Sí, el Estado-nación del pueblo judío - Gadi Taub, Nissim Sofer - Haaretz

El editor del Haaretz, Amos Schocken, cree que la Ley Básica de Israel como Estado-nación del pueblo judío niega el concepto de Estado judío incluido en la Declaración de Independencia de Israel. La nueva ley, aprobada el año pasado, reemplazaría esa definición de Estado judío por el Estado-nación del pueblo judío, según afirmó Schocken en un artículo de opinión a finales del mes pasado.
Tal como Schocken lo ve, el "Estado judío" era "inclusivo", mientras que el Estado-nación del pueblo judío es un estado que "separa" a sus ciudadanos. Tal como él lo entiende, judío por un lado y nacional por el otro son opuestos.
Para apoyar su argumento, Schocken cita la Declaración de Independencia, que se refiere a la igualdad de derechos individuales, el desarrollo del país en beneficio de todos sus habitantes, y la libertad y la igualdad. En opinión de Schocken, "el único valor judío" en la Declaración de Independencia aparece en la declaración de que el Estado de Israel "se basará en la libertad, la justicia y la paz según lo previsto por los profetas de Israel".
Para él, la nación judía no tiene existencia en el Estado recién creado. Su único aspecto judío, tal como Schocken lo interpreta, no es para nada judío sino universal, y nada más. De lo que Schocken dice se deduce que un apropiado Estado judío debe negar la nacionalidad judía.
Entonces no es sorprendente que siguiendo esta interpretación, que niega una nacionalidad judía, le haya llevado a Schocken en el pasado, mucho antes de ésta nueva Ley Básica, a sugerir que el himno nacional, "Hatikva", debe ser reemplazado por algo con lo que los ciudadanos árabes del país también puedan identificarse. Según esa lógica, presumiblemente las otras características del país que son específicas del pueblo judío también deberían reemplazarse porque los ciudadanos árabes de Israel, aparentemente, no se identifican con la Menorá como el símbolo del estado, así como con la Estrella de David y las franjas azules en la bandera, o con el sábado judío como el día de descanso semanal.
Tal postura es legítima, por supuesto, pero claramente contradice la posición de los redactores de la Declaración de Independencia. Al comienzo de la ceremonia en la que Israel declaró su independencia el 14 de mayo de 1948, todos cantaron "Hatikva" y el himno se tocó nuevamente al final de la ceremonia. El Consejo de Estado declaró que la bandera del movimiento sionista sería la bandera israelí y que la Menorá sería el símbolo del estado.
Los redactores de la Declaración de Independencia no vieron ninguna diferencia entre el Estado judío y el Estado-nación del pueblo judío porque son dos nombres para la misma cosa. Como se señaló en la declaración, cuando el Primer Congreso Sionista se reunió en 1897, proclamó "el derecho del pueblo judío al renacimiento nacional en su tierra". Ese derecho, que fue reconocido por el gobierno británico en 1917 en la Declaración Balfour y confirmado en el Mandato británico de la Liga de Naciones, constituyó el reconocimiento internacional del derecho al "establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío".
La Declaración de Independencia comienza con una declaración que no puede ser más clara: “La Tierra de Israel fue el lugar de nacimiento del pueblo judío. Aquí se plasmó su identidad espiritual, religiosa y política. Aquí, por vez primera, alcanzó la condición de estado, se crearon valores culturales de importancia nacional y universal y se dio al mundo el Libro de los libros eternos y sagrados".
La Declaración establecía que los judíos, "como todas las demás naciones", tienen derecho a la autodeterminación en la tierra donde se formó su identidad espiritual, religiosa y política. La Ley Básica del Estado-nación aprobada el año pasado declara que "el ejercicio del derecho a la autodeterminación nacional en el Estado de Israel es exclusivo del pueblo judío". Esta es una manera contundente, de hecho, una forma innecesariamente contundente, de decir algo que no es de ninguna manera nuevo.
Dado que la mayoría de los estados nacionales tienen minorías nacionales, que de una manera similar no participan en la identidad nacional del estado, el Consejo de Europa elaboró una convención como guía para sus miembros sobre la cuestión de cómo un estado democrático decente debe tratar a sus minorías. El Convenio Marco para la Protección de las Minorías Nacionales no requiere que los países signatarios renuncien a su carácter nacional para crear otra identidad que también incluya a las minorías.
La verdad es que las minorías por lo general tampoco quieren esto. El desafío que normalmente enfrentan es todo lo contrario: se trata de cómo preservar su identidad separada sin comprometer su igualdad de derechos. Desde este punto de vista, la creación de una identidad inclusiva representaría usualmente un peligro de asimilación forzada. Uno puede vislumbrar ese punto de vista, por ejemplo, en la reacción musulmana a la ley que prohíbe a las mujeres usar un tocado musulmán en público en Francia, un país con una identidad nacional civil inclusiva.
En su lugar, el Convenio Marco del Consejo de Europa exige que los miembros proporcionen a las minorías los medios para proteger y perpetuar sus identidades colectivas separadas. Para lograr esto, la Convención busca permitir que los miembros de las minorías estudien en sus idiomas nativos en las escuelas donde se hablan sus idiomas nacionales, reciban servicios religiosos iguales a los de la mayoría y aseguren un mínimo de autonomía cultural.
La Declaración de Independencia de Israel hizo exactamente esto cuando aseguró no solo derechos civiles y políticos iguales, incluido el derecho a votar y ser elegido, sino también el derecho a "la religión, conciencia, idioma, educación y cultura". Israel ha sido meticuloso en cuanto a salvaguardar esos derechos colectivos desde 1948 hasta el presente.
Por lo tanto, la respuesta a la cuestión de la igualdad no radica en abolir el carácter nacional judío del Estado. Intentar que Israel no sea judío no solo es injusto, sino que solo puede lograrse al precio de abolir la democracia.
Esto se debe a que mientras Israel tenga una gran mayoría judía y el derecho universal de votar, el proceso democrático apoyará la existencia de los distintivos del Estado-nación del pueblo judío. Israel seguirá siendo su nombre, la Estrella de David y las dos franjas azules permanecerán en su bandera, y la Menorá seguirá siendo el símbolo del estado. El hebreo será el idioma oficial, el sábado judío el día de descanso y las fiestas judías determinarán el calendario oficial.
En nombre de la Declaración de Independencia, vale la pena recordar a todos los que se oponen a la ley del Estado-nación que es imposible reconocer el derecho universal a la autodeterminación y al mismo tiempo oponerse a su realización por parte de una sola nación: la de los judíos.
Como afirma la Declaración de Independencia: "Este derecho es el derecho natural del pueblo judío a ser dueños de su propio destino, como todas las demás naciones, en su propio estado soberano".
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