Saturday, May 23, 2020

La judería del Oriente Medio y el mundo árabe - Shaul Bartal - JNS




















Una serie dramática transmitida en los estados del Golfo durante el mes de Ramadán, "Umm Haroun " ("Madre de Aarón"), cuenta la historia de una familia judía en Kuwait durante la década de 1940 bajo el dominio árabe-musulmán. En pequeña escala, el programa logra resucitar la cultura y el rico lenguaje de los judíos del Oriente Medio que vivieron bajo el gobierno islámico durante aproximadamente 1.300 años como dhimmis (personas protegidas y de segunda clase), y retrata con delicadeza su delicada situación en medio del crecimiento de los estados-nación en el este árabe.

Los acontecimientos en Palestina destrozaron estas comunidades, incluidas aquellas en las que vivía la familia "Umm Haroun", en la medida en que finalmente fueron expulsadas de sus países. La actriz principal de la serie, Hayat al-Fahad, ha expresado su anhelo por los días en que grandes comunidades judías vivían en varios países árabes.

El estatus de dhimmi, que era la suerte reservada al millón de judíos que vivieron en el Oriente Medio hasta 1948, se basa en un supuesto pacto entre la Casa del Islam y sus súbditos no musulmanes. En línea con este pacto, se establecieron claras distinciones de clase que incluían indignidades legales incorporadas y un estatus legal inferior para judíos, cristianos y miembros de otras religiones que se negaban a aceptar el Islam. Los dhimmis tuvieron que hacer pagos de impuestos humillantes como el jizya (impuesto de votación) y el kharaj (un impuesto sobre las tierras agrícolas y sus productos). Estos impuestos, que generalmente llegaban a más de la mitad de los ingresos de la persona, creaban una gran dependencia e inseguridad económica para los dhimmis .

La asistencia legal era rara porque el testimonio de un dhimmi se consideraba inútil en comparación con el de un musulmán. A los dhimmis no se les permitía poseer armas, por lo que no podían protegerse. Ciertos tipos de trabajo se les prohibieron permanentemente y cualquier musulmán tenía derecho a abusar de ellos tanto como quisiera. También había regulaciones especiales de movimiento que solo se aplicaban a ellos: en ciertos lugares estaba prohibido que judíos o cristianos, que se consideraban impuros, pasaran cerca de las mezquitas. Para un judío o cristiano que ingresara a una mezquita, o incluso al Monte del Templo durante un cierto período, la pena era la muerte.

El intento del programa de mostrar el lado humano del gran sufrimiento sufrido por los judíos del Oriente Medio ha suscitado duras críticas en el mundo árabe, principalmente debido a su supuesto intento de promover una tendencia hacia la tatbia (normalización con Israel). La narrativa sionista sobre la judería del Oriente Medio no coincide con la narrativa árabe-palestina, que retrata al sionismo como un movimiento colonialista europeo extranjero en el Oriente Medio.

Un artículo sobre arab48, que está afiliado, entre otras cosas, a los elementos más ultranacionalistas de la sociedad árabe israelí, acusaba a la serie de "legitimar la normalización de las relaciones entre Israel y los estados árabes", algo que consideraba un anatema. El artículo afirmaba que, contrariamente a la visión sionista de que los "judíos árabes" eran un grupo perseguido, formaban "parte de la nación árabe y eran una minoría religiosa dentro de ella, una parte esencial del mosaico de comunidades que vivían en los países árabes y en la España musulmana", y su traslado a Palestina fue un reflejo de la "arrogancia judía".

Esos denominados como "judíos árabes" que (supuestamente) vivían con honor y tolerancia en la Casa del Islam pensaron que iban a venir a una tierra de leche y miel, pero en cambio, según el artículo, encontraron humillación y discriminación a manos de los judíos europeos, porque el sionismo, después de todo, no era más que un movimiento colonialista europeo. Por lo tanto, afirmaba el artículo, la serie "Um Haroun" servía al sionismo porque presentaba una narrativa falsa que pecaba contra la verdad histórica.

Las críticas en este sentido son abundantes en las redes sociales y canales de los medios árabes. En el Oriente Medio solamente hay lugar para los "refugiados palestinos". No hay espacio para otras víctimas.

El Estado de Israel, donde más de la mitad de sus ciudadanos judíos son descendientes de antiguos dhimmis, es un hecho real y existente. Los judíos indígenas del Oriente Medio, al igual que sus hermanos de otras comunidades de la diáspora, regresaron a su tierra ancestral y juntos ayudaron al restablecimiento del estado judío allí. "Um Haroun" insinúa que los judíos del Oriente Medio podrían servir como un puente para la convivencia y el entendimiento entre Israel y sus vecinos, pero desafortunadamente, la serie ha provocado principalmente vituperaciones, críticas y negativas en el mundo árabe.

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Saturday, January 04, 2014

Con el nuevo año, un gran artículo sobre lo que se avecina sobre Europa: "Los judíos son árabes como los demás", una operación ideológica de gran amplitud - Shmuel Trigano


Judíos de Argelia

Una increíble campaña publicitaria e ideológica se ha desplegado en Francia durante las últimas semanas. Ha tenido como blanco a la opinión pública global y vectorialmente a los judíos, especialmente a los sefardíes, perdón, según la doxa políticamente correcta, los "judíos árabes". Su magnitud se mide por su carácter transatlántico, por su despliegue editorial y audiovisual, así como por sus defensores y patrocinadores.

¿De qué se trata? De una serie de televisión de cuatro episodios en el canal franco-alemán Arte, lanzada con mucha publicidad en multitud de medios de comunicación y titulada “Judíos y Musulmanes, tan lejos tan próximos”; un libro de 1.150 páginas recogiendo una multitud de contribuciones publicado simultáneamente en francés e inglés en los Estados Unidos, y titulado "La Historia de las relaciones entre los judíos y los musulmanes desde sus orígenes hasta la actualidad".

Conjuntar esa serie y ese libro no se justifica únicamente sobre la base de su lanzamiento coordinado, sino porque encontramos mencionado en la serie de Jean Mouttapa al editor del libro (y de hecho, su verdadero artesano, ya que esa interpretación de la historia no procede del dominio académico de los dos directores del libro) y porque entre los entrevistados en la serie nos encontramos con uno de los directores del libro, Abdelwahab Meddeb, y con algunos de sus colaboradores. Además, la publicidad de ambos productos se hace simultáneamente en los Estados Unidos y ambos son vendidos conjuntamente en Amazon Francia.

Si consideramos el contenido del mensaje (yo sólo voy a tratar en este contexto de la serie de TV), el proyecto está claro. Bajo la intención anunciada de aproximar a judíos y árabes, "tan cerca, pero tan lejos" - los equidistantes judíos y musulmanes, como ha declarado Meddeb a propósito del libro -, se trata especialmente de promover la causa y la imagen del Islam y el mundo árabe a través de su relación con los judíos, marcada en Francia hoy en día, sobre todo tras el caso Merah, por la hostilidad.

El escenario de la serie de televisión es simple. Se trata de crear una connivencia entre judíos y árabes, contrapuestos ambos a la hostilidad de un tercero multiforme: la Europa cristiana, Occidente, los judíos occidentales (culpables de haber desconectado a los otros judíos de sus "hermanos" árabes), y por supuesto - los más culpables -, los sionistas y el Estado de Israel. Esta “connivencia” se obtiene borrando por completo la memoria y la voz de los judíos del mundo árabe, reescribiendo su historia de manera etnocéntrica y paternalista (la famosa "tolerancia" del Islam). Los "expertos" entrevistados no son todos especialmente representativos. Gran parte de ellos son declarados antisionistas. Algunos no tienen relación con el objetivo de la serie a menos que su testimonio se haya reducido de forma selectiva para que digan lo que el director quiere oír. También hay que comentar la voz de sus colegas árabes, que eso sí ha sido "normalizada", porque si se observa bien todos los "expertos" musulmanes entrevistados viven en Europa y Estados Unidos, y ninguno en el Oriente Medio Oriente o África del Norte, aunque algunos son paquistaníes o indios, lo que también implica una experiencia histórica muy diferente. El discurso apologético de tales testigos se explica con claridad: ellos defienden esa imagen de "connivencia en un Occidente" enfrentado a la jihad global, pero ese no es el caso de sus colegas que viven en el mundo árabe y cuyo discurso hostil hacia los judíos es diariamente audible en Francia y en Europa a través de la televisión por satélite.

El argumento central de la serie consiste, por supuesto, en afirmar que el antisemitismo era desconocido en el Islam, pero sin embargo era una tara endémica de Occidente, el cual finalmente ha terminado por trasplantarlo al Oriente Medio a favor de la dominación colonial y la "invasión" de Palestina, todo lo cual ha chocado con el nacionalismo árabe que, sin embargo, y según nos dicen, “sí tenía un lugar en sus sociedades para los no musulmanes”, y por lo tanto también para los judíos. De hecho, la serie vuelve varias veces (el segundo episodio sobre las Cruzadas y el tercero sobre la emancipación de los judíos de Argelia) sobre la idea de que los "musulmanes fueron las víctimas, al mismo tiempo que los judíos, de las acciones de Occidente". El "otro" de Occidente es retratado en primera lugar con las trazas del Islam, y posteriormente de los judíos (a través de la descripción del antisemitismo europeo). El sionismo no existiría por otra parte más que por su articulación con el antisemitismo, ya que no tendría ninguna relación con la religión y en el mesianismo judío, y de hecho "no significaría nada para los judíos árabes".

Por lo menos en dos ocasiones se nos dice que lo que se considera un pogrom en Occidente no lo es tal en el mundo árabe. Allí los pogromos son conflictos "inter-étnicos", "inter-tribales", por ejemplo en tiempos de Mahoma - que pasó a cuchillo a toda la población masculina judía de un oasis en la península arábiga, y que bajo el juicio de un mediador certificado por los judíos, se nos trata de decir que hubo una culpabilidad judía para esa masacre -. Esas violencias anti-judías también serían acciones "nacionalistas" cuando se trata de los pogromos de 1929 en la Palestina del Mandato. Y es que los judíos occidentales serían en realidad los "culpables de esa confusión", ya que habrían equiparado dicha violencia con la de los pogromos de la Rusia zarista, envenenando las cosas y creando una causa judía (preconizando una identificación con los judíos palestinos). Por otro lugar, nos dice Michel Abitbol, existía un "racismo asquenazi" contra los judíos árabes... Todo este subterfugio llega a su clímax con los pogromos de 1929 promovidos por el Mufti de Jerusalén, ese que se convertiría años más tarde en un dignatario del Tercer Reich, cuando son presentados como la mayor "revuelta anticolonial" que ha existido en el Imperio Británico. Esta negación de la realidad puede ser aún peor cuando la situación envilecida y de sometimiento de los dhimmis es redefinida como el "fruto" de un antiguo "trato" con los "conquistadores" árabes (una descripción de una historia que sólo puede ser escrita por los amos y no por los vencidos a ojos de esos "conquistadores", los cuales en realidad fueron los "invasores" que les robaron y redujeron a la servidumbre).

El modelo argumental es a la vez apologético y poco autocrítico: difunde una ligera crítica del Islam y de su relación con los judíos a la que vez que se le excusa sistemáticamente. El método es por regla general el mismo: se hace preceder cada hecho histórico molesto para el Islam del argumento de una supuesta falta o pseudo responsabilidad de los propios judíos, a menos que dicha responsabilidad se pueda achacar a Occidente y al colonialismo. Así, la política anti-judía del Islam desde sus orígenes no habría sido más que una reacción de "enemistad tribal", "natural" para la época, al igual que el pogrom de Córdoba (donde hubo 4.000 muertos) sería la culpa de unos fanáticos pero no del Islam, y el antisemitismo contemporáneo árabe sería la reacción al colonialismo y a la “invasión judía” de Palestina bajo la influencia del sionismo etcétera. No obstante, la serie televisiva acusa el golpe de ciertos hechos demasiado evidentes que, si no son asumidos, debilitan la apología del Islam y la consideración del judaísmo como su reflejo ("la influencia del islam en la religión judía"). Es como cuando en las familias se susurra la idea de que hay altas y bajas...

Se puede "jugar" a identificar el perfil que de los judíos se describe puntillosamente en la serie. En ello parece resonar una fórmula que se resume en lo siguiente: "Los judíos son árabes como los demás", del que se hace eco un profesor de la Universidad Hebrea que establece que "los judíos son árabes de religión judía". Así es posible oír la expresión "árabes judíos y musulmanes", que no tiene ningún sentido a menos que un país donde vivieran plácidamente esos judíos se llamara "Arabia" (pero cuidado, hoy ya existe tal país, pero se califica de “saudita”, y por su constitución, que sigue las directrices del Corán, prohíbe la residencia de judíos). Este vocabulario pretende sugerir una promiscuidad que no solamente representa una negación de la auténtica historia judía. Es también un fracaso en términos de conocimiento. "Árabe", en realidad, designa un origen étnico, y "musulmán" una religión que no solo practican los árabes, como por ejemplo los turcos e indios (a excepción de los periodistas que hicieron de los "musulmanes" bosníacos una nacionalidad). Es cierto que debido a que el Corán está escrito en árabe apega el Islam a la arabidad. Pero "árabe" también puede designar una causa política e ideológica (el panarabismo de los nacionalistas árabes). En el pasado, los judíos eran solamente "arabófonos", inscritos objetivamente en esa área cultural en la cual se hallaban objetivamente marginados, con un rango secundario incluso en el más alto grado de creatividad cultural. Y ellos hoy en día apenas son “arabófonos”: esa época de su historia se ha extinguido definitivamente, como muchos otras durante sus 30 siglos de existencia.

Esta manipulación terminológica implica la afirmación subyacente: "no hay un pueblo judío". Hay árabes judíos de un lado, y asquenazis occidentales, sionistas, del otro (que parecen no existir más que por su relación con el antisemitismo), que además solo parecen existir para enturbiar y malograr la tolerancia, la armonía y la universalidad del Islam. Este es el tema de los dos últimos episodios de la serie. La huida de la historia judía en favor de otra historia escrita desde la perspectiva de un etnocentrismo árabe-musulmán.

Sólo podemos especular sobre los efectos sociales y políticos perseguidos por la operación puesta en marcha por esta serie. La base económica de una empresa de tal amplitud, en tiempos de crisis, nos enseña sobre la manera en que se ha "vendido" a sus financiadores y por lo tanto su intención profunda. Entre los patrocinadores declarados de la serie de televisión se encuentra la "Alianza de Civilizaciones", de la que está detrás la Organización de Cooperación Islámica, que propone la tarea de cambiar el discurso de Occidente sobre el mundo arabo-musulmán interviniendo en su cultura a través de empresas culturales. Toda su comunicación mediática se basa en la reivindicación de la "España de las tres religiones", "la edad de oro de Andalucía", todo ello bajo la "égida de una tolerancia islámica" que supuestamente definía esos famosos modelos. La subvención de la Agencia Nacional para la Cohesión Social y la Igualdad de Oportunidades, que milita por "hacer evolucionar las imágenes estereotipadas de los cuales podían ser víctimas de los habitantes de los barrios problemáticos" – población inmigrada de origen magrebí – es significativa.

Otras subvenciones son más sorprendentes e inesperadas, como las de ciertas regiones francesas: Bretaña, Ile-de-France, Nord Pas de Calais... ¿Podría ser que la relación entre judíos y musulmanes es tan importante para la República francesa que necesita invertir en semejante operación ideológica al servicio de una causa que no debería ser la suya? ¿Para luchar contra el antisemitismo (muy presente entre la población musulmana) o más bien contra la islamofobia? Encontrar entre los patrocinadores y padrinos empresas mediáticas como Rue 89, France Info, Le Nouvel Observateur, por el contrario, no nos sorprende. Los medios de comunicación de la élite gubernamental y de la izquierda están a la vanguardia del discurso políticamente correcto y de la práctica de la "reprobación de los judíos pro Israel".

Los conceptos y palabras clave empleadas para describir el lado negativo de la relación judeo-árabe  ("inter-tribal", "inter-alguna cosa", a fin de dividir la responsabilidad y poder acusar a los judíos del antisemitismo que sufren) recuerdan irresistiblemente el circunloquio utilizado por los medios de comunicación para obviar el hallazgo del antisemitismo árabe-musulmán en la Francia de los últimos años: las "tensiones intercomunitarias".

La serie apunta, de hecho, directamente a Francia, pues a lo largo de su segunda parte los judíos de Argelia (¡desaparecidos hace ya 50 años!) son el elemento clave de toda esta operación político-ideológica. Incluso proporciona la culminación y clímax final de la serie con una escena que tiene lugar en el metro de París, donde están sentados el uno al lado del otro una mujer argelina y un judío que se ignoran, sobre el trasfondo de un comentario que llama a reconocernos más allá de las "prisiones de nuestra identidad" (un evidente guiño al libro de Jean Daniel “La prisión judía”), ambos respectivamente, como "indígenas", frente al colono francés que nos había separado y dividido. Esta prisión está rodeada por un lado por el "nacionalismo árabe" (uno se pregunta qué fantasma del pasado provoca su utilización y no la del islamismo y la yihad global que le han sucedido), y por el otro por el "sionismo", dos "prisiones identitarias" generadoras de los "repliegues comunitarios”.

Hay en todo esto un argumento de una violencia infinita que quizás busca compensar el resentimiento (supuesto) de los ciudadanos franceses de identidad dual, los franco-argelinos, inmigrados a Francia después de la independencia de Argelia. Pues, ¿por qué en efecto recordar a los "judíos de Argelia" que no existen desde hace más de 50 años, si no es para reintegrarlos simbólicamente con ellos, asimilándolos con los "argelinos" (algo que difícilmente podrían ser ya que "Argelia", como nación, no existía antes de la conquista francesa) cuando ellos ya se habían convertido en franceses, una vez liberados de su segregación promovida por las leyes de la dimmitud. Eligiendo como punto de referencia a los judíos de Argelia, se parece intentar hacer recordar a los nuevos ciudadanos franceses de origen argelino (musulmanes) que ellos ahora son tan franceses como los "judíos de Argelia", como para demostrarles que los judíos no son sus “argelinos” preferidos. Para ello, se cancela simbólicamente 144 años de historia. Los judíos de Argelia son convertidos en unos “inmigrados argelinos” sin más. Se trata de una forma de desnacionalización.

Así pues, su "comunitarismo" sería tan peligroso como el comunitarismo musulmán, y parece querer decirnos que la sociedad francesa espera de esas "dos comunidades" (según la expresión tortuosa de Mitterand) que se reconcilien para el reinado de la paz civil en Francia sobre todo, y más ampliamente en Europa, debido a que su hostilidad "recíproca" pondría en peligro a la sociedad francesa y europea.  Ahora entendemos mejor por qué ciertas regiones francesas se han sentido obligadas a contribuir a su financiación. Se espera especialmente de los judíos de Argelia que desempeñen ese papel, probablemente debido a que por su pasado, convirtiéndose en franceses sin dejar de ser “indígenas árabes”, despertaron los celos y la competencia con los musulmanes.

Si los judíos (es decir, en la traducción políticamente correcta, los "judíos comunitarios") siguen mostrándose fieles a su "sionismo" y al privilegio del que se habrían beneficiado con el colonialismo francés, serían como la marca viva del colonialismo francés, el vestigio de la disociación colonial en la sociedad francesa contemporánea donde ahora vive una numerosa población musulmana, esa misma que fue excluida anteriormente de la ciudadanía en la Argelia colonial (no así los judíos). De ahí a pensar que los judíos serían los precursores del actual comunitarismo musulmán solo hay un paso. Por lo tanto, el consejo que da a los judíos procedentes de mundo árabe es que "se desvinculen de Israel", su propia "cárcel identitaria", la cual les opone a los "nacionalistas árabes", para así poder vivir en paz en Europa, lejos del "conflicto importado" (como dicen los periodistas) y no del todo "francés".

La serie pone en escena un discurso novedoso: el discurso de la identidad árabe-musulmana europea, que no ha renunciado para nada a sus fundamentos (el Islam, la causa palestina), aunque se distingue de los excesos habituales del mundo árabe, y que por eso resulta necesario reescribir la historia de los judíos - y de los sefardíes sobre todo -, a no ser que se trate del discurso identificatorio que la Unión Europea desea insuflar entre los musulmanes europeos (la cadena europea Arte obliga). Esta última posibilidad aún sería más grave, ya que demostraría que Europa sacrifica a los judíos en el orden simbólico para así poder instalar la identidad musulmana que desea ver en Europa. Esta posibilidad es bastante plausible a medida que descubrimos, a la luz de las resoluciones del Parlamento Europeo sobre la circuncisión o el sacrificio kosher, que la UE está desarrollando una doctrina de la condición judía, que además la liga a la condición musulmana (circuncisión, sacrificio animal…). Su política hacia Israel – un tema simbólico de la más alta importancia – no hace más que ratificarlo.

Esta reescritura europea de la historia de los judíos - y de los sefardíes - por necesidad de una apología o reivindicación del Islam o de una "paz civil" en Europa, por supuesto, niega la noción misma de la historia judía y no tiene en cuenta el testimonio de los sefardíes aún vivos que experimentaron la exclusión masiva que padecieron en los países árabes durante la segunda mitad del siglo pasado. Desde este punto de vista, y desde el punto de vista de su historia pasada, lo que práctica esta serie es simplemente una nueva forma de negacionismo.

Sin embargo, es sorprendente ver como los poderes públicos (las regiones) se dedican a dicha actividad ideológica unidimensional bajo el disfraz de un conciliador pseudo-equilibrio "multicultural" que perjudica la memoria de otra parte de la sociedad francesa no menos respetable, y que para ello no duda también en promover que Europa, el cristianismo, la misma Francia, se disculpe por una "convivencia" con un sistema que es todo lo contrario de la laicidad.

Abdelwahab Meddeb, al que vimos en el Senado hacer una apología pública de la dhimma (las leyes de la dhimmitud de los judíos en el mundo árabe) mediante su comparación con la situación de los judíos en la Europa pre-moderna, tuvo el hermoso detalle de reconocer que era inaceptable a la luz del concepto moderno de igualdad. Y si felizmente así lo hizo, ¿qué sucede entonces con sus apologías de los antiguos modelos culturales de "Bagdad" y "Córdoba" como una “lección para hoy, para la Europa actual”? Los cristianos y los judíos eran unos dhimmis bajo el dominio del Islam. Y la cultura que ellos produjeron, y que involucró a una pequeña minoría privilegiada, no cambia en nada lo que fue el destino de la gran mayoría de la población cristiana y judía. Se trata bajo todos los aspectos de modelos obsoletos y medievales. Hoy en día, no queremos ese modelo: a la "convivencia" bajo la tutela religiosa o bajo la sombra de las religiones, preferimos sin duda la ciudadanía de la laicidad. A ese "vivir juntos", típico lema de la Unión Europea, se debería preferir el "estar juntos" de la República

Ante el poderoso despliegue mediático orquestado por esta operación político-ideológica, no podemos, como judíos, más que sentir que esta es la forma de robarnos nuestra memoria y ahogarnos bajo la capa de plomo del discurso históricos de los nuevos "maestros de lo políticamente correcto".

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Saturday, November 23, 2013

Los judíos de los países árabes: los refugiados olvidados - Shlomi Eldar - Al Monitor


La sinagoga Shaar Hashamayim (Puerta del Cielo) del Cairo

La segunda reunión anual de los refugiados judíos de los países árabes se celebró el jueves 21 de noviembre en una sala de conferencias en la sede de la ONU en Nueva York. El evento fue organizado por la delegación de Israel ante la ONU, encabezada por el Embajador Ron Prosor, el Congreso Judío Mundial y la Organización Mundial de Judíos de los países árabes (WOJAC). La organización fue fundada en 1975 en París por el ex miembro de la Knéset y ministro Mordechai Ben-Porat y el fallecido millonario Leon Taman, quien trabajó como presidente de la Federación Sefardí del Reino Unido y fue uno de los líderes de la comunidad judía árabe.

La misión de WOJAC era, y es, "aumentar la conciencia mundial de la historia del millón de judíos de los estados árabes y musulmanes que se vieron obligados a huir de la persecución, el encarcelamiento y los pogromos". La organización, con su eslogan "The Forgotten Million" (el Millón olvidado), busca obtener el reconocimiento de la existencia de los refugiados judíos de los países árabes e indemnizaciones por las propiedades que se vieron obligados a dejar atrás.

Para todos los estados miembros de la ONU la combinación de las palabras "Israel" y "refugiados" es probable que les evoque inmediatamente la cuestión de los refugiados palestinos, uno de los mayores obstáculos a la resolución del conflicto palestino-israelí. Pero esta vez fueron invitados a escuchar una melodía diferente.

Tal Dror, un miembro de la delegación israelí ante la ONU, le comentó a Al-Monitor que el año pasado, cuando los organizadores estaban poniendo en pie juntos la primera conferencia, encabezada por el ministro de Asuntos Exteriores, el entonces diputado Danny Ayalon, los representantes de los estados árabes se opusieron con vehemencia. Trataron de encontrar secciones del protocolo que podría ser utilizados para frustrarla, pero fracasaron. Esta vez, para sorpresa de todos, junto con unos 30 embajadores y diplomáticos que asistieron al evento, dos representantes de la delegación de Egipto ante las Naciones Unidas también estuvieron presentes.

Los organizadores y representantes de Israel ante las Naciones Unidas deberían haber quedado satisfechos, porque las cuestiones planteadas en el evento estaban destinadas especialmente para ellos.

La comunidad judía de Egipto fue una de las más prósperas de los países árabes del siglo XX. Según diversas estimaciones, contaba en su apogeo con casi 80.000 miembros, pero la mayoría la abandonó o huyó después de la llegada al poder del fallecido presidente egipcio Gamal Abdel Nasser y la Campaña del Sinaí en 1956.

Los representantes de Egipto en la ONU permanecieron en sus asientos, incluso después de que el discurso de apertura de Prosor y se quedaron hasta el final, a pesar de que el embajador no perdonó a los vecinos de Israel. "Han sido 65 años en los que los países árabes nunca han tenido que rendir cuentas por los crímenes que cometieron. En seis décadas y media, nunca han asumido la responsabilidad de la creación de los refugiados judíos".

Linda Menuhin, quien participó en un panel de testimonios de refugiados judíos, dejó su tierra natal en 1951, como la mayoría de los judíos iraquíes. Le pregunté acerca de sus demandas y de lo que planifican para presentarlas. "No voy a entrar en esos detalles, pero la mayoría estamos exigiendo reconocimiento, el reconocimiento de la existencia de los refugiados judíos, y que tienen unos derechos que les han sido arrebatados".

Y en efecto, la demanda central del WOJAC es el reconocimiento del hecho de que en el curso de las guerras entre judíos y árabes, dos poblaciones huyeron de sus hogares, los árabes de la tierra del Mandato sobre Israel / Palestina y los judíos de las tierras árabes. Por lo tanto, esta huida mutua debe ser considerada como un cambio de facto de población.

La segunda demanda de los que se definen a sí mismos como refugiados judíos, los miembros del WOJAC, es una compensación por las propiedades que tuvieron que ser abandonadas o fueron confiscadas cuando debieron emprender la huida o dejaron sus países.

Uno de los oradores en la conferencia fue Tawfiq Kasav, el jefe de la comunidad judía en Aleppo, Siria, hasta 1989. Les contó a los participantes las terribles experiencias de la comunidad judía de la ciudad, la persecución que sufrió hasta ser aniquilada y como sus bienes fueron abandonados, incluyendo obras de arte y judaica.

"Hay un concepto político que dice que, incluso en el marco de un proceso de paz, hay que hablar de estos temas", dice Tal Dror. "Muchos judíos prominentes que fueron forzados a escapar tuvieron que abandonar un gran número de propiedades. Es por eso que es correcto que ahora aparezca y se hable de ese problema".

Pero es poco probable que cualquiera de los ponentes y participantes, o incluso los invitados que llegaron a escuchar los testimonios de los judíos que huyeron de los países árabes, mantengan en serio la idea de que la reparación económica sea una afirmación realista en el actual y tormentoso Oriente Medio.

La mayoría de los judíos vinieron de la Siria del presidente Bashar al-Assad, de Egipto, que está inmerso en un colapso económico y de Irak, donde una guerra en curso entre sunitas y chiítas siega cientos de vidas cada mes. Los judíos también procedían de Marruecos y de Túnez, donde comenzó la primavera árabe. Pero Túnez también está en medio de una grave crisis económica y lo último que uno podría exigir de sus dirigentes es una compensación por los bienes judíos dejados allí.

Incluso si la demanda de reparaciones se deja colgando en el aire, los judíos que vinieron de las tierras árabes tienen mucho con que consolarse. Hoy Israel, una país que representa la reunión de los exiliados, es un país avanzado y desarrollado.

Silvan Shalom es el ministro israelí de Infraestructuras y de Desarrollo del Negev y la Galilea, y un miembro del gabinete diplomático de seguridad. En su intervención en la conferencia, habló a los participantes acerca de la brecha económica creada entre Israel y sus vecinos. Sus padres emigraron a Israel desde la ciudad portuaria tunecina de Gabes. Durante años, la familia escuchó historias acerca de esa hermosa ciudad. Cuando era ministro de Asuntos Exteriores en 2005, Shalom organizó una delegación israelí a Túnez e incluyó a su madre, una residente en la ciudad meridional israelí de Beer Sheva, para que pudiera ver por sí misma el lugar del que huyó.

Cuando llegó allí, relató Shalom, la decepción fue enorme. La Gabes actual se no parecía en nada a lo que ella recordaba y se imaginaba. "Hace sesenta años, Gabes era una ciudad hermosa y Beersheba era una gris y pequeña ciudad erigida en las arenas del desierto", le comentó ella. Hoy en día, resumió su hijo, el ministro, Beersheba es floreciente y Gabes sigue atrapada en el pasado.

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Wednesday, June 12, 2013

Superland: Racimo no intencionado - Shmuel Rosner - NYTimes



Superland, es un parque de atracciones de Israel y es una territorio de separación. La semana pasada Khaled Shakra, un maestro de escuela árabe israelí, llamó a la recepción del parque para encargar una visita para sus estudiantes árabes. Al principio, la recepcionista propuso tres fechas, pero cuando dijo que la escuela era de Jaffa, una ciudad árabe, se produjo un silencio. Shakra fue puesto en espera y después se le dijo que las fechas que le acababan de ofrecer estaban ocupadas. Una hora más tarde volvió a llamar haciéndose pasar por profesor de una escuela judía y las fechas estaban libres.

En medio de un aluvión de críticas, los gestores de Superland explicaron mansamente que después de haber recibido "solicitudes de los propios colegios judíos y árabes para llevar a cabo eventos y visitas en días separados", ese mes se seleccionaron varios días "para los distintos sectores" [N.P.: luego se supo que también los estudiantes haredim también tenían sus propios días]. Esa respuesta no ayudó demasiado. La ministra de Justicia, Tzipi Livni, pidió una investigación. El comité de la Knesset para la educación, la cultura y el deporte organizó con urgencia una audiencia para el lunes. El ministro de Educación, Shai Piron llamó al profesor árabe israelí para expresarle su consternación. El primer ministro Benjamin Netanyahu condenó "los fenómenos recientes de racismo contra los árabes israelíes".

Pero ¿era realmente el racismo el que motivó la decisión de los gestores del parque? ¿Se anularon fechas para los escolares árabes, así como para los judíos, tal como afirman, y eran asignadas de manera justa? ¿Y si sólo estaban tratando de evitar problemas y tensiones interétnicas si los escolares coincidían, donde estaban sus pretensiones de gestionar correctamente el parque?

En los días en que Superland está abierta a todos, para judíos y árabes, para niños y mayores, cerca del 50% de los visitantes son árabes. Judíos y árabes suelen ir a los parques y a otros lugares públicos sin muchos problemas. Pero en los días designados para las escuelas, la mezcla puede ser una receta para los problemas.

Una profesora israelí describió como resultaban la mayor parte de los viajes escolares a Superland. Los estudiantes judíos israelíes parecían no poder abstenerse de maldecir y provocar a los estudiantes árabe-israelíes. Esto, escribió, "me hizo sospechar que la decisión del parque de alternar los días para separar a los diversos sectores, no estaba exenta de sabiduría práctica". Otro maestro que llamó al Canal 7 de radio dijo que de los jóvenes árabes que iban allí "maldecían, hablaban mal y trataban de empezar peleas". En el mismo programa, otro llegó a la siguiente conclusión: "Tenemos que enfrentarnos a la realidad".

El hecho es que, en una encuesta del 2011, el 62% de los árabes israelíes creían que los judíos eran "una impronta extranjera en el Oriente Medio", y que en otra de 2009, más de la mitad de los judíos de Israel se confesaban "no preparados para tener un vecino árabe". Y ante ese ambiente de desprecio mutuo, de sensibilidades tribales, ante el impacto de los acontecimientos políticos, los jóvenes tienden a ser, bueno, demasiados susceptibles y presas de la incitación. Esta es una triste realidad, pero no se debe a Superland.

El verdadero problema con las prácticas de Superland está en otra parte. Mientras que sus defensores sostienen argumentos razonables, ignoran el impacto de estas en la perpetuación de la intolerancia y la desconfianza entre los israelíes. Se olvidan de que el racismo no es lo único importante, la percepción del racismo también lo es. Incluso si consideramos que las razones de Superland para separar a los niños árabes y judíos no era racista, sino quizás incluso todo lo contrario, la percepción de que podría ser una medida racista condenaba a dichas razones.

Que el Israel oficial reaccionará tan rápidamente es el único consuelo que podemos hallar ante esta situación deprimente.

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Saturday, May 19, 2012

Una historia diferente de desplazamiento y de pérdida. La expulsión de los judíos de los países árabes – Matti Friedman- Times of Israel



El 15 de mayo, mucha gente en el mundo árabe y en otros lugares conmemoran la Nakba o la "Catástrofe", una jornada de duelo por el desplazamiento de árabes palestinos durante la guerra de 1948 con Israel. Este año, como siempre, la conmemoración parece oscurecer al mismo tiempo el colapso de una sociedad árabe diferente que pocos recuerdan.

He pasado una gran cantidad de tiempo durante los últimos cuatro años entrevistando a las personas nacidas y criadas en Alepo, Siria. Algunas de estas personas, la mayoría de los cuales tienen ahora unos ochenta años, son descendientes de familias judías con raíces en Aleppo que se remontan a más de dos milenios, a la época romana. Ninguno de ellos vive allí ahora.

El 30 de noviembre de 1947, un día después de que las Naciones Unidas votaran la partición del Mandato Británico de Palestina en dos estados, uno para los árabes y el otro para los judíos, Alepo entró en erupción. Multitudes de árabes acosaron los barrios judíos, saquearon sus casas e incendiaron las sinagogas. Una de las personas que entrevisté se recordaba huyendo de su casa descalzo, con unos nueve años de edad, momentos antes de que fuera incendiada. Favorecidas por el gobierno sirio, los manifestantes quemaron cerca de cincuenta tiendas judías, cinco escuelas, dieciocho sinagogas y un número indeterminado de viviendas. Al día siguiente, las familias más ricas de la comunidad judía huyeron, y en los meses siguientes, el resto de familias tuvo que huir a escondidas y en pequeños grupos, la mayoría de ellos dirigiéndose al nuevo Estado de Israel. Ellos, además de perder sus propiedades, se enfrentaban a penas de prisión o tortura si eran capturados. Algunos desaparecieron en el camino. Sin embargo, el riesgo parecía valer la pena: en Damasco, la capital, los manifestantes mataron a 13 judíos, entre ellos ocho niños, en agosto de 1948, y hubo eventos similares en otras ciudades árabes.

En el momento de la votación de la ONU, había cerca de 10.000 judíos residiendo en Aleppo. A mediados de la década de 1950 aún residían unos 2.000 judíos que vivían con temor las represalias de las fuerzas de seguridad y de la mafia local. A comienzos de 1990, no residían más que un puñado, y en la actualidad ya no vive ningún judío en Alepo. Estos hechos se repitieron de una manera más o menos similar por todo el mundo islámico. En total, cerca de unos 850.000 judíos se vieron obligados a abandonar sus hogares.

Si hemos de comprender plenamente el conflicto árabe-israelí, es necesario reconocer la memoria de estas personas y de su éxodo, pero no como un arma política, una táctica negociadora o como una baza en una competición sobre quién sufrió más, sino simplemente como la historia sin la cual es imposible entender a Israel y la forma en que el mundo árabe lo ve.

Todo el mundo conoce que los refugiados palestinos forman parte de la ecuación de un posible acuerdo de paz en el Oriente Medio, y cualquiera que esté interesado en ellos podrá visitar un campo de refugiados palestinos y escuchar las historias, reales y desgarradoras, de su sentimiento de expulsión y pérdida. Entre los judíos expulsados ​​por los árabes, por el contrario, podrá encontrar a pocas personas que se consideren a sí mismos como refugiados o se definan por su desposesión. La mayoría son ciudadanos de Israel.

De las veinte familias que vive en mi edificio de apartamentos, una cifra promedio en Jerusalén, la mitad se encuentra en Israel a causa de la expulsión de los judíos que vivían en países árabes, y en gran medida ese promedio es el existente en Israel en su conjunto. Según el demógrafo israelí Sergio Della Pergola, de la Universidad Hebrea, aunque los matrimonios mixtos en dos o tres generaciones han dificultado las estadísticas, se considera que aproximadamente la mitad de los judíos del Israel actual, unos 6 millones de personas, o bien proviene del mundo musulmán o son descendientes de personas que proceden de allí. Muchos árabes y muchos israelíes consideran a Israel un enclave occidental en el Oriente Medio. Sin embargo estos números no apoyan esta opinión.

Estos judíos procedentes de los países árabes han dado forma a Israel y son una fuerza clave en la vida política del país. También hacen muy diferente a Israel de, por ejemplo, la comunidad judía estadounidense, que tiene mayoritariamente sus raíces en Europa. Esta población representa de un pilar de la derecha israelí, en particular, del partido Likud. Esta población mantiene una visión cautelosa acerca de los vecinos de Israel, una visión que se ha visto reforzada por las acciones de los propios palestinos, y que está enraizada en su propia experiencia histórica y en lo que podría considerarse una comprensión instintiva de las crueles realidades de la región.
El legado de su forzado éxodo de los países árabes, aunque ya dejado atrás, es más difícil de detectar, pero también es importante.

En muchos pueblos y ciudades árabes existe un área o barrio donde solían vivir los judíos. En algunas ciudades como en El Cairo, esta zona todavía se llama Harat al-Yahud, el barrio judío. Cuando fui allí hace varios años, me encontré con personas que me pudieron enseñar la ubicación de una sinagoga abandonada y que conocía de nombre. Un hombre que una vez me mostraba todo Fez, en Marruecos, sabía exactamente donde se situaba el antiguo barrio judío, el Mellah,, aunque ya no había judíos por allí y no los había desde hace muchos años. Hay restos de este tipo de barrios en Alepo, Trípoli, Bagdad y otros lugares. Las personas que viven en o alrededor de las casas de sus antiguos vecinos judíos todavía sabían cual era la profesión de sus propietarios y cómo se fueron. Este extinto mundo judío puede que haya sido olvidado en otros lugares, pero millones de personas en el mundo árabe ven la evidencia de su existencia todos los días.

Como ya he señalado esta historia es casi invisible, y es que como sucede a menudo se odian más las cosas o las personas que nos recuerdan algo que no nos gusta de nosotros mismos, y está es una de las dinámicas ocultas del conflicto árabe-israelí. Así se trata de silenciar esa realidad mediante una narrativa simplista de la Nakba, esa que postula que un implante o invasión de extranjeros desplazó a la comunidad nativa árabe en 1948, y que en suma, los árabes palestinos están pagando el precio del Holocausto europeo. Esta narrativa, principalmente diseñada para atraer la mala conciencia occidental, también elimina convenientemente la incómoda verdad de que la mitad de los judíos de Israel no se vieron forzados a vivir allí por los nazis, sino a causa de los propios árabes.

Israel no es una “entidad” tan extraña al Oriente Medio como muchos de sus vecinos árabes pretenden presentarla, y más de una comunidad indígena fue desplazada en 1948. Si muchos en el mundo árabe insisten, como lo hacen cada Día de la Nakba, que Israel es un invasor occidental que debe ser rechazado, esa afirmación pertenece no sólo al ámbito de la política, sino también al de la psicología: ayudando a reprimir el propio (re)conocimiento de que el país que tratan de presentar como ajeno es también el fantasma vengativo de esos otros vecinos judíos (los dhimmi) que fueron gravemente perjudicados.

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