Israel debe mirar por si mismo, y eso es lo correcto (y un apéndice personal sobre "quién" quiere que se ataque a Assad) - Amir Mizroch

En los últimos días hemos escuchado a nuestros líderes decir una y otra vez, "Sólo podemos confiar en nosotros mismos". Desde que Barack Obama se retractó de sus líneas rojas y de un posible ataque a Bashar Assad, estas voces han crecido cada vez más fuertes. "Sólo podemos confiar en nosotros mismos".
El pensamiento en Jerusalén es que si Obama se muestra débil cuando se trata de castigar con un ataque limitado a Siria, ¿cómo demonios podemos confiar en que él siga adelante con su promesa de que no permitirá que Irán consiga una bomba nuclear? Esta es una prueba, dicen en Jerusalén, de que sólo podemos confiar en nosotros mismos.
Incluso citan el erudito judío Hillel quien dijo: "Si no miro por mí, ¿quién lo hará?". Pero la cita de Hillel no termina ahí, justo después también dice: "Pero si yo no miro más que por mí, ¿quién soy yo?". No estoy tratando de minimizar la sensación de aislamiento y de aprensión que sentimos los israelíes cuando nos encontramos en un momento en el que el "policía mundial" parece haber devuelto su arma y su placa. Pero quiero añadir un poco de contexto. En este caso, no solamente podemos pensar en nosotros mismos. Tenemos que entender y aceptar el estado de ánimo de los Estados Unidos.
De lejos, nuestro más importante activo estratégico es nuestra alianza con los Estados Unidos y la buena voluntad del pueblo estadounidense. Sin ellos, estaremos realmente aislados en un barrio que quiere devorarnos, y luego escupirnos y devorar lo que reste. Y tenemos que entender que el pueblo estadounidense se ha cansado de asumir la carga de policía del mundo y tener que enviar a sus hombres a morir en el pantano del mundo árabe.
Los estadounidenses, con razón, no quieren otra guerra con los árabes, ni con nadie, ¿y por qué tendrían que involucrarse? Son miles de millones de dólares de deuda, y ellos quieren empleos y educación, no a miles de sus soldados muertos. ¿Para qué necesitan otra guerra? Además, ¿a quién le importa lo que piense el resto del mundo? Claro, sus aliados en el Golfo podrían peligrar, y sus amigos israelíes podrían sentirse preocupados, pero pueden cuidar de sí mismos, los estadounidenses les han dado lo mejor de sus equipos militares fabricados en EEUU, y nuestros enemigos militares más convencionales parecen haber desaparecido, por lo tanto, realmente podemos cuidar de nosotros mismos. Y si nos encontramos en una situación difícil y realmente necesitamos la ayuda de los Estados Unidos, los estadounidenses están ahí, y todo indica que el apoyo a Israel entre la mayoría de los estadounidenses, y en el Congreso, es muy alto. Pero en estos momentos ellos no desean otra guerra.
Así, mientras que en Israel decimos "Si yo no miro por mí, ¿quién lo hará?", deberíamos emplear nuestros mejores esfuerzos para convencer a los estadounidenses de que "si ellos solamente miran por si mismos, ¿quiénes son?".
Así pues tenemos que dar marcha atrás y comprender su postura, confiar en nosotros mismos, y esperar que, si las cosas van mal y realmente los necesitamos, la caballería se presente.
PD: Apéndice personal sobre "quién desea que se ataque a Assad"
Hace unos días leí un artículo en la página de Daniel Kupervaser donde únicamente se echaba la culpa del impulso guerrero de querer castigar a la Siria de Assad a Israel y al lobby pro-Israel - este último requerido por el propio Obama para intentar convencer de las bondades de un ataque a un Congreso reacio, y que como se descuide acabará siendo el chivo expiatorio del ataque si se llevara finalmente a cabo -.
En mi comentario hacía observar a Kupervaser que ignoraba a propósito la raíz de la polémica, las "líneas rojas" esbozadas por el propio Obama que comprometían su palabra, y el resto de actores "belicosos", la parte sunita conformada por Arabía Saudí, Qatar, Turquía, e incluso esos líderes europeos que se mostraban favorables, como Hollande.
A todo esto, para dar ratificar mi comentario, un artículo del Global, "La demora de un ataque decepciona a los aliados de EE UU en Oriente Próximo", insistía prácticamente en lo mismo que comentaba:
La dilación del ataque ha enervado a los aliados de EE UU en Oriente Próximo y el mundo árabe, sobre todo aquellos que habían tomado posiciones claras ante una intervención armada, como Arabia Saudí o Catar. En la cúpula política y militar israelí ha molestado lo que se considera una mera compra de tiempo por parte de El Asad y su patrón en Moscú, porque supone un titubeo ante el tercer nodo del eje, Irán, que mantiene en pie su programa nuclear. “La teoría de que EE UU vendrá a ayudar a Israel en el último minuto, y atacará Irán para acabar la alarma nuclear, parece mucho menos probable”, decía recientemente Amos Harel en el diario israelí Haaretz. Y ante los países árabes, añadía, Obama ha aparecido “débil, dubitativo y vacilante”.
Ya lo constató el propio Bachar el Asad, presidente sirio, en su reciente entrevista con el periodista norteamericano Charlie Rose, cuando dijo que él no es “el único jugador en esta región”. “Hay diferentes partes, diferentes facciones, diferentes ideologías. Hay de todo en esta región”, añadió. Además de Israel, los gobiernos árabes suníes, incluidas las monarquías del golfo Pérsico, buscaban un aviso a Irán y sus satélites, incluido El Asad y la milicia libanesa Hezbolá. En sus comparecencias en el Congreso, el secretario de Estado norteamericano John Kerry llegó a dejar a esos aliados al descubierto. Dijo que se habían ofrecido incluso a pagar los costes de un ataque con misiles, y llegó a jactarse del respaldo incondicional de Arabia Saudí y Catar.
Ambas monarquías del Golfo han invertido miles de millones de dólares en armar a los rebeldes sirios que en su inmensa mayoría son, como ellos, suníes, frente al eje chiíta de Irán y Hezbolá, alineado con la secta alauita de El Asad. El jueves, los representantes de los rebeldes sirios, completamente desencantados con Washington, dijeron que Saudi Arabia ha aumentado en días recientes los envíos de armamento ligero y misiles antitanque a través de Jordania. Por su parte, el general Salim Idriss, comandante del Ejército Libre Sirio, brazo armado de la oposición moderada, rechazó el jueves “completamente” cualquier acuerdo de desarme químico entre EE UU y Siria, y dijo que sus hombres se sienten, cada vez más, “dejados de lado”.
Cunde en la zona un profundo escepticismo ante la oferta rusa de facilitar el desarme químico de El Asad. Al fin y al cabo, Moscú lleva años vendiendo a Damasco las armas convencionales que ahora se emplean para los ataques contra la población en zonas rebeldes. Y los países vecinos de Siria llevan 30 meses sufriendo las consecuencias de la guerra, incluidos los dos millones de refugiados y los coches bomba que han explotado en Líbano y Turquía.Me gustaría recalcar un hecho en este artículo que yo tampoco conocía, por lo que tampoco se le puede reprochar a Kupervaser. Se trata de cuando se dice que "en sus comparecencias en el Congreso, el secretario de Estado norteamericano John Kerry llegó a dejar a esos aliados al descubierto. Dijo que se habían ofrecido incluso a pagar los costes de un ataque con misiles, y llegó a jactarse del respaldo incondicional de Arabia Saudí y Catar". ¿Lo quieres más claro Daniel?
No obstante, en el Global, ese mismo día, aparecía otro artículo, "La crisis siria dice mucho de EE UU", de Timothy Garton Ash, que parecía coincidir con Kupervaser en los protagonistas del belicismo, Israel, por supuesto, y esta vez sí, incluía a una parte de los propios americanos y sobrentendidas, pero sin mencionarlas, las "líneas rojas" de Obama. Pero claro está, preocupada como está la progresía andante occidental de ser tachada de islamofobía, se volvían a eludir los obvios deseos de la parte sunita.
Pero lo que más me llamó la atención son estos dos "curiosos párrafos" del artículo:
Conviene mencionar también unos cuantos ingredientes concretos de esta tarta. Uno de ellos es Israel. No hace falta subrayar el peso que tiene la preocupación por Israel en la política exterior estadounidense en general y en su política para Oriente Próximo en particular. En estas semanas he leído varios análisis escalofriantes que identifican una realpolitik israelí cuya conclusión es que el resultado menos malo para ellos es que dos grupos de archienemigos suyos —el régimen de El Asad, con Irán y Hezbolá, y los rebeldes suníes, cada vez más islamistas, extremistas y en parte próximos a Al Qaeda— continúen matándose.
“Nuestra mejor perspectiva es que sigan dedicándose a luchar entre ellos y no se acuerden de nosotros”, declara un funcionario anónimo de los servicios israelíes de inteligencia a un periodista en buzzfeed.com. “Que siga la hemorragia, que se desangren hasta morir: esa es la estrategia”, dice Alon Pinkas, antiguo cónsul general en Nueva York. En comparación con esto, Maquiavelo parece Mahatma Gandhi.Que sea preferible que unos archienemigos de Israel, tal es la descripción y las propias palabras de Garton Ash, "sigan dedicándose a luchar entre ellos y no se acuerden de nosotros", y que en ello "se desangren hasta morir", y que eso le resulte "escalofriante" a quienes ni siquiera se atreven a mencionar los deseos de esa otra parte belicosa que ocultan cuidadosamente, los deseos de la parte sunita, no deja de ser "acojonántemente hipócrita".
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