¿El partido Laborista?, no el que solía ser - Einat Wilf – Open Zion
En respuesta a las recientes críticas recibidas por Zion Square (ahora Open Zion) por ser una plataforma de tendencia claramente izquierdista, Peter Beinart argumentó que ya esperaba que yo, entre otros, le "impugnaría desde la derecha". Yo, un miembro desde hace mucho tiempo de la izquierda política israelí, fui catalogado como una voz previsible que, desde la derecha, desafiaría a los escritores de izquierdas de Zion Square.
Pero la verdad es que mis planes pasan por tener una voz diferente a esas que en Zion Square se denominan de izquierdas, porque la izquierda a la que pertenezco tiene poco o nada que ver con la que ahí se expresa.
De hecho, esa es la izquierda que dejé atrás, cuando en enero de 2011, junto con Ehud Barak, el entonces presidente del partido Laborista, y otros tres miembros de la Knesset, decidimos crear una nueva facción independiente del Partido Laborista israelí y que tiene como nombre Independencia.
El argumento de que esa ruptura tuvo un motivo ideológico ha sido recibido con burlas. Pero aún así fue ideológico. Todos los miembros que nos fuimos del partido Laborista también abandonamos una de las principales características del partido y de la izquierda israelí: una infinita auto-flagelación. Si se trataba de la continuación del conflicto y de la ausencia de paz, o bien de la mera ausencia de negociaciones y el hecho de que los palestinos aún no tenían un estado, Israel siempre era particular y principalmente el responsable.
Tal vez inspirados por el sentimiento post-colonial y de culpa que arrastra la izquierda mundial, para las mentes de la izquierda israelí los palestinos y los árabes no son responsables de nada. Para ello, su situación ha sido convenientemente descontextualizada. Todo lo que hay y todo lo que ha habido siempre es la "ocupación", surgida de la cabeza de alguna especie de Zeus, despojada de todo contexto histórico y ayuna de cualquier tipo de memoria del perpetuo rechazo árabe y palestino del sionismo y del derecho del pueblo judío a ejercer su libre determinación en la única tierra en la que alguna vez fue soberano.
En una muestra notable de lógica circular, para esta izquierda los palestinos han de ser absueltos de toda responsabilidad por su situación siempre y cuando estén "ocupados". Sin embargo, el contexto histórico de la "ocupación", y su contribución a su realización y permanencia, han sido convenientemente borradas, para así absolver a los palestinos, de aquí a la eternidad, de toda responsabilidad. Eso supone privarles de la dignidad más básica que se otorga a todos los adultos y a todos los pueblos, la expectativa de que sean responsables de sus acciones y de los resultados postreros.
Abatida tras el fracaso de las negociaciones de Camp David en el año 2000, vacía tras la pérdida de la esperanza de una paz próxima, la izquierda israelí, que hasta ese momento encontró un hogar en el Partido Laborista israelí, prefirió matar al mensajero, a Ehud Barak, entonces el Primer Ministro y presidente del partido, en lugar de aceptar que quizás, sólo quizás, el hecho de que los palestinos no lograran poseer su propio estado tenía algo que ver con sus propias acciones y creencias.
El Partido Laborista actual se ha convertido en una sombra de esa vieja y orgullosa tradición sionista del Partido Laborista. El sionismo era un elemento fundamental del anterior partido Laborista y de su antecedente, el Mapai, partidos que nunca se abandonaron al placer de la culpa y la autoflagelación. En su mejor momento, marcaron el espíritu sionista asumiendo la responsabilidad colectiva con un pragmatismo puro y duro, y buscaron la paz sin ningún tipo de ilusiones acerca de nuestros vecinos y de sus intenciones. Tenían la intención de construir y reforzar Israel económica, social y militarmente, reconociendo que la paz sólo puede ser posible cuando los enemigos de Israel acepten que no puede ser sometido por la fuerza.
La persistente negativa a la hora de reconocer que la división en el Partido Laborista es de raíz ideológica, ya representa un evidente síntoma del estado de negación y de la profunda crisis ideológica que atraviesa la izquierda en Israel, ya se trate del sionismo o del conflicto. Como miembros del partido Laborista que nos reunimos con nuestros pares ideológicos, sobre todo europeos, allí ya nos encontramos con partidos que realmente no podían aceptar y digerir las ideas del sionismo laborista.
Embarcado desde hace una década dentro de mi labor política en el área de la política exterior, con frecuencia me reuní con mis colegas socialistas europeos. Como miembro del partido Laborista se suponía que teníamos una proximidad ideológica. Año tras año, esa afinidad se reveló cada vez más incierta. Las clásicas posiciones sionistas que siempre he representado tuvieron una resonancia cada vez menor entre los socialistas europeos. Cualquier intento de argumentar que los árabes y los palestinos son responsables de su destino fue rechazado de plano. Ya fuera en un discurso ante los miembros socialistas del Parlamento Europeo en el 2006, después de la Segunda Guerra del Líbano, o en numerosas reuniones con las delegaciones de los partidos socialistas europeos, mis palabras únicamente resonaban en la sala y entre los presentes si yo estaba dispuesto a ofrecer las requeridas libras de carne de Israel y participaba, junto a ellos, en las habituales exposiciones autoflageladoras antioccidentales.
En una visita al Parlamento Europeo durante otra discusión sobre el conflicto, este cambio fue visualmente impactante. En el semicírculo de la sala, sentados de derecha a izquierda según su posicionamiento político - y según su empatía más a menos favorable a Israel y a las posiciones sionistas -, inclusive los miembros centristas se expresaron de acuerdo con la zona derecha del semicírculo del Parlamento Europeo - la favorable a Israel y que ocupaban los parlamentarios de la derecha -. Mientras tanto, cuando el discurso provenía de la zona de la izquierda del semicírculo, se convirtió cada vez más en un posicionamiento antisionista y casi antisemita.
Parecía como si al expresar las ideas sionistas más básicas del derecho del pueblo judío a su propio estado, su conexión histórica con la Tierra de Israel y la existencia de responsabilidades por parte de los líderes árabes y palestinos sobre la situación actual, solamente encontraba resonancia entre la derecha europea. Parece ser que para la izquierda europea, y para los miembros del nuevo partido Laborista israelí, o bien dejas de ser sionista o bien abandonas el partido para seguir siendo sionista. La mera insistencia en el sionismo, en la justicia de la causa de la autodeterminación de los judíos, en su vinculación con la Tierra de Israel, en la legitimidad de la reclamación judía de soberanía en al menos una parte de la Tierra de Israel, se ha politizado de tal manera que solo puede ubicarse prácticamente dentro de la política mundial en el ámbito ideológico de la derecha.
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