Saturday, June 29, 2013
Monday, August 13, 2012
En la interesante web de Jaime Gorenstein, un "laicismo judío, militante y creativo" o vuelva usted mañana.
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Leo en la estupenda web de Jaime Gorenstein un artículo de Egon Friedler, publicado en AURORA DIGITAL, sumamente frustrante por lo trillado del tema y la falta lamentable de ideas que por otro lado reivindica. No es por que no esté de acuerdo en muchas ocasiones con lo que allí cuenta, sino porque se deja lo más importante, "la salvación", para "algún días de estos", o quizás sea mejor decir para un futuro indefinido, síntoma de que quizás no haya mucho que proponer.
El artículo comienza con una crítica severa a la inicial (y dentro de algunas minorías actual) oposición ultra-ortodoxa al sionismo. Sin embargo, comienza describiendo más enemigos que luego no vuelven a aparecer: "Si bien el sionismo ha tenido muchos enemigos seculares en el seno del pueblo judío desde que Theodor Herzl lo creara a fines del siglo pasado, la hostilidad más tenaz y persistente fue la de la ortodoxia y la ultra-ortodoxia".
Uno no sabría valorar, en la actualidad, si la oposición actual más tenaz y radical al sionismo no provendría precisamente de esos otros enemigos seculares no identificados: el judío moderno "no judío", que al igual que sus antepasados mencionados de pasada, anhela su asimilación a la sociedad y cultura en la que vive (o a la que desea imitar si vive, por ejemplo, en Tel Aviv), y la superación definitiva de su identidad y herencia judía ante los demás, y el judío revolucionario (ahora bienpensante o políticamente correcto), para quién la causa revolucionaria y universalista es prioritaria sobre cualquier herencia cultural, religiosa o nacional judía.
El artículo prosigue con una clara descripción de la oposición ultra-ortodoxa al sionismo para llegar a dos afirmaciones un tanto peregrinas y que abusan del cliché generalizador, sino del prejuicio.
En la primera se afirma que "No menos grotesco sería el espectáculo de un pueblo judío en todo el mundo dando la espalda a la modernidad, rechazando la dedicación a las artes y las ciencias, dejando de lado cualquier preocupación universalista y encerrándose en las estrechas paredes de la sinagoga. Si el tradicionalismo ultra-ortodoxo hubiera ganado la partida a las corrientes de secularización del judaísmo a fines del siglo XIX no habríamos dado a la humanidad ni un Einstein, ni un Freud, ni la legión de sabios, Premios Nobel o no, que hicieron avanzar de manera tan significativa a la humanidad en el siglo pasado".
Bueno, creo que en Israel existen bastantes intelectuales y sabios, y algún Premio Nobel de Economía, adeptos a la Ortodoxia, y no por lo tanto reñidos "con la modernidad". Por lo tanto, cuando se hable de la ultra-ortodoxia o simplemente de los judíos observantes, sería necesario matizar muy claramente de que y de quién se habla. Por no decir nada de la evolución presente dentro del propio campo haredi.
La otra afirmación no deja de ser otra habitual generalización. Tras afirmar que "Hoy existe un amplio consenso en la sociedad israelí de que toda solución de paz con el pueblo palestino debe pasar por la devolución de la mayor parte de las tierras de Cisjordania", unos párrafos más adelante se describe, como nos podíamos temer, cual es el único culpable:
Obviamente, esto no parece importar, lo fundamental es nombrar los únicos culpables... judíos.
Pero sin duda, las palabras que "me han llegado al alma" son el remache final del artículo:
Como un celebre artículo de Larra, me suena a "Vuelva usted mañana", que ya por entonces diseñaremos alguna cosa con la que dar el pego y seguir largando y elucubrando sin decir necesariamente nada de nada. Quizás los clichés y eslogan publicitarios sean el fundamento ideológico más propio de la "modernidad".
Todas estas banalidades bienpensantes me recuerdan un excelente artículo de Anshel Pfeffer con objeto de la penúltima ocurrencia del conocido y octogenario novelista laico, militante y creativo, Yoram Kaniuk, por la que se le condedió la renuncia a su "condición de judío" en el registro de la población de Israel. El artículo de Pfeffer se titulaba muy apropiadamente, como contestando por adelantado al artículo de Egon Friedler, "El campo laico ha renunciado a presentar su propia interpretación de un judaísmo moderno".
Algunos de los párrafos del artículo de Pfeffer serían muy aprovechables para esa futura exposición, que nos reserva para más adelante Egon Friedler, sobre las formas que debe asumir ese laicismo salvador "que merece ser analizado por separado en profundidad".

Leo en la estupenda web de Jaime Gorenstein un artículo de Egon Friedler, publicado en AURORA DIGITAL, sumamente frustrante por lo trillado del tema y la falta lamentable de ideas que por otro lado reivindica. No es por que no esté de acuerdo en muchas ocasiones con lo que allí cuenta, sino porque se deja lo más importante, "la salvación", para "algún días de estos", o quizás sea mejor decir para un futuro indefinido, síntoma de que quizás no haya mucho que proponer.
El artículo comienza con una crítica severa a la inicial (y dentro de algunas minorías actual) oposición ultra-ortodoxa al sionismo. Sin embargo, comienza describiendo más enemigos que luego no vuelven a aparecer: "Si bien el sionismo ha tenido muchos enemigos seculares en el seno del pueblo judío desde que Theodor Herzl lo creara a fines del siglo pasado, la hostilidad más tenaz y persistente fue la de la ortodoxia y la ultra-ortodoxia".
Uno no sabría valorar, en la actualidad, si la oposición actual más tenaz y radical al sionismo no provendría precisamente de esos otros enemigos seculares no identificados: el judío moderno "no judío", que al igual que sus antepasados mencionados de pasada, anhela su asimilación a la sociedad y cultura en la que vive (o a la que desea imitar si vive, por ejemplo, en Tel Aviv), y la superación definitiva de su identidad y herencia judía ante los demás, y el judío revolucionario (ahora bienpensante o políticamente correcto), para quién la causa revolucionaria y universalista es prioritaria sobre cualquier herencia cultural, religiosa o nacional judía.
El artículo prosigue con una clara descripción de la oposición ultra-ortodoxa al sionismo para llegar a dos afirmaciones un tanto peregrinas y que abusan del cliché generalizador, sino del prejuicio.
En la primera se afirma que "No menos grotesco sería el espectáculo de un pueblo judío en todo el mundo dando la espalda a la modernidad, rechazando la dedicación a las artes y las ciencias, dejando de lado cualquier preocupación universalista y encerrándose en las estrechas paredes de la sinagoga. Si el tradicionalismo ultra-ortodoxo hubiera ganado la partida a las corrientes de secularización del judaísmo a fines del siglo XIX no habríamos dado a la humanidad ni un Einstein, ni un Freud, ni la legión de sabios, Premios Nobel o no, que hicieron avanzar de manera tan significativa a la humanidad en el siglo pasado".
Bueno, creo que en Israel existen bastantes intelectuales y sabios, y algún Premio Nobel de Economía, adeptos a la Ortodoxia, y no por lo tanto reñidos "con la modernidad". Por lo tanto, cuando se hable de la ultra-ortodoxia o simplemente de los judíos observantes, sería necesario matizar muy claramente de que y de quién se habla. Por no decir nada de la evolución presente dentro del propio campo haredi.
La otra afirmación no deja de ser otra habitual generalización. Tras afirmar que "Hoy existe un amplio consenso en la sociedad israelí de que toda solución de paz con el pueblo palestino debe pasar por la devolución de la mayor parte de las tierras de Cisjordania", unos párrafos más adelante se describe, como nos podíamos temer, cual es el único culpable:
"La frustración del proceso de paz por la oposición de los colonos puede tener consecuencias desastrosas".Nuevamente, hay muchos tipos de colonos, y quizás uno esperaba que se hiciera alguna mención de los palestinos en el asunto de la culpabilidad. Aunque solo fuera para que luego no se le pudiera reprochar que buena parte de su artículo parece estar tan reñido con "los hechos y la realidad" como los haredim con la "modernidad".
Obviamente, esto no parece importar, lo fundamental es nombrar los únicos culpables... judíos.
Pero sin duda, las palabras que "me han llegado al alma" son el remache final del artículo:
"Los enormes cambios en el mundo nos exigen flexibilidad, dinamismo para adoptarnos a circunstancias nuevas, audacia para buscar caminos nuevos sin abandonar las raíces de nuestra tradición y cultura.O sea, que el impulso creativo de un "laicismo judío, militante y creativo, con hondas raíces en la cultura judía e israelí", y las formas que debe asumir ese laicismo salvador, es "un tema aparte, que merece ser analizado por separado en profundidad".
Por ello, el impulso creativo de un laicismo judío, militante y creativo, con hondas raíces en la cultura judía e israelí, es una imperiosa necesidad histórica y sin él no hay futuro para el pueblo judío. Las formas que debe asumir ese laicismo es un tema aparte, que merece ser analizado por separado en profundidad".
Como un celebre artículo de Larra, me suena a "Vuelva usted mañana", que ya por entonces diseñaremos alguna cosa con la que dar el pego y seguir largando y elucubrando sin decir necesariamente nada de nada. Quizás los clichés y eslogan publicitarios sean el fundamento ideológico más propio de la "modernidad".
Todas estas banalidades bienpensantes me recuerdan un excelente artículo de Anshel Pfeffer con objeto de la penúltima ocurrencia del conocido y octogenario novelista laico, militante y creativo, Yoram Kaniuk, por la que se le condedió la renuncia a su "condición de judío" en el registro de la población de Israel. El artículo de Pfeffer se titulaba muy apropiadamente, como contestando por adelantado al artículo de Egon Friedler, "El campo laico ha renunciado a presentar su propia interpretación de un judaísmo moderno".
Algunos de los párrafos del artículo de Pfeffer serían muy aprovechables para esa futura exposición, que nos reserva para más adelante Egon Friedler, sobre las formas que debe asumir ese laicismo salvador "que merece ser analizado por separado en profundidad".
(...)
¿Qué es lo que Kaniuk, y aquellos que planean seguir su ejemplo, no están dicen en realidad? Yo puedo asumir su crítica al control que mantiene la jerarquía rabínica sobre la definición nacional del judaísmo. ¿Por qué cualquiera de nosotros debería ser rehén de su cada vez más estrecha interpretación de una antigua y esplendida tradición? Pero ¿cuál es su alternativa? Publicitando su “religión” en entrevistas y artículos, Kaniuk trata de postular una vaga y laica nacionalidad judía e israelí como identidad propia. Sin embargo, el experto narrador de los primeros días de Tel Aviv y del Estado de Israel parece casi inhábil e inarticulado a la hora de describir su condición de judío. "Hay algo en el judaísmo, además de la religión", decía en una entrevista al diario Haaretz en marzo pasado, “y esa religión contenía una cultura que no está presente hoy en día. El judaísmo se ha convertido en racista y rabínico. El judaísmo rabínico, en mi opinión, exterminó a los judíos. No hay nación judía aquí, no hay pueblo judío, sólo una religión que se está pudriendo. Creo que los judíos fueron anteriormente un pueblo diabólicamente resistente, inteligente y cauto. Un pueblo que supo sobrevivir, que supo ser sabio". Prácticamente un "manifiesto nacional único".
Kaniuk, de 81 años, cree que las mujeres y hombres del Palmach, esos astutos e ingeniosos judíos que lucharon en la Guerra de la Independencia, fueron el epítome de lo judío. Pero entonces, ¿por qué han fallado a la hora de legar una versión para el siglo XXI de esos Palmachnik? Culpar a los ortodoxos siempre resulta demasiado fácil. Afirmar que el judaísmo no es una religión, sino una nacionalidad o una cultura, es sólo una excusa. Niega los nobles esfuerzos, con éxitos y fracasos, de esas generaciones de pioneros, escritores, pensadores y herejes que lucharon para recuperar nuestro patrimonio de las garras de los clérigos reaccionarios, y que demostraron que hay otras maneras de ser judío, y de vivir los ideales judíos, que no sea un mero y mezquino ritualismo impuesto.
La religión forma parte de nosotros, de nuestra identidad judía, aunque algunos de los religiosos nos quieren hacer creer que la religión es todo lo que hay. Durante el último siglo o casi, el sionismo (y la oposición al sionismo) también han formado parte de esa identidad, pero Kaniuk y otros israelíes parecen haber caído en la trampa de creer que el sionismo es suficiente por sí mismo. La desilusión con la situación política actual se arrastra inevitablemente, el Estado no es todo lo que esperábamos que fuera, y Kaniuk, a causa de su falta de imaginación, se queda sin nada en que creer.
Pero se equivoca.
Los valores judíos y de Israel, conjuntamente con la cultura tradicional y la actual, nos ofrecen otros componentes con alternativas viables, y aunque no sean perfectas o estén exentas de dilemas, no requieren un divorcio de la religión. Esta semana, se recordaba constantemente que el profesor Dan Shechtman de la Technion es ahora el décimo israelí en ser honrado con un premio Nobel, y que en la última década, de promedio, cada dos años uno de los profesores del país es galardonado con el premio más prestigioso en el mundo en química o economía. Sin embargo, el primer israelí en el podio de Copenhague no fue un científico o un académico, fue un escritor. SY Agnon, quien recibió el Premio Nobel de Literatura en 1966 junto con la poeta yiddish Nelly Sachs, y que fusionó el hebreo moderno con las palabras de los profetas, combinando en sus obras la vida del shtetl con las experiencias de los pioneros en Palestina, lo que demuestra que la religión, la cultura y el nacionalismo pueden reunirse en una narración convincente.
(...)
Labels: judíos laicos y religiosos
Tuesday, April 24, 2012
“Ni los (judíos) laicos somos tan racionales, ni los (judíos) religiosos son tan emocionales” - David Biale - Nueva Sion

Prestigioso historiador judío estadounidense y profesor de la Universidad de Berkeley, en California, David Biale sostiene que hoy podemos pensar el judaísmo laico a partir de una propia interpretación de las fuentes, y no ya desde la mera oposición a la interpretación religiosa, como se constituyó en la modernidad. Autor de diversos libros que profundizan en la filosofía y en la historia judía, Biale estuvo en Argentina invitado por la Organización Judía para el Diálogo Interconfesional (OJDI) y fue entrevistado por Nueva Sión.
- Usted has planteado en distintas conferencias que el judaísmo secular se había erigido a partir de la modernidad desde la negación hacia lo religioso, y que hoy podemos pensar en un judaísmo secular “por sí” ¿Qué significa esta transformación? ¿Cómo se manifiesta?
En el siglo XVIII este judaísmo laico se planteaba como opuesto a la comunidad de rabinos y en contra de la comunidad religiosa. Ese era el contexto social de la negación ideológica o intelectual. Pero en la diáspora nosotros no vivimos hoy en una comunidad coercitiva, que nos obligue a comportarnos de alguna manera determinada. Eso nos posibilita encontrar un camino de regreso a la tradición judía e interpretar las fuentes tradicionales en un espíritu laico y libre. En las fuentes tradicionales, desde un punto de vista laico secular, podemos encontrar un testimonio importante para nosotros.
Incluso en Israel hoy en día hay un grupo de judíos laicos que tratan de apropiarse de las fuentes, desafiando la coerción religiosa. Los religiosos dicen “Las tradiciones son nuestras, ustedes, los laicos, están fuera”. Hay por ejemplo yeshivot laicas, que son lugares donde la gente va a estudiar las fuentes desde un punto de vista secular. La idea es decirles a los religiosos “Ustedes no tienen el monopolio de las fuentes, los libros, etc. Los documentos son de todos, es una biblioteca abierta”. Yo pienso que son más fuertes en Israel que en la diáspora.
- ¿No ve acaso al judaísmo laico muy de Apolo, muy racional, muy político y no dionisíaco, borracho, instintivo, emocional...?
Yo creo que desde la izquierda vemos a la derecha como muy emocional, muy agarrada a la tierra como algo sagrado, y a nosotros como algo opuesto. Pero no es tan taxativa la distinción: las fuentes que nosotros leemos no son solo racionales, no es solo Maimónides como un modelo del racionalismo judío; también leemos e interpretamos la Cábala, que es un mito no racional, o el Midrash, que es un libro muy novelesco, sin argumento muy racional. No sé si lo llamaría dionisiaco, pero no es racional en el sentido más puro.
Esta oposición entre el judaísmo laico y religioso parece ser producto de la modernidad y desde hace un par de décadas vivimos como una ruptura de esta modernidad, donde se empiezan a quebrar estructuras rígidas y oposiciones fuertes. Podríamos decir que es una época ecléctica. Entonces, en ese contexto, ¿todavía se puede sostener hoy una oposición fuerte o se puede pensar en lo laico como una transformación no opuesta a lo religioso?
Diría que hay una tercera opción que es una relación dialéctica con la tradición, de modo de enfrentar a las fuentes de una manera ecléctica. Si yo me inscribo a la tradición en forma completa, ella me obliga a tomarla de ese modo; pero también puedo elegir la parte de la tradición que me habla a mí. Por ejemplo, podemos hablar de organización política, y las fuentes nos enseñan que también en el pasado, las comunidades se encontraban con los mismos problemas que tenemos que enfrentar hoy en día. De hecho esos textos son muy laicos, no hay una referencia a Dios ni ala Torah, sino que son textos de política. Podemos encontrar un puente a esas fuentes que son parte de nuestra tradición, pero no necesariamente un puente religioso.
- Es posible plantear que la diferencia entre el judaísmo religioso y el laico en Israel y en la diáspora se manifiestan de la misma manera ¿No? Porque en Israel hay algunos enfrentamientos que tienen que ver con cuestiones prácticas en cuanto a la relación del Estado con la Religión, se mezclan otras cosas, lo cual afecta a la esencia de la contradicción...
En Israel se trata más de un problema moderno, entre la ilustración y los religiosos. Es una lucha contra la fuerza rabínica. De todas formas existe el intento de quebrar el monopolio religioso con respecto a las tradiciones. En Israel estas dos tendencias, la moderna y las post-moderna vienen juntas, conviven juntas y es donde se siente más la presión religiosa. En la diáspora, que no tenemos esa presión legal de lo religioso, estamos un poco más libres de interpretar las fuentes como queramos.
En Israel se renueva la lucha que había hace 200 años en el este de Europa sobre quién tiene la autoridad. Es algo extraño porque el sionismo era un movimiento laico en sus principios y sus fundadores pensaban en Israel como una sociedad laica con algunos elementos judíos. El hecho de que los religiosos crecieran en Israel de la forma en que lo hicieron es algo que no estaba en las expectativas. Y es algo relativamente nuevo desde la guerra de los 6 días. Ahora nosotros estamos viendo desde nuestro punto de vista lejano cómo esa guerra trajo también, dentro de la sociedad israelí, consecuencias negativas. Se liberó un impulso religioso y eso hizo que se liberaran una serie de fuerzas que en cierto sentido son contra el sionismo, por lo menos el sionismo como lo pensaban los fundadores.
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Saturday, February 04, 2012
Algunas élites "laicas y humanistas" se me antojan un tanto presuntuosas y susceptibles, y yerran el blanco.

Como muy bien argumentaba Anshel Pfeffer sobre la decisión del intelectual laico Yoram Kaniuk de renunciar a su identidad judía en el Registro Civil de Israel:
La religión forma parte de nosotros, de nuestra identidad judía, aunque algunos de los religiosos nos quieren hacer creer que la religión es todo lo que hay. Durante el último siglo o casi, el sionismo (y la oposición al sionismo) también han formado parte de esa identidad, pero Kaniuk y otros israelíes parecen haber caído en la trampa de creer que el sionismo es suficiente por sí mismo. La desilusión con la situación política actual se arrastra inevitablemente, el Estado no es todo lo que esperábamos que fuera, y Kaniuk, a causa de su falta de imaginación, se queda sin nada en que creer.Matthew Ackerman, en Commentary, se hacía a su vez eco de unas opiniones vertidas por Donniel Hartman:
(...)
Kaniuk y sus partidarios ya están admitiendo la derrota: están diciendo que después de 63 años de independencia de Israel y de 114 años de sionismo político, el campo secular o laico ha renunciado finalmente a todos los intentos de tratar de presentar su propia interpretación de un judaísmo moderno.
El muy reflexionado mensaje de Donniel Hartman publicado ayer en el blog del Shalom Hartman Institute y eJewishPhilanthropy merece una muy seria consideración por todos aquellos preocupados por el impacto del extremismo Haredi en Israel.
En vez de estar echando toda la culpa a la minoría Haredi o imaginarse soluciones fáciles a los problemas actuales, Hartman pone su ojos con toda la razón en la incapacidad de la mayoría judía israelí para articular una idea coherente y convincente de lo judío. Así él escribe:
"La fuente de la amenaza planteada por los haredim a Israel como Estado judío y democrático radica, ante todo, en el fracaso de la sociedad israelí en general a la hora de definir por sí misma el significado y los límites del carácter judío del Estado judío... Hay que reconocer que un Estado judío y democrático no será el resultado de una mera declaración, sino la consecuencia de una política y un discurso público muy bien elaborado. Al ser un pueblo soberano significa que en lugar de adjudicar la culpa uno debe asumir la responsabilidad".
El reto Haredi a las normas del espacio público israelí aparenta ser tan feroz hoy en día, cuando todavía son una minoría relativamente pequeña de la población, precisamente porque el carácter judío de ese espacio público está mal definido. Israel podrá declarar el carácter judío de Israel de 1.000 maneras diferentes, pero el verdadero contenido judío del Estado sigue derivándose principalmente de la autoridad pública otorgada a los organismos rabínicos.
El mantenimiento de la identidad judía del Estado y al mismo tiempo la liberación del espacio público para una mayor expresión del pluralismo religioso (por no hablar de lo que va a pasar durante los principales acontecimientos del ciclo de la vida, como el nacimiento y la muerte) es un problema mucho más difícil de lo que a muchos les gustaría que fuera.
Esto, sin embargo, como señala Hartman, es una de las razones para la agitación y de lo extraordinario que resulta vivir en un mundo con un Estado judío renacido. Y es que la cuestión de lo que significa ser judío está totalmente en manos de los judíos que viven como un pueblo libre en su tierra natal por primera vez en 2.000 años.
En lugar de capitular ante las posiciones de los Haredi en estas materias o de evitar la cuestión abrazando toda posible definición contemporánea de la condición judía tan amplia como sea a la vez que vacía, debemos aprovechar finalmente la oportunidad de articular un nuevo estándar lo suficientemente amplio como para abarcar el amplio marco del pueblo judío, pero en donde sin embargo también resuene profundamente la tradición.
Labels: Estado judío y democrático, judíos laicos y religiosos
Friday, July 08, 2011
El gran temor de la acomodada progresía israelí (¿Están los judíos ortodoxos colonizando las ciudades seculares israelíes? – Nathalie Rotshchild)

Ramat Aviv es un distrito del norte de Tel Aviv, el cual es conocido como un prospero barrio de tendencia liberal-izquierdista. Es el hogar de la Universidad de Tel Aviv, así como el de uno de los centros comerciales más elegantes de Israel. Además fue el escenario de un culebrón de larga duración titulado Ramat Aviv Guimel, es decir, la respuesta israelí a Beverly Hills 90210. La mayoría de los israelíes quizás se sorprenderían al descubrir que en Ramat Aviv se está produciendo lentamente una infiltración y “toma de control” por parte de los ultra-ortodoxos judíos.
La afirmación de esta supuesta toma de control ultra-ortodoxa está siendo realizada por un autodeclarado grupo de activistas seculares que han creado el Foro de las comunidades seculares (FSC). En su web Hiloni (es decir, "secular"), reseñan aquellas comunidades que están “invadiendo” los activistas ultra-ortodoxos, como el barrio de Ramat Aviv y otros distritos y pueblos de todo Israel, tomando edificios y espacios públicos, infiltrándose en el sistema educativo y atrayendo a la gente joven a las escuelas religiosas, a veces con la “ayuda de dulces”.
El fundador del FSC, Ram Fruman, un nativo de Ramat Aviv y gerente de un fondo inversor de capital riesgo, me explica que el 95% de los 20.000 residentes de Ramat Aviv son seculares, pero que el distrito también ha sido durante mucho tiempo el hogar de una pequeña comunidad de Dati'im Leumim, nacionalistas judíos religiosos. Ellos han vivido en convivencia con sus vecinos mayoritariamente liberales y de izquierda, nos asegura Fruman. Sin embargo, esta sección religiosa de la sociedad israelí se ha dividido en los últimos años con la aparición de los llamados Haredim Leumim, judíos ultra-ortodoxos nacionalistas. Junto con los Haredim antisionistas ultra-ortodoxos, estos Haredim Leumim han comenzado a trasladarse a las áreas seculares de Israel con la intención de cambiar su carácter, según afirma Fruman y sus compañeros seculares.
Fruman dice que su lucha es contra estos dos últimos grupos. Asimismo, nos desglosa su estrategia. "En primer lugar, colonos voluntarios vienen y preparan el terreno. Están organizados, saben cómo recaudar dinero y la manera de impulsar a los municipios para que puedan construir la infraestructura que permita que cada vez más lleguen otros. Esto incluye las sinagogas, los baños rituales, los jardines de infancia y las escuelas religiosas separadas para hombres, mujeres y judíos renacidos (vueltos recientemente a la observancia)". También han introducido con éxito los programas religiosos en las escuelas laicas, nos explica Fruman, a través de la “gestión de clases de estudios judíos” a través de un plan de estudios aprobado por el Ministerio de Educación [N.P.: Tomen nota que para estos judíos seculares y de izquierda los estudios judíos son sospechosos y contrarios a su carácter aparentemente de “judíos no judíos”].
"Mira este edificio". Fruman me señala una especie de caja de bloques de hormigón. "Es lo que solía ser una sala de cine. Alguna vez fue el centro de Ramat Aviv. Ahora es un kolel, una escuela religiosa. En la ventana se observa la publicidad de las clases de "pensamiento positivo". Fruman cree que los laicos se están convirtiendo en una minoría en Israel y que la sociedad en general ha sido muy complaciente frente a las cada vez mayores y mas potentes secciones religiosas. "Debido a la forma en que este país fue construido, con unos dirigentes seculares sionistas y sus visiones del mundo, y con la existencia de minorías de judíos religiosos y de árabes, no se ha centrado en garantizar los derechos de la gente secular". Fruman cree que la gente secular ahora tiene la necesidad de organizarse, porque los ortodoxos están tratando conscientemente de cambiar la sociedad secular.
Cuando Israel se estableció en 1948, el primer ministro del gobierno del país, David Ben-Gurion, realizó un pacto con la entonces pequeña y sobre todo antisionista población haredi. A cambio de apoyar a un Estado secular gozarían de ciertos privilegios, como estar exentos del servicio militar y la recepción de unos subsidios por sus estudios religiosos. En ese momento, los haredíes en Israel apenas representaban a unos centenares de personas. Hoy en día, las estimaciones de sus números van desde 450.000 a 740.000. Esto significa que lo que antes eran privilegios para una pequeña minoría ahora representa una vasta red de subsidios estatales y de beneficios, una fuente de mucha amargura entre los israelíes seculares. También significa que una amplia gama de facciones haredíes se han desarrollado, desde los explícitamente antisionistas a los que son indiferentes al sionismo y los que son muy pro-sionistas.
Fruman me dice que la mayoría de los laicos están preocupados por los privilegios que se han concedido a los judíos ortodoxos, pero que ahora el foco debe centrarse en los esfuerzos de esos judíos ortodoxos en transformar el carácter secular de las comunidades y convertir a los judíos seculares, especialmente a los jóvenes, en judíos religiosos.
A la luz de los intentos de los residentes de resistir la "invasión” de Ramat Aviv por parte de personas religiosas (unos 800 manifestantes salieron a las calles el año pasado en una protesta antirreligiosa), le pido a Fruman su opinión sobre el Comité de la Ley de Aceptación. Esta ley permite que pequeñas comunidades residenciales en el Negev y Galilea establezcan cortapisas y derechos de admisión para los que quieran instalarse allí. Su introducción en abril, provocó un acalorado debate, enfureciendo a muchos dentro de la izquierda liberal israelí ya que la contemplaban como una ley discriminatoria diseñada para cerrar la puerta de entrada a los ciudadanos árabes israelíes.
¿Fruman, a pesar de pertenecer a esa misma izquierda liberal israelí, daría la bienvenida a esa ley en Ramat Aviv como una forma de mantener fuera a los judíos ortodoxos? "Por un lado, sería una buena herramienta. Por otro lado, quizás sea excesivo. Si una persona religiosa quiere venir a vivir aquí porque considera que es un buen lugar para criar a sus hijos, me gustaría darle la bienvenida, siempre y cuando no tenga una agenda oculta" (N.P.: es decir, cuando esa izquierda liberal israelí despotrica ante ciertas realidades que tiene que sufrir en carne propia, y por lo tanto ya no se trataría solamente de retórica política, comienza a ver con buenos ojos ciertas cosas que antes rechazaba de plano. Aunque me temo que para ellos resulta obvio que los “árabes no tienen una agenda oculta”]
Sin embargo, respaldando o no esa ley, el resultado final es el mismo. El FSC está trabajando para establecer comisiones o comités encargados de la preservación de un cierto carácter - en este caso secular, pluralista y liberal – en los barrios y ciudades israelíes. Su mensaje, en efecto, es que a cualquier persona que “no respete adecuadamente la forma de vida secular” se le debería impedir vivir entre ellos o tener voz sobre cómo debe desarrollarse su comunidad. [N.P.: Todo un ejemplo de democracia al estilo izquierda liberal israelí].
Algunas personas han trazado un paralelismo entre estas campañas para asegurar la vigencia secular de esas comunidades y la de un grupo de rabinos de Safed, una ciudad del norte de Israel, quien recientemente instó a los judíos de dicha ciudad a que se abstuvieran de alquilar o vender pisos a los árabes. Esto se debió a que la ciudad ha registrado un aumento en la población estudiantil árabe [N.P.: y a los conflictos culturales generados por su desconocimiento de la vida y las costumbres religiosas muy vigentes]. Fruman insiste en que estas comparaciones no son válidas. "En Safed no existía un plan entre los árabes de conquistar la ciudad [N.P.: La rama norte del Movimiento Islámico de Israel sí ha instado en cambio a ello]. Hay una clara línea de separación entre la xenofobia y la oposición a grupos organizados que llegan a una comunidad desde el exterior y que tratan deliberadamente de cambiar su carácter". Sin embargo, mientras el temor de los rabinos de Safed era que los árabes alteraran el carácter judío de la ciudad, aquí el temor es que los judíos religiosos alteren el carácter secular de las ciudades.
Entonces, ¿cómo se explican estas personas de la izquierda liberal israelí el creciente interés por parte de los ortodoxos en convertir a las comunidades seculares? "Muchos de los colonos más extremistas [de Cisjordania] se han dado cuenta de que su lucha está por terminar. Por lo que han puesto en marcha algo que denominan Garin Torani [una red de ultra-ortodoxos sionistas], y cada vez más se asientan en poblaciones mixtas de árabes y judíos y en comunidades ultra-seculares del propio Israel, dentro de la Línea Verde. Ahora, de repente, en una escuela del barrio nacional-religioso de Ramat Aviv, han introducido una escuela con separación de sexos. Pero estas personas también tienen acceso directo a nuestros hijos, en las escuelas laicas, por ejemplo haciéndose cargo de la enseñanza de estudios judíos”. Fruman también nos explica que algunos ortodoxos esperan a la salida de las escuelas laicas para entregar información acerca de los grupos de estudios judíos. Otro activista secular llega incluso a afirmar que en Ramat Aviv los ortodoxos "se esconden entre los árboles y en los bancos para ofrecer a los adolescentes refrescos y dulce palabrería”.
Fruman nos comenta que desde la creación de la web Hiloni gente de todo el país se ha puesto en contacto compartiendo sus preocupaciones: "Me sorprendí al ver la extensión de este fenómeno". Los cerca de 2.000 miembros del FSC vienen de lugares tan alejados como Kfar Vradim, al norte, en la frontera con el Líbano, y de Omer, al sur, en la región del desierto del Neguev.
Durante nuestra conversación, Fruman da crédito al éxito de las invasiones de los ultra-ortodoxos, encabezadas por movimientos como Garin Torani, Jabad Lubavitch y Breslov (dos ramas del judaísmo hasídico), y lo achaca a varios factores: los ortodoxos, nos dice, hacen uso de una mezcla de "marketing agresivo", de la corrupción, de un apoyo financiero del extranjero y de la explotación del temor entre las autoridades a negar la libre práctica de su religión a los judíos ortodoxos.
Sin embargo, parece que estos israelíes seculares tan preocupados por la creciente influencia de los religiosos parecen no reconocer los valores genéricos de la sociedad secular, unos valores que por otro lado esa misma población secular ha sido incapaz de mantener y transmitir tras haber contribuido a definirlos. El proyecto sionista laico, encabezado por los emigrantes europeos y mantenido por la izquierda laica israelí, casi ha sido abandonado. El Partido Laborista israelí (anteriormente Mapai), que ha estado en el poder durante 50 de los 63 años de la existencia de Israel, prácticamente se ha desintegrado y ya no representa los valores centrales del sionismo. La vanguardia en la construcción del proyecto nacional sionista estaba compuesta por unas élites de ascendencia europea. Ramat Aviv se fundó en la década de 1950, después de una ola de inmigración de Europa del Este, y alberga una relevante conmemoración del sionismo de los pioneros que construyeron la nación, el Museo del Palmaj, que documenta las actividades de la fuerza de combate de la entidad pre-estatal clandestina, el Haganá, que más tarde fue integrada en las Fuerzas de Defensa de Israel.
Hoy, en cambio, es más probable encontrar esa creencia sionista entre los nacionalistas ortodoxos israelíes. El cambio de composición dentro del IDF revela con crudeza dicho cambio. El cuerpo de oficiales del denominado "ejército del pueblo", una vez el centro del proyecto sionista, hasta hace poco estaba compuesto principalmente por israelíes que procedían de la izquierda laica. Ahora ellos han sido sustituidos en gran parte por los nacionalistas religiosos, y existen cada vez más esfuerzos, y con éxito, a la hora de incorporar a los judíos ortodoxos en el IDF, y todo ello en un momento en el que la evasión del servicio militar entre los israelíes seculares y de izquierda va en aumento [N.P.: Es decir, a cierta gente de la izquierda israelí no les importaría que los nacionalistas religiosos y los ortodoxos les sustituyeran en esa engorrosa tarea. Ahora bien, siempre y cuando se les lavará de paso el cerebro y se les convirtiera en laicos progresistas del Estado del norte de Tel Aviv. Eso sería lo ideal].
Organizaciones como FSC tienen muchas preocupaciones válidas sobre la creciente influencia de los ortodoxos en materias civiles y con respecto a la indulgencia de las autoridades a la hora de satisfacer las demandas de la población religiosa - permisos de construcción y así sucesivamente -. Sin embargo, cuando la gente laica – en gran medida la élite política, económica, social y cultural - se concibe a sí misma como un “grupo explotado” que tiene necesidad de protección, y comienza para ello a relatar cuentos de hombres del saco vestidos de negro, con malvados haredíes al acecho entre los arbustos, nos hallamos ante un desplazamiento de la culpa, es decir, ante la creación de un chivo expiatorio que evite tener que evaluar críticamente el carácter cambiante de la sociedad israelí, o bien preguntarse por qué ese post-sionista Israel, propiciado en gran medida por esa izquierda liberal israelí, no ha creado una narrativa que inspire a la mayoría de los israelíes a adoptar sus valores liberales y progresistas.
Nathalie Rotshchild
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Monday, November 01, 2010
Un judío laico no es menos judío que cualquier otro – Baruch Eran - JPost

Matisyahu, rapero hasídico que prefiere que su grupo musical no sea hasídico
A principios de este año, la Oficina Central de Estadística publicó los resultados de su encuesta social anual para el año 2009. Según la encuesta, la población judía de Israel está compuesta por un 8% de haredim, un 12% de ortodoxos, un 13% de tradicional-ortodoxos, un 25% de tradicional-seculares y un 42% de laicos.
A los participantes en la encuesta se les hizo varias preguntas acerca de su inclinación religiosa y el 21% respondió que, en comparación con años anteriores, hoy la siente más "fortalecida", en un grado u otro.
Los titulares de los periódicos decían algo alarmados: "El 21% se han fortalecido en su religión". El "fortalecimiento" incide en aquellos que se hicieron más ortodoxos, más "judíos", o en hebreo, hozer b’tshuva, literalmente "retornados a la respuestas". Se fortalecen y ahora tienen las respuestas. El concepto de "fortalecimiento" marca de forma inmediata al resto como "débiles".
Los no ortodoxos resultan así “débiles” o "judíos light". Si los ortodoxos tienen las respuestas, entonces los laicos sólo tienen las preguntas.
La fuerza de la ortodoxia proviene de su monopolio sobre temas como el matrimonio, las conversiones, los entierros, las sinagogas y así sucesivamente, y su afiliación con la empresa estatal viene determinado por el "status quo" promovido por David Ben-Gurion en 1947. La "debilidad" de los judíos seculares o laicos viene determinada por su incapacidad a la hora de oponerse a ese monopolio y de aceptar modos alternativos y viables de expresión judía.
Con los años, esa antipatía ante esa coacción religiosa ortodoxa ha generado un antagonismo hacia todo lo judío, lo que ha disuadido a algunos judíos a conectarse con su propia cultura y tradición. Desde comienzos del siglo XX, una fuerte controversia se desató entre los fundadores del sionismo sobre la manera en que debía preservarse y/o renovarse el judaísmo. YH Brenner termina así su influyente ensayo "Al Hizion Hashmad": "nosotros, la minoría vital del pueblo judío... aún si almorzamos durante Yom Kippur o mezclamos la leche con la carne..., no dejamos de vernos a nosotros mismos como judíos, de saber que vivimos una vida judía, que trabajamos por recorrer un camino judío, que hablamos nuestro idioma judío, que estamos sostenidos espiritualmente por nuestra literatura judía, que trabajamos por una cultura nacional judía libre, que defendemos nuestro honor nacional y la lucha por nuestra existencia con todos los sentidos".
Los judíos laicos, la fuente y el poder de la empresa sionista, conforman a su mayoría activa y son los portadores de la "carga de los mitzvot (mandamientos)" del Estado judío. Esta comunidad tiene que ser fortalecida, pero no solamente mediante una mayor observancia de la Halajá, sino porque cada vez es más consciente de su judaísmo. Sí, también se necesita estudiar más la Torá, encontrar nuevos significados a las fiestas judías y adaptar un estilo de vida judío pertinente con la realidad actual. Sí, necesitamos encontrar una manera de conectarnos con los nuevos inmigrantes y con las comunidades judías de todo el mundo allá donde residan, y seguir siendo el centro del mundo judío, seguir fomentando la creación de una cultura judía moderada y liberal.
La promesa de una sociedad verdaderamente plural, que refleje la riqueza de una población judía diversa, depende del éxito del sector laico de la comunidad en su búsqueda de un fortalecimiento de su identidad judía, en su reconocimiento de la fuerza que conlleva hacer(se) preguntas.
Como en cualquier proceso de liderazgo, el aspecto más importante es la autoimagen. Un judío laico no es menos judío que cualquier otro. Tenemos que fortalecer la educación pública laica, establecer más yeshivot seculares y estar orgullosos de nuestra herencia sionista. En las palabras de nuestro himno nacional, debemos esforzarnos por ser "una nación libre en su propia tierra..., que nuestra esperanza no se pierda".
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