Thursday, June 15, 2017

El desaparecido drama en 'Oslo' - David Suissa - Jewish Journal


El primer pensamiento que me vino a la mente después de ver la exitosa obra de teatro “Oslo”, la cual acaba de ganar un premio Tony a la mejor obra de teatro, fue: “¿Eso es todo?

La obra me dejó vacío. La brillante actuación y dirección de actores y director no pudo superar mi decepción porque “Oslo” añadió poco a la conversación sobre el conflicto, y sólo refuerza los estereotipos occidentales sobre la resolución de conflictos.

La obra dramatiza hábilmente lo que sucede detrás de las escenas de los esfuerzos de una pareja de diplomáticos noruegos que acogen a los israelíes y a los palestinos reunidos para firmar los Acuerdos de Oslo de 1993. Como se pueden imaginar, para conseguir que las partes se pongan de acuerdo en algo, hay mimos sin fin, codazos, disputas y agonía. Es en esos giros y vueltas del juego que se situa la mayor parte de su drama.

Pero hay un elefante en la habitación, y se cierne sobre todo. No importa la cantidad de drama que se vea en el escenario, no se puede dejar de sentir el drama que distrae a ese elefante y que es el siguiente: El acuerdo que adora y reivindica esta obra de teatro ha resultado ser un fracaso, un fracaso de primer orden. La luz al final del túnel de Oslo ha sido realmente un tren en movimiento.

Así, aunque me gustó mucho la actuación y la historia, sentí su vacío. Debido a que la obra realiza una poderoso afirmación de la verdad histórica, la verdad termina asediándola. La obra quiere tener ambas cosas: nos quiere hacer disfrutar de la historia, pero a la vez ignora la historia que molesta. En mi caso, al menos, era demasiado pedir.

La tragedia de Oslo convierte al drama de “Oslo” en casi trivial. El verdadero drama de la historia de Oslo no está en sus negociaciones insoportables, sino en su impresionante fracaso. Para toda la dificultad que sobre el acuerdo dramatiza la obra, el acuerdo en sí fue bastante modesto. No abordó los problemas más graves. Se inicia el camino con la esperanza de que la confianza mutua se construya entre las partes. Por supuesto, ocurrió lo contrario. La violencia y la desconfianza se volvieron mucho peores desde Oslo.

En la vida real, ese tipo de trágicos desenlaces pueden ser desmoralizantes. Son casi imposibles de soportar. Pero es por eso que necesitamos al gran arte, pero para enfrentarnos a las verdades más feas. El gran arte no está ahí para fabricar esperanza. Eso es cosa de los predicadores. El gran arte debe tener el valor de llevarnos donde no queremos ir.

El conflicto palestino-israelí es un conflicto existencial, donde se rechazan las narrativas básicas, reinan la desconfianza y el resentimiento, y el odio acumulado florece. Los brillantes negociadores resultan inútiles de cara a ese tipo de condiciones endurecidas. Una obra que hubiera intentado capturar esa tragedia me habría cautivado.

¿Hubiera ganado un premio Tony? Probablemente no. La tragedia no vende, y la esperanza sí vende. La esperanza es el elixir de la mente civilizada. No importa lo que nos diga la realidad, hay que mostrar un poco de esperanza. El precio a pagar por esta obsesión es que no aprendemos nuestras lecciones. En el caso de Oslo, la gran lección es que cuando se corroe una fundación, no se puede construir nada.

Desde el punto de vista de los palestinos, ese fundamento significa que su sociedad se enseña el odio a los judíos desde el nacimiento, que la narrativa sionista es un fraude y que Israel es un ladrón de la tierra, y se  promete a millones de descendientes de refugiados que con el tiempo volverán a su odiaba Israel y tomarán el relevo. ¿Cómo un pedazo de papel negociado en una torre de marfil de Noruega por gente que no confía en la otra parte podría olvidar todo eso? Desde luego no debía y no podía, incluso si se firmara en el césped frente a la Casa Blanca.

Espero que al menos algún dramaturgo aborde la historia de Oslo algún día sin temor de descender a las profundidades deprimentes del conflicto. Como dicen en Alcohólicos Anónimos, a veces usted tiene que golpear su propio fondo antes de poder ver el camino hacia arriba. Tal vez algún dramaturgo pueda una alternativa e imaginativa historia donde los héroes no son negociadores inteligentes, sino negociadores duros e inflexibles que tratan de construir algo real desde ese feo trasfondo.

Oslo” nunca podrá llevarnos a ese conclusión. Se prefiere el cómodo cliché occidental de que unos negociadores brillantes, inteligentes y decididos pueden lograr cualquier cosa. Eso puede ser cierto en Broadway, pero no lo es en Ramala o Jerusalén.

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Wednesday, December 28, 2016

Si Israel es un ladrón de territorio, ¿por qué negociar con él? - David Suissa - Jewish Journal



Es cierto que los presidentes americanos, en un grado u otro, siempre han criticado los asentamientos israelíes. Sin embargo, aunque fuesen denominados como "ilegítimos", han resistido generalmente los esfuerzos para marcarlos como "ilegales". Hay una gran diferencia entre ambos conceptos. Ilegítimo implica controversia, disputa, debate. Ilegal significa que el debate ha terminado. Usted está viviendo en territorio robado. Usted es un ladrón.

La resolución UNSC 2334, que el presidente Obama permitió pasar el viernes pasado, hace precisamente eso. Etiqueta a Israel como un ladrón de territorio.

"Si hay un área en la resolución que puede ser potencialmente problemática para el futuro", escribió el veterano negociador de paz Dennis Ross, "es la referencia a que los asentamientos son ilegales".

Y por una buena razón: Si usted estipula que los asentamientos son ilegales, ¿para qué quieren que los palestinos se sienten a negociar? Nadie le debe nada a un ladrón, y menos la indignidad de tener que sentarse y hablar. Un ladrón ya tiene suerte de evitar la cárcel. Asimismo, deberá devolver los bienes robados. Fin de la historia.

¿Se han preguntado por qué los líderes palestinos son siempre tan reacios a realizar concesiones? Es porque realmente creen que Israel es un ladrón. Gracias a esos organismos hostiles a Israel como las Naciones Unidas, y la potenciación de un mundo que les mima, esta creencia se ha hecho más fuerte a través de los años. Ahora, con la resolución 2334, y con el respaldo del presidente Obama, la "narrativa de Israel como un ladrón ha tomado la fuerza de un juicio legal internacional".

Y es aún peor. La resolución no hace distinción alguna entre los bloques de asentamientos junto a Jerusalén, los puestos avanzados aislados en Cisjordania y los barrios judíos en la Ciudad Vieja. En cuanto a la resolución vaya adelante, todo será "territorio palestino ocupado". Ya no importa que no existiera tal cosa como un "territorio palestino" antes de 1967. No importa que las negociaciones anteriores siempre apoyaran la idea de que los principales bloques de asentamientos permanecerían en Israel. Y nada de pensar que hay un caso legal convincente para pensar que el territorio en cuestión está "en disputa", en lugar de pertenecer a cualquiera de las partes.

No importa nada de eso. Con esta nueva resolución, incluso el sitio más sagrado del judaísmo, el Muro Occidental, se considera un "territorio palestino ocupado".

Por lo tanto, cuando Israel construya cualquier cosa del Muro Occidental, como la plaza en la que el propio Obama una vez rezó, se encuentra en "violación flagrante del derecho internacional", ya que ha invadido el "territorio palestino".

La flagrante cara dura detrás de tales declaraciones es asombrosa. Creo que esta es la razón por la que muchos de mis amigos pro-israelíes de la izquierda se sienten tan mal ante esta resolución. Ellos pueden ver a través de ella. Pueden ver que no promoverá un compromiso razonable. Pueden ver que no tiene nada que ver con traer la paz y todo que ver con llevar a Israel hacia abajo.

La complicidad del presidente Obama en la transformación de la construcción judía en todas las áreas posteriores a 1967 en completamente ilegal puede incluso llegar a ser el último clavo en el ataúd de la paz. Él le ha quitado todas las cartas a Israel debido a que un ladrón no debe tener cartas con que jugar. Si por algún milagro las partes nunca vuelvan a una mesa de negociación, todo lo que palestinos tendrán que hacer es traer una copia de la Resolución 2334 y decir: "Traigan todo de vuelta".

Es lo que han estado diciendo todo el tiempo los palestinos, sólo que ahora tienen el respaldo de un documento jurídico internacional con el beneplácito del supuesto mejor amigo de Israel.

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Monday, December 26, 2016

Obama lanza Israel a los lobos - David Suissa - Jewish Journal



Después de fallar durante ocho años a la hora de conseguir que los palestinos fueran a la mesa de negociaciones, el presidente pato cojo Barack Obama decidió castigar a Israel al permitir que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas declarara a Israel un estado esencialmente criminal.

Al hacerlo, Obama ha lanzado Israel a la lobos, los lobos del Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS), de la Corte Penal Internacional y de todos los cuerpos y movimientos internacionales que tienen un interés en dañar a Israel.

La acción de la ONU sigue a la obsesión de Obama de culpar a Israel por el fallido proceso de paz y de recompensar a los palestinos por haber dicho consistentemente no a todo: no a las concesiones, no a las conversaciones de paz, no al reconocimiento de Israel.

"Estamos indignados por el fracaso de los Estados Unidos a la hora de vetar la poco constructiva y  sesgada resolución del Consejo de Seguridad", dijo el jefe la Liga Anti Difamación Jonathan Greenblatt en un comunicado. "Esta resolución hará poco para renovar los esfuerzos entre Israel y los palestinos. Sólo seguirá impulsando la intransigencia palestina de cara a unas negociaciones directas con Israel, favoreciendo las iniciativas unilaterales y de cada parte".

Al tiempo que afirma su oposición a la política de asentamientos de Israel y reafirma su apoyo a una solución de dos estados, la Conferencia Central de Rabinos Americanos (CCAR), en un comunicado firmado por su presidente Denise Eger y el presidente ejecutivo dSteven A. Fox, expresó su "fuerte desacuerdo" con la resolución del Consejo de Seguridad, diciendo que la "abstención de Estados Unidos nos deja consternados, decepcionados y enojados".

El CCAR estuvo de acuerdo con muchos otros que "las negociaciones de paz es una cuestión de las dos partes involucradas" y que "las Naciones Unidas no son el escenario donde abordar estas complejas cuestiones", añadiendo que "la crítica obsesiva e implacable de la ONU a Israel, sin tener en cuenta la incalicable represión cometida por regímenes ilegítimos y organizaciones terroristas en todo el mundo, etiqueta falsa, maliciosamente y únicamente a Israel como un estado paria".

Hay algo trágico en como Obama ha utilizado un organismo tan anti-Israel como las Naciones Unidas para hacer su declaración final sobre Israel. ¿No se da cuenta de que así sólo faculta a los enemigos de Israel y poner viento en las velas del vil movimiento del BDS que busca principalmente deslegitimar al estado judío?

También hay algo trágico acerca de cómo Obama calculó tan mal lo que debían hacer con el fin de acercar a las partes. Su primer movimiento para reiniciar el proceso de paz no fue exigir a los palestinos que aceptaran la oferta de Israel de negociar sin condiciones previas o detener su incitación contra los judíos.

No, su primer movimiento fue exigir algo que los palestinos nunca exigieron: una congelación draconiana de toda la construcción judía en Cisjordania y Jerusalén Este, lo que afectaba a cerca de medio millón de judíos, algo que ningún gobierno israelí podría asumir. Este movimiento no sólo reforzó la intransigencia palestina, sino que estableció a Israel como la parte culpable.

Cuando el líder del mundo libre coge un complicado conflicto y pone la mayor parte de la culpa en uno de los lados, no hay de que sorprenderse de que el mundo siga esa directriz. ¿Es tan extraño entonces que las Naciones Unidas sigan los pasos de Obama y hagan demandas similares? Si el mejor amigo de Israel puede hacerlo, ¿por qué no la ONU que no es desde luego un gran amigo?

El problema, por supuesto, es que una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que utiliza un lenguaje como "violación flagrante del derecho internacional" es mucho más que una demanda o una condena. Es más una sentencia judicial que condena a Israel sin juicio y que perseguirá el estado judío durante mucho tiempo en el futuro.

Si el interés de Obama fuera reunir a las partes, desde luego que no necesitaba a la ONU.  La ayuda financiera podía haber condicionado a la AP para que regresaran a la mesa de negociaciones, además de exigir el fin de la incitación contra los judíos. Y es que dicha incitación es una dolorosa evidencia de que los palestinos están más interesados ​​en la destrucción del Estado judío que en la creación del suyo propio.

Las comunidades judías solamente representan territorialmente al 3% de Cisjordania. Si los palestinos fueran serios en la construcción de su propio estado, se sentarían a negociar. Evidentemente, eso nunca provocó que Obama pensara que ponerse duro con los palestinos podía ser una forma más inteligente de avanzar el proceso.

El presidente Barack Obama comenzó y terminó su presidencia culpando a Israel por su propia incapacidad de juntar a las partes de este intratable conflicto. Y a medida que llegó la hora de su despedida, en vísperas de Janucá, permitió que ese pozo negro de antisemitismo en que se ha convertido las Naciones Unidas pusiera una marca de Caín en el Estado judío.

Eso es un doble golpe para su tan mencionado legado, pues perjudica el proceso de paz y daña a Israel. Para los judíos que aman a Israel y que aman a Obama, este es un montón de tragar y de pensar las cosas.

Y sin embargo, aún siendo tan malo todo esto, el legado de Obama no irá mucho más allá de Israel.

Así es como mi amigo autor Yossi Klein Halevi resume sus ruinas: "El legado de Obama es medio millón de muertos en Siria, lo que ha provocado una ola de afluencia de refugiados a Europa, un movimiento que podría conducir a una posible desintegración de la Unión Europea y al ascenso de la derecha radical; el ascenso de Irán como un poder convencional que está devorando un país sunita tras otra, y que ha conseguido por una vía más lenta, pero ahora inevitable, convertirse en una potencia nuclear; la disminución del poder y el prestigio estadounidense; y ahora, tras la resolución, la legitimación del BDS y la criminalización de Israel".

"Gracias, señor Presidente".

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Saturday, May 07, 2016

Los pacifistas judíos de hoy en día viven envidiando los años 60 - David Suissa - Jewish Journal



No todos los manifestantes y las manifestaciones son iguales. Las protestas por los derechos civiles en la década de 1960, por ejemplo, no son lo mismo que las protestas para "poner fin a la ocupación" en la actualidad. Las primeras fueron, literalmente, un asunto en blanco y negro, sin grises u otros colores; las segundas todo lo contrario.

Lo que pasa con las manifestaciones y manifestantes, sin embargo, es que a menudo resulta difícil decir de que tipo son. Todos los manifestantes que protestan por alguna injusticia tienen la misma mirada de indignación. Exigen un cambio inmediato y no dejan lugar a la duda o la complejidad de su causa. Cuando toman las calles, dan rienda suelta a sus emociones viscerales, no a las consideraciones o al intelecto.

La semana pasada, coincidiendo con la fiesta de Pascua, cientos de activistas judíos en su mayoría jóvenes agrupados bajo la bandera de #IfNotNow (#INN) desataron sus emociones en todo el país para protestar por la continua presencia de Israel en Cisjordania. Ellos se parecían mucho a los activistas detenidos judíos en las marchas por los derechos civiles en Mississippi y Alabama en la década de 1960.

Con orgullo levantaron consignas como: "No habrá liberación con ocupación" y "Dayenu. Fin a la ocupación". Algunos fueron detenidos por violación de la propiedad privada y salieron en las noticias. Estoy seguro de que debieron ser una especie de estrellas de rock en sus Seder de Pascua. Una especie de mártires por la causa.

Pero, ¿por qué causa exactamente?

¿Qué noble misión ha despertado tal certeza y pasión en estos activistas?

Nada sorprendente, es la causa más mediática para los medios de comunicación del mundo: Exigir que Israel ponga fin a su disputada ocupación de Cisjordania. Después de todo, si los afroamericanos en la década de 1960 merecían sus derechos civiles, ¿por qué los palestinos hoy en día no se merecen que Israel abandone Cisjordania?

Claro que sí, a excepción de que existen ciertos temas inconvenientes, tales como:

- Tan pronto como Israel abandone Cisjordania, Hamás podrá lanzarse en picado a tomar el poder y comenzará la matanza de palestinos contrarios a su dominio, tal como sucedió en Gaza después de que Israel se fue.

- El ISIS también podría hacer acto de presencia y empezar a cortar cabezas palestinas. En otras palabras, el "fin de la ocupación" también puede significar "poner fin a la protección" de los palestinos contrarios al terrorismo islámico. Pero para estos activistas esto no parece representar una gran complicación

También existen otras complicaciones que no nunca serán tomadas en consideración en las consignas del #INN

- Los líderes palestinos ya han rechazado varias oportunidades para poner fin a la ocupación en los últimos 20 años, y en todos los casos dijeron no a las ofertas israelíes.

Una de las razones de ese rechazo en serie ha sido su negativa a ceder en su demanda de que los refugiados palestinos y sus millones de descendientes regresen a Israel, un movimiento que terminaría eficazmente con el Estado judío.

- Otra de las razones para su rechazo a las diversas ofertas ha sido el dinero. Mientras puedan mantendrán el victimismo, por el cual los palestinos reciben miles de millones en ayuda internacional. Para los corruptos líderes palestinos, esto convierte a la ocupación en un cajero automático personal que financia sus casas y aviones privados, y logra que el dinero mundial les fluya. ¿Y quién querría poner fin a eso?

Y no olvidemos que si bien esos líderes son cada vez más ricos, la ocupación les permite golpear al Estado sionista, ese que tanto desprecian.

Si se suma todo esto,  no resulta extraño que unos irresponsables, corruptos e irresponsables líderes palestinos  nunca se hayan apresurado a ver el final de la ocupación.

Lo sé, todas estas complicaciones son irrelevantes para unos manifestantes que poseen una moral unidimensional y necesitan una narrativa limpia y clara: la narrativa que afirma que todo depende de Israel para que las cosas vayan mejor. Estos manifestantes simplemente están siguiendo ese mantra popular y medíatico que discrimina contra el Estado judío: cuando se trata del conflicto palestino-israelí, todo está bajo los hombros de Israel.

Es por eso que los manifestantes nunca hacen ninguna demanda a los palestinos y a sus líderes, como poner fin a su cultura de odio a los judíos, su corrupción y su rechazo crónico. Como dijo una vez el ex embajador de Israel en los EEUU, Michael Oren, los palestinos se han convertido en "una especie de escusa o apoyo bidimensional en un asunto interno de moralidad judía".

De hecho, es difícil imaginarse a los activistas del #INN manifestándose frente al consulado palestino con estos lemas: "Dejen de enseñar odio y comiencen a enseñar paz", o "Digan ahora mismo sí a las negociaciones", o este otro, "Dejen de robar la ayuda dirigida a su gente" .

La inconveniente realidad que ellos no desean oír es que Israel no puede poner fin a este conflicto por sí mismo. Este es un conflicto intratable, bidireccional y sin soluciones fáciles, y donde hay un montón de culpas que repartir. Está muy lejos de ser una lucha en blanco y negro como la de los derechos civiles de los afroamericanos de los Estados Unidos.

Los manifestantes anti-ocupación tienen que saber que cuando se pide a gritos una solución simple a un problema complejo, están ocultando la propia complejidad del problema y vuelven la solución mucho más inalcanzable.

Todos estos ansiosos pacifistas harían bien en escuchar las palabras de Jonathan Greenblatt, el presidente de la Liga Anti-Difamación (ADL), quien se las comunicó a los manifestantes del #INN detenidos en el vestíbulo del edificio de la ciudad de Nueva York donde están los despachos del ADL:
"Resulta bastante desafortunado y descorazonador que el #INN parezca estar más interesado en el espectáculo y en los ultimátum que en la discusión y en el diálogo para lidiar con los difíciles problemas implicados en la consecución de la paz. Sin embargo, nuestras puertas están abiertas, y nuestra invitación para hablar con el  #INN sigue en pie". 
¿Le tomarán la palabra? Lo dudo.

La oferta de Greenblatt nunca podrá competir con el "drama de verse arrestado y aparecer en el telediario de la noche como unos rebeldes con causa". No existen descargas de adrenalina y de autosatisfacción semejantes cuando se trata de entablar un diálogo honesto para lidiar con asuntos complejos.

Para estos aspirantes a rebeldes con causa aspirantes que no toleran la existencia de complicaciones y complejidades, sólo existe su suficiencia y su seguridad de que estamos ante un dilema en blanco y negro.

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Sunday, June 14, 2015

¿Por qué se muestra tan herido Obama? Que mire que piensa Israel de él - David Suissa - Jewish Journal



Todo el mundo está hablando de cómo el presidente Barack Obama se siente profundamente herido y mal comprendido por Israel y por tantos judíos de la comunidad pro-Israel. El argumento que se trata de vender es que los judíos no aprecian lo "judío" que es en realidad este presidente, y cómo el hecho de que él sostenga a Israel a un nivel tan alto es en sí mismo un gran valor judío.

Durante el último par de semanas, en un esfuerzo público extraordinario que busca ayudar a vender su emergente acuerdo nuclear con Irán, el presidente ha desvelado su alma ante el destacado periodista estadounidense Jeffrey Goldberg, ante la audiencia de una sinagoga en Washington, DC y en una entrevista en la televisión israelí.

La conclusión final es que se trata de un presidente perplejo.

"Él está profundamente ofendido por la idea que tienen algunos de que es anti-Israel y antisemita", le dijo el ex diplomático y privilegiado colaborador presidencial Martin Indyk al JTA esta semana. "Y está profundamente herido por ello. Finalmente, le ha llegado la ingratitud de los israelíes ante este presidente".

En esencia, lo que Obama está diciendo al mundo judío es: "Estoy seguro de que lo que estoy haciendo es bueno para ustedes y para Israel, y me siento herido de que muchos de ustedes no lo vean de esta manera".

Dejemos de lado el argumento de que Obama no es precisamente conocido por ser una persona muy sentimental, y que todo esto puede formar parte de una calculada estrategia para obtener más apoyo entre los judíos para su acuerdo con Irán. Vamos a concederle que realmente se siente herido.

La pregunta entonces es: ¿Pueden sentirse también heridos los israelíes?

Este es para mí el quid de la cuestión. El presidente no parece comprender que halla un montón de gente inteligente y razonable que crea que sus políticas han hecho daño a Israel.

Vamos a empezar con el conflicto palestino. Al parecer, Obama cree que porque es un ferviente creyente en una solución pacífica de dos estados debemos ser acríticos con su labor. Después de todo, él ha repetido el mismo mantra pro-Israel que todos hemos escuchado durante años: la creación de un Estado palestino permitirá a Israel sobrevivir como un Estado judío y democrático. ¿Acaso no deberíamos apreciar eso?

Bueno, sí, pero esa es sólo la mitad de la historia. Es la forma en la que Obama ha llevado a cabo sus políticas, tratando a Israel como el principal obstáculo para la paz, creando "distancia" con el Estado judío y aplicando la mayor parte de la presión (la única) sobre Israel, la que ha terminado perjudicando tanto a Israel como al proceso de paz.

Y este daño se inició a principios de su presidencia.

"Él extendió la mano al mundo árabe y musulmán, y después no fue (ignoró) a Israel. Ese fue un grave error de cálculo", dijo Martin Indyk, un importante colaborador del presidente refiriéndose al primer viaje de Obama a la región. "Se envió el mensaje de que quería poner distancia entre los Estados Unidos e Israel".

El presidente ensanchó la brecha cuando, en su primera reunión con el primer ministro Benjamin Netanyahu hace seis años, le pidió la congelación de todas las construcciones en los territorios, una draconiana condición previa para unas conversaciones de paz y una condición que incluso los palestinos nunca habían solicitado.

Cuando tú amigo emprende una pelea contra ti, tus enemigos se regocijan. Efectivamente, la combinación de presión y distanciamiento de Obama dio un nuevo impulso al movimiento internacional para aislar y deslegitimar al Estado judío.

Obama ha tratado de caracterizar su enfoque señalando a Israel bajo una luz positiva, pero a la vez colocando al Estado judío bajo un mayor nivel de responsabilidad. Bueno, existe un problema con eso: la responsabilidad parece haber funcionado como sinónimo de culpa. Si usted es el (único) responsable de lograr la paz, y no hay acuerdo, ¿adivinan quién tendrá la culpa?

Para los detractores globales de Israel que ven la construcción de apartamentos judíos en Jerusalén Este como un pecado mucho mayor que asesinar a miles en Siria, poner todo la responsabilidad, es decir, la culpa, en Israel, ha sido como maná llovido del cielo.

Pero hay cosas aún peores.

La única y desproporcionada presión de Obama sobre Israel mató el proceso de paz. Obama ignoró la historia del rechazo palestino a una solución que permitiera la supervivencia de Israel como Estado judío y cómo los líderes palestinos han rechazado en el pasado serias ofertas de paz israelíes. También ignoró lo que estaba detrás de ambos rechazos: el adoctrinamiento del odio a los judíos y la glorificación de los terroristas dentro de la sociedad palestina, envenenando cualquier interés por una negociación y un compromiso que ratificara la pervivencia de Israel.

De hecho, Obama dio a los palestinos un desincentivo para negociar. Mientras que Israel era el responsable/culpable del "insostenible" status quo, a Mahmoud Abbas y a la Autoridad Palestina se les proporcionaba toda la munición que necesitaban para atacar la legitimidad de Israel en los tribunales internacionales.

Y como si los enemigos de Israel necesitaran aún más munición, sólo esta misma semana Obama consiguió que la Corte Suprema dictara a favor del derecho del Departamento de Estado para emitir pasaportes que no reconocen a Jerusalén como parte de Israel.

Así que cuando el presidente Obama nos dice que todo lo que ha hecho es "bueno" para Israel, ¿no es capaz de entender nuestro escepticismo?

Por más que mucha gente quiera insistirnos en la relación personal y emocional de Obama con Israel, dicha apreciación se centra más bien en cosas más prosaicas, como sus políticas y los daños que han provocado. En pocas palabras, Obama es profundamente impopular en Israel porque la mayoría de los israelíes creen que su política en el Oriente Medio ha dañado la posición de su nación.

Eso no quiere decir que Israel haya sido intachable. Hay pocas dudas de que el gobierno de Netanyahu podría haberse mostrado más sabio y conocedor de la diplomacia y de sus políticas. Y nadie debe subestimar el gran valor de la cooperación de seguridad entre los EEUU e Israel durante el gobierno de Obama.

Pero eso no debe encubrir los errores de Obama. Su mayor error, quizás, fue su decisión de añadir "claridad y distancia" con respecto a Israel en un momento en que el pueblo de Israel ya se sentía en estado de sitio, a nivel internacional y en una región hostil. Para sentirse suficientemente seguros como para adoptar más riesgos por la paz, los israelíes necesitan ver menos, no más "claridad y distancia" entre ellos y su aliado estadounidense.

Al escoger emprender una pelea tras otra contra el gran aliado de los Estados Unidos, y calificar esa actitud como una muestra de su "amor duro (crítico)", Obama hizo de Israel un objetivo abierto para sus enemigos que sólo vieron la dureza, pero no el amor.

Es posible que sea cierto que se siente herido, señor Presidente, pero puede estar seguro que no es usted solo.

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Wednesday, May 27, 2015

Obama ama a un equivocado y nostálgico Israel - David Suissa - Jewish Journal



Cada vez que escucho al presidente Barack Obama decir lo mucho que ama a Israel, me gustaría preguntarle: ¿De qué Israel me está hablando?

Al parecer, él no es demasiado entusiasta del actual Israel. El Israel que es dueño de su corazón es el Israel de antes de 1967, cuando el Estado judío era un pequeña y noble nación que luchaba contra todos sus enemigos y seguía en pie frente a todos los pronósticos.

"Conocí a Israel de joven a través de esas increíbles imágenes de los kibutzim y de Moshe Dayan y Golda Meir, e Israel superando todos los pronósticos en la guerra del 1967", dijo Obama en Washington DC en su visita a una conocida sinagoga el viernes pasado. "Era la noción de los pioneros que se proponían no sólo salvaguardar la propia nación, sino que buscaban rehacer el mundo. No se trataba solamente de hacer florecer el desierto, sino permitir que sus valores prosperarán y así asegurar que lo mejor del judaísmo pudiera prosperar".

Obama no es el único que se escuda en la nostalgia para encubrir la complejidad. Todos lo hacemos. Nos sienta bien, nos da esperanza. En el caso de Obama, le permite soñar con el antiguo Israel, al que él denomina el Israel del Tikkun Olam, el que busca reparar el mundo, un Israel que asegura que "lo mejor del judaísmo pueda prosperar"

Pero como toda nostalgia nebulosa, ese viejo Israel era un espejismo.

El Israel de antes de 1967 estaba lejos de ser el gran ideal que nos describe Obama. Los primeros pioneros sionistas y los padres fundadores no se proponían "rehacer el mundo". De hecho, no tenían tiempo para eso. Estaban demasiado ocupados construyendo un país que a duras penas podría sobrevivir al ataque de unos ejércitos árabes que en verdad soñaban con tirar a su gente al mar.

Como Eli Lake señaló en Bloomberg, cuando Obama rememora de manera romántica los días de Golda Meir, pasa por alto que era fue la propia Golda Meir quien dijo la famosa frase: "La paz llegará cuando los árabes amen a sus hijos más que nos odian a nosotros".

De hecho, hasta 1966, los árabes en Israel vivían bajo un régimen militar y tenía apenas y prácticamente muy pocos derechos. Ni siquiera se les permitía ponerse en contacto con sus hermanos en Cisjordania. Desde 1967, la población árabe de Israel ha pasado de 400.000 a casi 1,8 millones. Y a pesar de los obstáculos que aún enfrentan, los árabes israelíes viven hoy de una manera muy significativa mucho mejor que en 1967, y sus derechos, libertades y oportunidades son ampliamente reconocidas y son mucho mejores que los de cualquier árabe en el Oriente Medio.

Del mismo modo, antes de 1967, Jerusalén era una ciudad oscura y dividida que pisoteaba los derechos religiosos y estaba alejada de los turistas. Desde que Israel unió la ciudad, se convirtió en un importante destino mundial  y una puerta abierta a las tres grandes religiones del mundo.

Aunque lejos de ser perfecto, el moderno y actual Israel posee una complicada y fascinante historia, problemática, ruidosa, abierta, imperfecta y multicultural, con un éxito que ha logrado prosperar a pesar de estar rodeada de vecinos que han deseado su destrucción. Se trataba de un país que ha realizado más Tikkun Olam que el pensado y soñado por los primeros pioneros, un país con una cultura autocrítica propia que permitía los cambios y la autocorreción, en otras palabras, un modelo para el resto del Oriente Medio.

Pero este Israel moderno, desordenado y milagroso no seduce a Obama, él sigue soñando con el viejo modelo. En su discurso de la sinagoga, el presidente sólo pudo expresar su amor por ese antiguo Israel, por ese que según él fue y no por el que realmente es en la actualidad.

Incluso en ese tema tan absorbente como la ocupación de Cisjordania, él no considera el contexto crucial: Israel ya ha ofrecido poner fin a esa ocupación durante varias veces a lo largo de los años, y los palestinos nunca han querido considerar sus propuestas. De hecho, Israel ha sido recompensado con 10.000 cohetes terroristas después de que renunciara a Gaza, y los dirigentes palestinos han seguido con el adoctrinamiento anti judío de su sociedad. Incluso podíamos haber añadido que ese rechazo palestino continuo y crónico, es el principal responsable del endurecimiento de los corazones de muchos pacifistas israelíes.

Nada de esto ha evitado que Obama ponga la mayor parte de su presión sobre Israel, una estrategia fallida que le ha alejado de la mayoría de los judíos de Israel. Mientras Obama sigue retratando esa descompensada y unilateral presión como una "expresión de amor exigente", nunca ha explicado por qué no ofrece ese mismo tipo de amor exigente a los palestinos. ¿Acaso no se lo merecen?

Como siempre lo suele hacer, el presidente Obama suele hablar de "valores compartidos" y de "profunda amistad" entre los Estados Unidos e Israel, y de un compromiso inquebrantable de los Estados Unidos con la seguridad y el derecho a existir del Estado judío. Esos comentarios pueden ser maravillosos y muy tranquilizadores, pero no dejan de ser un cliché y unos comentarios genéricos y automáticos, muy alejados de esas supuestas emociones efusivas que expresa para el antiguo Israel que tanto echa de menos.

Digamos las cosas claramente y tal como son: Obama ha estado allí con Israel cuando se ha tratado de cooperación en seguridad y vetando resoluciones anti-Israel en las Naciones Unidas, pero se ha comportado de manera terrible a la hora de la defensa y protección de la reputación de aliado más grande de Estados Unidos en el Oriente Medio [N.P.: por no hablar de su cuestionable actuación en la última guerra de Gaza, facilitando una tregua favorable a Hamas, retardando la entrega de suministros, contribuyendo a su aislamiento aéreo...].

Por obsesionarse con el conflicto palestino e injustamente señalar a Israel como el principal obstáculo para la paz, por no señalar el valor único de Israel como gran ejemplo para el resto del Oriente Medio, por no haber puesto la misma presión sobre los palestinos para hacer paz, Obama ha puesto a Israel a la defensiva y lo ha dejado a la intemperie para una sesgada condena mundial y para un no menos sesgado aislamiento del Estado judío.

Ningún supuesto gran amor por un viejo y mítico Israel puede justificar el daño causado al nuevo y verdadero Israel.

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Friday, May 15, 2015

¿Cómo te mantienes judío? - David Suissa - Jewish Journal



En el mundo moderno ortodoxo, a los padres no les gusta escuchar las letras OTD. Representan "fuera del derech", es decir, fuera del sendero o camino (de la Torah), lo que significa que su hijo ha decidido dejar el mundo religioso. Ocurre con más frecuencia de lo que piensas.

A veces un niño va a la universidad, escucha una brillante conferencia que desafía lo que aprendió en las escuelas judías o yeshivas - como, por ejemplo, el hecho de que cada palabra de la Torah y el Talmud viene de Dios - y podría poner en duda su sistema de creencias.

Otras veces, el estilo de vida observante de la Torah de orar tres veces al día, y después tantos mandamientos, simplemente puede llegar a ser demasiado sofocante. En lugar de seleccionar y escoger, el niño podría decidir simplemente abandonarlo todo.

La ortodoxia moderna es especialmente vulnerable a los hijos que "abandonan el derech", precisamente porque su filosofía es la de seguir participando activamente en el mundo exterior. A diferencia de las comunidades ultra-ortodoxas mucho más insulares, la ortodoxia moderna otorga una prima mucho mayor en estudiar en las mejores universidades y seguir carreras profesionales.

Es bien sabido que si usted va a tener un ataque al corazón o cualquier tipo de ataque, uno de los mejores lugares donde estar es una sinagoga ortodoxa moderna, ya que un grupo de médicos judíos estará con usted en cuestión de segundos.

Este compromiso con el mundo exterior crea una tensión constante en lo que respecta a su adhesión al estilo de vida ortodoxo - orar tres veces al día, búsqueda de restaurantes kosher, tener días libres para las fiestas judías y así sucesivamente -. Tal vez por eso el Shabat es el ritual crucial que mantiene viva a la ortodoxia moderna. Es un día donde no hay presión, no hay ambigüedades, sin necesidad de navegar por diferentes mundos. Desconectas del trabajo y del mundo, y vuelves a conectar con la familia y con la comunidad.

El problema es que para que una nueva generación de judíos ortodoxos modernos adictos a comprobar sus smartphones cada pocos segundos, puede que no sea tan fácil desconectar. Y si usted ha sido criado en el mensaje de que "todos los mandamientos son importantes", un pequeño desliz podría desmoralizarle y llevarle hacia una resbaladiza pendiente en lo referente a su sujeción a todo.

En otras palabras, debido a que el estilo de vida ortodoxo es tan exigente, hay numerosas oportunidades para deslizarse fuera de él y sentirse culpable. Es por eso que los rabinos ortodoxos tan a menudo predican el valor y la importancia de seguir los mandamientos de Dios. Es su deber.

Pero, ¿qué más puede hacer la ortodoxia moderna para tratar de evitar que la nueva generación se salga del derech?

Vamos a empezar con esta pregunta: ¿Es el judaísmo lo que eres, lo que haces o lo que crees? Cuando le planteé esta pregunta a un público mayoritariamente ortodoxo en Arizona, durante la Pascua, ¿adivinen qué respuesta tuvo la mayor respuesta?

Así es, fue la primera: el judaísmo es "lo que yo soy". "Lo que yo hago" y "lo que yo creo" son extremadamente importantes según me comentó la gente, pero cuando se ven obligados a elegir lo más importante adoptaron "lo que yo soy".

Esto no debería sorprendernos. "Lo que yo soy" va al núcleo de nuestra identidad. Sugiere algo inmutable. Cuenta con la seriedad de una declaración: "Esto es lo que soy". Para los judíos, esta identidad nos conecta directamente a "lo que somos", es decir, un pueblo con una historia milagrosa.

Una de las cosas más atractivas que le digo a mis hijos en la noche del viernes es que hace 1.000 años, en algún pequeño pueblo en Marruecos, sus antepasados ​​estaban recitando el mismo Kidush y la misma bendición para el pan de una manera exacta. Y que en su casa de oración ellos leían de exactamente la misma Torah. ¿Cuán de milagrosa es esto?

Cuando mi judaísmo comienza con "lo que yo soy ", resulta una progresión natural a "lo que yo hago", porque me corresponde preguntar: "¿Cómo nuestros antepasados lo ​​mantuvieron en marcha durante tanto tiempo?". La comida de Shabat, entonces, se vuelve más que un mandamiento de Dios, es una continuación de lo que somos.

Esta conexión con nuestra historia milagrosa es tan poderosa que puede soportar el brillante asalto contra Dios del fallecido Christopher Hitchens o de Sam Harris. Estos ilustrados ateos pueden cuestionar a Dios todo lo que quieran, pero no pueden cuestionar la historia judía. Ellos no pueden impugnar la existencia de mis antepasados ​​judíos en Marruecos y los muchos rituales que practicaban para mantener su tradición. Esa historia triunfa sobre todo.

Mantener nuestra identidad judía comienza con el "lo que yo soy" que nos motiva. Es como una póliza de seguros contra los modernos vientos de cambio que vuelven a casi todo obsoleto. Si el judaísmo es lo que soy, nada me puede hacer temblar, ni siquiera el hecho de que yo pueda ocasionalmente olvidarme de mi práctica.

Yo soy judío, luego existo.

¿Quién querría dejar el derech?

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Saturday, March 21, 2015

Los israelíes no son tan raros - David Suissa - Jewish Journal



Los amantes de la paz están por todas partes deprimidos por todos aquellos israelíes que votaron por el primer ministro Benjamin Netanyahu. Algunos de estos amantes de la paz son presos de la histeria porque, bueno, no están tan seguros de sí mismos. Están seguros de que un voto por Bibi era un voto contra la paz, y que un voto por Herzog era un voto por la esperanza.

¿Cómo han podido tantos israelíes votar en contra de la esperanza?

Esto es de lo que estoy seguro acerca de los israelíes: no son una gente extraña. A la mayoría de los israelíes no les gustaría nada más que posibilitar que los palestinos tengan un Estado propio si eso significara una verdadera paz, pero han llegado a la conclusión de que, ahora mismo, un Estado palestino significa la guerra, no la paz.

¿Qué hay de raro en esto?

Escuchamos lo que dice un experto israelí desde hace mucho tiempo sobre lo que podría significar un estado palestino:

"Israel tendría problemas a la hora de preservar la seguridad en el día a día, lo que puede conducir al país a la guerra, o a socavar la moral de sus ciudadanos. En tiempo de guerra, las fronteras del Estado palestino constituirán una excelente posición para que fuerzas móviles montarán ataques contra instalaciones e infraestructura vitales para la existencia de Israel, impidiendo la libertad de acción aérea en los cielos de Israel, y causando un numeroso derramamiento de sangre entre la población de las zonas adyacentes a la línea fronteriza".

Estas eran palabras de ese actual y cándido amante de la paz que es Shimon Peres en su sincero libro de 1987, "Mañana es ahora". Y esto era antes de que la región comenzara a implosionar con el ISIS, Al Qaeda, Hamas, Hezbolá, Siria y la amenaza nuclear de Irán, quienes compiten entre si sobre quién puede ser el más violento, y  también antes de  que Israel se retirara de Gaza y fuera recompensado por ello con más de 10.000 cohetes.

"La mayoría de los israelíes quiere decir adiós a Cisjordania... pero no quieren que el escenario de Gaza se repita", le dijo este último verano al New York Times ese otro campeón de la paz que es Amos Oz durante la guerra de Gaza.

¿Qué hay de raro en esto?

Ya sé lo que están pensando: ¿No es algo criminal e inmoral que el primer ministro israelí le grite al mundo que no habrá  un estado palestino bajo su mandato? Sí lo es. Pero cuando el difunto primer ministro Yitzhak Rabin admitió ante el mundo en su último discurso en la Knesset en 1995 que la entidad palestina que tenía en mente sería "menos que un estado", supongo que también sería un criminal.

La ironía es que en su declaración previa a las elecciones que movilizó a tantos de sus adeptos, Bibi ni siquiera llegó tan lejos. Como explica Shmuel Rosner, "Netanyahu no dijo que se opusiera a la solución de dos Estados. Dijo que en las actuales circunstancias no ve a un estado palestino establecido durante su posible nuevo mandato como primer ministro. Y él probablemente tienen razón en su evaluación".

¿Qué hay de raro en esto?

¿Saben por qué tantos israelíes votaron por Bibi y contra las falsas esperanzas de paz? Debido a que no confían en que el mundo logre una auténtica paz para ellos, y sobre todo no confían en el presidente Barack Obama.

La decisión de Obama desde el principio de su presidencia fue maximizar la presión sobre Israel, dejando a su vez a los palestinos ajenos prácticamente a cualquier tipo de presión, exactamente el enfoque equivocado para ganarse la confianza de los israelíes. Esto se debe a que la patética historia del proceso de paz durante estos 20 años ha sido una historia de Israel haciendo concesión tras concesión, mientras los palestinos se negaban a ceder en sus objetivos y lanzaban intifadas y cohetes terroristas.

Incluso si usted es un votante israelí que odia a Bibi y piensa que cometió muchos errores, ¿por qué debería confiar en el enfoque de Obama de presionar solamente a los israelíes? No es tan complicado: Cuando se trata de su seguridad, los israelíes echan un vistazo a la dura realidad que representan sus enemigos y voila... Bibi tiene un montón de esos votantes.

Como Thomas Friedman escribió en el New York Times, "la loca e inútil guerra de Gaza que Hamas inició el verano pasado,  trajo cohetes hasta las proximidades del principal aeropuerto internacional de Israel, y despreciando los palestinos las anteriores ofertas de dos estados de dos anteriores primeros ministros israelíes (Ehud Barak y Ehud Olmert), ellos mismos construyeron la base del apoyo a Netanyahu tanto como lo hizo él mismo".

¿Qué hay de raro en esto?

Es cierto que el gran fracaso de Bibi es que ha estado permitiendo que gran parte de la culpa de esa falta de paz recaiga sobre los hombros de Israel. Ese ha sido un error táctico, y es un error enorme. También es cierto que la mentalidad de status quo de Bibi es coja y miope.

Por lo menos habría puesto en evidencia a los palestinos y aliviaría un poco la presión implacable y desproporcionada sobre Israel.

Pero todos esos partidarios de Israel y amantes de la paz que están desatando su ira contra Bibi también deberían asumir su parte de responsabilidad por ese fracaso. En lugar de estar tan seguros de sí mismos y tratar de convencer a los votantes israelíes, deberían confesar que su estrategia desde hace 20 años de presionar sobre todo a Israel para que haga concesiones por la paz ha sido un desastre.

Eso ha tenido tres consecuencias. Uno, se ha reforzado la intransigencia palestina y matado cualquier esperanza de paz. Dos, han alimentado la mentira global que el fracaso es culpa de Israel. Y tres, se han alienado a un grupo significativo de votantes israelíes.

Así pues, ¿qué hay de raro en esto?

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Sunday, December 21, 2014

Obama: "Yo soy judío, 'en mi alma'" - David Suissa - Jewish Journal



"¿Qué vas a decirle al Presidente cuando lo ves?", fue la primera reacción de mi hija Eva cuando le dije que había sido invitado a la fiesta de la Casa Blanca por Hannukah (En realidad, era su segunda reacción. Su primera fue: "Llévame"). Los niños son tan inocentes, no se dan cuenta de que cuando se está ante más de un centenar de personas apiñadas alrededor del líder del mundo libre, no es tan fácil de conseguir un hueco para hablarle.

Pero tuve suerte. No es lo que pudiera decirle al Presidente lo que importaba, sino lo que le oí decir cuando pocas personas estaban prestando atención.

Después de que el presidente hiciera las habituales observaciones sobre Hannukah y la ceremonia de encendido terminó, bajó a saludar a la densa multitud de invitados a lo largo de la línea de recepción.

Debido a que los chuletas Glatt de cordero kosher fueron tan increíbles, y que mi amigo Selwyn Gerber y yo estuviéramos completamente inmersos en la rutina del ritual judío antes de la llegada del Presidente, llegué tarde ante la multitud que esperaba, lo que significó que terminé cerca de cuatro filas por detrás.

Aquí es donde mi suerte cambió. Había un señor de pelo blanco alto e imponente a mi derecha que tenía un gran vozarrón y que estaba decidido a decirle algo al Presidente (creo que podía haber tenido un par de whiskies de malta de más, pero esa es otra historia).

Así, cuando el presidente se acercó a nosotros, y yo estaba dispuesto a lanzar mi muy manso "Señor Presidente, ¿tiene usted un mensaje que desea compartir con los judíos de Los Ángeles?", mi imponente vecino de la derecha lanzó el más brillante saludo presidencial de Hannukah de todos los tiempos:

"Señor Presidente", dijo con su voz de trueno, "cuando le dije a mi amigo cristiano que iba a venir a una fiesta de Hannukah en la Casa Blanca, él me dijo, 'Yo no sabía que el Presidente era judío!' "

El Presidente dejó escapar una grave carcajada. Pero ante toda la conmoción de la gente haciéndole otras preguntas y cada uno haciendo fotos con sus móviles, era fácil perder de vista el presidente tenía algo que decir.

Mantuve mis ojos directamente sobre él. Estaba claro que la idea de un "presidente judío" le había intrigado. Después de unos tres o cuatro segundos, mientras se alejaba, y sin mirar a nadie en particular, el presidente término por decir: "Si lo soy, en mi alma".

Así que, ahí lo tienen: el líder del mundo libre dice que es judío, en su alma.

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Sunday, August 26, 2012

La autocrítica solo es válida y necesaria contra algunos - David Suissa - Jewish Journal



(Extracto inicial del artículo, titulado originalmente "Donde está el amor exigente [o bien, crítico] por Obama". El resto, enfocado en Obama y sus poco autocríticos seguidores, aquí)

Cuando se trata de criticar a Israel, los partidarios liberales de Israel rutinariamente citan el valor judío de la autocrítica. Traten de decirle a uno de estos críticos liberales, y que dicen ser pro-Israel, lo siguiente:
"Israel no solamente está siendo criticado más allá de toda proporción por gran parte de la comunidad mundial, sino que está siendo demonizado y boicoteado por un movimiento mundial que trata de erradicar el proyecto sionista, y todo ello estando además rodeado de enemigos que han jurado su destrucción y existiendo un montón de críticas y de disidencia dentro del propio país.

¿Deberíamos, como judíos de la diáspora, unirnos y sumarnos a ese sesgado frenesí, o bien deberíamos parar y retroceder frente a estos ataques exagerado y defender a Israel en el mundo? ¿Por qué deberíamos dar más munición a nuestros enemigos cuando solo pretenden hacernos daño?"
La respuesta típica que obtendríamos de estos críticos liberales supuestamente pro-Israel sería la siguiente:
"!Porque la autocrítica es uno de los más elevados valores judíos! !No es sólo un derecho criticar a Israel, es una obligación! Así es como podremos mejorar. Israel necesita nuestra crítica pública. Es la expresión más alta y más profunda de nuestro amor por el Estado judío".
Entiendo ese sentimiento: No podemos crecer en la vida sin ejercer un poco de ese amor crítico o exigente.

Pero lo que no entiendo es lo siguiente:
"¿Por qué los críticos liberales de Israel no utilizan el mismo argumento con el presidente Obama? Si la autocrítica es un valor tan noble, ¿por qué no muestran el mismo tipo de "amor exigente" con el presidente y lo critican tan continúa y públicamente como lo hacen con Israel?"
No puedo decirles cuántas veces he visto a los partidarios liberales de Israel expresar en un tono agresivo sus criticar a las políticas de Israel, pero luego, ese mismo individuo, cuanto el sujeto de las críticas se dirige hacia las políticas de Obama, de repente, se coloca a la defensiva.

Al parecer, no todo el ejercicio de la autocrítica es igual.

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Friday, March 30, 2012

J Street, misión imposible – David Suissa – Jewish Journal



Después de pasar tres días en la conferencia de JStreet, en Washington DC, y oír orador tras orador hablar de la importancia de una solución de dos estados, he llegado a la conclusión de que los judíos son bendecidos con dos atributos: uno, su capacidad ilimitada para tolerar una tediosa repetición de lo obvio, y dos, una extraordinaria capacidad para trabajar en la mejora de nosotros mismos y para asumir la responsabilidad de lo que nos sucede.

Es de este segundo impulso del que me gustaría hablar. A lo largo de la conferencia - desde Amos Oz declarando el imperativo urgente de "divorciarnos" de nuestros vecinos palestinos, a Peter Beinart reafirmando su llamamiento a un boicot de los asentamientos, y un sinnúmero de oradores exhortándonos a aspirar a los más altos ideales del judaísmo y del sionismo - la implicación resultante era meridiana: de alguna manera, todo está en nuestras manos.

La sombra de la eterna recomendación de nuestros padres judíos, que nos esforzamos, se cernía sobre la conferencia: “Hijo(a), si pones tu mente en ello, puedes lograr cualquier cosa”.

Después de todo, somos judíos, ¿no es cierto? Somos el pueblo de los milagros, de los mares que se dividen y se abren para nosotros, de los ejércitos enemigos que se inclinan a nuestra voluntad, los constantes ganadores de Premios Nobel que son una maravilla para el mundo.

Sí nosotros, el gran pueblo elegido, no podemos asumir la responsabilidad de llevar la paz al Oriente Medio, ¿entonces quién podrá?

Había algo halagador, aunque extrañamente tranquilizador, en este nivel de autoconfianza. Es agradable saber que aún hay judíos que tienen fe en nuestra capacidad de lograr lo imposible. Pero al mismo tiempo había algo en su entusiasmo y confianza que me inquietó.

Cuando la gente de JStreet veía un camino lógico y evidente hacia una solución de dos estados, lo único que yo veía era una pared de ladrillo levantada por el rechazo árabe. Cuando la gente de JStreet veía la necesidad de presionar a Israel, lo único que yo veía era que el blanco estaba equivocado.

Después de hablar en un panel de discusión, alguien se levantó y se quejó de que sus "amigos de la derecha" la llamaban "anti-israelí" porque eser miembro de JStreet. Le respondí que etiquetas como "pro-Israel" y "anti-Israel" no son útiles porque describen a las personas en lugar de las acciones a llevar a cabo.

Por ejemplo, JStreet promueve poner la mayor parte de la presión sobre Israel para agilizar la paz. Creo que su idea es errónea y será contraproducente. Pero en lugar de llamar a sus miembros "pro-Israel" o "anti-israelíes", yo prefiero llamarlos "a favor de ejercer presión sobre Israel". Es más preciso.

Desde esa perspectiva, ellos están "a favor de ejercer presión sobre Israel" y yo soy "favorable a ejercer presión sobre los palestinos". Con esto no quiero decir de ninguna manera que Israel está libre de culpa o no comete errores, sino que pienso que vamos a estar más cerca de la paz si presionamos a los palestinos que si presionamos a Israel.

Y puedo llegar a esa conclusión porque no creo que "toda la responsabilidad, todo el esfuerzo, deba recaer sobre nosotros".

Para dar crédito a los organizadores, invitaron a un orador que también habló en ese sentido de una manera alta y clara: el rabino Donniel Hartman, del Instituto Shalom Hartman. Hartman habló de equilibrar el poder con la humildad a "la hora de hacernos únicamente responsables”, de permitir diferentes puntos de vista sobre la mencionada responsabilidad y de reconocer que "no siempre es cuestión nuestra".

Es una señal de cuán firmemente cree JStreet en su solución de "ejercer presión sobre Israel", cuando el segundo del embajador de Israel Baruj Binah hizo una defensa entusiasta de Israel en la gala de clausura, fue golpeado con un repentino estallido de indiferencia.

Está claro que JStreet está tratando de consolidar y ampliar su movimiento. Para ello, me gustaría hacer dos sugerencias para el próximo año:
(a) Si realmente quieren promover la paz, amplíen sus objetivos de crítica. Pongan tanta presión sobre los palestinos como lo hacen sobre Israel. Deben mostrar más sensibilidad por el miedo que muchos israelíes sienten ante una solución de dos Estados que de lugar a otro Estado de terror anti-judío, justo en el momento del auge de un Irán nuclear. Defiendan a Israel tanto como lo critican.

(b) Si realmente quieren potenciar su relación con Israel, amplíen su misión. No pongan todos sus huevos en el conflicto palestino. No importa lo mucho que odien la ocupación, los israelíes no van a decidir acabar con ella si ven dicha retirada como un suicidio nacional. (Incluso Leon Wieseltier, el autodenominado "paloma de línea dura", me dijo que no esperaba ver una solución de dos estados en vida)
Así, mientras seguimos trabajando para la existencia de una solución de dos estados, ampliemos nuestra misión para incluir una "solución de 22 estados". Debemos mostrar al mundo que los judíos se preocupan por todos los árabes, no sólo por los palestinos para que nos puedan dar una solución de dos estados. Los judíos también deben preocuparse por los palestinos que sufren en los miserables campos de refugiados de Jordania y el Líbano, al igual que por la situación de las mujeres y de otros pobres pueblos oprimidos de todo el Oriente Medio.

Sí, Israel es una democracia imperfecta que necesita mejorar bastante, y debemos seguir ayudándola a mejorarse. Pero seamos realistas: Sería extraordinario si todos los países del Oriente Medio tuvieron las mismas oportunidades, libertades y derechos humanos que esta nación judía defectuosa e imperfecta ya ofrece.

Israel ha aprendido una enormidad en sus 64 años de existencia, y eso también puede beneficiar a los países de su entorno. Jennifer Laszlo Mizrahi, del Proyecto Israel, señaló en la conferencia que ahora existe una oportunidad de iniciar un movimiento "pueblo a pueblo" utilizando las redes sociales y que se pueden sembrar las semillas de asociaciones económicas y de una coexistencia pacífica.

A mi modo de ver, llegar a una solución de 22 estados siempre mejorará las perspectivas de una solución de dos estados, no al revés.

Piensen cómo potenciaría y qué ennoblecedor sería para Israel ser visto como un modelo y un participante activo en una nueva primavera en el Oriente Medio. Por supuesto, hay tanta animosidad dirigida a los judíos de Israel que esto sería una tarea monumental.

Pero somos judíos, ¿acaso no lo recuerdan? “Si ponemos nuestras mentes en ello, podemos lograr cualquier cosa”. Basta con mirar a este pequeño país milagro que hemos construido.

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