Tuesday, November 08, 2011

La bomba haredí - Yaron London - Ynet


Soldados protegiendo a unos haredíes en Samaria - Menahem Kahana

El ex jefe del Mossad, Efraim Halevy, sabe una cosa o dos acerca de los peligros que acechan a Israel. En una reciente conferencia afirmó que el peligro que supone la radicalización de la ultra-ortodoxa es mayor que la amenaza iraní.

Las palabras de Halevy provocaron protestas, por supuesto. Los miembros del Shas y del Judaísmo Unido de la Torá (partidos haredíes) lo acusaron de recurrir a una grave provocación. Ellos creen, o al menos parecen creerlo, que los ultra-ortodoxos mejoran la condición de los judíos ante Dios, y que cuenta más gente estudie la Torah mayor seguridad tendrá el pueblo de Israel.

Debemos tener en cuenta una y otra vez que la inmensa mayoría de los rabinos ortodoxos en la diáspora se opusieron al sionismo, y es que creían que los judíos debían permanecer en la diáspora hasta que Dios finalmente los salvara. Después del Holocausto, dijeron que se trataba de un castigo por rehuir nuestra Torah.

Los líderes haredíes de Israel no se han apartado de este punto de vista básico, aunque ya no lo hagan tantas veces público: la salvación de los judíos está en las manos de Dios, que está en los cielos, y no depende de la habilidad de nuestros pilotos en los cielos.

Esta percepción está cada vez más integrada en los puntos de vista de los fieles que pertenecen al sionismo religioso. Ellos creen que cuanto más estricta sea su adhesión a las normas religiosas, más pronto vendrá el Mesías. Los rabinos del campo mesiánica animan a sus estudiantes a servir en el ejército para así convertirlo en el ejército de Dios. Su resistencia al canto femenino es una de las muchas manifestaciones de esas tendencias mesiánicas en el ejército.

Sé muy poco sobre las armas nucleares y los misiles en posesión de Irán, de su voluntad de atacarnos y de los medios de defensa y ataque a nuestra disposición. Sin embargo, sé lo suficiente como para evaluar los daños y perjuicios que ocasionaría la radicalización de los ultra-ortodoxos: constituye un peligro sustancial e inminente. La demografía avanza rápidamente y a una velocidad similar a la de la carrera nuclear iraní.

Dentro de poco, la Oficina Central de Estadísticas publicará sus cifras, incluyendo una previsión demográfica de su distribución por sectores. Mencionó a continuación algunas cifras relevantes (redondeadas para que sean más fáciles de digerir). Se refieren a las personas menores de 20 años.

En el 2034, según el pronóstico conservador, habrá 1,4 millones de "judíos no haredim" en ese grupo de edad. Los ultra-ortodoxos se acercarán más o menos a un millón y los árabes a unos 750.000.

De acuerdo con un pronóstico moderado, la relación entre los "judíos y otros" y los haredim y los árabes sería de 1.7 millones frente a 2 millones. Basado en el escenario más extremo, la proporción será de 2,2 millones de "judíos y otros" en comparación a los 2,5 millones de haredim y árabes.

A la luz de estas cifras, sólo un tonto podría evitar la suposición razonable de que en la próxima generación el porcentaje de la población sionista sería una minoría. Si el espíritu de la comunidad haredi y su estilo de vida no cambian, sería dudoso que Israel fuera una entidad política diferente a los estados vecinos: una región teocrática, pobre en términos económicos y espirituales, muy concurrida y muy similar al aterradora Irán.

Quizás los iraníes deberían mostrar paciencia, ya que podrían ahorrarse el esfuerzo inherente a desarrollar una bomba nuclear.

Labels: ,

Saturday, October 23, 2010

El punto de vista judío. Por qué la mayoría de los judíos apoya el nuevo compromiso de fidelidad (Ley de Ciudadanía) - Yaron London - Ynet



La mayoría de los judíos israelíes apoyan el "juramento de lealtad". Yo formo parte de la minoría que no lo ahce. Sin embargo, puedo entender por qué muchos de los judíos israelíes que también apoyan una igualdad civil plena han terminado apoyando el juramento de fidelidad. Mi opinión es que los líderes de la comunidad árabe israelí tienen parte de culpa de ello.

El juramento de lealtad es una especie de "adecuada respuesta judía" a Hanin Zoabi, Azmi Bishara, al Movimiento Islámico de Israel y a los "Documentos o Visiones de la identidad de los palestinos de Israel" elaborados por el liderazgo árabe israelí. Estas personas y movimientos, que se perciben como un desafío para el carácter judío del Estado, han puesto un énfasis exagerado en ese carácter [N.P.: según ellos "fascista y racista"].

Trataré de expresar las voces y pensamientos que son propios del judío medio de Israel: Israel está en conflicto con la mayoría de los estados árabes. Sus ciudadanos árabes están estrechamente vinculados a sus camaradas y hermanos árabes en los territorios ocupados y en la diáspora palestina. Ellos forman parte de la gran nación árabe (así lo aseguran ellos mismos), pero aún no se han decidido sobre el significado de los apegos que les unen a sus diversas partes [N.P.: si solo son palestinos y árabes, si ser israelí es una imposición, ¿por qué no dar el paso lógico y formar parte del futuro estado de Palestina y del pueblo árabe?, ¿por qué siendo solamente palestinos y árabes, aún así prefieren permanecer formando parte de Israel, un Estado judío y democrático con una "imposición racista"?]

Pero el caso es que esos apegos no tienen un consenso definido, incluso entre los intelectuales árabes de Israel. Por ejemplo, el Dr. Azmi Bishara, quien huyó sospechosa y convenientemente al Libano (cuando era sujeto de investigaciones por connivencia y espionaje a favor de Hezbolla), admitió que el "pueblo palestino" es en gran medida una invención destinada a adaptar las demandas de los residentes árabes de Israel al lenguaje global estándard, ya que, en efecto, no eran según él más que árabes meridionales o "del sur de Siria".

¿Entonces, por qué estos "sirios del sur" tienen derecho a participar en el discurso sobre la identidad del Estado, y qué tipo de derechos pueden exigir los partidarios del Movimiento Islámico de Israel cuando ellos mismos ven el mundo de los fieles musulmanes como una única región política (un Califato mundial)?

Esta región es pobre y problemática, está gobernada por regímenes dictatoriales, oprime a las minorías y muestra su desprecio por los derechos humanos. Su celo religioso es inmenso y se enfrenta a una multitud de conflictos étnicos y religiosos. El antisemitismo es muy frecuente en todas sus partes. En los últimos años, hemos visto varios ejemplos horribles que acreditan la actitud de las sociedades árabes y musulmanas ante aquellos que no son árabes, o que simplemente no les gusta ser árabes y musulmanes: Irán, Mauritania, Sudán, Irak y Afganistán. Las relaciones entre los propios palestinos también provocan miedo entre los judíos.

Mientras tanto, el mundo árabe y musulmán comprende que carece de las habilidades intelectuales de la introspección y autocrítica: culpan a todos por el lamentable estado de la región, con excepción de a los propios locales y a las civilizaciones que han creado.

Los árabes israelíes tienden a preguntar: ¿Qué tiene que ver todo esto con nosotros (la situación en las sociedades árabes y musulmanas)? Y el judío medio israelí, como casi todos los judíos tienden a hacer, les responde con otra pregunta: ¿Es posible que los ciudadanos árabes de Israel, una pequeña parte de la gran nación árabe, sean totalmente diferentes de sus hermanos árabes en lo que respecta al estado de ánimo, la cultura y la actitud hacia la democracia? [N.P.: Y si por fortuna son tan diferentes, añadiría otra pregunta, ¿qué parte se debería a la existencia de Israel como Estado judío y democrático?]

El judío medio israelí también se cuestiona algunas cosas más: los ciudadanos árabes de Israel piden que se les trate de acuerdo con los más nobles de los criterios humanos, mientras que al mismo tiempo ellos apenas critican las injusticias que prevalecen en el mundo árabe. Estos ciudadanos árabes de Israel no tienen nada que decir sobre la situación que sufre la minoría copta en Egipto, o sobre la situación de los chiítas en los estados sunnitas del Golfo, o acerca de la tiranía alauita en Siria.

"Si no están dispuestos a criticar a sus camaradas y hermanos árabes", deduce el judío medio israelí, "esto significa que sus valores no son diferentes de los valores que prevalecen entre su gente. No pueden asumir para su comunidad dos tipos de roles: exigir sus demandas como ciudadanos de Israel, pero al mismo tiempo anunciar que son ciudadanos israelíes involuntariamente, y que su solidaridad emocional se sitúa con un mundo que desprecia a Israel y es el hogar de numerosos y absolutos antisemitas".

"Y por cierto", añade finalmente el judío medio israelí, "todavía tengo que escuchar una respuesta de los árabes israelíes al reciente discurso de Ahmadinejad en el Líbano, donde acusó a los sionistas de causar el cambio climático".

Labels: , ,

Thursday, October 07, 2010

El defectuso plan de Lieberman - Yaron London - Ynet



Avigdor Lieberman tiene razón cuando dice que es mejor tener unas minorías lo menos numerosas posible residiendo dentro del territorio de un Estado-nación. La aspiración a esta realidad afectó a la conformación de las fronteras europeas a raíz de las dos guerras mundiales. La diferencia tiene que ver con las circunstancias: fueron los vencedores quienes impusieron su voluntad a los derrotados, pero eso es mucho más difícil de lograr a través de unas negociaciones libres.

Vamos a hacer justicia a Lieberman: él no propone la expulsión de la gente de sus hogares y tierras. El término "transferencia" no es acorde con su iniciativa. Él propone delimitar unas nuevas fronteras de tal manera que muchos árabes israelíes se encuentren al este de la frontera definitiva de Israel.

Los portavoces árabes (de nacionalidad israelí o no) se muestran indignados ante esta idea, sin embargo están teniendo problemas a la hora de explicar que hay de malo en la idea de Lieberman. Ellos, a la vez que no quieren renunciar a su condición de israelíes, se lamentan y acusan al mismo tiempo de que esa identidad les ha sido impuesta. Sus excusas son irrelevantes en este caso. Sólo una cosa es importante: alrededor de 1,3 millones de ciudadanos árabes israelíes, que constituyen aproximadamente una quinta parte de la población del país, se opondrán firmemente a la propuesta de Lieberman, y no podemos llevarla a la práctica sin su consentimiento.

Sin embargo, vamos a suponer que todo el mundo está de acuerdo. ¿Cuándo corrijamos las fronteras de tal manera que tantos árabes como sea posible dejen de formar parte de Israel, afectando lo menos posible a los judíos israelíes y sin destrozar el mapa del país, no correríamos el riesgo de poner en peligro la seguridad de Israel?

Lieberman insinúa que serían las comunidades árabes de la zona conocida como el "área del Triángulo", en el norte de Israel, las que serían entregadas a un Estado palestino, pero se niega a presentar su imprecisa oferta para su escrutinio. Parece que se está refiriendo al grupo de comunidades árabes ubicadas a lo largo de la antigua frontera. En este caso, el "beneficio demográfico" sería de aproximadamente de unas 250.000 personas, las cuales representan aproximadamente a una sexta parte de todos los árabes israelíes si incluimos a los residentes de Jerusalém [N.P.: los residentes en Jerusalém Este también equivaldrían a unas 270.000 personas, y en principio también pasarían a formar parte de Palestina, es decir, en conjunto habría cerca de 600.000 árabes menos en Israel, cerca de un 40% menos].

El precio es obvio, unas fronteras más estrechas de Israel: las "fronteras de Auschwitz" como Abba Eban las definió, serían aún más estrechas. Por otra parte, si se realizara el deseo de Lieberman, el mapa de Israel sería algo parecido a una manta llena de retazos creada por una persona que sufriera de la enfermedad de Parkinson.

¿Y qué recibimos a cambio? Alrededor de 250.000 israelíes se convertirían en ciudadanos de Palestina, lo que es una cantidad algo menor del número de residentes árabes de Jerusalén. Estas personas son ciudadanos israelíes como Lieberman. Muchos de ellos poseen propiedades al oeste de la frontera imaginaria. Casi todos ellos tendrían familiares en el Israel restante. Casi todos ellos se ganan la vida fuera de sus comunidades.

¿Así que también perderían su lugar de trabajo? ¿Puede el mercado de trabajo suplir su ausencia? ¿Qué pasaría si miles de ellos deciden moverse hacia el oeste? ¿Vamos a enviar nuestra polícia de inmigración para atraparlos y expulsarlos al otro lado de la nueva frontera? ¿O la frontera se abrirá por la mañana y se les permitirá moverse libremente a sus hogares en Palestina en una especie de libre circulación entre Israel y Palestina? Esto no suena como una receta de éxito para aumentar nuestra seguridad nacional.

Lieberman supone que su audiencia no examinará los detalles, sino que más bien será impresionada por la solución mágica inherente a su iniciativa: Voila… y 250.000 árabes israelíes menos.

Labels: , ,

Wednesday, March 26, 2008

El factor miedo - Yaron London - Ynet

Aquellos que se oponen a la guerra tienen mucha razón. De hecho, siempre la tienen. Por otra parte, aquellos que apoyan la guerra tienen a veces razón y a veces se equivocan. La honradez de aquellos que se oponen a la guerra es inmediatamente perceptible, porque evitar guerras ahorra sangre y muertes, mientras que la honradez de aquellos que apoyan la guerra nunca es absoluta.

La razón de esto último es que el precio de una guerra se cobra inmediatamente después de su inicio, mientras que las ventajas de la victoria sólo son cosechadas después de que el polvo se acaba depositando. Además, a menudo la historia abusa de los vencedores honrados y mima a las malvadas partes derrotadas.

La conclusión es que nunca habría que emprender una guerra, y esta percepción está apoyada por muchos de mis colegas que se oponen a un movimiento decisivo contra Hamas y parecen ser capaces de convencer a la opinión pública, esa que aguanto el golpe durante la Segunda Guerra del Líbano. Esta percepción da ocasión a explicaciones complejas. Así recientemente oímos a un ingenioso comentarista recomendar un alto el fuego con Hamas, porque haríamos un mejor trabajo que el grupo islámico si nos preparamos para la siguiente guerra y porque durante esta tregua Hamas puede tomar el control de toda la sociedad palestina. ¿Es eso bueno?

Aquellos que aplauden y recomiendan esta aseveración dicen que sería mejor permitir que el movimiento islámico completara su control de la sociedad palestina, ya que entonces estaría obligado a asumir la responsabilidad plena de su destino y daría la espalda a su imprudente oposición a su pleno establecimiento, ya que podría poner en peligro su status. Sus activos y el peso pleno de la responsabilidad lo convertirían en un movimiento pragmático que estaría abierto a negociar.

La prueba de esto, según esta teoría, la moderación mostrada por Siria e Hizbullah, capaces de causarnos mucho mas daño que Hamas, y cuyas intenciones no son menos malévolas.

Si tomamos esta lógica hasta el punto del absurdo, concluiríamos que es mejor alimentar a los asesinos enloquecidos y aguantar sus golpes hasta que estén en condiciones de conseguir el poder y piensen más en proteger sus ganancias. Me ahorro cualquier tipo de mención de los ejemplos históricos que demuestran la debilidad de estas aseveraciones, porque estoy seguro que cada uno conoce algunos de ellos. Aquellos de los que escuchan detenidamente las palabras pronunciadas por los líderes de Hamas llegan a la conclusión de que institucionalizar a este movimiento lo convertiría en un pequeño Irán, y no más bien en otra OLP.

El miedo es el factor principal por el qué Hizbullah no se ha atrevido a molestarnos desde el final de la guerra, y éste es también el elemento principal por el cual Siria muestra su moderación ante el ataque que nos ha sido atribuido. La fuente de este miedo es nuestra conducta durante la guerra, a saber, la conducta imprudente por la cual Olmert y su gobierno han sido reprobados.

Nasrallah se confesó indirectamente culpable de esto cuando dijo que si él hubiera previsto una reacción israelí tan salvaje no habría secuestrado a nuestras tropas.

La inculcación del miedo a través de nuestra reacción, más bien que la retirada de militantes de Hizbullah de la zona fronteriza, debería ser considerada como nuestro mayor logro durante la guerra. Este logro es incluso hasta más significativo que muchos defectos que han sido descubiertos durante la guerra y el doloroso hueco existente entre los objetivos de la guerra y sus resultados.

Toda la charla arrogante de Nasrallah, el desprecio que él nos demuestra, y sus amenazas en cuanto a una futura venganza no cambia el hecho de que sus concentraciones y marchas de milicianos, que sus saltos con sus armas cruzadas al pecho, están ahí pero no disparan.

Por el otro lado, Hamas y los miembros de Yihad Islámica sí nos disparan. Ellos nos disparan porque no están asustados. Y no están asustados porque sean más intrépidos o a consecuencia de su fe, sino porque no les hemos asustado lo bastante.

El miedo es una cualidad humana básica. Uno puede fortalecer su resistencia al miedo, pero es imposible hacerse completamente inmune ante él. La cuestión relevante no giraría entonces entorno a la validez del principio de disuasión, sino mejor dicho lo que la parte atacada esta dispuesto a realizar a fin de asustar al atacante, y hasta que punto el atacante es inmune a los contraataques.

Labels: ,