Saturday, October 20, 2018

¿Rechaza un agresivo nacionalismo judío? Revivir el Bund no es la respuesta - Anshel Pfeffer - Haaretz



Uno de los muchos descubrimientos, y descubrimientos fascinantes, en la nueva y magistral biografía de Tom Segev, "David Ben-Gurion - Un estado a toda costa", es que el primer reconocimiento público que recibió en su carrera fue, por supuesto, de todos los lugares, en los Estados Unidos, donde vivió durante tres años durante la Primera Guerra Mundial.

Por aquellos días, el sionismo poseía solamente un pequeño nicho de seguidores entre los millones de judíos de Europa del Este que habían llegado a Estados Unidos en las décadas anteriores.

En cambio, sí había suficientes partidarios de los primeros pioneros allí lejos, y una animada prensa yiddish para publicar artículos, panfletos y un libro de Yizkor en conmemoración de ocho mártires del movimiento obrero sionista, asesinados por árabes mientras labraban o cuidaban sus campos.

El libro fue bien recibido, según nos informa Segev, pero hubo una crítica negativa, de un bundista que utilizaba el seudónimo de Moshe Yosef Olgin en el diario Forverts (Forward).

"Las colonias judías en Eretz Yisroel se construyeron sobre la tragedia de los árabes", escribió Olgin, justificando la violencia árabe contra los sionistas. "Fue un artículo de un hooligan", escribió Ben-Gurion en una carta a su amigo Yitzhak Ben-Zvi, "un llamamiento a proseguir con los pogromos contra los judíos de Eretz Israel".

El Jewish Labor Bund se fundó en 1897, solo dos meses después del Primer Congreso Sionista . Originalmente activo en el imperio ruso zarista, en 1920 sería expulsado de Rusia por los comunistas y se establecería en Polonia como uno de los movimientos políticos judíos más grandes que jamás existió. Mientras que el movimiento sionista era liderado en esos años por europeos de la zona central y occidental, sus filas estaban compuestas por los mismos  burgueses judíos de Europa del Este que eran los principales dirigentes del Bund. Los bundistas adoptaron los modales de la clase trabajadora, mientras que los sionistas se diseñaron a sí mismos como unos pioneros resistentes.

Ambos grupos intentaron romper la vida de pobreza, persecución y religiosidad mezquina que dominaba en el asentamiento oriental de Pale, los sionistas construyendo una nueva cultura hebrea en la antigua patria, mientras que los bundistas insistieron en que a través del socialismo y de un etos yiddish secular, los judíos podrían lograr la igualdad y el respeto en sus hogares actuales.

Ben-Gurion se había reunido y luchado con los bundistas en su ciudad natal de Plonsk. Una década después de dejar Plonsk, se encontró en conflicto con ellos una vez más, esta vez en América. Miles de sionistas y bundistas habían elegido el Nuevo Mundo - o Doykeyt, el el principio de "herencia" del Bund - sobre Sion.

¿Ben-Gurion habría estado tan enojado con su crítico bundista si hubiera sabido que dentro de poco más de tres décadas él estaría fundando un estado judío y el Bund estaría de camino al olvido?

Pero la historia tiene una forma divertida de repetirse a sí misma, y ​​el Bund está reapareciendo en estos días. Escritores y activistas de los millennial judíos han redescubierto en los últimos tiempos los encantos del socialismo y del diásporismo judíos del Bund.

No es difícil entender la atracción. En la era de Donald Trump y Benjamin Netanyahu, cuando el descenso de Israel hacia una supuesta ocupación perpetua parece casi definitivo y el neoliberalismo se ha convertido en una palabra sucia, lo reconfortante es redescubrir una ideología judía solidaria con las masas trabajadoras, una que trabaja para su propio vecindario, en lugar de por un Estado etno-nacionalista judío agresivo.

La narrativa neo-bundista es simple. Después de que la mayoría de sus miembros fueran exterminados por los nazis en el Holocausto, y sus pocos líderes fugitivos ejecutados por Stalin en Moscú, los sobrevivientes después de la guerra fueron dejados de lado por los sionistas. La mayoría de los judíos, conmocionados por la destrucción, fueron mucho más receptivos con un Estado judío en aquellos años de la posguerra. El Bund no tuvo ninguna oportunidad.

Y eso es cierto hasta cierto punto. El Bund tuvo solamente una oportunidad justo después del Holocausto. No fue el único movimiento judío que había sido diezmado. Los nazis no discriminaron entre judíos religiosos y seculares, entre capitalistas y socialistas, entre bundistas y sionistas. Y mientras sus principales seguidores, radicados en Polonia, casi habían desaparecido, había miles de bundistas que ya habían llegado a los Estados Unidos y a otros puntos del mundo.

El Bund intentó resucitar después de la guerra. Incluso en el nuevo estado israelí, fue recreado e incluso se postuló para la Knesset en las elecciones de 1959 (no pudo cruzar el umbral electoral con solo 1.322 votos). ¿Desde entonces, dónde se metieron todos ellos?

Podría pensarse que la narrativa del Bund, desplazada mayoritariamente por el sionismo, pudiera ser conveniente para los neo-bundistas de hoy, pero está lejos de ser exacto.

Anteriormente, hubo quienes criticaron a Ben-Gurion y a sus colegas por traer un desastre a los árabes de Palestina, pero la principal objeción al sionismo fue mucho más pragmática. Los bundistas originales simplemente no vieron a la patria judía como un proyecto viable. Trataron de construir fuertes comunidades de trabajadores en sus países de origen ya que eso les parecía una perspectiva mucho más práctica.

No fue solamente el sionismo lo que prevaleció sobre el Bund. Incluso después de que sus miembros no lograran vencer al antisemitismo y el autoritarismo polacos, o bien fueron asesinados por nazis y comunistas, podrían haber ganado a los judíos de Occidente que eligieron no emigrar a Israel. En última instancia, perdieron por la ideología preferida de los judíos en el siglo XX: el capitalismo.

El hecho triste es que los judíos nunca han prosperado bajo el socialismo. Fue solo la combinación de democracia liberal y mercados libres lo que permitió a los judíos integrarse plenamente en las clases medias y llevar abiertamente una vida judía individual y comunitaria segura como ciudadanos libres e iguales.

Capitalistas judíos, judíos ortodoxos y sionistas lograron reconstruir sus movimientos después del Holocausto. Pero muchos de los bundistas que sobrevivieron, junto con sus hijos, rechazaron al socialismo judío secular no sionista. Los pocos incondicionales restantes no lograron atraer a nuevos miembros. Los judíos no buscaban la solidaridad con las clases trabajadoras. Querían lo que todo trabajador quiere, salir adelante en la vida.

El sionismo, el capitalismo occidental y la ortodoxia se enfrentan ahora a grandes crisis, que probablemente no son existenciales, pero son lo suficientemente graves como para repeler a muchos jóvenes judíos idealistas. Tendría sentido que en un momento así pueda surgir una nueva identidad judía, una que no esté sujeta al nacionalismo, al capital o la religión. Muchos judíos, no solo en la diáspora, sino también en Israel, podrían adoptar tal identidad.

Pero poner las esperanzas en el socialismo, que siempre les ha fallado a los judíos, y sin tener en cuenta el apego más profundo hacia una patria, a las certezas proporcionadas por la fe y a la rara seguridad que los judíos han disfrutado en las estructuras capitalistas, es la manera incorrecta de hacerlo.

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Friday, April 27, 2018

El nacionalismo judío de derechas creó a Netanyahu. Después, Netanyahu se convirtió en su maestro - Anshel Pfeffer - Haaretz



Mi nuevo libro, "Bibi: La vida turbulenta y los tiempos de Benjamin Netanyahu" saldrá la próxima semana. Así que estoy ejerciendo el droit de seigneur de un columnista y esta columna se basará de manera descarada en las virtudes de mi libro.

Me preguntaron recientemente en una entrevista por qué escribí el libro, y durante unos segundos no supe qué responder. Porque soy periodista, por supuesto, y escritor, y Netanyahu es la historia más grande, convincente e importante en Israel en los últimos 30 años.

Francamente, no entiendo por qué no se han escrito muchos más libros sobre él durante este período. Esta es solo la quinta biografía que aparece hasta la fecha, en hebreo o inglés. Se están escribiendo más. Y así es como debería ser.

Netanyahu es una figura que ha dominado la vida israelí durante un cuarto de siglo y aún sigue. Una figura importante también en el escenario mundial. Entonces la pregunta de por qué escribir este libro, casi parece responderse a sí misma.

La verdadera pregunta para mí, suponiendo que mi libro sobre Bibi compartierá espacio en las librerías con otros, fue cómo hacer que este libro se destacara sobre el resto: ¿qué le estaba ofreciendo a los lectores al escribirlo? Pasé mucho tiempo pensando sobre esto y la conclusión a la que llegué, la que me guió al escribirla, fue que la historia personal y política de Netanyahu es en gran medida la historia de Israel.

Eso debería ser obvio por los simples hechos: él es el primer y único primer ministro de Israel que ha nacido en el país desde la fundación del estado, en octubre de 1949, por lo que tiene casi la misma edad que Israel. Pero él no es contemplado así por el tipo de articulación de la historia del estado. Ciertamente, para muchos que lo retratan en los medios. Por dos razones.

La primera razón es que, al nivel más general, incluso hoy, en 2018, todavía hay una tendencia a la hora de ver los 70 años de existencia de Israel, sin duda las primeras décadas fueron definitorias, a través de la perspectiva del Mapai, el precursor del Partido Laborista actual, el partido que estuvo en el gobierno durante las primeras tres décadas de Israel. Eso es natural porque el Mapai era el partido de los padres fundadores que construyeron el estado y lo dominaron, antes y después de la independencia.

Pero esa perspectiva pasa por alto a los muchos grupos dentro del movimiento sionista, y al principio de la existencia de Israel, que compartieron la visión sionista y estuvieron allí cuando se construyó el estado, pero apenas se mencionan en el canon aceptado de la historia de Israel.

Netanyahu, el tercer primer ministro del Likud, encarna junto con su padre Benzion y su abuelo Natan, las narrativas paralelas de Israel y del sionismo, en muchos aspectos, incluso más que Menachem Begin y Yitzhak Shamir, los primeros primeros ministros del Likud.

Lo que nos lleva a la segunda razón por la que creo que Bibi no se ve como la encarnación de la historia de Israel, tal como debería ser. Muchos de sus oponentes políticos, particularmente en el centro-izquierda, pero también muchos en la derecha, todavía sienten, después de todo el tiempo que pasó desde que ingresó en la vida política hace 30 años, que es una especie de alien foráneo. Un trasplante extranjero procedente de América que se ha hecho cargo del cuerpo político israelí.

Esta perspectiva no solo está muy equivocada, también es la razón central por la cual los oponentes de Bibi, tanto dentro del Likud como ciertamente en el centro-izquierda, siempre hayan subestimado y no han podido conocerlo. Y como resultado, generalmente han perdido ante él.

Las fuerzas del nacionalismo judío que crearon a Netanyahu existieron en el movimiento sionista desde sus inicios. Los componentes de la coalición derechista-religiosa que sirvió como base de Bibi estuvieron allí desde 1948. Puede haber sido Begin quien los reunió por primera vez en su gobierno de 1977, pero Netanyahu hizo suya esta coalición manteniéndola y apelando a la base, en un arte de la supervivencia que supera con creces cualquier cosa que Begin haya imaginado. Es el secreto de su éxito.

Israel hoy es la suma de esas tensiones, pasiones y divisiones en la sociedad israelí y judía que creó la coalición de Netanyahu.

Tratar de combinar una historia de sionismo e Israel, junto con la propia historia personal de Netanyahu, tiene mucho sentido. Pero escribirlo como un relato de la política israelí contemporánea tampoco fue tan simple. Netanyahu sigue siendo un político tan activo que a veces resulta sorprendente cuando él nos recuerda que cumplirá 69 años en octubre, y vemos hasta qué punto su historia se remonta. Aquellos de nosotros que tenemos la edad suficiente para recordar cuando apareció por primera vez en la escena política, y lamento decir que yo soy uno de ellos, todavía a veces pensamos en él como un nuevo y emocionante meteoro.

Hace algunas semanas fue el quincuagésimo aniversario de la batalla de Karameh. La primera vez que el ejército israelí llevó a cabo una importante operación contra una organización palestina, también fue la primera operación militar de Netanyahu.

Bibi estaba allí como un joven soldado, en uno de los controles de carretera de Karameh donde capturaron a los combatientes palestinos que huían. Su objetivo principal era Yasser Arafat , pero había escapado en una motocicleta poco antes de llegar.

Eso es medio siglo, más de dos tercios de la historia de Israel, en la que Netanyahu estuvo en la primera línea del conflicto entre Israel y Palestina . Comenzó con una operación fallida, y Netanyahu, que odia estar asociado al fracaso, nunca ha hablado de  Karameh excepto una vez, cuando conoció a Arafat por primera vez en 1996 y le dijo: "Los dos estábamos allí hace 28 años".

El mes pasado también fue el trigésimo aniversario de su ingreso en la política, en una entrevista en la televisión israelí en la que anunció que renunciaba como diplomático y se unía al Likud. Estaba tan ocupado ese día ensayando para la entrevista que apenas recordó en el último momento llamar al Ministerio de Asuntos Exteriores y presentar su renuncia.

Y luego están los hitos personales. Hace 60 años, sus padres le informaron que se mudarían a los Estados Unidos. Pasaría los siguientes meses sentado en una de las clases de una escuela pública en Manhattan, luchando por entender alguna de las palabras que se estaban diciendo. La humillación de ser tratado como un idiota lo motivaría a dominar el inglés, incluso mejor que un hablante nativo.

La próxima semana es una fecha mucho más conmovedora para él: el cuadragésimo cumpleaños de su hija Noa, madre de sus tres nietos.

Nunca se ve a Noa y a sus hijos en público, e incluso la única fotografía suya que Bibi tuvo alguna vez en su oficina desapareció hace 22 años en una "reforma". Nunca regresó. Esto puede tener algo que ver con que ella fuera la hija de la primera esposa de Bibi, Miki, y que cuando ella nació en Boston sus padres ya se habían separado, y, por supuesto, por la forma en que la personalidad actual de Bibi se ha construido en torno a su nueva familia con su tercera esposa Sara.

Presentar todos estos tres Netanyahus, el Bibi histórico, el político y el personal, fue un desafío. Hubiera sido imposible sin el obstinado trabajo de los periodistas israelíes, especialmente del Haaretz, que han investigado incansablemente cada detalle, desafiado cada giro e - no importa cuánto haya intentado reprimir a los medios - implacablemente responsabilizando a Netanyahu.

Cada uno de los muchos israelíes y estadounidenses con ideas personales sobre Netanyahu con quien hablé tiene una historia de traición. En algunos casos, muchas historias. Incluso aquellos que lo han perdonado y continúan apoyando sus políticas. Y muchos de ellos estaban ansiosos por contar sus historias. Excepto uno.

Bibi ignoró mis solicitudes de entrevistas para este libro. Ni siquiera se tomó la molestia de negarse. Pero en los últimos años, cada vez que nos encontramos, tenía algo sarcástico que decir.

Una vez, cuando estaba sentado con algunos colegas en su oficina, de repente se detuvo a mitad de la conversación y me dijo: "Veo que estás tomando notas de cómo se ve mi oficina. No te preocupes, te dejaré echar un vistazo después". Por supuesto, no lo hizo.

En otra ocasión, cuando ingresamos en su oficina, anunció: "Este es el señor Pfeffer, que está escribiendo un libro sobre mí. No sabe nada de mí. Será una caricatura".

La semana pasada, me sorprendió ver que el ensayo que escribí, basado en el libro, había sido copiado, en su totalidad, en la página de Facebook de Netanyahu. No estoy seguro de si debería ver eso como un cumplido. Tal vez solo le gustan las caricaturas.

La verdad es que, en realidad, está obsesionado con las caricaturas. Y la forma en que los dibujantes lo retratan. En una reunión con periodistas del Haaretz, hace un par de años, dibujó una caricatura de él mismo, nada mala, para satirizar cómo lo vemos en los medios de comunicación. Esa es su obsesión primordial.

Y es por eso que ya está trabajando secretamente en sus memorias, aunque planea permanecer por muchos años más en el cargo. No satisfecho con su poder sobre el Israel actual, quiere controlar cómo lo verá la historia. Una gran parte de nuestro trabajo como periodistas es evitar que él dicte la narración de su vida y de sus tiempos.

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Monday, January 01, 2018

El mito de los judíos ultraortodoxos como los últimos supervivientes del judaísmo "original" - Anshel Pfeffer - Haaretz



Nadie acusaría seriamente a los entrevistadores israelíes de carecer de agresividad. Especialmente cuando se enfrenta a un político ultraortodoxo que explica por qué los jóvenes de su comunidad deben ser eximidos del servicio nacional obligatorio.

Pero los diputados haredi tienen una ventaja en estas situaciones: la ignorancia. No la suya, por supuesto.

He perdido la cuenta en las últimas semanas de la cantidad de veces que los representantes de Shas y del Judaísmo Unido de la Torá han dicho en una entrevista: "Los estudiantes de yeshiva dan todo para estudiar la Torá. Al igual que sus abuelos. Y al igual que tus abuelos", respondió en un momento de respetuoso silencio del entrevistador, en memoria de nuestros antepasados ​​devotos y estudiosos.

Solo que no es cierto. El mito de que, de algún modo, hace aproximadamente un siglo, todos los judíos eran judíos ortodoxos temerosos de Dios que pasaban sus días y noches en los salones de estudio de las yeshivas, no tiene ninguna base en la historia.

Cierto, retrocediendo un par de siglos, hasta los días previos a la emancipación y la aparición de un gran número de judíos que eran seculares o miembros de comunidades no ortodoxas, la abrumadora mayoría podría definirse vagamente como ortodoxa, o al menos de alguna manera afiliada con la corriente del judaísmo que evolucionó a partir de los prushim - los fariseos del último período del Segundo Templo, que enfatizaban la adoración a través de la sinagoga, la oración y una adhesión a la Ley Oral encapsulada en el Talmud y sus afluentes -. Pero incluso entonces, solo un pequeño grupo de hombres jóvenes pasaban de hecho sus días dedicados al estudio.

A pesar de las Imágenes nostálgicas de niños con rizos laterales y ancianos con caftán que llevaban volúmenes del Talmud por unas calles cubiertas de nieve de algún shtetl apartado, la mayoría de los judíos de cualquier período de la historia no fueron particularmente devotos o piadosos. La mayoría simplemente estaba demasiado ocupada tratando de sobrevivir, ganándose la vida en la agricultura o el comercio.

Por supuesto había yeshivas, generalmente pequeñas construcciones de ámbito local y en algunos períodos, también un puñado de grandes y famosas yeshivas a los que los estudiantes acudían desde lejos, pero los que estudiaban allí siempre eran una minúscula elite de jóvenes privilegiados: hijos de rabinos, especialmente ilusionados con alguna forma de estipendio o vástagos de familias adineradas.

Nunca ha existido en la historia judía un período en el que las poblaciones masculinas de las comunidades judías dedicaran enteramente sus vidas a la Torá. Habrían muerto de hambre.

Y además la mayoría no estaba interesada, y los rabinos y líderes comunitarios nunca pensaron que necesitaran a más que un pequeño grupo de estudiantes que serían la próxima generación de rabinos y mantendrían viva la alfabetización judía. Es cierto que la mayoría de los judíos podían leer y escribir, aunque la ausencia de analfabetismo entre los judíos es otro mito. Pero la mayoría tenía algún tipo de educación primaria al estilo de la proporcionada por los heder, y al menos podía rezar en hebreo.

La Limmud Torah, el estudio de los textos religiosos judíos, es un mandamiento que no tenía una definición clara y que podía cumplirse al recitar algunas palabras una vez al día. Cualquier hecho más allá de eso era aspiracional.

El principio universal santificado de que todos estén obligados a estudiar la Torá, día y noche y durante el mayor tiempo posible, es un concepto moderno que realmente tuvo su origen hace cuatro décadas, cuando el Agudath Yisrael, el precursor del Judaísmo Unido de la Torá de hoy, se unió al primer gobierno Begin como socios de la coalición, recibiendo suficientes fondos del gobierno para subsidiar a decenas, y ahora a cientos de miles de estudiantes de la Torá, convirtiéndose en una parte integral del presupuesto estatal de Israel. Y fue también cuando la cantidad de estudiantes de yeshiva que reciben la exención del servicio militar comenzó a crecer exponencialmente.

La exención original, otorgada por David Ben-Gurion en 1948 para unos cientos de estudiantes, había sido solicitada por los rabinos haredi para "reconstruir" las yeshivas de Europa del Este diezmadas en el Holocausto. Eso se ha logrado hace mucho tiempo y se ha multiplicado por diez: hay más hombres (y mujeres, por supuesto) estudiando la Torá hoy que en cualquier otro momento de la historia.

Y no hay nada de malo en eso. Vivimos en un período en el que en el mundo occidental muchos jóvenes no tienen que apresurarse y ganarse la vida hasta bien entrada la veintena, y tienen tiempo libre para estudiar. Pero no hay nada similar entre la forma en que la política y la economía israelíes han permitido que tantos estudiantes de yeshiva estudien su Talmud durante años y algún pasado mítico judío. Y no hay nada en la ley judía que los exima del servicio militar obligatorio, ya que en realidad hay mandamientos religiosos que declaran exactamente lo contrario.

En lugar de admitir cuán afortunados son de vivir en el moderno Estado de Israel, el único lugar en el mundo y en la historia que subsidia el estudio de la Torá, los líderes haredi insisten en que simplemente están recreando lo que tenían nuestros abuelos, y por lo tanto lo que deberían ser sus derechos.

Y no pueden admitirlo porque la invención de "nuestros abuelos, quienes estudiaron el Talmud todo el día", forma parte de un mito aún mayor: que el estilo de vida haredi consistente en aislar a comunidades enteras del mundo exterior y en imponer restricciones rituales cada vez más estrictas, representa al judaísmo original.

Por supuesto que no lo representa. Nadie vive de acuerdo con el judaísmo original. Todos los judíos evolucionaron, y en el caso haredi son una evolución relativamente reciente de los últimos dos siglos, y representa una reacción a la ilustración judía, la emancipación y el sionismo secular. Los haredim necesitan este mito porque si no son la marca original del judaísmo, entonces ¿por qué alguien debería elegir su forma de ser judíos entre tantas, como esas otras abiertas y adaptadas a los cambios y desafíos del tiempo?

El gobierno, la Knesset y la Corte Suprema nunca podrán obligar a los rabinos a aceptar permitir que sus estudiantes se alisten en el ejército, porque eso significaría admitir que no todos tienen que estudiar la Torá todo el tiempo. Significaría confirmar que hay otras formas de ser judío, y que la exención masiva y el subsidio de cientos de miles de estudiantes no es el estado natural de los judíos, sino una situación insostenible e inédita.

Pero tampoco es necesario que estén de acuerdo.

Al igual que todos los otros mitos huecos e insostenibles, el mito de la autenticidad haredi también está destinado para colapsarse sobre sí mismo. Cada vez más jóvenes haredim están empezando a darse cuenta de que la verdadera forma de seguir los pasos de sus antepasados ​​es hacer lo que los humanos siempre han hecho: evolucionar.

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Saturday, November 25, 2017

Cómo el judaísmo se convirtió en una palabra sucia (para la izquierda) en Israel - Anshel Pfeffer - Haaretz

 
Netanyahu y Kadari

Hace veinte años, el periodista de Radio Israel Haim Rivlin colocó su micrófono entre el joven primer ministro Benjamin Netanyahu y el antiguo cabalista rabino Yitzhak Kaduri, que entonces era un poderoso activo político del partido Shas. "La izquierda ha olvidado lo que significa ser judío, quiere que los árabes sean responsables de nuestra seguridad", le dijo Netanyahu al oído a Kaduri. Ni siquiera está claro que el casi sordo Kaduri lo hubiera escuchado. Hubo un furor público que se calmó después de un par de días y Netanyahu continuó su camino, incitando entre sectores de la sociedad israelí.

El lunes, el nuevo presidente del Partido Laborista, Avi Gabbay, exhumaba el malvado susurro de Netanyahu en un discurso en Be'er Sheva. Después de que Netanyahu dijera que la izquierda se había olvidado de lo que significa ser judío, Gabbay dijo que creía que la izquierda pareció reaccionar en respuesta "olvidándose de ser judía". Era como si nos dijéramos a nosotros mismos: "De ahora en adelante, seremos solamente liberales".

Gabbay estaba equivocado solamente por una cosa. Sucedió mucho antes, y no solo a la izquierda. La gran mayoría de la sociedad israelí, la izquierda, el centro y la derecha, hace mucho tiempo se rindió sin luchar y transfirió la hegemonía en Israel de los valores judíos a los ultra-ortodoxos (o haredim) y al movimiento religioso-sionista de colonos.

Shulamit Aloni, fundadora del Meretz y uno de los secularistas más militantes en la historia política israelí, dijo una vez que "por la paz estoy preparada incluso para usar un shtreimel", refiriéndose al sombrero redondo de piel usado por los judíos hasídicos. Puede haber sido una noble declaración de prioridades, y de hecho, lograr la paz es un ideal más importante que separar la religión y el estado. Pero lo que Aloni también estaba diciendo es que el judaísmo en Israel estaba siendo personificado por el shtreimel, un símbolo del judaísmo particularista y osificado, dictado por una pequeña corriente fundamentalista del mundo judío. La conclusión fue que Aloni y sus colegas no lograron traer la paz y nos dejaron con los haredim a cargo de nuestro judaísmo.

A pesar de su meteórico ascenso a la cima del principal partido opositor de Israel, Gabbay sigue siendo un principiante en política. A diferencia de su predecesor, Isaac Herzog, y su principal rival dentro del centro político, Yair Lapid, él no recita una lista de mensajes cuidadosamente pulidos e inofensivos. Aprenderá, pero por ahora hay algo refrescante en un político y candidato a primer ministro que parece estar diciendo lo que realmente piensa.

Lo que dijo en realidad el lunes en Be'er Sheva, cuando parecía estar respaldando los susurros de Netanyahu a Kaduri, fue que la izquierda y el resto de Israel deberían desafiar a los haredi y la hegemonía sionista religiosa.

Él tiene razón. No veremos la paz si esperamos que la mayoría de los israelíes se convierta a los ideales liberales universales. Y la experiencia enseña que "comprar" a los partidos haredi no les hará votar a favor de los acuerdos de paz. El cambio fundamental que tiene que venir en los valores israelíes, para que pueda llegar una sociedad más justa y se ponga fin a la ocupación militar de otra nación, solo vendrá a través de una campaña decidida por los valores judíos de Israel.

El desdén y la ira de la izquierda contra Gabbay demuestran que la izquierda no se ha olvidado de lo que significa ser judío, pero que sí ha abandonado la lucha para definir lo que eso significa.

La reacción casi violenta cada vez que se usa la palabra "judaísmo" en la esfera política es un testimonio de la asociación que tiene en sus mentes con un solo tipo de judaísmo coercitivo y estrecho. Como si no hubiera otra forma de definir la identidad judía. La reciente campaña contra la intrusión de los grupos religiosos en el sistema escolar nacional ha consistido en bloquear su influencia. No ha habido un intento serio de articular una alternativa.

A diferencia de Aloni, Gabbay no propone que todos usemos shtreimels siempre que la izquierda pueda volver al poder. El resto de su discurso, que no recibió tanta atención, se refería al papel que el judaísmo puede desempeñar en la sociedad y al respeto por las diferentes actitudes y creencias. Dijo que prefiere una identidad judía que enfatice los valores de los Mitzvot Bein Adam Lechavero, los mandamientos de la Torá sobre una vida social justa.

Personalmente, no estoy de acuerdo con todas las creencias religiosas de Gabbay, especialmente con otra declaración reciente en la que dijo que no entiende cómo puedes ser judío y no creer en Dios. Pero él no estaba tratando de imponer sus puntos de vista a nadie. Al contrario, estaba proponiendo una opción para una identidad judío-israelí que no está dictada por los sionistas ultraortodoxos y religiosos.

Fue una invitación a una conversación, incluso a una discusión. Pero en lugar de aceptar el desafío de Gabbay y proponer sus propias versiones de un judaísmo secular y progresista, la izquierda prefiere cerrar el debate.

Curiosamente, todo esto sucede en un momento en que, en los Estados Unidos, la comunidad judía más grande del mundo, los jóvenes judíos están desafiando al establishment y la redefinición de los valores judíos para nuestra generación.

Sin embargo, el coro de la izquierda israelí ha abandonado la lucha y parece decidida a demostrar que Netanyahu tenía razón.

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Las guerras del shabbat de Israel son un síntoma de una crisis mucho más profunda entre los judíos ultraortodoxos - Anshel Pfeffer - Haaretz



Detrás de las escenas, incluso el más devoto político ultraortodoxo admitirá que, en realidad, es imposible imponer un reforzamiento del Shabbat en la economía. Después de todo, los haredim constituyen solo una minoría de la sociedad israelí. También entienden que cualquier intento haredi de promoverlo disminuiría drásticamente su poder de influencia en otros asuntos cercanos a sus corazones. Eso no es noticia y el anuncio del viernes de la dimisión del ministro de Salud, Yaakov Litzman, a causa del funcionamiento de la red ferroviaria, es una anomalía.

El mantenimiento de esa infraestructura crucial durante los sábados ha persistido durante décadas, sin causar tensión, siempre y cuando se desarrolle silenciosamente, lejos de la vista del público. Cuando la Corporación Eléctrica de Israel transportó una turbina masiva en la Carretera 2 en shabbat en el 2001, fue un evento público que los haredim no pudieron ignorar y el partido ultraortodoxo Judaísmo de la Tora Unido dejó la coalición de Ehud Barak en protesta. Pero semana tras semana, el mantenimiento a bajo perfil del ferrocarril y de las líneas eléctricas ha sido ignorado en general.

Todo esto ha cambiado en los últimos años. Las web y las redes sociales haredi, no controladas por los "comités espirituales" que supervisan a los principales medios haredi y aseguran que sus periodistas sirvan a la agenda de los rabinos, han informado de cada permiso para trabajar en shabbat y captaron la atención del público haredi. Los rabinos se han visto obligados, en contra de su voluntad, a replantearse posiciones más radicales.

No se trata solamente del poder de las web haredi cuando fuerzan cumplir con la agenda, sino la transparencia que han generado en el turbio mundo de la política haredi. Las decisiones ya no se pueden tomar silenciosamente a puerta cerrada. Cada consulta entre los miembros de la Knesset y los rabinos haredi se recoge y observa en estas web, e inmediatamente se transmite en línea. Todo está al aire libre, y el espacio de maniobra y compromiso de los rabinos, y con él su poder, se ha erosionado dramáticamente. En público, no pueden mostrar pragmatismo, y se ven obligados a competir sobre quién está más dedicado a la santidad del shabbat.

No es solo el intrusivo Internet ha erosionado la autoridad rabínica. Se ha debilitado porque la capa superior de los Maranim y Poskei Ha'Dor (los árbitros halájicos de la generación) nunca se reemplazan, ni siquiera cuando alcanzan los 100 años. La medicina moderna ha extendido su esperanza de vida, pero no ha mejorado su capacidad para comprender la política contemporánea y la tecnología. Los líderes haredi de hoy en día están separados de lo que sucede dentro de sus propias comunidades, y en la sociedad en general. La teología haredi todavía está atascada en la leyenda de Moisés a los 120 años, "con una vista y vigor intactos". No es para ellos el pragmatismo del Papa Benedicto XVI, quien a los 85 reconoció que ya no podía cumplir su papel y renunció al papado.

Los ultraortodoxos están atrapados en un liderazgo decadente y de edad avanzada, incapaz de comprender los desafíos a los que se enfrentan sus comunidades, tanto en la vida cotidiana como en política. Tampoco son capaces de conseguir la unidad dentro del público haredi. Después de la muerte del rabino Elazar Menachem Shach en 2001, a la edad de 103 años, las grietas comenzaron a mostrarse en la comunidad lituana, que durante mucho tiempo ha servido como la vanguardia ideológica de la ultraortodoxia. El sucesor de Shach, el rabino Yosef Shalom Elyashiv, no superó las grietas y con su muerte a los 102 años, hace cinco años, se abrió una brecha entre el liderazgo más moderado basado en Bnei Berak y la facción radical que habita Jerusalén, y que ha estado detrás de las recientes violentas manifestaciones en la capital.

El tercero de la serie de centenarios, el rabino Aron Steinman, ahora de 104 años, entre sus frecuentes episodios de hospitalización se ha demostrado incapaz de restaurar cualquier sensación de unidad. Tampoco parece haber una figura unificadora entre la generación más joven de rabinos lituanos de noventa y tantos años.

La situación es aún peor entre los haredim sefardíes, aquellos con raíces españolas y portuguesas. Aunque los rabinos son relativamente más jóvenes y menos desapegados que sus colegas lituanos, desde la muerte del rabino Ovadia Yosef hace cuatro años, ha habido una guerra total por la supremacía, en la que ha intervenido el líder político de Shas, el ministro del Interior Arye Dery. La lucha ya había dividido al Shas en dos partidos compitiendo en las últimas elecciones, y esa pugna regularmente se extiende a las noticias, con escandalosas cintas de rabinos sefardíes y políticos criticándose los unos a los otros. El presidente titular del Consejo de Sabios de la Torá del Shas, Chacham Shalom Cohen, quien reemplazó al rabino Ovadia, fue ampliamente considerado como un hombre de Dery, y ni él ni ninguno de sus hermanos rabínicos tienen la posibilidad de alcanzar algo que se acerque al dominio de Ovadia.

El tercer componente principal de la esfera haredi, las cortes jasídicas, tiene una variedad mucho más amplia de rabinos, pero ninguno de los AdMoRim (los líderes espirituales hasídicos) tienen mucha influencia más allá de su propio grupo particular de seguidores. El rabino detrás de la actual controversia del shabbat, el Gerrer Rebbe Yaakov Alter, el patrón político del ministro de Sanidad, Litzman, es el más poderoso de los rabinos hasídicos, pero a diferencia de su tío y predecesor, que también era un político astuto y gregario, Alter es un astuto y divisivo personaje que se niega a cumplir con los políticos seculares. Él gobierna a sus infelices hasidim con puño de hierro, emitiendo sus edictos a través de un pequeño círculo de leales, de los cuales Litzman no es más que uno. Alter puede obligar a Litzman a renunciar al gabinete, pero es probable que no pueda derrocar al gobierno. Para eso, necesitaría crear un consenso entre los dispares sectores de la ultraortodoxia.

El fracaso de los rabinos para articular una posición clara sobre el problema del shabbat es solo un síntoma de un malestar mucho más profundo. La comunidad haredi está compuesta en gran parte por cientos de miles de hombres y mujeres jóvenes, que intentan construir sus nuevas familias sin tener acceso a las oportunidades que ofrece la economía israelí a personas brillantes y entusiastas como ellos. A pesar de los edictos de los rabinos contra el uso de internet, muchos de estos jóvenes haredim están completamente expuestos al mundo exterior y anhelan tener alguna conexión con él, especialmente a través de sus lugares de trabajo. Los israelíes seculares pueden estar enojados con los intentos de los haredi de imponer restricciones religiosas a la vida pública, pero la ira real es la que se está formando entre los jóvenes haredim con sus líderes, unos rabinos setenta años mayores que ellos y que no comprenden los obstáculos a los que se enfrentan. .



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