Monday, August 15, 2011

(Visión I): Tel Aviv como "Altneuland" - Amon Rubinstein - Israel Hayom


La bandera del Estado de Tel Aviv

(...)

En cuanto a Tel Aviv, la expresión el "Estado de Tel Aviv" tiene connotaciones positivas y negativas. No hay duda del atractivo de la gran ciudad, las ilimitadas oportunidades y las opciones para aquellos que buscan la cultura, el entretenimiento y las actividades de ocio, no han dejado aumentar en los últimos años.

Pero me parece que ese atractivo de Tel Aviv tiene otra dimensión: la ciudad es una manifestación de una realidad alternativa tanto política como socioeconómica. Es una realidad que se caracteriza por la tolerancia, el "vive y deja vivir", esa actitud que otorga plena libertad a los individuos para llevar sus vidas como lo deseen sin temor a ser un blanco de las críticas de los árbitros de la halajá.

Tel Aviv es una ciudad que da la bienvenida a esas masas que acuden a ella todos los viernes por la noche, a pesar de la presencia de los partidos religiosos en la coalición municipal (vale la pena señalar que no hay gran diferencia entre los haredíes y la representación religiosa en el concejo de la ciudad y la que existe en la Knesset, sin embargo, el sistema de elección en Tel Aviv permite una distribución muy diferente del poder). Un paseo por los bulevares y el paseo marítimo, así como un viaje a la playa le ofrece a uno de primera mano la evidencia de la composición multicultural y multiétnica de los residentes de la ciudad y de los que buscan diversión en ella.

Tel Aviv también es el hogar de la Escuela Bialik-Rogozin, que principalmente es una institución que atiende a los hijos de los trabajadores inmigrantes, aquellos que se ven constantemente amenazados por los planes de expulsión del ministro de Interior. La escuela les inculca una educación única, humanista, israelí y judía, que garantiza su integración en el tejido de la vida de la ciudad. Tel Aviv es una ciudad en la que los gays y lesbianas tienen un estatuto oficial y el apoyo de la municipalidad. No es una casualidad que Tel Aviv esté considerada como uno de los 10 mejores destinos turísticos de la comunidad LGBT (Lesbianas Gays Bisexuales Transexuales).

El resultado final es una ciudad multicultural que vive en relativa armonía con todas las partes que la componen. Shenkin Street - donde el seminario religioso pertenece a la dinastía hasídica de Belz y el shtiebel, que presta servicio al movimiento hasídico alemán, a los cercanos clubes nocturnos donde hace explosión el de hip-hop - es un símbolo de la convivencia en Tel Aviv. Un centro comunitario y la sinagoga Chabad Ba'alei mela'ha se asientan al lado del jardín tantas veces frecuentado de Shenkin. Mientras que los disturbios callejeros ardían en Jerusalén entre los haredim y la policía a cauda del estacionamiento de Karta, en Tel Aviv, los asistentes a las fiestas y los devotos seguidores de la Torah de Moisés se reunían en las aceras adyacentes.

Esto no quiere decir que la ciudad carezca de graves problemas socioeconómicos. La brecha entre el sur y el norte de Tel Aviv continúa perturbando a los que luchan por una igualdad real. Sin embargo, Tel Aviv es la antítesis completa del haredismo de extrema derecha y del nacionalismo religioso que está ganando terreno en la Knesset.Los campeones de esta ideología están, ante todo, preocupados por la coerción. Tratan de imponer una forma de vida religiosa al público secular. El Rabinato quiere aplicar por la fuerza su visión del mundo a las parejas que se casan. Los ultra-ortodoxos obligan a aquellos que deseen unirse al pueblo judío a realizar una conversión estrictamente haredí. La derecha trata de imponer el himno nacional, la bandera y la Cueva de los Patriarcas a nuestros estudiantes. El "régimen de los comisarios" trata de imponer sus principios al ciudadano que desea recibir algún tipo de ayuda. El gobierno quiere castigar a aquellos que tratan de expresar su oposición a los asentamientos a través del boicoteo de sus productos. También se quiere castigar a los judíos religiosos que no se afilían a la corriente ortodoxa del judaísmo.

Si estas cuestiones caen bajo la jurisdicción de la municipalidad de Tel Aviv el resultado sería completamente diferente. Daría lugar al reconocimiento de aquellos que son diferentes, con tolerancia a nivel de pensamiento y creencias, aceptando variedades alternativas del judaísmo, en suma, unos principios que son demandadas por la opinión pública de Tel Aviv . La voz de una mujer cantando no está prohibida en Tel Aviv, como lo está en la Knesset - y, pronto quizás, en el IDF -. No sólo es un día de reposo ese séptimo día que el pueblo judío le dio al mundo, es también un día para salir con la familia y para otras actividades.

En otras palabras, Tel Aviv es la realización de esa idea encarnada por el principio de la libertad individual. Ejercer esos principios a pesar de las limitaciones (...). El ultra-nacionalismo y el haredismo, los acuerdos de coalición, los votos en la Knesset defendiendo leyes que abogan por la coerción religiosa, todos ello está en contradicción con la forma de vida de Tel Aviv. Esto también explica el deseo de las masas de vivir en la ciudad, y no en las poblaciones satélites. Los jóvenes laicos que residen en Ramat Gan y Petaj Tikva se ven obligados a soportar unos pueblos fantasmas los sábados. Todos los clubes nocturnos y los puntos calientes están cerrados, y no tienen ningún medio de transporte público con el que pueden llegar a la ciudad en la que todo está abierto el sábado.

Los que fustigan a los manifestantes de Tel Aviv están ladrando al árbol equivocado. Es natural que los laicos, así como ciertos jóvenes observantes, prefieran Tel Aviv. El ambiente anti-liberal que se cierne sobre sus localidades es la razón de ello, y es aún más cierto cuando se trata de las áreas periféricas del país, que están en gran parte aisladas de Tel Aviv debido a un tráfico lento y pesado.

Me parece que la migración en masa a Tel Aviv - que incluye también a quienes votan por los partidos de la derecha - es indicativo de la añoranza del pueblo judío por una vía anti-haredi y anti-religiosa-nacionalista de vida. Habla de su deseo de pertenecer a una sociedad liberal, abierta y tolerante. Ese es el estado judío que imaginó Herzl en su "Altneuland", un Estado judío que respete las tradiciones de su nación, pero que sea liberal y tolerante con los demás, incluidos los no judíos. De repente, me acordé de algo. El término Tel Aviv es en realidad la traducción al hebro de "Altneuland".

El artículo completo

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Tuesday, March 02, 2010

El cerebro averiado de cierta izquierda israelí anti-Israel y de otras joyas‭ (‬Repudiando a Israel,‭ ‬y a su cerebro‭ ‬-‭ ‬Amnon Rubinstein - JPost)

El último producto de la floreciente literatura basura anti-Israel se titula‭ "‬Iranofobia‭".‭ ‬El libro trata de echar por tierra las ansiedades de Israel y de Occidente con respecto al peligro iraní.‭ ‬El autor,‭ ‬el profesor Hageo Ram,‭ ‬de la Universidad Ben Gurión,‭ ‬sostiene que las fobias israelíes anti-Irán son en gran medida proyecciones de las amenazas internas que percibe la vigente etnocracia israelí.‭ ‬En lenguaje llano,‭ ‬el autor sostiene que Israel tiene que demonizar a Irán a fin de identificar a la República Islámica con sus propias minorías reprimidas en Israel:‭ ‬la Mizrahi‭ (‬los judíos procedentes de los países árabes‭) ‬y la comunidad haredí.‭ ‬Irán,‭ ‬según esta teoría,‭ ‬es el odiado‭ "‬modelo‭" ‬con el que se asocia a estas minorías reprimidas:‭ "‬La producción de una imagen de Irán como un radical y peligroso enemigo externo en la imaginación de Israel se debe entender y poner en relación con la emergencia de unos ordenes religiosos (y étnicos) internos ("especie de pequeños ‬Irán‭") ‬que violan la imagen de un estado judío como parte de‭ Occidente‭"‬.‭

Y estos otros ordenes internos son,‭ ‬por supuesto,‭ ‬los haredim y las comunidades Mizrahim.‭

Como es norma común y habitual en toda esta literatura anti-Israel,‭ ‬el autor no aporta ninguna prueba real de tales acusaciones.‭ ‬Se basa en gran medida... ‬sorpresa,‭ ‬sorpresa ...‭ ‬en las opiniones de Yossi Sarid y otros voceros de la izquierda sionista,‭ ‬esos que... sorpresa, sorpresa ... no dudan en atacar por su parte a los colonos "‬comparándoles con los jomeinistas" [N.P.: Irán‬, para esta izquierda maravilla, sirve para un roto y para un descosido]. ‭También afirma que sirve para atacar al Shas‭ (‬partido religioso sefardí‭)‬,‭ ‬para ratificar su afirmación de que Israel inventó la Iranofobia a fin de responder a la contaminación de sus valores por el carácter "‬mizrahi‭ y ‬haredi" del Shas‬.

El lanzamiento de este libro fue acompañado por una entrevista bastante larga con el autor por parte de una estación de la CBS,‭ ‬en la que el autor desdeñó el peligro iraní y afirmó que el peligro real en el Oriente Medio provenía de intimidar al "vecindario‭"‬.‭ ‬Y adivinen quién era el matón que se sugería.‭

Pero el aspecto más significativo de este libro es el hecho de haber sido publicado por la Stanford University Press.‭

En efecto,‭ ‬en los últimos años las editoriales universitarias de prestigio han renunciado a todos los criterios académicos para publicar un libro‭, y es que ‬ya no importan los méritos académicos que se tengan‭ ‬con tal de que la obra ataque a Israel.‭ ‬Un buen ejemplo lo proporciona la Universidad de Princeton,‭ ‬quien publicó el libro de Jacqueline Rose‭ "‬La cuestión de Sión‭" (‬y que invoca la‭ "Iranofobia‭" ‬de Ram para apoyar su afirmación de que sionismo y jomeinismo son pájaros del mismo plumaje‭)‬.‭

Rose,‭ ‬un psicoanalista que enseña inglés en la Universidad Queen Mary de Londres,‭ ‬es famosa por sus campañas antisionistas y anti-israelíes.‭ ‬Por ejemplo,‭ ‬ella ha escrito amorosamente acerca de la intimidad "‬insoportablemente compartida en sus últimos momentos por el atacante suicida y por‭ ‬sus víctimas‭" ‬y ha afirmado que los atentados suicidas‭ "‬podrían ser lo más cercano que israelíes y palestinos puedan conseguir‭"‬.‭

Su libro está lleno de acusaciones contra el sionismo,‭ ‬comparándolo con una enfermedad mental.‭ ‬Su testimonio es típico:‭ ‬sus fundadores eran enfermos mentales.‭ ‬Se describe a Herzl como a un‭ "‬maníaco‭"‬,‭ ‬pero no es la única:‭ ‬cita al doctor Weizmann,‭ ‬quien describió que su paciente sufría de neurastenia,‭ ‬cansancio,‭ ‬sobreexcitación y debilidad en los órganos respiratorios‭ (! ‬increíblemente suprime los ataques de tos al informarnos de su cuadro médico‭ !)‬.‭

Pero además todas estas pálidas sandeces tratan de buscar una equivalencia entre el sionismo y el nazismo‭ [‬N.P.:‭ "‬cosa nueva‭" ‬como sabemos,‭ ‬y recurso retomado,‭ ‬como cada vez más,‭ ‬del discurso de la extrema derecha‭]‬.‭ ‬

La autora nos informa de que no sólo Herzl[1860-1904], sino también Hitler[1889-1945], asistieron en‭ ‬1895‭ ‬a la representación de la opera Tannhauser‭ (‬de Wagner‭) ‬en París‭, y ‬sobre la que Herzl escribió en sus diarios‭‬.‭ ‬La profesora Rose nos cuenta como colofón otra‭ "‬magnífica historia‭"‬:‭ ‬nos informa que ambas personalidades‭ "‬estuvieron presentes la misma noche,‭ ‬esa que inspiró a Herzl a escribir‭ '‬El Estado Judío‭' ‬y a Hitler el‭ '‬Mein Kampf‭'"‬.‭

La‭ "‬erudita académica‭"‬,‭ ‬así como los‭ "cuidadosos‭" ‬editores de la Universidad de Princeton,‭ ‬no se dieron cuenta de que en la fecha en que se representó esa opera [1895] Hitler tenía seis años,‭ ‬y que suponer que sus padres viajaron desde su pobre aldea austriaca hasta París para que un Adolf infantil escuchara la versión francesa de una opera alemana es ir demasiado lejos,‭ ‬incluso para la práctica ausencia de normas y hechos demostrables que necesita la propaganda anti-Israel.‭

Además,‭ ‬nuestra‭ "erudita académica‭"‬,‭ ‬así como los‭ "‬exigentes y minuciosos editores que tanto distinguen a la Universidad de Princeton‭",‭ ‬pasaron por alto otro hecho.‭ ‬Tannhauser no es ni una opera germanófila ni chovinista,‭ ‬sino que es una hermosa ópera que versa sobre el amor universal,‭ ‬y cuya música amenizó la apertura del Segundo Congreso Sionista.‭

Alguien les debió divulgar estos dos‭ "‬pequeños errores sin importancia‭" ‬acerca de la historia de un Adolf Hitler infantil y la ópera de París,‭ ‬pues esa parte se omitió en la tercera edición del libro.‭

Aquí también el hecho relevante no es la mezcolanza de hechos imaginarios y acusaciones de la autora,‭ ‬sino el hecho de que la Universidad Princeton los publicó sin revisar.‭ ‬Y es que,‭ ‬de hecho,‭ ‬cuando se trata de atacar a Israel,‭ ‬todo vale.‭

Pero después de todo esto que hemos contado,‭ ‬los dioses parecen querer ser justos,‭ ‬pues cualquiera que lea este y otros libros similares debe llegar a la conclusión de que atacar a Israel parece dañar las facultades intelectuales del autor‭ (‬si no su‭ "‬aparato respiratorio‭"‬,‭ ‬aunque sin ataques de tos‭)‬.‭ ‬Su repudio de Israel parece ser un sinónimo de cerebro en mal estado.

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Monday, July 21, 2008

Dominados por las minorías - Amnon Rubinstein - JPost

Más allá de los actuales titulares y de las denuncias de corrupción, existe un malestar político de larga duración con el cuerpo político. Mucho después de que la cuestión de la corrupción se haya resuelto y mucho después de que un nuevo gobierno, o incluso una nueva Knesset, se haya instalado, este malestar tendrá un impacto negativo permanente en la vida política de nuestro país.

Tomemos, por ejemplo, la cuestión de las conversiones. Los rabinos de la Corte Rabínica Suprema han invalidado recientemente todas las conversiones al judaísmo realizadas por algunos rabinos bastante conocidos. Así, miles de israelíes - y sus descendientes - han sido excluidos con carácter retroactivo desde el judaísmo ortodoxo. En el sistema jurídico actual, los excluidos no pueden acudir ni a la ley ni a los tribunales para regular su estado familiar.

Esta extremista decisión, que contradice todo sentido de la justicia, no fue promulgada por un tribunal rabínico perteneciente a los sionistas religiosos, sino por otro manifiestamente contrario a ellos. De este modo, la suerte de miles de personas - la mayoría de ellos inmigrantes de la ex Unión Soviética - que quieren unirse al pueblo judío no será determinada ni por la Knesset, ni por el Tribunal Supremo, sino por la minoría ultra-ortodoxa. En otras palabras, los derechos legales de los israelíes se decidieron por una minoría dentro de una minoría.

Esa decisión debería derogarse, ya sea a través de los tribunales ordinarios o por los propios procesos sociológicos de la sociedad israelí, que es básicamente tolerante. De hecho, es hora de poner fin al arbitrario monopolio otorgado a los tribunales rabínicos - inicialmente concedido cuando era una mera provincia de la ortodoxia sionista, antes de ser absorbida por rabinos haredi.

Pero más allá de esta cuestión, lo que demuestra este suceso es un típico fenómeno existente en Israel: es la minoría, y no la mayoría, la que rige nuestro destino.

Para demostrar este punto, vamos a suponer que la mayoría en la Knesset decide que se restablezca la situación de los excluidos por el tribunal haredi. No hay posibilidad de que esto se lleve a cabo. Shas, un partido minoritario y que en las últimas elecciones obtuvo 9,5% del voto popular y 12 diputados, va a frustrar la voluntad de la mayoría amenazando con abandonar el gobierno. Realmente, no importa lo que la mayoría de los diputados quieran, es la minoría de un partido la que cuenta.

No importa que la mayoría se oponga a la exención al por mayor del servicio militar por parte de los jóvenes haredis. El poder de un partido que obtuvo menos de una décima parte de los electores supera la intención de la mayoría. Y es muy posible que esta minoría - con ayuda de su amenaza de abandonar el gobierno –, obligue a la mayoría a otorgar una retribución preferente y especial para las familias con muchos hijos, a pesar de su demostrado efecto negativo.

He aquí otro ejemplo: la mayoría de los israelíes optan por la solución de dos estados como resolución del conflicto israelo-palestino y no desea que esta solución - a lo mejor difícil de alcanzar a causa de la intransigencia palestina - sea frustrada por una expansión de los asentamientos ilegales y de sus ramificaciones en Cisjordania. Pero esta mayoría no tiene ningún impacto en lo que realmente sucede en los territorios. Es el movimiento de colonos quien decide lo que realmente sucede sobre el terreno. No importa lo que los vínculos internacionales demanden a Israel, no importa lo que Washington piense o cuáles son las posibilidades de un arreglo pacífico del conflicto, la minoría tiene la palabra.

Otro ejemplo: el medio universitario (N.P.: la "Academia") no es una entidad política y, por lo tanto, no se rige por las relaciones mayoría/minoría. En ese mundo, la libertad académica y la calidad de la investigación son de suma importancia, más aún cuando no expresen el punto de vista mayoritario. Iconoclastia y diversos puntos de vista conforman la vida y el alma de la experiencia académica. De hecho, es natural que los "otros" encuentren refugio entre las "arboledas" de la academia.

Pero en los últimos años, hemos sido testigos de un nuevo fenómeno: un pequeño pero decidido grupo de académicos anti Israel ha invadido los departamentos de ciencias sociales y los utilizan como una plataforma desde la que atacar a Israel. Es difícil caracterizar sus puntos de vista como académicos, ya que tienen un único y obsesivo dogma: Israel siempre tiene la culpa y es el único responsable.

El invierno pasado, un grupo de 30 profesores de la Universidad de Tel Aviv publicó una petición denunciando el mal que tanto América como Israel proyectaban contra Irán, y eso sin ni siquiera molestarse en denunciar las amenazas de genocidio de Teherán contra el estado judío y sin criticar su negación del Holocausto. Esta minoría "académica" ha conseguido dominar el espacio público en los círculos académicos y ha logrado silenciar la voz de la mayoría de los académicos. Por lo tanto, ahora es más fácil publicar un artículo o un libro que ataque y repruebe a Israel, en el mismo Israel y en el extranjero, que un estudio equilibrado sobre Israel.

Esta minoría sobresale en el aspecto de las relaciones públicas y su voz domina los medios de comunicación internacionales. Es muy habitual ver debates en programas de televisión extranjeros donde se lanzan violentos ataques y reprobaciones de Israel, tanto por parte de fanáticos islamistas como a través de estos académicos israelíes (supuestos contrincantes en esos debates de los primeros), uniendo ambos sus fuerzas a la hora de vilipendiar al "estado villano". Un profesor de filosofía de la Universidad de Tel Aviv fue aún más lejos y expresó, tras una profunda investigación, su descripción de Israel como la "basura de Europa". La minoría vocifera, y la mayoría permanece muda.

En todos estos ejemplos, la minoría lleva la voz cantante. La idea democrática fundada en la voluntad de la mayoría ha sido vencida. Es cierto que una democracia liberal también debe limitar el poder de la mayoría como lo refleja la Ley Básica: la dignidad y la libertad humanas que ha permitido a los tribunales anular una proposición de ley promovida por este autor.

Pero sin honrar la voluntad de la mayoría, no hay democracia.

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Tuesday, May 27, 2008

El suicidio, un camino hacia la salvación nacional - Amnon Rubinstein - JPost

Gaza se está convirtiendo en un símbolo. Con razón, insistimos en la necesidad de que Israel acabe con el diario bombardeo de nuestros civiles; en efecto, parece obvio que Israel tendrá que llevar a cabo finalmente una acción militar - ningún país podría actuar de otra manera - para hacer callar las armas y los misiles.

Otro aspecto es igualmente significativo y concierne a la actitud del gobierno de Hamas respecto a una tensión que no deja de incrementarse: por una parte, ellos negocian - con Egipto, no con la ilegítima entidad sionista - un cese temporal de hostilidades. Pero por la otra, autorizan la ampliación de la gama de ataques de misiles, sabiendo muy bien que esto apresurará el día en que Israel, bajo cualquier gobierno, tendrá que ordenar a su ejército que entre en Gaza y despoje a Hamas de su poder.

Tal es la política de Hamas: no sólo una sangrienta guerra interminable contra la entidad sionista, sino también su disposición a perder su dominio sobre Gaza como parte de dicha guerra. Eso significa estar dispuestos no sólo a sacrificar las vidas de hombres, mujeres y niños, sino también a sacrificar al mismo régimen establecido hace poco mediante un golpe violento. En otras palabras, es un proceso que exige un enorme suicidio político: el shahid no será sólo el individuo, sino también el mismo régimen.

Esto puede sonar a una conclusión muy radical, pero como Ari Yossef Bar, teniente coronel retirado y administrador del Comité de Seguridad de la Knesset, escribe en el diario del ejército, Ma'arachot, tales casos de suicidio nacional islamista son bastante comunes. Él cita tres ejemplos de regímenes árabes musulmanes que, irracionalmente, sacrificaron su misma existencia, anulando su instinto de conservación, para luchar contra el enemigo hasta un terrible final.

• el primer caso es el de Saddam Hussein, quién en 2003 podría haber evitado la guerra y la conquista permitiendo a los inspectores de Naciones Unidas buscar (por lo visto, innecesariamente) las armas de destrucción masiva dondequiera que quisieran. Aún así, el gobierno de Irak optó por la guerra, sabiendo muy bien que tendría que afrontar el poderío de los EE.UU.

• el segundo caso es el de Yasser Arafat en el 2000, quien, después del fracaso de las conversaciones de Camp David y Taba, tenía dos opciones: seguir negociando con Israel - bajo el mando de Ehud Barak, quizá el gobierno israelí más moderado y flexible que haya podido encontrar - o recurrir a la violencia. Él eligió esta última opción, con la consecuencia de que todo el progreso hacia la independencia palestina se bloqueó. La pérdida consiguiente de la vida, en ambos casos, demuestra la preferencia de Arafat por el suicidio más que por el compromiso.

• el tercer caso es el de los Talibán. Tras el 11-S, su liderazgo tenía dos opciones: desarrollar negociaciones con los EE.UU, con miras a extraditar a Osama bin Laden, o arriesgarse a una guerra y a la destrucción. La opción que eligieron fue evidente: mejor morir luchando que ceder una pulgada.

En los tres casos la conclusión es evidente: la guerra prolongada, la muerte, la destrucción y el suicidio nacional son preferibles a las soluciones pacíficas de los conflictos: morir es preferible a la negociación con los infieles. La misma conclusión, por supuesto, es aplicable a los palestinos que votan a favor de Hamas y de su camino suicida, y a la decisión de Irán de encarar al Consejo de Seguridad en su insistencia por adquirir armamento nuclear.

Estos casos, aún sin precedentes en los anales de la historia, no deberían ser una sorpresa. ¿Si usted glorifica el suicidio individual, si la muerte es la llave para una futura vida feliz, si la guerra en sí misma es santificada, por qué no ampliar estas ideas desde lo individual a lo colectivo? ¿Al régimen en sí mismo? El suicidio se convierte en el camino, tanto de la salvación individual como de la nacional.

Por suerte, no todos los regímenes árabes o musulmanes parecen pensar así. La gran mayoría de los árabes busca la vida, la libertad y la felicidad. Pero cuando el tema es el odiado Israel, domina la locura, y no sólo en los iraníes. Es un hecho que el explícito objetivo de Irán de "limpiar a Israel del mapa", y su amenaza implícita de utilizar armamentos nucleares con ese fin, es un objetivo apoyado por muchos palestinos - aunque ellos también sean "borrados" durante el proceso.

El suicidio como arma en la lucha contra Israel ha adquirido un tal grado de legitimidad que a Occidente le es imposible comprenderlo.

Esta desagradable conclusión debe ser afrontada. Por una parte, debería llevarnos a aumentar nuestros esfuerzos para alcanzar alguna clase de modus vivendi con la OLP y así disminuir el impacto de los fanáticos (a pesar de que cualquier tipo de compromiso será rechazado por Irán y sus cohortes); mientras que por la otra, Israel, así como Occidente, debería estar preparado para una larga, irracional y costosa guerra, diferente a cualquier otra del pasado.

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Saturday, March 29, 2008

La locura de Givat Ze'ev - Amnon Rubinstein

La advertencia entregada a Israel por la Ministro de Asuntos Exteriores Condoleezza Rice en cuanto a la reanudación de la construcción de 750 unidades de alojamientos en Givat Ze'ev saca a la luz nuevamente la cuestión de la creación o ampliación de los establecimientos judíos en territorios generalmente considerados como palestinos.

Estas advertencias fueron acompañadas por fuertes críticas del secretario general de las Naciones Unidas, Ki-Moon, y de la Unión Europea, refiriéndose al map of road y que supone que Israel debe cesar tales actividades.

Estas declaraciones demuestran una vez más las cuestiones en juego. La reprimenda suave de Rice, que describe la decisión israelí como "inútil", es sobre todo significativa por el modo como fue entregada por la administración americana, el mejor amigo que Israel ha tenido alguna vez, y que ha ocurrido al mismo tiempo que Israel afronta graves dilemas de seguridad y decisiones cruciales.

Hay dos preguntas separadas acerca de los establecimientos. La primera está relacionada con su legalidad y legitimidad; la segunda con su “deseabilidad”.

Para los judíos más ortodoxos, la primera pregunta es irrelevante: ellos creen fervorosamente que establecerse en la cuna histórica de la civilización judía es una materia de la voluntad divina y un deber ordenado por la fe. Pero para la mayor parte de los israelíes, que quieren que su estado sea tanto judío como democrático, así como un miembro de la familia de las naciones democráticas, las cuestiones de la legitimidad poseen una importancia cardinal.

Colocar a judíos fuera de Israel es - así se presenta - ilegal para la ley internacional y un error moralmente. La cuarta Convención de Ginebra, que Israel ha firmado y ha ratificado, prohíbe tales establecimientos. La verdad es que la Knesset no ha traducido estas provisiones en la legislación israelí, pero en la opinión de este comentarista tal acto de recepción doméstica es innecesario en cuanto la Convención, por su misma definición, está relacionada con territorios ocupados que están fuera de los límites de la ley israelí y de su jurisdicción.

Por lo menos Israel acepta las provisiones humanitarias de esta Convención, y la Corte Suprema ha actuado sobre dichas provisiones. El gobierno ha declarado, en declaraciones juradas, que los establecimientos en territorios ocupados están allí para una duración limitada y se justifican por consideraciones militares.

Estas declaraciones no son, por no decir algo peor, exactas.

Estos establecimientos, creados a un alto precio para proporcionar alojamiento a decenas de miles de judíos, son vistos como comunidades permanentes; el desarraigo de los establecimientos de la Franja de Gaza fue una experiencia angustiada hasta para aquellos que abogaron entonces por dicha decisión.

Para los sucesivos gobiernos israelíes declarar lo contrario, y para los tribunales aceptar esta falsedad ostensible, ha sido un ejercicio de una absoluta falta de sinceridad.

Pero la cuestión no es simplemente una ley internacional. Al establecer comunidades puramente judías en la Cisjordania, y aplicar un sistema legal israelí a sus residentes, Israel ha creado un sistema dual dentro del mismo territorio - uno aplicable a los judíos, y otro a los árabes. Esta dualidad ha tenido un impacto negativo sobre la vida pública israelí, ha molestado con toda la razón a muchos de nuestros amigos y ha sido responsable de la radicalización de la izquierda israelí.

Además, también ha generado que se identifique a menudo estos establecimientos con los establecidos por la Yishuv durante el mandato británico. Los pobladores socialistas del pasado se consideraron los precursores de un estado judío en el cual judíos y árabes compartirían una misma igualdad ante la ley y nunca soñaron con ninguna separación entre árabes y judíos. Añadan a esto la infracción de la tarea asignada a Israel de interrumpir la creación y la ampliación de estos establecimientos, y ustedes comenzarán a entender la locura de la decisión en Givat Ze'ev.

En resumen, Israel, según sus leyes básicas, aspira a ser un estado judío y democrático. Sus puestos avanzados en la Cisjordania son judíos, pero no democráticos. Es por lo qué este comentarista piensa que estos establecimientos son uno de los errores más graves de Israel - un error que conducido a chocar con la ley internacional y con nuestros amigos en el extranjero.

Pero la segunda cuestión, la “deseabilidad”, es relevante hasta para los israelíes que no están de acuerdo conmigo. Suponiendo que las anteriores reflexiones puedan están equivocadas, porque el deber divino reemplaza a todos los demás o porque mi análisis legal es erróneo, la cuestión aún está ahí: ¿es deseable, desde un punto de vista del interés propio puramente israelí, ir contra la opinión pública internacional y desatender el consejo de nuestros amigos a fin de establecer unos establecimientos en los cuales van a vivir una pequeña fracción de nuestra población?

¿Es sabio invitar a la ira del enemigo, y del amigo, debido a la voluntad de colocar a los judíos en las colinas de Samaria y Judea, y hacerlo en un período en el que Israel afronta graves peligros para su seguridad y su existencia?

A causa de radicalismo islámico y del rechazo árabe, Israel se encuentra ante una situación muy complicada; en efecto, estamos de regreso a 1948 - una pequeña isla en un mar de enemistad árabe y de fanatismo musulmán. Las posibilidades de alcanzar una paz duradera con nuestros enemigos, incluso con el cercano Irán nuclear, son escasas. La verdad es que este odio insondable hacia el estado judío no menguaría con la interrupción de la creación y/o ampliación de los nuevos establecimientos. Pero esa no es la cuestión.

A fin de sobrevivir, debemos confiar en la ayuda activa de nuestros amigos. Es una locura fastidiar a esos amigos, y sobre todo a los EE.UU, a fin de satisfacer los deseos religiosos y políticos de una minoría. La advertencia de Rice debería ser escuchada fuerte y clara en Jerusalén.

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Wednesday, March 12, 2008

Munich llega a Oxford - Amnon Rubinstein - JPost

La respuesta a la decisión de la unión de estudiantes de la Escuela de Economía de Londres por lanzar una campaña para boicotear Israel es instructiva. Gran Bretaña combina tanto los boicot y las tentativas de boicot como las últimas noticias apenas valoradas en los medios israelíes.

Después de que la sociedad de discusión de la Unión Oxford eligiera al campeón de Hizbullah, Norman Finkelstein, de entre todos los posibles candidatos, para defender la postura favorable a Israel en un debate sobre si Israel tiene derecho a existir, no demasiadas cosas podrían sorprenderme.

Sin embargo, la decisión de la Unión Oxford es significativa porque el sujeto del debate no giró alrededor de una oposición a los establecimientos en los territorios ocupados, sino sobre algo mucho más definitorio.

Tras la decisión de sostener el debate "Esta casa (Union Oxford) cree que un estado es la única solución para el conflicto Israel-Palestina" ya no se manifiesta ningún esfuerzo para ocultar su odio hacia Israel. Ni una sola palabra se dijo sobre los ataques terroristas contra los israelíes, los cohetes desde Gaza, o incluso una llamada a la paz basada en dos estados para dos pueblos. La moción oficial mencionó la Nakba, pero no dijo ni una palabra sobre la invasión de Israel por parte de los ejércitos árabes.

La Unión Oxford vio derrotada por poco su resolución pidiendo el derecho de retorno de los refugiados y exigiendo que Israel se convirtiera en "un estado de todos sus ciudadanos". El movimiento citaba un artículo de un antiguo ministro de Justicia de Israel, Michael Ben Yair, quien escribió: "fundamos un régimen de apartheid en los territorios tras su ocupación. Este régimen opresivo sigue existiendo hoy".

Es verdad que los establecimientos, la expropiación de tierra y los puntos de control han supuesto una contribución significativa en la creación de una atmósfera antiisraelí. Es también verdad que los establecimientos y la división entre una ley para los israelíes y otra para los palestinos no se debe justificar.

Pero no era sobre eso sobre lo que giraba el debate en Oxford.

Este debate, y otros como él, forman parte de una enorme campaña de propaganda financiada por capital árabe y no dirigida a acabar con la ocupación, sino a deslegitimizar completamente al estado judío y preparar el terreno para "limpiarlo del mapa" como amenaza realizar el presidente iraní.

Sería, en resumen, una diatriba en la tradición de Durban. ¿Los judíos no tienen ningunos derechos humanos o nacionales? (¿Pero por qué debería yo quejarme de los británicos? La Asociación para los Derechos Civiles en Israel, ACRI, se ha negado por la mismo razón a exigir el regreso de los soldados secuestrados de Israel, o incluso que les sea concedido el derecho de ser visitados por la Cruz Roja).

Es difícil imaginar una campaña similar contra cualquier otro país, ni siquiera contra Sudáfrica en los días del apartheid. El mundo nunca ha visto tal oleada de odio abismal. El único precedente del pasado para lo que sucede ahora es la propaganda antisemita nazi de los años 1930.

Y en efecto, hay muchas semejanzas entre ambos:

- primero, la demonización: como los judíos, según la narrativa nazi, envenenaron a todo Occidente y se convirtieron en "nuestra catástrofe". Israel, tan diminuto, es retratado desde Teherán hasta Berkeley como la madre de todos los males, como el único responsable de todos los infortunios de los árabes y del resto del mundo, la propia encarnación de Satán.

- segundo, como cuando se representa a los judíos como virus y bacterias, pero también a la vez como una cruel fuerza internacional que representaba una amenaza para cada alemán; como a unos miserables parásitos, pero también a la vez como unos monstruos deseando destruir al mundo; como cuando se retrata a Israel como una débil tela de araña, pero que al mismo tiempo maneja un enorme poder internacional debido a su perniciosa influencia; como cuando se les representa como una horda de desgraciados innobles, pero tan ruines que son capaces de infectar de Sida a todo el Oriente Medio; como un estado que está al borde de la desaparición y del olvido, pero que también sería capaz de destruir al mundo.

En efecto, sólo recientemente se ha comenzado a reparar en las enormes semejanzas entre la propaganda árabe y la propaganda nazi. El erudito alemán Matthias Künzel habla de estas semejanzas en su libro "Yihad y odio al judío". En él señala como Hizbullah y los líderes de Hamas emplean la terminología nazi en su propaganda y que éste "parecido" no es ninguna coincidencia: los nazis consideraron una misión nacional convertir a los árabes en antijudíos y antisionistas, y diseminaron el "Mein Kampf" y los "Protocolos de los Sabios de Sion", traduciéndolos al árabe, como una parte importante de este objetivo.

Künzel indica como el antiguo líder de Hamas, Abdel Aziz Rantisi, opinaba que "la cuestión no es lo que los alemanes hicieron a los judíos, sino lo que los judíos hicieron a los alemanes. Los judíos consiguieron lo que se merecían". Künzel ve a estos antijudíos y a su odio como la herencia y como los sucesores del odio de los nazis y del mufti de Jerusalén.

¿Qué objetivo persigue esta campaña? ¿Qué explica por qué tantos israelíes y judíos de la diáspora hayan terminado apoyándola? Independientemente de las respuestas, los esfuerzos sólo colocan más lejos la posibilidad de que los árabes permitan a la vez la paz y la existencia de un estado judío en el Oriente Medio.

Y esto tiene una influencia destructiva en los israelíes, ya que mina su voluntad de hacer concesiones tangibles para obtener alguna clase de arreglo que conlleve a que el establecimiento de una paz sea una realidad, y más aún cuando cada acuerdo con los palestinos produce sólo más odio y más hostilidad.

En todo el mundo, esta campaña de deslegitimación de Israel abastece de combustible a los sentimientos antisemitas y a los ataques contra los judíos y sus instituciones. Se mire como se mire, todo esto es un espejo que refleja la monstruosa imagen de la narrativa antijudía de los años 1930.

Es a esta campaña que la Unión Oxford ha prestado su apoyo. Pero no sucedió en una cervecería de Munich, sino en la sociedad de debate más respetada de Gran Bretaña.

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Thursday, November 29, 2007

Si es Israel no es un estado judío (En sueños y pesadillas) - Amnon Rubinstein - JPost


(La bandera más grande del mundo, desplegada esta semana
cerca del aeropuerto de Masada, y elaborada por la ciudadana
filipina Grace Galindez-Gupana, en homenaje a los más de
50 años de amistad entre ambos países
)


Si Israel no es un estado judío, no puede llamarse Israel, porque Israel es un sinónimo para el pueblo judío. Si Israel no es judío, su Declaración de Independencia debería ser anulada, porque habla del establecimiento de un estado judío llamado Israel.

Si Israel no es judío, la resolución de las Naciones Unidas del 29 de noviembre de 1947, referente a la partición de Palestina en dos estados, uno judío y el otro árabe, debería ser revocada.

Si Israel no es judío, la Ley de Retorno, evidentemente, debería ser revocada, junto con la Ley Básica: Dignidad Humana y Libertad, que determina que los valores de Israel están basados en dicha ley y es un estado judío y democrático.

Si Israel no es judío, un nuevo himno nacional deberá sustituir a Hatikva. Si Israel no es judío, tampoco será católico, o budista. Será árabe musulmán, aún si el camino hacia ese resultado sea el de un estado binacional.

Si Israel no es judío, no habrá dos estados para dos pueblos. Si Israel es árabe musulmán, probablemente no será democrático.

Si a Israel le ocurren todas esas cosas, todos sus intelectuales y periodistas antisionistas serán los primeros en huir. En cambio, los judíos de los países del Oriente Medio serán abandonados. Aunque ellos escaparan ya una vez de un régimen árabe a fin de vivir en un país judío, ese mismo régimen que los humilló y oprimió anteriormente y del que huyeron, los alcanzará.

Tal guión sería una pesadilla, una que nunca ocurrirá, pero es esencial para que entendamos lo importante que es la exigencia de definir a Israel como un estado judío y democrático. Aún así, nos dicen que la existencia de una importante minoría árabe en Israel significa que Israel no puede ser definido de esa manera, porque una definición del país sin tomar en consideración esa minoría no sería democrática.

Pero cuando las Naciones Unidas declararon el establecimiento de un estado judío, los árabes constituían más del 40% de la población, y a pesar de eso, la Asamblea General de las Naciones Unidas no vio ninguna contradicción entre esta realidad y la definición de Israel como un estado democrático judío.

Los antisionistas dicen que esta realidad ha cambiado, que el mundo ha entrado en la época del post-nacionalismo. Pero hasta en esa época, la mayor parte de los países de Europa, incluso aquellos con minorías nacionales muy importantes, permanecen como estados nación.

La verdad, por supuesto, es que no hay ninguna justificación en absoluto para no reconocer a Israel como un estado judío y democrático. Nuestra Corte Suprema ha definido repetidamente las principales características judías del estado, y que son, e incluyen, lo siguiente: que la lengua hebrea es su principal idioma oficial, que el formato de los días estará de acuerdo con la tradición judía y que el estado tiene una mayoría judía.

Nos dicen que definiendo a Israel como un estado judío despertamos la sospecha de que constituye una teocracia, y qué, como máximo, Israel no es más que el estado de los judíos - como el nombre del libro de Herzl. Pero el mismo Herzl no vio ninguna diferencia entre la idea de un estado judío y la de un estado de los judíos, y permitió que el nombre de su libro fuera traducido a otras lenguas como "el estado judío". Cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió que Israel sería un estado democrático judío, seguramente no estaba pensando en una teocracia; y tampoco lo hizo David Ben-Gurion, quién redactó la Declaración de Independencia; ni tampoco lo pensaba el antiguo presidente de la Corte Suprema, Aharon Barak, que definió la esencia del estado como judío.

¿Y qué buena voluntad existe para cambiar el nombre de Israel? ¿Estarán de acuerdo alguna vez los árabes palestinos con la existencia de un "estado de los judíos" bajo cualquier nombre?

¿Si Israel como estado judío no tiene que ser judío en el sentido religioso-halajico, qué piensan entonces que es ser judío?

Ese sentido no ha variado desde los tiempos de Herzl: los judíos, al menos desde la Emancipación, son un pueblo, un pueblo único que tiene un elemento religioso muy importante y que, como otros pueblos, está fuertemente relacionado con su pasado religioso. Ese pasado es la plataforma de lanzamiento de la que proviene su identidad nacional moderna.

Israel es el estado del pueblo judío y de todas sus partes, y también debe ser el estado de todos sus ciudadanos no judíos, así como de su gran minoría musulmana, cuyos líderes niegan que ellos pertenezcan a este estado.

El estado no puede ser idéntico a sólo una parte del pueblo judío. Es la casa compartida por todos - tanto judíos como no judíos, ortodoxos, tradicionales y laicos - y no se debe discriminar entre ninguno de los elementos que lo constituyen.

Sí, todavía hay defectos en el sistema gubernamental de Israel, siendo la ausencia del matrimonio civil uno de los más serios.

La subyugación de los israelíes a los jueces y tribunales rabínicos ortodoxos está en desacuerdo con la esencia de Israel como una democracia.

Pero esa no es la razón por la que el liderazgo árabe y el presidente palestino están opuestos a la definición de Israel como un estado judío. Al contrario, ellos mismos procuran establecer una teocracia fanática y antidemocrática, a su semejanza, aquí, en lugar de Israel.

Su oposición lo es a la existencia de un estado judío democrático en cualquier parte de la región. Su sueño es nuestra pesadilla.

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Thursday, October 18, 2007

Ahmadinejad & Annapolis - Amnon Rubinstein - JPost

La declaración del presidente Mahmoud Ahmadinejad en cuanto a un referéndum mundial musulmán sobre la transferencia de Israel a Europa, América o Alaska, sirve para subrayar el hecho de que tratamos con un lunático - astuto, quizá, pero un lunático.

El problema es este: el mundo - y sobre todo nosotros, los judíos - ha tenido malas experiencias con los lunáticos que poseen un poder militar; hemos visto que sus locas visiones tratan de hacerse realidad.

Irán es una superpotencia regional y el temor de que se armará dentro de poco con armamento nuclear no es una paranoia.

Hitler habló "de aniquilar al pueblo judío", Ahmadinejad estaría satisfecho con "limpiar a Israel del mapa." En ambos casos, la amenaza estaba acompañada por una tremenda campaña de odio e incitación.

En efecto, desde la acometida antijudía nazi, no se ha visto en el mundo una campaña tal de odio histérico y psicótico como la que se ha emprendido actualmente en las capitales del mundo árabe y musulmán.

¿Qué podemos hacer?

Durante muchos y largos años hemos contemplado nuestra seguridad nacional como relacionada directamente con nuestra capacidad de prevalecer sobre los ejércitos de los países árabes en el campo de batalla convencional. El hecho de que hayamos logrado prevenir otras invasiones de ejércitos árabes, de que hayamos firmado acuerdos de paz con Egipto y Jordania, demuestra los logros excepcionales alcanzados por la diminuta y valerosa isla israelí.

Ahora observamos que el odio hacia Israel toma nuevas formas ajenas al campo de batalla tradicional: el desarrollo de misiles de largo alcance equipados con armas de destrucción masiva, el bombardeo "convencional" de objetivos civiles en Israel desde el exterior y el terrorismo suicida.

Todos estos peligros pueden ser rastreados desde Irán, pero de todos ellos el más terrible es la amenaza nuclear.

Inclusive nuestra doctrina de seguridad ante una amenaza nuclear ha sido socavada - puesto que aunque Israel es capaz de contraatacar, sus dimensiones diminutas debilitan su posición en el equilibrio de terror, sobre todo a la vista del hecho de que el líder iraní parece dispuesto a absorber serios golpes a fin de restaurar el poderío musulmán-chiíta a su antigua gloria, y provocar el retorno del imán ocultó.

Peor aún, aún si la nuclearización de Irán se retrasará (debido a la presión internacional o un ataque militar), esto sólo obstruiría temporalmente su deseo de conseguir una bomba atómica. Oriente Medio afronta el peligro de la proliferación nuclear, tanto sí los países musulmanes la desarrollan solos - Libia estaba mucho más cerca de lo que la inteligencia occidental era consciente - o por otros medios. En última instancia los países musulmanes ricos serán capaces de comprar directamente armamentos nucleares, o bien comprarán la maestría para fabricarlos.

En un Oriente Medio nuclearizado, el control de Israel del campo de batalla tradicional desaparecerá y su debilidad por sus diminutas dimensiones se hará más evidente. Y, ciertamente, si algún día hay alguien a quién nosotros podamos dirigirnos y confiar en él, Israel tendrá que consentir en desmilitarizar enteramente el Oriente Medio, Israel incluido, de armamento nuclear. Lo que preparamos durante "un día lluvioso" en los años 1950 y años 1960 puede convertirse finalmente en un escollo.

Hasta que ese día llegue, Israel debe defenderse principalmente de dos modos: el primero es invertir en un supremo esfuerzo nacional en los sistemas anti mísiles. El ministro de defensa dijo recientemente que Israel sería capaz de interceptar el 90% de todos los misiles disparados - y eso es alentador, pero debemos hacer un esfuerzo supremo para alcanzar un nivel de interceptación más elevado. Según los expertos, se puede hacer; el éxito depende principalmente de la cantidad de recursos invertidos.

El segundo camino es desalentar al enemigo de utilizar armas de destrucción masiva contra nosotros.

Esta disuasión puede ser alcanzada si Israel forma parte de un sistema de defensa mucho más grande, preferentemente en el contexto de la OTAN. Esto dejaría claro al mundo árabe musulmán de que Israel se defendería no sólo a sí mismo, sino también por medio de poderosos aliados.

De acuerdo, quizá esto no influya en Ahmadinejad, pero el resto de los dirigentes iraníes probablemente se desalentarían ante la amenaza de un conflicto con la OTAN.

Y es importante presentar esta demanda antes de hacer algún otro tipo de concesiones, y antes de que la cumbre internacional en Annapolis se celebre.

Las concesiones que nos piden que hagamos a los palestinos no son fáciles: hemos visto ya lo que pasó como consecuencia de la retirada de Gaza. No tenemos ninguna garantía de que un acuerdo de paz con los palestinos impedirá en un futuro ataques con mísiles al centro de Israel, como los actuales sobre Sderot y todo el Negev occidental.

El elemento de equilibrio implica algo más que un único acuerdo - incluso un acuerdo interino - con los palestinos, requiere que la firma de ese acuerdo sea inequívoca y firme y lleve consigo la demanda de su sanción por parte de los Estados Unidos y de Europa. El acuerdo debe ser acompañado por una serie de arreglos estratégicos de seguridad en el contexto de la OTAN.

Para llevar a cabo esto, no debemos excluir a priori el ingreso paralelo de Palestina en esta organización. Después de todo, la entrada de Israel no tendrá ninguna posibilidad del éxito a menos que se vea acompañada por la entrada de un país árabe.

Ahmadinejad no estará físicamente presente en Annapolis, pero sus amenazas estarán allí, cerniéndose encima de la mesa de negociaciones. La respuesta a estas amenazas debe incluir a los palestinos en el contexto de una alianza de defensa.

Una alianza de esta clase minimizaría los peligros existenciales planteados a Israel, comparados con los cuales los otros peligros - que en efecto, existen realmente - son mucho menores.

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Monday, October 01, 2007

Memo desde Nueva York: el precedente de la Unión Oxford - Amnon Rubinstein - JPost

No había ninguna cuestión sobre la libertad de expresión en el affaire Ahmadinejad-Universidad de Columbia. Las cuestiones sobre la libertad de expresión se plantean cuando alguien procura suprimir el discurso y las garantías de la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense entran en juego. Nadie procuró censurar las palabras, las opiniones o las amenazas del presidente de Irán. Sus opiniones son conocidas en todo el mundo. La Asamblea General de las Naciones Unidas son una mejor plataforma que cualquier podio de una universidad. Si alguien hubiera tratado de suprimir sus opiniones, la cuestión que se plantearía es sí la incitación al genocidio y la negación del Holocausto están protegidas bajo la Declaración de Derechos. Pero esa cuestión no se planteó.

El verdadero problema era sí era apropiado para la Universidad de Columbia invitar a este hombre o, como fue increíblemente sugerido, que la universidad tendría, o debería haber invitado a Adolf Hitler en circunstancias similares.

Mucho se ha escrito sobre todo esto, pero hay una consideración que no ha sido mencionada: los dictadores no están familiarizados con las peculariedades de las sociedades democráticas, y son propensos a leer mal sus señales.

Un precedente histórico viene a la mente. En 1938, la Unión Oxford, de forma infame, decidió "no luchar por el Rey y por el país." Este era un asunto menor dentro de la Gran Bretaña - una de las muchas manifestaciones dentro de una sociedad cívica y democrática a lo largo de su funcionamiento. Pero Hitler, totalmente desconocedor de los caprichos de las sociedades libres, dio un gran significado a ese estúpido voto y lo vio como una prueba más de que las democracias eran débiles y decadentes y estaban faltas de voluntad para luchar contra la fuerza de la Alemania Nazi.

Huelga decir que los estudiantes que votaron así en 1938 no imaginaron las consecuencias de su decisión. Finalmente, ellos debieron luchar por su Rey y por su país, y muchos de ellos murieron en la guerra.

Hay un peligro de que el presidente de Irán - un país que tendrá pronto armamento nuclear - interprete mal, de manera similar, la invitación otorgada a él por una de las principales universidades de América, y que el pueblo iraní haga una mala comprensión a la vista de los aplausos que él recibió, selectivamente expuestos por los medias iraníes controlados por el gobierno.

Las democracias siempre parecen débiles frente a las posiciones ventajosas de las dictaduras. No deberíamos hacerlas parecer aún más débiles. Esta, y no la defensa de las libertades consagrada en la Primera Enmienda, era la verdadera cuestión en este desafortunado asunto.

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