevista con la Radio del Ejército, Meridor observó "¿A dónde hemos llegado? Cuando Benny Begin, que representa al Likud histórico, es castigado por esto. Legislan una vergonzosa ley. Una ley que protege el robo, que ensucia a toda la empresa de asentamientos, y ningún miembro de la Knéset con conciencia debería estar de acuerdo con ella. Benny Begin es castigado por no estar de acuerdo con legislar leyes injustas. La vergüenza está en el gobierno".

Uno de los pocos activistas del Likud que se situó junto a Begin fue Gil Shmueli, el presidente del círculo Herut del Likud, que escribió en un grupo de WhatsApp, "La eliminación de Benny Begin del comité de constitución supuso el cruce de todas las líneas rojas en un partido nacional, democrático y libre, y es una continuación directa de la destrucción del clásico, liberal, oficial y buen Likud, al que echamos de menos".

La sanción impuesta a Begin por parte de Bitan ha sido una llamada de atención no intencional para los activistas del Likud que desean un partido nacional y liberal en su sano juicio. Parece haber llegado demasiado tarde, sin embargo. El Likud, que hace más de una década comenzó a moverse hacia posiciones de extrema derecha con la toma del control de las instituciones del partido por grandes grupos de colonos, ahora es un partido diferente. Ministros como Bitan, Miri Regev y Zeev Elkin, y por supuesto el primer ministro Benjamin Netanyahu que los respalda, son las personas que actualmente mandan en la parte superior del Likud, lo que provoca divisiones, incitaciones y a menudo el uso de una retórica racista. Ellos desprecian el estado de derecho de una manera pocas veces visto en el partido, y los que no lo hacen son marginales y no influyentes.

La mayor parte de la opinión pública israelí, incluyendo los que votaron al Likud, no son conscientes de la importancia del proyecto de ley de regularización de los puestos avanzados, elaborado para evitar la evacuación de Amona - un asentamiento de Cisjordania establecido en tierra palestina privada que el Tribunal Supremo dictaminó que debe ser eliminado -. El propósito del proyecto de ley es evadir el fallo del tribunal, y establecer los medios para un reconocimiento de los puestos de avanzada no autorizados, lo que también podría afectar a Amona. Es este un movimiento sin precedentes, con el Parlamento israelí, con el pretexto de la ley, tratando de apoderarse de propiedad privada de palestinos que están bajo su control. No es una cuestión de izquierda o derecha, sino de mantener el imperio de la ley como uno de los pilares de un estado democrático.

La ley tal como se propone fue declarada ilegal por el fiscal general Avichai Mandelblit, quien dijo que no podría defender la ley si las demandas contra ella eran enviadas ante el Tribunal Supremo. El asesor jurídico de la Knesset, Eyal Yinon, también se opuso enérgicamente a esta legislación, e incluso el propio Netanyahu ha argumentado que su aprobación podría dar lugar a una investigación internacional contra altos funcionarios israelíes en el Tribunal Penal Internacional de La Haya. Sin embargo, nada ha detenido el tren fuera de control de su regularización. Fue aprobada tras la presión del Kulanu de eliminar la cuestión específica de Amona de su redacción, y los partidos de la coalición acordaron crear un mecanismo especial para Amona.

Begin, un partidario indiscutible de una visión conjunta de la Tierra de Israel, explicó por qué decidió romper la disciplina de la coalición en una entrevista en la Radio del Ejército: "Tenemos que ser contenidos en la aprobación de leyes en todo lo que se refiere a ciudadanos (sic) que están bajo nuestra gobernancia y que no pueden votar por la Knesset. No es sano, no es justo y no es bueno aprobar esta ley y luego esperar que el Tribunal Supremo la anule para decir: 'Esos jueces izquierdistas anularon nuestras leyes nuevamente'... Lo que tenemos aquí es muy malo para la legislación del Estado de Israel".

El proyecto de ley de regularización no habría tenido la oportunidad de pasar en el Likud de hace 10 años, y ahora el Likud del 2016 parece ir con el viento de cola. Es evidente para todos que esperan que el proyecto de ley sea rechazado por el Tribunal Supremo, lo que avivará la ira de los colonos contra el Tribunal, para luego los políticos que apoyaron dicha ley poder proclamar estar orgullosos de su constante lucha por los colonos en las próximas primarias del Likud. Uno puede asumir fácilmente que si Begin se presenta a las primarias del Likud no sería elegido para un puesto importante en la lista del partido. Él ya fue cortado de la lista en las elecciones primarias de 2012, junto a los ex ministros Dan Meridor y Michael Eitan, opuestos al reconocimiento del puesto avanzado de Migron. El precio que estos tres altos miembros del Likud han pagado por su lucha para defender el estado de derecho ha sido sus carreras políticas. La noche que fueron expulsados de la lista del Likud para la Knesset en noviembre de 2012 fue un marcador del sendero del Likud de un partido liberal nacional a otra cosa.

En vísperas de las elecciones del 2015, en un intento desesperado para atraer a los votantes que habían abandonado el partido, Netanyahu reclutó a Begin y le dio su respaldo. Cuando el presidente del Kulanu, Moshe Kahlon se jactaba de que estaba "siguiendo el camino de Begin", Netanyahu adoptó al verdadero Begin,  el hijo de Menachem Begin. Una vez más se ha demostrado que existe una brecha entre los votantes del Likud, la mayoría de los cuales tienen puntos de vista moderados, son de centro-derecha y respetuosos con el sistema judicial, y ciertos grupos extremistas que han empiezan a controlar las instituciones del partido. Puede ser que en el futuro los votantes del Likud entiendan que ellos tampoco tienen cabida en un partido que considera a Benny Begin como un rebelde.

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Friday, January 02, 2015

¿Dónde ha ido el liberalismo del Likud? - Yoaz Hendel - Ynet




Un análisis que los hechos que se ha demostrado un tanto precipitado. La lista elegida del Likud es bastante más moderada de lo previsto. No obstante, ciertos males, como la falta de representación de un sector auténticamente liberal, y la falta de carisma, son evidentes.



En teoría, el Likud es el partido más grande de Israel: tiene un gran número de miembros, es un elemento central del sistema de partidos y tiene una tradición gloriosa y es un activo financiero.

En teoría, el Likud es el partido con el mayor potencial de votantes en Israel. Aparte de los izquierdistas más ideológizados, todo el mundo podría llegar a sentirse como en casa: derechistas y centristas, activistas sociales y empresarios capitalistas, judíos religiosos y judíos seculares, conservadores y liberales.

En teoría, el Likud es el partido de Zeev Jabotinsky y Menachem Begin, el hombre que habló sobre la nacionalidad sin compromisos, pero comprometido en casi todos los sentidos como primer ministro.

En teoría, el Likud es el único partido capaz de traer la paz, peleando de una manera corta y suave, y tratando el desafío diplomático sin quedar atrapado por las ilusiones acerca de un nuevo Oriente Medio.

En teoría, si Mapai era el partido de los emprendedores que construyeron una villa en la selva, el Likud es un partido de los terratenientes sensatos que deberían haber permitido al partido superar las dificultades de los últimos años y los fuertes vientos.

En teoría, la suerte del gobierno del Likud debería estar asegurada en estos momentos, pero en la práctica está luchando por su existencia a falta de una auténtica plataforma e ideas sobre la manera de atraer a los israelíes.

Los barcos grandes se hunden lentamente. A veces los pasajeros a bordo ni siquiera saben que hay un problema. A veces una colisión menor crea un pequeño agujero y el agua va anegando la nave por sí misma.

El miércoles, los miembros del Likud votarán en las elecciones primarias. La lista del partido de los candidatos a la Knéset se dará a conocer a finales de la semana.

La lista es un reflejo del partido. Los grandes grupos de poder, los israelíes religiosos que viven en Judea y Samaria favorecidos sobre los israelíes laicos que viven en las otras partes del país. Un agotado conservadurismo favorecido sobre el liberalismo. Lo antiguo favorecido sobre lo nuevo.

La lista puede llegar a ser conveniente para los equilibrios entre los grandes grupos de poder existentes, pero no para los votantes. No tendrá ningún rostro interesante o nuevas opiniones, y sobre todo no tendrá la emoción y el entusiasmo que debería llevar a votantes como yo mismo de vuelta a casa.

El Likud de hoy carece de nuevos y jóvenes grupos carismáticos, así como una amplia variedad de opiniones. El primer ministro Benjamin Netanyahu, que entiende muy bien, está en realidad solo. Él está indefenso frente a los grandes grupos que se han apoderado del partido.

Netanyahu trata de hablar su lenguaje, decir lo que les interesa, atacando un tanto a los izquierdistas, como la miembro de la Knesset Miri Regev. Pero al final del día, cuando se baja de la tribuna, el primer ministro mira a la derecha y a la izquierda y descubre que se ha quedado solo.

La principal ventaja del Likud desde la era Begin era su liberalismo. Los partidos nacionales o religiosos estuvieron siempre presentes en el seno del Likud representando sectores y opiniones. Sólo existía un partido que fuera capaz de crear un vínculo entre el nacionalismo orgulloso y el liberalismo. Una mezcla de la herencia de Jabotinsky y del discurso israelí moderno. Un vínculo entre el campo de la Gran Israel y el Partido Liberal bajo un mismo techo. Pero esa mezcla ya no existe.

En los últimos años, he conocido a varios grupos que están tratando de cambiar el Likud. Jóvenes liberales que como nuevos Likudnik están tratando de hacer que la gente se unan al movimiento. Ellos han tratado de convertirse en un centro de poder que determine quién sería elegido para la Knesset - lo que sería regresar a la naturaleza del partido -, pero no tuvieron éxito.

En días normales, los líderes del Likud no tienen tiempo para ellos porque no son lo suficientemente importantes; durante las elecciones no son lo suficientemente importantes porque no tienen suficientes miembros.

Su principal problema es la falta de líderes que puedan atraer a los votantes, imanes carismáticos como Moshe Feiglin para los miembros religiosos de Judea y Samaria. Su desventaja es también una desventaja para el Likud en las próximas elecciones.

En esta realidad, se espera que el Bait Yehudi y los partidos de centro resten votos al Likud. La lista Bait Yehudi es más joven y más vibrante. Aparte de la facción Tkuma, que tratarán de ocultar y mantener alejada, hay algunas voces interesantes en ese partido.

Los partidos de centro, por su parte, ofrecerán moderación y sobre todo una alternativa a las vacías y conocidas ofertas que el Likud ofrece a los votantes de derechas.

El que piensa que esto es un problema interno del partido se equivoca. Cuando el Likud pierde la capacidad de presentarse como un partido liberal y pragmático de derechas, pierde su capacidad para gobernar. La capacidad de atraer a la masa principal de votos del centro.

Así solo conseguirán pocas oportunidades de conseguir una coalición con una capacidad casi inexistente para sobrevivir y para tomar decisiones. Así es como se llega a otras nuevas elecciones.

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