Tuesday, April 03, 2012

¿El partido Laborista?, no el que solía ser - Einat Wilf – Open Zion



En respuesta a las recientes críticas recibidas por Zion Square (ahora Open Zion) por ser una plataforma de tendencia claramente izquierdista, Peter Beinart argumentó que ya esperaba que yo, entre otros, le "impugnaría desde la derecha". Yo, un miembro desde hace mucho tiempo de la izquierda política israelí, fui catalogado como una voz previsible que, desde la derecha, desafiaría a los escritores de izquierdas de Zion Square.

Pero la verdad es que mis planes pasan por tener una voz diferente a esas que en Zion Square se denominan de izquierdas, porque la izquierda a la que pertenezco tiene poco o nada que ver con la que ahí se expresa.

De hecho, esa es la izquierda que dejé atrás, cuando en enero de 2011, junto con Ehud Barak, el entonces presidente del partido Laborista, y otros tres miembros de la Knesset, decidimos crear una nueva facción independiente del Partido Laborista israelí y que tiene como nombre Independencia.

El argumento de que esa ruptura tuvo un motivo ideológico ha sido recibido con burlas. Pero aún así fue ideológico. Todos los miembros que nos fuimos del partido Laborista también abandonamos una de las principales características del partido y de la izquierda israelí: una infinita auto-flagelación. Si se trataba de la continuación del conflicto y de la ausencia de paz, o bien de la mera ausencia de negociaciones y el hecho de que los palestinos aún no tenían un estado, Israel siempre era particular y principalmente el responsable.

Tal vez inspirados por el sentimiento post-colonial y de culpa que arrastra la izquierda mundial, para las mentes de la izquierda israelí los palestinos y los árabes no son responsables de nada. Para ello, su situación ha sido convenientemente descontextualizada. Todo lo que hay y todo lo que ha habido siempre es la "ocupación", surgida de la cabeza de alguna especie de Zeus, despojada de todo contexto histórico y ayuna de cualquier tipo de memoria del perpetuo rechazo árabe y palestino del sionismo y del derecho del pueblo judío a ejercer su libre determinación en la única tierra en la que alguna vez fue soberano.

En una muestra notable de lógica circular, para esta izquierda los palestinos han de ser absueltos de toda responsabilidad por su situación siempre y cuando estén "ocupados". Sin embargo, el contexto histórico de la "ocupación", y su contribución a su realización y permanencia, han sido convenientemente borradas, para así absolver a los palestinos, de aquí a la eternidad, de toda responsabilidad. Eso supone privarles de la dignidad más básica que se otorga a todos los adultos y a todos los pueblos, la expectativa de que sean responsables de sus acciones y de los resultados postreros.

Abatida tras el fracaso de las negociaciones de Camp David en el año 2000, vacía tras la pérdida de la esperanza de una paz próxima, la izquierda israelí, que hasta ese momento encontró un hogar en el Partido Laborista israelí, prefirió matar al mensajero, a Ehud Barak, entonces el Primer Ministro y presidente del partido, en lugar de aceptar que quizás, sólo quizás, el hecho de que los palestinos no lograran poseer su propio estado tenía algo que ver con sus propias acciones y creencias.

El Partido Laborista actual se ha convertido en una sombra de esa vieja y orgullosa tradición sionista del Partido Laborista. El sionismo era un elemento fundamental del anterior partido Laborista y de su antecedente, el Mapai, partidos que nunca se abandonaron al placer de la culpa y la autoflagelación. En su mejor momento, marcaron el espíritu sionista asumiendo la responsabilidad colectiva con un pragmatismo puro y duro, y buscaron la paz sin ningún tipo de ilusiones acerca de nuestros vecinos y de sus intenciones. Tenían la intención de construir y reforzar Israel económica, social y militarmente, reconociendo que la paz sólo puede ser posible cuando los enemigos de Israel acepten que no puede ser sometido por la fuerza.

La persistente negativa a la hora de reconocer que la división en el Partido Laborista es de raíz ideológica, ya representa un evidente síntoma del estado de negación y de la profunda crisis ideológica que atraviesa la izquierda en Israel, ya se trate del sionismo o del conflicto. Como miembros del partido Laborista que nos reunimos con nuestros pares ideológicos, sobre todo europeos, allí ya nos encontramos con partidos que realmente no podían aceptar y digerir las ideas del sionismo laborista.

Embarcado desde hace una década dentro de mi labor política en el área de la política exterior, con frecuencia me reuní con mis colegas socialistas europeos. Como miembro del partido Laborista se suponía que teníamos una proximidad ideológica. Año tras año, esa afinidad se reveló cada vez más incierta. Las clásicas posiciones sionistas que siempre he representado tuvieron una resonancia cada vez menor entre los socialistas europeos. Cualquier intento de argumentar que los árabes y los palestinos son responsables de su destino fue rechazado de plano. Ya fuera en un discurso ante los miembros socialistas del Parlamento Europeo en el 2006, después de la Segunda Guerra del Líbano, o en numerosas reuniones con las delegaciones de los partidos socialistas europeos, mis palabras únicamente resonaban en la sala y entre los presentes si yo estaba dispuesto a ofrecer las requeridas libras de carne de Israel y participaba, junto a ellos, en las habituales exposiciones autoflageladoras antioccidentales.

En una visita al Parlamento Europeo durante otra discusión sobre el conflicto, este cambio fue visualmente impactante. En el semicírculo de la sala, sentados de derecha a izquierda según su posicionamiento político - y según su empatía más a menos favorable a Israel y a las posiciones sionistas -, inclusive los miembros centristas se expresaron de acuerdo con la zona derecha del semicírculo del Parlamento Europeo - la favorable a Israel y que ocupaban los parlamentarios de la derecha -. Mientras tanto, cuando el discurso provenía de la zona de la izquierda del semicírculo, se convirtió cada vez más en un posicionamiento antisionista y casi antisemita.

Parecía como si al expresar las ideas sionistas más básicas del derecho del pueblo judío a su propio estado, su conexión histórica con la Tierra de Israel y la existencia de responsabilidades por parte de los líderes árabes y palestinos sobre la situación actual, solamente encontraba resonancia entre la derecha europea. Parece ser que para la izquierda europea, y para los miembros del nuevo partido Laborista israelí, o bien dejas de ser sionista o bien abandonas el partido para seguir siendo sionista. La mera insistencia en el sionismo, en la justicia de la causa de la autodeterminación de los judíos, en su vinculación con la Tierra de Israel, en la legitimidad de la reclamación judía de soberanía en al menos una parte de la Tierra de Israel, se ha politizado de tal manera que solo puede ubicarse prácticamente dentro de la política mundial en el ámbito ideológico de la derecha.

Labels: ,

Saturday, June 25, 2011

El declive del Partido Laborista israelí – Efraim Inbar – Besa



(En Jewish Ideas Daily acaba de aparecer un buen artículo de Elliot Jager sobre el posible final del Partido Laborista israelí. Aunque más actualizado obviamente en lo referente a los sucesos actuales, no identifica y enumera de una manera tan clara los males que aquejan a dicha formación como este artículo del 2009 de Efraim Inbar)


El resultado más notable de las elecciones de 2009 fue la aparición de un mapa político israelí donde los tres principales partidos en la Knesset son el Likud (27 escaños) y dos de sus vástagos: Kadima (28) e Israel Beiteinu (15). Es decir, casi 70 diputados proceden de partidos encabezados por políticos o ex políticos del Likud, mientras que una clara mayoría de 65 escaños están asegurados para el bloque conservador. A causa de ello, Benjamin Netanyahu fue el ganador de las elecciones y candidato a primer ministro.

Incluso muchos israelíes de izquierda que querían impedir el éxito de Netanyahu - tan demonizado por sus medias -, emitieron su voto por Kadima en lugar de fortalecer al Partido Laborista. De hecho, el antiguo partido hegemónico del sistema político israelí, el Partido Laborista de Israel, terminó en el 2009 colocado en la cuarta posición con unos magros 13 escaños en la Knesset. Al Meretz, situado a la izquierda del Partido Laborista, le fue aún peor pues apenas obtuvo tres escaños en la Knesset. El espíritu de esta época en Israel es claramente conservador. Pero este ha sido el caso durante ya cierto tiempo. Así, las elecciones de 2009 han sido para ciertos analistas políticos la culminación de un proceso histórico de decadencia iniciado con la agitación política de 1977, cuando los laboristas perdieron por primera vez las elecciones frente al Likud. Fue el primer anunció de una gradual decadencia y marginación del Partido Laborista.

Quizás la razón principal de ello es el hecho de que el Partido Laborista ha perdido su activo político más importante: su identificación con el establecimiento y la construcción del Estado de Israel. Las dos actividades principales en este esfuerzo, el servicio militar y la colonización de la Tierra de Israel, fueron decayendo poco a poco entre los partidario del Partido Laborista.

Hubo un tiempo en el que los miembros de los kibbutz estaban desproporcionadamente sobrerrepresentados en las filas del IDF. Esto ya no es así. La composición social de los asistentes a los cursos de oficiales en las fuerzas terrestres en febrero de 2009 es representativa de los últimos años. Un 19% de los graduados se definen como ortodoxos modernos. Un alto funcionario lo ha llamado "los nuevos kibbutzim".

Del mismo modo, la actividad de colonización intensiva bajo la dirección de los gobiernos laboristas terminó básicamente en 1977, dejando la creación y expansión de los asentamientos y kibbutz dentro y fuera de la Línea Verde a otros elementos de la sociedad israelí.

El ejército sigue siendo la institución más respetada en Israel. La mayoría de los israelíes, aunque preparados para una división del territorio, consideran el asentamiento en la Tierra de Israel como un importante valor sionista. El Partido Laborista, estúpidamente, ha permitido por dejación que círculos ortodoxos modernos y derechistas adoptaran y enarbolaran importantes símbolos nacionales, algunos de los cuales estuvieron anteriormente claramente asociados con el partido que fundó el Estado.

Otro importante símbolo sionista abandonado por los laboristas es el “Jerusalén unificado” por vez primera en 1967 bajo el reinado del Partido Laborista. Las recientes elecciones también trataron del deseo de mantener un Jerusalén unificado bajo la soberanía de Israel. La disposición del líder del Partido Laborista Ehud Barak a dividir Jerusalén en la cumbre de Camp David del 2000, sorprendió a muchos israelíes. Como cuestión de hecho, más de dos tercios de los israelíes se oponen a cualquier división de la ciudad y se manifiestan dispuestos a afrontar los conflictos armados con los palestinos con el fin de mantener ese status quo. Es una locura política el subestimar el gran atractivo de Jerusalén para la mayoría de los judíos.

Por otra parte, los dirigentes sindicales, en particular sus grados más jóvenes, poco a poco se han alejado de la tradición judeo-sionista y han comenzando a coquetear con una cultura cosmopolita y de valores individualistas, basada sobre todo en los derechos humanos y la democracia. Si bien existe un consenso nacional acerca de la supremacía de la ley en una sociedad democrática, la Corte Suprema de Justicia bajo la dirección de su ex presidente Aharon Barak, ha adoptado una postura muy activa que no ha sido muy apreciada por los elementos más conservadores de la sociedad israelí. Siendo así que la Corte Suprema se ha convertido en una especie de “templo de los laicos".

Los laboristas y otros partidos de la izquierda dentro de su órbita han adoptado gradualmente un discurso que favorece el individualismo y la búsqueda de los derechos individuales en detrimento de la ética colectivista que una vez fue predominante en ellos, la cual aún sigue estando en la memoria de mucha gente.

Por otra parte, los fundamentos y la herencia socialista del Partido Laborista de Israel se han visto ahogados, incluso aplastados, por la élite empresarial y económica de Israel. El Partido Laborista se ha convertido en el partido de los ricos y de la gente acomodada. El entorno laborista del viejo estilo de Rabin y de los "nuevos ricos" de Ehud Barak se ha llenado de capitalistas exitosos. Y por lo tanto, las clases más desfavorecidas de Israel ya no ven al Partido Laborista como su tutor dentro de la política israelí. En ese papel han sido reemplazados por los partidos de la derecha israelí y por las comunidades religiosas.

Resumiendo, el Partido Laborista abandonó la ideología colectivista, se distanció de los valores tradicionales judíos y desechó el socialismo. Paralelamente a esto, el Partido Laborista se ha desplazado hacia la izquierda del centro en cuestiones de guerra y paz tras dejando desocupado el centro del escenario al Likud. Además, el Partido Laborista se asoció con el "proceso de paz" que comenzó con el inicio de los acuerdos de Oslo. Sin embargo, dicho proceso de Oslo estaba plagado de incertidumbres y ha descarrilado eventualmente. Este ha sido al menos el veredicto desde hace varios años de la mayoría de los israelíes, incluso de aquellos que en un principio apoyaron esa audaz experiencia diplomática.

El denominado "campo de la paz" en la política israelí ha sido ampliamente desacreditado. Los resultados en las elecciones del 2003, 2006 y 2009 reflejan esa deducción. La sociedad en general estaba dispuesta a dar una oportunidad a la paz, pero poco a poco fueron perdiendo y retirando su apoyo al proceso tras ver como transcurría. Al mismo tiempo, muchas palomas mesiánicas (una especie casi extinta en Israel) prefieren ahora emitir sus votos por los partidos de la extrema izquierda [N.P.: Radicalmente post-sionistas, una parte ha comprado la denominada narrativa palestina, mientras que la otra, aún reconociendo - aunque no de cara al exterior - las pocas opciones que brindan los palestinos y poniendo por encima de todo conseguir la paz como sea y a cualquier precio, no dudan en exigir que Israel haga todo el esfuerzo].

En realidad, Ehud Barak cayó totalmente en desgracia ante esas mismas acríticas y mesíanicas palomas cuando en el año 2001 acuñó la frase de que "no existen socios" para la paz del lado palestino (ello vino tras el fracaso de la cumbre de Camp David en el 2000, hecho que destruyó la mayoría de las ilusiones sobre la capacidad del movimiento nacional palestino de convertirse en un socio en el proceso de paz).

Finalmente, el Partido Laborista no logró permanecer en sincronía con los cambios demográficos en Israel. Poco a poco, la población sefardí de Israel, que ahora es la minoría mayoritaria, ha demostrado una tendencia a votar en gran número a favor de los partidos opuestos al Laborista. El cuadro demográfico cambió nuevamente y de manera muy significativa después de la inmigración rusa de la década de 1990. Los inmigrantes de la ex Unión Soviética han mostrado una preferencia por los partidos de la derecha (quizás herencia de su pasado comunista). Los votantes laboristas, actualmente, están compuestos principalmente por ashkenazis, personas mayores y gente de clase alta o medianamente acomodada. Además, los laboristas se han puesto a coquetear cada vez más con la comunidad árabe de Israel para ganar votos adicionales. No obstante, vincularse con el voto árabe no supone dotarse de la mejor imagen dentro de la opinión pública judía israelí. Irónicamente, los ciudadanos árabes se abstuvieron de votar a los laboristas, ya que en buena parte apoyaron el uso de la fuerza contra el terrorismo palestino.

En consecuencia, el Partido Laborista del 2009 es un partido con un pasado glorioso pero con un futuro muy oscuro.

Labels: ,

Wednesday, January 26, 2011

La autodestrucción del Partido Laborista – Barry Rubin – Rubin Reports


Huyendo de Avoda

Estamos ante un momento crucial en la historia política israelí. El Partido Laborista, el fundador de la organización política del Estado, el que gobernó el país durante sus primeros 29 años y fue un miembro perenne de las coaliciones de gobierno, se ha dividido como un falafel cocido, es decir, muy desordenadamente.

El ministro de Defensa y líder del Partido Laborista, Ehud Barak, ha dividido al partido y, junto con otros cuatro miembros del parlamento, ha formado un nuevo partido, Atzmaout. De estos cuatro - el viceministro de Defensa Matan Vilnai; Einat Wilf, subsecretario del Ministerio de Industria, Comercio y Trabajo; Orit Noked y el ministro de Agricultura Shalom Simchon - sólo Vilnai, es una figura importante por su distinguida carrera militar. Así que el nuevo partido será visto como el partido personal de Barak.

Los otros ocho diputados restantes permanecerán en el Partido Laborista en la oposición. Son, por decir algo, un poco de todo. Isaac Herzog y Avishay Braverman representan a los más yuppies, al sector sofisticado del partido. Se ven a sí mismos como los salvadores de Partido Laborusta devolviéndole una orientación más socialista. De hecho, sin embargo, ellos mismos están alejados de la tradición del partido y no son necesariamente unos grandes políticos. Es otro ejemplo de esa extraña transformación de los partidos de la izquierda que ahora están orientados hacia la clase media-alta de la élite.

Además están emparejados con dos tipos totalmente diferentes de personas, Binyamin Ben-Eliezer y Amir Peretz, ambos líderes del partido en el pasado. Peretz, trató de girar al partido hacia a la izquierda sobre todo en las cuestiones sociales (él mismo fue un dirigente del principal sindicato de trabajadores) y estuvo cerca de convertirse en el hazmerreír en materia de seguridad (fue ministro de Defensa en la Segunda Guerra del Líbano).

Estas cuatro personas podrían contender por el liderazgo del partido y sufrir un considerable desgaste en el empeño. No es probable que ninguno de ellos surja como un político muy popular y ninguno de ellos - a pesar de la carrera militar de Ben-Eliezer - es creíble en materia de seguridad nacional.

El cuarteto restante lo componen Shelly Yachimovich, una periodista de izquierdas; Eitan Cabel, cuyo principal interés son las cuestiones culturales y ambientales; Daniel Ben-Simon, otro ex periodista, y Raleb Majadele, el primer árabe en tener un cargo ministerial, pero ninguno tiene nivel para sorprender a los votantes.

Mirando por encima esta lista de miembros del Partido Laborista en la Knesset, uno se sorprende del poco talento existente en comparación con el pasado.

Y aquí está la paradoja del Partido Laborista. La facción anti-Barak puede criticar que Barak actúa de manera demasiado parecida a la del Likud, pero los partidarios de Barak les pueden devolver la acusación fácilmente, y con un poco más de precisión, diciendo que no hay nada que distinga a sus rivales del Meretz, un partido situado en las proximidades de la extrema izquierda.

En resumen, el Partido Laborista es peor ahora de lo que era antes de la división, y esto podría representar el golpe final al partido como fuerza política de primer orden en Israel.

¿Pero por qué sucedió todo esto y qué significa? Para empezar, no se trata solamente de mantenerse en el gobierno o situarse en la oposición. Un montón de cuestiones han contribuido a esta explosión:
1.- Barak fue un mal líder. La gente ha estado hablando de esto durante una década. Siempre fue una persona con la que fue difícil llevarse bien. Como muchos ex generales que acaban en la política prefieren dar órdenes a construir coaliciones. La gente del partido ha sido muy infeliz durante mucho tiempo.

2.- El partido ha estado en serios problemas. Cuando el partido comenzaba el declive, todo el mundo culpaba a los demás y el cabreo estaba a la vista, los votos y los escaños iban disminuyendo. Los experimentos con otros líderes a parte de Barak fueron catastróficos, un izquierdista ingenuo, Amran Mitzna, y uno espectacularmente incompetente, Amir Peretz, para decirlo brevemente.

3.- Se ha asistido a un acalorado debate sobre donde debe posicionarse el partido estratégicamente. ¿Se trata de mantener el clientelismo y la estancia en el poder de algunos, formando parte del gobierno, o de reafirmarse en la oposición? En otras palabras, perder aún más votantes por aparecer como irrelevantes (en la oposición) o parecer un cliente del partido gobernante, el Likud

4.- Cómo posicionarse en términos de política. ¿Es cuestión de moverse hacia la izquierda, en la creencia de que ahora existe un vacío que rellenar en ese espacio? ¿O deben pegarse al consenso centrista, creyendo que es ahí lo que desea la nación?

5. – Las ambiciones individuales. Barak y los otros cuatro ministros quieren mantenerse en sus carteras. Herzog, Braverman, Ben-Eliezer y Peretz verse a si mismos como los líderes del partido. ¿Qué debe hacer ahora el Partido Laborista? Puede permanecer independiente y convertirse en un partido de tamaño medio o tratar de formar una gran coalición de la izquierda.
El problema con esta última estrategia es que la izquierda no tiene buenas alternativas en la actualidad debido en gran parte a que los palestinos y los sirios no "cooperan" con su deseo de hacer la paz. Esto significa que la plataforma de la izquierda hablar constantemente de lo mucho que desea una solución de dos Estados y ofrece continuamente más concesiones unilaterales.

Pero eso no es todo. El socio más probable, el Meretz, tiene solamente tres escaños y se ha estado moviendo aún más a la izquierda, acercándose al ámbito del Partido Comunista (post-sionista y partidario de un Estado de los ciudadanos, abandonando el carácter judío del Estado). Un partido de izquierdas unificado tendría suerte si recogiera un 10% de los votos, y es que lo más probable es que los votantes del Partido Laborista huirían hacía un centro-izquierda que ahora monopolizaría Kadima, hacia donde muchos ya han desertado.

¿Quién es el gran ganador? Paradójicamente, Bibi Netanyahu, el Primer Ministro. Aunque tiene menos apoyo numéricamente en el parlamento, aún tiene una cómoda mayoría. Barak depende totalmente de él. Por supuesto, Barak es un ganador en supervivencia, como era su intención.

El principal partido de la oposición, Kadima, podrían beneficiarse al recoger los votantes del Partido Laborista. Pero la líder de Kadima, Tsippi Livni, realmente es otro Barak, un líder impopular con muy pocas realizaciones como jefa de la oposición. Kadima tendrá su propia batalla por el liderazgo en el futuro. Un lector podría preguntarse, tras leer este artículo, si el único problema de importancia en la política israelí es la cuestión palestina. En absoluto, no estoy diciendo eso. La gente que se ha separado no está satisfecho con algunas de las políticas en temas nacionales y presupuestarios, aunque esos no sean los factores determinantes.

La cuestión principal no es la cuestión palestina, sino la lucha por el liderazgo y la cuestión de cuál debe ser la orientación en el futuro a fin de que el partido pueda sobrevivir (y aumente su relevancia). Barak estaba a favor de una orientación centrista para competir con Kadima; los que desean que gire hacia la izquierda creen que así recuperaría sus raíces históricas y a sus votantes tradicionales.

Uno podría sugerir que ambos están equivocados, sin duda en la actualidad. No existe una gran demanda electoral que exija una política de orientación izquierdista, pero también hoy en día les resultaría muy difícil competir por el centro con Kadima. Mi opinión es que la posición de Barak es la más correcta: que el Partido Laborista podría haberse mantenido a la espera de que estalle una crisis de liderazgo en Kadima y comience a dividirse, o bien que aumente el descontento con el mediocre liderazgo de Livni. En todo caso, el colapso del Partido Laborista ayudará a prolongar la vida de Kadima y tal vez del liderazgo de Livni.

Fuera de Israel no entienden que la política de Israel no funciona hoy en día en base de la ideología o de la personalidad de los líderes, sino que es la respuesta a un medio ambiente regional donde no existen alternativas realistas para su transformación (Al mismo tiempo, no hay temas candentes y urgentes a nivel político, social o económico).

Los israelíes han aprendido lecciones muy importantes durante el proceso de paz de la década de 1990. Descubrieron que los palestinos y Siria no estaban interesados en la paz, que los islamistas quieren borrar a Israel del mapa, y que los aliados occidentales no son necesariamente confiables. La fórmula de la izquierda, algo que incluso Barak llegó a entender, no funcionó. El optimismo a ultranza no es un sustituto para el realismo.

No hay absolutamente nada en el horizonte, a pesar de la gran cantidad de ilusiones desplegadas por los medios de comunicación y el establishment político occidental para cambiar eso. Por otra parte, el gobierno de Netanyahu ha realizado un buen trabajo a la hora de manejar esos asuntos, incluido el mantenimiento de unas buenas relaciones con la Administración Obama. Mientras tanto, la economía de Israel está haciéndolo muy bien.

Eso no quiere decir que no haya problemas. Pero no son graves problemas, ni las alternativas son tan obvias o atractivas, ni los otros candidatos al liderazgo tan atractivos como para provocar un cambio. Apuesten que Netanyahu ganará un nuevo mandato para el cargo, probablemente este año.

Labels: ,

Friday, January 21, 2011

Los frutos del Partido Laborista - Benny Morris - National Interest



El rechazo por parte de Yasser Arafat de una solución de dos Estados en julio y diciembre del 2.000, y el posterior rechazo por parte de Mahmoud Abbas de un conjunto casi idéntico de propuestas de compromiso formuladas por Israel (Ehud Olmert) ocho años después, han provocado que el partido Laborista regrese definitivamente a casa para descansar: el Partido Laborista de Israel ya no es más lo que fue.

Este es el significado del abandono por parte de Ehud Barak, junto con otros cuatro diputados de la Knesset, del partido que lideró el movimiento sionista a través de las décadas de 1930 y 1940 hacia la estatalidad, y, a continuación, gobernó Israel hasta 1977.

La desaparición del partido Laborista (Avoda) comenzó con la mayoría de edad de la primera generación de sefardíes nacidos en Israel, los hijos de aquellas familias judías que llegaron a Israel procedentes del mundo árabe en los años 1950 y 1960. Muy críticos con el mundo árabe de donde habían venido, y que siempre les trato como ciudadanos de segunda clase, y resentidos con el establishment ashkenazi que les "mal absorbió" al Estado judío, descargaron su frustración y su ira inclinándose políticamente hacia la derecha de línea dura, votando al perenne outsider y líder del Likud Menachem Begin, llevándolo al poder.

La demografía y la historia habían colaborado a la hora de pergeñar la primera derrota de los laboristas. Pero posteriormente consiguieron recuperarse y volver dos veces más al poder. Compartieron el poder con el Likud a mediados de la década de 1980, y en 1992 y nuevamente en 1999, respectivamente, Yitzhak Rabin y Ehud Barak llegaron de nuevo a la jefatura del gobierno con el aliciente de la promesa de la paz: los Laboristas podrían hacer la paz y poner fin al conflicto con la palestinos.

Los votantes dieron a los Laboristas estas dos oportunidades. Pero ni el proceso de Oslo (en la década de 1990), con Rabin y Shimon Peres, ni la cumbre de Camp David (en 2000), ya con Barak, entregaron a los israelíes y a los palestinos esas brillantes alturas donde se engendra la felicidad política real.

Se puede argumentar - muchos lo hicieron en el momento, y posteriormente - sobre quién fue más culpable del fracaso del Proceso de Oslo: si Arafat, por no frenar, o incluso alentar secretamente a los terroristas suicidas de Hamas (y de Fatah), o Rabin y Peres, por moverse demasiado lentamente y por no cumplir con los plazos específicos.

Sin embargo, no puede existir ningún tipo de duda razonable sobre lo que ocurrió en julio y diciembre de 2000, cuando Arafat rechazó secuencialmente las propuestas israelíes y estadounidenses para una solución integral de dos Estados que hubiera dado a los palestinos ("los parámetros de Clinton") la soberanía e independencia en el 95% de Cisjordania, toda la Franja de Gaza, y la mitad de Jerusalén (incluyendo la mitad o tres cuartas partes de la Ciudad Vieja). Y tampoco puede existir ningún tipo de duda o argumento razonable que justifique el rechazo por parte de Abbas de una oferta similar, quizás incluso aún mejor, ofrecida por el primer ministro israelí Ehud Olmert en el 2008. (De hecho, estos ejemplos del rechazo palestino de una solución de dos Estados solamente ejemplifican una tradición inamovible: los líderes palestinos han rechazado compromisos para crear dos estados en 1937 (la propuesta Peel), en 1947 (la Resolución de Partición de la Asamblea General de Naciones Unidas), e, implícitamente, cuando en el 1978 Arafat rechazó el acuerdo Sadat-Begin en Camp David que preveía una "autonomía inicial" en los territorios palestinos).

En la primera década de este tercer milenio, los palestinos - Arafat, Abbas y, por supuesto, los fundamentalistas antisemitas de Hamas) - rechazan nuevamente no tanto una serie de propuestas como una idea, un principio, la solución de dos Estados. Ellos solamente querrían toda Palestina, y que ninguna pulgada de ella fuera para los judíos.

Y fue este rechazo el que destruyó al Partido Laborista de Israel, quien perdió, y a lo grande, en todas las elecciones generales que siguieron a Camp David. En el 2000, el electorado israelí, de manera sombría, llegó a la conclusión de que no existía un "socio para la paz" del lado palestino, y que éstos nunca, y de una manera firme, aceptarían la existencia de un Estado judío en cualquier parte de Palestina. Y eso que representaba el partido Laborista, una solución de dos Estados, se convirtió era una triste ilusión.

Así fue como los electores votaron a favor de la derecha dura, de la derecha más suave, a varios partidos de Dios (anti-sionistas y ultra-sionistas), a un partido de los pensionistas y al grupo de centro de Ariel Sharon, Ehud Olmert y Tzipi Livni, dejando en todo caso de lado a los Laboristas y a sus conciliadores afiliados. El electorado se había desplazado, quizás irremediablemente, hacia la derecha.

Actualmente, el partido Laborista se ha quedado abandonado con cuatro o cinco miembros en la Knesset (en una cámara de 120 escaños), sin ninguna plataforma, sin ningún líder claro, sin futuro.

En los próximos años, los palestinos (y sin duda también los israelíes) van a pagar, y pagarán claro, por la falta de voluntad de los palestinos a la hora de compartir Palestina.

Labels: , ,