Sunday, June 18, 2017

El festival de la ocupación y Amos Oz contra el "fanatismo asquenazí" - Ben-Dror Yemini - Ynet


Amos Oz insiste en formar parte del rebaño de declamadores de clichés

 Estos son los días del 50 aniversario de la Guerra de los Seis Días, esa que muchos ven principalmente como el festival de la ocupación. Por ejemplo, el partido izquierdista Meretz decidió boicotear una sesión de la Knesset, porque, según el jefe del grupo en la Knesset Ilan Gilon, “ignora descarada y visiblemente la ocupación y el precio que se ha cobrado a lo largo de los años en vidas humanas”.

Este es el tipo de la reivindicación. Yo esperaría escuchar eso de la diputada árabe Hanin Zoabi, pero no de Gilon. El festival de la ocupación está siendo coreado, con razón o no, casi sin cesar. El 50 aniversario de la guerra es principalmente una oportunidad de recordar que la guerra estalló debido a los planes de aniquilación de los países árabes, incluso antes de que hubiera una ocupación. Y en cuanto al precio que se ha pagado en vidas humanas, debemos afirmar que cada muerte es una tragedia, y también añadir que dudo que haya cualquier otro conflicto mundial que se haya cobrado un precio tan pequeño en vidas humanas.

Incluso una persona de izquierdas como Gilon sería capaz de admitir estos hechos básicos. Y no, eso no contradice la batalla librada por Gilon y otros a favor de una solución de dos estados y/o en contra de la política del gobierno actual.

Como parte de este festival, la Associated Press publicó una historia sobre la difícil vida de Fuad Maraita, en la ciudad cisjordana de Salfit, que se ve obligado a despertarse a las 3:30 cada mañana para ir a trabajar en Israel. El informe recibió amplia circulación y también fue publicado en el New York Times.

El malestar experimentado por los trabajadores palestinos es un hecho. Pero cuando la prensa, que se supone que es decente, ignora el hecho de que la barrera entre Israel y los territorios es el resultado del terrorismo palestino, cuando se ignora el hecho de que los residentes de Gaza están angustiados porque Hamas prefiere una industria de cohetes y muerte sobre su bienestar y prosperidad, cuando se pasa por alto el hecho de que bajo el gobierno de Israel los palestinos también han experimentado muchas mejoras y cambios para mejor, y cuando el mismo informe ignora el hecho de que los palestinos han echado abajo en varias ocasiones cualquier propuesta que les habría dotado de un estado, todo esto parece principalmente un extravío.

El secretario general de las Naciones Unidas también se unió al festival. En un comunicado con motivo del 50 aniversario de la Guerra de los Seis Días, Antonio Guterres  mencionó que la decisión en 1947 fue la de establecer dos estados, pero sólo el judío fue fundada. ¿Por qué? Después de todo, no hubo ocupación hasta 1967, pero a pesar de eso no se estableció ningún estado árabe palestino. Desde entonces, a los palestinos se les ha ofrecido un estado una y otra vez, y siempre se han negado. Entonces, ¿por qué no puede decir la verdad el jefe de la ONU? ¿Por qué es tan dificil?

Todos estos sesgos del Meretz, de los medios y del jefe de la ONU, tienen como objeto ayudar a los palestinos. Pero aún así contienen algo de racismo, porque les dejan fuera a la hora de hablar de responsabilidades. Esta es la forma en que se trata a pueblos que se consideran no maduros o inferiores, con indulgencia. Esta no es la manera de tratar a una comunidad que podría haber fundado un estado, elegido construirlo y mejorar su destino hace mucho tiempo, pero que en su lugar se ha vuelto completamente adicto a la victimización. Y el Meretz, la AP y Guterres están ayudando a este gran engaño. Esta no es la manera de avanzar en una solución al problema palestino. Este es solamente el camino para perpetuarlo.

El monstruo del fanatismo

En honor de la Semana del Libro Hebreo y la publicación de su nuevo libro, Amos Oz decidió quejarse del fanatismo en Israel y culpar de ello a los asquenazíes. Esto es interesante, porque si preguntáramos a la extrema derecha sobre lo mismo, seguro que dirían algo muy similar, pero esta vez apuntarían a los árabes.

A veces, parece que las reclamaciones de fanatismo son la vía de escape de los fanáticos. Pero Oz no es un fanático. Lejos de eso. Y su declaración simboliza el lugar hacia el que la izquierda, incluso la denominada izquierda cuerda, se dirige. Oz está haciendo una montaña de un grano de arena. Durante años, lo habitual de la izquierda ha sido la creación de falsas noticias sobre el deterioro de la democracia, su pasión por la muerte de civiles en acciones de soldados del IDF, la radicalización política. El resultado es un miedo paranoico al monstruo del fanatismo.

Esto no tiene sentido. Por supuesto, existen márgenes fanáticos, tanto entre los judíos como entre los árabes israelíes. Nada más que en los márgenes. No hay ninguna prueba de que Israel sea más fanático de lo que era, por ejemplo, a principios de 1980. En las elecciones de 1981, un hombre de izquierdas era incapaz de entrar en el mercado Carmel de Tel Aviv.

La afirmación de que los askenazíes son fanáticos y los sefardíes posean una tradición de moderación y de buenas relaciones de vecindad con los árabes es también bastante peculiar. Los judíos de los países islámicos eran un población inferior, consentida si aceptaba esa condición, y aún así sufrían de persecución y acoso, y los askenazíes no llegaron aquí con características de fanatismo. Es un poco triste que Oz esté tratando de reescribir la historia.

Incluso reescribir la historia más cercana. A día de hoy, el público israelí está listo para muchos más compromisos políticos de lo que lo estaba en los años 1970 y 1980. Ahora existe más moderación, no radicalización. Eso también se aplica a los árabes de Israel. No se han convertido en sionistas, pero la mayoría de ellos están sometidos a un proceso de israelización. Cada año hay más voluntarios interesados ​​en hacer el servicio militar. Es cierto que incidentes como los que tuvieron lugar en Umm al-Hiran y en Kafr Qasim crean una impresión contraria. Pero las encuestas en profundidad, tanto las llevadas a cabo por el Instituto de la Democracia de Israel y las llevadas a cabo por el profesor Sammy Smooha, revelan su moderación y el deseo de encajar.

Precisamente en el contexto del conflicto árabe-israelí, Israel no es desde luego un mar de fanatismo, sino un mar de cordura. En Suecia, que tiene mucho menos problemas y menos graves, que no tiene largos años de conflicto y que tiene una pequeña minoría musulmana, 600 neonazis realizaron una marcha violenta en Estocolmo en noviembre pasado, y el partido de la derecha radical, que ganó el 13% de los votos en las últimas elecciones, ya se baraja obtener en las urnas un 24%. También hay disturbios violentos y vándalos en otros países escandinavos. Uno sólo puede imaginar lo que habría pasado si sus problemas fueran similares a los de Israel.

Estos son los hechos, pero el rebaño de declamadores de clichés sobre el fin de la democracia y sobre el fanatismo no permitirá que estos hechos les confundan. Oz, como un hombre de pensamiento, podría haber dicho algo un poco más serio, pero él insiste en ser parte de la manada. Qué lástima.

Labels: , ,

Saturday, August 06, 2011

La sesgada nostalgia de Amos Oz - Nehemia Shtrasler - Haaretz



Hasta esta semana, yo no sabía que Israel fue una vez un paraíso. Eso fue durante los primeros 30 años después de su creación. "La pobreza no era grave... Los que trabajaban podían tener una vida modesta pero era una vida respetable para ellos y para sus familias", nos dijo el escritor Amos Oz en el Haaretz del martes. Amos Oz siguió hablando con nostalgia de un pasado magnífico, y agregó que se trataba de una sociedad igualitaria en la que a los nuevos inmigrantes, los refugiados y a los que vivían en campamentos de tránsito, se les concedió la educación, la salud y la vivienda pública. Sin embargo, añadió, "todo esto ha sido destruido en los últimos 30 años por gobiernos más atentos al grand capital que han animado e inflamado las leyes de una selva económica".

El único problema con esta descripción idílica es que no es correcta, quizás debido a que la nostalgia es una mala consejera. Así los colores del pasado se nos aparecen con fuertes tonos de color rosa a pesar de que el color que por entonces predominaba era el color gris oscuro. Los primeros 30 años después del establecimiento del Estado de Israel fueron años muy difíciles, años de pobreza y escasez, de discriminación étnica y de un bajo nivel de vida. Es una suerte que ya no están aquí.

A día de hoy, recuerdo que cada mañana nuestro vecino se montaba en su bicicleta en el norte de la calle Ibn Gvirol, en Tel Aviv, para ir a su lugar de trabajo en Jaffa, porque ni siquiera tenía dinero para el autobús. ¿Quién tenía un coche por aquel entonces? ¿Quién salía a comer a un restaurante? ¿Quién soñaba con ir al extranjero? Sólo los activistas políticos. En una etapa posterior, cuando los viajes al extranjero comenzaron, el viaje más impactante no tenía como destino el Louvre, sino aquel que nos dirigía a un supermercado local para ver la abundancia de alimentos, la diversidad, los colores, mientras que en los estantes de nuestros hogares sólo había pasta de dientes Shenhav, café instantáneo Elite y fideos Osem.

Oz nos dice que "casi todas las mujeres y los hombres trabajaban". Pero eso no es correcto, y es que para poder trabajar durante esos años felices había que poseer el carnet rojo de miembro de la federación laboral Histadrut. Y la sociedad igualitaria de Amos Oz sólo distribuía esos bonitos apartamentos a mitad de precio a aquellos que "se encontraban cerca de nosotros (del poder político y sindical)", mientras que en los barrios de bajos ingresos la gente se sumergía en condiciones terribles.

¿La educación para todos? ¿De dónde sacó Amos Oz esa suposición? Hubo una excelente educación con buenos maestros para la élite ashkenazi, pero los "maestros" que fueron enviados a los barrios pobres y al desarrollo de los pueblos no eran más que mujeres soldados que habían terminado la escuela secundaria y que no podían dar una clase en silencio durante más de cinco minutos, incluso si su vida dependiera de ello.

¿Se cuidaba la salud? Eso también es un mito. Después de todo, hasta la reforma introducida por el ex jefe del Histadrut Haim Ramon, a principios de la década de 1990, unas 250.000 personas no tenían seguros de salud debido a que no pagaban sus cuotas a la Histadrut. Sólo en 1994 recibimos finalmente una ley nacional de salud y ahora todos pueden recibir atención médica, incluso si no trabajan en absoluto, no pagan un ágora y tienen 10 hijos. Y esto ocurrió en los últimos 30 años y no en los 30 primeros.

Érase una vez, cuando uno podía consumirse en la pobreza y un representante de las autoridades que se ocupaban del bienestar, con una expresión grave en su rostro, podía venir de visita a tu casa y tal vez repartir unas cuantas monedas. Pero en los últimos 30 años, ha habido estipendios por cada niño, y también seguros complementarios para los que no ganan lo suficiente, algo que no existía en absoluto en el paraíso de Amos Oz. Es inconcebible que Amos Oz no recuerde la revuelta de los Panteras Negro a principios de la década de 1970.

Nuestra suerte fue que los padres fundadores del Estado de Israel, a pesar de que provenían de la revolución socialista en Europa, entendieron que el socialismo a largo plazo conduce a la pobreza y a la miseria, y se mudaron a una economía de mercado después de un tiempo relativamente corto. Este proceso, que todavía está en curso, nos salvó. Nuestro nivel de vida ha aumentado de una manera espectacular en los últimos 30 años. Las importaciones fueron permitidas y la selección y la productividad se incrementaron, mientras, los precios bajaron. De una economía cerrada y regresiva que se basaba en la exportación de naranjas, nos convertimos en exportadores de alta tecnología dentro de la vanguardia de la tecnología.

Pero por supuesto la situación no es perfecta. Las brechas son demasiado amplias y necesitan ser corregidos. Esto se debe a que una economía de mercado requiere una fuerte regulación y una constante preocupación por los elementos más débiles de la sociedad. Por lo tanto, es bueno que las protestas de las tiendas de campaña hayan entrado en erupción.

Con el fin de mejorar la situación de la clase media, el gobierno debe hacer frente a los monopolios y a los cartel, a los poderosos comités de trabajadores, a los magnates que controlan excesivamente nuestra economía, al presupuesto militar y a los impuestos exageradamente altos que se imponen a los productos de alimentación. También se debe tratar con aquellos que tienen demasiados derechos, los ultra-ortodoxos y los colonos [N.P.: ¿y los árabes que no pagan impuestos?].

Con respecto a este último punto, no hay nadie que vaya a estar más de acuerdo con lo que comentó Amos Oz que yo mismo.


PD. Recordar a Amos Oz y a Nehemia Shtrasler, ya que dice estar totalmente de acuerdo con él en ese último punto, lo que nos recuerda Dan Margalit en Israel Hayom:
En contraste con ellos (los otros problemas esbozados en la particular lista de Amos Oz, a saber, magnates y colonos) está el parasitario sector ultra-ortodoxo. No sólo en el pasado, sino en los tiempos presentes y futuras. Sus descendientes eluden el servicio militar, evitan trabajar y agotan los recursos públicos. El costo de las matrículas en las yeshivas y las ayudas públicas a unas familias con tan numerosa prole limpia los bolsillos de toda la sociedad israelí. Sin embargo, resulta asombroso que Amos Oz omite al sector árabe de su lista (de problemas). Ellos, el sector árabe, también toma un gran bocado de un tamaño escandaloso de las arcas nacionales por medio de ayudas públicas a las familias con hijos y por su baja tasa de pago de impuestos. La ausencia del sector árabe de su lista de factores problemáticos nos hace dudar de las agudas habilidades y capacidad de observación del escritor de "En la Tierra de Israel". ¿Qué pasa, acaso no ve lo que sucede en el desierto de Negev, cerca de su casa en Arad?

La carga ultra-ortodoxa y árabe es bastante peor que la de unos impuestos distorsionados. También es bastante peor que los beneficios y el trato preferencial otorgado a los magnates, los cuales obligan a que el sector público asuma sus pérdidas privadas. La derecha teme a los ultra-ortodoxos, la izquierda tema a los árabes, y todo Israel gime bajo el peso de aquellos que se evaden de pagar impuestos y de cumplir con los servicios nacionales, y que viven de unas prestaciones sociales cada vez mayores que atienden a sus necesidades.

Durante las elecciones, y de cara a los contribuyentes, los partidos prometen que van a corregir esta aberración. Esta es una pérdida de tiempo. Sería mejor si el Likud, el Kadima, el Partido Laborista, el Meretz y el partido de la Independencia propusieran ahora, para el año fiscal 2012, reducir los subsidios al sector ultra-ortodoxo y árabe, y pedir la debida recompensa política por ello cuando se abran las encuestas. Si recortan los subsidios a esos dos sectores, ultra-ortodoxo y árabe, no habrá necesidad de que haya protestas en tiendas.

Labels: ,

Saturday, July 02, 2011

Amos Oz le aclara las cosas al corresponsal del Global



P. Ya existe Israel. Es un país fuerte y reconocido. ¿Aún hace falta sionismo?

R. El término "sionismo" puede significar cosas muy diversas. Para mí significa algo muy simple: que los judíos que se consideran parte de un pueblo tienen un país propio. Ese es mi sionismo y no ha cambiado desde que era un niño. Entonces era maximalista en cuanto al territorio, creía que necesitábamos mucha tierra, y ahora ya no. Cuando era un niño creía en la necesidad de derrotar al enemigo, ahora quiero hacer la paz con él. Pero lo básico permanece igual.

P. El proyecto sionista está cumplido.

R. Sí, y precisamente por eso resulta decepcionante. Los países nacen por la historia, por la geografía, por la política, por la demografía. Este país, en cambio, nació de un sueño. Y cualquier cosa soñada está condenada a decepcionar. Cualquier sueño se estropea cuando se hace realidad.

P. Entonces, ¿por qué sigue usted proclamándose sionista?

R. Mientras exista alguien en el mundo que cuestione el derecho de Israel a la existencia, hará falta sionismo. Cuando se nos acepte como se acepta que los holandeses pueden vivir en Holanda y los noruegos en Noruega, podremos hablar de otras cosas.

P. ¿Cree que es común en el mundo cuestionar la existencia de Israel?

R. Israel es como un hombre que camina por una cuerda floja a más de cien metros de altura. Una multitud mira desde abajo, esperando en secreto que el hombre caiga. La multitud que mira puede considerar el espectáculo terrible, emocionante o magnífico, pero nadie cree que vaya a durar mucho. Creo que el subconsciente del mundo, tanto amigos como enemigos, nos contempla de esa forma.

P. Al menos usted estará convencido de que Israel durará.

R. No, no estoy convencido. La historia es caprichosa. Mucho depende de que seamos inteligentes y realistas. Por fortuna para los judíos, por primera vez en miles de años nuestro destino depende de nosotros.

Si los alemanes de Hitler querían matarnos, nos mataban; si los españoles de los reyes Católicos querían expulsarnos, nos expulsaban. Durante muchos siglos fuimos objetos, ahora somos sujetos: una gran diferencia. Evidentemente, eso no significa que no podamos buscarnos la ruina. Lo que significa es que, si eso ocurre, será nuestra responsabilidad, no de otros.

P. ¿Se siente usted confortable en una sociedad como la israelí?

R. Me cuesta decir "nosotros" cuando hablo de los israelíes, pero por alguna razón me siento confortable aquí. Me gusta Israel incluso cuando no me gusta. Esto no es un país, es una colección de discusiones feroces. Ocho millones de ciudadanos, ocho millones de primerosministros, ocho millones de profetas y mesías. Todo el mundo conoce las respuestas, todos gritan, nadie escucha. Yo escucho a veces, es mi forma de ganarme la vida. La gente de fuera tiende a pensar que los israelíes están divididos por el futuro de los territorios ocupados, o por los asentamientos en los territorios. No, los israelíes están divididos por todo.


La entrevista completa

Labels:

Friday, April 01, 2011

Marwan Barghouti, Amos Oz, Haim Oron y una historia de oscuridad - Seth J. Frantzman - JPost



El Centro Médico Assaf Harofeh hizo algo extraño hace poco. Invitó a un escritor, que recientemente ha dedicado y enviado una copia de uno de sus libros a un terrorista, para que diera una conferencia durante una ceremonia para los médicos residentes. Los médicos del Assaf Harofeh a menudo han tratado a las víctimas del terror.

El 9 de septiembre de 2003, ocho soldados murieron y 32 resultaron heridos en un atentado suicida cerca de la entrada del hospital. Entonces, ¿cómo es que se llega a invitar a un orador que confraterniza de esa manera con terroristas cuyas posibles víctimas han podidos ser tratadas por esos mismos médicos? La respuesta no es simple.

El autor pasa por ser el más famoso escritor del país, es el titular de un Premio Israel, se llama Amos Oz. El 16 de marzo, el Yediot Aharonot informaba de que Oz había enviado un libro dedicado al encarcelado líder terrorista palestino Marwan Barghouti. Se había dado cuenta de que el diputado del Meretz Haim Oron tenía la costumbre de visitar regularmente a Barguti en la cárcel, y Oz le pidió que le llevara una copia de su libro de 2002 “Una historia de amor y oscuridad”. El libro es un relato de la adolescencia y juventud del autor y de su vida en el Kibbutz Hulda, donde conoció a muchos de los “primeros leones” del movimiento sionista. También habla de su familia, de sus éxitos, sus fracasos y sus pasiones.

Amos Oz le envió a Barghouti una traducción de su libro al árabe con la inscripción: "Esta historia es nuestra historia. Espero que la lea y así nos conozca mejor, mientras nosotros intentamos entenderles. Con la esperanza de que pronto nos reunamos en paz y en libertad".

El 24 de marzo se anunció que el Centro Assaf Harofeh había cancelado la conferencia. Las noticias señalaban que "un jefe médico del Centro amenazó con interrumpir la ceremonia si Oz asistía”. Después de esta cancelación, las alarmas por la "libertad de expresión" empezaron a rugir. El Haaretz informó que otro jefe médico había afirmado que "es difícil creer que, debido a que un médico tiene ciertas opiniones políticas, se anula la conferencia Amos Oz... Esa es una interferencia política en los asuntos del hospital".

Gideon Levy condenó la censura en ese hospital "muy enfermo", y su estilo soviético de "caza de brujas", y añadió: "Dios no quiera que Oz y Barghouti puedan llegar a conocerse mejor. Pero en el Israel del 2011 esto resulta suficiente como para provocar la agresión y la censura. Ahora no se trata de que a Barghouti se le etiquete de monstruo, sino que también se lo extiendan a Oz".

Levy definió a Oz como "un israelí de la calle”, un autor profundamente sionista y un patriota, del que todos nosotros deberíamos estar orgullosos, puesto que sus obras han sido traducidas a más de una docena de idiomas. Además, Oz también se "atreve" a decir la verdad al poder, como cuando escribió el pasado junio en el The New York Times que "Hamas no es solamente una organización terrorista. Hamas es una idea, una idea desesperada y fanática que surgió de la desolación y la frustración de muchos palestinos. Y ninguna idea ha sido derrotada por la fuerza".

Ignoro los sentimientos personales de Oz hacia Barghouti. Pero los hechos son claros. Barghouti nació en 1959 en un pueblo al norte de Ramallah. Él proviene de una conocida y numerosa familia de Palestina. Se unió a Fatah a los 15 años y fue co-fundador de su movimiento juvenil. Él es pues un militante y un activista desde hace mucho tiempo, y con el tiempo consiguió una licenciatura académica y una maestría. Durante la Segunda Intifada lideró los sectores más militantes de Fatah: el Tanzim y las Brigadas de los Mártires de Al Aksa. Las brigadas fueron responsables del asesinato de más de 100 personas, la mayoría de ellos civiles dentro de la Línea Verde entre 2001 y 2006. Barghouti fue detenido en abril del 2002 y declarado culpable de cinco cargos de asesinato.

Así pues, ¿por qué tanto apoyo del principal escritor de Israel por la libertad de ese hombre? ¿Por qué, además, un hospital invita a un autor como éste para dictar una conferencia? ¿Por qué, según parece, sólo uno de los jefes médicos protestó en contra de que una persona con esas ideas diera el discurso de apertura? ¿Por qué se considera un "hecho político" prohibir a Oz, pero no se considera un "hecho político” invitarle?

Nadie quiere censurar a Amos Oz. Él tiene todo el derecho a tener sus propias opiniones. Él puede enviar sus libros a quién quiera: a islamistas, a neo-nazis, a miembros encarcelados del Ku Klux Klan, a señores de la guerra de África como Charles Taylor... Pero ¿por qué tener que escuchar sus opiniones resulta más relevante para unos médicos cuyo trabajo consiste en salvar vidas? ¿Por qué sus opiniones son de obligada escucha para diversas instituciones públicas, ya sean hospitales, colegios o universidades? Hay un fetichismo en el apoyo que recibe Barghouti. Y el diputado del Meretz Haim Oron es uno de los principales fetichistas. En una entrevista que dio en marzo al Haaretz, el entrevistador, Gidi Weitz, señalaba que "en los últimos años Oron ha visitado la prisión Hadarim, en el centro del país, cada pocas semanas para ver a su amigo Marwan Barghouti".

Haim Oron cree que Barghouti es un gran partidario de la izquierda israelí, y que es una “figura muy importante”, al estilo de Nelson Mandela, un "verdadero socio para el diálogo" aunque no renuncia a “su derecho a una resistencia armada”.

Me parece que Oron y sus amigos apoyan a Barghouti en parte por la sensación de que la historia les juzgará a ellos como juzgó a los afrikaners que se sentaron con Mandela. También lo apoyan porque creen que sólo él puede unir a los palestinos. Ahora bien, ¿realmente les parece tan extraño que dentro de Israel haya ciudadanos judíos muy conocidos, cultos y progresistas que no sólo quieren hacerse amigos de un asesino, sino que también quieren que creamos que es muy importante la unificación de Hamas y Al Fatah? Barghouti es una figura muy importante. Pero el hecho de que puede unificar a los palestinos no debe significar que los judíos deban apoyarlo. Sería como si los turcos sostuvieran a los presos nacionalistas kurdos de Abdullah Ocalan. O bien como si los palestinos apoyaran la liberación de los colonos judíos nacionalistas en base a la teoría de que sólo ellos pueden unificar a Israel contra los palestinos.

Oron y Oz trabajan en nombre de los palestinos para conseguir la libertad de Barghouti. Oron afirma que Barghouti es un "moderado", pero solamente es un moderado en el sentido de que Mussolini fue un moderado si lo comparamos con Hitler, o Lenin también lo fue en comparación con Stalin. Barghouti es como el verano en el Polo Norte, es moderado en comparación con el invierno.

La próxima vez que alguien decida invitar a hablar a Oz y/o Oron no deben perder el tiempo, deben ir al grano e invitar al propio Barghouti. Al menos eso sería más honesto. Y más moderado.


N.P.: Amos Oz, junto con los otros “dos tenores” de la literatura israelí, David Grossman y A.B.Yeshayahu, decidieron hace unos meses apoyar un boicot cultural a un centro cultural en Ariel por ser el más importante bloque de asentamiento judío en Samaria. Ariel, en todos los planes israelíes de una futura división del territorio en dos estados (para dos pueblos, please), pasaría a formar parte de Israel.

Hasta ahora, que yo tenga noticias, no ha sufrido ningún boicot. Sólo esta vez, y asociado a la noticia de su “cercanía” con Barghouti.

Labels: ,

Monday, June 14, 2010

Preguntas para Amos Oz - Dina Porat - Haaretz

Estimado Amos Oz,

Debo confesar que me sorprendió su artículo titulado "La fuerza israelí a la deriva en el Mar" (publicado en el Haaretz edición en hebreo), y yo le estaría muy agradecida si pudiera aclarar algunos de sus argumentos centrales.

Usted observa que "Hamas no es sólo una organización terrorista. Hamas es una idea". ¿Qué tipo de idea es Hamas? La carta fundacional de Hamás, publicada en agosto de 1988 y nunca alterada desde entonces, resume la ideología del movimiento sin rodeos. Entre otras cosas dice: "Dejar en el círculo del conflicto a los sionistas es un gran acto de traición a la patria y traerá maldición sobre sus autores", "Israel seguirá estando de pie hasta que el Islam lo elimine", "y porque la tierra es sagrada para el Islam y no puede ponerse en peligro, y la bandera de la Jihad se incrementará para liberar al país y al pueblo de la profanación de los sionistas, de su suciedad y del mal".

Desde la perspectiva de Hamas, los judíos son un enemigo cruel, comparable a los nazis, con los Protocolos de los Sabios de Sión aportando las prueba suficientes de ello. Estoy seguro de que esta no es "la idea" que tenía en mente el Sr. Oz, así que, ¿cuál era esa idea?

En sus palabras, Hamás es "una idea desesperada y fanática que surgió de la desolación y la frustración de muchos palestinos", y de hecho sus palabras siempre han tenido su encanto. ¿Pero debe conducir esa desolación y esa frustración necesariamente a una violencia sin concesiones, lo que incluiría y llevaría hasta la erradicación de cualquier persona que se perciba como el enemigo?

A finales de la década de 1920, el mundo se desplomó en una crisis económica terrible, con millones de personas perdiendo todas sus posesiones. En los Estados Unidos, esta crisis llevó al surgimiento del New Deal. En Alemania, el estado de cosas envalentonó al partido nazi, que poco después llegaría al poder.

Una idea desesperada, dice usted. Con esta sola palabra - "desesperada" - se les libera de toda responsabilidad por la situación actual en Israel, diciendo que efectivamente Hamas, y antes que ellos, la Organización para la Liberación de Palestina, y antes de la OLP, los fedayines, y ante de ellos, los árabes de la Tierra de Israel, que todos ellos en definitiva propusieron ideas razonables con relación a una partición de la tierra desde la aparición del movimiento sionista, y que la culpa fue única y exclusivamente de los sionistas que se negaron a ello.

En 1937, la Comisión Peel propuso la partición del país, y en 1947, el plan fue aprobado por la Asamblea General de la ONU, y así sucesivamente y sucesivamente hasta las últimas propuestas para resolver el conflicto, pero claro, el Yishuv e Israel siempre se negaron, y así hasta que "los árabes, radicalmente no violentos, se desesperaron y tuvieron que recurrir a la violencia". Obviamente, esto no es tampoco lo que usted quiere decir, así que, ¿qué es exactamente lo que quiere decir Sr. Oz?

Usted dice que "para derrotar a una idea tienes que ofrecer una idea mejor, más atractiva y aceptable". Esto, también resulta ser una frase encantadora, y es sólo podemos soñar que una idea sea derrotada por otra mejor.

Estoy seguro de que usted es consciente de que las guerras a lo largo de la historia se han sido librado no sólo por los intereses en conflicto, sino también por ideas opuestas que tenían cada una el respaldo de las masas. La idea de la supremacía blanca, la idea de la justicia de la cristiandad y del Islam, la idea bolchevique y las ideas fascistas, todas ellas se cobraron millones de víctimas a pesar de que también otras ideas se ofrecían en esos momentos. La cultura occidental actual ofrece una alternativa a la del Islam fanático: democracia, derechos de las mujeres y de las minorías, educación, un pensamiento libre y libertad de elección, avances tecnológicos, actividades culturales independientes. Aquí nos parece que esa es una idea muy atractiva y razonable. ¿Qué piensa usted de ello Sr. Oz?

Decir que "no estamos solos en esta tierra y que los palestinos no están solos en esta tierra", y que ambas partes deben "reconocer las consecuencias lógicas de este simple hecho", no requiere ninguna tipo de aclaración adicional. Me recuerda cómo en su maravilloso libro, "Una historia de amor y oscuridad", Efraín Avneri, un guardia de los campos de Hulda, dice: "Vamos a matarlos [si ellos vienen a dispararnos y matarnos] no porque sean una nación de asesinos, sino por la sencilla razón de que nosotros también tenemos derecho a vivir, y por la sencilla razón de que también estamos autorizados a tener un país, no sólo ellos".

Labels:

Sunday, May 24, 2009

Después de los grandes sueños (Amos Oz, en los 70, sobre el futuro de Israel) - Bob Goldfarb - Forward



Amos Oz celebró la semana pasada su 70 cumpleaños en vísperas de la publicación americana de su última novela, "Rimando vida y muerte", y de una nueva recopilación de relatos en hebreo. Bob Goldfarb habló recientemente con Amos Oz en la casa del autor en el desierto, en la ciudad de Arad, sobre sus pronósticos sobre Israel, sobre el estado judío actual, sobre los cruzados contemporáneos y de cómo ha sido recibida su novela en el mundo árabe.

- Bob Goldfarb: Usted ha sido un observador de la vida de Israel durante toda la historia del estado.

- Amos Oz: He vivido la edad de los grandes sueños, y la mañana del día siguiente, y tras ella, la del día posterior. A diferencia de otros países, Israel no nació a partir de una evolución histórica de su población. Nació de un sueño. Esa es la razón por la que está destinado a ser una decepción. Pero esto no se debe a la naturaleza de Israel, sino a la naturaleza de los sueños. La única manera de mantener un sueño intacto y perfecto, de color de rosa, es no vivirlo nunca. En el momento en que se cumple un sueño hay un cierto aire de decepción al respecto. Esto sucede al plantar un jardín, al viajar al extranjero, al vivir una fantasía sexual, o al escribir una novela.

- Bob Goldfarb: Usted ha hablado de una "ética kitsch", de ese sentimiento de que "las instituciones funcionan a nivel mundial buscando siniestramente su propio beneficio, y en donde la gente siempre es inocente, las minorías nunca son culpables y las víctimas, por definición, son moralmente puras". ¿Quizás fue una sorpresa para algunos de sus aliados de la izquierda?

- Amos Oz: Probablemente les enfureció. Hay un kitsch de derechas, pero el tipo de kitsch del que hablé en la ceremonia de recepción del Premio Goethe [en el 2005] es más común en la izquierda. La simple idea de que las personas son buenas por naturaleza, de que sólo las autoridades son corruptas y malas, es un concepto kitsch.

- Bob Goldfarb: En 1978 publicó su novela "Cruzada", la cual trata de esos cruzados que buscaban una Jerusalém que resultaba ser un espejismo sobrenatural. ¿Hay cruzados de ese estilo hoy en día?

- Amos Oz: Ciertamente, sí. "Cruzada" trata sobre el fanatismo y sobre los fanáticos. Trataba de la autodestrucción que conlleva el fanatismo, de la locura del fanatismo. Y sí, hay muchos fanáticos entre nosotros. Es esa necesidad de cambiar el mundo para salvar al mundo.

- Bob Goldfarb: En esa novela, el judío es a los ojos de los cruzados una presencia fundamentalmente maligna.

- Amos Oz: Los cruzados trataban a los judíos como símbolos del mal, del Anticristo. Para muchas generaciones de cristianos, el judío estaba allí, en el sótano o en el ático, para repeler, manipular y hostigar, nunca como un individuo, siempre como una facción de un símbolo.

Piense en la mente de un niño al que se le enseña desde muy temprano que hay unas personas que mataron a Dios. Ahora bien, no todo el mundo puede matar a Dios. Tiene que ser alguien especialmente astuto y dotado y, en particular, maligno, para así poder conseguir matar a Dios. Esto ha formado parte de la estructura de la psique de los cristianos durante muchas generaciones. "Cruzada" trata también acerca de ese profundo y sombrío componente de la psique cristiana.

- Bob Goldfarb: ¿Es similar a la crítica de Israel?

- Amos Oz: ¡Oh, no! Criticar a Israel por sus políticas es perfectamente legítimo. Esta crítica se convierte en ilegítima cuando no se basa en lo que los judíos hacen, sino sobre lo que los judíos son. Cuando se desliza hacia la naturaleza de los judíos se trata de antisemitismo... Yo escucho muy a menudo a los intelectuales europeos decir más o menos lo siguiente: "Ustedes, los judíos, que han sufrido tanto, que han pasado por los campos de la muerte, que tanto han padecido la persecución y la opresión… ¿Cómo pueden ser violentos después de esa experiencia?". Es la hipótesis subconsciente de toda esta gente de que todo el que sufre tiene que convertirse en una especie de Jesucristo, en un santo. Por supuesto, a nadie le gustan los santos, y muy pocas personas creen realmente en los santos.

- Bob Goldfarb: Usted escribió hace 40 años que un judío es alguien que se asocia con el destino del pueblo judío.

- Amos Oz: Mi simple respuesta a la compleja cuestión de "¿Quién es un Judío?" es que cualquier ser humano que esté lo suficientemente loco para llamarse a sí mismo judío es un judío.

- Bob Goldfarb: Algunas de sus obras han sido traducidas al árabe. ¿Qué tipo de reacción ha percibido en el mundo árabe?

- Amos Oz: Cuando "Mi Michel" fue publicado en Egipto, en tiempos mucho mejores, hubo algunas denuncias en la prensa egipcia argumentando que no debería haberse traducido al árabe y publicado en Egipto, ya que se presenta a un Israel lleno de seres humanos normales, corrompiendo así el espíritu de la población egipcia. Pero eso también indica que el libro ha tenido cierto impacto.

Ahora mismo, "Un cuento de amor y oscuridad" se está traduciendo al árabe. Y de todas las 27 traducciones de este libro, es la traducción al árabe la que cuenta más para mí. Y espero que sea ampliamente leído por los árabes dentro y fuera de Israel. La traducción está financiada por una familia árabe palestina, la familia Khoury, una familia árabe cristiana. Su hijo George estaba haciendo jogging en Jerusalén hace tres años y fue asesinado de un disparo en la cabeza por unos terroristas palestinos que le confundieron con un judío. Su familia decidió financiar la traducción como una conmemoración de George Khoury.

Fuente: Forward

Labels: , ,

Saturday, February 21, 2009

Amos Oz: Cierren los centros comerciales durante el Shabbat - Kobi Nahshoni - Ynet



"El Shabbat no debe convertirse en un día nacional de compras. Los malls y otros centros comerciales deberían permanecer cerrados ese día", declaró el galardonado escritor del Premio Israel, Amos Oz, durante una conferencia en Cesarea durante este fin de semana.

Oz hablaba en una conferencia organizada por el Israel Democracy Institute y la organización Tzohar Rabbis, dedicada a la discusión y formulación de acuerdos entre los israelíes laicos y los religiosos sobre cuestiones de estado y de religión, en particular cuestiones relativas al Shabbat y las conversiones.

Oz, que abrió la sesión sobre "Los israelíes y el Shabbat", empezando por describir lo que era el Shabbat en su kibutz, Hulda, cuando estaba creciendo. "No tuvimos una sinagoga, pero teníamos un Shabbat espiritual, que ha desaparecido casi por completo del Israel secular actual.

"El Shabbat israelí de hoy en día es celebración religiosa en las sinagogas o bien una celebración de los centros comerciales. Lo cual lo lamento", afirmó el escritor.

Según Oz, "el Shabbat es el más hermoso regalo que la cultura de Israel ha dado al mundo. Es un día dedicado no solamente al descanso, sino sobre todo al júbilo espiritual y familiar. Espero que este don permanecerá para que nos acompañe siempre".

Sin embargo, Oz consideró que se debía permitir el transporte público los sábados, diciendo que no debe existir discriminación entre aquellos que poseen un automóvil y los que no".

PD. La noticia es perfecta para todos aquellos ignorantes de progreso (en cantidades industriales en el país del buen rollito) que creen que "todo el monte es orégano", es decir, que "todo el Shabbat es Mea Shearim".

Labels: ,

Sunday, October 28, 2007

Entrevista de Rosa Montero (EPS) a Amos Oz.

Es el escritor israelí más conocido. Lleva años en las quinielas para el Nobel y acaba de recoger el Príncipe de Asturias de las Letras. Activo pacifista, tiene además una vida fascinante.

Tiene un rostro poderoso. Los retratos juveniles demuestran que fue un hombre muy atractivo, y aún hoy posee una cabeza rotunda que, en las fotos, recuerda el busto de un general romano, con su tupido pelo y esos ojos de águila que parecen acostumbrados a contemplar cómo se desmoronan los imperios. Por eso, por la impresión de fuerza que produce, lo primero que choca al conocer a Amos Oz es su pequeñez. Es un hombre minúsculo: probablemente no llegue a alcanzar un metro sesenta. Se le ve delgado y suficientemente ágil, pero no es nervudo y posee un pequeño tórax en punta que resulta muy poco atlético. Ha cumplido ya 68 años, pero tiene algo de criatura intemporal. Algo de gnomo, a la vez fuerte y delicado, a la vez niño y sabio. Un ser distinto. Viéndole, ahora puedo entender lo que cuenta en su autobiografía Una historia de amor y oscuridad (Siruela), un libro espléndido que probablemente sea su obra maestra. Ahí explica cómo sus compañeros de clase le maltrataban hasta llevarle a tal punto de desesperación que se empezaba a morder sus propias manos. Sí, seguramente era demasiado pequeño, demasiado guapo, demasiado inteligente, demasiado diferente, demasiado débil. Pero la fortaleza es una decisión interior, y él pasó toda su vida intentando vivir como un gigante. Se convirtió en un duro y estoico pionero de kibutz, en un valeroso pacifista, en un gran escritor.


Me alegra que haya ganado usted el Premio Príncipe de Asturias de las Letras y no el de la Concordia, por ejemplo. Debe de estar harto de que su faceta política se superponga todo el rato a la literaria. En España, además, se le considera uno de los pocos "judíos buenos" en contraposición con todos los demás, que se supone que son "judíos malos". Supongo que esta simplificación tan dogmática le resultará incómoda.
Sí, me siento enormemente incómodo con eso, porque a los ojos de la prensa europea, no sucede sólo en España, Israel consiste en un 80% de fanáticos colonos en Cisjordania, todos muy religiosos; un 19% de crueles soldados en los controles de las carreteras, y un 1% de maravillosos intelectuales como yo mismo que protestamos contra el Gobierno y lo criticamos. Como es obvio, esto es una completa distorsión de la realidad israelí. Por otra parte le diré que el título que más me gustaría tener algún día es el de "antiguo militante pacifista". Porque eso significaría que habríamos conquistado la paz. Ojalá no necesitara ser político nunca más.

¿Y cree que vivirá para verlo?
Depende de lo que me quede de vida. Pero creo que el conflicto palestino-israelí está exhausto, creo que hay un síndrome de fatiga en ambos lados, y creo que la fatiga es una buena ayuda para los conflictos en general, no sólo entre naciones, sino también entre parejas.

Sí, es bueno para llegar al divorcio. Usted lleva pidiendo desde 1967 que haya dos Estados, el israelí y el palestino. En esto fue verdaderamente precoz. Siempre ha tenido una visión muy pragmática sobre el asunto. Como usted dice, una visión de médico.
La mayor diferencia entre la intelectualidad de izquierda europea y yo mismo es que los intelectuales de izquierdas europeos, cuando ven un conflicto internacional, se apresuran a firmar un manifiesto contra los malos, organizan una manifestación apoyando a los buenos y luego se van a dormir muy satisfechos de sí mismos. Yo, por el contrario, tengo la actitud de un médico de urgencias. Si veo que ha habido un accidente de tráfico en la carretera y veo que hay heridos ensangrentados, antes de ponerme a determinar quién fue el que causó el accidente o qué porcentaje de culpa hay que repartir a cada cual, lo primero que intento es parar la hemorragia, y a continuación estabilizar al paciente. Y después de eso miraré la manera de curar las heridas. No pierdas un tiempo precioso preguntando quién tiene la culpa, porque además, en el caso de Israel y Palestina, no se trata de una cuestión en blanco y negro. Este es un conflicto entre dos derechos igualmente legítimos, el de los palestinos y el de los israelíes? Y a veces incluso pienso que es un conflicto entre dos causas igualmente erróneas.

Acaba de publicarse en España 'Fima' (Siruela), una novela suya que resulta muy actual, aunque es de 1989. Fima, el protagonista, se angustia mucho cuando escucha noticias de los territorios ocupados. Cuando una niña árabe muere porque los israelíes no le dejan cruzar el control y llegar al hospital, por ejemplo. ¿A usted le sucede lo mismo? ¿Le agobia todo esto?
Sí, sí, es terrible y a menudo siento que no puedo aguantarlo, que ya no puedo soportarlo. Pero desde luego, a diferencia de Fima, yo vivo una vida mucho más estable, más pacífica. De manera que a veces me siento y escribo una novela, puedo escaparme de la política. Fima, en cambio, imagina todo el rato lo que haría si él fuera el primer ministro, está obsesionado.

Ustedes tienen sus propios fanáticos religiosos, y los ultraortodoxos judíos también son un problema. Hay quien dice que algunos halcones israelíes no quieren llegar a la paz con los palestinos porque, si carecieran de un enemigo exterior, podrían terminar teniendo una guerra civil entre integristas y demócratas.
Me gustaría ser justo con los halcones israelíes. Algunos pueden actuar como usted dice, pero creo que la mayoría son personas aterrorizadas que no confían en los árabes, les tienen verdadero miedo, piensan que si devolvemos los territorios ocupados, eso será el final de Israel. Y yo comprendo su miedo. No estoy de acuerdo con sus conclusiones, pero puedo entender sus temores. Por eso no odio a los halcones, entiendo que están aterrorizados. Muchas de las posiciones extremistas de este país son un producto del miedo, combinado con el trauma del holocausto y el exterminio de los judíos. De hecho, yo creo que en Israel se necesita mucho más valor para ser una paloma que para ser un halcón. Muchísimo más valor. En cuanto al integrismo religioso judío, el problema es que el fundamentalismo está creciendo en todas partes. Entre los árabes, entre los judíos, entre los cristianos? Incluso entre los ateos, porque hay manifestaciones fanáticas en la izquierda radical. Es un peligro creciente en todas partes porque la gente está ansiosa de respuestas simples. Cuanto más complicadas son las cosas, más necesidad tiene la gente de recibir respuestas simples y consoladoras.

'Una historia de amor y oscuridad' es un libro perfecto para entender de dónde viene ese miedo en los halcones. Para ver la historia de Israel desde otro lado. El hostigamiento por parte de los países árabes y la inmediata invasión del Estado de Israel a las tres horas de haberse creado. Los sufrimientos padecidos. Ustedes muriéndose de hambre en Jerusalén y comiendo hierba. Su padre, que era de origen ruso, creció viendo en los muros de las ciudades europeas la pintada "¡Judíos, iros a Palestina!". Sesenta años después regresó a Europa y las pintadas decían con idéntica ira: "¡Judíos, iros de Palestina!".
Sí, sí, ¡vio las mismas pintadas pero al revés! O sea, iros a la Luna. O desapareced. O destruiros. ¿Se da cuenta de lo importante que es leer literatura para entender a los demás? Israel, en el mundo de la CNN, es una realidad en blanco y negro y completamente simplificada. Yo, cuando quiero entender España, por ejemplo, no voy a leer en los periódicos lo que dicen sobre ese país, sino que leo a sus novelistas.

En ese libro primero habla de las familias de sus padres... Ahí hay un relato común, colectivo, de los judíos en Europa, de los diversos exilios, del Holocausto... Y luego va centrándose en su historia personal y termina con el suicidio de su madre cuando usted tenía doce años. Es como si pasara del dolor colectivo al abrasador dolor individual. Su infancia fue brutal, y no sólo por el suicidio, sino por esos dos terribles años anteriores en los que su madre permanecía día y noche sentada en una silla, a oscuras, mirando hacia la calle.

Cuando escribí Una historia de amor y oscuridad mi rabia se disipó completamente. Porque durante muchos, muchos años estaba demasiado furioso con todo el mundo como para poder hablar con nadie sobre mi tragedia familiar. No se lo había contado a nadie. Ni siquiera lo había hablado con mi mujer y mis hijos. Era un completo tabú y no dejaba que nadie tocara el tema en mi presencia. Estaba demasiado furioso. Estaba furioso con mi madre por haberse matado, con mi padre por haberla perdido, estaba furioso conmigo mismo porque pensaba que probablemente había sido un chico malo y por eso no había sabido rescatarla. Pero cuando llegué más o menos a la edad de sesenta años, sentí que ya era lo suficientemente viejo como para ser el padre de mis padres, que, en la época de la tragedia, tenían como 38 o 39 años. Y entonces por primera vez empecé a verlos como mis hijos, y empecé a entenderlos. Eran unos chicos que se metieron en un matrimonio para el que ninguno de los dos estaba preparado. Y los dos fueron bastante tontos, bastante inútiles, en cierto sentido, a la hora de vivir. De modo que empecé el libro sin ira. Lo escribí con compasión, con ironía y con curiosidad. Una curiosidad infinita. En las seiscientas páginas de libro no se dice en ningún lugar quién es el culpable, o cómo se reparten las responsabilidades... Porque eso ya no me interesaba en absoluto. Lo que me interesaba era saber cómo vivían, qué comían, cómo hablaban, en qué cosas creían, qué sentían, cómo era la casa... Sentí la necesidad de rescatar todos esos detalles del olvido.

En el libro cita con nombres y apellidos a vecinos del pueblo de su madre, Rovno, en lo que ahora es Ucrania... vecinos que murieron cuando los alemanes asesinaron a 25.000 personas en un solo día. Es conmovedor, porque sin duda usted habló con sus tías y tomó notas de los nombres de esa gente para hacerlos revivir.
Sí, absolutamente. Absolutamente. Fueron asesinados seis millones de judíos y no puedo conmemorar a todos ellos, pero si por lo menos puedo conmemorar a diez o quince, algo es algo. Por lo menos lograr que sus nombres sean recordados.

Siempre he pensado que el peso del Holocausto debe de ser asfixiante para los judíos... Todo ese pasado abrumador es muy difícil de manejar. Me hace recordar el cuento de Simbad en 'Las mil y una noches', cuando llega a una isla y se le sube un viejo a los hombros y no hay manera de librarse de él.
Sí, es exactamente así... A mí también me recuerda a Eneas llevando a su padre a hombros tras la guerra de Troya. Cuando se te muere alguien, y no estoy hablando sólo de los judíos, estoy hablando de todo el género humano, cuando alguien se te muere, un padre, un hermano, alguien cercano a tu corazón, tú recoges ese muerto y lo metes dentro de ti, lo introduces en tus entrañas y te quedas embarazado de ese muerto para siempre jamás. Todos caminamos por la vida preñados de nuestros muertos. En el caso de los judíos, lo que sucede es que estamos muy, muy embarazados, porque tenemos muchísimos muertos a las espaldas. Y, naturalmente, como estás embarazado de ellos, te llevas a tus muertos a todas partes, al baño, a la cama... Yo he intentado desarrollar una relación distinta con mis muertos. Cuando escribí Una historia de amor y oscuridad, invité a los muertos a mi casa para que se vinieran a tomar un café. Por favor, les dije, venid y sentaos, tomaros un café, quiero presentaros a mi mujer y mis hijos, no os habíais conocido antes y me encanta que ahora podáis hacerlo. Y ahora vamos a conversar un rato, vamos a hablar un poco del pasado y luego os marcharéis. No quiero que viváis en mi casa. Sois bienvenidos de cuando en cuando, pero no os quedéis aquí. Esa es mi actitud.

Otra escena muy conmovedora del libro es cuando, tras la votación de la ONU a favor de la creación del Estado de Israel en 1947, su padre se tumba junto a usted, a oscuras, en la cama, y, por primera y única vez en la vida, usted le siente llorar. Luego él le cuenta cómo había sido maltratado de pequeño por ser judío, y le dice que eso ya no le va a pasar a usted... Sin embargo, poco después usted fue acosado bárbaramente en el colegio.
Sí, pero lo que mi padre dijo es que quizá yo sufriría abusos en la escuela por ser pequeño o por lo que fuere, pero que a partir de ese momento nadie se metería conmigo por ser judío. Él tenía razón: he sido maltratado y acosado muchas veces, pero nunca por ser judío. Ése es el sentido de Israel para mí. Lo que para mí significa ser israelí es exactamente eso: que nunca seré maltratado, humillado, perseguido ni discriminado por ser un judío. Y esto es suficientemente bueno para mí.

Es curioso, porque 'Una historia de amor y oscuridad' es un libro carente de rencor, ni en lo personal ni en lo social. Salvo en el caso de los británicos. Pone usted fatal a los británicos.
Sí, es verdad. Las primeras palabras que aprendí a decir en un idioma extranjero fueron British go home, que es lo que gritábamos los niños pequeños en Jerusalén cuando arrojábamos piedras a las patrullas británicas en la Intifada original, la primera Intifada, que fue la de los judíos contra el mandato británico.

A juzgar por lo que cuenta en el libro, los británicos se comportaron de un modo canallesco.
Sí, sí. Realmente una buena parte de la tragedia en Oriente Próximo ha sido causada por la hipocresía y por los engaños de los británicos, porque esencialmente hicieron un juego doble de engaño con judíos y con árabes. Prometieron la misma tierra a las dos partes, prometieron dos veces la tierra, y después, naturalmente, intentaron fomentar el enfrentamiento entre árabes y judíos para permanecer en el poder y seguir controlando la zona.

A los quince años se marchó de su casa y se fue a vivir a un 'kibutz'. Viniendo de una familia rota, no me extraña, porque el 'kibutz' es como una gran familia. ¿O quizá lo hizo para tocar tierra y no volverse loco?
Bueno, lo cierto es que cuando tenía unos catorce años me rebelé de manera radical contra mi padre. Quería convertirme en todo lo contrario de lo que él era. Él era un intelectual, yo quería ser conductor de tractor; él era de derechas, yo de izquierdas. Él era un hombre urbano, y yo me hice un granjero. Él era muy bajito, y yo decidí convertirme en un hombre alto. Esto último no funcionó, pero yo también lo había decidido. Me fui al kibutz pensando que encontraría allí una atmósfera completamente distinta a Jerusalén. Pero al cabo de un tiempo descubrí que no era ni mucho menos algo tan opuesto. Los mismos tipos charlatanes que había conocido en Jerusalén existían también en el kibutz, aunque vistieran mono, estuvieran bronceados, y aunque hablaran no ya del líder sionista Jabotinsky, sino de Trotski. Pero discutían de política y de ideas igual que en Jerusalén. Por otra parte, y como dice, desde luego para mí el kibutz fue una familia extensa.

Usted vivió allí durante 31 años. Para mí es como irse a vivir a la antigua Esparta, o a un monasterio.
No lo sentí así. No me sentí un monje. Sentí que vivía en una comunidad pequeña que me permitía desarrollarme como escritor. De hecho, les estoy muy agradecido por haberme dejado desarrollar como escritor. Y al mismo tiempo podía estar en constante contacto con el resto de la comunidad y formar parte de ella. Disfruté trabajando en el campo, me gustaba muchísimo, de verdad. Y disfruté comiendo en el comedor comunal con los demás, y también trabajando de camarero, porque trabajé muchos años, lo menos quince, de camarero en el kibutz. Todas esas experiencias todavía las recuerdo con mucho cariño.

Daba todo el dinero que ganaba con sus libros al 'kibutz'...
Sí, daba todos mis ingresos. Cada vez que me llegaba un cheque lo endosaba y se lo entregaba al feliz tesorero. Pero si necesitaba irme una semana a un hotel al otro extremo del país y encerrarme una semana a terminar un libro, simplemente me acercaba al tesorero, le decía la suma que necesitaba y él me la daba allí mismo sin siquiera mirar en los libros y ver si yo había hecho algún ingreso recientemente o no. Era un trato basado en la mutua confianza. Naturalmente, si le hubiera dicho que necesitaba irme a Hawai para escribir me hubiera contestado que no podía pagármelo. Pero era un arreglo muy familiar y lo aprecié mucho. Además, en cualquier caso nunca estuve muy interesado en el dinero. Es algo que nunca me ha importado mucho, de manera que me sentía feliz e incluso orgulloso cuando llegaba un buen cheque y yo me convertía en una de las fuentes de ingresos de la comunidad, como la sección de pollería o la línea de lácteos.

Usted tiene tres hijos, dos chicas y un chico. ¿Y qué me dice de esa costumbre del 'kibutz' de que los niños no vivan con sus padres sino en una casa aparte?
Eso suena bastante extremado. Muy espartano, o de la revolución cultural china. Mi mujer y yo llevábamos a los niños a la Casa de los Niños a las ocho y media de la tarde. Les acostábamos, les cantábamos una canción o les contábamos un cuento y nos despedíamos. Y ellos permanecían allí toda la noche, vigilados por las guardianas nocturnas. Luego, por la mañana, estaban con los otros niños, iban a la escuela y más tarde, a las cuatro de la tarde, todos los días, venían a casa con nosotros y permanecían allí hasta que los llevábamos de nuevo a la Casa de los Niños. Pero esas horas, desde las cuatro hasta las nueve, eran puramente familiares, totalmente para los niños. Sin llamadas de teléfono, sin reuniones de trabajo, sin horas extras en la oficina. Y esto es más de lo que la mayoría de los padres del mundo moderno dedican a sus hijos, cinco sólidas horas cada día. De manera que, en conjunto, pienso que no era un mal arreglo. Yo no estaba enteramente feliz con lo de llevar a mis hijos a la Casa de los Niños, nunca me gustó esa medida. Pero la acepté y no fue un desastre.

Abandonaron el 'kibutz' porque su hijo pequeño tenía asma y tuvieron que trasladarse a un lugar más seco.
Esa fue la única razón por la que lo dejamos; si no hubiera sido por eso, aún estaría allí.

Pero su hijo se curó, creció y se marchó, y no regresaron.
Es que después de pasar todos esos años fuera y acostumbrarnos a cierto grado de privacidad se nos hizo difícil volver. Además el kibutz mismo está atravesando por una grave crisis. Están pasando por muchas reformas y cambios, y muchas de las personas que yo conocía o se han marchado o se han muerto. El lugar ya no es el mismo. No sería volver a aquello que dejamos.

Y dígame, en los primeros momentos, tras irse del 'kibutz', ¿no se sintió muy solo?

Fue muy difícil, muy difícil, porque yo estaba acostumbrado a levantarme por la mañana e ir al comedor y tomarme un café con un grupo de cinco o seis amigos y discutir el periódico. Esa era parte de mi experiencia vital, leer y discutir el periódico cada día con un grupo de amigos, en una especie de pequeño parlamento... Y de repente tuve que leer el periódico solo cada mañana... Echaba de menos poder hablar y discutir con gente.

A los quince años, cuando entró en la comunidad, también se cambió de nombre legalmente. Abandonó el apellido paterno, Klausner, y se puso Oz, que significa 'coraje'. ¿Cómo ve ahora ese paso tan radical?
Cuando lo hice yo quería comenzar una nueva vida, y lo logré. Y el nombre simbolizaba esa nueva vida. Yo he pagado el tributo que le debía a mi padre al describirle en Una historia de amor y oscuridad. Al hablar de él con una sonrisa en los labios. No con ira, no con odio, sino con empatía.

Más que eso. Ese libro es una carta de amor a su padre. No a su madre, sino a su padre.
Sí, lo es, lo es. Acepto lo que usted dice.

Y terminó usted siendo todo lo que su padre quería ser. Como Fima, su personaje, que termina poniéndose el abrigo del padre muerto.
Sí, en efecto... Mire, esa mesa de despacho en la que escribo es la mesa de mi padre... La heredé de él. A él le dio tiempo de leer mis tres primeros libros y estaba orgulloso de mi escritura, no siempre estaba de acuerdo con lo que escribía y desde luego estaba en total desacuerdo con mis ideas políticas, teníamos furiosas discusiones al respecto. Pero creo que en los últimos años de su vida conseguimos acercarnos un poco.

Hablando de desacuerdos políticos, usted es muy conocido y muy polémico. ¿Ha recibido insultos por la calle?
Hubo unos tiempos muy malos en los que mis hijos eran llamados en la escuela los hijos del traidor. Eso fue muy duro y muy difícil. Y hubo tiempos en los que los taxistas discutían conmigo sobre mis ideas políticas. Ahora mucho menos, mucho menos. Porque ahora la idea de los dos estados y de la necesidad de llegar a un acuerdo ha calado mayoritariamente en la sociedad y ha sido aceptada por la mayoría, incluso por muchos halcones. Pero hubo tiempos en los que me sentí muy aislado y muy odiado. Nunca he sido agredido físicamente, pero recibí muchas cartas amenazantes: "Vamos a matarte", "vas a morir", "ya estás muerto"... Cosas así.

Vive en Arad, una pequeña ciudad en el desierto del Néguev, junto al mar Muerto. Su casa, un modesto chalet adosado de dos plantas, es la construcción de apariencia más pobre de toda la calle. Y no sólo la más pobre: también es la más austera. A todo le falta una mano de pintura, y el minúsculo jardín delantero está limpio, pero tan solo cuenta con un par de rústicos y feos matojos, como si poner una planta de primor fuera algo frívolo. El despacho de Oz está en un semisótano (como el hogar de su infancia, curiosamente), aunque con grandes ventanas y buena luz. Muebles viejos e infinidad de libros recubriendo las paredes. Libros también viejos, usados, manoseados, con las cubiertas desgarradas y sucias. ¿Cómo habrá conseguido envejecer todos sus libros de esa manera? ¿Los habrá comprado de segunda mano? ¿Habrán sido compartidos con los 400 compañeros del kibutz? No hay adornos, ni descanso en la omnipresente frugalidad. Es la casa de un pionero, de uno de esos guerreros de la vida que desdeñan o ignoran lo material: hubo muchos así en la formación del Estado de Israel, pero hoy son criaturas en extinción. Ahora bien, no hay que confundir el estoicismo de Oz con la solemnidad puritana: posee un sentido del humor desternillante. Incluso Una historia de amor y oscuridad, pese a narrar cosas terribles, resulta a menudo divertidísima. Tal vez porque Amos Oz ha conocido muchas veces el dolor y lo ha vencido. De este hombre pequeño emana una sensación de fuerza extraordinaria. Sólido y sereno, es uno de esos raros individuos que parecen haber sido capaces de saldar todas sus cuentas y de firmar la paz con sus demonios.

Tiene usted 68 años, pero a juzgar por su biografía podría tener doscientos. En primer lugar, es más viejo que el Estado en el que vive... Ha combatido como soldado en dos guerras, la del 67 y la del 73... Y ha vivido muchas guerras más...
Sí... he vivido la guerra del 48, la del 56, la del 67, la del 73, la del Líbano, y quizá habría que contar también la del Golfo, la Intifada, no sé cómo enumerarlas, demasiadas guerras. Todavía sufro pesadillas relacionadas con la guerra, y eso que ya han pasado 35 años desde la última en la que participé.

Hace cuatro meses sacó usted una nueva novela, 'Rimando vida y muerte', que todavía no está traducida y no he podido leer. Pero por el título veo que sigue escribiendo sobre el carácter paradójico de la vida, tan llena al mismo tiempo de luz y oscuridad... Hablando de luz: recuerdo una noticia de algo que sucedió en Pakistán. Un terrorista islámico dejó un coche bomba delante de una librería en la que se iba a poner a la venta el último libro de Harry Potter. Pero cuando el terrorista vio a cientos de niños en la cola, no fue capaz de hacerlo y avisó a la policía. Es una historia estupenda y un personaje perfecto para una novela. [Abriendo los ojos con expresión de golosa delicia, como un gato que contempla una sardina].
Sí, es increíble, es un personaje para una novela, absolutamente... Muchas gracias por contármelo, es una historia muy buena, maravillosa.

Ni siquiera todo el entrenamiento fanático que sin duda había recibido le hizo poder contemplar a cientos de niños como mera escoria enemiga. Eso es luz.
Sí, en efecto. En el momento en el que el supuesto enemigo se convierte en algo concreto y se puede visualizar, algunas personas se recuperan del fanatismo. Un amigo mío, el novelista israelí Shami Mijail, me contó hace muchos años algo que le sucedió en un taxi. Él iba de Haifa a Berseva, es un viaje muy largo. Y en un momento del viaje el taxista se puso a darle un mitin. Y dijo: "Tenemos que matar a todos los árabes". Entonces Shami, en lugar de gritarle que era una vergüenza sostener algo así, le preguntó al taxista: "Vale, pero ¿quién debe matar a los árabes?". El hombre contestó: "Nosotros". Y Shami: "Sí, pero sea más específico, por favor: ¿el ejército, la policía, los bomberos, los médicos? ¿Quiénes deben matar a los árabes?". El taxista pensó un rato y dijo: "Cada uno de nosotros debe matar algunos". "Bueno, vale, entonces usted, que vive en Haifa, se va a un edificio de apartamentos, llama al timbre de cada apartamento, perdone, señor, perdone, señora, ¿es usted árabe? Sí. Pum, pum, les mata. Y así usted mata a todos y cuando termina se va para su casa. Pero cuando está abandonando el edificio, escucha llorar a un niño pequeño en uno de los pisos superiores. Dígame, ¿dejaría al niño con vida? ¿Regresaría para matar al niño, o no?". Entonces hubo un largo silencio por parte del taxista. Y luego el tipo le dijo a Shami: "Es usted un hombre muy cruel". ¿Se da cuenta? Se le hizo muy difícil. Demasiado

El País Semanal


Labels: , ,

Saturday, October 27, 2007

La mujer de la ventana - Amos Oz

(Discurso de aceptación del Premio Príncipe de Asturias de las Letras)


Si adquieres un billete y viajas a otro país, es posible que veas las montañas, los palacios y las plazas, los museos, los paisajes y los enclaves históricos. Si te sonríe la fortuna, quizá tengas la oportunidad de conversar con algunos habitantes del lugar. Luego volverás a casa cargado con un montón de fotografías y de postales.
Pero, si lees una novela, adquieres una entrada a los pasadizos más secretos de otro país y de otro pueblo. La lectura de una novela es una invitación a visitar las casas de otras personas y a conocer sus estancias más íntimas.

Si no eres más que un turista, quizá tengas ocasión de detenerte en una calle, observar una vieja casa del barrio antiguo de la ciudad y ver a una mujer asomada a la ventana. Luego te darás la vuelta y seguirás tu camino.

Pero como lector no sólo observas a la mujer que mira por la ventana, sino que estás con ella, dentro de su habitación, e incluso dentro de su cabeza.

Cuando lees una novela de otro país, se te invita a pasar al salón de otras personas, al cuarto de los niños, al despacho, e incluso al dormitorio. Se te invita a entrar en sus penas secretas, en sus alegrías familiares, en sus sueños.

Y por eso creo en la literatura como puente entre los pueblos. Creo que la curiosidad tiene, de hecho, una dimensión moral. Creo que la capacidad de imaginar al prójimo es un modo de inmunizarse contra el fanatismo. La capacidad de imaginar al prójimo no sólo te convierte en un hombre de negocios más exitoso y en un mejor amante, sino también en una persona más humana.

Parte de la tragedia árabe-judía es la incapacidad de muchos de nosotros, judíos y árabes, de imaginarnos unos a otros. De imaginar realmente los amores, los miedos terribles, la ira, los instintos. Demasiada hostilidad impera entre nosotros y demasiada poca curiosidad.

Los judíos y los árabes tienen algo en común: ambos han sufrido en el pasado bajo la pesada y violenta mano de Europa. Los árabes han sido víctimas del imperialismo, del colonialismo, de la explotación y la humillación. Los judíos han sido víctimas de persecuciones, discriminación, expulsión y, al final, el asesinato de un tercio del pueblo judío.

Cabría suponer que dos víctimas, y sobre todo dos víctimas de un mismo perseguidor, desarrollarían cierta solidaridad entre ellas. Desgraciadamente las cosas no son así, ni en las novelas ni en la vida real. Por el contrario, algunos de los conflictos más terribles son aquellos que se producen entre dos víctimas de un mismo perseguidor. Los dos hijos de un progenitor violento no tienen por qué amarse necesariamente. Con frecuencia ven reflejada el uno en el otro la imagen del cruel progenitor.

Exactamente así es la situación entre judíos y árabes en Oriente Medio: mientras los árabes ven en los israelíes a los nuevos cruzados, la nueva reencarnación de la Europa colonialista, muchos israelíes ven en los árabes la nueva personificación de nuestros perseguidores del pasado: los responsables de los pogromos y los nazis.
Esta realidad impone a Europa una especial responsabilidad en la solución del conflicto árabe-israelí: en lugar de alzar un dedo acusador hacia una u otra de las partes, los europeos deberían mostrar afecto y comprensión y prestar ayuda a ambas partes. Ustedes no tienen por qué seguir eligiendo entre ser pro-israelíes o pro-palestinos. Deben estar a favor de la paz.

La mujer de la ventana puede ser una mujer palestina de Nablus y puede ser una mujer israelí de Tel Aviv. Si desean ayudar a que haya paz entre las dos mujeres de las dos ventanas, les conviene leer más acerca de ellas. Lean novelas, queridos amigos, aprenderán mucho.

Las cosas irían mejor si también cada una de esas dos mujeres leyese acerca de la otra, para saber, al menos, qué hace que la mujer de la otra ventana tenga miedo o esté furiosa, y qué le infunde esperanza.

No he venido esta tarde a decirles que leer libros vaya a cambiar el mundo. Lo que he sugerido es que creo que leer libros es uno de los mejores modos de comprender que, en definitiva, todas las mujeres de todas las ventanas necesitan urgentemente la paz.
Quiero agradecer a los miembros del jurado del premio Príncipe de Asturias que me hayan otorgado este maravilloso premio. Muchas gracias y mis mejores deseos a todos ustedes. Shalom u-brajá.

(Publicado en el ABC)

Labels: , ,

Wednesday, June 27, 2007

Amos Oz, premio Príncipe de Asturias de las Letras 2007.

Israel y los refugiados palestinos - Amos Oz

Cada vez que los israelíes escuchamos las palabras "el problema de los refugiados de 1948", la inquietud y el rechazo nos producen un nudo en el estómago. Para nosotros, el "problema de los refugiados" se ha convertido en sinónimo de "derecho al retorno", y conceder a los palestinos el derecho a volver a sus hogares originarios significa el fin de Israel.

Quizá haya llegado el momento de poner en orden nuestros pensamientos, con el fin de distinguir entre el problema de los refugiados y lo que se denomina derecho al retorno. Porque el primer asunto puede y debe resolverse, pero no mediante el regreso de los refugiados a un territorio del Estado de Israel con fronteras fijadas por un tratado de paz. Hay que rechazar la exigencia de que los refugiados vuelvan al territorio israelí porque, si así ocurriera, habría dos Estados palestinos y ningún Estado para el pueblo judío. Sin embargo, el problema de los refugiados de 1948 precisa de un remedio. Además, resolverlo es de interés vital para Israel, porque mientras no se haga -mientras cientos de miles de refugiados palestinos se pudran en los campos en condiciones inhumanas- no tendremos paz.

¿Quién es el culpable de la catástrofe de los refugiados palestinos? Según Israel, la culpa es de los líderes palestinos, que iniciaron la guerra con él en 1948, y de los propios refugiados, que abandonaron sus hogares presos del pánico. Según los árabes, Israel es culpable de haber expulsado de sus casas, con crueldad y por la fuerza, a los palestinos. Unos y otros tienen parte de razón: la contienda de 1948 fue una guerra total, de pueblo contra pueblo, barrio contra barrio, casa contra casa. En esas guerras, las poblaciones son arrancadas de sus hogares. En esa fecha, en torno a 12 localidades judías, entre ellas el barrio hebreo de la ciudad vieja de Jerusalén, fueron conquistadas por los árabes. Todas las poblaciones judías de esos lugares fueron o bien asesinadas o bien expulsadas a la fuerza. Por su parte, cientos de localidades árabes, habitadas por cientos de miles de civiles, fueron privadas de su población en 1948. Algunos de esos civiles árabes huyeron y otros fueron expulsados por el Ejército israelí.

Ha llegado el momento de reconocer abiertamente nuestra participación en la catástrofe de los refugiados palestinos. No somos los únicos responsables ni los únicos culpables, pero no tenemos las manos limpias. El Estado de Israel es lo suficientemente maduro y fuerte como para admitir su parte de culpa y para llegar a la necesaria conclusión: es necesario que participemos del esfuerzo por reasentar a los refugiados, en el marco de los acuerdos de paz, y fuera de las futuras fronteras israelíes que éstos fijen.

Puede que el hecho de que Israel admita su parte de culpa en la catástrofe de los refugiados palestinos, y que exprese su voluntad de soportar parcialmente el peso de una solución, haga que el lado palestino sienta un positivo estremecimiento. Sería una especie de gran paso emocional que facilitaría mucho el diálogo futuro. Porque la catástrofe de los refugiados de 1948 es la herida más sangrienta que sufre en sus carnes la nación palestina.

En la parte israelí existe la tendencia constante a posponer, tanto como sea posible, la solución de los "problemas clave" del conflicto: refugiados, Jerusalén, fronteras, asentamientos. Puede que esta postergación fuera la ruina de los acuerdos de Oslo y, sin duda, no es buena para las negociaciones, tal como ahora se encuentran: la tendencia de Israel a evadir cualquier conversación sobre los problemas principales hace que la parte árabe sospeche con razón que lo que el Estado judío quiere es tranquilidad, pero que no está dispuesto a llegar a una solución global.

Quizá valiera la pena que los líderes israelíes comenzaran a discutir el problema de los refugiados y que se ofrecieran a participar en su resolución, es decir, en el traslado de todos ellos desde los campos en los que en la actualidad se pudren, y en la concesión de trabajo y de nacionalidad a los que deseen tenerla, dentro de los límites del futuro Estado palestino. Evidentemente, para resolver el problema de forma global, Israel tendrá que reconocer su culpa parcial en la Nakba palestina y la responsabilidad que conlleva esa culpa. Para alcanzar dicha solución también será preciso tratar el caso de los cientos de miles de judíos que fueron arrancados de sus hogares en los países árabes, con todo lo que ello implica.

Israel, tanto por razones morales como por su propia seguridad, debe buscar una solución para el problema de los refugiados de 1948. La solución tendrá un precio que habrán de asumir el mundo occidental, Israel y los acaudalados países árabes. La violencia disminuirá y la desesperación que da lugar al fanatismo comenzará a desvanecerse cuando esos campos de sufrimiento y degeneración escuchen que su vida en una montaña de basura está llegando a su fin. En cuanto a Israel, aunque firmemos acuerdos de paz con todos nuestros enemigos, nunca tendremos paz a no ser que pongamos remedio a las penalidades de los refugiados.

El País

Labels: ,