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Artículo muy polémico, por lo que no me extraña los numerosos comentarios suscitados en Tablet. Un apunte, no soy contrario al aborto, me parece que resulta obvio, al menos en España, que en la gran mayoría de los casos se utiliza como último método anticonceptivo, y que los supuestos justificantes originales son minoritarios. Por eso, en vista de que la reivindicada y muy actual "autodeterminación corporal" no ha dado lugar a su ejercicio responsable, sino más bien a todo lo contrario - si valoramos la mayor información sexual, el libre acceso a los métodos anticonceptivos, una sociedad que dice más adulta e informada, y a pesar de todo esto, el número cada vez mayor de abortos -, peor sería, ante esta ausencia de responsabilidad, que se cargará con los frutos no deseados)
Después de que un tribunal alemán criminalizara la circuncisión infantil como "
lesiones graves" en una sentencia el pasado 26 de junio, los judíos, así como los musulmanes y los cristianos, protestaron para convencer al gobierno del país para que presentara una legislación que protegiera una de las prácticas rituales judías más importantes.
La respuesta de la canciller Angela Merkel a las preocupaciones judías fue afectuosa, incluyendo su declaración del 17 de julio en la que afirmaba que la prohibición de la circuncisión podría convertir a Alemania "
en el hazmerreír de las naciones". Sin embargo, estas medidas marcan una tregua en lugar de una victoria para las comunidades judías de Europa.
Incluso si el gobierno alemán aprueba una ley para proteger la circuncisión sobre la base de la libertad religiosa, la decisión de la corte de Colonia ha dejado al genio fuera de la botella: una campaña concertada para expulsar lo sagrado de la vida pública europea.
Merkel cuenta con el respaldo de los dirigentes de todos los partidos políticos del país, pero su defensa de la circuncisión cosechó una oleada de críticas de parte de las asociaciones médicas alemanas y las organizaciones que promueven el bienestar infantil. La Sociedad Protectora del Niño alemana denunció el ritual como "
un cheque en blanco para el abuso de menores por motivos religiosos". El responsable de la Academia Alemana de Medicina y Pediatría, Wolfram Hartmann, advirtió el 17 de julio en respuesta a la declaración de Merkel, que la “
circuncisión causa una lesión corporal y espiritual (sic) para toda la vida”. Dos días más tarde, un portavoz de la Asociación Humanista de Alemania desestimó la circuncisión como "
una reliquia de tiempos pasados", y exigió a los judíos que relegaran esa práctica al basurero de la historia, junto con el castigo corporal de los niños. Una carta abierta firmada por seiscientos médicos y abogados alemanes y dirigida a la canciller Merkel
proclamaba que "
la libertad religiosa no puede ser una carta blanca para la violencia", y afirmaba que la circuncisión violaba el derecho "
de los niños a su integridad física y sexual, y a su autodeterminación".
Es difícil recordar un problema que haya provocado tanta furia dentro de la sociedad civil alemana en los últimos años. Y está lejos de terminar. El efecto del fallo de la corte de Colonia ya se puede sentir más allá de las fronteras de Alemania, imitando la prohibición del
brit milá en los países vecinos, entre ellos Suiza y Austria. El 23 de julio, dos hospitales suizos anunciaron que se abstendrían de realizar circuncisiones porque estaban "
evaluando la actitud ética y legal en Suiza", dijo un portavoz de un hospital de Zúrich. Un día después, el director ejecutivo de los hospitales regionales de la provincia austriaca de Vorarlberg, Markus Wallner, les avisó para que se abstuvieran de realizar circuncisiones por razones religiosas "
hasta que la situación jurídica se haya aclarado" tras la decisión de la corte de Colonia. (Wallner se retractó una semana más tarde, después de que el ministro de Justicia de Austria declarara que los padres no podrían ser encausados por circuncidar a sus hijos).
El escándalo sobre la circuncisión apenas oculta un rechazo al concepto de lo sagrado bajo todas sus formas. El tribunal alemán sustituye la creencia judía y cristiana sobre la santidad de la vida humana y del cuerpo humano por un concepto perverso de los derechos derivado de la propiedad corporal. En este nuevo mundo, sería legal llevar a una abuela a un hospital de
Zurich para que le practicaran la eutanasia, pero estaría castigado penalmente que un niño recién nacido fuera circuncidado.
Y es doblemente perverso porque Occidente aprendió la practica de los derechos humanos, y en particular los derechos de los recién nacidos, de los judíos. Desterrar la fuente de esos derechos y la noción de los derechos puede convertirse eventualmente en una amarga burla.
Cabe destacar que la reciente ola de ataques contra la circuncisión se produjo después de que los líderes de todos los partidos políticos alemanes, así como todas las asociaciones religiosas convencionales, expresaran su apoyo a la circuncisión infantil como una cuestión de libertad religiosa. Los obispos católicos de Alemania denunciaron la prohibición de la corte de Colonia como "
un ataque a la libertad religiosa", y declaró su "
solidaridad con los judíos", mientras que la Iglesia Evangélica Alemana sostenía que el derecho de los padres a educar a los niños en su comunidad religiosa debe prevalecer sobre la preocupación de la Corte acerca de los supuestos derechos de los niños recién nacidos.
Jonathan Sacks, el gran rabino de Gran Bretaña, escribió que la cuestión de los derechos del recién nacido era un pretexto para el resurgimiento del antisemitismo:
Desde Hiroshima y el Holocausto, la ciencia ya no tiene su lugar prístino como depositaria de la más alta autoridad moral. Su lugar lo toman ahora los derechos humanos. De ello se desprende que cualquier ataque contra la forma de vida judía, sobre los judíos, el judaísmo o el Estado judío, debe emprenderse utilizando el lenguaje de los derechos humanos. He ahí el por qué de la ya habitual acusación de que Israel ha cometido los cinco pecados capitales contra los derechos humanos: el racismo, el apartheid, la limpieza étnica, ha intentando el genocidio y ha cometido crímenes de lesa humanidad. No se trata de que la gente que hace estas acusaciones crea en ellas y se las tome en serio, algunos lo hacen, otros no, se trata de que es la única forma en que pueden ser atacados públicamente los judíos.
Con respecto a lo comentado anteriormente, la afirmación de Hartmann de que la
brit milá inflige "
un daño espiritual para toda la vida", recauchuta la propaganda antisemita de la época nazi. Como el historiador judío Robin Judd relataba en el 2007 en su libro “
Rituales en disputa: la circuncisión, sacrificio kosher y la vida política judía en Alemania, 1843-1933”, los nazis afirmaban que "
la circuncisión tiene un efecto de metamorfosis. Se supone que la eliminación del prepucio transforma al individuo, una afirmación que hacía hincapié en el uso de unos términos que deforman o desfiguran el rito a la hora de describirlo”. A diferencia de Hartmann y de su Academia Alemana de Medicina y Pediatría, nunca los nazis trataron de prohibir la circuncisión. La Iglesia católica era todavía poderosa durante la década de 1930, y la doctrina católica, tanto entonces como ahora, no podía tolerar la idea de que Jesús, un judío circuncidado, fuera alguien "
deformado" o "
degradado".
La campaña actual contra la circuncisión refleja el declive de la influencia cristiana en Alemania, tanto como nos muestra el latente antisemitismo alemán, donde sus defensores se muestran muy felices de poder asociar a los judíos con un rito supuestamente bárbaro o primitivo.
“
Alemania nunca perdonará a los judíos Auschwitz”, comentaba el psiquiatra israelí Zvi Rex, y yo añadiría que mitiga la culpa alemana representar a los judíos como deformados y desfigurados. Pero hay algo más profundo y desagradable en todo esto. Los partidarios de la prohibición abogan por una parte por el derecho a la autodeterminación del cuerpo, por eso les parece perfectamente coherente permitir la eutanasia, siempre y cuando sea voluntaria, mientras prohíben la circuncisión infantil por causar “
lesiones corporales y espirituales”. El cuerpo, desde este punto de vista, es propiedad de su dueño, que tiene el derecho a disponer de él a su antojo. Este argumento parece razonable a primera vista, pero se desploma con un ligero empujón.
Los médicos en la ciudad suiza de Zurich, donde la eutanasia es legal desde 2006, no hacen demasiadas preguntas cuando los familiares llevan a una abuela o a un familiar senil para practicarle la eutanasia. Cierto, en primer lugar debe firmar el formulario de autorización, pero por otro lado, su situación de senilidad no dice mucho de su capacidad de “
autodeterminación” a la hora de la firma.
Eso no sucede con las personas con un retraso mental grave, que una vez fueron las primeras víctimas de la maquinaria asesina nazi. Pero si es permitida la eutanasia de los ancianos seniles, ¿por qué no para las personas aquejadas de un grave retraso mental? No parece que sea muy difícil para esos casos conseguir su firma.
Un feto alemán, para el caso, no tiene ningún derecho a su integridad corporal, y no se trata del prepucio sino de la totalidad del feto, pudiendo abortar hasta 12 semanas después de la concepción. ¿Por qué la madre tiene derecho a destruir un feto a las 12 semanas pero no a las 13 semanas?
Esto no tiene nada que ver con los "
derechos fundamentales", sino con compromisos políticos generados después de la reunificación de Alemania. Por supuesto, un feto no tiene capacidad de autodeterminación, pero un recién nacido no tiene mucha más capacidad de autodeterminación que un feto. El infanticidio no es todavía legal en Alemania o en cualquier país civilizado, pero destacados especialistas en ética médica que escriben en revistas respetables sostienen que un recién nacido podría ser asesinado con muy pocos escrúpulos como un feto.
Estos pueden parecer casos extremos, pero solamente porque es algo que nos inhibe – o debería inhibirnos - de cruzar la línea de quitar la vida. Ese es nuestro sentido de la santidad de la vida. Pero es algo que no se les ocurrió a ninguna sociedad humana el atribuir derechos a los individuos, y no digamos a los niños, antes de la antigua Israel. Con excepción de Israel, todas las civilizaciones antiguas mataron a los niños como cuestión de rutina, incluyendo los ilustrados griegos. Aristóteles escribió en Política (VII.16): "
Debe haber una ley para evitar que ningún niño imperfecto o mutilado pueda ser educado. Y para evitar un exceso de población, algunos niños deberán ser desprotegidos". Los derechos individuales no tenían lugar en el orden pagano, ni en el orden neo-pagano que los nazis trataron de construir.
Los derechos inalienables, en los que insiste la Declaración de Independencia, derivan de un Dios eterno. El derecho absoluto a vivir - del retraso mental, de la persona senil, del recién nacido, así como de la persona sana - se basan en la participación del ser humano mortal en algo eterno Esa es la premisa de lo sagrado: el cuerpo humano, cuya "
integridad física" tanto importa a la corte de Colonia, está condenado de antemano, porque va a morir.
Al decir que la vida es sagrada decimos que nuestras vidas no nos pertenecen, sino a Dios, por lo que no está a nuestro alcance condenar a los recién nacidos o exponer a nuestras abuelas seniles. Hacemos algo sagrado dando a Dios y recibiendo de él, como Abraham dio y recibió a su hijo Isaac. La circuncisión de los niños judíos vuelve a representar el sacrificio de Abraham: El niño recién nacido es dado a Dios y entra en alianza con Dios, por el que afirmamos la santidad de su vida.
Ese es el origen de la santidad de la vida en la historia humana. El pueblo judío lo ha mantenido durante casi 4.000 años. El cristianismo emula la circuncisión a través del bautismo, que la iglesia primitiva instituyó en oposición al infanticidio. En este caso, la sangre de Jesús equivale a la sangre del bebé circuncidado. Como se ha señalado, los alemanes que creen en el pacto de la sangre de Jesús están junto a los judíos que practican el
brit milá, en contra de los neo-paganos de la corte de Colonia.
El amor de Dios por Abraham se extiende a sus descendientes, y la circuncisión significa la transformación de la carne judía en un recipiente sagrado de la presencia de Dios en el mundo. En palabras del teólogo Michael Wyschogrod en su libro
The Body of Faith: God and the People Israel:
El Dios de Israel confirma que el creó al hombre para vivir en el cosmos material... Éste es un requisito para la santificación de la existencia humana en todos sus aspectos. El símbolo de la alianza de Israel es la circuncisión, una abrasadora alianza en la carne de Israel, y no sólo, o tal vez ni siquiera principalmente, en su espíritu. Y es por eso que la elección de Dios fue la de un pueblo carnal. Al elegir la simiente de Abraham, Dios crea un pueblo que está a su servicio en la totalidad de su ser humano y no sólo en su existencia moral y espiritual.
Es triste y vacío pensar en un ser humano simplemente como un trozo de carne, cuyo propietario solo se guía por la búsqueda de placer ("
la libre autodeterminación sexual") y por evitar el dolor (por ejemplo, a través de la eutanasia). Borrada la línea entre lo que es sagrado y lo que es meramente utilitario, no hay nada, en principio, que nos impida infravalorar la vida como el análisis coste-beneficios de los asesinos. Que los médicos y abogados alemanes tengan la amarga determinación de arrancar la raíz de la fuente de lo sagrado - el concepto judío de la alianza – dentro de la sociedad alemana es francamente escalofriante. ¿Acaso no tienen memoria?
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