Tuesday, March 08, 2011

Israel, Estado (judío) soberano o Estado del pueblo judío – Shlomo Avineri versus Yehezkel Dror - Haaretz



Una violación de la soberanía - Shlomo Avineri

El presidente de la Agencia Judía para Israel, Natan Sharansky, sugirió la semana pasada en una entrevista con Jonathan Lis que debía ser la Agencia Judía, y no el Gran Rabinato de Israel, la entidad que conjuntamente con el Ministerio del Interior determinaría la validez de las conversiones en los casos de los candidatos a la inmigración.

Esto parece una propuesta razonable y tiene mucho sentido, sobre todo a la vista de las dificultades que el Gran Rabinato plantea con respecto a la validez de las conversiones realizadas en el extranjero, incluso por rabinos ortodoxos. Sin lugar a dudas, la propuesta es probable que cuente con el apoyo de aquellos que observen con preocupación - y con razón – la composición actual del Rabinato, representativa de los sectores más conservadores, si no los más oscurantistas, del campo religioso.

Muchos consideran que la alianza impía entre el Ministerio del Interior, regido por el Shas, y el Gran Rabinato, es un ejemplo más de un poder público controlado por los elementos religiosos más extremistas, en particular a la luz de las ignorantes declaraciones de unos cuantos rabinos sobre asuntos relacionados con los ciudadanos árabes de Israel, los extranjeros y las mujeres.

Pero el panorama es más complicado. No hay muchos en Israel que sean conscientes de la estructura de la Agencia Judía dirigida por Sharansky, quien es un símbolo de la solidaridad judía. La Agencia constituye el vínculo institucional entre el mundo judío y el Estado de Israel, y por lo tanto su composición representa esta asociación. Recientemente, se han introducido cambios que aumentan la representación de la diáspora, especialmente de las federaciones judías de América del Norte.

La composición de las instituciones de la Agencia Judía (la asamblea general, que incluye hasta a 518 delegados, y el consejo de administración, que cuenta con 120 miembros) se compone actualmente de la siguiente manera: el 50% representa a la Organización Sionista Mundial, el 30% a las diversas Federaciones, y el 20% representa a la United Israel Appeal (Keren Hayesod). Dado la importancia de los representantes de la OSM, en parte también procedentes del extranjero, está claro que los representantes de Israel son una minoría.

Tiene sentido que los representantes de la Diáspora conformen la mayor parte de la Agencia Judía, y que sean ellos los que determinan su gestión, incluyendo la selección del presidente: en vista de que la Diáspora judía - a través de las federaciones en los Estados Unidos y la United Israel Appeal en el resto del mundo - son los responsables de la mayoría del presupuesto de la Agencia, es justo que ellos decidan cómo gastar el dinero asignado para una variedad de objetivos de la organización, incluida la inmigración, la educación judía en la diáspora y la absorción de inmigrantes. Esto es obvio, ya que el que paga manda.

Pero la propuesta de Natan Sharansky daría lugar a un organismo que, estando formado por una mayoría de no israelíes, tendría el poder de decidir quien tendría derecho a inmigrar a Israel. Ese derecho existe gracias a la Ley de Retorno israelí, pero ponerlo en manos de un organismo que es controlado por los judíos de la Diáspora violaría la soberanía de Israel en un asunto esencial. Los delegados de la asamblea general de la Agencia y su consejo de administración lo componen personalidades judías muy estimadas, algunos de ellos filántropos y otros funcionarios y activistas en docenas de respetadas entidades judías en el extranjero. Pero no hay ninguna razón para poner en sus manos la decisión sobre quién tiene derecho a inmigrar a Israel. Ellos no viven aquí.

Sharansky ha sugerido anteriormente que los judíos de la diáspora podrían participar en las decisiones de la política israelí con relación al proceso de paz y al estatuto de Jerusalén, en otras palabras, que la gente que no va a soportar las consecuencias de unas decisiones políticas podría determinarlas. La propuesta actual también tiende a desdibujar las líneas entre los ciudadanos israelíes, que viven en Israel y asumen las consecuencias de las decisiones, y los judíos de la Diáspora, que si bien pueden ser ardientes defensores de Israel, han elegido - y están naturalmente en su derecho - no vivir aquí y no participar en el renacimiento de la empresa más revolucionaria que el pueblo judío jamás haya conocido.

La solución a la cuestión que plantea Sharansky es una decisión del gobierno israelí que ponga dicho asunto en manos de un organismo gubernamental israelí - el Ministerio de Justicia, por ejemplo -, y que a la vez garantice un enfoque pluralista. Los poderes que forman parte de la estructura del Estado judío no deben ser transferidos a manos de un organismo cuya mayoría de miembros no son sus ciudadanos.


Hacia un Estado de todos los judíos - Yehezkel Dror

El artículo de Shlomo Avineri nos ofrece una presentación aguda de la importancia de Israel como un Estado soberano, a diferencia de su papel como Estado del pueblo judío. Esto, de hecho, es una cuestión con muchas implicaciones para el futuro del pueblo judío en su conjunto y de Israel en particular, y exige un examen en profundidad.

La cuestión afecta a la naturaleza misma del pueblo judío y a su relación con el Estado de Israel.

El Prof. Avineri está en contra de una propuesta del presidente de la Agencia Judía, Natan Sharansky, de que sea su organización, y no el Gran Rabinato de Israel, quien deba tener la autoridad para confirmar la legitimidad de las conversiones con el fin de permitir la inmigración a Israel de acuerdo con la Ley de Retorno de Israel. Su crítica es que al hacerlo violaría la soberanía de Israel. Con todo mi respeto por el Prof. Avineri, me parece que su posición es errónea.

No son conceptos formales tales como "soberanía" (que está experimentando muchos cambios, como lo demuestra su erosión en la Unión Europea) los que proporcionan la respuesta sobre la naturaleza de Israel. En su lugar, es necesaria una clarificación normativa-ideológica.

Yo diría que la razón de ser de Israel viene delimitada en gran medida por su naturaleza y por sus funciones básicas como Estado del pueblo judío. Su misión principal es asegurar la prosperidad a largo plazo del pueblo judío, además del fortalecimiento de su seguridad física, por una parte, y del aumento de su importancia moral-espiritual a nivel mundial como expresión de una entidad social representativa de una civilización cultural y religiosa, por la otra.

Por esta razón, los líderes judíos de Israel se consideran a sí mismos en gran medida como líderes del pueblo judío en su conjunto, y como tal, tratan de conseguir los conocimientos necesarios de la dinámica de las comunidades judías en todo el mundo, los cuales carecen en la actualidad la mayoría de ellos. La Diáspora constituye un importante activo estratégico para Israel, e Israel a su vez tiene que comportarse como el principal activo estratégico de la Diáspora.

El arte de gobernar Israel tiene que tener en cuenta cada vez más las consecuencias de sus decisiones para el futuro de todas las partes del pueblo judío. La Diáspora, por lo tanto, debe participar de una manera institucionalizada - inicialmente con una función consultiva - en las decisiones del Estado que tengan implicaciones cruciales para el pueblo judío en su conjunto, como la determinación del estatuto de Jerusalén. Tales decisiones, después de todo, tendrán un impacto tanto para las generaciones venideras de los judíos de la Diáspora como para los judíos que vivan en Israel.

La Agencia Judía tiene que ser rediseñada de manera que en el “personal de la Agencia Judía" se encuentren representados por igual los judíos de Israel y las comunidades de la Diáspora. Al mismo tiempo, el papel de los partidos políticos israelíes en la determinación de la representación de Israel en la Agencia debería reducirse, al igual que la de los filántropos a la hora de representar a la Diáspora.

Debe entenderse que poner la "soberanía del Estado de Israel" en el centro, sin asegurarse de que sea realmente el Estado del pueblo judío, implicaría el incremento de la distancia entre Israel, como Estado que sería cada vez más "normal", y los judíos de la Diáspora, como ciudadanos de sus respectivos países. Esto representa un grave peligro adicional a la vista de la crisis que se avecina en las relaciones entre Israel y la Diáspora, con la llegada de una generación que no ha experimentado ni el Holocausto ni el establecimiento del Estado judío, algo que tendrá graves consecuencias para el judaísmo y para el pueblo judío en su conjunto.

Así, como una amarga ironía de la historia, los grandes logros del sionismo al dar a luz al Estado de Israel pueden causar la extinción del pueblo judío como una civilización y una entidad cultural excepcional de una enorme importancia.

No he comentado aquí la propuesta de autorizar a los organismos de la Agencia Judía el juzgar la validez de las diversas formas de conversión, un proceso que requiere experiencia y mucho cuidado. Pero la clave principal para el examen de este problema, así como de muchos otros, incluso de los temas más críticos, se encuentra en la elección entre un Israel como un "Estado soberano", en el sentido habitual del término, y la proposición contraria a la misma, en bastantes aspectos sobre todo, como “Estado del pueblo judío” (compatible con su conformación como Estado democrático de todos sus ciudadanos).

Este problema primordial debería estar en la agenda del discurso público en Israel, ya que no es menos crítico para el futuro que el proceso de paz.

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Saturday, July 17, 2010

El show humanitario (O quizá Turquía, Líbano e Irán necesiten sus propias flotillas) - Ben-Dror Yemini - JPost



Flotillas adicionales de ayuda humanitaria desde el Líbano, Irán, Libia y Occidente pueden estar de camino hacia la Franja de Gaza en estos momentos. Pero parece que la situación de los turcos, iraníes y los palestinos del Líbano es mucho peor. Aquí están los hechos.

Turquía fue el país más destacado en la reciente flotilla hacia la Franja de Gaza. El buque Marmara Mavi con los miembros del IHH, una organización afiliada a la jihad global, zarpó de ese país. Desde el Líbano se estuvo intentando enviar otras naves. Incluso Irán, ese bastión de la justicia humanitaria, se quiere unir a la fiesta. Por lo tanto, vale la pena revisar lo que está sucediendo en estos compasivos países que están demostrando una generosidad notable en el envío de ayuda humanitaria a una población "oprimida".

La mortalidad infantil es uno de los indicadores más importantes en la evaluación de una situación humanitaria. Y de acuerdo a los datos, Turquía está en peores condiciones que Gaza.

La mortalidad infantil en Gaza es de 17,71 por mil nacimientos; en Turquía es de 24,84. La Franja de Gaza se encuentra en una situación mucho mejor que la media mundial, que es de 44 niños por cada 1.000 nacimientos. También es mejor que la mayoría de los países árabes y de varios países de América del Sur, y es ciertamente mejor que la de África en su conjunto.

La esperanza de vida es otro indicador importante. Y la esperanza de vida en Turquía es de 72,23 años, mientras que en la Franja de Gaza es 73,68, muy superior a la media mundial de 66,12. En comparación, la esperanza de vida es de 63,36 en el Yemen, 52,52 en Sudán y 50 en Somalia. Estos países están pidiendo a gritos atención internacional y ayuda de toda flotilla presta al rescate. Pero nadie va.

En cuanto al crecimiento de la población, la Franja de Gaza está en sexto lugar, con una tasa de crecimiento demográfico del 3,29 por ciento anual. Esto no puede ser un indicador de la calidad de vida, pero me parece que la alta tasa de crecimiento, junto con una alta esperanza de vida y una tasa de mortalidad infantil baja, dan fe de una cosa: No hay hambre, no hay crisis humanitaria y los cuentos de las 1.001 noches son exclusividad de las 1.001 organizaciones de derechos humanos.

Incluso con otros indicadores, como el uso de ordenadores personales o acceso a Internet, la situación en la Franja de Gaza es mucho mejor que en la de la mayoría del mundo. Para completar el cuadro, cabe señalar que hace dos años un político británico afirmó que la esperanza de vida en Glasgow East era mucho más baja que en la Franja de Gaza.

La afirmación provocó un gran revuelo. El Canal 4 británico realizó un control escrupuloso y dio a conocer su "veredicto": en efecto, la esperanza de vida en Glasgow es menor que en la Franja de Gaza.

Por lo tanto, es un poco extraño que la ayuda humanitaria provenga de personas cuya situación es mucho peor. Podría ser que haya una necesidad de flotillas adicionales, pero su destino debe ser alterado. Es Turquía la que necesita la ayuda.

Es más, la propia Franja de Gaza debería unirse a la delegación humanitaria en ayuda de los pobres turcos.

Cambiando un poco de tema, una de las prohibiciones impuestas por Israel son los materiales de construcción.

La experiencia nos ha demostrado que los materiales que llegan a la Franja de Gaza no sirven a los residentes, sino a los objetivos militares de Hamas. Por lo tanto, ningún país con sentido común, y esperemos que Israel sea uno de ellos, proporcionaría a una organización enemiga materiales con los que se construirían bunkers para luchar contra ellos.

También en este caso es preciso un recordatorio. Cientos de miles de palestinos viven en el vecino Líbano.

Viven en campamentos de refugiados, y en virtud de las diversas restricciones que sufren (por sus hermanos libaneses), se podría llenar un capítulo sobre el apartheid árabe contra los palestinos. Una de las más severas restricciones que sufren es la prohibición de la construcción. Esta prohibición se aplica incluso en Nahr El-Bared, un campamento de refugiados bombardeado por el ejército de Líbano en el 2007. Los daños causados obligaron a 27.000 de los 30.000 habitantes del campamento ha convertirse una vez más en refugiados.

Ellos pagaron un alto precio por el hecho de que cerca de 450 de sus habitantes eran miembros del grupo rebelde Al Fatah al-Islam.

La lucha contra el Islam radical, que trató de establecerse y dominar ese campamento, se utilizó como un pretexto para la enorme devastación que se les infligió. Es interesante observar cómo el mundo alienta la mano dura para estas situaciones, en este caso en el Líbano, mientras que con Israel siempre se espera que se doblegue. Hay donaciones para la reconstrucción y también existe un acuerdo para varios proyectos de reconstrucción, pero el gobierno libanés está poniendo las cosas difíciles.

Pero no nos olvidemos de Irán. Según todos los indicadores posibles, la situación es aún peor. La mortalidad infantil, por ejemplo, es de 34,66 por cada 1.000 nacimientos. La esperanza de vida es de 71,43 - menos que en la Franja de Gaza y Turquía -. Con la imposición de la Sharia en la Franja de Hamas, como en Irán, y con la lapidación de mujeres convertida en norma legal, se puede suponer que la situación de los residentes de la Franja pueda deteriorarse a niveles iraníes. Sólo la semana pasada nos llegó la noticia desde Irán de una mujer de 43 años, Sakineh Mohammadi Ashtiani, en peligro de ser condenada a muerte por lapidación, tras un simulacro de juicio por adulterio. Es por eso que es preferible que la ayuda vaya desde Gaza a Irán. Esperemos que Egipto permita su paso por el Canal de Suez.

Muchos habitantes de este planeta están en peores condiciones que los residentes de la Franja de Gaza. La ayuda estadounidense per cápita a la Franja de Gaza es 7,5 veces mayor que la ayuda per cápita a Haití. En cualquier posible indicador, económico o sanitario, los residentes de la Franja de Gaza están incomparablemente mejor que los de Haití. Los habitantes de Gaza también viven mejor, en todos los indicadores posibles, que los palestinos de los campamentos de refugiados del Líbano (país hermano árabe). Pero no hemos visto manifestaciones de solidaridad con los palestinos del Líbano, y ninguna ayuda ni flotillas.

Lo cierto es que es gracias a Israel los palestinos de la Franja de Gaza están en mejor situación que la mayoría de sus hermanos en los países vecinos. Debido a esa "brutal ocupación", la esperanza de vida en la Franja de Gaza aumentó de 48 años en 1967 a 66 en 1993 y, como hemos mostrado, la esperanza de vida sigue en ascenso.

Pero por favor, no confundamos a los "activistas de los derechos humanos" de las flotillas de ayuda con estos hechos. Ellos no desean enviar flotillas de ayuda a Irán, el Líbano o Turquía, y ciertamente tampoco a Darfur en el Sudán. Esas crisis humanitarias no les interesan. Es únicamente su obsesión anti-Israel lo que les interesa. Esto no quiere decir que no puedan darse cuenta de esos otros hechos. Ellos sólo desean "avergonzar" a Israel. Pero los hechos básicos son propensos a una situación embarazosa.

Ninguno de los hechos presentados significa que no exista una verdadera angustia en Gaza. La hay ciertamente, aunque de acuerdo a los datos objetivos que se suelen presentar la situación es peor en Turquía, Irán y Líbano. Israel tiene interés en mejorar la situación en Gaza. Israel se retiró de allí en 2005 para que los habitantes de Gaza pudieran desarrollar una vida independiente.

Pero se da la circunstancia de que Hamas tomó el poder y ha llevado a una situación en la que, en vez de potenciar el desarrollo económico de la Franja, el único desarrollo que se fomenta es la producción y lanzamiento de cohetes Kassam. El bloqueo fue impuesto al régimen de Hamas porque se negó a reconocer los acuerdos anteriores (con la autoridad legítima palestina), se negó a reconocer a Israel y se negó entrar en un camino hacia la paz y la reconciliación. En cambio, el régimen de Gaza eligió Irán y la jihad global. Y a pesar de esto, todo podría cambiar en un día si solamente Hamas decidiera aceptar las condiciones del Cuarteto. La solución está en sus manos.

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Monday, October 26, 2009

Poner fin a la moralidad de la Díaspora - Yehezkel Dror - Haaretz

El establecimiento del Estado de Israel constituye una ruptura en la historia judía. Después de estar en el exilio durante 2.000 años y adaptarse con éxito a una realidad apátrida, los judíos experimentaron casi un milagro: El viejo sueño de restablecer un estado en su tierra se realizó. Seis décadas después, sin embargo, es evidente que el pueblo judío no ha hecho todavía la difícil adaptación a ese cambio radical en su realidad.

Adaptarse a la existencia de un Estado judío tomará al menos dos o tres generaciones. Así pues, el sentido mismo de que sea "judío y democrático" en el siglo XXI y más allá, está sujeto a una lenta curva de aprendizaje que no puede ser acelerada por un razonamiento a priori. Pero hay un tipo de aprendizaje que no puede esperar, ya que la propia supervivencia del Estado depende de ello. Hablo de la moralidad en el arte del autogobierno del Estado judío.

La imagen que muchos judíos tienen de los "valores judíos", especialmente en los Estados Unidos, son los propios del liberalismo, del humanismo y del trato equitativo del "otro". Ya sea que reflejen o no correctamente la esencia de la tradición judía, esta imagen conforma las opiniones y expectativas de otros judíos y de otros pueblos de las políticas israelíes. Pero este es un uso peligroso de los valores de exilio enfrentados a una nueva realidad.

No estoy hablando acerca de la conveniencia de una solución de dos Estados o del derecho de una organización como J Street [N.P.: lobby judío pro-paz, ¿pero también pro-Israel?, del que se supone una gran influencia en Obama] para intentar influir en las políticas de EEUU. Mi preocupación está a un nivel más profundo, es decir, los valores por los que las acciones de Israel deben ser determinadas y juzgadas.

Para decirlo sin rodeos, y sin embargo de forma políticamente incorrecta: la estatalidad en el mundo, tal como realmente es, a menudo requiere comprometer valores importantes a fin de satisfacer las necesidades de una realpolitik que sirve a unos valores más altos. Algunas de las transacciones implican "mancharse las manos", mientras que otras implican abandonar, aunque sea a regañadientes, las aspiraciones ideológicas y lo que algunos ven como sus principios fundamentales.

Así, la expansión de los asentamientos judíos en Judea y Samaria para cumplir con el mandato divino refleja una mentalidad de exilio, peligrosamente trasplantada a Israel. Esto es tanto más peligroso porque el pensamiento dogmático muy menudo conduce a una visión distorsionada de la realidad. Un ejemplo fue el monarca español Felipe II, quien desafió las advertencias de sus asesores ante el mal tiempo existente, y envió la Armada Invencible contra Inglaterra, ya que rey decía confiar en que "Jesús protegiera a una flota que estaba luchando contra los herejes".

El arte de gobernar aún con "las manos sucias" incluye la necesidad de golpear duramente a los enemigos incluso cuando se puede poner en peligro a muchos civiles. Condenar tales acciones, ya que contravienen unas leyes de la guerra moderna que son inadecuadas ante la realidad de unos enfrentamientos con enemigos salvajes, también es un reflejo de una moral del exilio en lugar de unos valores adaptados a las necesidades del Estado.

La verdadera cuestión no es saber si deben o no ser "morales", sino que normas morales deben tener la prioridad. Para un estado que hace cara a unos enemigos implacables, una moralidad de Estado es muy diferente a la necesaria moralidad individual. Para aquellos que aún piensan en términos de exilio y no están acostumbrados a tener un Estado judío, esta moralidad puede parecerles fácilmente como amoral o incluso inmoral.

Israel se enfrenta a algunos enemigos que consideran que la guerra es su forma de vida (no sólo ante Israel) y que quieren eliminarlo, y que no dudarían en participar en un genocidio contra Israel si tuvieran los medios para hacerlo. La justificación moral de las acciones de Israel en su conjunto en la Operación Plomo Fundido - en oposición a los incidentes que Clausewitz denominó como inevitables "fricciones", pero que aún deben ser condenados - escapó de las mentes legales del juez Richard Goldstone y de sus colegas. Algunos judíos y muchos otros no se dieron cuenta de la verdad desagradable, pero inevitable, de que para obtener la seguridad, los Estados deben comportarse de maneras que se adapten a la naturaleza de sus enemigos en lugar de seguir ignorando esa realidad, con criterios tales como la "proporcionalidad".

No hace mucho, en una reunión de distinguidos intelectuales, la tesis que se propuso, y que obtuvo un amplio apoyo, fue la siguiente: "Solamente los Estados morales sobrevivirán". Esto, siento decirlo, no es cierto, como un incluso superficial estudio de la historia puede demostrar. Todos debemos esforzarnos para cambiar las realidades mundiales, en consonancia con el mandamiento del Tikkun Olam o "reparar el mundo". Pero hasta entonces, el deber moral de Israel es hacer lo que sea necesario para mantener su existencia, y no unas meras medidas en un sentido moral y humanitario o que se ajusten a las normas obsoletas del derecho internacional. Todo esto está sujeto a los cálculos de la realpolitik de costo-beneficio, tales como los posibles daños a la imagen de Israel, pero con este ejemplo me estoy refiriendo al cálculo moral como el primero.

Duras medidas que son esenciales y que pueden dañar a civiles no implicados, y que sin embargo se justifican moralmente dadas las circunstancias, deben también ir acompañadas de un sincero lamento y autoexamén. Pero aún así, dadas las exigencias y necesidades de Israel, a menudo están justificadas moralmente. Los judíos de la Díaspora han de ajustar sus valores conformados en el exilio con este requisito de asegurar la existencia a largo plazo de Israel, pues a su vez es esencial para el futuro del pueblo judío. Una vez lograda la paz, Israel debería esforzarse por convertirse en una "luz para las naciones". Pero hasta entonces, las realidades de Israel justifican una moral de Estado, que puede incluir las "manos sucias" (como es el caso de muchos otros países enfrentados a sus enemigos, y tal como se expresa en el concepto de razón de Estado), por duro que puede ser para aquellos que aún siguen cautivos de esa moral aceptada del exilio.

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Saturday, March 29, 2008

Peligro: el estado se debilita - Yehezkel Dror - Haaretz

Uno de los desafíos más serios que afronta el país es un empeoramiento de la estructura del estado. En algunos aspectos cruciales, Israel puede ser visto como un estado débil en momentos difíciles y que debe tomar decisiones sobre cuestiones polémicas y ponerlas en práctica, sobre todo cuando afronta la oposición entusiasta de grupos minoritarios judíos. Esta es una situación peligrosa, más cuando los enormes logros de los 60 primeros años del estado no garantizan su crecimiento continuado, o hasta su misma existencia en el futuro.

Lo que se supone por "la estructura del estado" en este contexto es el monopolio por parte del estado del uso - o la amenaza - de la fuerza, tanto interna como externamente, y su capacidad de hacer cumplir decisiones legítimamente adoptadas. A esto se le puede añadir la confianza pública en el gobierno y la primacía del bien público, en un sentido pluralista, por encima de los intereses de grupos minoritarios y seguramente por encima de los intereses privados de los políticos. Todos éstos son puntos peligrosamente débiles en Israel.

Por ejemplo, la cuestión de las construcciones ilegales no ha sido de verdad encarada. El lanzamiento de piedras a los coches que pasan se ha convertido en una realidad extendida. Ninguna solución se ha encontrado para el problema de los puestos avanzados ilegales en Cisjordania. Los esfuerzos por imponer un plan de estudios principal en el sistema de educación han fallado rotundamente. El error de la tolerancia oficial hacia manifestaciones (unas con permiso, otras no) que devienen violentas, con la argumentación de que es mejor dejar dar salida a la angustia de sus protagonistas. La existencia de llamadas públicas a la venganza por particulares que son toleradas pasivamente, y la apelación a no participar en las celebraciones enmarcadas dentro del 60 aniversario de la fundación del estado y que no son denunciadas del modo apropiado a pesar del rechazo que implican a la existencia de Israel y a los principios que lo fundaron.

"La estructura del estado" tiene otra dimensión importante: la ética de gobierno. En este frente, la situación es muy mala efectivamente. Esto se expresa no solamente en asuntos supuestamente menores, como el comportamiento personal de nuestros políticos, sino también en temas fundamentales, como una carencia por todo el sistema de la asunción de responsabilidades. Por su parte, todos estos problemas contribuyen a otra característica que incide en esta sensación de empeoramiento de la estructura del estado: una decadencia en la participación del votante y una erosión de la confianza pública en el sistema del gobierno y en los políticos.

Otros países sufren de síndromes similares, pero en un grado menor o compensados por la existencia de un marco supra-estatal, como la Unión Europea. Además, existe una gran diferencia entre el empeoramiento de la estructura del estado en estados más fuertes, o más viejos - donde el fenómeno tiene sus aspectos positivos - y el empeoramiento que afecta a los estados jóvenes donde la sociedad carece aún de una tradición de estructura estatal.

Incluso más profética es la situación única de Israel, con la gran tensión existente por los peligros extremos a los que tiene que enfrentarse, por un lado, y su ambición, así como la oportunidad, de convertirse en un estado judío próspero, por el otro.

De ahí la necesidad imperativa de reforzar, a través de medios democráticos, la estructura de un estado que cada vez disminuye más en Israel. La gran sabiduría que denotaba la insistencia de David Ben-Gurion en la necesidad de un estado fuerte fue olvidada hace mucho tiempo, como se pone en evidencia por la carencia de un debate político público sobre esta necesidad crítica.

El refuerzo de la estructura estatal no es una tarea fácil, y de hecho es aún más difícil com los vientos post-estatales (post-nacionales) que soplan por Europa y dentro de la cultura occidental en general. Por lo tanto, una acción deliberada y resuelta debe ser emprendida para reforzar la estructura del estado en Israel.

Hay modos de hacerlo, incluso dar más énfasis a la enseñanza de una educación cívica de los deberes - y no sólo de los derechos - de la ciudadanía; llamar la atención al liderazgo político nacional sobre su papel de continuador - incluso de educador - del edificio estatal; la intensificación de la aplicación de la ley sin dar facilidades a aquellos que tratan de aplicar la fuerza "o crear hechos consumados"; y colocando unos límites firmes respecto al comportamiento aceptable de las minorías en un estado democrático, que es al mismo tiempo un estado avanzado en el reconocimiento de sus derechos.

Es dudoso que todo esto se pueda conseguir bajo el gobierno actual y el tipo de régimen vigente, con su elevada dependencia y debilidad ocasionada por coaliciones débiles, junto a la correspondiente fragilidad en el liderazgo. Las mejoras parciales que no se concentren en el reforzamiento de la estructura del estado como su objetivo principal, no ayudarán y pueden ser hasta perjudiciales. Por ejemplo, la introducción de una medida de representación regional en la Knesset, es evidente que aumentara la perspectiva "local" e ira en contra del estado.

Los mismos principios del régimen deberían ser repensados, en una dinámica que asegure una concentración del poder democrático que proporcione la tan necesaria estructura de estado que requiere Israel y su prosperidad en los próximos años.

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