Friday, September 08, 2017

Los conservadores en los Estados Unidos como los marranos en la España medieval - Dennis Prager




Para los no familiarizados con el término, el término marrano fue el nombre dado a esos judíos en la España medieval, especialmente en el siglo XV-XVI durante la Inquisición española, que secretamente mantuvieron su judaísmo mientras vivían como católicos en público.

No hay, por supuesto, ninguna Inquisición española en la América de hoy, nadie está siendo torturado para que confiese en lo que realmente cree, y nadie está siendo quemado en hogueras. Pero hay millones de estadounidenses con la tipología del marrano: esos estadounidenses que mantienen opiniones conservadoras, especialmente aquellos que mantienen posiciones conservadoras en asuntos sociales, y aquellos que votaron por Donald Trump como presidente.

Millones de estadounidenses que mantienen opiniones conservadoras y/o pro-Trump temen racionalmente ser condenados al ostracismo por sus pares, a una humillación pública que implique una reputación arruinada, familias rotas, perder su trabajo y ser incapaces de trabajar en su campo profesional. En estas circunstancias, han decidido que aparecer como conservadores o pro-Trump no vale la pena debido a la persecución que sufrirán.

En términos del porcentaje de la población afectada, no hay paralelo en la historia americana. Aparecer como homosexual antes de los años sesenta o setenta, o anunciar públicamente ser un miembro del Partido Comunista en los años cincuenta habría conllevado unas consecuencias similares en la vida social, laboral y familiar. Pero los gays y los miembros del Partido Comunista formaban un pequeño porcentaje de la población estadounidense. Y parte de ellos, los comunistas, estaban apoyando un auténtico mal.

Ojalá pudiera compartir todos los correos electrónicos que me han enviado músicos profesionales que tocan en algunas de las principales orquestas de América. Ellos me escribieron después de los intentos de los miembros izquierdistas de una orquesta, y del gobierno de la ciudad de Santa Mónica, de tratar de impedir que dirigiera la orquesta: públicamente pidieron a los miembros de la Orquesta Sinfónica de Santa Mónica que se negaran a tocar y al público que se negara a asistir cuando debía conducir una sinfonía de Haydn en el Walt Disney Concert Hall hace tres semanas.

Estos correos electrónicos fueron escritos para alentarme y para decirme cómo se ven obligados a ocultar sus puntos de vista conservadores, en resumen, cómo se ven obligados a vivir como marranos.

Una violinista de una de las orquestas más prestigiosas del país (me di cuenta de qué orquesta se trataba en Internet ya que incluso tenía miedo de decírmelo) me escribió la semana pasada sobre lo silenciosa que era acerca de su conservadurismo. Aunque no podía ser despedida por ello, sería socialmente marginada dentro de la orquesta con la que ha tocado durante décadas.

Otro músico profesional de mediana edad me dijo que lleva el pelo muy largo para aparecer como una especie de hippie que camuflara sus opiniones políticas conservadoras. Tampoco es más probable que comente a otros músicos que apoya al presidente Trump que un marrano en la España medieval hiciera públicas sus creencias judías.

Y aquí parte de un correo electrónico de un músico de Minnesota: "Yo fui un músico profesional durante 17 años. Quería que supieras que también perdí mi carrera debido a mis puntos de vista. Fue mi elección, en realidad, ya no podía soportar los abusos".

Soy afortunado. Como presentador de radio y columnista, me pagan por expresar mis opiniones. Y en cuanto a mi vocación de dirigir orquestas, también tengo suerte. Debido a que el director permanente de la Sinfónica de Santa Mónica y el consejo de la orquesta mantuvieros sus principios, y gracias a que tanta gente me apoyó a mí y a mis valores, los esfuerzos para frustrarme fracasaron. En Disney Hall se vendieron todos los 2.000 asientos, una primicia para una orquesta de esa comunidad.

Por supuesto, los conservadores estadounidenses, los nuevos marranos, no sólo viven en el mundo de la música. Están en cada profesión. Conocemos los casos de alto perfil, los conservadores cuyas carreras han sido arruinadas por decir algo "incorrecto" o apoyar al candidato "equivocado"; sabemos de los oradores conservadores que han sido atacados físicamente y se les ha impedido hablar en los campus universitarios.

Pero no sabemos acerca de los millones de personas que simplemente tienen miedo de hablar, que permanecen en silencio en una reunión de negocios o en una cena cuando alguien casualmente expresa una opinión con la que están totalmente en desacuerdo. Estos americanos viven inmersos en el miedo en muchos casos, ya que si ellos hablan habrá consecuencias severas: un trabajo perdido, una promoción no dada, incluso gente que ya no les hablará.

Todo esto es nuevo en nuestro país.

Si alguna vez alguien hubiera predicho que en América - la tierra más conocida que ninguna por la libertad y el libre discurso - el término "marrano" calificaría con precisión a muchos de sus ciudadanos, ese individuo habría sido considerado como un charlatán.

Pero, dada la intolerancia y el odio desde la izquierda, y su dominio sobre casi todas las áreas de la vida americana, tal individuo habría sido un profeta.

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Saturday, August 26, 2017

Mi respuesta a Bret Stephens sobre los medios de comunicación - Dennis Prager



Bret Stephens dedicó su columna del New York Times de la semana pasada a amonestarme por mi tweet de hace dos semanas y criticar mi columna de la semana pasada explicando el tweet.

El tweet dice: "Los medios de comunicación en Occidente representan un peligro mucho mayor para la civilización occidental que Rusia".

Como escribió la columna como una carta al estilo "Querido Dennis" responderé de manera semejante.

Querido Bret: Voy a tratar de responder a los argumentos más sobresalientes que hiciste. Comenzaré con uno de los más preocupantes.

Tú escribiste: "Los conservadores más sabios, y te cuento entre ellos, Dennis, también saben que cuando hablamos de Occidente lo que estamos hablando es de una tensión particular dentro de él. Despúes de todo, Marx y Lenin forman también parte de la tradición occidental, como lo son Heidegger y Hitler".

Me sorprendió que un pensador tan serio pudiera escribir que comunistas y nazis nihilistas pudieran ser identificados como "parte de la tradición occidental".

Eso es lo que enseñan la gran mayoría de los profesores de las ciencias sociales, que no hay nada moralmente superior en la civilización occidental, que de hecho ahí están Hitler y Lenin, como también Moisés y Thomas Jefferson. Y de todos modos, también afirman que Moisés nunca existió y Jefferson fue un violador esclavista. Entre los estudiantes de estos profesores están prácticamente todos aquellos que dominan los medios de comunicación occidentales.

¿Me equivoco? ¿Cree usted que sus colegas en el NYTimes, en el Washington Post, en Le Monde o en la BBC creen en la superioridad moral de Occidente?

Por supuesto que no. La mayoría cree en el multiculturalismo - la doctrina que afirma que todas las culturas son iguales - y, por lo tanto, no es más que un racismo blanco el que sostiene que la civilización occidental es superior. ¿Acaso no es cierto que casi todos sus colegas (no conservadores) que comentaron el discurso del Presidente Trump en Varsovia lo tildaron como un guiño a los supremacistas blancos?

Sólo por esos motivos, mi tweet era preciso.

Me sorprende que cualquiera - especialmente usted - crea que la Rusia de Vladimir Putin representa una amenaza mayor para la supervivencia de la civilización occidental que la izquierda occidental. Ninguna fuerza externa puede destruir una civilización tan eficazmente como una interna, especialmente una poderosa y rica como Occidente. La izquierda occidental (no los liberales occidentales) son una tal fuerza autodestructiva. Los liberales occidentales siempre han adorado a Occidente.

También me sorprendiste al decir que "no estoy seguro de que Justin Trudeau, quien ha declarado que no hay 'una identidad central, ni una corriente principal en Canadá' cuente como un momento spengleriano en la historia del declive occidental".

El primer ministro de Canadá anuncia con orgullo que su país no tiene una identidad central y tú no crees que eso cuenta como un ejemplo de una civilización en declive.

Y aquí hay otra frase perturbadora: "Sugerir que Vladimir Putin es una molestia distante, mientras Maggie Haberman o David Sanger son una amenaza existencial para nuestra civilización, no es ver las cosas claras, por decirlo suavemente".

La razón por la que encontré preocupante tu opinión es que nunca he citado a Haberman o Sanger, y bien sabes que ninguna generalización incluye todos los ejemplos posibles - eso es lo que lo convierte en una generalización -. Pero mencioné específicamente a los escritores del Atlantic que equipararon la civilización occidental con la supremacía blanca, y tu sustitución de los escritores del Atlantic por los colegas del New York Times te permitió evitar opinar de los escritores del Atlantic y de otros medios contra la civilización occidental.

A pesar de que ni mi tweet ni mi columna dijeron una palabra sobre Trump, dedicaste casi la mitad de tú columna a denunciar al presidente. Sin embargo, como escribí en la columna, mi tweet habría sido igual de preciso si lo hubiera enviado durante la administración del ex presidente Obama o Hillary Clinton, si ella fuera presidente.

Bret, para tu crédito, eres una voz solitaria que apoya fuertemente a Israel en tu periódico. ¿No te preocupa la hostilidad casi uniforme hacia Israel en los medios de comunicación progresistas y en la universidad? ¿Te molesta que la mayoría de los miembros demócratas en América tengan una visión negativa de Israel? ¿Que los estudiantes judíos en muchas universidades estadounidenses, por no hablar de las europeas, temen expresar su apoyo a Israel o simplemente usar una kippa en el campus? ¿Que tantos jóvenes judíos norteamericanos, influenciados por los medios de comunicación y por sus profesores, comiencen a detestar a Israel? Estoy seguro de que todo eso te preocupa mucho. ¿Hay algo en todo esto que Putin esté desencadenando? ¿O es todo el resultado de los medios de comunicación y la universidad?

Mencionaste que me ibas a enviar un regalo de cumpleaños, un libro sobre la Rusia de Putin, "Nada es cierto y todo es posible" de Peter Pomerantsev. Prometo leerlo. Y te pido una promesa a cambio: lee el libro que te envío, "La extraña muerte de Europa", por el eminente pensador británico Douglas Murray. El libro describe el suicidio de Europa a manos de sus elites progresistas - en particular, su multiculturalismo - afirmando a unos líderes políticos y a unos medios de comunicación mendaces. Según recuerdo, al describir la muerte de la civilización europea, Murray no menciona a Putin una sola vez. (En cuanto a los medios de comunicación mendaces, lea el informe publicado hace una semana en Alemania sobre la deshonestidad de los medios de comunicación alemanes, quienes sustituyen rutinariamente los hechos por la opinión de la izquierda al informar sobre la crisis de los inmigrantes en Alemania.)

Tal vez la parte más preocupante de tu respuesta fue tu penúltima línea: "No seas un enemigo, Dennis".

¿De donde vino eso? No citas ni una sola palabra odiosa en mi columna y eso porque no las hay. Y convertir en "odiador" se ha convertido en el epíteto de las izquierdas para todos los conservadores. ¿Por qué mi amigo Bret Stephens lo usa?

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El Atlantic publica todo lo que se necesita saber sobre la izquierda - Dennis Prager



Hace unas semanas, el Atlantic prestó un gran servicio a aquellos de nosotros que afirmamos que América está en medio de una guerra civil entre la derecha y la izquierda. Proporcionó un arma humeante - en realidad, se disparo en sí mismo - a aquellos de nosotros que afirmamos que la izquierda (que nunca debe confundirse con los liberales) tiene la intención de desmantelar la civilización occidental.

Publicó artículos de dos escritores de la izquierda, uno de Peter Beinart titulado "La paranoia racial y religiosa del discurso de Trump en Varsovia", y otro de su corresponsal nacional, James Fallows, escrito sobre el mismo tema que el de Beinart.

El tema de ambos artículos fue el discurso del presidente Donald Trump en Varsovia, Polonia, hace unas semanas, un discurso descrito por The Wall Street Journal como "una defensa decidida y afirmativa de la tradición occidental".

Sin embargo, para los escritores del Atlantic defender la civilización occidental no es más que una defensa del racismo blanco.

Beinart comienza su artículo diciendo: "En su discurso en Polonia ese jueves, Donald Trump se refirió 10 veces a Occidente y cinco veces a nuestra civilización. Sus partidarios nacionalistas blancos comprenderán exactamente lo que él quiso decir, y es importante que otros estadounidenses también lo hagan".

Y Fallows comienza diciendo, "lo que él llamó 'civilización'... se reduce a los lazos de etnicidad y sangre".

¿Existe algún americano liberal o conservador que piense que las palabras "Occidente" y "civilización occidental" signifiquen una celebración de la pureza de la sangre blanca?

Lo dudo.

Lo que tenemos aquí son dos lecciones vitales.

Una es que el izquierdismo es la principal ideología racista de nuestro tiempo, al verlo todo en términos de raza, mientras que el liberalismo y el conservadurismo convencionales abogan por una sociedad racialmente ciega como se manifiesta en la famosa línea de "contenido de su carácter" de Martin Luther King. La izquierda por el contrario desprecia esta visión.

Por citar uno de los innumerables ejemplos, la Universidad de California ha publicado una lista de frases de "microagresión" que los estudiantes y la facultad deben evitar. Uno de ellos es: "Sólo hay una raza, la raza humana".

En otras palabras, la izquierda, que controla nuestras universidades, enseña a los estudiantes estadounidenses que es incorrecto creer en una sola raza humana. Eso era precisamente lo que los nazis enseñaban a los estudiantes alemanes. Y ahora tenemos otra expresión de esta doctrina enunciada en las páginas del Atlantic: que aquellos que desean proteger o salvar la civilización occidental están hablando de salvar a la raza blanca.

Ciertamente no estoy comparando al izquierdismo con el nazismo. La izquierda no pretende aniquilar a todos los judíos (simplemente apoya a los palestinos, que buscan aniquilar el Estado judío). Simplemente estoy declarando una verdad inatacable: ningún movimiento político significativo desde los nazis han "honrado" a la raza o han equiparado la civilización occidental con la raza, como lo hacen Beinart y Fallows.

El segundo servicio prestado por los escritores del Atlantic es la prueba de que la izquierda detesta a la civilización occidental y, por lo tanto, se ha convertido en el enemigo interno de la civilización occidental tanto en América como en Europa.

A los ojos de la izquierda, la mera sugerencia de que la civilización occidental necesita ser salvada es, por definición, un llamamiento a la preservación de la raza blanca. Por lo tanto, la izquierda se opone a los llamamientos para salvar a la civilización occidental. Como Beinart escribió: "La frase más impactante en el discurso de Trump - quizás la frase más impactante en cualquier discurso presidencial pronunciado en suelo extranjero en mi vida - era su afirmación de que la cuestión fundamental de nuestro tiempo es si Occidente tiene la voluntad de sobrevivir... La frase de Trump sólo tiene sentido como una declaración de paranoia racial y religiosa".

Aquellos de nosotros que hemos equiparado a la izquierda con la oposición a la civilización occidental somos reivindicados. No necesitábamos a Beinart y Fallows - ya teníamos innumerables ejemplos, como el Departamento de Inglés de la Universidad de Pensilvania que eliminó de su antiguo poster a William Shakespeare porque era un hombre blanco - pero en su articulación explícita de la visión de la izquierda ellos son inmensamente útiles.

Shakespeare se lee en todos los idiomas que tienen un alfabeto no porque fuera blanco o europeo, sino porque es considerado como el dramaturgo más grande que jamás haya existido. Pero los izquierdistas que dirigen ese departamento de inglés ubican la raza (y el género) por encima de la excelencia, con un profundo rechazo de los valores occidentales.

Irónicamente, fuera de los liberales y los conservadores, los más propensos a celebrar los valores occidentales es probable que no sean occidentales. Los japoneses se burlarían de la idea de que Bach y Beethoven no escribieron la mejor música jamás compuesta. Es por eso que algunas de las mejores grabaciones de Bach de nuestro tiempo provienen de músicos japoneses que viven en Japón. Tampoco los japoneses niegan que los valores democráticos de su moderno país provienen de Occidente.

El desdén de Occidente por sus propios valores parece cada vez más estridente con cada día que pasa. El presidente Trump está haciendo un importante y loable esfuerzo por revertir esta tendencia. Está caminando en buena compañía. En un discurso ante el Congreso Científico Panamericano en Washington DC, el 10 de mayo de 1940, el entonces presidente Franklin D. Roosevelt dijo: "Los estadounidenses tendrían que convertirse en guardianes de la cultura occidental, el protector de la civilización cristiana". FDR habló con frecuencia sobre la protección de la civilización occidental y cristiana.

Debemos una deuda de gratitud al Atlantic, a la CNN (cuyo principal corresponsal de la Casa Blanca, Jeff Zeleny, describió a la gente de Trump como la "clase blanca de América, América la primera en el discurso") y otros. Han dejado claro que la izquierda desprecia a la civilización occidental y por lo tanto constituye la mayor amenaza para su supervivencia.

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Friday, September 09, 2016

Los judíos progresistas americanos no aprenden, y no quieren hacerlo: La izquierda (aún) no es nuestra amiga - Dennis Prager - Jewish Journal



Muchos judíos progresistas se muestran sorprendidos de que el movimiento Black Lives Matter (BLM o "Las vidas negras importan"), un movimiento que apoyan, haya resultado ser tan virulentamente anti-Israel, en la medida en que, en su nueva plataforma, cargan contra Israel por el "genocidio" contra los palestinos. Su respuesta me trae a la mente un evento de hace casi 50 años.

En 1970, el más famoso músico estadounidense clásico del siglo XX, Leonard Bernstein, el director judío americano de la Filarmónica de Nueva York y un importante compositor de "West Side Story", óperas, etc...,  junto con otros hombres de la izquierda, tanto negros como judíos, lanzó lo que probablemente se convirtió en la recaudación de fondos privados más notoria de la historia de Estados Unidos y que llevó a cabo en su ático de Manhattan.

Los invitados de honor fueron los miembros del grupo Panteras Negras, el grupo negro radical que declaraba su odio por América y la policía, y una especie de precursor del BLM. En palabras del escritor progresista Adam Gopnik en el último número de The New Yorker, los Panteras Negras eran "un grupo cruel, mafioso y misógino, capaz de actos de tortura y asesinato..."

Así es como el líder de los  Panteras, el "mariscal de campo" Don Cox habló durante esa noche:

"Llamamos a la policía cerdos... Somos conscientes de que este país es el país más opresivo del mundo, tal vez en la historia del mundo. Los cerdos tienen las armas y están listos para utilizarlos contra la gente... Ellos están listos para cometer genocidio contra los que están en su contra".

Leonard Bernstein no expresó una sola palabra de protesta, por no hablar de poner fin a la recaudación de fondos, después de escuchar como etiquetaba a la policía de "cerdos" y a América como "el país más opresivo del mundo". De hecho, Bernstein (quien, para realizar un paralelismo aún más marcado, era muy pro-Israel) se comprometió a la realización de la ópera "Cavalleria Rusticana" en beneficio de los Panteras. Otros cuatro prominentes judíos progresistas - el director de cine Otto Preminger, el letrista Sheldon Harnick ( "El violinista en el tejado"), el letrista y compositor Burton Lane ( "El valle del arco iris") y el reconocido mercante de arte Richard Feigen, también realizaron sus promesas a los Panteras.

Antes del evento de Bernstein, otro famoso judío progresista, el director de cine y productor Sidney Lumet, también dio una fiesta en homenaje de los Panteras Negras en su casa. Como informó el New York Magazine:

"Ray 'Masai' Hewitt, el ministro de Educación de los Panteras y miembro de su Comité Central... dejó de manifiesto... si los edificios fueron quemados y otros tipos de violencia pudiera producirse, eso sólo formaba parte de la lucha que la estructura de poder había obligado a llevar a cabo a las minorías oprimidas".

Ningún país en la historia ha tratado a sus ciudadanos judíos como los Estados Unidos, sin embargo, los judíos americanos de izquierda han apoyado a casi todos los grupos de izquierda que han representado a los Estados Unidos como un opresor (y un belicista imperialista y un racista sistémico).

Pero este amor por la izquierda nunca ha sido recíproco. La izquierda (no esa que propugnan los tradicionales progresistas, hay que decirlo) siempre ha demostrado su odio por los judíos y más tarde su odio por  Israel a lo largo de su historia.

Los judíos adoraron a Karl Marx durante más de un siglo, pero que el nieto de dos rabinos ortodoxos escribió uno de los más influyentes libros antisemitas del siglo XIX ( "Sobre la cuestión judía").

Poco antes de morir el año pasado, Robert Wistrich, el jefe del Centro Internacional Vidal Sassoon de la Universidad Hebrea para el Estudio del Antisemitismo, escribió un libro devastador sobre el antisemitismo de la izquierda ( "De la ambivalencia a la traición: La izquierda, los judíos e Israel").

Y uno de los liberales más prominentes de América, el profesor Alan Dershowitz, acaba de escribir un artículo titulado "¿Saben los judíos progresistas que se niegan a renunciar a Israel que serán excluidos, por eso mismo, por esos propios grupos progresistas?".

La respuesta del profesor Dershowitz es, por supuesto, que sí. Los "grupos progresistas" citados en el artículo de Dershowitz desprecian a América, y ese odio y el odio a Israel siempre van juntos.

El año pasado Dershowitz escribió: "A la rabina Susan Talve, una activista de larga trayectoria en temas raciales en el área de St. Louis, se le dijo que su defensa de Israel era incompatible con los objetivos del movimiento BLM. La 'Solidaridad de Ferguson a Palestina' se ha convertido en un elemento central del movimiento 'se le avisó, porque "la opresión israelí y de los EEUU están profundamente interconectadas".

"Del mismo modo", señalaba Dershowitz, "a un estudiante que asistió a una manifestación del BLM en la Universidad Northwestern año pasado se le dijo que si seguía apoyando a Israel, ya no podría seguir apoyándoles a ellos".

Dershowitz a continuación, daba lista de otros grandes grupos de izquierda que son anti-Israel:

"MoveOn, Code Pink, Ocuppy Wall Street y BLM son abiertamente opuestos al Estado-nación del pueblo judío. Y todos estos grupos son apoyados por judíos progresistas y de izquierda".

Al parecer, todos estos judíos progresistas desconocen una verdad básica de la historia: La actitud de un individuo o de un grupo hacia los judíos - y en la actualidad hacia el Estado judío - es uno de los indicadores más precisos de su moral.

Cuando un grupo progresista y de izquierda lanza un libelo contra Israel acusándolo de genocidio, ese grupo es, por definición, inmoral. Es ese mismo tipo de categoría moral que empleaban los cristianos medievales cuando utilizaban sus infames libelos de sangre - la acusación de que los judíos asesinaban a niños cristianos para usar su sangre para hornear la matzá -.

La única diferencia por aquel entonces que no había judíos por aquel entonces que apoyaran los libelos de los cristianos.

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Sunday, June 14, 2015

El Tikkun Olam no repara el mundo - Dennis Prager - Jewish Journal



Para muchos judíos que se preocupan por el judaísmo la esencia moral del judaísmo, de hecho su propósito final, es el Tikkun Olam, que literalmente significa "reparar el mundo".

Sin embargo, los judíos que utilizan habitualmente este término casi siempre lo adoptan como un sinónimo de adoptar posiciones políticas y sociales "progresistas".

Ahora bien, no hay duda de que el judaísmo desea ver al mundo "repararse", pero este deseo no es exclusivo del judaísmo, sino más bien todo lo contrario.

A fin de cuentas, ¿qué doctrina social y política no desea ver al mundo "reparado"?

Por citar solamente dos de los ejemplos más atroces del siglo XX, virtualmente tanto el comunismo como el islamismo, y en especial sus líderes, no importando qué tiránicos y genocidas hayan sido, han manifestado su creencia en que sus doctrinas y políticas repararían el mundo.

El Tikkun Olam, por lo tanto, es moralmente un sin sentido en si mismo.

Por lo tanto, la única cuestión que importa es, ¿qué debes hacer para intentar "reparar el mundo"?

Hemos de decir que esto tampoco es exclusivo del Tikkun Olam. La misma lógica también es cierta incluso con respecto a la creencia en Dios. Nosotros reconocemos que no sabemos realmente nada de los valores de una persona por solamente expresar su creencia en Dios. El Torquemada de la Inquisición española creía en Dios, al igual que los jefes de los grupos terroristas islámicos. Así, para el caso, sería lo mismo con Moisés, Jesús, Mahoma y José Smith.

Por lo tanto, la creencia en Dios es una de esas muchas cuestiones que necesitan una respuesta con el fin de determinar si dicha creencia en sí es probable que conduzca a buenos o malos resultados.

El judaísmo enseña que el camino hacia un mundo mejor discurre a través de la mejora moral del individuo, a través de cada persona que lucha con sus propios defectos morales. Por supuesto, en las sociedades donde reina el mal, como las tiranías fascistas, comunistas e islamistas, el individuo debe estar sobre todo preocupado por luchar contra los defectos externos. En todos los demás países, sin embargo, sobre todo en un país libre y decente como los Estados Unidos, la mayor batalla de las personas debe estar dirigida hacia su interior, hacia sus propios defectos y actitudes morales.

Los judíos que subrayan que el camino hacia una América mejor implica sobre todo superar los defectos morales de los Estados Unidos (reales o percibidos), creen que están actuando de conformidad con el judaísmo. Pero por lo general se equivocan, debido a que la manera judía de lograr un mundo mejor es a través del laborioso proceso de cambiar a la gente una a una.

Esta lección debería pasar a cada nueva generación. Si no es así, incluso la mejor sociedad comenzará a retroceder rápidamente, lo cual es lo que creen que ha estado ocurriendo en los Estados Unidos desde la década de 1960 la mayoría de los cristianos y judíos religiosos.

Las ideologías progresistas no se centran en el desarrollo de carácter individual. Más bien, siempre, y en todas partes, se han centrado en la revolución social. La declaración más reveladora que realizó pocos días antes de las elecciones de 2008 el entonces candidato presidencial Barack Obama fue la siguiente:  "Estamos a cinco días de transformar de manera fundamental los Estados Unidos de América", le dijo a un público entusiasta.

Los judíos que realmente entienden el modus operandi del judaísmo no sólo no están interesados en transformar de manera fundamental los Estados Unidos, de hecho se oponen a ello. Tener como principal objetivo transformar de manera fundamental la sociedad - por no hablar de transformar de esa manera la que es probablemente la sociedad más decente en la historia -, sólo puede dar lugar a una sociedad peor. Sí, los Estados Unidos deben ser mejorados, pero no transformados, y mucho menos transformado fundamentalmente.

Los padres fundadores de los Estados Unidos - unos hombres empapados en la teología del Antiguo Testamento - entendieron que esa transformación que cada generación debe intentar radica en la transformación moral de cada ciudadano. Por lo tanto, el desarrollo del carácter moral personal estaba en el centro de la educación de los hijos y de los jóvenes en la escuela.  Como dijo John Adams: "Nuestra Constitución fue hecha solamente para un pueblo moral y religioso. Es totalmente inadecuada para cualquier otro gobierno". Y en palabras de Benjamin Franklin: "Sólo un pueblo virtuoso es capaz de poseer la libertad".

Sin embargo, muchos judíos y no judíos no están especialmente preocupados por tener hijos y ciudadanos individuales virtuosos. En las escuelas, a los niños y a los jóvenes no se les dota de una educación centrada en el carácter personal, sino que se les enseña a centrarse en las cuestiones sociales, es decir, no se les enseña a luchar contra sus propias debilidades y naturalezas, sino sobre las supuestas huellas del sexismo, del racismo, de la homofobia, la islamofobia, la xenofobia y el carbono en los Estados Unidos. Y cuando llegan a la universidad, a los jóvenes americanos se les obsesiona con cosas tales como el "privilegio blanco" y la "cultura de la violación" en sus campus.

Al mismo tiempo, como un profesor de filosofía escribió recientemente en el The New York Times, cada vez "menos jóvenes estadounidenses creen que haya verdades morales".

Como resultado de todo esto, estamos produciendo un gran número de jóvenes estadounidenses que se muestran apasionados por el Tikkun Olam, pero que a la vez hacen trampas en las pruebas de nivel a un nivel sin precedentes en la historia.

La sabiduría milenaria abrazada por el judaísmo sigue siendo tan cierta como siempre, antes de que arreglemos la sociedad debemos trabajar en primer lugar en nuestra propia superación personal, porque somo nosotros los que componemos la sociedad.

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Friday, May 15, 2015

14 preguntas para los judíos americanos progresistas - Dennis Prager - Jewish Journal



En un espíritu de honesta investigación y de desafío intelectual, me gustaría plantear una serie de preguntas a la mayoría de judíos americanos que se consideran progresistas (es decir, judíos situados a la izquierda del espectro político).

1. ¿Cómo se explican el hecho de que casi todo el odio hacia Israel en el mundo no musulmán proviene actualmente de la izquierda?

Hay, por supuesto, algunas organizaciones ultras y neonazis anti-Israel. Pero con muy pocas excepciones, son pequeñas y sin importancia. Esencialmente, toda la antipatía actual hacia Israel proviene de la izquierda: desde las universidades, los sindicatos de Europa, los cristianos de izquierda, los medios de comunicación de la izquierda y los partidos socialistas y verdes.

Para que quede claro, yo no estoy hablando de gente que ejerce la crítica en nombre de Israel, sino que están en desacuerdo con cualquier política o liderazgo político israelí. Estoy hablando de los que trabajan para socavar la seguridad de Israel a través de la promulgación del BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones) contra Israel, o mediante la difusión de la acusación de que Israel es un Estado de apartheid, o culpando a Israel en lugar de Hamas (o ambos por igual, para el caso) por las muertes de Gaza en la última guerra entre Israel y Hamas. Y por supuesto, me refiero a los que se oponen al sionismo de plano, es decir, aquellas personas que no creen que Israel tenga derecho a existir como Estado judío.

2. ¿Esta izquierdista antipatía hacia Israel les molesta de alguna manera?

¿Cómo justifican intelectual, moral y emocionalmente su izquierdismo el hecho de que Israel sea odiado de manera casi exclusiva por gente ideológicamente de izquierdas? ¿Lo ven como una especie de capricho de la izquierda? ¿Eligen ignorarlo? ¿Creen que porque ustedes está de acuerdo con las ideas de la izquierda sobre cualquier otra cuestión, su antipatía hacia Israel es sólo algo que vale la pena sobrellevar?

Yo sugiero respetuosamente que no hay problema moral más importante y claro en el mundo actual para los judíos que la amenaza existencial para Israel. Ningún otro país en el mundo está destinado a la extinción por cientos de millones de personas, no menos, y por un poderoso país que trata de obtener armas nucleares.

3. ¿Pueden nombrar ustedes las áreas más importantes en las que consideran que el judaísmo y el progresismo se diferencian?

4. ¿Si no pueden nombrar una de esas áreas, pueden entender por qué muchos judíos han optado por abandonar la sinagoga y todos los demás aspectos de la vida religiosa judía? Después de todo, si como ustedes suelen decir el liberalismo/progresismo/izquierdismo tiene enseñanzas esencialmente idénticas al judaísmo sobre todas las cuestiones morales y sociales, ¿por qué molestarse con el judaísmo?

Sí, es cierto, el judaísmo ofrece cosas hermosas fuera de las enseñanzas morales y sociales - una vida comunitaria, el shabat y los santos días -. Pero la mayoría de los judíos son seculares, y con el fin de obtener cualquiera de estos beneficios, hay que afiliarse, al menos hasta cierto punto, para las cosas prácticas que son religiosamente judías. Hubo un tiempo en que la vida judía secular ofreció una rica vida comunitaria judía, pero ya no. Dada que los judíos americanos son totalmente aceptados e integrados en la vida estadounidense, la mayoría de los judíos americanos ya no necesitan a todas esos delicados grupos seculares judíos - B'nai B'rith y clubes de campo judíos, por ejemplo - que alguna vez sintieron que necesitaban. Como resultado, la mayoría de los judíos simplemente han decidido que ya no existe una diferencia significativa entre el judaísmo y las políticas progresistas, por lo que hay poca necesidad de permanecer judíos.

5. ¿Cree usted que es posible no ser un "enemigo" - e incluso ser un ser humano bueno y generoso - creyendo que el matrimonio debe permanecer definido como la unión de un hombre y una mujer?

En los Estados Unidos hoy en día, los que siguen aferrados en el judaísmo (y en otras religiones) a la definición del matrimonio hombre-mujer son ampliamente considerados como "enemigos" por los que abogan por el matrimonio entre personas del mismo sexo. ¿Comparte usted esa opinión?

6. ¿Sienten que hay lugar dentro del judaísmo de la Reforma, el judaísmo conservador o el movimiento reconstruccionista para un rabino que sostenga la definición judía tradicional del matrimonio como entre un hombre y una mujer? ¿O bien sostener dicha posición debería descalificar automáticamente a un individuo para ser rabino en una sinagoga no ortodoxa?

Imagine a un maravilloso, amable y erudito rabino que se aplica para ser rabino en una sinagoga no ortodoxa. Este hombre o mujer parece ser ideal en todos los sentidos. Entre las muchas otras cosas que les gustan de éste rabino es que él o ella ha dejado en claro que los judíos gay, sus parejas y sus hijos, serían cálidamente bienvenidos en la sinagoga. Pero entonces, justo cuando estaban a punto de contratar al rabino, se enteran de que él o ella cree que los judíos deben seguir adhiriéndose a la milenaria afirmación del judaísmo del matrimonio como la unión de un hombre y una mujer. ¿Debería él o ella ser descalificado automáticamente?

7. ¿Prefieren que su hijo se case con un no judío que comparta todos sus puntos de vista políticos y sociales progresistas o con un judío que sea un republicano conservador y, por lo tanto, difiera con usted en prácticamente todos los temas sociales y políticos?

8. Hablando de los hijos, ¿preferirían que su hijo fuera plenamente ortodoxo o totalmente secular (irreligioso)?

9. ¿Tendrían alguna dudas sobre la contratación de un rabino que, obviamente, biológicamente es masculino (es decir, no se ha sometido a ninguna terapia hormonal ni a una cirugía de reasignación de sexo), pero que fuera vestido con la ropa de otras mujeres, tanto en la sinagoga como en todas partes?

10. ¿Cree usted que los fundamentalistas de todas las religiones son igualmente peligrosos, o que los musulmanes fundamentalistas plantean hoy en día una mayor y más significativa amenaza que los cristianos fundamentalistas o los judíos fundamentalistas?

11. ¿Con qué frecuencia, si alguna vez ,lo hacen, ustedes leen o escuchan opiniones conservadoras?

Los conservadores se enfrentan regularmente a opiniones y puntos de vistas izquierdistas - a lo largo de su escolarización, en las universidades, a través de los principales medios de comunicación, en la televisión y en las películas -. Una persona de la izquierda, sin embargo, puede ir por la vida sin casi leer, ver o escuchar opiniones conservadoras: no oyéndolas por la radio, no leyendo la página editorial del Wall Street Journal, ni a los columnistas conservadores, ni los libros de autores conservadores, etc.

12. Los únicos grandes eventos pro-Israel organizados por no judíos son organizados por grupos cristianos conservadores como Cristianos Unidos por Israel (CUFI). Dado el creciente aislamiento de Israel, ¿asistiría a un evento del CUFI en su ciudad, o el hecho de que CUFI sea una organización cristiana conservadora le impediría hacerlo?

13. ¿Alguna vez han consultado con la Torah y, como consecuencia, han reconsiderado su posición? Permítanme ilustrar esta cuestión:

He debatido públicamente con el profesor Alan Dershowitz en cuatro ocasiones. En el primer debate (en la 92nd Street Y de Nueva York), anuncié en el centro de nuestro diálogo - y repetí en cada debate posterior - que tal vez la mayor diferencia entre nosotros es que "cuando el profesor Dershowitz difiere con la Torah, dice que la Torah está equivocada y que él tiene razón. Cuando yo no estoy de acuerdo con la Torah, la reviso y digo que la Torah tiene razón y que yo estoy equivocado". El profesor Dershowitz acordó que esta es una gran diferencia entre nosotros.

14. ¿Qué es lo más probable que le desvele por la noche, qué Irán obtenga un arma nuclear o el cambio climático? Si usted responde que le molestan por igual, ¿lo saben sus hijos?

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Sunday, April 12, 2015

Si solamente los judíos israelíes entendieran el Oriente Medio tal como lo hacen los judíos progresistas americanos desde sus hogares en Manhattan, Chicago y Los Ángeles - Dennis Prager - National Review


EU o los judíos progresistas americanos y sus camaradas no judíos

Los judíos americanos liberales y progresistas están fuera de si desde hace semanas. Los judíos israelíes hicieron algo que les enfureció completamente: votaron abrumadoramente a un derechista (y a otros miembros de partidos de derecha y de centro). Y no a cualquier derechista, sino al único líder del mundo occidental que difiere públicamente del héroe de estos judíos liberales y progresistas estadounidenses, el presidente Barack Obama.

Para entender su furia, primero hay que entender que nada es más seguro y obvio que la superioridad moral de la gente progresista y de izquierdas. Esto es cierto en todo el mundo occidental, pero entre los judíos liberales americanos es algo particularmente evidente y un dogma. Para los líderes religiosos del judaísmo liberal y progresista americano (Reforma, Reconstruccionismo y Judaísmo conservador), los judíos que son política o socialmente conservadores son una desgracia para el judaísmo. Y es que judaísmo, para estos judíos progresistas y de izquierda, equivale esencialmente a progresismo e izquierdismo. Para ambos sectores de este judaísmo progresista americano, religiosos y seculares, los judíos conservadores son una especie de traidores morales del pueblo judío.

Pero la certeza de su superioridad moral no es la única razón por la que estos judíos progresistas prosiguen con su irritación desde hace semanas. Hay razones más profundas y psicológicas.

Los judíos progresistas americanos viven, trabajan y socializan con los progresistas e izquierdistas no judíos, y ellos creen que, muy a su pesar, sus amigos y camaradas no judíos les identifican con el Estado judío. No obstante, cuando Israel elegía a gobernantes de la izquierda - como lo hizo en sus primeras décadas y, periódicamente, con posterioridad - la identificación con Israel no era tan problemática. Pero desde que los judíos israelíes elijen repetidamente a gobiernos conservadores, los judíos progresistas estadounidenses han considerado absolutamente necesario dejar lo más claro posible que de ninguna manera apoyan a un Israel derechista. Su enorme autoestima moral lo necesita y sus credenciales de gente progresista y de izquierda lo requiere. Basta con mirar cómo el profesor de derecho de Harvard Alan Dershowitz, un activista demócrata de toda la vida y un ferviente liberal, ha sido condenado al ostracismo desde los ámbitos ilustrados progresistas y de la izquierda solo por el hecho de que es un abierto defensor de Israel.

Tal como lo ven los judíos progresistas e izquierdistas estadounidenses, su credibilidad moral ante los ojos de sus camaradas ideológicos no judíos en los medios de comunicación, en Hollywood y en los medios universitarios se ve amenazada por Israel. En consecuencia, deben dejar muy claro que:
 a) no sólo no apoyan a los gobiernos de derecha de Israel, sino que ni siquiera apoyan        a Israel ante esta elección
 b) consideran que Benjamin Netanyahu es un ser humano vil
 c) se avergüenzan - una simple y nítida vergüenza - de los judíos de Israel por haber            votado a un derechista.
Así, por citar sólo algunos ejemplos:

En la revista Times, Joe Klein escribió:
La gran mayoría de los judíos de Israel son intolerantes: Netanyahu ganó porque se presentó como un intolerante... La ratificación pública de la intolerancia de Netanyahu lo confirmó. 
La mayoría de los judíos de Israel pueden ser tan despreciables como los antisemitas de la historia:
Un gran número de judíos israelíes han llegado a considerar a los árabes como el resto del mundo ha considerado tradicionalmente a los judíos tradicionalmente. 
Muchas cosas de la fundación de Israel han estado impregnadas de maldad:
Lean acerca de las masacres perpetradas por judíos en 1948 para asegurar su patria...  
Estos judíos israelíes me avergüenzan.
No me consideren uno de ellos: esta victoria (Netanyahu) es vergonzosa y bochornosa.
En el diario izquierdista israelí, Haaretz, el escritor judío progresista estadounidense Peter Beinart abogó para que los EEUU castigarán a Israel y se uniera a la lucha internacional contra Israel:
[Esto significa] respaldar los requerimientos palestinos en las Naciones Unidas. Significa boicotear los productos etiquetados en los asentamientos. Significa unirse y amplificar la protesta no violenta palestina en Cisjordania... Significa empujar a la administración Obama para que presente su propio plan de paz, y castigar - sí, castigar - al gobierno israelí si lo rechaza. Significa asegurarse de que cada vez que Benjamin Netanyahu y los miembros de su gabinete vayan a un evento judío fuera de Israel, los judíos de la diáspora se concentren y protesten por su presencia.
En el Washington Post, Harold Myerson, otro columnista de la izquierda judía estadounidense, se unió a la histeria desatada con estas calumnias contra Netanyahu (y contra los republicanos, vilipendiados por igual):
Al paso que va, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu podría llegar a preconizar despojar a los árabes israelíes del derecho al voto por completo... Bibi es a partir de ahora el George Wallace (un supremacista americano) judío...  Tal vez el Likud y los republicanos pueden abrir un Instituto para la prevención del voto de la gente con piel oscura 
Por supuesto, tal como escribió Charles Krauthammer, un conservador judío americano:
Tampoco habría paz ni Estado palestino si Isaac Herzog fuera el primer ministro. O Ehud Barak o Ehud Olmert para el caso. Los dos últimos fueron primeros ministros (no con el Likud) que ofrecieron a los palestinos su propio estado - con su capital en Jerusalén y todos los asentamientos israelíes desarraigados en el nuevo estado palestino -, sólo para ser rechazados rudamente. Esto no es historia antigua. Hablamos de los años 2000, 2001 y 2008, con tres ofertas de paz asombrosamente generosas en los últimos 15 años. Cada una de ellas rechazada.
Pero nada de eso importa a la izquierda. La izquierda vive inmersa y tatareando una y otra vez la canción de John Lennon "Imagine". Por lo tanto, la izquierda se imagina que si Israel se retira completamente de Cisjordania y permite que un Estado palestino se cree ahora mismo, todo sería completamente diferente en Gaza, y que ese nuevo estado también sería completamente diferente a Siria, Líbano, Irak, Irán y Libia, ya que sería una isla musulmana y árabe de paz en medio del mar cruel de países musulmanes y árabes que lo rodean.

¿Pero y si se equivocan y los cohetes comenzaran a llover sobre Israel desde Gaza y Cisjordania?

Pues bien, los Klein, los Beinarts y los Myersons no se retractarían de una sola de sus palabras. Como escribí hace unos 30 años: "Ser de izquierdas significa nunca tener que decir que lo sientes o me equivoqué".

De todos modos, sólo los fanáticos judíos israelíes pagarían el precio.

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Saturday, October 01, 2011

Esa "historia" de los palestinos de una Tierra Santa “libre de judíos” - Dennis Prager - FrontPage



Hace unos cinco años, fui invitado por la Institución Hoover para dar una conferencia en la Universidad de Stanford.

Casualmente, el Día de la Independencia de Israel cayó durante esa semana, así que me invitaron a hablar en la ceremonia de conmemoración que celebraban los estudiantes pro-Israel. En mi charla, comenté que el quid de la cuestión en el conflicto palestino-israelí es que la mayoría de los palestinos buscaban que Israel dejara de existir.

Después de mi charla, una mujer se me acercó y se presentó como una activista por la paz. Ella me dijo que no podía estar de acuerdo conmigo porque los palestinos, en su opinión, estaban bastante dispuestos a aceptar la existencia de Israel.

Sucedió que, a unos 50 metros de distancia de donde se celebraba la conmemoración de la existencia de Israel, se llevaba a cabo una manifestación contra Israel dirigida por los estudiantes palestinos. Así que le dije a la mujer que fuera allí y se mezclara con los estudiantes palestinos como una activista por la paz - la manera para obtener de inmediato su confianza -, y que luego les preguntase si estaban dispuestos a reconocer el derecho del Estado judío de Israel a existir.

Le dije que me apostaría 5 dolares a que no responderían de manera afirmativa.

Ella aceptó la apuesta y se dirigió a los estudiantes palestinos. Después de 10 minutos, regresó.

"Y bien”, le pregunté, "¿quien ganó la apuesta?".

"No sé", respondió ella.

"No la entiendo", le contesté. "¿No le respondieron?"

"Me preguntaron, ¿qué quieres decir?", me respondió.

Le dije que me debía 5 dolares pero que no se los iba a cobrar.

A principios de este mes estuve en Ramallah, la capital de facto de la Autoridad Palestina, donde entrevisté a Ghassan Khatib, el director de Medios de Comunicación del gobierno de la Autoridad Palestina y el portavoz del presidente palestino Mahmoud Abbas. Yo le hice la misma pregunta: ¿Es que los palestinos van a reconocer a Israel como Estado judío?

Él fue más directo que los estudiantes palestinos en Stanford. Su larga respuesta consistió en un rotundo "No".

No hay pueblo judío, me dijo, así que ¿cómo puede haber un país judío? La posición palestina es que hay una religión llamada judaísmo, pero que no hay tal cosa como un pueblo judío. (Curiosamente, los judíos sólo hacen referencia a su pertenencia a una religión una vez en toda la Biblia hebrea. En el Libro de Esther, por el antisemita Haman).

En otras palabras, los palestinos - la población que compone un grupo nacional que nunca existió con el nombre de "Palestina" hasta bien entrado el siglo XX – niegan la existencia de la nación más antigua en el mundo - de las que aún permanecen -, una que data de más de 3.000 años.

Eso si que es verdadera chutzpah.

De hecho, los palestinos niegan que los judíos hayan vivido en Israel. Es por eso que Yasser Arafat no podía admitir que Jesús fuera un judío, sino más bien, y de acuerdo con Arafat, "Jesús era un palestino". Reconocer que Jesús era judío significaría reconocer que los judíos vivieron en Israel miles de años antes - y en un Estado judío por otra parte -, mucho antes de que los musulmanes existieran, mucho antes de que los árabes se trasladaran allí, y miles de años antes de que alguien se llamara a sí mismo un árabe palestino [N.P.: antes también designaba a los judíos residiendo en la Tierra de Israel].

En el discurso del presidente palestino ante las Naciones Unidas la semana pasada, esta negación de la historia judía se reafirmó. Así, en un discurso sobre Israel y los palestinos, ni una sola vez pronunció la palabra "judío" o "judaísmo".

He aquí un ejemplo de esa historia de Israel/Palestina libre de judíos de Abbas:
"Vengo ante ustedes hoy desde Tierra Santa, la tierra de Palestina, la tierra de los mensajes divinos, de la ascensión del Profeta Muhammad (la paz sea con él) y el lugar de nacimiento de Jesucristo (la paz sea con él)...".
No se hace mención de los judíos. Al parecer, sólo existían cristianos (¿sabrá Abbas que Jesús era judío?) y musulmanes, los cuales siempre habrían vivido en "Tierra Santa". Y para Abbas, la Tierra Santa no es Israel, es Palestina. El que fueran los judíos quienes hicieran de esta tierra una Tierra Santa es un hecho histórico negado por los palestinos.

Israel, desde el punto de vista palestino, es el Estado de Israel, no un Estado judío. Como escribió el embajador de Israel en los Estados Unidos, Michael Oren, en un artículo en el The Washington Post del viernes pasado:
"Dos propuestas de paz ha hecho Israel, en 2000 y 2008..., allí se reunieron casi todas las demandas de los palestinos para formar un Estado soberano en las áreas ganadas por Israel en la guerra de 1967 - la Ribera Occidental y Gaza, e inclusive Jerusalén Este -. Sin embargo, el presidente palestino Yasser Arafat rechazó la primera oferta y Abbas ignoró la segunda, por la misma razón que sus predecesores rechazaron el Plan de Partición de 1947.

Cada vez que la aceptación de un Estado palestino significa aceptar al Estado judío, esa concesión se convierte en algo imposible para los palestinos".
Ese es el problema. No los asentamientos. No los límites. Los palestinos, como la mayoría de sus hermanos árabes y musulmanes, como muchos otros en otros lugares, nunca han reconocido que los judíos regresaron a Israel, ya que nunca han reconocido que los judíos tuvieran un hogar nacional allí. Y encima ni siquiera reconocen que los judíos son un pueblo.

¿Los palestinos quieren la paz? No tengo ninguna duda de que lo desean. Pero no con el Estado judío.

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Tuesday, December 14, 2010

¿Cómo de “abiertas” están las mentes de los judíos liberales (léase progresistas para extrapolarlo a Europa)? - Dennis Prager - Jewish Journal



(Dennis Prager es un descubrimiento reciente. Sensato, observador y sin "un pensamiento complejo", algo de lo que le acusan algunos de sus críticos. Lo críptico, hermético u obligatoriamente sistemático, en la mayoría de los casos no contempla o salvaguarda la complejidad real de los hechos, solo los enmascara o dota de un único sentido. Y es que muchas veces, hasta los autodeclarados "universalistas" contemplan su fe como la única posible, sin herejes ni herejías, y con el Santo Oficio a mano. El multiculturalismo políticamente correcto como nuevo monoteísmo).


Los judíos liberales, al igual que otros liberales, creen que hay tres rasgos positivos que describen a los liberales y que les colocan a un nivel superior de los conservadores: son más compasivas, más intelectuales y son de mente abierta.

A pesar de que soy un judío conservador, no creo que cualquiera de ambos lados, liberales o conservadores, disponga de nada parecido a un monopolio de la compasión. Hay judíos compasivos que son conservadores y otros liberales. En cuanto a ser intelectual, reconozco que hay muchos intelectuales judíos que son liberales, y desde que hay muchos más judíos liberales, se supone que habrá un montón más de intelectuales judíos. Pero dudo que el porcentaje de judíos liberales que son intelectuales sea mayor que el porcentaje de los judíos conservadores que además son intelectuales.

Mi área de desacuerdo se refiere a la tercera característica de esa auto-definición de liberal o progresista: ser de mente abierta. Ya se sea judío o gentil, ser de mente abierta no es un rasgo que se pudiera identificar de manera inmediata con los liberales contemporáneos. Como estamos en un periódico judío, limitaré mis comentarios a los judíos.

Antes de continuar, permítanme ofrecer tres ideas para ayudar a que el lector liberal no se ofenda. En primer lugar, trato de desafiar a los judíos liberales, no ofenderlos. En segundo lugar, estoy generalizando, y por lo tanto estoy dispuesto a reconocer que hay judíos liberales de mente abierta. En tercer lugar, si usted, querido lector, es un judío liberal que se enorgullece de poseer una mente abierta, una forma de demostrarlo – demostrárselo - es leer lo que sigue.

¿Cómo describe un judío liberal a esos compañeros suyos que se criaron en un hogar ortodoxo, que fueron a escuelas judías ortodoxas desde la guardería hasta la universidad, que asistieron a campamentos de verano ortodoxos, que socializaron abrumadoramente con otros judíos ortodoxos y que limitaron en gran medida sus lecturas a textos religiosos?

Un judío liberal, probablemente, les describiría como unas personas a las que casi les lavaron el cerebro, en el peor de los casos, y que es improbable que tuvieran una mente abierta, en el mejor de los casos.

¿Pero acaso eso no describiría de la misma manera a la mayoría de los judíos liberales? La gran mayoría de los judíos liberales fueron criados en hogares liberales, educados por profesores liberales en sus escuelas secundarias y por profesores liberales en la universidad, y socializan abrumadoramente con otros judíos (y gentiles) liberales, además de recibir las noticias e informarse a través de periódicos y medias liberales (The New York Times, Los Ángeles Times, ABC, CBS, NBC, NPR, etcétera).

En cuanto a una supuesta mayor apertura de espíritu, ¿cuál es la diferencia entre estos dos tipos de judíos? (En todo caso, yo apostaría a que el judío ortodoxo medio tiene que defenderse y justificar mucho más a menudo su creencia en Dios y su ortodoxia que cualquier típico judío liberal argumentar su liberalismo).

La respuesta, por supuesto, es que no existe ninguna diferencia apreciable. Si a los judíos liberales les gusta presentar a los judíos ortodoxos como víctimas de algo casi parecido a un lavado de cerebro, los judíos liberales necesitarían saber que ese término también podría ser aplicable para ellos. Y con casi un lavado de cerebro o no, lo cierto es que resulta abrumadoramente probable que un judío ortodoxo, desde su nacimiento, lleve una vida judía ortodoxa, al igual que un judío liberal, desde su nacimiento, es abrumadoramente probable que viva su vida como un liberal.

Este paralelismo es aún más preciso una vez que se reconozca que los judíos liberales se aferran a su liberalismo con el mismo fervor y con la misma fe que los judíos ortodoxos se aferran a la suya.

Entonces… ¿por qué motivos los judíos liberales se obstinan en asegurar en que son de mente abierta?

Personalmente, yo puedo dar fe de la existencia de la cerrazón entre los judíos liberales. Y es que a pesar de haber escrito dos best-sellers sobre temas judíos - además de cientos de artículos sobre esos temas - y haber enseñado prácticamente en todas las organizaciones judías importantes de los EEUU durante 35 años, casi nunca he sido invitado a hablar en una sinagoga reformista aunque he sido miembro activo de una de ellas durante 20 años.

No me lo tomo como algo personal, de hecho no es nada personal. El judaísmo reformista está prácticamente cerrado para los oradores políticos conservadores, aunque, como en mi caso, estaría encantado de hablar solamente de judaísmo. Hay muchas razones para creer que una mayoría de sinagogas reformistas invitarían antes a un ferviente orador musulmán que a un ferviente judío conservador.

Otro ejemplo: El año pasado fui invitado a ser el orador en el banquete anual de una escuela judía en la liberal California del Norte. Tengo un historial de 30 años de recaudar fondos para las escuelas judías y de persuadir a los padres judíos para que envíen sus hijos a esas escuelas. Sin embargo, la invitación fue anulada debido a que algunos miembros liberales de la junta de la escuela no aceptaban la presencia de un orador judío conservador, y ello a pesar de que el objetivo de la charla era apoyar a las escuelas judías. De hecho, amenazaron incluso con retirar el apoyo financiero a la escuela a menos que la invitación fuera rescindida. Su opinión era que sólo los liberales podían hablar en esa escuela, al igual que sólo los liberales pueden hablar en casi cualquier sinagoga reformista. ¿De mente abierta, dicen?

Esto contrasta con el hecho de que hace dos años, la Unión Ortodoxa me invitó, a un judío no ortodoxo, a participar en su convención anual de la Costa Oeste. Esto ya era lo suficientemente impresionante. Pero mucho más impresionante fue el tema del que me pidieron que hablara: "¿Por qué no soy ortodoxo?".

Es inconcebible que en una convención del movimiento del judaísmo reformista me invitaran a hablar sobre cualquier cosa, y mucho menos de “por qué no soy un liberal”, o de “por qué creo que el judaísmo está en consonancia con los valores conservadores de América”. He hablado tanto en las convenciones ortodoxas como en las del judaísmo conservador, pero a pesar de ser un miembro activo de una congregación reformista, es probable que antes venga el Mesías que yo sea invitado a una convención del movimiento del judaísmo reformista.

Fácilmente puedo reconocer muchos buenos rasgos entre mis compañeros judíos liberales. Pero la “apertura de espíritu” no es uno de ellos.

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