Monday, December 15, 2008

¿Livni da por enterrada la solución de dos estados, Israel y Palestina? - Debka



(Interesante y negativo análisis de un sitio cuasi oficial de la Inteligencia israelí, Debka, muy escéptico sobre las posibilidades de exito de la negociación, y que subraya nuevamente el posicionamiento de Livni en contraposición con el de Olmert, éste último ya finiquitada su carrera política, y en el cual ya se aprecían sus derivas hacia las posiciones de su amigo Avraham Burg y de la izquierda representada por el Meretz, para así acceder decididamente al santoral europeo. Subrayar nuevamente como los avisos al público árabe israelí tratan de desactivar su ya conocida intromisión en el posicionamiento de los negociadores palestinos, tratando de endurecer aún más sus posiciones, como si encima fuera necesario.

Hay que tener en cuenta que buena parte del liderazgo árabe israelí, el más apegado a la causa nacional palestina, carga con el "lastre" de no haber hecho lo suficiente por dicha causa ante los ojos de los demás, y que temen que la solución de dos estados, y por tanto el final del conflicto, den un cerrojazo definitivo a sus apetencias confederales, o más allá, expuestas en documentos como "Visión del Porvenir".

Parece evidente considerar que tras el final del conflicto se produzca un apagón en la consideración de las apetencias confederales o binacionales de algunos árabes israelíes, pero sin duda, en poco tiempo, sus reivindicaciones podrían tener el sostén de parte de los medias y grupos occidentales que han sostenido hasta ahora la causa palestina, ya que para bastantes de ellos el verdadero objetivo siempre ha sido la destrucción de Israel).

La ministra de Asuntos Exteriores y aspirante a primera ministro, Tzipi Livni, utilizó una aparente paradoja para dar por enterrada la solución de dos Estados. En un discurso que dio a los alumnos de una escuela superior el jueves 11 de diciembre, comentó: "El lugar para que los árabes israelíes ejerzan sus aspiraciones nacionales es el futuro estado palestino, no Israel, que es el hogar nacional del pueblo judío". Livni añadió el siguiente comentario: "Ni un solo refugiado palestino se admitirá en Israel", en un claro mensaje en el mismo sentido para la minoría árabe de Israel (cerca de 1/5 de la población).

Más tarde, clarificó sus palabras diciendo que mientras a los árabes israelíes no se les obligaría a partir o perderían sus derechos civiles, "quienes desean realizar sus aspiraciones nacionales deberían buscarlos en otra parte", es decir, en el estado palestino cuando se cree.

¿Pero de qué Palestina o estado palestino se está hablando? Por ahora, y en un futuro previsible, habrá dos, una gobernada por Hamas en Gaza y otra por Fatah en Cisjordania, como la ministra de Asuntos Exteriores sabe muy bien.

EEUU y los dirigentes europeos, sin duda, hacen todo lo posible para dar vida a la solución de dos Estados. En primer lugar, fue proclamada por el presidente George W. Bush y es la única razón de ser del Cuarteto para el Oriente Próximo, que se reúne la próxima semana en la sede de las Naciones Unidas. El sábado, en Bahrein, el secretario de Defensa de los EEUU, Robert Gates, prometió que la próxima administración seguirá apoyando una solución de dos Estados para el conflicto del Oriente Medio.

Pero todos ellos chocan de cabeza con la realidad.

Mientras Israel no este dispuesto a utilizar su ejército para recapturar la Franja de Gaza, aplastar al gobierno de Hamas y regalar el enclave a Mahmoud Abbas, sólo hay tres eventualidades en la almacén:

1. O bien la entidad de Hamas extiende su imperio a Cisjordania y expulsa al gobierno de Abbas, una receta para la guerra en lugar de la diplomacia; o bien ...

2. Las dos Palestinas se soportan por separado, como entidades inestables: Gaza gobernada por Hamas y sostenida por Irán, y Cisjordania regida por Fatah y apuntalada por las fuerzas de seguridad palestinas entrenadas por los EEUU y por la presencia militar israelí; o bien ...

3. Israel mantiene su bloqueo de la Franja de Gaza desde el Norte y el Este, y Egipto levanta el cierre en el Sur a fin de allanar el camino para su progresivo dominio del territorio.

La dualidad geográfica de estados palestinos es sólo un factor que complica la situación.

Otro lo ofreció el sábado el ex primer ministro palestino, Ahmed Qureia (Abu Ala).

Él, al igual que la parte israelí, confirmaron que las negociaciones que él y Mahmoud Abbas llevaron a cabo con Ehud Olmert y Livni durante los dos últimos años están irremediablemente atascadas en el barro. Luego administró sus últimos ritos al ideal de dos estados, israelí y palestino, coexistiendo el uno al lado del otro.

Su patrocinador de los EEUU había asumido que ese había sido el objeto y el principal rector de esas conversaciones.

Pero no era así, según Abu Ala.

Abu Ala destacó la propuesta de Israel: un traspaso del 93,2% de Cisjordania a los palestinos, manteniendo al mismo tiempo el sector de Jerusalém próximo a Ramallah (Givat Zeev y parte de Gush Binyamin), Maaleh Adummim, Gush Etzion y el valle del Jordán. Israel ofrece a cambio el 6.8% restante de una parte del Negev. Jerusalém no discutió dichas aseveraciones (N.P.: realmente existió un desmentido por parte de la delegación israelí).

Los palestinos rechazaron esta propuesta de intercambio.

La franqueza de Abu Ala estaba motivada menos por la campaña electoral israelí, donde Livni está llevando a cabo una cerrada pugna con el partido de centro-derecha Likud, liderado por Binyamin Netanyahu, que por su deseo de que el presidente electo estadounidense, Barak Obama, y la designada Secretaria de Estado, Hillary Clinton, tengan una imagen real de como lo ven los palestinos moderados que él representa.

Fue para aconsejar renunciar a una paz en el Oriente Medio basada en los principios rectores de la administración saliente americana en los últimos dos años, ya que los palestinos no tienen intención de proseguir con la iniciativa de la administración Bush.

Abu Ala no trata de negociar sobre el tamaño de la retirada de Israel de Cisjordania, debido a que no está ahí la cuestión.

Los palestinos niegan la premisa básica de un estado palestino dentro de las fronteras anteriores a la Guerra de los Seis Días de 1967 (la línea verde), el mantra convencional al que se acogen los EEUU y la diplomacia europea, aunque no consagrado en los mapas o en los acuerdos internacionales.

Los palestinos están exigiendo nada menos que una retirada de Israel a la línea de armisticio de 1949, y, en algunos lugares, a las líneas del Plan de Partición de las Naciones Unidas de 1947, más el derecho de retorno de todos los refugiados palestinos.

La fórmula de dos estados - ahora confirmada por Gates - no puede colmar esos deseos y, por lo tanto, resulta irreal como punto de partida para una paz diplomática en el Oriente Medio.

El general de brigada en la reserva, Giora Eiland, jefe del Consejo de Seguridad Nacional de Israel con Ariel Sharon, resumió el dilema en una conferencia para el cuerpo diplomático en Jerusalém el 17 de noviembre:

"Cuando hablamos de una solución de dos Estados, nos enfrentamos a una paradoja: Por un lado, los israelíes y los palestinos sienten una verdadera necesidad de resolver su conflicto. Por otra parte, no tienen ningún interés real - o creen realmente - en el establecimiento de dos Estados que vivan el uno al lado del otro. Esta dicotomía es mucho más profunda de lo que se aprecia en general y se hace más profunda con el tiempo".

Eiland señaló que los riesgos que corre cualquier político israelí o palestino por abrazar esta fórmula son muy superiores a sus posibilidades de éxito. Ninguna de las partes está dispuesta a jugarse su futuro personal en contra de tales probabilidades.

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Friday, October 17, 2008

¿Puede Israel aproximarse hacia la paz desde las bases (desde la realidad)? - Natan Sharansky - JPost


Moshe Ya'alon en la Herzliya Conference

El mes pasado, el Primer Ministro Ehud Olmert se despidió con un explosiva entrevista al Yediot Aharonot. En ella, Olmert, no especialmente conocido por sus reticencias a la hora de criticar a sus opositores políticos e ideológicos, decidió mencionar sólo a un nombre: Moshe (Bogie) Ya'alon, el antiguo jefe de estado mayor del IDF y mi colega en el Instituto Adelson para Estudios Estratégicos, cuyo muy esperado libro, "El camino a largo y corto plazo", fue publicado el mes pasado. La selección de Ya'alon encajaba para su posterior crítica ya que la aproximación política de estos dos hombres no podía ser más diferente.

Para Olmert, la paz es decididamente un asunto de arriba hacia abajo. El entero proceso de Annapolis, como el proceso de Oslo al que imita, está basado en el reforzamiento de un líder palestino "moderado" con la esperanza de que sea lo "bastante fuerte" para hacer la paz. ¿Cómo reforzar al líder palestino? Entre otras cosas, liberando a los presos, transfiriendo dinero y haciendo concesiones en las negociaciones. Para Olmert, la salud del proceso de paz esta en función de la dinámica de las negociaciones. ¿Se reúne con la gente y habla con ella? ¿Hay cumbres de líderes mundiales que apoyan el proceso? ¿Hacen los líderes árabes las declaraciones adecuadas?

Sin embargo, para Ya'alon la paz es un asunto de fondo (de abajo hacia arriba). Ya'alon cree que es necesario concentrarse en la transformación de la sociedad palestina y volver así a la sociedad israelí y palestina más cercanas. Para él, la salud del proceso de paz esta en función de lo que ocurre dentro de la sociedad palestina. ¿Luchan las fuerzas de seguridad palestinas contra el terror? ¿Trabajan los líderes palestinos para mejorar las condiciones económicas y sociales de la vida de los palestinos? ¿Incitan los medios de comunicación palestinos contra Israel? ¿Se educa a los alumnos palestinos para aceptar la legitimidad de Israel?

Los israelíes pueden decidir apoyar cualquiera de estos dos acercamientos. Pero una cosa es segura: el acercamiento de arriba hacia abajo, el de Olmert, ya ha sido intentado sin éxito por seis primeros ministros israelíes diferentes y por dos presidentes americanos, trabajando con dos diferentes líderes palestinos. Hay pocas pruebas para sugerir que se pueda tener éxito si lo intenta un séptimo primer ministro israelí o un tercer presidente americano.

Una idea más elegante sería intentar el acercamiento alternativo de Ya'alon y unirlo al proceso de paz : concesiones israelíes, transferencias de dinero y autoridad, etc... junto con una transformación de la sociedad palestina. Este en efecto sería un "camino a largo y corto plazo", y sin duda tomaría varios años ponerlo en práctica. Pero considerando los desastres que han acontecido a los israelíes y a los palestinos durante los últimos 15 años, sería infinitamente mejor que otra alternativa.

¿Aceptaría una nueva administración estadounidense tal acercamiento? Después de reunirme con ambos candidatos, no tengo dudas de que gane quién gane este noviembre, un gobierno israelí abrazaría este nuevo acercamiento si tuviera el apoyo de la Casa Blanca.

Barack Obama comenzó su carrera pública como un organizador comunitario y sostiene de modo persuasivo en sus libros que el cambio verdadero proviene del fondo (de abajo hacia arriba). Por su parte, John McCain ha expresado repetidamente su opinión de que una sociedad palestina reformada es crítica para cualquier proceso de paz exitoso. Además, uno y otro candidato darían la bienvenida a un acercamiento diferente al que ha cosechado los fracasos anteriores.

En efecto, la verdadera cuestión no es si este nuevo acercamiento será apoyado en Washington, sino si será apoyado en Jerusalém. En el pasado, las iniciativas que podrían haber encaminado el proceso de paz en una nueva dirección constructiva fueron abandonadas mortecinamente por gobiernos pasivos.

El caso más famoso ocurrió después del histórico discurso de junio de 2002 del Presidente George W. Bush, en el cual abogó por un acercamiento de fondo que llamaba a que el estado palestino emergiera solamente después de que reformas detalladas pudieran dar lugar a un estado democrático y pacífico. Más bien que aprovechar esa oportunidad, parte del gobierno de Ariel Sharon, del que yo entonces formaba parte, empezó a titubear. A los pocos meses, el Departamento de Estado elaboró un mapa de ruta (road map) que apoyaba de boquilla este nuevo acercamiento, pero que esencialmente estaba basado en las mismas viejas y agotadas fórmulas. En particular, su llamamiento a unas elecciones que fueran celebradas "cuanto antes" en una sociedad palestina no reformada y que apagarían cualquier posibilidad de reforma de aquella sociedad.

Un año más tarde, Sharon emprendió un plan de retirada unilateral desacertado, que al principio pilló a los americanos de improviso y que en adelante minó cualquier perspectiva para una reforma palestina. Este error se agravó después de la desconexión, con el broche de unas elecciones que, tras la insensatez de Gaza, no sólo mataron las perspectivas de la reforma, sino que auparon a Hamas en el poder, y degradaron la esperanza de los israelíes de que la sociedad palestina era capaz de ser reformada.

Creo que la reforma es posible y que esa reforma nos acercará a la paz. Sin embargo, se requerirá el fin de las ilusiones del tipo de las ofrecidas por quienes sostienen que la paz es sólo una reunión, una cumbre o una concesión a distancia. Se demanda una política basada en el tipo de testarudo pragmatismo que Moshe Ya'alon ofrece en su libro. Se demanda que las evidencias (las pruebas) guíen nuestro juicio (criterio), más que nuestro juicio guíe a las evidencias.

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¿El regreso de la solución de un único estado? - Sari Nusseibeh - The Daily Start


Prof. Sari Nusseibeh

En un informe reciente, la organización no gubernamental israelí Paz Ahora, reveló que desde que el Presidente George W. Bush convocó las negociaciones de paz de Annapolis, en octubre pasado, el número de ofertas de construcción publicadas para Jerusalém Este se ha incrementado por 38 en comparación con el año anterior. Desde 1967, cuando Israel ocupó Cisjordania y Gaza, y sobre todo desde las negociaciones de paz de Madrid, en 1993, Israel ha construido casi 13 nuevas vecindades en Jerusalém Este, hogar hoy en día de más de 250.000 israelíes, casi el mismo número de palestinos a los que se les permite residir dentro de la ciudad. Si ustedes recuerdan que la mayor parte de los proyectos para la solución de dos estados prevén que Jerusalém Este sea la capital de un futuro estado palestino (junto a la capital israelí que se ubicará en Jerusalém Oeste), es fácil entender por qué muchos palestinos pierden la fe en ese proyecto.

Hay otra razón para que la solución de dos estados pierda apoyo: la actitud de Washington. Durante un viaje reciente a Ramallah, la Secretaria de Estado estadounidense, Condoleezza Rice, cuando le recordaban que los palestinos ya han demostrado su buena voluntad al conceder el 78% de lo que ellos consideran su territorio legítimo a Israel, respondió inmediatamente, "Olvídense del 78%. Lo que ahora se está negociando es el 22% restante". El mensaje estaba claro: los palestinos deben estar preparados a conceder más tierra.

Los israelíes han descrito mucho tiempo sus establecimientos en Cisjordania - largos pedazos de territorio que se extienden a lo largo de los ejes norte, sur, este y oeste, surcados por carreteras, redes eléctricas, etc... - como extensiones orgánicas de la comunidad israelí. Pero la construcción israelí (según otra vez Paz Ahora), ha aumentado un 550% respecto el año pasado. Esa estructura, combinada con la casi completa separación que proporciona el muro o barrera, y los informes de que Israel desea mantener el control de la seguridad a lo largo del borde este del Valle del Jordán, envían otro mensaje: ese de que Israel planea mantener ese territorio para siempre.

Combinen todo eso con el problema de los refugiados, aún sin vías de resolución, y no resultará sorprendente de que muchos de los antiguos defensores de los dos estados abandonen su esperanza.

Es importante recordar que el movimiento nacional palestino sólo comenzó a respaldar la idea de una solución de dos estados como un compromiso práctico hace unos 20 o 30 años. La comprobación de que Israel no desaparecería hizo pensar a los moderados de que su mejor esperanza para un estado era crearlo al lado de Israel, no uno que procurará sustituirlo. Aún así, los 15 años de negociaciones siguientes han producido poco, así pues no es ninguna sorpresa que la fe en esa solución supuestamente pragmática mengüé. La carencia de progreso, así como la inconfundible realidad expansionista israelí respecto a la tierra y el crecimiento de la popularidad de Hamas, han ido dejando poco lugar a los que buscaban un futuro positivo para Palestina. Si exceptuamos que se ha rejuvenecido la vieja idea de un estado binacional, laico y democrático donde los ciudadanos judíos y árabes vivan los unos al lado de los otros en igualdad.

Para algunos, como los intelectuales y activistas del Palestinian Strategy Group (que recientemente han expuesto estas razones en los periódicos árabes), el escenario de un guión de un único estado supone advertir a Israel de los peligros planteados por sus políticas expansionistas. Este grupo aún preferiría que surgiera una solución de dos estados. Otros sin embargo, vuelven a la visión del primer estado apoyado por Fatah (el movimiento nacionalista palestino dominante) a finales de los años 60. El primer grupo cree que la utilización de la mención de un único estado podría ayudar a despertar el sentido común dentro de las cabezas de los dirigentes israelíes con poder de decisión. Los otros prefieren una solución de un único estado porque esto daría lugar a un gobierno que finalmente controlarían gracias a una mayoría demográfica. Aunque hasta el Primer Ministro israelí, Ehud Olmert, haya reconocido últimamente el peligro que esto representa para Israel, no está claro que otros dirigentes israelíes con poder de decisión lo hagan.

Ellos pueden tratar de aplazar el problema con alguna táctica de diversión, como empujar el control de los centros demográficos de Cisjordania hacia Jordania, bajo una continua supervisión militar israelí. Tal "solución" fue inicialmente puesta en funcionamiento por Israel en los años 70. Según este guión, Gaza también sería lanzada en manos de Egipto.

Pero aun si pudiera persuadirse a Jordania y Egipto de aceptar tales cargas - y ellos no lo harán -, ninguna táctica traería una estabilidad duradera a la región. Y los serios defensores del guión de un único estado parecen no darse cuenta de cuanto más sufrimiento se alcanzaría con su solución. En cuanto a las señales de alarma, esto podría haber tenido sentido hace 25 años, cuando los establecimientos empezaban a surgir en Jerusalém Este y en el resto de Cisjordania. Hoy, con más de medio millón de judíos viviendo detrás de la Línea de Armisticio de 1949, casi es demasiado tarde para invertir el proceso. Por lo tanto, este es el momento de la acción y no de las palabras.

Prácticamente esto significa que es necesario empujar durante los próximos pocos meses para alcanzar un trato justo con el que ambas partes puedan vivir. Y esto significa un acuerdo de dos estados; los israelíes nunca estarán de acuerdo con algo más. Muchos palestinos piensan que un único estado sería lo ideal, ya que implicaría el fracaso del proyecto sionista y su reemplazo por un país binacional que sería gobernado finalmente por su mayoría árabe. Pero muchos barcos ya se han estrellado ante tales rocas. Y ese único estado que surgiría, probablemente de un conflicto catastrófico, sería cualquier cosa excepto lo ideal.

(A leer el interesante artículo de Anthony David en ZWord: "A liberal in Jerusalem: The Paradoxes of Sari Nusseibeh")

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Sunday, September 28, 2008

Las lecciones de Oslo - Gil Troy - JPost BlogCentral

¿No sería estupendo si pudiéramos saludar la ascensión de Tzipi Livni, aplaudiendo su honestidad, y así estar satisfechos de que la integridad sea suficiente? ¿No sería tranquilizador si todo nuestra especulación se dirigiera sobre sus conocimientos de economía y su visión social del país? Lamentablemente, la cuestión principal a la que se enfrentará Livni será: "¿cómo será de efectiva con ella la seguridad de Israel?" Esta cuestión adquiere particular importancia cuando su victoria en las elecciones de Kadima coincidió con el 15 aniversario de la firma de los Acuerdos de Oslo y la creciente preocupación por la amenaza nuclear de Irán.

Normalmente, una cuestión como "¿por qué los Acuerdos de Oslo han fracasado?" debería dejarse a los historiadores. Sin embargo, mientras que los historiadores nos pueden ayudar a aclararlo aportando pruebas, el contexto, la visión, la perspectiva de todo líder israelí - y de los votantes - debe hacer frente a lo que sucedió. El que los israelíes extraigan conclusiones acerca de lo ocurrido con Oslo es esencial para averiguar lo que hay que hacer hoy y cómo construir un futuro estable con los palestinos.

Es escandaloso que los arquitectos de Oslo, especialmente Shimon Peres y Yossi Beilin, no hayan contabilizado el fracaso de Oslo. No se trata de echárselo en cara o incluso de que pidan disculpas. Por el contrario, el desafío es para ellos - y para otros -, para que extraigan las lecciones apropiadas y tracen un porvenir realista.

Si bien la historia de los Acuerdos de Oslo es compleja y sutil como los acuerdos mismos, hay una clara, cruda y deprimente explicación de por qué no funcionó Oslo. Los dirigentes de Israel - y del mundo - no apreciaron, ni aprecian, debidamente la violenta hostilidad hacia la existencia del estado judío por parte de la mayoría de los árabes y, concretamente, de la mayoría de los palestinos.

El fracaso, en bastantes aspectos, era evidente y comprensible. La mente occidental es demasiado racionalista y, francamente, está demasiado ensimismada para apreciar la profundidad del odio. Es más fácil condescender ante Yasser Arafat, en el supuesto de que cuando preconizaba la violencia en árabe se trataba sólo de retórica, que tomar en serio sus palabras y darse cuenta de que cuando él sonreía y negociaba con los occidentales sólo estaba jugando con ellos.

La quimera del Nuevo Oriente Medio de Shimon Peres estaba plagada de suposiciones materialistas marxistas, al suponer que un Israel alimentado de materialismo podría poner fin al maximalismo del nacionalismo palestino. La desilusión de Oslo ha sido la del sector secular, el cual ha subestimado la intensidad y popularidad del radicalismo islamista. La misma creación de Oslo fue un error de calculo de un sionismo peculiarmente quijotesco. A pesar de la narrativa antisionista que afirmaba que los primeros sionistas, alternativamente, ignoraban o abusaban de los árabes palestinos, una especie de sentimiento de Lawrence de Arabia, en los inicios del sionismo, produjo un romántico sueño de un estado judío amorosamente abrazado con sus vecinos árabes.

Sin embargo, el fracaso de los dirigentes a la hora de comprender la intensidad del rechazo palestino es también inexcusable. El primer objetivo del estado es proteger a sus ciudadanos. El hecho de que la política de Israel haya conducido a una guerra prolongada contra el proceso de paz, con más de 1.000 israelíes asesinados por las armas que Israel ayudó a entregar a los terroristas, es un fracaso de proporciones históricas. Quince años más tarde, a la vista de los mapas anti-Israel y de los libros de texto que dieron lugar los acuerdos de Oslo - por parte de la Autoridad Palestina -, evaluando esa cultura de la enemistad y del martirio dominante en los territorios, la guerra de Arafat se antojaba totalmente previsible.

Treinta y cinco años después de la Guerra de Yom Kippur, los israelíes todavía se interrogan y tratan de aprender de ese fracaso de inteligencia. Es por eso que es igualmente esencial recordar y aprender de la incapacidad - y del rechazo puro y simple de algunos dirigentes - a la hora de anticipar la explosión de terror palestino que se reavivó en el año 2000.

Trágicamente, el odio árabe aún continúa. No podemos acostumbrarnos a la pornografía de la violencia palestina, a la espeluznante adicción a la matanza de estudiantes de yeshiva, a los ataques con bulldozers, a los conductores suicidas... Tampoco hay que ser displicente acerca de la epidemia de odio islamista (...)

Así pues, la delicada cuestión no es si existe este odio, sino más bien la forma de responder a esta lamentable realidad. Reconocer el odio no necesariamente supone oponerse a una retirada de los territorios, sino más bien que con ella se eviten expectativas poco realistas. De hecho, los acuerdos de Oslo dieron lugar a la barrera de seguridad en Cisjordania, lo que enterró a la vez las ilusiones de la izquierda y de la derecha israelí .

Ambos extremos subestimaron el nacionalismo palestino. Los izquierdistas asumieron que los palestinos estaban dispuestos, como ellos, a tirar por la borda las identidades. Los derechistas asumieron que los palestinos estaba dispuestos a dar cabida a las ambiciones territoriales judías. Con la construcción de la barrera, la izquierda israelí abandonó su ilusión de que las vallas eran innecesarias en un mundo en el que árabes y judíos pronto se abrazarían. La derecha israelí abandonó su ilusión de que los territorios donde vivían millones de palestinos podrían integrarse fácilmente en el estado judío. La valla de seguridad - que Livni debería concluir rápidamente - proporciona la necesaria seguridad a los israelíes, y a la vez les recuerda que el nacionalismo palestino es real y hostil, y no desaparecerá.

De hecho, Oslo enseña que la solución de dos Estados es el único camino viable para los israelíes y los palestinos. Hablar de una solución de un único estado, solamente promueve la solución de un estado no judío. Y los judíos nacionalistas que exigieron su propio estado, deben respetar el deseo de los nacionalistas palestinos de tener el suyo propio. Pero los sionistas, en ningún caso, deben esperar poder ver el característico pragmatismo sionista en el movimiento rival. Oslo nos enseña que, sea cual sea el acuerdo al que llegue Israel, debe venir sin expectativas románticas de relaciones calurosas y debe realizarse con la mente y el corazón fríos, buscando la estabilidad.

La paradoja de Oslo es que cuanto más dura, más pragmática, más sin alma sea la aproximación, más nos aproximaremos al camino de romper el impasse y reorientar a los palestinos hacia la construcción de su estado, en lugar de que sueñen con la destrucción del nuestro.

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Saturday, September 27, 2008

Palestinos, la estrategia del fracaso - Blog de Michel Gurfinkiel

Quince años después de su firma, los acuerdos de Oslo se saldan con un fracaso absoluto. Era quizás el verdadero propósito de los dirigentes palestinos cuando los negociaron y firmaron.

Los acuerdos, conocidos como "Oslo", fueron firmados el 13 de septiembre de 1993 sobre el porche de la Casa Blanca, en Washington. Quince años han pasado. El fracaso es total, absoluto.

Estos acuerdos se basan en una especie de trueque: Israel obtiene la paz, y los palestinos un estado en Cisjordania y Gaza, dos territorios considerados como una sola entidad. Eso al menos es lo que aseguraron sus creadores israelíes, Yitzhak Rabin, Shimon Peres, Yossi Beilin, Ron Pundak, Uri Savir.

Hoy en día, no solamente Israel no tiene la paz, sino que su seguridad está menos asegurada. En cuanto a los palestinos, no tienen estado.

Este fracaso se explica generalmente por cinco faltas o culpas achacadas a Israel y dos faltas o culpas imputables a los palestinos.

Las faltas de Israel serían las siguientes:

1.- El estado judío no habría llegado hasta el final de su lógica reconociendo formalmente la independencia y la soberanía de un Estado palestino.

2.- Israel ha mantenido su ocupación militar.

3.- Se ha proseguido con una política de asentamientos judíos ( la "colonización").

4. - Se habría rechazado todo compromiso sobre Jerusalém.

5.- Se rechazaría el derecho de retorno a Israel de los refugiados palestinos de 1948.

Estos cargos o faltas israelíes pueden ser refutadas en un 90%, incluso en un 99%. Pero en la medida de que el estado judío no suscribe totalmente las reivindicaciones palestinas, él aparece como culpable. Siendo considerado como "el más fuerte", es él, y él solo, quien debería ceder ante "el más débil".

Las faltas palestinas serían las siguientes:

1. Yasser Arafat habría transformado la Autoridad Palestina en una dictadura árabe clásica, donde el "raïs" (jefe) dispone a la vez del poder político, policial y económico, a través de una gestión de tipo "patrimonial". Las injusticias causadas por este régimen, y la degradación de las condiciones de vida de la población palestina, han favorecido la emergencia de un movimiento extremista palestino, Hamas.

2. Ni Yasser Arafat ni su sucesor, Mahmoud Abbas, por no hablar de Hamas, han renunciado a la guerra y al terrorismo contra Israel.

Se observará que este cuadro no reposa realmente sobre una simetría, sobre una lógica de "errores compartidos": si se acepta la realidad de las dos faltas palestinas, debemos concluir necesariamente la menor consistencia de las cinco faltas israelíes.

Pero tal vez se ignore, en este debate, una hipótesis mucho más fundamental, según la cual el "fracaso" de los acuerdos de Oslo habría sido, por así decirlo, programado por los palestinos. Arafat y los otros dirigentes palestinos, incluido Abbas, han afirmado siempre que su objetivo final es la plena liberación de Palestina y que los acuerdos de Oslo, o la creación de un estado palestino en Cisjordania y Gaza, no constituyen más que "etapas" para lograrlo.

Los partidarios en Israel de los acuerdos, así como la mayor parte de los diplomáticos europeos y americanos que participaron en su creación y puesta en funcionamiento, han supuesto no ver en estas declaraciones de los palestinos más que retórica, una escalada verbal provisional a fin de calmar la calle palestina y negociar mejor. "La liberación de toda Palestina es el sueño de los palestinos. Tienen derecho a soñar. Ellos saben que el sueño no es la realidad", decía Peres en el decenio de 1990. Lamentablemente, hay demasiados textos y hay demasiadas declaraciones refutando esa interpretación. Desde 1974, el Consejo Nacional de Palestina ha aprobado la creación de un estado palestino sobre "cualquier parte liberada de la patria", sin por tanto renunciar a la liberación del conjunto de Palestina. Después de 1993, Arafat comparaba los acuerdos de Oslo con el acuerdo de Hudaibiya, la tregua que Mahoma concluyó con sus enemigos para consolidar su poder y, a continuación, traicionarla descaradamente.

Hoy en día, esta estrategia tiene una nueva forma: Abbas y su entorno toman nota "del fracaso de Oslo" para sugerir y dejar entender que podrían "autodisolver" la Autoridad Palestina. Esto, en teoría, supondría "devolver" a Israel la gestión de Cisjordania, sino de Gaza. Y eso permitiría a los palestinos reanudar la lucha armada. Con una diferencia: ellos dispondrían ahora para ello de las estructuras construidas desde hace quince años en Cisjordania (y mantenidas a pesar de la reocupación de 2002), o en Gaza.

Blog de Michel Gurfinkiel

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Sunday, August 31, 2008

La "gran estrategia" de Israel - Barry Rubin - JPost


Amuleto contra el "mal de ojo"

Voy a apostar a que ustedes no saben que Israel tiene una estrategia. Después de todo, y habida cuenta de sus políticos maniobreros, la diferencia entre lo que se dice en público y en privado, la presencia de francotiradores y así sucesivamente, es fácil olvidar la coherencia que se supone subyace en una política. No se trata de sugerir que los políticos están pensando en grandes ideas y en su forma de ponerlas en práctica, sino que es más bien el conjunto de intereses, amenazas y oportunidades lo que empuja a la gente hacia una estructura coherente.

No hay solución, el enemigo no va a desaparecer, ni va a moderarse. El mundo quiere escuchar que Israel busca la paz y que hace todo lo posible por conseguirla, y que así seguirá.

Sin embargo, el hecho de que estas expectativas estén equivocadas también es una parte esencial de la idea de conjunto.

Un triunfo militar total no significa que se resuelven los problemas, al menos en lo que respecta a ponerlos un final. Los ataques pueden ser disuadidos, su número reducido, su efectividad disminuida, pero la paz real está fuera de nuestro alcance.

No obstante, sí, es cierto, las amenazas y sus efectos pueden reducirse al mínimo, la vida sigue y el país lo hace bien. En lo que va de año, el desempleo está al nivel más bajo de hace 20 años [5,9%], la economía está haciéndolo increíblemente bien y el turismo ha conseguido un máximo histórico. La moral está alta a pesar de desprecio por el actual primer ministro. Las cosas están bastante bien.

Esto no significa que las personas sean ingenuas, incluso en comparación con los niveles de esperanza en el decenio de 1990. Las lecciones se han aprendido. Así que aquí está lo que subyace en lo que está sucediendo.

Israel es objeto de amenazas en cuatro frentes. En cada caso, hay un esfuerzo en curso para neutralizarlas, o más bien, para reducir esos problemas.

(1) Por el norte está Hizbullah. Los libanéses del grupo radical islamista nunca van a aceptar la existencia de Israel. Si piensa que sus acciones son rentables, atacará, por lo menos a través de raids transfronterizos. El intercambio de prisioneros no ha satisfecho su apetito; en su lugar, ha generado más hambre. No obstante, también ha contribuido a socavar uno de sus mayores medios de incitación.

Sin embargo, el principal problema de Hizbullah es doble. Su máxima prioridad es garantizarse la mayor parte del poder dentro del Líbano y, como mínimo, hacerlo en las próximas elecciones del mes de mayo. La lucha contra Israel ahora supondría una distracción de ese objetivo. Además, Hizbullah ha reducido su popularidad en el 2006, tras la guerra aún no ha podido realojar a muchos de sus seguidores después de dos años, a pesar de sus espléndidas promesas.

Aparte del coste del ataque, la táctica de Israel es advertir al Líbano que ahora, con Hizbullah en el gobierno, cualquier agresión se traducirá en que todo el Líbano será un objetivo. La disuasión de Israel en este frente no debe subestimarse, y es probable que se mantenga relativamente tranquilo durante un tiempo.

(2) Por el noreste está Siria, con quien el gobierno está negociando en la actualidad. Prácticamente nadie dentro del gobierno espera un acuerdo. Pero al margen de la política interna, el objetivo inmediato es dar a Siria un incentivo para mantener a Hizbullah sujeto de una correa. El ataque a la instalación nuclear de Siria, la probable participación en el asesinato de un alto oficial de Hizbullah aliado de Siria y una posible participación en la muerte de un importante general sirio, han dado a entender a Damasco que Israel puede golpear duramente si es necesario.

Un aspecto clave es el carácter humillante de estos tres incidentes. El IAF demostró que sus aviones pueden atacar en cualquier parte de Siria, y que un alto terrorista no está seguro, ni siquiera en el Damasco más protegido. Se envió un mensaje muy claro.

Así que Siria se ve obligada a responder directa o indirectamente. Pero hay otro elemento de la política israelí hacia ese país que es mal comprendido: la inminente confrontación con Irán sobre las armas nucleares. Si algún día Israel ataca a Irán, querrá reducir al mínimo la posibilidad de represalias por parte de Siria o de Hizbullah. Proporcionándoles incentivos para permanecer tranquilos - reforzado por el poder de disuasión -, es menos probable que estas dos fuerzas ataquen, o lo hagan en un grado menor. Un patrón similar existe en el frente oriental, con la Autoridad Palestina, y en el sur, con Hamas.

(3) En cuanto a la Autoridad Palestina(AP), Israel quiere que Fatah se mantenga en el poder: Hamas sería lo peor, y la AP hace algo para bloquear el terrorismo. El primer ministro, Ehud Olmert, y la ministra de Asuntos Exteriores, Tzipi Livni, o bien están deseosos de llegar a un acuerdo de principios con la Autoridad Palestina (denominado una plataforma de acuerdo) o bien fingen que lo hacen para reivindicar un gran éxito. Sin embargo, al mismo tiempo, hay pocas ilusiones sobre una paz posible y la mejor alternativa real es mantener el statu quo.

(4) A corto plazo, el frente más potencialmente inestable es el de Hamas. A través del alto el fuego, Hamas se ha dado un incentivo para no ir a una guerra total si su patrón, Irán, es atacado. Por supuesto, Hamas frecuentemente viola el alto el fuego, ya sea directamente, o bien tolerando los ataques, pero a un nivel bajo. Para Israel, la decisión que se plantea es qué cantidad de violaciones (o a largo plazo, qué grado de poderío militar de Hamas) debe dar lugar a una ofensiva. También hay pocas ilusiones acerca de que un ataque militar "termine" con el problema o que detenga los disparos de cohetes por completo. Prácticamente nadie piensa que con Hamas es posible la paz o inclusive, a largo plazo, que sea fiable un alto el fuego. Una vez más el statu quo es lo mejor que puede lograrse.

Los esfuerzos en estos cuatro frentes, no necesariamente disminuyen la respuesta a un futuro ataque contra Irán, pero podrían valer y ser - por otras razones -, básicamente, una especie de ensayo. Esto no significa que todos los políticos apliquen esta estrategia de la misma manera o que las actuales acciones del gobierno sean brillantes - en términos generales, la actual dirección se da por vencida más rápidamente de lo que es necesario o aconsejable -, pero la diferencia no es enorme.

La conclusión es que el hecho de estar dispuestos a concentrarse sobre el frente iraní, la relativamente buena situación interna, las políticas internas, la falta de alternativas atractivas, la intransigencia de los opositores, la debilidad y las dudas sobre la moderación de los posibles socios en las negociaciones internacionales y la pasión por un espejismo de paz, han creado una estrategia basada en un relativo consenso en todo el espectro político. Se ve desordenada y, desde luego, plantea una serie de problemas, pero sin embargo no es ni terrible ni irracional.

Se podría aplicar aquí, en broma, la famosa anécdota de Winston Churchill, cuando le preguntaron qué le parecía tener 90 años de edad: "Terrible", respondió, "pero tenga usted en cuenta las alternativas".

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Friday, August 29, 2008

Si Mahmud Abbas es lo mejor que tenemos... - Emanuele Ottolenghi - Commentary

El "moderado" Mahmoud Abbas anunció en un mitin en Beirut este jueves que "todos los palestinos deberían tener el derecho de regresar a sus hogares", rechazando la idea de que los 400.000 palestinos que viven en el Líbano - en su mayoría, en los campamentos de refugiados desde 1948, sin ciudadanía y con tal número de restricciones legales sobre sus derechos que la palabra "apartheid" puede considerarse como un cumplido - puedan ser "obligados" a permanecer permanentemente en el Líbano.

Podemos imaginar el tipo de respuesta que esta declaración obtendrá de los que en Occidente desean ver a toda costa un acuerdo de paz entre Israel y Abbas: que era un "guiño" a la audiencia local palestino; que era otro "guiño" al gobierno libanés, que siempre ha deseado que los palestinos desaparezcan; que solamente se limitó a "airear" la posición oficial palestina, dos días después de que Ehud Olmert le habría ofrecido un plan para reasentar a los refugiados en el Líbano; que ya se sabe que "Abbas es imperfecto, pero es lo mejor que tenemos..."

Pero los que siempre se apresuran a defender a Mahmoud Abbas olvidan lo siguiente: si él es lo mejor que podemos obtener de un dirigente palestino, si lo que puede venir después de él es infinitamente peor, si tenemos que entender sus limitaciones y obligaciones dentro de la esfera pública sobre esa delicada cuestión, si todo esto es razonable y debe ser aceptado... desde luego no es lo mejor que tenemos. O mejor dicho, es que no tenemos nada en absoluto.

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Tuesday, August 19, 2008

Se puede decir más alto pero no más claro (Y durante este tiempo en Jerusalem...) - Luc Rosenzweig - Causeur

(Título original: Y durante este tiempo en Jerusalem... Nada de tregua olímpica para Olmert y Abbas)

Mientras los ojos de cuatro millones de espectadores miran a un lado y a otro, entre Beijing y Tiflis, a la manera de los aficionados de Roland-Garros, los "affaires" Oriente Medio continúan.

Dos muertos políticos, Ehud Olmert y Mahmoud Abbas, tratan de hacer creer a su pueblo y al mundo de que todavía son capaces de influir en el destino y dejar en los libros de historia algo más que una nota a pie de página.

Las últimas peripecias de esta carrera de "patos sin cabeza" pasó casi inadvertida en nuestras vacaciones olímpicas, pero no están ausentes de interés. El principal negociador palestino, Ahmed Qoreia, conocido como Abu Ala, ha amenazado con abandonar el objetivo de "dos estados para dos pueblos" para replegarse sobre la reclamación de un único estado bi-nacional, si es que Israel se niega a restituir íntegramente los territorios ocupados desde 1967, objeta el que Jerusalén oriental sea la capital del futuro estado palestino, y no acepta el principio del derecho al retorno a Israel de los refugiados de 1948 y sus descendientes.

Dos días más tarde, Ehud Olmert dejo escapar en el Haaretz "su" plan de paz: establecimiento de un estado palestino en el 93% de Cisjordania y la totalidad de Gaza (Israel conservaría los bloques de asentamientos adyacentes a Jerusalén, y el asentamiento de Ariel). A cambio de ello, se entregaría una zona del territorio israelí del Negev, cercana a Gaza, equivalente a un 5,5% de la superficie de la Cisjordania, siendo el resto compensado por la creación de un vínculo entre Gaza y la Cisjordania bajo soberanía israelí, pero por el que los palestinos podrían viajar sin control. Sin embargo, la aplicación de este plan estaría sujeta a que la Autoridad Palestina retomara el control de la Franja de Gaza y dejara abierta la cuestión de Jerusalén. Por otra parte, el plan se opone a las reclamaciones palestinas sobre la cuestión de los refugiados.

En otras palabras, se trata de volver a los parámetros de "Camp David", donde el fracaso de las conversaciones entre Arafat y Barak fue el preludio de la segunda intifada, y cuya naturaleza no es probable que haga avanzar un milímetro la resolución del conflicto árabe-israelí.

Mahmoud Abbas al igual que Ehud Olmert saben perfectamente que es imposible recuperar la Franja de Gaza para el primero y que sea aceptada por una mayoría de israelíes la división de Jerusalém para el segundo.

Lo que es peor: Mahmoud Abbas sabe que podría ser derrocado, incluso eliminado físicamente, si las fuerzas del IDF se retiran de la Cisjordania, lo que dejaría el campo libre a los activistas locales de Hamas ebrios de ansias de venganza después de lo que han sufrido a manos de las fuerzas de seguridad leales al Fatah.

La solución de "dos estados para dos pueblos", alfa y omega del consenso internacional sobre el conflicto, está en agonía. La insalvable brecha que se ha ampliado entre Fatah y Hamas la vuelve impracticable: Israel ya no tiene delante de si a un pueblo unido bajo una única dirección que encarna el proyecto nacional palestino, sino que ahora existen dos facciones que persiguen objetivos contradictorias, sin contar los clanes y las tribus más o menos autónomas.

Los debates y conversaciones, oficiales o paralelas, que se celebran durante estos meses entre la Autoridad Palestina y el gobierno israelí constituyen un ejercicio obligatorio diseñado para satisfacer a los EE.UU. y a Europa. Israel no quiere "chocar de frente" con una administración americana patrocinadora de una solución de "dos estados para dos pueblos", y la Autoridad Palestina sabe que el maná financiero internacional, condición de su supervivencia, está ligado a mantener un diálogo con Israel.

Sin embargo, los que podrían verse tentados a creer que podría conseguirse un acuerdo próximo entre las dos partes, incluso recurriendo a fórceps, es probable que cosechen una amarga decepción.

Sólo basta escuchar los sonidos de la calle, la palestina como la israelí, para convencerse de que la etapa iniciada por los acuerdos de Oslo en 1993 está cerrada, y que no es probable que resucite en breve.

Por parte israelí, la idea más extendida más allá de las divisiones políticas es la necesidad de una separación lo más radical posible con los palestinos - y con los otros vecinos árabes -, como la única manera de conseguir un nivel de seguridad compatible con el desarrollo económico, social y cultural del país. La globalización vuelve secundaria la integración regional, y por lo tanto, no hay necesidad de hacer concesiones innecesarias a un adversario que es sospechoso de doble lenguaje.

Por el lado palestino, todos aquellos que no comparten los ideales jihadistas de Hamas tampoco son unos grandes defensores de la creación de un estado palestino laico y democrático: el sabor dejado por el funcionamiento de la Autoridad Palestina de Arafat es más bien amargo. La corrupción, la arbitrariedad, el nepotismo y la arrogancia de los dirigentes han generado que el pueblo retome formas de supervivencia que tienen como fundamento los clanes y el clientelismo, o bien la salida de la emigración, sobre todo en el caso de lo cristianos.

La idea de volver a la solución de un estado bi-nacional, donde Israel debería renunciar a su carácter judío para convertirse, desde el Mediterráneo hasta el Jordan, en un "estado de todos sus ciudadanos", es prioritaria en la agenda oculta de las elites palestinas anti-Hamas, esas a las que las declaraciones de Ahmed Qoreia representan un guiño de reconocimiento. No es casualidad que desde ese lado palestino se mencione cada vez con más frecuencia el modelo de Sudáfrica como modelo de salida o de solución al conflicto: se vería muy favorablemente que los judíos compartieran su prosperidad económica con los palestinos, a los que por otro lado su demografía les garantizaría a corto o medio plazo el predominio político…

Este nuevo paradigma exige de los actores internacionales del conflicto una adaptación doctrinal: ¿de qué sirve aferrarse desesperadamente a un esquema del cual se puede constatar diariamente que cada vez tiene menos relación con la realidad?

Todo el mundo sabe que la imaginación no es la principal cualidad de las cancillerías, y eso cuando se manifiesta en esos políticos cuyo horizonte no se delimita únicamente por las encuestas. Cuando los "patos sin cabeza" hayan terminado sus vagabundeos por el tribunal planetario, puede que el tiempo este maduro para reflexionar seriamente.

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Monday, August 18, 2008

El cambio de opinión de Qurei, el principal negociador palestino - David Hazony - Commentary

El largo conflicto entre palestinos e israelíes no ha estado desprovisto de momentos divertidos. Uno de ellos ocurrió la semana pasada, cuando el principal negociador palestino, Ahmed Qurei, amenazó con que si Israel no satisfacía todas las demandas palestinas en relación a las fronteras y a los refugiados, "la posible siguiente demanda palestina sería la ciudadanía israelí". Quería decir con esto que los palestinos abandonarían del todo el concepto de un estado palestino independiente y en lugar de ello presionarían para una completa fusión con Israel, en suma, la creación de un único estado binacional.

Esto es realmente raro. En este momento, las únicas personas que realmente favorecen la disolución del estado judío a favor de un solución binacional, son un pequeño grupo de intelectuales occidentales que están tan cómodamente desconectados de la realidad de Israel y de los palestinos como para proponer una idea tan poco verosímil - como si West Viriginia y Virginia sólo necesitarían unirse para solucionar sus eternos conflictos. Pero por el bien del argumento, reflexionemos durante unos momentos sobre las verdaderas implicaciones de la amenaza de Qurei.

1. Si los palestinos abandonan sus demandas de estatalidad, lo que sugieren es que la totalidad del movimiento palestino en realidad nunca apostó por la independencia (como alegaron), sino por la destrucción de Israel (como sugerían los israelíes). Los verdaderos movimientos por la independencia no cambian de parecer sobre la cuestión de la independencia, y de repente desean estar plenamente integrados dentro del estado opresor. Sólo si ellos creen que la mejor manera de derrotar a Israel es desde dentro - a largo plazo y por medio de la demografía, lo que les proporcionaría posiblemente una ventaja electoral -, se podría considerar que aceptaran la ciudadanía israelí.

2. Ese cambio de actitud por parte de los palestinos devastaría su prestigio internacional. Una cosa es el modelo de "luchadores por la libertad luchando por la independencia", y otra muy distinta tratar de convencer al mundo de que alguien les debe dar la ciudadanía. El precedente por sí solo sería suficiente para convencer a la mayoría de los estados de que las demandas palestinas son de las más ridículas.

3. No hay nada, probablemente, que pueda unir más a la opinión pública israelí contra los palestinos que la demanda de un estado binacional. La mayoría de los israelíes apoyan actualmente una solución de dos Estados, no tanto por sentimientos de culpa como por disgusto - una cultura que enseña a sus hijos a que se vuelen en los cafés en lugar de ganarse la vida honradamente es algo con lo que los israelíes no quieren tener nada que ver. Los israelíes puede estar divididos sobre la idea de "tierra por paz", pero nunca concederían la posibilidad una ciudadanía a los palestinos. Esto no se debe a una cuestión étnica, sino cultural y moral.

4. No hay nada mejor para legitimar al estado de Israel que la solicitud de la ciudadanía - incluso si usted piensa que Israel debería ser un estado laico y una democracia no-judía ("el estado de los ciudadanos"). La propia mención de solicitar la ciudadanía socava sesenta años de crítica constante acerca de la "entidad sionista" y de negarse a nadar con ellos en los Juegos Olímpicos. Si yo fuera un dirigente iraní, en este momento estaría bastante molesto.

Los palestinos han hecho grandes esfuerzos para convencer a las potencias occidentales de que darles un estado es una mala idea. El éxito de una lucha por la independencia comienza por convencer al mundo de que usted no sólo lo "merece", sino que también puede gestionarlo. Presentar al mundo, como han hecho los palestinos, una combinación única de corrupción extrema y de fanatismo religioso, así como el fomento de la violencia no sólo contra los enemigos sino contra uno mismo, es hacer la peor publicidad posible a favor de su estatalidad. Y pretender ahora que la principales víctimas de sus atrocidades sean ahora sus conciudadanos, sólo constituye una burla de todos los sufrimientos que los palestinos han padecido e infligido.

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Thursday, July 03, 2008

El terrorismo palestino como un acto natural - Bradley Burston - Haaretz

¿Cuál es, exactamente, lo que una persona decente se supone que debe pensar?

En una tranquila y clara mañana de Jerusalém, una mujer está conduciendo hacia el centro de la ciudad, su bebé está con ella. No hay nada que temer.

No se trata de una zona militar, no se trata de un sector víctima de la ocupación, no es un asentamiento, los judíos han vivido y trabajado aquí durante más de un siglo. Médicos y enfermeras judíos trataron a recién nacidos árabes, a mujeres, a ancianos y enfermos, aquí mismo, y ya desde 1902, cuando el Hospital Shaare Tzedek abrió otro lado de la calle.

No hay nada que temer.

Excepto para el hombre de la excavadora, que ha tomado él mismo la decisión de matar judíos. No a personal israelí de las fuerzas de seguridad, ni de las tropas de ocupación, ni del Shin Bet. Sólo judíos. Mujeres y niños, ancianos y enfermos. Judíos que hasta pueden ser favorables a un estado palestino independiente. Judíos que no tienen nada contra los árabes. Judíos que pueden inclusive trabajar para poner fin a la ocupación. Judíos.

Cuando comienza la matanza, la mujer detrás del volante hace lo que los judíos han aprendido a hacer desde el Holocausto, y desde 2000 años antes: salvar a su hijo. Lo que sea necesario.

Ella consigue lanzar a su bebé por la ventanilla lateral del coche antes de que el héroe de Palestina acelera hacía ella y aplaste su coche.

No le tomará mucho tiempo, después de que el héroe de Palestina haya terminado de volcar unos autobuses llenos de judíos - y también de árabes -, se dirigirá hacia otros vehículos, incluso reculando para aplastarlos dos veces, todo ello antes de que el departamento de relaciones públicas y de marketing de Hamas haya realizado una alabanza del ataque.

"Consideramos que es una reacción natural a la agresión diaria y a los crímenes cometidos contra nuestro pueblo en Cisjordania y en los territorios ocupados", afirmó ante la prensa el portavoz de Hamas.

Reacción natural. Solamente natural.

El ataque se produjo después del último de una serie de llamamientos a la desinversión en Caterpillar (fabricante de excavadoras), por parte de distintos grupos en los Estados Unidos: algunos ateos/anarquistas, otros musulmanes, también algunos judíos, el lobby de las iglesias protestantes y muy respetadas universidades; y ello debido a que el IDF las utiliza para demoler viviendas palestinas.

Me gustaría entenderlos por una vez. Sólo una vez. Me gustaría despojarlos del terrorismo. No entenderlo una vez más que como el resultado natural de los crímenes de la ocupación. Por una vez, querría que mis hermanos y hermanas de la izquierda fueran tan duros con sus camaradas palestinos por tomar una excavadora y aplastar judíos, como lo son con Israel cuando las utilizan como bulldozer de casas".

Escribir una carta a Ismail Haniyeh, Mahmoud Zahar, a Anu Sami Zuhri. Protestando desde sus propias comunidades, para que por una vez llamen al terrorismo por su propio nombre. Intencional, brutal, premeditado, inmoral. Asesinato.

Así pues, ¿qué se supone que debe pensar una persona decente?

¿Que tienen todo el derecho a lanzar cohetes y tiros de mortero contra zonas residenciales durante un alto del fuego ya que la ocupación sigue en curso? ¿Qué tienen todo el derecho a aplastar civiles judíos porque la ocupación no se ha detenido y los colonos siguen construyendo casas?

¿Qué tiene que pensar una persona decente cuando los grupos palestinos se atropellan los unos a los otros tratando de reivindicar el nuevo ataque asesino? ¿Y cuando uno de esos grupos es la Brigada Al-Aqsa de Fatah?

¿Qué tiene que pensar una persona decente cuando el asesino que condujo la excavadora era padre de dos hijos, un trabajador de la construcción en el Jerusalém oriental, y cuyo deseo de matar judíos ( y al hacerlo, ensuciar y dañar la causa y el nombre de Palestina) fue muy superior al sentimiento de la madre que hubo de lanzar a su bebé fuera de su automóvil para salvarlo?

Por mi parte, quisiera preguntar cual es la prueba de lo que realmente desean los palestinos. Y yo ya no creo que eso sea tan sencillo como "su propio estado" .

Esto es lo que yo, aún, no quiero admitir: que durante todos estos años, en el 2008, y no menos en el 1902, lo que una masa crítica de palestinos desean, más tal vez incluso que un estado, pueda ser algo tan simple como el vil placer de la venganza, y tan sencillo como ver muertos y desaparecidos a los judíos.

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Friday, May 23, 2008

Una paz cínica (No es el momento para una paz verdadera) - Moshé Elad - Ynet

Los festejos del 60 aniversario de Israel y la conmemoración de los 60 años de la Nakba palestina son un hito en el cual conviene examinar la situación del proceso de paz entre las partes.

¿Por qué, por ejemplo, por lo menos desde "Oslo" fracasan una y otra vez todos los intentos de conciliación entre los dos pueblos? ¿Es posible que aquel acuerdo fuera un trauma que demostrara a las partes hasta qué punto no están preparadas para la paz? ¿Es suficiente con el hecho de que Estados Unidos quiera la paz entre ambas para perseguirla?

Desde la creación del estado, la izquierda israelí ha impulsado a sus líderes a conseguir acuerdos de paz con los árabes, casi a cualquier precio; impulsó a una "Paz Ahora", una paz en la que los nobles israelíes cederían ante los débiles árabes desde una posición de fuerza, una especie de "paz de los generosos". Según la izquierda, una vez firmada la paz con nuestros vecinos, su contenido será menos importante, ya que de cualquier manera el acuerdo se "enderezaría" a medida que avanzara. La izquierda veía sólo las posibilidades. Solía recordar tiempos pasados en Eretz Israel, en los que el judío vivía junto al árabe sin perturbaciones. También citaba otros momentos y otras regiones históricos del mundo, en las que decenas de años de horror culminaban con una paz verdadera. Se podría hacer la paz con los árabes, insistían en la izquierda, si sólo se hallara un líder audaz.

Del otro lado, la derecha dudó de casi cualquier plan de paz que surgiera. Estaba inmersa exclusivamente en el análisis de las verdaderas intenciones del enemigo; la derecha sólo veía los peligros que emanarían de los acuerdos al firmarse, y no estaba dispuesta a ceder en nada. Durante largos años la derecha ha rechazado todo acuerdo de paz, dado que "no se puede entregar partes de la patria".

Desde "Oslo" la derecha ha rechazado a los árabes como pueblo. La frustración por el no cumplimiento de los acuerdos y por el estallido de la Intifada Aqsa, que se motivó la crítica y la sensación de frustración de parte de la izquierda israelí, llevaron a la derecha a cerrarse a todo proceso posible, y a emitir consignas extremistas del tipo: "Si no hay árabes, no hay atentados".

Desde el fracaso de "Oslo", no se escucha casi a la izquierda, ni tampoco a la derecha. Es posible que tanto unos como otros hayan culminado su papel. El espacio que dejaron fue ocupado por los creyentes en un nuevo tipo de paz: la paz cínica.

Esta paz carece de un apoyo verdadero, ni en el lado israelí, ni en el palestino. Como mucho la elogiarán en los pasillos de la Casa Blanca o en la sede del Cuarteto. La paz cínica se caracteriza por un fuerte odio entre las partes; por una hostilidad que crece cada día; por continuados actos terroristas y sus represalias, por una creciente desconfianza mutua; por una "facturación dual": una militante, frente a la opinión pública propia, y la otra "moderada", frente a la opinión pública mundial.

La paz cínica alcanzó nuestra la conciencia con el "Discurso de la Jihad" de Arafat en Johanesburgo, cuando poco tiempo después de la firma del acuerdo con Israel, la parte palestina llamó a la destrucción de la parte israelí. En el proceso de paz cínica se encuentran altos representantes de los palestinos con sus pares israelíes y concuerdan que el problema de los refugiados palestinos es solucionable, y luego vuelven a sus ciudades y aldeas y llaman a "Jek El Uda" (derecho al retorno también a territorio israelí).

Esa paz cree en el blindaje de las casas, de las escuelas y de los barrios como modo de vida. Incluso ve el refugio blindado como un medio generador de confianza. La paz cínica puede incluso sacrificar a una ciudad entera para que sirva de blanco en un campo de tiro.

Esa paz se centra en el firme deseo de contentar a todo precio al Tío Sam; es una paz de "foto-oportunidad", de palabras huecas, como: "Dos estados para dos pueblos, y que viven el uno junto al otro" (Bush), o: "La Paz de los valientes" (Arafat), o: "Continuaremos con la paz como si no hubiera atentados" (líderes israelíes).

Se trata de un proceso febril y apurado, especialmente por los norteamericanos; un proceso cuyos impulsores están seguros de que las partes están maduras para la paz, pero no es así; es una paz que se empecina en ver a Abu Mazen y a Abu Alá como a unos dignos líderes palestinos, capaces de firmar un acuerdo de paz y también de cumplirlo, aunque sea en contra la opinión de la mayoría de los palestinos.

Esta paz cínica es igual que la "hudna" (alto el fuego) que propone el Hamás, es decir, no más que un paso táctico para preparar mejor las fuerzas del enemigo para un enfrentamiento futuro con Israel.

La pregunta a todas estas afirmaciones es siempre: ¿cuál es la alternativa? La izquierda solía decir: hay que alcanzar la paz, porque ¿hasta cuando se derramará la sangre? Y entonces resultó que una paz de cierto tipo no evitaba necesariamente el derramamiento de sangre. La derecha solía decir: no hay que creer en los árabes porque en el momento que lo hagamos se derramará sangre. Pero hoy se derrama sangre sin que hayamos dado nuestra confianza a la parte palestina.

(Este artículo proviene de la magnifica selección de Povesham, con algunas pequeñas correcciones. Varias de sus secciones son absolutamente recomendables).

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Thursday, April 10, 2008

El fracaso de Abbas - Barry Rubin - JPost

“Condolezza Rice obtiene concesiones de Israel" decía el titular del Washington Post después de la reciente visita de la ministra de Asuntos Exteriores. La misma Rice dijo a los reporteros que su objetivo eran unas conversaciones adicionales de la Autoridad Palestina (en adelante, A.P.) con Israel que propiciaran concesiones israelíes para "mejorar la calidad de vida" de los palestinos.

Rice colocó 10 diferentes concesiones israelíes en una lista, que incluían eliminar 50 puestos de control, procedimientos de control más suaves, permitir a las fuerzas de seguridad de la A.P. más poder en Jenin, aumentar los viajes y los permisos de trabajo, apoyar proyectos económicos, dejar que 700 hombres de seguridad de la A.P. entrenados por EE.UU se desplieguen, y proporcionar vehículos blindados y visores nocturnos a la A.P.

Rice vaticinó el éxito, las conversaciones "ahora se mueven en la dirección adecuada".

¿Esto es así? ¿Estas concesiones harán que la A.P. sea más estable o moderada? Creo que no.

Uno se pregunta si alguna vez podremos leer un titular que diga: "Rice obtiene concesiones de los palestinos". Soy sumamente escéptico de que lo veamos.

Como se debería plasmar ese resultado: ¿Israel 10 - A.P. 0?, ya que Israel podría obtener mayor crédito internacional al tomar más riesgos por la paz? O por lo contrario, ¿A.P. 10 - Israel 0?, ya que sólo los palestinos consiguieron ganancias materiales?

Seguramente, aunque la A.P. no se jacta de ello. Al contrario, niega que Israel dé algo. En cambio, ninguno se preocupa de que la A.P. aproveche estas medidas, o la enorme ayuda que recibe, para mejorar la calidad de vida de su gente. Esto es algo que sólo está en el ámbito de las preocupaciones de Occidente.

Para entender la visión y la estrategia mundial del líder de la A.P., Mahmoud Abbas, consideren su discurso del 29 de marzo en la cumbre árabe de Damasco. Su argumentación, así como la propia cumbre en sí misma, son una demostración de la trampa en la que ha caído la política árabe.

En primer lugar, la utilización por parte de Abbas del Corán, en la parte inicial de su discurso, que presenta la siguiente paradoja: "si usted ayuda a la causa de Alá, Alá le ayudará y plantará sus pies en terreno firme". Los rivales de Abbas, tanto Hamas como los propios radicales de Fatah, dicen que esto es precisamente lo que ellos hacen: seguir la voluntad divina y plantarse firmemente rechazando concesiones y siguiendo la guerra hasta la victoria total.

Su segundo argumento, su expresión de confianza: "estamos de acuerdo realmente en que un apoyo y una acción árabe conjunta bastaría para obtener el éxito”. Esta línea de argumento, utilizada durante 50 años, es totalmente errónea a pesar de la retórica: no existe ninguna unidad árabe y aun si la hubiera, no bastaría. En efecto, esta fue la cumbre árabe más dividida, con los sauditas y los jordanos como principal oposición a la tentativa de Siria de obtener el control del Líbano.

Su tercer argumento fue que “mientras los palestinos permanecen dedicados a la obtención de una paz justa, con una solución de dos estados... Israel persiste en su agresión y en la ocupación, construyendo establecimientos y judaizando Jerusalén". Más bien que retratar al gobierno actual de Israel como el partenaire de un futuro acuerdo, le acusa de pretender quedarse con todo excepto "algunas zonas aisladas".

Y así habla del gobierno que se retiró completamente de la Franja de Gaza y que quiere retirar la mayor parte del resto de los asentamientos. Aún así, según Abbas, "procura minar el posible establecimiento de un estado independiente en la tierra del pueblo palestino."

¿Pero de ser así, cómo pueden los palestinos hacer la paz con Israel? ¿Por qué es entonces malo Hamas, si su argumento es que sólo la victoria por la violencia puede conseguirlo?

Según la narrativa de Abbas las agresiones de Israel no están justificadas. Habla de “ataques bárbaros, que causan cientos de víctimas indefensas", y de su mala intención "de minar la posibilidad de alcanzar un acuerdo de paz…".

Abbas no hace caso de los constantes ataques contra Israel desde Gaza y no ofrece por contra ningún modo creíble de cómo vivir con ellos. Simplemente pide a Hamas que les devuelva Gaza y así poder volver a un sistema dominado por la A.P., y dentro de ella por Fatah. Pero esto no ocurrirá. Hamas seguirá atacando a Israel y tratando de asumir el dominio de Cisjordania. Aún así, Abbas no culpa a Hamas, a quien desesperadamente trata de apaciguar, sino solamente a Israel.

Aquí está la trampa: Hamas (y elementos de Fatah) atacan a Israel, Israel responde y Abbas utiliza esta respuesta como prueba de que Israel no quiere la paz y que las negociaciones no podrán tener éxito. Su punto fundamental: "el gobierno israelí busca por medio de la ocupación imponer una solución política terrestre según sus deseos".

¡Mientras tanto, en vez de competir con Hamas, la A.P. utiliza la ayuda occidental para subvencionar a Hamas, cuyos gastos, según Abbas, suponen un 58% de sus presupuestos en Gaza y el pago de salarios de los 77.000 empleados que hay allí, más que lo que tiene! En teoría, así intenta proyectar la influencia de la A.P.; en la práctica, asegura que Hamas se mantenga en el poder. Él da el dinero a Hamas pidiéndolo para Gaza.

Mientras Abbas no tiene ninguna estrategia para recobrar Gaza o para hacer la paz con Israel, sus rivales tienen un programa claro y simple que apela a las pasiones habituales y a su visión mundial. Como dijo el líder de Hizbullah, Hassan Nasrallah: "la entidad sionista puede ser borrada de la existencia. Nuestra nación es más fuerte ahora que nunca", sólo la propaganda americano-sionista - en la que incluye a Abbas - quiere engañar a los árabes y a los musulmanes haciéndoles creer que "no tienen ninguna esperanza de ganar”.

El Ministerio de Asuntos Exteriores estadounidense disculpó el discurso de Abbas como mera retórica. Pero esto es falso. Abbas alimenta la línea Hamas-Irán de demonización de Israel e implica que la existencia de negociaciones es inútil. No trata ni siquiera de ganar el apoyo de su propia gente mejorando sus vidas.

Nos hemos acostumbrado tanto a este comportamiento que olvidamos que hay una alternativa. Abbas podría decir: "Israel está listo para hacer la paz con nosotros si demostramos que cumpliremos nuestras promesas. Derrotemos a los islamistas radicales, paremos los ataques contra Israel que alimentan el conflicto, incitemos al final de la violencia, reformemos nuestros propios regímenes, seamos aliados de Occidente y consigamos un estado independiente".

Israel tiene que trabajar con Abbas y mantenerlo a flote como el menor de dos males. Pero aún así, Abbas es incapaz de hacer la paz o de recobrar Gaza. Su Autoridad Palestina podría caer en manos de Hamas o ser asumida, en su no tan distante retiro, por los radicales de Fatah, aún poderosos e impacientes por aliarse con Hamas y volver a la lucha.

Aquí es donde Rice y muchas de las políticas occidentales se equivocan. Por no exigir y seguir otorgando concesiones a la AP. Al darles dinero incondicionalmente, no sólo aseguran que la paz fallará, sino que habrá décadas de conflicto por delante.

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Friday, January 18, 2008

Una reacción a las posiciones palestinas - Yossi Alpher - Bitterlemons

El primer ministro Ehud Olmert y otras personalidades israelíes, tanto del gobierno como de la oposición, han pedido a los dirigentes palestinos reconocer a Israel como Estado judío, y eso en tanto elemento integrante del naciente proceso de paz. `Por parte de Ehud Olmert, el momento parece sobre todo motivado por la necesidad de tranquilizar al ala derecha de su propia coalición. Se puede esperar, sin embargo, que él comprenda que, ciertamente, en este momento del proceso la solicitud es superflua. Incluso puede ser contraproducente.

Sin embargo, el concepto de Israel como Estado judío es extremadamente importante para captar la evolución de la opinión mayoritaria israelí, tanto a propósito del proceso de paz con el movimiento nacional palestino, como con la coexistencia con los ciudadanos palestinos de Israel.

Para la mayoría de los israelíes Israel siempre ha sido un Estado judío. O, para adoptar una formulación más laica, el Estado del pueblo judío. Después de todo, desde el punto de vista del derecho internacional, es la definición más legítima de Israel. La declaración Balfour de 1917, ratificada ulteriormente por la Sociedad de Naciones, declara que "Palestina se reconstituirá como el Hogar Nacional del pueblo judío". La Resolución 181 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en 1947, crea un Estado árabe y un Estado judío en la Palestina mandataria. La definición de Israel como un "Estado judío" está inscrita en la Declaración de Independencia de Israel de 1948, precisamente para conformarse al derecho internacional.

Para la inmensa mayoría de los judíos, la única razón del sionismo es la existencia de un Estado judío. La mayoría de los israelíes no ven ninguna contradicción, en ese estado, entre el hecho de ser "judío" y el de ser "democrático". Ni tampoco un problema en el hecho de erigir el estatuto de los ciudadanos árabes de Israel como minoría nacional dentro de un Estado judío. Y es eso mismo lo que crea hoy espinosos problemas.

El reconocimiento palestino del carácter judío de Israel, como componente de una fórmula de finalización del conflicto, fue un elemento secundario en las negociaciones de Camp David en el 2000. Cuando Israel firmó sus tratados de paz con Egipto y Jordania, no exigió ser reconocido como Estado judío. La demanda se ha convertido en central en los últimos años. Después de Camp David, la opinión dominante israelí ha deducido, por las reivindicaciones y comportamientos palestinos, que el ideal palestino de una solución de dos Estados se resume de esta manera: un Estado árabe al lado de otro, llamado Israel, el cual es contemplado como un futuro Estado binacional judeo-árabe. Tal como lo contemplan los palestinos, Israel incluiría una importante población indígena árabe con un gran crecimiento demográfico. Un Estado que además sería presionado para que absorbiera a los refugiados palestinos. Eso, según la concepción palestina de la aceptación de una responsabilidad en los acontecimientos de 1948, supondría para Israel el reconocimiento de facto de un supuesto "pecado original", a saber, la expulsión de los refugiados palestinos.

Hoy, a la vista de esta percepción israelí de lo que representa la concepción final de los palestinos de una solución de dos Estados, Israel no puede permitírselo aceptarlo, aunque representase un retorno simbólico de algunas millares de refugiados. Excepto si los palestinos renuncian al derecho al retorno y aceptan a Israel como Estado judío. En otras palabras, en su mayoría la población israelí ha concluido que la reivindicación palestina de que Israel reconozca el derecho al retorno, incluso a nivel "teórico" y para otorgar una "satisfacción psicológica" a los palestinos, es contradictoria con la solución de dos Estados, tal como la contemplan los israelíes y tal como la concibe la comunidad internacional.

La postura de los negociadores palestinos, que ha generado la petición israelí de ser reconocido como Estado judío, no se expresa solamente sobre la cuestión del derecho al retorno. Su origen profundo reside, aparentemente, en la percepción palestina y, en general, árabe, de que los judíos no conforman inclusive un pueblo como tal. O que, sí lo son, no son los autóctonos del país hoy denominado Israel.

Tomemos el caso de Jerusalem. Es en Camp David y por medio de los principales portavoces palestinos, desde Arafat hasta Abbas y sus colaboradores, donde informan a sus interlocutores que "nunca existió un templo judío en el Monte del Templo". Según las fuentes autorizadas palestinas, es solamente en Camp David cuando la parte palestina !! capta por primera vez la importancia capital del Monte del Templo para los judíos ¡¡.

Poco importa que antes del conflicto, la propia historiografía árabe voluntariamente hubiera reconocido que las mezquitas de Monte del Templo fueron deliberadamente construidas sobre las ruinas del Templo, haciendo así beneficiario al Islam del prestigio y de la percepción de su continuidad con el judaísmo. Hoy en día, los palestinos son incapaces de aceptar una solución que reconozca las raíces hebreas del Monte del Templo y, en consecuencia, garantizar el acceso a los judíos. Y la mayoría de Israel es incapaz de aceptar algo menos, rechazando aceptar la fabula palestina según la cual los judíos de Israel no son más que una banda de colonialistas sin raíces, establecidos en un país obtenido por la fuerza.

La posición palestina sobre está cuestión se traduce igualmente en las declaraciones de principios de la opinión mayoritaria árabe israelí publicadas durante el pasado año. Esas declaraciones reivindican que Israel se convierta en un Estado binacional. Eso significa que el futuro estatuto de los ciudadanos palestinos de Israel está en adelante directamente ligado al resultado de las negociaciones israelo-palestinas sobre la cuestión del Estado judío.

Según la opinión general, era vano e inútilmente provocador, de parte de OImert, plantear ahora ese problema. Por lo mismo, la ministro de Asuntos Exteriores, Tzipi Livni, no tenía que haber declarado francamente que los ciudadanos palestinos de Israel podrían encontrar su identidad nacional en el nuevo Estado palestino. Pero parece claro que los palestinos deben comprender estos dos puntos:

(1) - Esas afirmaciones israelíes constituyen una reacción directa a sus propias posiciones relativas a la naturaleza última de Israel.

(2) - Será imposible poner un punto final al conflicto sin que las posiciones palestinas sobre cuestiones como los refugiados y Jerusalem reconozcan que Israel está edificado sobre la historia y las tradiciones judías en la patria histórica del pueblo judío.

Y de paso hacemos observar que los israelíes que sostienen en su mayoría una solución de dos Estados, no experimentan ninguna dificultad a la hora de ofrecer un reconocimiento paralelo a los palestinos en cuanto a su historia, a sus tradiciones y a su patria.

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Sunday, January 06, 2008

El problema de imagen de Israel - Petra Marquardt-Bigman - JPost BlogCentral

Puede parecer casi frívolo que un país como Israel, que afronta una amenaza potencialmente existencial por la facilidad con que un poder hostil puede llegar a adquirir armamentos nucleares, esté preocupado por su imagen en el mundo. Aún debe existir una buena razón, ya que en una lista de tareas para el 2008 elaborada por el ministerio de Asuntos Exteriores de Jerusalén se incluye "la mejora de la imagen de Israel en el mundo y la lucha contra la deslegitimación de Israel".

Comentando los resultados de un estudio de la BBC de la primavera del 2007 y que clasificaba a Israel como el país con la imagen más negativa del mundo, Hillel Halkin sostenía que "la lucha de Israel en la guerra por la opinión pública es una batalla larga y forma parte de esa otra guerra por su supervivencia". Hay muchos analistas que han expresado preocupaciones similares. Pero cuando nos viene la pregunta de por qué Israel tiene una imagen tan mala en el mundo y lo que podría y debería hacer para mejorarla, las respuestas varían extensamente.

Lo que se menciona más a menudo es la crítica de Israel por el conflicto no resuelto con los palestinos. Esto obviamente implica que es únicamente Israel al que se culpa de que éste conflicto se haya demostrado tan insuperable. Poca molestias se toman en este caso por reconocer las repetidas tentativas de Israel de negociar un acuerdo de paz; aún cuando, como David Horovitz apuntaba recientemente, "la pregunta" - cuando se han realizado tantos esfuerzos anteriores para una pacificación que han fracasado cruentamente - no es si Israel está preocupado por un acuerdo viable, o si América y la mayor parte de la comunidad internacional lo desea, la "pregunta" es si el liderazgo palestino trabaja, o se dedica únicamente a parlotear, en persuadir al público palestino de su necesidad y de sus ventajas".

La mera sugerencia de que los palestinos pudieran ser ambivalentes sobre una resolución del conflicto dentro del marco de una solución de dos estados sería considerada en muchos sitios como algo lindando con la blasfemia política. Nadie parece notar que muchas de los escritos de los activistas pro palestinos solamente desdeñan las negociaciones de paz.

El conflicto israelí palestino puede estar en las noticias en todo momento, pero independientemente de las noticias, muchas personas están firmemente convencidas de que Israel quiere la tierra más que la paz. El problema es que la cuestión de si los palestinos están listos y a favor de obtener la paz por territorios nunca es planteada.

En efecto, la noción de que debería esperarse que los palestinos "den" algo está completamente ausente en un discurso político que sólo conoce y habla de "derechos de los palestinos". Ya que los palestinos son vistos casi exclusivamente como las víctimas oprimidas, la justicia está siempre de su lado - aun cuando ellos se quejan de la injusticia del establecimiento de Israel. Y así, poco a poco, la historia está siendo de nuevo escrita. Como dice Noah Pollak en su artículo en Azure:

"[El] estado judío ha llegado a ser visto en muchas partes de la opinión culta como una presencia siniestra en el futuro mundial. Fundado en los principios de los derechos humanos, Israel es ahora visto como el opresor de otros; si una vez fue considerado como una sociedad valientemente abierta en una región repleta de tiranos, hoy Israel es retratado como una nación militarizada brutal; si una vez fue alabado como un baluarte de los derechos civiles y de la democracia, hoy Israel es definido como un estado de apartheid.

El sionismo en sí mismo se ha convertido en un objetivo importante de esta violencia retórica. En un tiempo considerado como una respuesta heroica a los pogromos y al genocidio, ahora se le culpa de conceder una absolución ideológica a la perpetración de aquellos mismos delitos. Todas estas caricaturas pretenden redefinir el carácter básico del sionismo y del estado que ayudó a crear, minando así, tanto la legitimidad del estado judío en su forma actual como la base moral e ideológica para su creación
".

Es exactamente este volver a escribir de nuevo la historia lo que ilustra mejor que nada que esa imagen negativa de un Israel, que no existe, trascienda de las legítimas reflexiones críticas sobre sus políticas. Muchos países son criticados por políticas específicas sin que se les vuelva a escribir su historia y su legitimidad sea cuestionada.

La pregunta es entonces: ¿cuáles son las implicaciones del objetivo del ministerio de Asuntos Exteriores "de mejorar la imagen de Israel en el mundo y luchar contra la deslegitimación de Israel? Al menos una parte de la respuesta debería ser obvia: aquellas críticas que utilizan la reprobación de políticas específicas de Israel como un pretexto para cuestionar su legitimidad - es decir su derecho de existir - deberían ser denominadas, y reprobadas públicamente, por lo que son: antisemitas.

Al mismo tiempo, también debería ser obvio que, como otros países, Israel debe aceptar que sus políticas sean criticadas en el extranjero. Respondiendo a estas críticas, Israel debe encontrar modos de explicar las complejidades de su conflicto con los palestinos para responder a esa simplista dicotomía de víctima-verdugo que domina tantos debates sobre el tema.

Por supuesto, es verdad que en términos puramente militares este es un conflicto asimétrico en el cual Israel es la parte más fuerte, pero se olvida demasiado a menudo que éste no es un conflicto que se pueda ganar por medios exclusivamente militares.

Contra el telón de fondo de las nuevas negociaciones recientemente iniciadas entre Israel y los palestinos, puede ser útil recordar que después de las últimas negociaciones en Camp David y Taba, hubo interminables controversias sobre quién fue el culpable de su fracaso eventual. Mientras debemos esperar que las negociaciones actuales finalizan diferentemente, sería muy oportuno poseer un registro claro y nítido sobre lo que fue ofrecido y lo que fue exigido.

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Sunday, December 23, 2007

Esperanzas de fracaso - Petra Marquardt-Bigman - JPost BlogCentral

Proponemos una prueba para evaluar su perspicacia política. Usted lee la siguiente declaración y trata de adivinar la afiliación política de la persona que la realizó: "la estructura de un estado como tal es una adición relativamente reciente a las aspiraciones palestinas. El principal ímpetu palestino después [...] de 1948 era el 'del retorno'; se fundaba más en invertir la pérdida de tierras y patrimonio árabe que en la realización de una autodeterminación postcolonial clásica, por medio de la estructura de un estado [...] sólo después de 1967 comenzó a tomar forma una nueva identidad nacional palestina. En su corazón estaba la noción de lucha como una fuerza galvanizadora. La lucha, según Fatah, restauró la dignidad palestina y dio a los palestinos la fuerza de determinar su futuro. La estructura y la construcción de un estado no tenían ningún verdadero lugar en este esquema. Así pues, las primeras ofertas provisionales de establecer un estado [...] fueron rechazadas como derrotistas y como una traición a la causa nacional".

Usted puede pensar que es fácil de adivinar. ¿Quién no reconocería la típica argumentación de la derecha política que niega que haya alguna validez histórica a las reclamaciones palestinas de una identidad distinta y que insisten en que nunca fue una prioridad para los palestinos el conseguir su propio estado, porque lo que todos ellos realmente deseaban era deshacerse del estado judío? ¿Suena a esa argumentación, verdad?.

Quizá pueda sonar, pero esa declaración proviene de un reciente artículo del antiguo negociador palestino y actual académico de Oxford, Ahmad Samih Khalidi. El artículo de Khalidi se titula "Gracias, pero no", y muestra su rechazo cortés pero inequívoco a una solución de dos estados con la aseveración de que "no ofrece la solución equitativa y justa que merece el pueblo palestino".

Khalidi expresa sus propias preferencias en términos realmente orwellianos, sugiriendo que los palestinos "pueden evocar la peor pesadilla de Olmert y pedir una resolución más equitativa y justa construida sobre una base diferente; una de respeto mutuo, igualdad y mutualidad, y un sentido de genuina colaboración a la hora de compartir la tierra [...]. Si los palestinos continuan diciendo simplemente no a un estado [...] es difícil ver como Israel puede ganar esta batalla a largo plazo".

La referencia a la peor pesadilla de "Olmert" alude por supuesto al comentario polémico y muy criticado de que Israel estaría 'acabado' si la solución de dos estados no pudiera ser conseguida en un futuro previsible por medio de negociaciones. Mientras puede ser fácil rechazar el comentario de Olmert como demasiado dramático, hay sin duda razones para preocuparse por el futuro de Israel. Aquellos que creen que Israel puede mantener el status quo indefinidamente y aún prosperar no lo tienen muy claro, y no es irrelevante el que Israel se encuentre continuamente a la defensiva respecto a la opinión pública internacional. No puede uno simplemente encogerse de hombres cuando un renombrado "realista" como Henry Kissinger recientemente declaró que entre "los peligros nuevos y crecientes" que amenazan a Israel no es el menor el que el país "se encuentre cada vez más aislado debido a una percepción creciente en Europa Occidental y en círculos pequeños pero influyentes en los Estados Unidos de que la presunta intransigencia de Israel es la causa de la hostilidad árabe a Occidente".

Importa poco que esta percepción esté basada en una cobertura a menudo descaradamente parcial del conflicto israelí palestino y que representa a los palestinos como una víctima arquetípica y a los israelíes como al inevitable malvado. Mientras grupos como Camara y HonestReporting trabajan arduamente para exponer y responder a esa tergiversada cobertura de los medios, Israel permanecerá vulnerable a una crítica desmedida mientras controle Cisjordania y su población palestina.

Muchas personas se oponen a una retirada israelí de Cisjordania con el argumento completamente justificado de que tal movimiento podría causar graves riesgos a la seguridad de Israel. Tales preocupaciones se han intensificado como consecuencia de la evacuación de Israel de la Franja de Gaza, y las grandes cuestiones relacionadas con la seguridad surgirán obviamente en las negociaciones programadas con los palestinos. Pero a menudo es pasado por alto que también existen riesgos considerables si Israel sigue manteniendo el control sobre Cisjordania, que es exactamente lo que esperan los abogados de la llamada "solución de un estado" como Khalidi, cuando sugieren que los palestinos simplemente "deberían seguir diciendo no a un estado" porque será "difícil ver como Israel puede ganar esta batalla a largo plazo".

Sin embargo, parece que los abogados "de la solución de un estado" estuvieron tan suficientemente preocupados por el relanzamiento de las negociaciones en Annapolis como para preparar y publicar "una Declaración Estatal" que es ahora vendida como "una lucha por la igualdad". Todo lo que usted tiene que saber sobre "esa igualdad" anunciada como un noble objetivo es que anima a los palestinos "a insistir en un estado democrático secular en todo Israel y Palestina" porque éste "es un objetivo que los líderes israelíes temen más que nada".

Esto nos da a entender contundentemente que los autores de "una Declaración Estatal" esperan alistar a los árabes israelíes con la sugerencia de que "la solución de dos estados condena a los ciudadanos palestinos de Israel a un permanente estado de segunda clase dentro de su patria, a un estado racista que niega sus derechos decretando unas leyes que privilegian constitucionalmente a los judíos legalmente, políticamente, socialmente y culturalmente."

Sin embargo, los resultados de un reciente sondeo entre los palestinos de Cisjordania y Gaza muestran que aquellos que esperan que un fracaso del proceso de Annapolis conduzca finalmente "a una solución de un estado" disfrutan de un apoyo popular limitado. En efecto, el sondeo documenta un importante aumento en el apoyo a las negociaciones de paz, además de que la popularidad de Hamas haya decaído por debajo del 20% y parece incrementarse la apreciación del gobierno de primer ministro palestino Salam Fayyad.

El escepticismo sobre las perspectivas de éxito de Annapolis está extendido tanto entre los palestinos como entre los israelíes y los judíos de la diáspora, y lamentablemente no es difícil encontrar demasiados motivos para justificar tal escepticismo. Pero de cualquiera que pretenda justificar sus esperanzas de un fracaso de las negociaciones cuesta pensar que cuenta con buenas razones o que está en la compañía apropiada.

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Thursday, December 13, 2007

La nueva América



La vieja América...
En el profundo Sur (prohibido
a los judíos y a los negros)
La nueva América...
En Judea-Samaria (prohibido
a los judíos)

(De Juif.org)

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Wednesday, December 12, 2007

¿Qué ganamos con la amistad entre Condy y Tzipi? - Uzi Landau - Ynet.

Cada vez que me topo con una referencia en los medios a la "maravillosa amistad de la ministra de Relaciones Exteriores Tzipi Livni con la secretaria de Estado norteamericana Condoleezza Rice" recuerdo una anécdota. Un diálogo que tuvo lugar entre los líderes de Israel y Francia. David Ben Gurión hablaba sobre "Francia nuestra amiga y socia" y Charles De Gaulle le respondió: "Francia no tiene amigos ni enemigos. Francia tiene intereses". ¿Será Livni capaz de comprender esto?

Comencemos por Annapolis, un foro cerrado de los más altos representantes de los países participantes. "Yo", dijo Rice, "sé lo que significa cuando te prohiben ir por un determinado camino o pasar por un cruce porque eres palestino. Entiendo la sensación de humillación e impotencia". La conclusión de los recuerdos de una niña afro-americana en la época del racismo en Norteamérica está clara: en el Medio Oriente los malos son los israelíes, y los palestinos son las víctimas. Livni permaneció callada.

Un mes antes, en Jerusalem, Rice comparó la lucha de los palestinos con la de los afro-americanos por sus derechos civiles y a Abu Mazen con un líder moderado y comprometido con la paz como Martin Luther King. Livni permaneció callada.

Más atrás en el tiempo, en el año 2003, Bush propone el Road Map. El programa va en contra de los intereses israelíes y al gobierno se le hace difícil apoyarlo. Livni redacta 14 puntos de desacuerdo. Los miembros del gabinete la apoyan y afirman: estos puntos constituyen una parte inseparable y condición sine qua non para la efectividad del Road Map. Los norteamericanos pasan por alto esos puntos y se dirigen al Consejo de Seguridad de la ONU, que aprueba la propuesta como una Declaración, tal como fue presentada.

En vista de la amistad que existe entre ambas ministras, esperábamos que algo cambiara. Dos días después de Annapolis, sin consultar con Israel nuevamente, los norteamericanos intentaron hacer aprobar la "Declaración de Intenciones" en el Consejo de Seguridad, con la categoría de Resolución. El primer ministro logró frenar esta iniciativa del gobierno norteamericano. Pero, ¿dónde estaba Livni? ¿Lo sabía y no informó de ello o, peor aún, no tenía ni idea? ¿Qué gana Israel con esa amistad, si Condy no se molesta en coordinar semejante paso con Tzipi?
Livni permaneció callada.

En Annapolis, en la cumbre de sus logros, Livni puso a Israel y al terrorismo palestino en el mismo nivel moral, cuando redactó - junto con Abu Mazen y Condoleezza - la "Declaración de Intenciones" de la convención, que exige de las partes "enfrentarse al terrorismo y a la incitación a la violencia, tanto israelí como palestina".

El documento, al igual que toda la convención, se centra en los intereses palestinos: el nacimiento de un Estado palestino, la discusión de todos sus temas centrales, como el retorno de los refugiados a Israel, lo que ningún gobierno estaría dispuesto ni siquiera a dialogar sobre ello. Relegación de todas nuestras posiciones y el acuerdo de un cronograma para finalizar las negociaciones dejando de lado por completo aquellos 14 puntos del Road Map. Al dejar en manos de los norteamericanos la mediación de nuestro conflicto con los palestinos, Israel les concedió la soberanía para decidir en temas fundamentales respecto a nuestra seguridad. El gobierno, que mira para otro lado mientras en las escuelas palestinas se enseña la violencia y el odio, se encuentra ahora supeditado a las decisiones de una secretaria de Estado para quien Abu Mazen es Martin Luther King y que será quien decida si son ellos quienes incitan a la violencia o en realidad es Israel.

No hay ninguna referencia a los derechos y a los intereses israelíes, ni siquiera a algo que había sido acordado expresamente en el Road Map: el desarme de toda la infraestructura terrorista como condición previa para cualquier avance en el proceso desapareció por completo en Annapolis. Ahora es Israel quien debe demostrar que sus intenciones de paz son serias, por medio de la evacuación de asentamientos y el congelamiento de las construcciones.

Ninguna referencia a la carta de Bush sobre la permanencia de focos de asentamientos - que Olmert había considerado un logro histórico - ni a fronteras seguras para Israel.

Y, una vez más, como en Oslo, aceptamos entregarles armas, los norteamericanos ya se comprometieron a entrenar a sus fuerzas de seguridad, y ya se sabe que recibirán mil millones de dólares.

Un comentario más. Antes de la Convención de Annapolis, Condi demandó - a modo de gesto - la liberación de cientos de presos palestinos. Livni, en lugar de demandar la liberación de un solo preso - Yonatan Pollard - permaneció callada.

Mientras Tzipi observa a Condy con ojos enamoradizos de alumna de secundaria, Rice, alumna destacada de Ciencias Políticas, aprendió la lección de De Gaulle: los líderes de los países no tienen "amigos". Tienen intereses. Como enviada de Bush en su último período presidencial, ella tiene como misión dejar un legado. Y ya está atacando a Israel por la continuación de la construcción en Har Homá. Su interés está muy claro, y ella aprovecha la amistad para alcanzarlo.

Livni tiene derecho a relacionarse con quien desee, y a tener sus amistades, pero Israel necesita con urgencia un ministro de Relaciones Exteriores que represente sus intereses.

(Artículo recogido de Povesham)

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Friday, December 07, 2007

Annapolis: una aclamación, un bostezo, una perspectiva cínica - Barry Rubin - JPost

Antes de la reunión de Annapolis, unos opinaron que la operación salvaría al paciente; y los otros que, por contra, mataría al paciente. De hecho, el paciente esta como siempre pero los doctores tenían una intervención infernal y se congratularon de haber realizado un trabajo fabuloso.

Terminaremos el conflicto hacia diciembre de 2008, dice el Presidente George Bush. Queremos hacer la paz y mantenerla por mucho tiempo aseguran Israel y la Autoridad Palestinas (AP). Los medias occidentales lo aclaman como un gran éxito ya que cada uno pronunció las palabras correctas; nadie atacó a nadie ni insultó a nadie. Es bastante para hacer creer que la paz está al alcance de la mano.

Pero existe una enorme distancia entre las reacciones generadas por la reunión entre los medios occidentales y los del Oriente Medio. Mientras los primeros lo celebran, los segundos saben mejor que no hay que esperar demasiado.

No es sorprendente que los mediadores occidentales no puedan finalizar un conflicto cuando no entienden por qué existe. Ni el conflicto israelí-árabe, ni el conflicto israelí-palestino están basados en un malentendido, ni en la intransigencia israelí, ni suponen una brecha que puede ser soldada por unos gerentes del conflicto bien intencionados, pero ignorantes.

La razón de que el conflicto persista es doble:

- Primero, los palestinos y una parte muy grande de los árabes todavía quieren y esperan una victoria total. Ellos no buscan el compromiso porque realmente no desean una solución de dos estados, al menos, no más que como una etapa temporal que conduzca a la desaparición de Israel del mapa.

Así, mientras existen conversaciones interminables sobre posibles concesiones y compromisos israelíes, prácticamente nada se dice sobre lo que se requiere de la otra parte. ¿Por qué? Pues porque que ellos no darán nada, e indicándolo de forma tan explícita muestran que no hay ninguna posibilidad de un verdadero progreso.

- Segundo, la política árabe necesita la continuación del conflicto. Los regímenes actuales necesitan una cabeza de turco para así poder movilizar un apoyo popular y a la vez utilizarla como excusa para justificar sus propios y múltiples fracasos.

La oposición islamista la necesita además como lema en su búsqueda del poder.

Fatah estaría dentro de la primera categoría; Hamas dentro de la segunda.

Consecuentemente, cualquier análisis que culpe piadosamente a cada lado de forma equitativa es incapaz de entender la política en el Oriente Medio. Aún así, los agentes por la paz creen que su eficacia requiere cierta falsedad que ratifica su propio fracaso. Así fingen que la intransigencia, el terrorismo, y la incitación a la violencia provienen de ambas partes.

El futuro es fácilmente previsible: conversaciones interminables y ningún acuerdo. El único progreso será el de un incremento de las ilusiones confortadoras generado por vagos discursos como los pronunciados en Annapolis.

Pero eso tendrá poco efecto a pie de tierra. Las tentativas de atacar a Israel continuaran diariamente, incluso de miembros del Fatah que obtendrán una formación estadounidense, pero que rechazarán un final del conflicto o hasta la reubicación de los refugiados palestinos en un estado palestino (Cisjordania-Gaza). La AP no detendrá a casi nadie y no mantendrá a nadie en la cárcel durante mucho tiempo. La incitación anti Israel proseguirá.

Y así ha pasado, el día después de que la conferencia terminara, la televisión de la AP emitió múltiples veces una película que mostraba a Israel transformado en una Palestina árabe. Lo que es asombroso no es que la AP haga tentativas inadecuadas para fomentar la paz y un compromiso, sino que no hace ningún tipo esfuerzo en esa dirección.

Sólo se puede considerar como elemento novedoso, dentro del marco elaborado por la administración Bush y que se vende como un importante avance, el que los EE.UU juzgarán si los palestinos y los israelíes cumplen sus compromisos. Este elemento suena poderoso y decisivo. Pero no es del todo nuevo.

Durante los dos períodos anteriores, la política estadounidense se ubicó en una posición similar. La primera vez fue en el período 1988-1990, cuando la Casa Blanca - bajo la presión del Congreso - tuvo que certificar que la OLP detenía el uso del terrorismo a fin de continuar con el diálogo con dicha organización. Como consecuencia de ello, el Departamento de Estado, encargado de esta misión, ignoró repetidamente los ataques de la OLP con la oportuno y simple excusa de que no fueron realizados por la OLP como tal, sino por grupos que resultaban estar formados por miembros de la OLP. Solamente cuando se frustró un importante ataque terrorista y éste fue elogiado por los propios líderes de la OLP, los EE.UU se vieron obligados a terminar con el diálogo.

El segundo ejemplo sucedió durante el proceso de paz de 1994-2000. La AP, habitualmente, no hacía ninguna tentativa seria de impedir los ataques terroristas desde áreas que controlaba, ni trataba de detener o castigar a sus responsables. Era difícil encontrar un programa de los medias de la AP que, internamente, impulsará una reconciliación.

Al contrario, la incitación era el pan de cada día. Pero los EE.UU tuvieron que permanecer silenciosos o, como máximo, culpar equitativamente a ambos lados, a fin de mantener el proceso vivo.

Como único juez, los EE.UU no podrá decir públicamente que la AP no cumple sus compromisos, o denunciar el escándalo de la continuación de la incitación, o el lastimoso y mínimo esfuerzo antiterrorista o la corrupción masiva. Después de todo, demostrar que la AP incumple todos sus compromisos a un nivel tan elevado sería declarar que el proceso de paz no funciona. Esto supondría también enfadar a los árabes, que alegarían que los EE.UU son favorables a Israel y no un mediador imparcial. Ah, y a propósito, esta política de evitar afrontar el incumplimiento palestino también puede ocasionar que los EE.UU se vean incapaces de propiciar un verdadero progreso.

El objetivo público de la administración americana es la paz pero su verdadero fin es mantener las conversaciones hasta que el actual equipo abandone sus puestos. La opinión pública israelí también es consciente de este hecho. Según las encuestas, mientras el 53% apoyaba los objetivos de la conferencia de Annapolis, sólo el 17% consideró a esa reunión "un éxito", mientras que el 42% lo catalogó como "un fracaso". Ellos no esperan, sin embargo, ni ningún tipo de presión seria, ni tampoco grandes concesiones de Washington.

¿Esta contradicción aparente es tan terrible? Mucho menos de lo que pueda parecer. Si los EE.UU han reforzado su posición en la región, aunque sea sobre la base de la ilusión, no es ninguna mala cosa. Teniendo ese marco se mejoran relativamente las tensas relaciones entre Israel y la AP, enseña a quienes quieren escucharlo que Israel quiere la paz, y ayuda a Fatah a sobrevivir ante Hamas, lo que resulta una contribución positiva.

Además, Israel podrá hablar de todas las concesiones que realizaría si realmente tuviera a un partenaire sincero, decidido a corresponder, sabiendo que ese guión no pasará.

El hecho importante para la administración Bush es que no se crea su propia propaganda. Si lo hace sería un error, y tratar de presionar a Israel y así apaciguar a la parte árabe con un establecimiento negociado - que no se materializará finalmente - pondría las cosas peores. Pero no pienso que eso vaya a llegar a un nivel considerable. Lo que se necesita es lo que podría ser denominado acertadamente como cinismo constructivo.

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