Monday, October 30, 2017

¿Por qué los progresistas del Reino Unido siguen celebrando a un grotesco antisemita y un negacionista del Holocausto? - Ben Gidley - Haaretz



El fin de semana pasado, la pequeña ciudad inglesa de Reading (población de 156,000, población judía 355 habitantes) fue el sitio de un evento de promoción de libros realizado por el músico de jazz israelí y antisemita de larga fecha Gilad Atzmon. Después de que el lugar ignoró las quejas del rabino local y de los concejales locales, el evento fue protestado por los concejales de Reading Labor (grupo laborista) y los miembros de la congregación judía de Reading.

Los manifestantes señalaron que Atzmon es un negador del Holocausto y un racista bien documentado. El Community Security Trust (que supervisa las amenazas a los judíos del Reino Unido) describió su libro anterior como "muy probablemente el libro más antisemita publicado en este país en los últimos años". Ese libro argumentaba que la judeidad (y no el sionismo) es pernicioso y que Hitler será reivindicado por la historia.

En un evento en la Universidad de Exeter, se informó que Atzmon dijo que "Hitler tenía razón" y "el antisemitismo no existe". En su blog y cuenta de Twitter, Atzmon culpó recientemente a los judíos del trágico incendio de la Torre Grenfell en el oeste de Londres. Su tweet fue encabezado con el eslogan neonazi "The Goyim Know". En una entrevista este verano, declaró que "la industria de la música es en gran medida una extensión del sindicato judío".

Sus cuentas en las redes sociales en las últimas semanas lo han visto retuiteando y conversando con negadores explícitos del Holocausto. Su libro más reciente, que promocionaba en Reading, es un ataque contra la naturaleza "tribal" del pensamiento judío y "jerosolimitano", y se basa en el trabajo del filósofo (nazi) Heidegger.

No es de extrañar, entonces, que sus escritos se distribuyan ampliamente en sitios web de extrema derecha, como Veterans Today o el sitio del ex líder de KK David Duke. Solamente por ello debería ser ampliamente condenado por judíos y antirracistas.

Un escritor socialista en The Guardian describió sus escritos como "un salvaje argumento de conspiraciones, goteando desprecio por los judíos". Un grupo de autores de izquierda le dijo a su editor, que también publicó uno de los libros de Atzmon, que "el objetivo del trabajo de Atzmon es normalizar y legitimar el antisemitismo". La Red de la Comunidad Palestina de los EEUU ha publicado una carta firmada por varios activistas palestinos que lo condenan por su antisemitismo y negación del Holocausto, mientras que otra carta de varios activistas antisionistas prominentes planteabz puntos similares. La Campaña de Solidaridad Palestina del Reino Unido se ha desvinculado de él.

No es de extrañar, tampoco, que sus actuaciones como orador sean boicoteadas por judíos y antirracistas, o que los lugares en los que debe hablar rechacen acogerlo al conocer sus opiniones.

En los últimos meses, su aparición en el festival de jazz de Viena fue cancelada cuando el ayuntamiento, el principal financiador del festival, se dio cuenta que sus puntos de vista estaban en desacuerdo con su carta contra el racismo. En mayo, los recintos artísticos de Newcastle y Edimburgo se retiraron de organizar eventos promocionales de su libro.

No se debe culpar a estos lugares por tomar sus reservas, ya que su reputación no es lo suficientemente grande como para que su racismo sea de amplio conocimiento público. Hicieron lo correcto, sin embargo, admitieron rápidamente su error al conocer sus puntos de vista.

Pero Reading RISC, el centro de solidaridad financiado con fondos públicos que organizó su evento más reciente, y Albion Beatnik Books en Oxford, que fue la sede de uno de sus compromisos de verano, tomó el enfoque opuesto: negándose a responder a los críticos, insistieron y defendieron su decisiones.

Es obvio que no pueden usar la defensa de su ignorancia. Una simple búsqueda en Google proporciona antecedentes más que suficientes. Y cuando ambos centros fueron enfrentados directamente en Twitter por activistas antirracistas, RISC respondió bloqueándolos y Albion Beatnik  burlándose de ellos.

¿Son estos lugares administrados por fanáticos negacionistas del Holocausto? Eso parece poco probable. Entonces, ¿por qué personas aparentemente progresistas ignoran las quejas de judíos y antirracistas sobre el antisemitismo de Atzmon?

Me parece que la explicación radica en una cultura de ignorar el antisemitismo que se ha incrementado y cimentado entre muchas personas de izquierda en Gran Bretaña.

Desde el comienzo de la Segunda Intifada, la cual provocó un incremento en los incidentes antisemitas en el Reino Unido, los debates sobre el racismo antijudío han estado sobredeterminados por la tensa política del conflicto Israel / Palestina, y abrumados por la dificultad de trazar líneas claras entre antisemitismo y antisionismo.

La intensidad de los sentimientos generados por el conflicto para la mayoría de los judíos británicos, para quienes Israel es fundamental para su identidad judía, por muy críticos que puedan ser con las políticas del gobierno israelí, y para muchos de la izquierda, para quienes Israel se ha convertido en la causa moral de nuestro tiempo, similar al apartheid en la década de 1980 o la Guerra Civil española en la década de 1930, hablar de antisemitismo implica casi inmediatamente una nueva representación del conflicto Israel / Palestina.

Los partidarios de Israel rápidamente ven el antisemitismo detrás de cada crítica al estado judío, pero los antisionistas se sienten libres de ignorar cualquier acusación de antisemitismo como si se hubiera hecho de mala fe para evitar una crítica legítima. En lugar de creer en la víctima, ese reflejo con el que la izquierda suele responder ante las denuncias de otras formas de racismo y opresión, muchos en la izquierda han desarrollado un reflejo de negación cuando se trata de antisemitismo.

Desde el 2015, en el Partido Laborista, bajo la dirección del veterano activista Jeremy Corbyn, un descarado simpatizante de la causa palestina, se ha creado una marcada división en la izquierda y estos argumentos se han vuelto aún más difíciles, ya que muchos de los acólitos de Corbyn consideran las acusaciones de antisemitismo de la izquierda como "armas" de los oponentes de Corbyn. Si bien la derecha ciertamente se ha aprovechado de todas las manifestaciones de judeofobia en la izquierda para demonizar a toda la izquierda, demasiados en la izquierda han tomado esa utilización como una licencia para rechazar las preocupaciones judías como "manchas que tratan de ensuciar al partido y a su líder".

Para muchos, no hay suficiente cantidad de evidencias para que se pueda hablar de antisemitismo, incluso en el caso de Gilad Atzmon, en las más endebles formas de antisionismo.

Atzmon hace ya tiempo que dejó de considerarse judío. Twitteó infamemente: "Ya no soy judío. De hecho, desprecio al judío que hay en mí (lo que quede)". Pero su origen judío permite que sea más fácil desestimar los cargos en su contra. Y esto es útil para los supremacistas blancos como David Duke que usan a personas como Atzmon como coartada y droga para su racismo extremo.

Como señaló recientemente la escritora Arwa Mahdawi, con sede en Nueva York , "los partidos de la extrema derecha se han dado cuenta de que, estratégicamente, unos pocos gays en su seno actúan como una especie de ambientador fundamentalista que diluye el hedor de su odio". De manera similar, esos antisemitas aparentemente judíos, como Atzmon, incluso si se conoce que desprecian su propia judeidad, sirven de ambientadores a ciertos movimientos progresistas para evitar el mal olor que desprende el odio a los judíos y la negación del Holocausto.

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La verdad sobre el New Israel Fund que no saldrá en los medios israelíes - Erez Tadmor - MIDA



Hace unos días el CEO del New Israel Fund (NIF), Mickey Gitzin, fue entrevistado por el periódico israelí Yediot Ahronot. Cuatro páginas de ubicación privilegiada en el suplemento de fin de semana le fueron asignadas por el editor del diario al periodista Nevo Ziv para tratar de rehabilitar la reputación pública del NIF. El periodista no optó ni siquiera por tratar de ocultar o enmascarar su adulación con preguntas que pusieran las cosas difíciles a Gitzin. Al contrario, Ziv les presentó a sus lectores cuatro páginas de preguntas de adulación y softbol.

Un hipotético paralelo con esa entretenida entrevista de Ziv con Gitzin sería una entrevista con los activistas de extrema derecha Itamar ben Gvir o Baruch Marzel, algo que ninguna agencia mediática de la derecha pensaría hacer, y con razón. La naturaleza de la entrevista fue determinada por una decisión editorial con un significado claro: en el enfrentamiento actual entre el público israelí y el NIF, el Yediot Ahronot eligió el NIF.

El NIF no es solo una organización "moderada" de izquierdas, sionista y enfocada en sus problemas favoritos. No se trata de una organización situada más a la izquierda del Yesh Atid, del Partido Laborista o incluso de Paz Ahora, que entabla un diálogo con la sociedad israelí. Están mucho más a la izquierda que todo eso, en algún lugar del área ideológica entre Meretz y la Lista Árabe Conjunta. Esta no es la izquierda sionista de Ben Gurion, Katzenelson, Rabin, Peres, Herzog o Tzipi Livni. Esta es la izquierda radical antisionista de B'Tselem, Breaking the Silence, Adalah, Yesh Din y Mossawa. Las excusas y calificaciones con respecto a una variedad de opiniones, además de asegurarse incluir a una multitud de voces, son irrelevantes en este caso.

Después de situar las cosas, vayamos al tema en sí. Comenzamos con las buenas noticias que aparecen al comienzo de la entrevista. El periodista escribe que cuando pregunta a las personas qué es el NIF, las respuestas van desde el "No sé" hasta "son partidarios de terroristas". Personalmente prefiero una descripción menos agresiva del NIF que la de "partidarios del terrorismo", pero el NIF financia en gran medida a organizaciones como B'Tselem, Breaking the Silence y Adalah y se ha ganado a pulso el disgusto que les dedica una gran mayoría del público israelí.

Luego Ziv lanzó una ayudita al director del NIF. "¿Cómo os hicieron esto? ¿Cómo convirtieron al NIF en la organización más vilipendiada de Israel?". La respuesta de Gitzin expresa la falta de habilidad de la izquierda para entablar un diálogo con la sociedad israelí. Acusa a todos, excepto al propio NIF en sí. "El NIF ha creado la sociedad israelí, gracias a la cual Bibi Netanyahu viaja por el mundo y se felicita", se jactó Gitzin mientras intentaba reclamar cada proyecto o proceso positivo que se ha producido en Israel en las últimas décadas en nombre del NIF. Una abrumadora mayoría de los israelíes que conocen al NIF sitúan a esta organización como opuesta a Israel y antiisraelí, pero Gitzin ni siquiera comienza a reconsiderar su posición.

La misma autoadmiración sin autoconciencia surgió nuevamente cuando Gitzin describió la respuesta del NIF a una campaña de Im Tirtzu que reveló las acciones de NIF. "El NIF estaba en una posición vulnerable. Todos los que trabajan allí creen que se levantan por la mañana para hacer algo bueno. No estaban preparados, desde la perspectiva de su relación con los medios, de tener que lidiar con una campaña de demonización". La entonces presidenta del NIF, Naomi Chazan, junto con la ex presidenta ejecutiva Rachel Liel, aparentemente pensaron que podrían financiar B'Tselem y Breaking the Silence y los israelíes solamente responderían limpiándose la saliva de la cara convencidos de que era polvo de hadas y promoverían a continuación el premio Israel para el NIF.

La verdad es que puedes entenderlos. Si Zev Sternhell, Yeshayahu Leibowitz e Igael Tumarkin ganaron dicho premio, ¿por qué privárselo a Naomi Chazan? Pero los días en que los jefes del NIF escupían en el pozo y luego se repartían los premios entre ellos se habría terminado. La democracia funciona en dos direcciones, si la libertad de expresión permite a las organizaciones del NIF producir cantidades interminables de informes y campañas que difaman a Israel, por supuesto también permite a Im Tirtzu comprar vallas publicitarias que revelan la conexión de las organizaciones del NIF con el Informe Goldstone.

Y ahora algunos hechos duros. Entre los años 2005 y 2016, el NIF transfirió 2.8 millones de dólares a B'Tselem, 1.4 millones de dólares a Breaking the Silence, casi 3 millones de dólares a Adalah, 2.1 millones a Mossawa, 665 mil dólares a Yesh Din, 854 mil a Machsom Watch y casi 600 mil shekels a la Coalición de Mujeres por la Paz.

En los últimos años, esas mismas organizaciones publicaron cientos de artículos que revelaron una constante y extremista agenda antiisraelí. La lista de perlas producidas por las organizaciones del NIF es infinita. Como ejemplo, algunas de B'Tselem, una de las organizaciones más apoyadas por el NIF. Hace exactamente un año, el jefe de B'Tselem Hagai El-Ad voló al Consejo de Seguridad de la ONU y "declaró" frente a los miembros del consejo para que actuaran en contra de Israel. El mismo Hagai El-Ad, cuya organización recibe cientos de miles de dólares del NIF cada año, se negó a definir a Hamas como una organización terrorista durante una entrevista.

Con tal lista de logros, no es sorprendente que cuando el escritor de Yediot le preguntó a la gente sobre sus impresiones sobre el NIF, la respuesta fuera "son partidarios del terrorismo".

El apoyo brindado por el NIF a B'Tselem, Breaking the Silence, Adalah y Yesh Din es solo la punta del iceberg del apoyo masivo del NIF a organizaciones radicales de izquierda que trabajan para difamar al Estado de Israel. Se hicieron donaciones similares a una larga lista de otras organizaciones radicales de izquierda como Bimkom, el Centro para la Defensa del Individuo, Médicos por los Derechos Humanos, Mada al-Carmel, Rabinos por los Derechos Humanos, Israel Social TV, así como a otras muchas organizaciones que no se ocupan de la difamación de Israel, pero que están trabajando para cambiar su carácter e identidad, actuando en contra de la voluntad de la gran mayoría de los ciudadanos israelíes. Por ejemplo, el fondo transfirió 223.000 dólares a ASSAF (una organización de ayuda para refugiados y solicitantes de asilo) y un millón de dólares a la Línea Directa para trabajadores migrantes.

Un claro ejemplo de la brecha entre esos nombres bien conocidos y el encuadre positivo de las organizaciones del NIF y sus acciones reales es la Asociación para los Derechos Civiles, una organización que recibió enormes subvenciones que sumaron no menos de 11 millones de dólares entre los años 2005 y 2016. Una gran mayoría de la sociedad israelí se horrorizaría con la actividad de esta Asociación. Entre otras cosas, la Asociación está trabajando para evitar que Israel revoque la residencia de los terroristas Subhi Abu Khalifa y Shuruk Dweiyat que intentaron apuñalar a civiles israelíes. La Asociación también está trabajando para restaurar el derecho de los terroristas a los estudios académicos después de que fueron cancelados recientemente.

La organización llamada "Asociación por los Derechos Civiles de Israel" en realidad trabaja para proteger los privilegios de los prisioneros de seguridad palestinos, que no son ciudadanos israelíes, y que querían asesinar a ciudadanos israelíes cuyos derechos se supone que la Asociación debería proteger de acuerdo con su nombre. Reemplace la palabra Asociación con la palabra Centro, la palabra Civil con la palabra Defensa y la palabra Derechos con la palabra Individuo y tendrá un nuevo lavado radical con el nombre Centro para la Defensa del Individuo. Según un informe de Im Tirtzu, en los últimos dos años el Centro representó a 48 terroristas y sus familias que fueron responsables del asesinato de no menos de 51 israelíes. Desde 2005-2016 el NIF transfirió 1,1 millones de dólares al Centro.

Gitzin puede continuar alardeando de que el NIF es el responsable de todas las cosas buenas de las que Netanyahu se jacta por el mundo. En realidad, las organizaciones que el NIF apoya están involucradas o están conectadas con casi todas las acciones abominables e indignantes de la extrema izquierda en Israel. Aquí hay un ejemplo de los últimos días. La semana pasada descubrimos que el activista de extrema izquierda Dror Etkes publicó una muy nítida fotografía aérea de la casa de Avichai Shorshan, fundador de 'My Truth', a la que agregó acusaciones negativas contra Shorshan en hebreo y árabe. Etkes agregó una imagen de primer plano de la entrada de la casa de Shorshan, donde vive con su esposa y sus dos hijos. Unas horas más tarde, Shorshan comenzó a recibir amenazas de muerte, y la policía decidió declarar su casa como un "sitio amenazado" en el nivel de amenaza 6. Etkes, para los que no lo conocen, es un ex activista de Yesh Din y el fundador de Kerem. Navot, que fue fundada en 2012 ganó una subvención del NIF de $ 40,000 el año pasado.

Si dejamos a un lado la gran cantidad de manipulaciones de Gitzin para desacreditar a sus oponentes políticos o glorificar las actividades del NIF, principalmente realiza un intento bastante engorroso de blanquear el apoyo del NIF a docenas de organizaciones de la extrema izquierda radical intentando adueñarse de la acción social en el arena extraparlamentaria. Incluso es posible expandir la arrogancia de Gitzin al permitirse borrar a innumerables organizaciones caritativas que no están conectadas al NIF o a la izquierda, y eliminar el hecho de que incluso entre aquellos que se benefician de la financiación del NIF hay quienes se sienten disgustados por la agenda anti-israelí promovida por otras organizaciones del NIF. Pero ese no es el tema.

El intento de lavar las abominaciones de B'Tselem y Breaking the Silence a través de proyectos sociales recuerda a esos narcotraficantes que llegan al tribunal con una gran kippa en la cabeza, orgullosos de la contribución que hicieron al club de jubilados del vecindario. Así como ese método no funciona para esos criminales, no funcionará para el New Israel Fund. El público israelí condenará y despreciará a Hagai Elad, Yuli Novak y Dror Etkes, y con razón. El público israelí sabe que el financiamiento de esta industria del odio antiisraelí es un fenómeno distorsionado y enfermizo operado por judíos que no odiándose a sí mismos, pues tienen un alto concepto de ellos mismos, odian a la sociedad judía mayoritaria.

Pero las cosas no solamente cambian aquí. El cambio dramático en el prestigio del New Israel Fund también está ocurriendo en el exterior. En 2010, el NIF invirtió 2.5 millones de dólares en la recaudación de fondos con un presupuesto anual de 37 millones de dólares. En 2016, el NIF ya se ha visto obligado a gastar 4 millones de dólares en la recaudación de fondos con un presupuesto de 26 millones de dólares. A pesar del aumento del 60% en el presupuesto de recaudación de fondos, el presupuesto del NIF disminuyó un 30%.

El verdadero rostro del NIF ha sido revelado en Israel y entre los judíos estadounidenses. El NIF sigue siendo una gran organización con un gran presupuesto, pero es mucho más vulnerable de lo que pensábamos. Si Mickey Gitzin es lo mejor que el NIF puede alistar para tratar de detener la erosión, entonces podemos ser optimistas. Lo hicimos con el Faraón, lo volveremos a realizar con el NIF.

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Cuando el viejo y el nuevo antisemitismo se unen - Ben-Dror Yemini - Ynet



Los judíos de los Estados Unidos nos dicen, una y otra vez, que se encuentran en un estado maravilloso. De hecho, en la mayoría de las comunidades judías, especialmente en Nueva York, la cantidad de incidentes antisemitas es infinitesimal. Los judíos están viviendo una buena vida.

Pero algo está hirviendo bajo la superficie. Durante la campaña presidencial de Donald Trump, y también durante el año pasado, la derecha radical ha sido la estrella principal de los incidentes de naturaleza antisemita. Este derecha no debe ser ignorada. Fue peligrosa en el pasado, y podría ser peligrosa de nuevo.

Algo más está sucediendo, sin embargo, y no solo debajo de la superficie. En varios días, ocurrieron tres cosas en los Estados Unidos que no guardaban ninguna relación, aparte del hecho de que probablemente no se registrarían oficiosamente como incidentes antisemitas, aunque dudo que alguien piense lo contrario.

Comencemos con Alan Dershowitz , una figura muy conocida que ha estado visitando los campus. Vale la pena señalar que no es derechista. Su cosmovisión, en términos israelíes, le clasificaría en algún lugar alrededor de la Unión Sionista. Está afiliado al Partido Demócrata, y es quizás el mejor orador contra la campaña para demonizar a Israel.

Hace aproximadamente dos semanas dio una conferencia en Berkeley. Una semana más tarde, el periódico local dirigido por estudiantes, The Daily Californian, publicó una caricatura que muestra a Dershowitz dirigiéndose a una audiencia como un liberal que presenta su defensa de Israel, pero todo el público solo puede ver su rostro. En la parte oculta, Dershowitz tiene a un soldado del IDF en la palma de su mano disparando contra un niño palestino, y otro niño palestino está siendo aplastado bajo su pie.

Uno puede gritar "libertad de expresión", por supuesto, pero es un poco difícil ocultar la imagen de unos judíos asesinos de niños. Tenemos al antiguo y al nuevo antisemitismo en una actuación conjunta. Y está sucediendo en esa fortaleza del progresismo, Berkeley.

Sigamos. El profesor Michael Chikindas de la Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey, afirmó recientemente que el judaísmo era la religión más racista del mundo, acusó al pueblo judío de ser responsable del genocidio armenio, escribió sobre los "bolsillos judíos internacionales" y publicó numerosas caricaturas de judíos de nariz ganchuda que controlan el banco central, por supuesto. Chikindas enseña microbiología. También está protegido bajo la "libertad de expresión". Y él también, al igual que el diario de Berkeley, ha borrado la distinción, si alguna existió alguna, entre el viejo y el nuevo antisemitismo.

La conferencia anual de Estudiantes Nacionales por la Justicia en Palestina (SJP) se ha llevado a cabo durante el fin de semana en Houston, Texas. Su agenda anti-Israel y pro-Hamas es bien conocida. La figura principal del SJP es el Dr. Hatem Bazian, un profesor de Berkeley, alguien que ha sido pillado en el pasado realizando comentarios antisemitas de carácter islamista. Están en contra de cualquier reconocimiento de Israel. Están en contra de la paz.

Hasta ahora, no hay nada nuevo aquí. Pero han adoptado una retórica que no solo es antisionista (ni siquiera se menciona la palabra Israel, solo "el proyecto sionista"), sino también radicalmente anti-estadounidense. Según ellos, estas son dos entidades colonialistas.

Estos son solo signos, pero son muy preocupantes. No son casos errantes. Se escuchan voces similares entre muchos académicos en los Estados Unidos, y la situación solo se está radicalizando. Los judíos a veces también colaboran en esta historia, participando en los libelos contra Israel y agregando combustible al fuego del odio antijudío.

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Sunday, October 29, 2017

Gran artículo: ¿Por qué los judíos estadounidenses idealizaron (e idealizan) el comunismo soviético? - Ruth R. Wisse - Tablet



[En] este país hubo un  tiempo en que virtualmente toda la vitalidad intelectual derivaba, de una forma o de otra, del Partido Comunista. Si no estabas en algún lugar dentro de la amplia órbita del partido, entonces probablemente estarías en la oposición, lo que significaba que gran parte de tu pensamiento y energía debía dedicarse a mantenerte en esa oposición. En cualquier caso, fue el Partido Comunista el que finalmente determinó qué se habría de pensar y en qué términos.
Esto no fue escrito en la Unión Soviética o en uno de sus países satélites, sino en la Nueva York de 1947 por Robert Warshow en la revista Commentary y sobre la cultura estadounidense de la década anterior. Si bien era un poco hiperbólico (los agraristas sureños, los académicos, etc.), describía fielmente la cultura judía estadounidense de la época, incluyendo enfáticamente su rama yiddish. En el extremo de este movimiento se encontraban personas como Julius Rosenberg, George Koval y Mark Zborowski, quienes espiaron activamente para la Unión Soviética. Al mismo tiempo, los editores de publicaciones comunistas, Hollywood y activistas sindicales, escritores del partido y líderes institucionales fueron todos dirigidos por Moscú y se unieron a miembros de base para promover las virtudes del estalinismo sobre los males de la democracia constitucional estadounidense.

Una fuente más actual, la Enciclopedia del Archivo de Mujeres Judías, nos asegura que de los aproximadamente 83.000 miembros del Partido Comunista en 1943, las mujeres suponían alrededor del 46%:
Los historiadores del PC estiman, además, que casi la mitad de los miembros del partido eran judíos en la década de 1930 y 1940, y que aproximadamente 100.000 judíos pasaron por el partido en esas décadas con una alta rotación de militantes. Parece seguro decir, entonces, que las mujeres judías fueron uno de los sectores más importantes del PC durante la Depresión y los años de la guerra, y por cada uno que era un comunista "portador del carnet", había varios que formaban parte de organizaciones de masas dirigidas por el partido pero que no pertenecían al propio partido.
El tono aquí es de celebración, enorgulleciéndose de la prominencia judía en las actividades comunistas. Al igual que el personaje de Barbra Streisand en The Way We Were ("Tal como éramos" en España), que enamora al representante de los acomodados WASP estadounidenses, representado por Robert Redford, estas mujeres comunistas eran presentadas como campeonas de una noble causa. Vivian Gornick hablaba recientemente con entusiasmo en el New York Times sobre los comunistas que empujaron a los Estados Unidos "a convertirse en la democracia que siempre dijo que era".

Estamos hablando del comunismo soviético, el que mató a unos 30 millones de sus propios ciudadanos, incluso a través de una hambruna forzada por el gobierno en Ucrania, cuyos detalles incluso las personas endurecidas por la literatura del Holocausto tienen problemas para leer. Hitler mató a un millón de niños judíos, pero Stalin mató a más del doble de niños solamente en Ucrania. Este es el movimiento que estableció un pacto con Hitler precipitando la guerra contra Polonia, y construyó el Gulag, el que superó con creces la red de campos de concentración de Hitler en número de víctimas. Este fue el régimen totalitario que perfeccionó el lenguaje orwelliano con una cultura de mentiras y que no solo camufló su maldad con una terminología inocua, al estilo de lo que hicieron los nazis, con términos como reasentamiento para exterminar y limpiar por asesinato, sino que justificó una cultura de espionaje, expropiación, asesinatos en masas y un dominio tiránico en nombre del "igualitarismo" y la "paz internacional".

Con respecto a los judíos y el judaísmo, el comunismo soviético prohibió la práctica de la religión y el estudio del hebreo. La sección judía del Partido Comunista tomó la delantera en la persecución de rabinos y maestros, matando a algunos y enviando a otros a una muerte segura. Los soviéticos elogiaron las masacres árabes de judíos de 1929 em Palestina, así como el comienzo de la Revolución Comunista Árabe y formularon los eslóganes del antisionismo que son la base argumental del antisemitismo actual en los Estados Unidos. La propaganda soviética acusó a los judíos de imperialismo en la década de 1930 y (con los árabes) de racismo en la década de 1970. Atrajo a los judíos con falsas promesas al asentamiento avanzado de Birobidzan, en el Extremo Oriente, y demonizó al yishuv judío en la Tierra de Israel. Los soviéticos usaron el Comité antifascista Judío para ganarse el apoyo estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial, y luego ejecutaron a su liderazgo en 1952. ¿Podría decir Gornick que de esta forma el "comunismo empujó a los judíos" a convertirse en las personas justas que siempre aspiraron a ser?

Nosotros, estadounidenses y judíos, pedimos a las naciones que alguna vez sucumbieron al fascismo y practicaron el genocidio en su nombre que reconozcan los males que cometieron en el pasado. Lo hacemos no para perpetuar la culpa, sino porque la autoconciencia por sí sola impide la repetición del mismo comportamiento. ¿Cómo pueden entonces los estadounidenses, y en particular los judíos entre ellos, perpetuar el romance - o la inocencia - del régimen bolchevique?

Hoy nadie tiene la excusa de que "no sabíamos lo que estaba sucediendo". Sabemos y conocemos, y si pretendemos no saber, dejemos que Roberto Conquest, Alexander Solzhenitsyn y Martin Amis, con "Koba el Temible", se conviertan en nuestra lectura obligatoria junto a Elie Wiesel.

De ninguna manera esto implica que los judíos sean responsables del comunismo, como algunos de sus antiguos súbditos europeos intentan afirmar. Esa falsa acusación debe ser expuesta tan enérgicamente como cualquier libelo de sangre o acusación de deicidio. El comunismo causó al menos tanto daño a los judíos como a cualquier otro pueblo, pero en nombre de ese daño, también estamos obligados a tomar en serio que muchos judíos apoyaron uno de los regímenes más asesinos de la historia, y recapacitar sobre cómo, por qué y en qué medida se equivocaron. Que las audiencias públicas del senador McCarthy en la década de 1950 fueron casi tan "antiamericanas" como las propias actividades investigadas, ya no pueden seguir siendo utilizadas como una excusa del daño perpetrado por el comunismo estadounidense al ocultar los crímenes soviéticos, subvertir las instituciones estadounidenses y oponerse a la recuperación de los judíos de su patria ancestral.

Los judíos aceptaron la Torah en el Sinaí para salvarlos de las malas consecuencias de las buenas intenciones. Las prohibiciones de la Torah contra la idolatría estaban destinadas a protegernos de los horrores que las "buenas intenciones" del comunismo impusieron en su lugar. El idealismo no justifica los atajos morales, y la revolución no puede sustituir a la civilización.

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De Mao a Berl Katznelson, ha llegado el momento de la introspección de la izquierda - Yehuda Shalem - MIDA



En una de las aldeas en el norte de Samaria vive un desafortunado clan que lucha con una enfermedad que afecta a cada cuarto bebé nacido en el clan. En la época de los Acuerdos de Oslo, una niña nacida de una de las familias del clan sufrió esta enfermedad. Su padre recurrió a un amigo de Gilboa y le pidió ayuda para colocar a la niña en un hospital israelí que podría curarla con una simple operación. Cuando el amigo le preguntó a un médico que sabía sobre el asunto, el doctor respondió desalentado: "Si hubieras venido hace una semana, antes de que la responsabilidad médica de los árabes de Judea y Samaria fuera transferida a la Autoridad Palestina, habría podido salvar a la chica".

Me acordé de esta historia después de leer el artículo de Tom Aharon en la edición de agosto de la revista "The Liberal" titulada "El problema de la izquierda". En el artículo, Aharon lamentaba el hecho de que no haya nadie entre los líderes de la izquierda que esté preparado para afirmar "dejemos de hablar de la identidad judía y del sionismo como el sentimiento de un grupo de locos, y empecemos por preocuparnos por los seres humanos (judíos)". Mientras leía, las palabras de la canción de Nurit Galron "Acharaynu hamabul " ("Después de nosotros, el diluvio") donde se oía de fondo el "No, no me cuentes sobre una niña que perdió su infancia".

En resumen el artículo de Aharon encarna la crisis moral e ideológica en que se encuentra una parte del campo político que constantemente pierde las elecciones en Israel. Entre la izquierda, hay un pequeño grupo de personas que ven las elecciones como una versión moderna del juicio de Salomón: "Si no ganamos, todo se puede ir al infierno". A partir de ahí, parece emanar la fuente de las actividades de la izquierda que se podrían caracterizar como autodestructivas, con erupciones de tendencias suicidas. El problema es que esta facción tiende a ser el guía del campo de la izquierda en lugar de operar en los márgenes. Ellos lideran el camino a toda la izquierda e incitan a su movimiento a un comportamiento que está más allá de lo que es legítimo.

Un ejemplo tangible de la situación de la izquierda se muestra en el caso del poeta árabe Darren Tator, que estuvo bajo arresto domiciliario durante dos años después de escribir un poema que incluía la siguiente perla: "Una solución de paz no es suficiente para mí / nunca baje mi bandera / No hasta que se vayan (los judíos) de mi lugar de nacimiento". Durante un acto de apoyo al poeta celebrado en un teatro de Jaffa a fines de agosto, la actriz Liora Rivlin fue entrevistada y se preguntó en voz alta: " ¿Qué hacemos con (Hanukkah Song) 'Maoz Tsur Yeshuati' que exige la matanza de nuestros enemigos y que todos la cantamos?" [N.P.: El poema recuerda las muchas veces en que las comunidades judías fueron salvadas de las personas que los rodeaban y querían aniquilarlas]

La aversión a cualquier símbolo nacional y sionista, al mismo tiempo que una identificación con las aspiraciones nacionales de otras naciones, no es nada nuevo. Berl Katznelson (uno de los fundadores intelectuales del  sionismo laborista) exploró este fenómeno cuando escribió "El rasgo de bondad ... [es] prevalece entre los judíos de una manera fanática y honesta. Conscientes y sensibles ante cualquier daño, ante cualquier privación humana, demuestran ser compasivos ante cualquier piel. Solo en un caso se mantiene ciego y sordo, y no resulta consciente ni sensible, es con respecto al judaísmo".

A pesar de las expresiones de compasión, "la experiencia nos enseña que", como escribió el presidente de los Estados Unidos Theodore Roosevelt, "el hombre promedio que se involucra en un sentimiento internacional, a la vez que oscurece su sentimiento nacional, al que no le importa su país porque le importa por encima de todo la humanidad, en la práctica real demuestra ser un enemigo de la humanidad".

Por lo tanto, es posible que, dentro de la sugerencia de Tom Aharon de comenzar a "preocuparse por los seres humanos", haya una innovación refrescante o incluso una esperanza de que la izquierda, por una vez, ayude a la humanidad a prosperar. Hasta hoy, cada vez que la izquierda intentaba preocuparse por la humanidad, por la igualdad o por la paz, terminaba en desastre. Por lo general, estaba conectado con los sueños utópicos que se derivan de la doctrina socialista-comunista. Lo que es interesante, o preocupante, son los nombres engañosos que se dan a las ideas de la izquierda.

Por lo tanto, y a pesar de la esperanza, hay espacio para dudar de que las celebraciones del centenario de la "revolución de octubre", la revolución bolchevique en Rusia que se producirá este próximo noviembre, conduzcan a un punto de inflexión histórico. Uno solo puede esperar que las elevadas ideas de la izquierda ya no vendrán a expensas de la vida humana.

Este próximo mes de noviembre también celebraremos la Declaración de Balfour, que brindará la oportunidad de probar cuál de los movimientos, el sionista o el bolchevique, ha sido mejor para la humanidad. A la luz de la prosperidad económica y la situación de una mayor seguridad en la que se encuentra Israel, la respuesta es clara: ante nuestros ojos, la realidad descrita en el libro utópico de Herzl "Altneuland" se está haciendo realidad.

La serie de líderes que han visitado Israel en el último año para conocer los secretos del éxito del país observan la realización de la visión que Herzl describió en su libro "El Estado judío". "Con nuestra libertad, el mundo podrá ser más libre, se enriquecerá con nuestra riqueza y crecerá con nuestra grandeza. Lo que hagamos allí sólo para nuestra prosperidad será un tremendo acto de empoderamiento para el beneficio de todos los seres humanos".

Si esta situación en Israel es un problema para algunas personas, tal vez sea apropiado recordarles cuáles han sido las consecuencias de la preocupación de sus padres espirituales por la humanidad.

El proceso de modernización que Stalin declaró en la década de 1930 dañó drásticamente la economía de la URSS. Peor aún, costó la vida a millones de personas que murieron de hambre. Parecidos destinos padecieron decenas de millones de chinos que fueron sacrificios por la doctrina economía liderada por Mao Zedong y que murieron de hambre en nombre del "Gran Salto Adelante", algo que, obviamente, nunca sucedió.

El filósofo Jean Paul Sartre, un comunista intermitente y que fue considerado a ojos de muchos como un luchador por los derechos humanos, fue uno de los grandes personajes que se opusieron a la continuación del dominio francés de Argelia. Los resultados de la liberación argelina de la carga del colonialismo francés nos es conocido bajo la forma de una sangrienta guerra civil que se desarrolló en el país y por una corrupción institucional que ha destruido toda buena parte del país. Vale la pena estudiar las palabras que dijo Sartre:

"Solo hay una solución definitiva para Argelia, y esa es la independencia. La autodeterminación puede ser un buen método para resolver el problema con la condición de que se den garantías reales al FLN". Respecto a los ciudadanos franceses que vivían en Argelia, Sartre dijo: "No es cierto que haya buenos colonos mientras que otros son malos. Solo hay colonos y nada más".

Todavía queda por examinar otra idea de la izquierda, la de esa "paz anhelada" que por alguna razón siempre se revela como no pacífica. Recordemos lo que escribió Katznelson en 1939 con respecto al gobierno árabe en la Tierra de Israel:

"El objetivo que el liderazgo árabe ha establecido para sí mismo es el objetivo del Mufti. Para eso, no hay necesidad de que la tierra esté en paz, que las aldeas florezcan, que suba el nivel de vida de los trabajadores, que los judíos y los árabes vivan en paz. Sin embargo, será el derramamiento de sangre, la hambruna del pueblo y la muerte de sus rivales serán los auténticos logros de su dominio".

Y con respecto a los "sacrificios por la paz" que los judíos se vieron obligados a sacrificar en el altar de Oslo, es posible citar las palabras de Mao durante la Guerra de Corea cuando el líder de Corea del Norte rogó a Stalin y Mao que detuvieran la guerra. Mao le respondió que "Hasta ahora, no ha perdido nada excepto los que han muerto".

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Ahh... los judíos progres americanos: La embajada, el NIF y la división judía estadounidense-israelí - Evelyn Gordon



La Liga Anti-Difamación publicó una encuesta verdaderamente impactante sobre la opinión israelí la semana pasada. No lo adivinarían leyendo los titulares de los periódicos, que trataban sobre todo de las divisiones de hace décadas en la sociedad israelí. Pero esta es la parte más impactante : más de una quinta parte de los encuestados (el 21%) acusó a los judíos de la diáspora de contribuir a esas divisiones sociales israelíes [N.P: posiblemente los datos más destacados en la prensa es que un 50% no tiene confianza en los árabes israelíes, y piensan que ese sentimiento negativo no variará en un futuro cercano, y que un 51% considera que los judíos de la diáspora deberían tener poca influencia en las decisiones de Israel].

Mientras que algunas minorías israelíes podrían decir esto mismo de una manera verosímil (los judíos ultraortodoxos molestos por la presión judía estadounidense para un mayor pluralismo religioso, los izquierdistas radicales israelíes molestos por el apoyo judío estadounidense a Israel), es difícil ver como esas minorías por sí solas suman el 21% de los encuestados. Pero, ¿por qué estos israelíes del sector mayoritario, que tradicionalmente han apreciado el apoyo político y financiero de los judíos de la diáspora a Israel, ahora sienten que los judíos foráneos se han convertido en un factor negativo, en una fuerza que contribuye a las divisiones sociales israelíes?

Si tuviera que responder en tres palabras diría "New Israel Fund". Pero el NIF es simplemente la cara más visible de un problema más profundo, como lo demuestra otra impactante encuesta publicada el mes pasado: los judíos estadounidenses de la corriente principal o mayoritaria están cada vez más del lado de los enemigos de Israel en asuntos que muchos israelíes consideran fundamentales para el bienestar de su país.

La encuesta en cuestión, realizada por el Comité Judío Estadounidense (AJC), encuestó a la opinión judía estadounidense sobre una serie de cuestiones. Pero dos preguntas fueron particularmente notables.

En la primera se preguntó a los encuestados qué pensaban sobre el traslado de la embajada de EEUU de Tel Aviv a Jerusalén. Apoyar el movimiento de la embajada solía ser la posición dominante entre los judíos estadounidenses. Sin embargo, en esta encuesta solo el 16% de los encuestados estuvo a favor de moverla de inmediato. Aún más impactante, solo otro 36% apoyó moverla "en una fecha posterior junto con el progreso en las conversaciones de paz israelo-palestinas". Pero un total del 44% dijo que no quería que la embajada se mudara, punto.

La mayoría de los israelíes quieren el reconocimiento internacional de Jerusalén como su capital. Los palestinos, por el contrario, se oponen abrumadoramente. Entonces, en un tema en el que los israelíes y los palestinos están claramente en desacuerdo, los judíos estadounidenses optaron abrumadoramente por ponerse del lado de los palestinos contra Israel. Casi la mitad no quería que la embajada se moviera, y la mayoría restante quería otorgar a los palestinos el poder de veto de facto sobre la mudanza, que es el verdadero significado de decir que debería suceder sólo "junto a un progreso" en las conversaciones de paz.  Y huelga decirlo, el reconocimiento de la ciudad más sagrada del judaísmo - el centro de las oraciones judías durante milenios - y la capital de Israel no es un asunto trivial. [N.P.: No deja de resultar ridículo que muchos de los judíos estadounidenses que se oponen al traslado o lo condicionan, sean miembros del judaísmo de la Reforma y Conservador que a su vez presionan a Israel para que modifique la oración en el Muro Occidental]

Esta misma división era evidente en una pregunta sobre el establecimiento de un estado palestino. El 55% de los encuestados del AJC dijeron que están a favor de establecer un estado palestino "en la situación actual". Solo el 40% se opuso.

Pero la "situación actual", para que nadie la olvide, es una en la que los palestinos se niegan rotundamente a reconocer a Israel como un estado judío y tampoco abandonan su demanda de reubicar a millones de palestinos en Israel; una en la que cada partido palestino - incluido el "moderado" Fatah de Mahmoud Abbas - alaba el terror antiisraelí, lo incita, paga sueldos generosos a los terroristas y educa a sus hijos para que odien a Israel; una en el que la mayoría de los palestinos dicen que su objetivo final no es un estado palestino, sino la erradicación de Israel; y una en el cual Hamas, uno de los dos principales partidos palestinos, aún proclama abiertamente ese objetivo.

En consecuencia, como lo han demostrado repetidas encuestas, la mayoría de los israelíes creen que un estado palestino en las condiciones actuales sería contrario a su bienestar. Lejos de traer la paz, creen que simplemente convertiría a Cisjordania en una base para el terror antiisraelí, al igual que Gaza desde que Israel se retiró de ese territorio en 2005. Por lo tanto, en un tema que es literalmente la vida y la muerte para los israelíes, la mayoría de los judíos estadounidenses se pusieron del lado de los palestinos contra la mayoría de los israelíes.

¿La mayoría de los israelíes están realmente familiarizados con los datos de esta encuesta? Por supuesto que no. Pero lo intuyen por el comportamiento de una de las organizaciones judías estadounidenses más prominentes en Israel: el New Israel Fund (NIF).

El NIF se ha vuelto tóxico no solo para los derechistas israelíes, sino también para los centristas e incluso para la izquierda moderada. Como ejemplo, tomen Women Wage Peace, un grupo que busca movilizar a las mujeres israelíes y palestinas para presionar por la paz israelo-palestina. En una entrevista el mes pasado, sus fundadores dijeron que decidieron dejar de aceptar dinero del NIF después de su primer año porque querían ampliar su base más allá de la izquierda incondicional, y temían que la asociación con el NIF pudiera expulsar a los centristas que buscaban reclutar.

Tampoco es sorprendente. Ese mismo mes, en respuesta a un tweet que preguntaba si Israel es "un país malvado" o "realiza una limpieza étnica de forma regular", la presidenta israelí del NIF, Talia Sasson, tuiteó: "Es ambas cosas", aunque luego lo eliminara temiendo las reacciones. También ese mes, Ruchama Marton, fundador y presidente de uno de los beneficiarios más conocidos del NIF , Physicians for Human Rights, publicó un artículo de opinión en el Haaretz abogando por el BDS.

En otras palabras, el NIF no tiene problemas con un jefe ejecutivo que públicamente denomina a Israel "un país malvado" y lo acusa falsamente de limpiezas étnicas sistemáticas. Y a pesar de  afirmar que no "financia actividades globales del BDS contra Israel, ni apoya a organizaciones que sostienen programas globales del BDS", no tiene ningún problema con que los jefes ejecutivos de sus concesionarios promuevan públicamente el BDS. Ante esto, ¿es de extrañar que incluso grupos de izquierda light como Women Wage Peace no quieran asociarse con el NIF?

Tampoco se puede despedir al NIF como si fuera una organización marginal. A diferencia, digamos, de las ampliamente condenadas Voces Judías por la Paz (antisionistas radicales), el NIF está dentro de la corriente mayoritaria judía estadounidense. El rabino Rick Jacobs, hoy el presidente de la denominación judía más grande de los Estados Unidos, el judaísmo de la Reforma, solía presidir uno de sus comités de subvenciones. Y con una donación anual de $ 26 millones en 2016, con una larga lista de donantes, claramente tiene una base de apoyo no despreciable. No está en el nivel financiero superior de las organizaciones judías estadounidenses, pero tampoco es precisamente "pobre".

Hace una generación, una organización cuyos ejecutivos y beneficiarios lanzaran insultos contra Israel o defendieran boicots contra Israel habría sido tan tóxica entre los judíos estadounidenses como entre los israelíes. El hecho de que el NIF actualmente tenga un amplio apoyo entre los judíos estadounidenses les dice a los israelíes todo lo que necesitan saber sobre cuán lejos de Israel están muchos judíos estadounidenses de la corriente mayoritaria (la progresista favorable al partido demócrata).

Dado esto, no es sorprendente que un número creciente de israelíes vean negativamente a los judíos de la diáspora. La única pregunta es si se puede hacer algo para cerrar esta brecha cada vez mayor antes de que sea demasiado tarde.

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El judo como metáfora del "conflicto". Los israelíes ofrecen (el saludo protocolario) y los árabes dicen "no" y se retiran





Esto sucedió en el torneo de Abu Dhabi:

La judoka israelí Shira Rishoni (la imagen de arriba) derrotó a la marroquí Aziz Shakir en la categoría de 48 kg.

Cuando llegó el momento de darle la mano, la judoka árabe escapó y retrocedió tan rápido como pudo.

Y eso mismo también le sucedió al judoka israelí Tohar Butbul (la imagen de abajo), que también derrotó a su oponente de los Emeritos Árabes Unidos.

Lo curioso es que los medios árabes tratarán de convertir esto en algo heroico. No les suena de algo... Bueno, al menos no calificaron sus victorias como fruto de alguna pérfida conspiración judía.

No sería extraño que el movimiento BDS boicoteara este deporte sionista.

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Vaya con el apartheid: Favoritismo para los árabes israelíes en la Universidad de Ben-Gurion - Shraga Blum - LPHInfo



La rectora de la Universidad Ben-Gurion, Rivka Carmi, anunció que tan pronto como el próximo año académico, los estudiantes árabes ya no tendrán que pasar el examen de psicometría para inscribirse en esta universidad. Su aceptación estará sujeta a un ligero examen sobre el programa estudiado en la escuela secundaria. Además, los estudiantes árabes tendrán derecho a recibir apoyo educativo durante sus estudios. Ella hizo esta declaración durante la visita del presidente Reouven Rivlin.

Lev Meïri, una estudiante judía de Be'er Sheva, reaccionó en Facebook ante esta noticia diciendo que no la sorprende la decisión de esta rectora universitaria conocido por su evidente orientación hacia la izquierda:

"Entonces, la cosa quedará así: los estudiantes árabes terminarán su escolarización a la edad de 18 años, llegarán como príncipes a una de las universidades más prestigiosas del país casi sin ninguna condición, estudiarán durante 3 o 4 años y obtendrán un diploma con 21 años de edad. ¡Qué hermoso y qué bueno es que nuestro estado puede ayudarles de esta manera! Realmente impresionante.

Y durante este tiempo, los jóvenes israelíes de la misma edad que no pertenecen a este sector árabe cumplirán tres años en el ejército, sacrificando tres de sus mejores años como contribución al Estado de Israel. Cuando terminen su servicio, a la edad de 21 años, comenzarán una nueva pelea, completar el bachillerato, preparar y aprobar las pruebas psicométricas y otros exámenes. Y durante este tiempo, los estudiantes árabes de la misma edad los despreciarán desde el lugar de trabajo que ya ocuparán. Y yo me hago esta pregunta: ¿discriminación positiva? ¿Para quién? Somos discriminados y ¿quién se preocupará por nosotros, aquellos que dimos tres años de nuestra vida? ¡Somos nosotros quienes merecemos una recompensa y no aquellos que no han dado absolutamente nada! ¿Por qué todo funciona al revés en este país? ¡Qué triste!".

Crónica diaria de un estado de apartheid...

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Fuera caretas: Ya es oficial, el Meretz ya no es un partido sionista - Shraga Blum - LPHInfo



Era solamente un secreto a voces porque las declaraciones oficiales y las posiciones del partido Meretz no dejaban dudas sobre el tema. Pero esta vez, la cosa ha tomado un giro oficial ya que la palabra "sionismo" ha desaparecido de la plataforma política del partido de extrema izquierda.

La portavoz del partido, May Ossi, confirmó a los periodistas del Makor Rishon que Meretz se ha convertido en un "partido de todos los ciudadanos" porque "el sionismo, por definición, oculta a todo un pueblo que no lo es". Explicó que el partido tiene miembros árabes y no sionistas, lo que significa que ya no se puede definir como un partido sionista.

El interés de los periodistas del Makor Rishon provenía de las palabras del profesor Ilan Sadeh, uno de los principales candidatos del partido, quien dijo recientemente que "¡la bandera sionista debe ser doblada y guardada!". Los periodistas pidieron una reacción a estos comentarios del nuevo diputado Mossi Raz, quien reemplazará a Zehava Gal-On en la Knesset. Su respuesta fue inequívoca: "El Meretz no es un partido sionista y nunca se ha definido como tal. Nuestro partido está compuesto por judíos sionistas, pero también por palestinos que están orgullosos de su nacionalismo, por lo que este partido no puede describirse como sionista". Incluso afirmó que el Partido Laborista no podría presentarse como "Campo (Unión) Sionista" ya que incluía miembros e incluso diputados árabes. "La izquierda sionista es una antinomia", es lo que acaba de afirmar el nuevo diputado un cofundador de Peace Now.

Lo cual no es exactamente correcto. Hasta la campaña electoral de 1999, ganada por Ehud Barak, el Meretz se presentó como representante del "sionismo humanista". Y durante esta campaña, el partido afirmó ser "el único partido sionista opuesto a la Guerra del Líbano".

Pero esta evolución ideológica parece no agradar a todos. Ilan Gilon, que quiere competir contra Zehava Gal-On en las próximas primarias para la presidencia del partido, ha expresado su enojo. Afirmó que él no tenía conocimiento de la eliminación de la palabra "sionista" del programa del partido y expresó su apoyo al concepto de "Shivat Tzion" (Regreso a Sión). También refutó el argumento de la presencia de no sionistas en el partido al compararlo con el partido Habayit Hayehoudi: "¡Este partido no se define como 'secular' aunque hay muchos no religiosos dentro de él!". Además recordó que el Meretz fue fundado por partidos como el Mapam (el ala izquierda laborista), el Ratz (Shulamit Aloni) e incluso elementos de Shinui, cuyos líderes eran todos sionistas. Pidió una modificación del programa del partido con la reintroducción de la palabra "sionismo".

Un ex miembro de Meretz, Avshalom Vilan, en representación de los kibutzim, también se manifestó en contra de este desarrollo: "Somos una corriente del sionismo, estamos activos en la repoblación agrícola del país y  en los organismos sionistas, y formamos parte parte integral del sistema sionista. Es cierto que en nuestro partido hay una corriente que se ocupa principalmente de los derechos del hombre y del ciudadano y menos del aspecto sionista. Pero aquellos que escribieron la plataforma de Meretz eliminando toda referencia al sionismo no provienen de nuestra corriente y no tendrán éxito sin nosotros".

El Ministro de Educación, Naftali Benett, reaccionó a esta información: "La eliminación de cualquier referencia al sionismo en la plataforma de Meretz es más triste que irritante. ¡La lucha de ideas en Israel ya no se sitúa entre sionistas de derecha y de izquierda, sino entre sionistas y post-sionistas!".

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Imaginando la flexibilidad palestina - Ze'ev Binyamin Begin - Haaretz



En su artículo "Soluciones especiales a un conflicto único" (Haaretz en hebreo, 4 de octubre), Shaul Arieli propuso una vez más una solución a este conflicto de larga fecha: "Un compromiso que satisfaga los intereses básicos de las partes, basado en los Parámetros dictados por las negociaciones en Annapolis, 2008". Aquí, a pesar de todos los mensajes de la realidad, la suposición de que este conflicto único puede y debe tener una solución aceptable tanto para Israel como para la Organización de Liberación de Palestina "sigue corriendo por nuestro patio trasero como un pollo sin cabeza. Ya no parece existir ningún pensamiento, ahora solo hay reflejos"

Al pasar de las dificultades únicas de la fórmula redentora, el Dr. Arieli descuidó el hecho de que en 2008 la dirección de la OLP rechazó los "parámetros" tres veces: en septiembre, Mahmoud Abbas se abstuvo de responder a la propuesta de gran alcance del entonces primer ministro Ehud Olmert ("No lo he visto desde entonces",  comentó Olmert más tarde); en noviembre, rechazó la solicitud de la secretaria de Estado estadounidense, Condoleezza Rice, y se negó a informarle que aceptaba las propuestas de Olmert; y en diciembre, cuando el entonces presidente americano George W. Bush le rogó que le informara de su aceptación - en su oficina de la Casa Blanca y no para su publicación -, se negó una vez más. Al respecto, Rice escribió en su libro de memorias de 2011 "No Higher Honor: A Memoir of My Years in Washington": "El palestino se mantuvo firme y la idea murió".

Y él todavía todavía sigue parado firmemente, atrapado en su esquina e incapaz de moverse. Todos los caballos y todos los hombres del presidente americano no pudieron moverle del lugar donde se encontraba, él y sus colegas en la dirección de la OLP y los miembros de Hamas. Por lo que la idea murió.

Dentro de poco celebraremos el centenario de la Declaración Balfour. Por lealtad a la convención de la OLP, Abbas, el jefe de la organización, comunicó el año pasado en su discurso ante la Asamblea General de la ONU: "Sí, han pasado 100 años desde la notoria Declaración Balfour, por la cual Gran Bretaña dio, sin ningún derecho, autoridad o el consentimiento de cualquier pueblo, la tierra de Palestina a otra gente. Esto pavimentó el camino para la Nakba del pueblo palestino, y la desposesión y desplazamiento de su tierra".

De estas tensas frases, Arieli eligió citar solamente las primeras nueve palabras, y su significado político es claro: con la entidad judío-sionista, que surgió sobre la base de esta terrible y constante injusticia dentro de las fronteras de 1949, los líderes de nuestros vecinos palestinos no podrán firmar un acuerdo de paz declarando, según sería necesario, el final del conflicto y el cese de las demandas mutuas.

Arieli reconoce "el derecho personal del refugiado a regresar a su hogar", en otras palabras, incluso en la quinta y sexta generación, de acuerdo con la definición del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, una definición que fue inventada solamente para estos refugiados, pero Arieli también ve la contradicción entre ella y la identidad judía del Estado de Israel. Pero él dice tener una receta para resolver este problema: "La absorción de los refugiados en el Estado de Palestina en general, o en sus lugares de residencia actuales, o un retorno a terceros países (incluido Israel), debe tener como base su consentimiento personal y aprobación". En esta mezcla también vierte "un acuerdo sobre una fórmula conjunta con respecto a las narrativas del problema de los refugiados", agregando una pizca de "variadas compensaciones". Se calienta a fuego lento, y el problema se resuelve.

Pero en realidad, se aplican diferentes reglas. Hace solo dos semanas, el 24 de septiembre, el Comité Ejecutivo de la OLP decidió (según MEMRI, Middle East Media Research Institute) que "el derecho internacional y las decisiones de la ONU son la única base para un acuerdo general que proporcionará seguridad y estabilidad a todos los países, incluido al Estado de Palestina dentro de las fronteras de 1967, y para mantener el derecho de los refugiados palestinos a regresar a sus hogares, de acuerdo con la Resolución 194 de la Asamblea General de la ONU [en 1948]". Incluir al "al Estado de Palestina dentro de las fronteras de 1967" contradice por supuesto el derecho de los refugiados a "regresar a sus hogares", pero este derecho tiene prioridad sobre todo lo demás.

La puerta de entrada al campo de refugiados de Aida ilustra esto: arriba, a lo largo de todo su ancho, hay una gran llave, un símbolo del "retorno". Con tales símbolos, que se transmiten de una generación a la siguiente, no podrá existir nunca ninguna renuncia. Unos días después del fracaso de las negociaciones en Camp David, Abbas hizo un buen trabajo al explicar la posición de la OLP. "La delegación palestina se negó a definir el número de refugiados palestinos a quienes se les permitirá regresar, incluso si nos ofrecieran tres millones de refugiados, tal como les dijimos. Eso se debe a que nosotros querríamos que reconocieran el principio, y luego llegaremos a un acuerdo sobre el cronograma con respecto al retorno de los refugiados o la compensación a aquellos que no quieran regresar".

Desde entonces, nada ha cambiado. La firma de la OLP de un acuerdo de paz con Israel, que incluye un límite para los refugiados a los que se les permitirá regresar a sus hogares originales, así como una declaración del "final del conflicto" mutuo, solo se puede encontrar en la más salvaje imaginación de los expertos.

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El sionismo no necesita de la "promesa divina" para justificar el Estado-nación judío - Shaul Arieli - Haaretz



"La Biblia dice que Dios prometió la Tierra de Israel al pueblo judío", es una reclamación utilizada con frecuencia por ministros y legisladores israelíes. "No necesitamos nada más que eso", dicen a veces. Y en las palabras del difunto Rabino Shlomo Goren, "Ninguna ley nacional o internacional tiene el poder de cambiar nuestro estatus, nuestros derechos. Según la ley de la Torah, estas áreas deben ser la Tierra de Israel bajo el gobierno judío y la soberanía judía".

El proceso de inserción de la religión en todos los ámbitos de nuestras vidas tampoco ha pasado por alto al sionismo, y está prestando mucha atención a la narrativa sionista. Algunos ministros israelíes están realizando un esfuerzo concertado para borrar la historia canónica de la fundación de Israel, y su objetivo es reemplazar el sello internacional de aprobación por el derecho del pueblo judío a un estado en su propia tierra con justificaciones religiosas y mesiánicas que rechazan cualquier posibilidad de compromiso.

En primer lugar, este es un intento de combinar la validez y existencia legítima del Estado-nación judío con la fe religiosa. Es decir, si no crees en la promesa divina de la Tierra de Israel al pueblo judío, no podrías justificar la existencia del Estado de Israel. Pero la existencia del Estado-nación judío no requiere una creencia en Dios, y la realización del derecho del pueblo judío a la autodeterminación en su tierra natal no requiere una promesa divina.

En segundo lugar, esta combinación excluye cualquier noción de compromiso a la luz de la realidad actual, porque, para ellos, cualquier concesión deliberada (de territorio de la Tierra de Israel) constituye una violación consciente de lo sagrado de la tierra y del pacto de Dios con Abraham. En otras palabras, alguien que cree en la promesa divina no puede conceder ningún territorio.

La ignorancia sobre la historia del sionismo, que está creciendo constantemente entre los alumnos del sistema educativo y entre el público en general, proporciona una plataforma conveniente para las actividades de aquellos que buscan aumentar la religiosidad y convertir el conflicto nacional en uno religioso. Pero al basarse en unos argumentos basados ​​en la fe, sin validez diplomática o legal en los siglos XX y XXI, están socavando los sólidos cimientos de la narrativa sionista que han sido aceptados por la comunidad internacional durante un siglo.

La historia del renacimiento de Israel es un caso de rechazo de la santidad y del mesianismo en favor del secularismo y la ciencia cuando se trata de asumir la responsabilidad de nuestro propio destino. "La fe nos une, la ciencia nos hace libres", escribió Theodor Herzl en su libro de 1896 "The Jewish State". Y en su resolución final en 1897, el Primer Congreso Sionista determinó que el establecimiento de un estado para el pueblo judío en la entonces Palestina otomana, tendría que basarse en un reconocimiento legal y diplomático y en la legitimidad de la comunidad internacional, basada en la práctica estándar y aceptada en esos momentos. Y esta aspiración sionista sí obtuvo validez diplomática-legal, histórica, práctica, igualitaria y moral de la comunidad internacional.

Primero fue el reconocimiento jurídico-diplomático, que constaba de tres niveles. El primero fue la Declaración de Balfour, otorgada por Gran Bretaña, la principal potencia que conquistó la Palestina otomana durante la Primera Guerra Mundial. Su validez descansa en el "principio imperial", el cual estaba en el corazón de la costumbre internacional a principios del siglo XX. La OLP también estaba al tanto de la validez de la declaración, tal como escribió Edward Said, entonces miembro de su comité directivo, en 1979: "La importancia de la declaración es, ante todo, ser la base legal para la reclamación sionista de Palestina".

El segundo nivel tiene que ver con la decisión de los poderes victoriosos en la Conferencia de San Remo en abril de 1920, al otorgar mandatos a Gran Bretaña y Francia sobre los territorios que conquistaron en el Oriente Medio, incluida Palestina, donde se realizaría la Declaración Balfour. Estos poderes reconocieron la validez de la aspiración sionista, tal como declaró el representante del Ministerio de Asuntos Exteriores francés Jules Cambon en junio de 1917: "Sería un acto de justicia y reparación ayudar, mediante la protección de los Poderes Aliados, al renacimiento de la nacionalidad judía en esa tierra de la cual el pueblo de Israel fue exiliado hace tantos siglos".

Y como declaró el presidente estadounidense Woodrow Wilson en marzo de 1919: "Estoy convencido de que las naciones aliadas, con la plena concurrencia de nuestro propio gobierno y de nuestro pueblo, están de acuerdo en que en Palestina se asentarán las bases de una Mancomunidad judía".

La validez de la decisión de las principales potencias se basó en el principio de autodeterminación expuesto por Wilson y adoptado por la Liga de las Naciones, que se estableció en enero de 1920 tras la Conferencia de Paz de Versalles. La sección 22 del Tratado de Versalles establece que las naciones que no estén listas para la independencia serán inicialmente "confiadas a naciones avanzadas que, por sus recursos, su experiencia o su posición geográfica, pueden asumir mejor esta responsabilidad".

El tercer nivel es el reconocimiento y el apoyo de la comunidad internacional. Primero, en julio de 1922, la Liga de las Naciones aprobó por unanimidad (incluido Irán) el Mandato para Palestina que se le dio a Gran Bretaña, en el que los británicos tenían la tarea de crear "las condiciones políticas, administrativas y económicas que aseguren el establecimiento del hogar nacional judío".

Luego, el 29 de noviembre de 1947, hubo una votación sobre el Plan de Partición de la ONU que estableció una fecha clara para el final del Mandato y el establecimiento de un estado judío independiente en el 55% de la tierra del Mandato Británico de Palestina.

El segundo fundamento para la aspiración sionista se puede atribuir a la conexión histórica y la continuidad del pueblo judío con su patria. La Liga de las Naciones rechazó el argumento de los árabes (y de algunos judíos) de que el judaísmo es una religión y no una nacionalidad, y que, por lo tanto, sus seguidores no tienen derecho a la autodeterminación. También rechazó la afirmación de que no existía conexión entre los judíos del siglo XIX y la Tierra de Israel, como se argumentó posteriormente en el Artículo 20 de la Carta Nacional Palestina de julio de 1968, que declaraba: "La Declaración de Balfour, el Mandato para Palestina, y todo lo que se ha basado en ellos, se considera nulos e inválidos. Las afirmaciones de vínculos históricos o religiosos entre los judíos y Palestina son incompatibles con los hechos de la historia y la verdadera concepción de lo que constituye estado. El judaísmo, al ser una religión, no es una nacionalidad independiente. Tampoco los judíos constituyen una sola nación con una identidad propia, son ciudadanos de los estados a los que pertenecen".

El futuro primer ministro británico, Winston Churchill, le dijo a una delegación de árabes palestinos en marzo de 1921: "Es manifiestamente correcto que los judíos, que están diseminados por todo el mundo, deberían tener un centro nacional [sic] y un hogar nacional donde algunos de ellos se reúnan. ¿Y en qué otro lugar podría estar sino en esta tierra de Palestina, con la que han estado íntima y profundamente asociados durante más de 3.000 años?".

El texto del Mandato de Palestina de 1922 establece claramente, y con el apoyo de todos los países miembros, que la Liga de las Naciones reconoció "la conexión histórica del pueblo judío con Palestina" y los "motivos para reconstituir su hogar nacional en ese país".

El tercer fundamento es la justificación práctica-igualitaria para la aspiración sionista. El secretario de Asuntos Exteriores británico, Arthur Balfour, vio la solución para el problema judío como una necesidad del momento que se cumpliría con una división justa. En un memorándum de agosto de 1919, escribió: "Y el sionismo, ya sea correcto o incorrecto, bueno o malo, tiene sus raíces en tradiciones milenarias, en necesidades presentes, en esperanzas futuras, de una importancia mucho más profunda que los deseos y prejuicios de los 700,000 árabes que ahora habitan en esa antigua tierra". Consideraba que la asignación de una pequeña porción de las tierras árabes conquistadas por Gran Bretaña al pueblo judío era justa, y dijo en un discurso de julio de 1920:" En lo que respecta a los árabes, espero que recuerden que los Grandes Poderes, y muy especialmente Gran Bretaña, los ha liberado, a la raza árabe, de la tiranía de su brutal conquistador. Espero que recuerden que somos nosotros quienes hemos establecido la soberanía árabe independiente del Hedjaz. Espero que recuerden que somos nosotros quienes deseamos en Mesopotamia preparar el camino para el futuro de un Estado árabe autónomo y autónomo. Y espero que recordando todo eso, no le guarden rencor a esa pequeña muesca - ya que no lo es más geográficamente, quizás lo sea históricamente -, esa pequeña muesca en lo que ahora son territorios árabes, que se le esté dando a gente que ha estado separada todos estos cientos de años años, pero seguramente tienen un título para desarrollarse en la tierra de sus antepasados ".

El cuarto fundamento es la justificación moral. Amnon Rubinstein y Alexander Yakobson señalaron en su libro de 2008 "Israel y la Familia de las Naciones" que: "Mientras que la aspiración judía a la independencia nacional no era en esencia diferente de las aspiraciones nacionales de otros pueblos, la forma en que el pueblo judío logró la independencia fue, de hecho, única, porque la tragedia judía fue única. ¿Significa que estaba menos justificado por eso?".

Básicamente, la comunidad internacional opinó que sería inmoral "castigar al pueblo judío dos veces. Una vez que fue exiliado por la fuerza de su tierra y privado de todos sus derechos, incluido el derecho a regresar a su tierra y formar una gran mayoría ahí; y segundo, negarle su derecho natural a la autodeterminación en su tierra natal, la Tierra de Israel"


Debe subrayarse que la amplia y sólida justificación de la reclamación sionista no invalida la aspiración palestina, o viceversa, como Natan Alterman argumentó en febrero de 1970: "Una vez que admitimos la existencia de una ficción nacional palestina, desde ese momento todo el sionismo se convertirá en una cuestión de robar una patria a una gente existente. Y en la medida en que actualmente estamos ayudando a enraizar esta noción en el mundo y en nuestra conciencia interior, estamos socavando la base histórica y humana del sionismo".


Alterman estaba equivocado. Los conflictos largos y profundos, como las tragedias, no surgen de una lucha entre el bien y el mal o lo cierto y lo equivocado. En el conflicto israelo-palestino, las aspiraciones nacionales pueden ser contradictorias, pero cada una tiene validez. No es necesariamente un juego de suma cero. Un compromiso en la forma de una partición acordada lo convertiría en una situación en la que todos salen ganando, incluso si sólo se basara inicialmente en intereses limitados y solo después en la reconciliación.

Del mismo modo, la creencia en la promesa divina no requiere descartar el compromiso en aras de otros valores, como lo demostró esta semana el presidente del Partido Laborista, Avi Gabbay. Aunque proclamó su lealtad al argumento religioso, argumentó que no tiene validez internacional al declarar: "Creo en la justicia de nuestra existencia aquí. Creo que toda la Tierra de Israel es nuestra. Después de todo, Dios le prometió a Abraham toda la Tierra de Israel", y añadió: "Pero también creo que, dado que hay 4.5 millones de árabes, tenemos que comprometernos para crear una situación en la que vivamos en un estado con una mayoría judía y vivir en un estado propio".

Hemos visto que la narrativa sionista y la reclamación sionista de un estado para el pueblo judío se basa en unos fundamentos amplios y profundos. El Estado de Israel, en las líneas de 1967, que recibe esta autoridad plena, también está obligado a respetar las decisiones de la comunidad internacional en relación con el establecimiento de un Estado palestino independiente a su lado. Sus funcionarios deben abstenerse de utilizar la historia bíblica presentada por el Habayit Hayehudi y sus amigos en el Likud, que se basa en una "promesa divina" que no tiene validez en las relaciones internacionales, y dejar esa clase de diálogo a los grupos de estudio bíblico del primer ministro. .

El Ministerio de Educación debe garantizar que a los maestros y estudiantes de Israel se les enseñe acerca de la base real, internacionalmente aceptada, para la existencia del estado judío; el Ministerio de Asuntos Exteriores debería asegurarse de que sus diplomáticos estén bien versados ​​en ella y la Agencia Judía debería entrenar a sus emisarios para recitarla en el exterior. No necesitamos nada más.

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Saturday, October 28, 2017

Esos cineastas occidentales que utilizan a Israel, y especialmente a los ultraortodoxos, para su agenda racista - Seth Frantzman



Recientemente, un hombre blanco fuerte y corpulento ha estado gritando a la gente en Israel y Cisjordania. El primer video que vi fue en Hebrón abordando a soldados israelíes y judíos ultraortodoxos judíos, preguntándoles por qué los palestinos parecen estar en un lado de la calle de los residentes judíos. Hebrón es un foco del conflicto israelo-palestino y, como tal, atrae a muchos activistas. Es un símbolo perfecto para todo lo que aborrecen el gobierno militar de cincuenta años de Israel sobre Cisjordania y millones de palestinos. Es un punto álgido para la violencia. Por lo tanto, es comprensible que los activistas extranjeros se sientan atraídos por sus antecedentes como lugar donde protestar o para utilizarlo como telón de fondo para un video sobre lo que ven como los abusos del gobierno israelí.

En el primer vídeo, ese hombre musculoso grita a los judíos que caminan tranquilamente preguntándoles por qué los palestinos no pueden caminar por donde quieren y preguntando que piensan de los árabes. Luego gira su lente hacia dos soldados. Los soldados no le entienden y una mujer soldado parece reírse de él. Él le grita "miren la arrogancia". No les pregunta qué fue lo que les trajo a Hebrón, que fueron reclutados por el ejército y que tal vez no estén de acuerdo con lo que se les envió a hacer. Eso es comprensible, para él no son más que soldados, un cliché en uniforme.

El cineasta luego dirigió su lente a Jerusalén. Durante lo que parecen ser unas protestas ultraortodoxas contra el reclutamiento del IDF en Jerusalén, deambuló por donde la policía intentaba mantener el flujo del tráfico y les gritaba a la policía y también a hombres y niños ultraortodoxos que pasaban caminando. "¿Qué piensas de los palestinos?". Gritó una y otra vez hasta que encontró a unos pocos niños que respondieron. Parecían estar en su adolescencia o quizás más jóvenes. Vistiendo las camisas blancas y los pantalones negros que visten los judíos ultraortodoxos, respondieron "terroristas". Este occidental blanco se sintió repleto de felicidad. Aquí estaban los "judíos" que llamaban a los árabes "terroristas" y ahora podían ser estereotipos y ser identificados y satanizados ante la cámara. Él no preguntó sus nombres o sus edades o de dónde eran, solo mantuvo la cámara ante sus caras.

Al hacerlo, creó un sistema de apartheid con su cámara. Había gente con la que quería pasar el rato y que pertenecía a un grupo, los palestinos, y gente a la que buscaba sacarle partido, a quien trataba de filmar diciendo algo racista para poder demonizar a todo el grupo. En cada caso, se había propuesto filmar a los judíos ortodoxos porque pueden identificarse fácilmente como judíos. No filmaba a israelíes promedio, que en su mayoría no son religiosos y tienen opiniones diversas sobre los palestinos. Él solo quiere filmar a judíos religiosos, y quiere colorear sus respuestas. Si hablan inglés, intenta convencerlos para que digan cosas negativas sobre los árabes, o bien él interpreta sus supuestos puntos de vista por ellos.

Israel es el único país que inspira este tipo de odio. Es el único país al que los blancos occidentales, generalmente progresistas, sienten que pueden odiar por completo y generalizar. Mientras que los mismos europeos de Occidente, de Australia, del Reino Unido o de los EEUU no se sienten cómodos generalizando sobre los turcos, los búlgaros, los argelinos o los mexicanos, pero no sienten remordimientos si se trata de Israel. Para unos cuantos de ellos, como este cineasta, Israel es un escenario y sobre él hay personajes que pueden odiar.

Muchos de estos tipos de personas que odian a Israel lo usan para compensar sus propios sentimientos de privilegio. Muchos de ellos provienen de países que practicaron la esclavitud, el imperialismo, el genocidio, la esclavitud y la Inquisición. No fue hace tanto tiempo que sus países prohibían oficialmente a los judíos o evitaban que personas de color inmigraran. Su odio a Israel, y particularmente su intento de demonizar a sus habitantes y especialmente a los judíos religiosos forma parte de su racismo subconsciente o tal vez más claramente definido. En un mundo donde el racismo es visto a menudo como inaceptable en Occidente, resulta aceptable siempre y cuando la gente que odia sea retratada como "racista". Así que ir a Israel y gritar a cada persona religiosa judía para obtener la respuesta de unos pocos, que a veces puede ser lamentable, es una forma de propagar el racismo contra el pueblo judío en general.

La gente dice a menudo que ese odio a Israel es solamente una oposición a sus políticas. Solamente es oposición al gobierno israelí en Cisjordania. No se trata de antisemitismo, ni de racismo, eso dicen. Si eso fuera cierto, ¿por qué un cineasta vendría a Israel y se dirigiría solo a los judíos ortodoxos para hacer comentarios sobre los palestinos? ¿Por qué diría abiertamente cuando ve a un árabe "aquí están las personas con las que quiero pasar el rato"? ¿Por qué no apunta su cámara a los gobernantes de Israel, o a los principales bancos y compañías que hacen negocios en Cisjordania? ¿Por qué no apunta a otros israelíes? ¿Por qué encontrar solo un grupo que se viste de manera similar a los de las películas? ¿Por qué no preguntan a los ultraortodoxos qué estaban haciendo en la calle? Estaban protestando por el reclutamiento del ejército, ¿verdad? Algunos de ellos no quieren servir en el ejército. Algunos se oponen al estado de Israel. Algunos se niegan a votar. La mayoría no vive en Cisjordania. Entonces, ¿por qué elegir para demonizarlos a las personas menos responsables de las políticas de Israel, las personas menos involucradas en hacer cumplir esas políticas o beneficiarse de ellas? Porque el occidental necesita a los ortodoxos como suplentes de un Otro identificable. Si mostrara a diversos grupos de judíos israelíes, ya no encajaría tan fácilmente en un grupo similar.

Los espectadores se sorprenderían al ver que muchos ultraortodoxos no son racistas, son personas normales, simplemente personas promedio que trabajan, aman y hacen las cosas que hacen los occidentales, y también hacen los palestinos. El cineasta no puede verlos como humanos porque ha decidido que son unos objetivos. No puede permitir que hablen por sí mismos, quiere ponerlos ante una cámara y ha decidido la respuesta que vendrá de la cámara. Él grita a unas personas que no hablan su idioma y luego coloniza sus puntos de vista, quitándoles su opinión. Coloniza sus puntos de vista al igual que sus antepasados ​​colonizaron a partes del mundo. Porque su incursión en Israel es esencialmente una incursión colonial y su visión del país es propia de un apartheid. Él lo ha segregado eligiendo lo que muestra en la cámara.

Nuestras sociedades generalmente han decidido detener la colonización occidental. Solo con Israel tiende a continuar. Cuando ves una película que coloniza a Israel y a los palestinos, debes desafiarla al igual que su generalización, demonización y estereotipos.

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La posición sobre los asentamientos de Gabbay, contraria a evacuar, es un arma amenazante contra la derecha dura - Ben-Dror Yemini - Ynet



La semana pasada fue la semana de Avi Gabbay. Si sus puntos de vista no estaban claros hasta ahora, finalmente parece que el nuevo presidente del Partido Laborista está sacudiendo la pereza del partido. Puede que no sea un político experimentado, pero los políticos veteranos no se caracterizan por el liderazgo o el pensamiento independiente. Saben cómo cuidarse a sí mismos y no buscan generar cambios.

Dos declaraciones de Gabbay, que no hay nada que conecte a los laboristas con la lista conjunta árabe por lo que no se sentará en una coalición con los partidos árabes, y que la paz no requiere una evacuación de los asentamientos, removieron al campo de la izquierda, tanto al sionista como el menos sionista, aunque en ambos casos declaró lo que resulta obvio.

Suponiendo que Gabbay no se deja intimidar por las críticas desatadas, lo que estamos viendo aquí es el comienzo de un movimiento interesante.

La izquierda sionista, debemos recordarlo, se ha movido hacia la izquierda en los últimos años. Cuando los miembros del Partido Laborista defienden a las organizaciones radicales de izquierda, bajo la apariencia de defender la libertad de expresión, dicha libertad de expresión se convierte simplemente una excusa. Ninguno de ellos habló con similar empatía sobre Lehava - una organización derechista contraria a la cohabitación con los árabes -, por ejemplo defendiendo su libertad de expresión. Recientemente, el alcalde de Tel Aviv, Ron Huldai, participó en un espectáculo organizado por la izquierda antiisraelí. Así es como uno se marca un gol en propia meta.

En una democracia saludable, los grandes partidos no se dirigen hacia los márgenes. El Partido Laborista no tiene que competir por el puesto de la Lista Conjunta árabe ni por el espacio del Meretz. Necesita los votos de aquellas personas que, apoyando un compromiso diplomático, votan por la derecha porque aborrecen la radicalización de la izquierda. El líder del Yesid Atid, Yair Lapid, lo entendió hace mucho tiempo. Él adoptó una política clara, que ha sido objeto de innumerables calumnias, y eso es exactamente lo que empujó a muchos votantes laboristas y a algunos votantes de la derecha en su dirección. Gabbay, posiblemente, entienda lo que el Partido Laborista debería haber entendido hace mucho tiempo, y eso definitivamente es una noticia refrescante.

"¿Cómo te atreves a rechazar a un partido de una minoría nacional?", le reprochó en el Haaretz Daniel Blatman, un profesor de historia de la Universidad Hebrea de Jerusalén, recordando a Gabbay como los partidos políticos judíos fueron rechazados por los partidos de Polonia entre las dos guerras mundiales.

Qué mala comparación. ¿Había gente como la diputada árabe de la Knesset Hanin Zoabi entre esos judíos activos en la política polaca en aquellos momentos? ¿Se identificó algún partido judío con personas que trabajaban contra la existencia real de Polonia? ¿Predicaron acaso contra esos judíos que se unían al ejército polaco? ¿Se referían a esos reclutas judíos como "leprosos" (designación utilizada actualmente por los diputados árabes contra los árabes que realizan el servicio nacional)?

La comparación correcta con respecto a la Lista Conjunta árabe, si es que se está haciendo alguna, es con el Partido Alemán de los Sudetes (SdP), un partido nacionalista y separatista checo que se convirtió en pro nazi y operó desde dentro del estado contra la existencia real del estado. Y aunque la Lista Conjunta no es neonazi, Dios no lo permita, está demasiado cerca de los mismos patrones de acción: no quiere una asociación con la mayoría judía, tiene problemas para condenar el terror antiestatal e incluso se negó a firmar un acuerdo de voto excedente con el partido judío Meretz.

Blatman olvidó decir que él es un veterano partidario de ese partido racista árabe, pero atribuye el racismo a aquellos que se niegan a legitimar al partido racista. George Orwell dijo una vez que algunas ideas son tan estúpidas que solo un intelectual podría creerlas. Este profesor de historia israelí nos ha proporcionado más pruebas de eso.

De acuerdo con las posiciones por la paz apoyadas por el Partido Laborista, se supone que la mayoría de los colonos se quedarán quietos, ya que viven dentro de los bloques de asentamientos que permanecerán bajo la soberanía israelí en cualquier acuerdo futuro. Eso nos deja pendientes de unos 100.000 colonos. Uno tiene que ser un completo tonto para pensar que el Estado de Israel va a evacuarlos repitiendo el movimiento de desconexión de Gaza. Apenas tuvo éxito la última vez. No volverá a suceder.

Los puestos avanzados de los jóvenes colonos de las colinas se construyen en un intento por reforzar la dificultad de evacuarlos y convertirlos en un obstáculo para cualquier acuerdo. Para llegar a un acuerdo, por lo tanto, debemos eliminar la evacuación forzosa de la agenda. La declaración de Gabbay despoja a la derecha radical de su arma amenazante. ¿Usted no quiere desalojar? Multa. No dejaremos que nos tomen como rehenes, y no permitiremos que una minoría radical obligue a nada a la mayoría. Más de lo que ha irritado a sus amigos de la izquierda, Gabbay adoptó una posición que perjudica a la derecha radical.

Y de todos modos, aún cuando se firme un acuerdo de paz, si Dios quiere, un millón y medio de árabes seguirán siendo parte de Israel. Entonces, no será tan malo que 100.000 judíos permanezcan dentro de los límites de la entidad que exista allí, en cualquier tipo de acuerdo. Si el Estado de Israel puede contener una minoría árabe que representa a casi un 20% de la población, entonces una entidad árabe - ya sea palestina o jordano-palestina - puede contener a judíos que representan entre el 2 y el 3% de su población. No está claro si querrán quedarse allí, pero está claro que no es necesario entrar en la trampa de una evacuación forzada.

La expansión del proyecto de asentamientos sería un desastre progresivo que podría degenerar en la creación de un estado binacional, pero la idea de su evacuación forzosa es una fantasía que también debemos abandonar. No para frustrar un acuerdo en el futuro, sino precisamente para aumentar las posibilidades de un acuerdo.

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¿Cómo puede alguien culpar a Netanyahu por un posible futuro conflicto con Irán? - Ben-Dror Yemini - Ynet



Debemos remontarnos a los días anteriores de que se lanzara la Operación Escudo Protector y antes de que tres adolescentes judíos fueran secuestrados  en el verano de 2014. Hamas aprovechó el acuerdo logrado después del conflicto anterior, en la Operación Pilar de Defensa, para fortalecerse. Aumentó el rango de sus cohetes y construyó túneles que llegaban hasta Israel. Israel ejerció su moderación y restricción.

Incluso antes de que los adolescentes fueran secuestrados, Hamas lanzó casi 70 cohetes en marzo de 2014. La contención continuó. Pudo haber sido un error.

Después del secuestro de los adolescentes, Hamas incrementó las tensiones. Esos fueron días difíciles. La derecha presionó para una invasión terrestre a gran escala. El primer ministro Benjamin Netanyahu respondió con una política de "calma para lograr la calma". Fue casi una petición a Hamas para que dejara de lanzar cohetes. Pero Hamas insistió en continuar.

La Unión Europea emitió una dura declaración exigiendo la desmilitarización de las organizaciones terroristas, es decir, Hamas. Incluso después de que se lanzó la operación, Netanyahu continuó con iniciativas de alto el fuego. Actuó contra lo que parecía ser su instinto político. Después de todo, las críticas sobre la moderación de Israel provinieron principalmente de la derecha.

Así fueron las cosas. Mucho se puede decir de él, y no soy uno de sus seguidores o votantes, pero el hombre no es de gatillo fácil.

Así que las recientes afirmaciones del Mayor General Amiram Levin en un artículo de opinión en el Yedioth Ahronoth, en el que argumenta que Netanyahu nos está guiando a una guerra con Irán, carecen de fundamento. Netanyahu no inició una sola operación, aunque Hamas se fortaleció principalmente cuando la Hermandad Musulmana llegó al poder en Egipto. Netanyahu no respondió cuando el cemento para construir bunkers comenzó a fluir hacia Gaza desde Egipto. Netanyahu ejerció moderación cuando el arsenal de cohetes siguió creciendo y su alcance siguió aumentando.

Lo que Irán está haciendo ahora en Siria es mucho peor. El régimen del ayatolá está declarando a voz en cuello, y en manifestaciones masivas, al igual que Hamas, que su objetivo es destruir a Israel. Bajo la protección del vergonzoso acuerdo nuclear facilitado por Obama, Irán se está convirtiendo en una gran potencia del Oriente Medio. El jefe de gabinete iraní viaja a Damasco para dejar bien claro quién es el jefe. Teherán, total o parcialmente, controla Líbano, Yemen, Irak y Siria.

Uno tiene que estar completamente ciego para no darse cuenta de que se está creando un problema estratégico. El hecho de que Israel sea el país más fuerte de la región, tal como lo menciona Levin, no hace que la amenaza iraní sea menos grave. Como nadie planea un conflicto bajo la forma de una abierta batalla entre las fuerzas armadas, las organizaciones terroristas, al igual que el estado terrorista de Irán, se han dado cuenta hace mucho tiempo de que el punto débil de Israel es ser atacado con misiles y cohetes.

En este contexto, la afirmación de Levin de que "el gobierno nos está arrastrando a la guerra" es más que desconcertante. Por qué es Irán el que realiza los movimientos. Por qué es Irán quien está tomando medidas para cambiar el mapa estratégico. Por qué es Irán el que declara repetidamente su intención de destruir a Israel. Pero al diablo con los hechos.

Levin apunta con un dedo acusador a Israel porque el primer ministro israelí está tratando de establecer líneas rojas. Se necesita una lógica particularmente distorsionada para acusar a Netanyahu de todas las cosas, mientras Irán está realizando cada vez más movimientos que pueden considerarse causus belli.

Podemos, y debemos, estar en desacuerdo con muchas de las acciones de Netanyahu. Comparto las críticas de Levin sobre la respuesta oficial al acuerdo entre Fatah y Hamas. Israel, escribí recientemente, podría haber aprovechado el acuerdo para obtener muchos puntos, para dejar bien claro que busca la paz mientras que Hamas busca continuar la yihad a expensas de los residentes de Gaza.

Sin embargo, las disputas políticas son la base de todo régimen democrático. Una afirmación como "hay que informar a cada madre judía que el gobierno nos está arrastrando a la guerra" es una afirmación peligrosa e infundada. Los palestinos lanzaron una intifada a pesar de que el ex primer ministro Ehud Barak les ofreció, mientras rompía un tabú, un estado palestino y una Jerusalén dividida. E Irán está declarando la aniquilación aunque Israel estaría dispuesto a firmar un acuerdo de paz con Teherán, mañana mismo. Pero Levin está anunciando de antemano que en el próximo conflicto la culpa será de Israel. Tal afirmación no se corresponde a un miembro del Partido Laborista.

Hay algo alentador en el hecho de que casi todos los ex funcionarios de defensa que respondieron al artículo de Levin, incluidos Giora Eiland y Amos Yadlin, y que no están entre los fanáticos de Netanyahu, rechazaran sus afirmaciones. Se pueden decir muchas cosas sobre Netanyahu, y deberían decirse, pero al culpar a Netanyahu por el próximo conflicto con Irán o Hamas, Levin cruzó una peligrosa línea roja.

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En un nuevo libro, una profesora de Rutgers acusa a Israel de mutilar a los palestinos con fines de lucro - Liel Leibovitz



El próximo mes de noviembre, la Duke University Press publicará The Right to Maim, un nuevo libro de la profesora de la Universidad de Rutgers, Jasbir K. Puar. Una apasionada defensora del BDS que ya había acusado previamente a Israel de recolectar órganos de los palestinos y que amenazó con demandar a cualquiera que hiciera público el contenido de su discurso en una conferencia en Vassar a principios de este año, por decir algo, es una figura bastante controvertida. Pero los libros, incluso los escritos por académicos, merecen ser tomados por sus propios méritos. Y por sus propios méritos, el próximo libro de Puar es una estafa intelectual y moral, un sofisma sofocante diseñado para incitar a los fieles a un frenesí de indignación divorciado de cualquier realidad observable.

La sección del libro que trata de Israel hace la siguiente afirmación: “Los esfuerzos del estado judío por abstenerse de matar a palestinos inocentes, desde los cautelosos protocolos de fuego abierto hasta la política de disparos de advertencia a los techos de las viviendas de civiles antes de los ataques con bombas, representan en realidad un plan tortuoso para fortalecer el dominio absoluto del régimen colonialista de Israel sobre sus súbditos palestinos”.

A primera vista, este argumento no tiene sentido. ¿Por qué Israel perdonaría la vida de sus enemigos? Si efectivamente, supongamos, se trata de un proyecto colonialista tal como argumenta repetidamente Puar, ¿por qué no intentar emular a sus predecesores y destruir al pueblo indígena al que estaba desposeyendo, esclavizándola como mano de obra barata u obligándoles a que se asimilen?

Las consideraciones demográficas y de seguridad niegan esas opciones, lo que hace que sea muy difícil de entender, en los propios términos de Puar, por qué y cómo Israel se beneficia de disparar a mutilar en lugar de disparar a matar.

Puar demuestra también dificultades para entenderlo. "La comprensión de la mutilación como objetivo específico de la biopolítica pone a prueba el encuadre del colonialismo de los colonos como un proyecto de eliminación de los indígenas a través del genocidio o la asimilación", escribe. "La explicación del colonialismo y de la ocupación israelí es un encuentro con los umbrales no expresados ​​del pensamiento biopolítico, el cual ejerce una presión analítica sobre el supuesto de que el objetivo del colonialismo de los colonos es necesariamente la eliminación".

¿Entonces de qué se trata? ¿Qué gana Israel con todo esto? "La debilitación", continúa Puar, "resulta extremadamente rentable económica e ideológicamente para el régimen colonial de colonos de Israel. Muchos sectores se encargan de la ‘rehabilitación de Gaza’ después de la guerra: Israel, Egipto, los estados del Golfo Pérsico, actores de las ONG que están inmersos en economías corporativas del humanitarismo".

Si se están preguntando qué pasó con el resto de la oración, o cuales son precisamente esas "economías corporativas del humanitarismo", y cómo exactamente una campaña militar de un mes de duración que le costó a Israel tanto como 3.6 mil millones de dólares de alguna manera beneficia a la economía israelí, entonces no tendrán suerte. Puar no aclara ni argumenta con hechos sus afirmaciones. Todo lo que ella ofrece es la absurda afirmación adicional de que Israel ataca repetidamente la Franja de Gaza para causar "la fatiga de los donantes", disuadiendo así a las mismas economías corporativas del humanitarismo, de las cuales se quejaba en un párrafo anterior, al destruir la Franja cada vez que se reconstruye.

"Tal vez diferenciándose de los regímenes coloniales y de ocupación anteriores, donde la privación se repartía en mutilar y mantener el trabajo vivo", truena Puar, "se consigue menos necesidad de mano de obra palestina para la producción palestina. Más bien, el beneficio se deriva de la desmembración de la reproducción, una función del capitalismo sin trabajo... Esta biopolítica inhumana florece a través y al lado de poblaciones humanas, donde la vida económica crece sin vida humana".

Alguien podría defender la lógica y argumentar que la frase es bastante estúpida, a la vez que utiliza una jerga que trata de ofuscar y disfrazar su propia admisión de una bancarrota de ideas. Se puede defender los hechos y argumentar que un libro relacionado con los palestinos heridos durante el conflicto debería por lo menos hacer algún tipo de esfuerzo para observar la política bien documentada de Hamas de utilizar a civiles como escudos humanos, o que gran parte del dinero de esos “molestos capitalistas humanitarios” derramado en Gaza se invirtió finalmente en financiar el terror en lugar de la asistencia sanitaria. Pero se estaría perdiendo el auténtico objetivo. Un libro como el de Puar es puro dogma, se debe creer en lo que ella cree, olvidándose de una vez de los malditos matices, contextos o hechos.

Y eso puede estar bien, a menos que, por supuesto, usted crea que la academia debe valorar su compromiso con el pensamiento crítico, el razonamiento positivo y la argumentación empírica. En estos aspectos, el libro de Puar fracasa estrepitosamente, al igual que las instituciones académicas que continúan publicándola y empleándola.

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